jueves, 8 de octubre de 2026

La renegación de la fe cristiana en Emanuele Severino (1/2)

¿Puede una filosofía nacida de la búsqueda de una verdad absoluta terminar conduciendo a la negación de la fe cristiana? ¿Qué sucede cuando el ser es identificado con el pensamiento y desaparece la distinción entre Dios y el mundo? ¿Es compatible el principio de no contradicción con un universo donde todo sería eterno, incluso el mal y el no-ser? En esta primera parte de su estudio sobre Emanuele Severino, el padre Giovanni Cavalcoli reconstruye el itinerario intelectual que llevó a ese filósofo italiano desde la fe de su infancia hasta una metafísica inspirada en Parménides, Hegel y el idealismo moderno, mostrando cómo el rechazo de la analogía del ser, de la creación y de la distinción entre Creador y creatura desemboca en una profunda ruptura con la visión cristiana de la realidad. Un análisis penetrante que enfrenta dos concepciones irreconciliables del ser, de la verdad y del destino del hombre.

La renegación de la fe cristiana en Emanuele Severino

Primera Parte

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 14 de febrero de 2016 en el blog L’Isola di Patmos. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/il-rinnegamento-della-fede-cristiana-in-emanuele-severino/)

"Cuidad de dejar que nadie os esclavice con
la vacuidad de una engañosa filosofía" (Col 2,8)

En 2011, Emanuele Severino publicó un libro para la Editrice Rizzoli titulado Il mio ricordo degli eterni. Autobiografia, en el cual, al evocar muchos hechos de su vida, traza una breve síntesis de su pensamiento. La obra es muy interesante, porque allí encontramos los principales temas de su especulación en sí mismos y en su desarrollo histórico, con las referencias a sus principales obras, donde son tratados y desarrollados dichos temas. El lenguaje es muy accesible, a diferencia de otros trabajos teóricos de este autor, y la exposición es muy digna de crédito en cuanto ha sido realizada por el mismo famoso filósofo.
El hilo conductor o leitmotiv del escrito es la evolución del pensamiento severiniano desde una fe cristiana aprendida en la infancia, a un gradual desfallecimiento de esta fe, progresivamente sustituida por la filosofía, inicialmente inspirada en un puro parmenidismo con su característico tema del Ser, parmenidismo absorbido de Gustavo Bontadini, y posteriormente a un parmenidismo ligado a la dialéctica hegeliana con el tema del Destino.

El ser no puede no ser

Sin embargo, en Severino permanece el monismo acósmico determinista de fondo, según el cual "el ser no puede no ser" y la impostación idealista heredado de Gentile y Bontadini de la negación del "presupuesto naturalista", es decir, de la externalidad y de la independencia del ser o bien de las cosas del pensamiento, de la intranscendibilidad del pensamiento y de su coincidencia con el ser. El ser es el ser pensado. El pensamiento humano es confundido con el pensamiento divino, señor del ser e idéntico a su ser.
El primer Severino afirma la identidad, inmutabilidad, univocidad y unidad del Ser, considerando que ello sea requerido por el principio de no-contradicción y, en base a esta interpretación de dicho principio, niega la existencia del no-ser, del devenir, de lo contingente, de lo múltiple.
Severino, por consiguiente, no capta la analogía del ser y el modo analógico con el cual se debe aplicar el principio de no-contradicción, que vale no sólo para Dios (el "Ser"), sino también para los entes finitos. Es verdad que más allá del ser no hay nada; pero dado que Severino confunde el ser metafísico con el teológico, él es coherente en el decir que fuera de Dios (por él llamado "Ser") no existe nada.
En cambio, santo Tomás distingue con precisión el ser como tal (ens ut ens, ens in communi) del Ipsum Esse, que es Dios, Ser personal, unicísimo y especialísimo, como dice el Concilio Vaticano I: "Una singularis simplex omnino et incommutabilis substantia spiritualis" ¹. Si el ser como tal fuera Dios, todo ente finito, toda creatura que tiene el ser, sería Dios. Y tenemos el panteísmo.
El error de Severino no es el de entender el ser absoluto como totalidad. Es verdad que Dios tiene en su esencia la totalidad de todas las perfecciones. El error de Severino, en cambio, es el de no darse cuenta de que junto, al lado y por debajo del Ser por esencia, existe también el Ser por participación, que es el mundo.
La generación y la corrupción de los entes, por tanto, para él, no tiene nada que ver con la relación potencia-acto, conceptos que él juzga falsos, sino que para él, mientras la generación es la aparición de eso que existe ab aeterno, la corrupción es el ocultarse de lo que existirá eternamente. Todo aparece y todo desaparece en un ciclo eterno y al mismo tiempo todo es eterno. Severino considera el mundo como el aparecer de Dios, confundiendo con ello mismo el aparecer del mundo con el aparecer de Dios.

Del parmenidismo a la concepción hegeliana, del creacionismo al nihilismo

En esta concepción está ya en germen lo que será sostenido por el último Severino, a saber, que incluso la muerte, el mal y el no-ser son eternos y por tanto no niegan el principio de no-contradicción, sino que lo reafirman. Sin embargo, aquí ya no tenemos un puro parmenidismo, sino la concepción hegeliana, dialéctica, del principio de no-contradicción, que concibe la identidad precisamente como la identidad de los contradictorios. Ya no tenemos la oposición del sí al no, sino la síntesis y la coexistencia del sí con el no.
Por lo demás, esto es concebible y posible en una gnoseología idealista como la de Severino, que reduce el ser al ser pensado o, como diría Hegel, al "concepto": si en efecto es posible como es posible en el plano lógico del ente de razón admitir la coexistencia a la par del ser y del no-ser, una concepción como la de Severino, que reduce todo a pensamiento, no tiene dificultad en admitir la legitimidad de esa contradicción también en el plano ontológico. Santo Tomás también reconocía que eadem est scientia oppositorum, pero el Aquinate tiene sumo cuidado en distinguir el plano de la lógica del plano de la metafísica.
Para el primer Severino el principio de no-contradicción vale sólo para el Ser eterno, que es el Ser parmenídeo, mientras que un ente contingente o deviniente, mezcla de ser y no-ser, sería para él contradictorio y por lo tanto no existe. Por eso él niega la creación divina del mundo y acaba por juzgar contradictoria la fe cristiana, que admite precisamente la trascendencia de Dios y la creación de un mundo distinto de Dios.
Severino confunde la doctrina creacionista del ente finito creado de la nada con la tesis nihilista, correctamente condenada por él, según la cual el ser es nada, por lo cual acusa absurdamente al cristianismo de nihilismo.
El segundo Severino, en cambio, como hemos visto, admite hegelianamente como eterno también el no-ser, de modo que la contradicción pasa a identificarse con la identidad. En tal modo Severino, siguiendo a Hegel, cree haber abrazado verdaderamente la totalidad, pero lo hace al precio de esa "contradicción" en base a la cual había rechazado la fe en su juventud. La fe queda excluida en cuanto "contradictoria", pero Severino no tiene reparos en legitimar el no-ser y el mal en nombre de una "totalidad", que reduce lo real a lo pensado, la metafísica a la lógica.
En esta segunda y reciente fase de su pensamiento, Severino, por tanto, con la intención de unir el ser con el no-ser y el bien con el mal en una superior omnicomprensiva totalidad, acepta el principio hegeliano de la contradicción. En tal modo, eterno no es sólo el ser sino también el no-ser, no sólo el bien sino también el mal.
Severino niega por tanto el principio de causalidad, según el cual el ente contingente es causado. Para él, el intelecto humano tiene la inmediata y originaria evidencia de la Verdad absoluta como Ser absoluto, que es la totalidad y unidad del Ser. Severino, por tanto, no acepta la doctrina de la Iglesia, basada en san Pablo (Rm 1,20), según la cual la mente humana llega a captar al Ser absoluto, es decir, a Dios, a partir del conocimiento de las cosas, o bien de los efectos de su poder creador ².

La confusión del "ser" en Severino

El ser en cuanto ser en Severino es confundido con el Ser absoluto o divino. Severino niega la existencia de una multiplicidad de entes dispuestos según grados jerárquicos, al vértice de los cuales exista un Summum Ens, es decir, Dios. Para él, contrariamente a cuanto enseña la Iglesia ³, el Ser es único, necesario y eterno y no existe nada fuera de él.
Por consiguiente, para usar el lenguaje de la religión, no existe un Dios distinto del mundo, ni el mundo es distinto de Dios. Por lo tanto, no existe un Dios trascendente al mundo y creador del mundo. Sino que el mundo no es más que el aparecer de Dios, de modo que toda cosa es eterna, y estos son los que Severino llama los "eternos".
¿Por qué Severino rechaza la fe en nombre de la filosofía? Porque él, como narra (p.37), desde muy joven se afanó por llegar a una verdad "incontrovertible y definitiva"; salvo que, sin embargo, él tuvo la pretensión, o cayó en el error de creer que el hombre pueda conocer tal verdad sólo con el método o con la evidencia o con la ciencia; la verdad tenía que aparecérsele directamente e inmediatamente, de lo contrario no la consideraba verdad: o ver la verdad o nada. O toda entera o nada.
Es correcto el deseo de una verdad absoluta, perenne, divina y total; pero Severino olvidaba que esta verdad intelectual viene alcanzada por el hombre sólo gradualmente a través de la verdad parcial y particular de las cosas sensibles.
Por lo tanto, una concepción demasiado pretenciosa para el ser humano y por consiguiente una concepción falsa e ilusoria del conocimiento humano, que en realidad, con el rechazo del acto de fe, se cierra al verdadero conocimiento de la verdad total, que viene revelada por Dios al hombre sólo en la virtud de la fe teologal. En efecto, el hombre, con la fe cristiana, puede captar una verdad divina, muy superior a la que la razón por si sola puede captar.
Severino se ha equivocado al preferir el modo del conocer al contenido del conocer. Ciertamente el modo del conocer que resulta de la evidencia o de la manifestación inmediata o de la ciencia es el modo perfecto. Pero Severino ha pasado por alto que el contenido más alto de verdad que la mente puede acoger no puede más que provenir de una revelación divina, que es precisamente el contenido de la fe cristiana por medio de Jesucristo y de la Iglesia.
Aquí, como observa santo Tomás, no tenemos la evidencia de los contenidos y, sin embargo, tenemos una certeza superior a aquella asegurada por la razón. La razón, por su parte, aunque iluminada por la fe, no puede comprender exhaustivamente el misterio divino; y, sin embargo, ella es elevado por Dios a una cierta comprensión beatificante, que corresponde al máximo de conocimiento que la mente humana puede alcanzar.

Severino tras los pasos de Bontadini
que abandona la filosofía escolástica para seguir a Gentile

De cuanto luego Severino relata sobre su vida, parece desprenderse que él comenzó a rechazar la fe o cuanto menos a tener dudas ya desde antes de ser contratado en la Universidad Católica. Probablemente Severino comenzó a ser desviado de la fe por ciertas enseñanzas de Bontadini ya desde 1949 (p.31), cuando Bontadini, que sin embargo permaneció siendo católico durante toda su vida, creía posible y urgente fundamentar la fe católica de modo moderno, abandonando filosofía escolástica y haciendo referencia en cambio a Gentile, quien según él captaba el alma de santo Tomás de Aquino mejor que los doctores escolásticos.
Esta extraña idea parece haber nacido en la mente de Bontadini por haber fallado en realidad en captar el alma verdadera del tomismo, que no es el ser parmenídeo que de algún modo revivía de manera idealista en Gentile, después de haber germinado en Descartes; recordemos el famoso enunciado de Parménides: "to autó to einai kai to noéin" (la misma cosa es el ser y el pensamiento).
Bontadini probablemente ha pensado que el núcleo del tomismo no fuera la percepción del ser analógico extraída de los sentidos, sino su doctrina de las Ideas divinas ⁴, más cónsona con el idealismo. Pero el hecho es que esto no corresponde a lo verdadero. El verdadero centro de la especulación tomista es, en cambio, el ente, el cual ciertamente conlleva el ideal, pero para Tomás la realidad es ante todo el ente real. El ideal es representación mental o proyecto o modelo mental de realidad.
Para Tomás, lo real tiene primacía sobre lo ideal. Lo ideal se funda sobre lo real y supone lo real, pero lo real no requiere necesariamente lo ideal, excepto cuando surge la cuestión del espíritu, del conocimiento y de la verdad. Pero como tal, el ideal presupone el ente y es dependiente del ente. El Dios de santo Tomás no es "El que piensa" o no sé qué cogito o Autoconciencia o Yo trascendental de vago sabor cartesiano o fichtiano, sino que es "El que Es", es el "Yo soy" de matriz bíblica.
Considero además que el proyecto bontadiniano, aunque discutible, pretendía encuadrarse dentro de la impostación filosófica general de la Universidad Católica, la cual pretendía promover un tomismo abierto al pensamiento moderno, de alguna manera anticipándose así a las indicaciones del Concilio Vaticano II.

Fin de la Primera Parte (1/2)

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 12 de febrero de 2016

Notas

¹ Denz. 3001.
² Cf. Concilio Vaticano I, Denz. 3026.
³ Cf. Concilio Vaticano I, Denz. 3001.
⁴ Cf. Summa Theologiae, q.15.

_________________________


Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum identificatio entis inquantum ens cum Esse absoluto
reddat impossibile admittere creationem mundi et fidem christianam

Ad hoc sic proceditur. Videtur quod identificatio entis inquantum ens cum Esse absoluto non reddat impossibile admittere creationem mundi et fidem christianam.
1. Ens enim non potest non esse. Ergo admittere entia contingentia quae incipiunt esse et desinunt esse videtur inducere non-ens in ens et violare principium non-contradictionis.
2. Praeterea, veritas debet esse inconcussa et definitiva. Sed sola immediata cognitio Entis absoluti talem certitudinem praebet. Ergo non videtur necessarium transire per res sensibiles neque admittere cognitionem mediatam Dei.
3. Praeterea, si ultra ens nihil est, impossibile videtur aliquid existere extra unicum Esse. Ergo admitti non potest mundus realiter distinctus a Deo.
4. Praeterea, generatio et corruptio distinctionem potentiae et actus exigere non videntur, cum possint intelligi sicut apparitio et occultatio realitatum aeternarum.

Sed contra est quod docet Sanctus Thomas Aquinas, quod Deus est Ipsum Esse Subsistens, omnia autem alia habent esse per participationem. Ergo creaturae realiter distinguuntur a Deo nec identificantur cum Esse divino.

Respondeo dicendum quod error fundamentalis consistit in hoc quod ens metaphysicum cum Esse divino confunditur. Cum enim ens inquantum ens identificatur cum Deo, omnis distinctio realis inter Creatorem et creaturas tollitur. Tunc extra Esse nihil existit, mundus desinit esse effectus causae transcendentis et fit simpliciter apparitio eius quod est aeternum.
Ex hac identificatione sequitur negatio analogiae entis. Ens concipitur ut unum, univocum et idem in omnibus, ita ut multitudo entium, contingentia et fieri appareant vel impossibilia vel contradictoria. Unde doctrina creationis reicitur et fides christiana contradictoria iudicatur, quae ipsam transcendentiam divinam et existentiam mundi a Deo distincti affirmat.
Esse autem participatum creaturarum non identificatur cum Esse subsistente. Mundus realiter existit, quamvis a Deo dependeat. Propterea generatio et corruptio explicantur per compositionem potentiae et actus, et causalitas permittit ascendere ab effectibus ad Creatorem.
Quaesitio veritatis absolutae quidem legitima erat; erratur tamen cum quis talem veritatem sola evidentia immediata attingere praesumit. Homo paulatim ad veritatem universalem ex rebus sensibilibus pervenit et per fidem recipit veritatem divinam altiorem ea quam sola ratione consequi potest.

Ad primum ergo dicendum quod principium non-contradictionis valet tam de Deo quam de entibus finitis, sed modo analogico. Ipsum fieri non implicat quod ens sit non-ens, sed transitum de potentia ad actum.
Ad secundum dicendum quod non omnis veritas debet immediate cognosci ut certa sit. Sunt enim quaedam veritates quae gradatim per rationem attinguntur, et aliae quae per revelationem divinam recipiuntur, quarum certitudo simplicem rationalis evidentiae certitudinem superat.
Ad tertium dicendum quod verum est extra ens nihil existere; non tamen ex hoc sequitur quod omne ens sit Deus. Est enim Esse per essentiam, et est esse per participationem.
Ad quartum dicendum quod generatio et corruptio non sunt mera apparitio vel occultatio aeternorum, sed mutationes reales quae in entibus contingentibus causatis contingunt.
   
JG

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