¿Es el orden lógico suficiente para explicar la riqueza del pensamiento tomista, o es la analogía del ente la verdadera clave de su sistema? ¿No se corre el riesgo, al reducir el ser a un esquema de mínima complejidad, de perder la profundidad del acto de ser y confundirlo con la mera existencia? ¿Puede el orden sustituir a la analogía, cuando ésta abarca lo uno y lo múltiple, lo estable y lo cambiante, lo universal y lo concreto? Esta tercera parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo la noción analógica del ente, imperfecta pero fecunda, supera al orden y constituye la piedra angular del realismo tomista, evitando tanto el vacío abstracto como el peligro del panteísmo. Una reflexión que interpela sobre la diferencia entre el realismo de Tomás y las interpretaciones idealistas que intentan reemplazar la analogía por un esquema lógico. [En la imagen: fragmento de "Triunfo de Santo Tomás de Aquino, Doctor Communis", entre Platón y Aristóteles, témpera sobre panel, 1471, obra de Benozzo Gozzoli, conservada en el Museo del Louvre, París].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
domingo, 20 de septiembre de 2026
El fundamento teorético de la síntesis tomista (3/3)
El fundamento teorético de la síntesis tomista
Una crítica al pensamiento del filósofo y teólogo dominico Giuseppe Barzaghi
Tercera Parte
(Traducción al español de la tercera parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 21 de Octubre de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/il-fondamento-teoretico-della-sintesi-tomista-una-critica-al-pensiero-del-filosofo-e-teologo-domenicano-giuseppe-barzaghi/)
El valor de la noción analógica del ente
En realidad la noción más vasta, más ágil y más rica, para santo Tomás de Aquino, tal como para incluir a todas las demás y por lo tanto para ser el verdadero principio y fundamento de su sistema, es la noción del ente análogo. La analogía supera el orden por cinco motivos.
Primero, el orden dice simplemente igualdad. La analogía agrega la semejanza.
Segundo, el orden dice dependencia de una regla fija o de una idea ejemplar. La analogía añade al ente el movimiento y la acción. El ente es intrínsecamente y totalmente análogo. En cambio, el ente está ordenado sólo bajo el aspecto de la cantidad y por el modo que el ente viene extrínsecamente de una regla. Un ente puede estar privado de orden, puede estar desordenado, pero nunca pierde su forma analógica. Un hombre puede llevar una vida desordenada; pero sigue siendo siempre persona creada a semejanza de Dios.
Tercero, el orden está conectado con una intención, por lo tanto con el conocimiento, con una mente. La analogía concierne a todo ente, incluso a los materiales.
Cuarto, el orden está ligado al horizonte de la esencia, de por sí inmutable. Así tenemos un orden lógico, matemático, físico, científico, moral, de por sí inmutables. Ahora bien, hemos visto que la regla es un algo fijo. En cambio, la analogía está ligada al ser, que no sólo es inmutable, sino que también es mutable, sobre todo en el campo de los vivientes. El orden causa el movimiento, pero no es ese mismo movimiento. En cambio, el ente análogo es también devenir. El ente debe ser movido y ordenado; pero el orden en sí mismo no es un mover o un ordenar. En cambio lo análogo es también acción y movimiento.
Quinto, la noción analógica del ente es la más universal de todas, porque debe abarcar todo el ser, todos los entes y cada ente; pero al mismo tiempo no es extraña en absoluto a lo concreto, porque tanto lo individual como lo universal tiene el ser. Ella ciertamente tiene un contenido objetivo inteligible intuitivo: "lo que existe o puede ser de cualquier modo"; pero nosotros no somos capaces de captar en ella todos los concretos y las diferencias que ella implícitamente contiene.
De ello solo es capaz la Mente divina que los ha creado. Sabemos que esta noción los contiene, pero solo podemos imaginar algunos. Por eso su contenido no es absolutamente vacío ni vago, sino que es de una riqueza infinita, inimaginable, tanto como rica es la realidad. Es por lo tanto una noción imperfecta, oscura, polivalente, confusa, pero no falsa. El orden se refiere a la idea, al fin y a la forma; la analogía también toca la acción, el devenir y la materia.
Es cierto que la noción analógica es confusa; pero esta confusión no proviene de falsedad, sino del límite de nuestra inteligencia. Nos es posible considerar uno por uno sucesivamente los grados de una noción analógica, pero no todos juntos simultáneamente. Por ejemplo, en la noción analógica de "vida", podemos pasar con la mente desde la vida vegetativa a la sensible a la humana a la angélica a la divina; pero no ver simultáneamente juntos todos estos grados. Es necesario que con la mente nos movamos del uno al otro.
"La base de la analogía -dice el padre Tyn ¹- reside en la real similitud de las cosas entre sí, similitud que, si se coloca sobre el plano de las esencias, permanece unívoca; si trasciende las esencias y se sitúa en el plano de la pura relación, ofrece en cambio un fundamento de analogía verdadera y propia. También esto es indicio de que la analogía por excelencia es la del ente, en cuanto el ente se constituye a través de la relación trascendental que, partiendo de la esencia, la trasciende sin embargo relacionándola con el acto de ser".
"El nombre análogo -observa el padre Ramírez ²- propiamente y perfectamente dicho, implica esencialmente muchos significados diferentes en la intención común del nombre, reunidos de algún modo según una unidad proporcional, de modo que directa y primariamente nombra la pluralidad y la diversidad de esos significados; indirectamente, en cambio y por connotación, y casi posteriormente, pero no sólo accidentalmente, una unidad y una identidad proporcional o bien relativa entre los mismos, que no es una unidad meramente accidental, sino una verdadera unidad de por sí, aunque menor que la unidad numérica o específica o genérica de los unívocos (cf. Santo Tomás, In III Sent. D. I.1, c.1, n.12: In Met., V, lect. VIII, nn.876-880)".
Juan de Santo Tomás, gran teólogo dominico portugués del siglo XVII, observa que "lo análogo de proporcionalidad, que conviene intrínsecamente a los analogados, se expresa en un concepto uno, inadecuado e imperfecto. En efecto, este concepto no abstrae de los analogados, en el sentido de que el contendría sólo en potencia y no en acto lo que diferencia a los analogados, sino en el sentido de que él no explicita estas diferencias, aunque las contenga actualmente" ³.
El conocimiento por analogía es menos perfecto que el que nos hace captar el orden; sin embargo, ese conocimiento capta realidades superiores, más vastas y más diferentes entre sí en su mismo ser. Santo Tomás se da cuenta de que es mejor captar un real más importante con medios imperfectos, que no alcanzar perfectamente una realidad inferior.
La "complejidad mínima" de Barzaghi
Barzaghi expone su punto de vista en un pasaje que vale la pena citar entero, por su importancia y porque esconde los errores que intentaré resaltar. Después de haber rechazado acertadamente, como hemos visto, una concepción univocista del ente, de sabor scotista ⁴, como "principio simplicísimo" y "universalísimo", que "disolvería la diversidad", Barzaghi no recurre, como habría sido lo más lógico, a poner en luz al verdadero principio del tomismo, esto es, a la analogía del ente, sino al "orden".
Dice: "Si quiero alcanzar las características distintivas, específicas de las cosas, entonces deberé tener presente que el principio en base al cual me puedo mover en esta complejidad es el mínimo indispensable en el complejo. Y por lo tanto debe ser una forma de complejidad mínima, pero aún así siempre complejidad. Esta forma de mínima complejidad es la noción de orden.
Es una forma de complejidad, porque diciendo orden se dice uno y muchos juntos. Y por tanto salvaguarda el hecho de las exigencias de podernos mover dentro del complejo. Pero sigue siendo mínimo, porque no dice cómo es este uno y no dice cómo son estos muchos. No es el mínimo indispensable absolutamente hablando, que es el principio de no-contradicción, porque ésto es la condición indispensable para concebir la simplicidad. Aquello que es y aquello que no es. El ser no puede no ser. Una cosa, para ser sí misma, no puede ser diferente de sí. Es un mínimo indispensable en la simplicidad.
Puede garantizar un desarrollo, como en el caso de las dicotomías recordadas, es decir, potencia-acto y esencia-existencia. Pero si yo quiero el mínimo indispensable para moverme en la complejidad, esto será el mínimo de la complejidad. Debo respetar la complejidad porque es el dato rígido, pero para poderme mover en la complejidad no puedo ser complicado.
Pero tampoco puedo ser desprevenido. No puedo cancelar todo como hace Parménides. El mínimo indispensable es el mínimo de la complejidad: en cuanto mínimo, permite no perder el hilo conductor; pero mínimo en la complejidad, es decir, te vuelve cauteloso para salvaguardar todos los aspectos que encuentras y para no resolverlos todos en un único aspecto. Por consiguiente, en mi opinión, la noción de orden es el mínimo de la complejidad y contiene en sí el análisis y la síntesis o es la síntesis como pleno cumplimiento del análisis" ⁵.
Observaciones críticas
En primer lugar, lo que más salta a los ojos en la tesis del autor, es su intento de sustituir la función de la analogía por el concepto de orden. Es cierto que orden "dice uno y muchos juntos". Pero en el orden, los muchos están explicitados y cuantificados. Un ingeniero sabe muy bien cuántas y cuáles son las partes de la máquina que ha ideado y cuál es el orden que las conecta entre sí. Un físico está en grado de decirnos cuáles son, en el estado actual del conocimiento, los componentes fundamentales de la materia cósmica o del sistema sideral, y cuál es el orden que conecta los componentes entre sí.
Pero el sistema de santo Tomás no es una especie de automóvil, en el cual se pueda indicar el funcionamiento del motor y el orden de sus partes entre ellas como mecanismo o dispositivo de mínima complejidad, respecto a la mayor complejidad del vehículo, y sin embargo razón de ser y fundamental propulsor del mismo vehículo.
Ciertamente, considerando el motor, yo puedo ampliar mi mirada a la visión del fin y del significado del entero vehículo. Ciertamente, el motor viene construido a fin de construir el automóvil y el auto existe sobre el fundamento de la existencia del motor. Pero permanece una neta distinción y diferencia entre el motor y el resto del automóvil, la cual no está en absoluto implícita en el motor, como si ella pudiera surgir del motor, como en lógica las consecuencias surgen de las premisas, sino que el auto debe ser construido a parte con materiales diferentes.
En cambio la síntesis tomista es algo vivo, como los grandes productos de la inteligencia, como el cuerpo está virtualmente implícito en el alma, donde el alma contiene virtualmente el cuerpo, dándole su vida y su forma, cosa, esta, que no puede ser comprendida e interpretada en modo adecuado con un esquema lógico como es el del orden, sino sólo recurriendo a la noción polisemántica, polivalente y poliedrica de la analogía del ente, ella sola capaz de significar, conjugar, confrontar y distinguir sin confundir al mismo tiempo, en modo verdadero, aunque confuso, lo uno y lo múltiple. Ya Aristóteles tuvo la intuición famosa de la analogía del ente con su dicho to on pollacós legómenon (el ente se dice de muchos modos), en relación a un uno que es el supremo analogado.
En segundo lugar, Barzaghi se equivoca al formular, siguiendo a Severino, el principio de no-contradicción, que no dice "el ser no puede no ser", sino: "es imposible que el ente sea y no sea simultáneamente bajo el mismo aspecto". De acuerdo con la primera formulación, se sigue que existe sólo el Ser necesario, es decir, sólo existe Dios, como efectivamente afirma él en uno de sus escritos. El ser como tal coincide con el ser necesario. Ciertamente no es ésta la concepción tomista del ser (esse).
En tercer lugar, no tiene sentido pensar que la noción del orden sea más vasta o comprehensiva que la noción de acto de ser, noción que por otra parte Barzaghi confunde con la de existencia. Veremos la diferencia más adelante. No existe en absoluto una noción superior a la de acto de ser. Esto resulta evidentísimo, examinando los numerosos pasajes donde Tomás trata del actus essendi o del simple esse.
He aquí algunos de ellos: "El ser es la perfección de lo existente" ⁶; "el mismo ser es aquello de más perfecto entre todas las cosas; en efecto, es comparado con todas las cosas como acto; en efecto, nada tiene de actualidad, sino en cuanto existe, por lo cual el mismo ser es la actualidad de todas las cosas y también de las mismas formas. Por lo cual no se compara con los otras como receptor a recibido, sino más bien como recibido a receptor" ⁷, "las perfecciones de todas las cosas conciernen a la perfección del ser" ⁸.
En cuarto lugar, Barzaghi habla de una "idea ejemplar", que presidiría y daría orden a la "estructura originaria" que comprende en sí las "dicotomías" fundamentales; pero no aclara cuál debería ser el nexo entre esta idea matriz, la noción del ser y los componentes de la estructura, ni cuáles serían las relaciones recíprocas de las dicotomías, de modo que todo permanece en lo vago y en la pura formalidad, además de estar ausente y ciertamente mal comprendida, como he mostrado, y esto es lo más grave, una verdadera justificación del principio fundamental de la teoresis tomista.
Es cierto que el orden organiza las "cinco causas" (la ideal, la final, la formal, la eficiente, la material). Pero incluso esto es demasiado poco, porque no entra en el tema, que sería el de las "dicotomías", para explicarnos cómo se conectan entre sí y el porqué de su importancia respecto del ser.
En quinto lugar, Barzaghi yerra al confundir lo posible con lo potencial, donde, en la página 44, escribe: "posible (potencia)". No son la misma cosa. Lo posible es lo simplemente pensable, puesto en el plano de lo ideal, de acuerdo con el principio de no-contradicción. A lo posible se opone por contradicción lo imposible y el complemento lo real, que es la actuación de lo posible. La potencia, en cambio, es entidad, es realidad, aunque incoativa; es el poder-ser actuado por el acto de ser. Es la materia actuada por la forma y la esencia actuada por el ser.
En correspondencia con esto, el autor identifica el ser con el existir ("ser o existencia": p.40). Pero esto también está equivocado. El ser es el acto de la esencia, tal para componer el ente posible o real de acto y potencia. El existir es la actuación de la esencia posible, compuesta de potencia y acto, o sea, de esencia y de ser.
Pero el existir también puede referirse al ente ideal o de razón. En tal sentido decimos que el mal existe, que la nada existe, que la idea existe. Pero no decimos que el mal o la nada o la idea tienen el acto de ser. El Mickey Mouse de Walt Disney existe en la mente de los niños; pero no tiene el actus essendi. Sin embargo, distinguimos una existencia real de una existencia ideal y decimos que la quimera no existe, es decir, no tiene ser, aunque sí tenga una existencia ideal.
Por otra parte, lo real se sigue de lo posible: una lluvia posible deviene real. En cambio, el acto coexiste con la potencia, para formar el ente, si bien es cierto que existe en el devenir un pasaje de la potencia al acto. Esto, sin embargo, produce perfeccionamiento; mientras que el pasaje de lo posible lo actual puede decir corrupción: las hojas en otoño de reales o actuales devienen posibles.
Además, el ser no es simple existir, por el hecho de que no es simple actuación de la esencia, aquella que Suárez llamaba essentia realis, sino que el acto es actuación de la potencia que ya existe como componente del ente real y sujeto del ser. Pero el sujeto del existir no es la potencia ni la materia, sino el ente compuesto de acto y potencia.
En la esencia existente, entre esencia y existencia hay de por sí una distinción de razón, como dice Suárez; en efecto, aquí podemos estar en un plano puramente ideal, como por ejemplo entre la esencia de Mickey Mouse y su existencia. Siendo Mickey Mouse un mero ser de razón, es lógico que la distinción en él entre su esencia y su existencia sea puramente ideal.
Por tanto, es necesario decir, con santo Tomás, que en el plano de la realidad, la distinción entre esencia y ser es una distinción real. Pues aquel que identifica, como los idealistas, ser (esse ut actus) y existir (esse in actu), parece haber confundido la noción tomista del ser con la suareziana.
La posición de Santo Tomás
Tomás, en cambio, después de haber presentado la noción analógica del ente, distingue ante todo, cosa que Barzaghi no hace, el acto de ser como tal (esse) del acto de ser divino (ipsum esse). El primero es perfección de aquello que Tomás llama ens ut ens, ens in communi o ens universale. Es el acto del ente. El segundo es el puro Acto de ser, subsistente y desprovisto de potencia. Tanto uno como otro son suma perfección, pero en un sentido diversísimo, que sería peligrosísimo confundir, so pena de caer en el panteísmo. Nada es antes del ser o más allá del ser; pero, de nuevo, una cosa es el ser como acto (esse ut actus) y otra cosa es el ser como Acto puro (Dios).
El sistema tomista tiene su fundamento e inicio en el esse, no en el ipsum Esse. Tomás parte desde el esse para ascender al ipsum Esse y para encontrar la causa creadora en el ipsum Esse ⁹. En el horizonte del esse y a la luz del esse, Tomás alcanza al ipsum Esse (inventio) y de nuevo en la luz del ipsum Esse Tomás evalúa (resolutio) al ser creado.
Esta ascensión de la mente a Dios es conexa con los grados del ser y de las esencias, y por tanto con la participación del ser, por la cual, mientras la creatura, compuesta de esencia y de ser, tiene el ser por participación, Dios, Acto puro, en el cual la esencia coincide con su ser, es Ser por esencia.
Al realista, como Tomás, le importa más el objeto, en tal caso el ente, en la cima del cual está Dios, que la perfección subjetiva del conocer. Ahora bien, captar el orden de las cosas ciertamente trae satisfacción a la razón, que de tal modo alcanza un conocimiento claro, distinto, unívoco y preciso.
Pero para el realista, sobre todo en metafísica, en moral y en teología, es mejor llegar a lo real en el corazón de su ser, aunque sea a costa de un saber aproximativo y confuso, como el que es concedido por la analogía, que procede por medio de imágenes, comparaciones, metáforas y semejanzas.
Por eso la Escritura enseña que es "por analogía" que es posible ascender desde las creaturas al creador. Y san Pablo nos enseña que ahora vemos a Dios "como en un espejo, enigmáticamente" (1 Cor 13,12), mientras que, como es sabido, el relato bíblico de la creación nos dice que el hombre ha sido creado "a imagen y semejanza de Dios", todas expresiones que hacen referencia en varios modos a la analogía, aunque no cabe duda de que los grados de la analogía están ordenados.
Pero el punto es siempre que, mientras el orden hace referencia a un modo o a la estructura del ente, el conocimiento analógico capta el ente en sí mismo, en todos sus matices, y en su totalidad, su mismo acto de ser. Y esto es lo que le importaba a santo Tomás. Y por esto es la analogía y no el orden lo que parece ser la piedra angular del sistema tomista.
Conclusión
Buena ha sido la idea de Barzaghi de proponer una nueva interpretación del alma del pensamiento tomista. Y buena, en sí misma es también la referencia a una idea ejemplar como matriz y guía del orden del sistema tomista. Esta es sin duda una observación válida.
Debo reconocer que, por cuanto yo sepa, ningún tomista como Barzaghi había arrojado hasta ahora tanta luz sobre la idea de orden, como clave de lectura del fundamento del sistema tomista, y el propio santo Tomás quizás a nivel explícito no da al concepto de orden la importancia que merecería.
Sin embargo, habiendo dicho esto, también debo decir, con franqueza y desagrado, que donde cae en cambio el autor -y creo haberlo demostrado- es en su sorprendente incapacidad para reconocer y comprender el realismo tomista, que es el alma verdadera del pensamiento tomista, algo evidente, siempre subrayado por todos los tomistas y señalado varias veces por el mismo Magisterio de la Iglesia ¹⁰, planteando la absurda pretensión de interpretar el esse tomista sobre el modelo de la concepción de Emanuele Severino y en general del idealismo ¹¹, cuando, si el realismo tiene un enemigo histórico y teórico, éste es precisamente el idealismo ¹².
La propuesta de Barzaghi del "exemplar", como factor ideal para organización y ordenamiento del sistema, puede ser aceptada, pero sólo a condición de integrarla y someterla al fundamental principio tomista del ente análogo y participativo ¹³, de tal modo que este exemplar no tenga la pretensión de descollar en primer plano en lugar del ens reale, que es el único al que compete el primer puesto en el ámbito de lo real y de lo ideal.
Fin de la Tercera Parte (3/3)
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 13 de Octubre de 2015
Notas
¹ Tomas Tyn OP, Metafisica della sostanza, op.cit., p. 853.
² De analogia, I, p.271 (152) en Opera omnia, 4 vol., V.Rodriguez, Madrid (Vives)-Salamanca (Calatrava), 1970-1972.
³ Cursus philosophicus, Logica, q.93, a.5.
⁴ Obviamente Scoto no es como Parménides que rechaza la diversidad. Sin embargo, para Scoto las diferencias de las cosas no son internas al concepto del ente, sino extrínsecas, como si el ente fuera un género.
⁵ Op.cit., pp.53-54.
⁶ Sum.Theol., I, q.14, a.4.
⁷ Sum.Theol., I, q.4, a.1, ad 3m.
⁸ Sum.Theol., I, q.4, a.2, 2.
⁹ Cf. E.Gilson, Introduction à la philosophie chrétienne, Librairie philosophique J.Vrin, Paris 1960; Le thomisme. Introduction à la philosophie de saint Thomas d’Aquin, Librairie philosophique J.Vrin, Paris 1957.
¹⁰ Cf., además de la citada Carta de Pablo VI, la famosa encíclica Aeterni Patris de León XIII, el Motu proprio Doctoris Angelici de San Pío X del 29 de junio de 1914, la encíclica Studiorum Ducem de Pío XI del 29 de junio de 1923, hasta la encíclica Fides et Ratio de San Juan Pablo II. Véanse también las recomendaciones del pensamiento tomista hechas por el Concilio Vaticano II (Optatam totius, n.16 y Gravissimum educationis, n.10).
¹¹ Véase mi ensayo ya citado.
¹² Véase mi artículo La dipendenza dell’idea dalla realtà nella Evangelii gaudium di papa Francesco, en PATH, 2014/2, pp. 287-316.
¹³ Cf. Tomas Tyn, Metafisica della sostanza. Partecipazione e analogia entis, Edizioni Fede e Cultura, Verona 2009.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum principium systematis tomistici sit ordo vel analogia entis
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod principium systematis tomistici sit ordo et non analogia entis.
1. Quia ordo dicit unum et multa simul, et permittit moveri in complexitate cum claritate et simplicitate. Sic videtur quod ordo sit minimum indispensabile ad synthesen tomisticam.
2. Praeterea, ordo organizat causas et dicotomias fundamentales, sicut potentiam et actum, essentiam et existentiam. Ergo videtur quod ordo sit magis comprehensivus quam analogia et aptior ad unitatem systematis conferendam.
3. Item, ordo praestat cognitionem claram, distinctam et univocam, dum analogia est confusa, polivalens et obscura. Ergo videtur quod ordo sit firmius fundamentum ad systema philosophicum constituendum.
4. Denique, ordo refertur ad ideam exemplarem quae systema dirigit et organizat. Ergo videtur quod ordo sit verum principium cogitationis tomisticae.
Sed contra est quod dicit Aristoteles: to on pollacós legómenon, id est, ens multipliciter dicitur. Et sanctus Thomas docet quod primum quod intellectus concipit est ens, quod analogice dicitur de omnibus. Et Apostolus dicit: nunc videmus per speculum in aenigmate (1 Cor 13,12).
Respondeo dicendum quod principium fundamentale systematis tomistici est analogia entis, non ordo. Ordo quidem organizat et claritatem confert, sed non constituit fundamentum originarium. Analogia entis est latior, ditior et agilior, quia complectitur totum reale, tam universale quam concretum, tam stabile quam mutabile, tam materiale quam spirituale. Ordo dicit aequalitatem et dependentiam regulae fixa; analogia addit similitudinem, motum et actionem. Ordo refertur ad essentiam, analogia vero ad ipsum esse, quod est actus et fieri. Ordo potest deesse in aliquo ente, sed analogia numquam amittitur, quia omne ens participat esse et servat similitudinem Dei. Ideo syntheseos tomistica innititur notioni analogicae entis, imperfectae quidem sed fecundae, quae potest significare et componere unum et multa sine confusione. Melius est capere reale in suo esse, etiam mediis imperfectis, quam illud reducere ad schema logicum insufficiens.
Ad primum ergo dicendum quod ordo quidem dicit unum et multa, sed hoc facit modo quantitativo et explicito. Analogia autem capit unum et multa in ipso esse, cum maiore profunditate et divitiis.
Ad secundum dicendum quod ordo causas et dicotomias disponit, sed fundamentum earum non explicat. Analogia entis est quae permittit intelligere potentiam et actum, essentiam et esse, ut participationes entis.
Ad tertium dicendum quod cognitio analogica est minus clara, sed ditior, quia capit realitates superiores et ampliores. Melius est cognoscere reale in suo esse, etiam confuse, quam perfecte cognoscere realitatem inferiorem. Ideo analogia est aptior quam ordo ad synthesen tomisticam fundandam.
Ad quartum dicendum quod idea exemplaris potest ordinem dirigere, sed debet subordinari principio entis analogici et participativi. Ordo dependet ab analogia, non eam substituit.
JG
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