miércoles, 7 de octubre de 2026

Elogio de santo Tomás de Aquino

¿Puede existir una filosofía verdaderamente universal, válida para un chino, un indio, un ruso, un norteamericano o un argentino por igual? ¿Por qué la Iglesia ha recomendado durante siglos la filosofía de Santo Tomás entre la multiplicidad de sistemas filosóficos existentes? ¿Es posible defender la universalidad de la fe sin reconocer antes una verdad universal accesible a la razón? ¿Qué sucede cuando se invierte la relación entre la idea y la realidad, haciendo depender lo real del pensamiento humano? En este breve pero incisivo texto, el padre Giovanni Cavalcoli presenta una vigorosa defensa de la filosofía del Aquinate como fundamento racional privilegiado de la teología católica, subrayando su capacidad para salvaguardar la objetividad de la verdad, la distinción entre idea y realidad y la inteligibilidad universal de la fe frente a las tentaciones del idealismo y del gnosticismo contemporáneos. [En la imagen: fragmento de una vidriera con la imagen de Jesús crucificado hablando con Tomás de Aquino, en la iglesia de San Patricio, Columbus, Ohio].

Elogio de santo Tomás de Aquino

(Traducción al español del breve artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Il naufrago, el 7 de marzo de 2016. Este website ya ha desaparecido de la red telemática)

La filosofía de santo Tomás es recomendada por la Iglesia porque el dogma se sirve de conceptos filosóficos, para expresar la verdad revelada; por lo cual, si la noción racional, de la cual la fe hace uso, es verdadera, se alcanza la verdad revelada. Si por el contrario es falsa, se cae en la herejía.
El hecho, por tanto, de que la verdad revelada trascienda la verdad filosófica o no esté vinculada a una filosofía en particular, no lleva a la Iglesia a autorizar el uso de una filosofía determinada, sino que ella correctamente entre todas aprueba, recomienda y usa aquella filosofía, que es o se supone ser la mejor de todas, que es precisamente la del Aquinate. Debemos ofrecerle a Dios lo mejor, comenzando por lo que produce nuestra inteligencia.
De hecho, es cierto que existe una multiplicidad de filosofías diversas, objeto de la libre elección, con opiniones contrastantes las unas con las otras. Pero no todas son de la misma calidad. Las hay más válidas y menos válidas; y la filosofía verdadera es una sola.
Las verdades filosóficas evidentes o demostradas son universales, objetivas, irrefutables e inmutables. La verdad de la fe no es a la de la razón como lo universal es a lo particular o, peor aún, como lo cierto a lo opinable, sino como un universal superior es a un universal inferior o lo más cierto a lo menos cierto.
Si la razón no logra alcanzar una verdad universal, la universalidad de la fe sería imposible, carecería de base racional y caería en el fideísmo. No se trata de reducir la verdad de fe a la verdad de razón, que sería el error opuesto del racionalismo.
La Iglesia, en cambio, recomienda la filosofía del Aquinate, precisamente por su universalidad, que hace inteligible la universalidad del concepto de fe. En efecto, el Evangelio debe ser inculturado en las culturas china o india, pero el Concilio Vaticano II ha prescrito a Santo Tomás de Aquino también para los chinos y para los indios.
De hecho, se puede expresar un dogma o una enseñanza del Evangelio a la manera china o india, pero la mente humana como tal puede ya de por sí concebir un pensamiento o una verdad universal en el campo de la teología natural, ya sea la mente de un Chino o de un Indio o de un Italiano. Y es esta verdad universal de la razón, que tiene por objeto el mundo, Dios y el hombre, que hace de base y presupuesto racional universal de los contenidos de la revelación cristiana. Y es esta base universal la que es elucidada de modo excelente por la filosofía de Santo Tomás.
El Concilio prescribe que el pensamiento moderno debe ser examinado a la luz de Santo Tomás, de modo de elaborar una nueva y más avanzada teología, que asuma críticamente los valores del pensamiento moderno y no, como la de Rahner, que utiliza el idealismo , ya en su momento condenado por la Iglesia.
Por lo demás, el papa Francisco, precisamente ha reafirmado la condena del idealismo en dos de sus encíclicas Evangelii Gaudium y Laudato si', cuando ha sostenido con toda claridad, como nunca había hecho antes el Magisterio pontificio, la distinción entre la idea y la realidad y que es la idea humana la que depende de lo real y no a la inversa, que es también el riesgo actual del gnosticismo, por el que el hombre se diviniza a sí mismo pretendiendo poseer una ciencia igual a la divina. Aquí está la destrucción de la base gnoseológica y metafísica del rahnerismo.
   
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 7 de marzo de 2016

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