domingo, 20 de septiembre de 2026

El fundamento teorético de la síntesis tomista (2/3)

¿Es la idea el verdadero fundamento del pensamiento de santo Tomás, o más bien lo real que la idea refleja y ordena? ¿No se convierte el idealismo en una forma de idolatría, cuando pone el pensamiento en lugar del ser? ¿Puede la mente humana partir de sí misma, o debe comenzar siempre en contacto con la realidad externa? Esta segunda parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli examina la interpretación errónea que reduce el método tomista a una "reflexio" sobre las ideas, mostrando en cambio que su acto originario es la "adaequatio" al ente. Una reflexión que interpela sobre la diferencia entre conocer las "species" y conocer la "res", y sobre la grandeza de un realismo que funda la filosofía en el descubrimiento del acto de ser. [En la imagen: fragmento del retrato de Santo Tomás de Aquino, atribuido a Sandro Botticelli, ca 1480/85, Fundación Abegg, Riggisberg, Suiza].

El fundamento teorético de la síntesis tomista
Una crítica al pensamiento del filósofo y teólogo dominico Giuseppe Barzaghi

Segunda Parte

(Traducción al español de la segunda parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 21 de Octubre de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/il-fondamento-teoretico-della-sintesi-tomista-una-critica-al-pensiero-del-filosofo-e-teologo-domenicano-giuseppe-barzaghi/)

El verdadero método tomista

La cuestión de fondo que se plantea santo Tomás, en respuesta a la cual encontramos el fundamento de su sistema, no es aquella del ente ideal o ejemplar, sino que es la del ente real, de la res. A él le interesa supremamente la realidad, más que la idea. Ciertamente, por la idea tiene gran respeto, tanto que en Dios la Idea coincide con Dios mismo ¹. La relación con lo ideal y la producción de las ideas hace para santo Tomás la dignidad del espíritu, del intelecto, del pensamiento y de la persona, que es el ente por excelencia, ente inmaterial e inmortal, por encima del ente material. Tomás considera al lógico un "nobilis artista"; pero a fin de conocer y hacer conocer lo real.
La cuestión de fondo, sin embargo, para Tomás, con todo eso, no es tanto la del orden, sino qué es lo que está ordenado o más bien qué es lo que está unificado. Está claro que el sistema tomista es un sistema ordenado y que está dictado por una exigencia de orden. Pero eso dice muy poco. Todo sistema filosófico que se respete es un sistema ordenado.
Pero el punto que distingue a un sistema de otro es el contenido, la tesis, la proposición o definición fundamental, originaria y original del sistema. Es aquí que en cambio Barzaghi se escapa en consideraciones lógicas y metodológicas genéricas, sin poner en luz la verdadera originalidad y grandeza teorética de santo Tomás. Se ve también aquí el enfoque típicamente idealista del prevalente influjo de las ideas y de la lógica, sobre la consideración del contenido inteligible, influjo del que se hace depender a la realidad.
Pero para Tomás lo ideal es funcional a lo real, depende de lo real y se funda en lo real. El verdadero y primer fundamento es lo real, no la idea. Tomás es realista, no idealista. Hacer de santo Tomás de Aquino un idealista, como hace Barzaghi, quiere decir malentenderlo en el fundamento mismo de su pensamiento.

El valor de la idea

Santo Tomás aprecia de todos modos la idea, la reconoce como regla y modelo, "exemplar" de lo real cuando lo que está en juego es el hacer o el actuar; pero no la hace un ídolo. La misma Idea divina, que para Tomás se identifica con la esencia de Dios, cede el paso ante el Esse divino, que es el Nombre propio de Dios ².
La excelencia del ser respecto a la idea depende en Tomás del hecho de que, mientras el ser pertenece al orden trascendental, absolutamente universal, la idea o pensamiento pertenece al orden categorial del espíritu, que coexiste con el ente material, por más que está por encima de él; pero es sólo una región del ser y no lo penetra en su totalidad trascendental, ya que también la materia es realidad; sin embargo la materia no piensa. Sólo la Espiritualidad divina, en cuanto Totalidad subsistente del ser, no tiene junto a Sí, como las creaturas espirituales, la realidad material, sino que la contiene en Sí misma virtualiter eminenter, en cuanto causa creadora de la materia.
Entre otras cosas, la misma palabra "ídolo", de la cual viene "idolatría", procede del griego eidos, que significa precisamente "idea". El idealismo es una forma de idolatría, que pone lo ideal en el lugar de lo real, el pensamiento en el lugar del ser. El idealismo plantea la idea fin para sí misma, como si fuera el fundamento de la realidad. En tal sentido, el idealismo es una "ideología", un tratar de las ideas sin preocuparse del hecho de que ellas sean o no conformes a lo real, precisamente porque resuelve lo real en la idea. Por eso, en cambio, el acto fundamental de la teoresis tomista no es la reflexio, que supone la idea y parte de la idea, sino que es la adaequatio, que es la conformidad a lo real, aunque sea por medio de la idea.
Y si es verdad que existe, como dice justamente Barzaghi, sobre todo en Dios, una idea que es ejemplar y modelo de lo real, "causa formal extrínseca", productora de lo real, ésta puede efectivamente producir lo real, si traspasa en la causa eficiente, que provoca el pasaje de lo posible a lo actual y de la potencia al acto, vale para decir que causa la realidad y opera sobre la realidad.
Ciertamente la mente pone orden en lo real por medio de la idea. En tal sentido, existe efectivamente un primado de lo ideal sobre lo real. Pero lo real está ordenado en sí mismo y por sí mismo, por lo cual el orden de nuestras ideas, para que sea válido, debe reflejar el orden de la realidad. Así nuestras ideas presuponen lo real y no lo crean.
Sólo Dios es creador de lo real en base a sus ideas. Nosotros podemos producir realidades sobre la base de nuestras ideas sólo parcialmente, presuponiendo una materia o un sujeto sobre el cual actuar. Sólo Dios concibe la idea total del ente, porque de su acto creador saca origen el ente desde la nada.
Indudablemente la idea tiene la función de ordenar. Y no cabe duda de que se puede decir que todo gran filósofo sea guiado o inspirado en el fondo por una única idea madre organizadora. En esto Barzaghi tiene razón. Se equivoca, en cambio, al creer que santo Tomás fuera un idealista, que haya organizado y fundado todo su pensamiento sobre sí mismo, es decir, sobre una idea no extraída de lo real y lo externo, como sucede en la mente divina. Por el contrario, creo que el humilde Tomás estaba muy lejos de semejante presunción.
Entonces, debemos recordar con toda firmeza y convicción, siguiendo en esto el eje del pensamiento tomista, que para Tomás el ente es el objeto del pensamiento, tanto del pensamiento humano como del pensamiento divino. Si falta el objeto, falta el pensamiento. El pensamiento se define como relación al ente. El objeto solo puede ser un ente pensado, solo puede ser una idea, pero también estos objetos mentales, llamados "entes de razón" (ens rationis) o entes "intencionales" (esse intentionale), tienen sentido solo en relación con el ente real o porque dependen de él o en cuanto proyectos mentales, ideas ejemplares productoras de realidad.
Un pensar que no tenga por objeto, en cualquier modo o bajo cualquier forma o determinación, el ente o un ente, por real o ideal que sea, es un no pensar. Puede ser un fantasear, un soñar, un imaginar, un delirar, pero no es pensar, porque pensar quiere decir concebir un ente como determinación, consciente o inconsciente, del concepto metafísico del ente. Aun cuando debamos pensar en la nada ³, no es que no pensemos en nada, lo que sería de nuevo un no pensar, sino que seguimos pensando, entendiendo sin embargo la nada, que es también un no-ser, como si fuera ente (ad instar entis).

La interpretación de Barzaghi

El fundamento, por tanto, no es, como Barzaghi cree, "el orden". No se trata, como él dice, de una "síntesis", no se trata de una "estructura originaria", no se trata de una "idea ejemplar". Cualquier filósofo serio tiene un pensamiento coherente, unitario, completo, lógicamente organizado y deductivo, sintetizable o que se deje sintetizar, es movido por una única directriz ideal, actúa un único proyecto o programa, se propone un fin unitario y surge rigurosamente de una estructura originaria y de fondo.
Estas, sin embargo, no son las características propias y exclusivas del sistema tomista, sino de todos los grandes filósofos. Además, las características delineadas por Barzaghi no tocan verdaderamente el fundamento, que debe ser un contenido o un objeto real, una intuición originaria, concerniente a la realidad, sino que son de carácter meramente metodológico.
Barzaghi nos dice, y por otra parte en modo insuficiente y no exento de errores, cómo llegar a la síntesis basilar, cómo organizar todo en torno al fundamento y cómo hacer partir todo desde aquí. Pero no nos dice cuál es este principio, tanto en su contenido como en su objetividad, además de equivocarse al indicarlo, porque lo confunde con el método para llegar a él.
Para mostrar cómo llega Tomás al fundamento, Barzaghi insiste sobre las operaciones lógicas del análisis y de la síntesis, de la invención y de la resolución del juicio, de la complicación y de la simplificación o sobre los modos de la predicación esencial ⁴. Pero también aquí estamos sólo en el nivel del método. Estas consideraciones, en sí correctas, no nos dicen todavía nada acerca de cómo concibe Tomás el fundamento o sobre qué funda su sistema o en qué consiste ese fundamento, cuál es su contenido específico, su valor peculiar, su significado original, su importancia especulativa y teorética.
Según el autor, la operación por la cual la mente conduce el saber a su fundamento, es decir, a su punto de partida, no es tanto un llegar a lo que en precedencia no sabíamos, sino más bien un retornar a lo que ya sabíamos; no es tanto un conducir, sino más bien un reconducir el pensamiento al inicio. "Si soy reconducido allí -dice Barzaghi ⁵-, quiere decir que de allí he partido. Es un recorrido circular: se retorna a lo que se sabía, pero no se sabía que se sabía".
Esta interpretación del modo con el cual Tomás plantea el fundamento de su pensamiento no refleja su método, que es método realista y no idealista. Para Tomás el acto originario de pensar no es una reflexio ⁶, sino una adaequatio. No se trata de captar la propia idea, sino de captar la realidad de la res. Objeto del saber, dice claramente el Aquinate, no son las species, sino la res ⁷.
El acto del conocimiento (cognitio) viene antes de la conciencia (cum-scientia) ⁸. Por lo tanto, el fundamento está en el conocimiento (prima intentio), no en la conciencia (secunda intentio). Antes de conocer mis ideas, conozco las cosas, para representar las cuales formo las ideas de las cosas. Sólo en este punto puedo conocer, reflexionando, mis ideas, pero sólo porque ya he conocido las cosas.
Por lo tanto, el acto primario y fundamental, el inicio del pensamiento con el cual planteo el fundamento de mi pensamiento, no es una cosa que ya sé, sino una realidad que no sé todavía; es un pasar del no-saber al saber; es un aprehender lo real externo a mi pensamiento, real que está frente o delante de mí (ob-iectum), fuera de mí, antes de mí, independientemente de mí.
Que luego este fundamento sea algo o un valor que capto desde los inicios, más aún desde el primer inicio de mi pensar, esto es cierto, pero también sigue siendo cierto que no parto en absoluto de mis ideas, como creía Descartes, sino que parto de un contacto sensible con las cosas externas materiales; es allí que encuentro inicialmente la realidad y por lo tanto el fundamento de mi pensamiento. Entonces, si vuelvo sobre aquello que ya sé, es porque aquello que ya sé lo he aprendido porque no lo conocía. Sólo Dios parte absolutamente de lo que ya sabe ab aeterno, porque Él no tiene nada que aprender de nadie.

El descubrimiento del acto de ser

Santo Tomás tiene premura él mismo, con su acostumbrada claridad, de decirnos inequívocamente, sin tantos tormentosos giros, como hicieron un Descartes o un Hegel, cuál es el fundamento teorético de su sistematización filosófica y, en consecuencia, teológica, en un famosísimo pasaje del De Veritate: "Aquello que primariamente (primo) el intelecto concibe casi como cosa conocidísima y en lo cual resuelve todos sus conceptos, es el ente, como dice Avicena al inicio de su Metafísica ⁹. Por lo cual es necesario todos los demás conceptos vengan aceptados en añadidura al ente. Pero al ente no se puede añadir algo, como si ese algo fuera una naturaleza extraña, a la manera con la cual se añade una diferencia al género o un accidente al sujeto, porque cualquier naturaleza es esencialmente un ente; por lo cual también el Filósofo en el libro tercero de su Metafísica (com.10), dice que el ente no puede ser un género, sino que se dice que algunas cosas añaden al ente, en cuanto expresan un modo suyo, que no viene expresado con el nombre de ente" (q.1, a.1).
Y más brevemente en la Summa Theologiae: "Primeramente (primo) en la concepción del intelecto cae el ente, porque toda cosa es cognoscible en cuanto está en acto; por lo cual el ente es el objeto propio del intelecto, y por tanto es lo primero inteligible, como el sonido es lo primero audible" (I, q.5, a.2) ¹⁰.
Sin embargo, el objeto propio del intelecto como intelecto no es, para Santo Tomás, exactamente coincidente con el objeto proporcionado a nuestro intelecto, el cual inicia su actividad a una edad muy tierna concibiendo explícitamente cosas materiales y sensibles (quidditas rei materialis), aunque la noción del ente sea ya desde entonces implícita y oculta bajo la forma de la cosa particular concebida.
El objeto del intelecto como intelecto es aquel ente que como objeto tenemos en común con los ángeles y con Dios, en cuanto aquí nosotros prescindimos de la referencia a los sentidos. En cambio, el ente en cuanto proporcionado a nuestro intelecto, es un ente que nosotros captamos por abstracción de los sentidos.
En efecto, la mente siempre sobreentiende y presupone, al menos inconscientemente, que todo lo que concibe sea alguna cosa, es decir, un ente. Sin embargo, a fin de que la mente pueda formar y considerar la noción del ente explícitamente y por sí misma, se requiere un especial proceso abstractivo, una capacidad de juicio y una educación de la mente, que sólo es asegurada por la filosofía y en particular por la metafísica.
Por eso, el Beato Pablo VI, en la Carta que envió al padre Vincent de Couesnongle, Maestro General de la Orden de Frailes Predicadores el 20 de noviembre de 1974, podía decir que "se ha podido definir el pensamiento de Santo Tomás como la filosofía del ser, considerado tanto en su valor universal, como en sus condiciones existenciales; igualmente es sabido que a partir de esta filosofía, el Aquinate se remonta a la teología del Ser divino, cual subsiste en sí mismo y cual se revela en su Palabra y en los eventos de la economía de la salvación, especialmente en el misterio de la Encarnación" (n.15).
La síntesis tomista tiene un verdadero y único fundamento. se trata de la noción analógica y participativa del ente. Por eso, al concebir el ente, es necesario prestar mucha atención. Es cierto que es necesario hacer una operación abstractiva, como en la formación de cualquier otro concepto, por lo cual indudablemente es necesario abstraer de lo particular para captar lo universal.
Pero el ente es algo especialísimo entre todos los contenidos de nuestra mente, por lo cual, así como toda cosa real individual, específica o genérica es un ente o pertenece al horizonte del ente, dado que lo universal prescinde de todo lo particular, si nosotros al formar la noción del ente queremos prescindir de todo particular, deberemos prescindir de todo ente. Pero esto quiere decir entonces que, completada la abstracción, en nuestra mente no queda nada, lo que es exactamente lo opuesto al ser. Por lo tanto, es absurdo confundir el ser con la nada ¹¹.
Por lo tanto, en tal caso en nuestro procedimiento abstractivo debió haberse dado algo que no ha funcionado. Queríamos concebir lo real y no ha salido nada. Surge un concepto que no nos dice nada, absolutamente vacío, porque quitando todo, habiendo abstraído de todo, está claro que al final no queda nada. ¿Por qué esto? ¿Qué es lo que ha sucedido? El hecho es que el ente debe ser concebido de un modo especial, a él sólo apropiado, diferente del modo con el cual concebimos los entes y cada especie de ente.
Tomás nos enseña entonces que la verdadera noción del ente sólo puede alcanzarse con una adecuada abstracción, que no prescinde totalmente de los inferiores, sino que los mantiene de algún modo implícitamente en sí misma, porque también los inferiores participan del ser. Y además, es necesario añadir al concepto (simplex aprehensio) un acto del juicio, en el cual el intelecto afirma el ser en la cópula del juicio ¹².
Con el juicio, el intelecto pasa del concepto del ente (ens) al concepto del ser (esse), entendido como acto del ente. Al mismo tiempo, la mente comprende que el ente es causado, porque la esencia del ente tiene un ser limitado, es decir, limita el ser a sí misma, al propio ser finito, a la propia finita capacidad de ser ¹³.
Lo que quiere decir que el ente que conocemos inmediatamente no existe por sí, por esencia; tiene el ser, pero no es el ser; su esencia no coincide con su ser. No existe necesariamente, por esencia. Existe, pero podría no existir, es decir, es contingente. Tomás distingue lo posible de lo necesario. Por lo tanto, este ente contingente no tiene el ser por sí, sino por otro. Lo que quiere decir que su ser es causado de la nada por un Ser absolutamente necesario, que existe por esencia, y este es Dios.
Tomás distingue así la esencia del ser y descubre la esencia como poder ser, como "potencia" y el acto de ser como cumplimiento supremo de la esencia. Barzaghi, en cambio, insiste en la noción de orden: "la noción de orden es estructural: dice algo mínimo, pero que al mismo tiempo no es precisamente lo mínimo mínimo, ya que logra condensar en sí todas las otras dicotomías. […] El orden como matriz de la síntesis tomista no sólo es tal porque el orden se condensan y encuentran la propia celebración las otras dicotomías, sino también porque en la mente de santo Tomás el filosofar es el considerar el orden" ¹⁴. Por eso la noción del orden le parece a Barzaghi aún más vasta que la dicotomía esencia-ser y potencia-acto, comprendida por tanto la analogía, como para incluirlos en sí misma. Pero esto es absolutamente falso.

Fin de la Segunda Parte (2/3)

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 13 de Octubre de 2015

Notas

¹ Sum.Theol., I, q.15.
² Sum.Theol., I, q.13, a.11.
³ Por ejemplo, en el ex nihilo como presupuesto del acto creativo.
⁴ "Cuarto modo que dicendi per se".
⁵ Il fondamento teoretico della sintesi tomista, Edizioni ESD, Bologna 2015, p.11.
⁶ Cf. F.-X.Putallaz, Le sens de la réfléxion chez Thomas d’Aquin, Librairie Philosophique Vrin Paris 1991.
⁷ Sum.Theol., I, q.85, a.2.
⁸ Cf. mi ensayo Autocoscienza e coscienza morale in San Tommaso d’Aquino, en Coscienza. Storia e percorsi di un concetto, editado por Luca Gabbi e Vittor Ugo Petruio, Donzelli Editore, Roma 2000, pp.45-72.
⁹ ¡Un filósofo musulmán del siglo XI!
¹⁰ Véase el comentario de R.Garrigou-Lagrange, en La synthèse thomiste, Desclée de Brouwer, Paris 1947; N.Del Prado, De veritate fundamentali philosophiae christianae, Friburgo 1911;J.Maritain, Le Docteur Angélique, Desclée de Brouwer, Paris 1930, cap.II – Le sage architecte; cf C.Giacon, Le grandi tesi del tomismo, Edizioni Patron, Bologna, 1967, sobre todo la Parte II, sez.II, c.1; cf. colección de estudios de C.Fabro, Tomismo e pensiero moderno, Libreria Editrice della Pontificia Università Lateranense, Roma 1969; Breve introduzione al tomismo, Desclée&C. Editori Pontifici, Roma 1960; Antonio Livi, Tommaso d’Aquino. Il futuro del pensiero cristiano, Arnoldo Mondadori, Milano 1997, cap. 3; cf. mi comunicación San Tommaso e la filosofia cristiana en La filosofia cristiana tra Ottocento e Novecento e il Magistero di Leone XIII, Atti del convegno del 2003 a Perugia, Arti Tipografiche Toscane, Cortona 2004, pp.323-342.
¹¹ Maritain muestra esta falsa pista en su Sept leçons sur l’être et les premiers principes de la raison spéculative, Deuxième leçon Téqui, Paris 1933.
¹² Cf. Jacques Maritain, Court traité de l’existence et de l’existant, Paul Hartmann Editeur, Paris 1964; B. Garceau, Judicium. Vocabulaire, sources, doctrine de Saint Thomas d’Aquin, Montréal-Paris 1968. 
¹³ Véase las Tesis II y III de las XXIV tesi della filosofia di San Tommaso d’Aquino, de G. Mattiussi, Pontificia Università Gregoriana, Roma 1947.
¹⁴ Op.cit., p.46.

_________________________


Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum methodus tomistica fundetur in reflexione idearum
vel in adaequatione ad ens reale

Ad hoc sic proceditur. Videtur quod methodus tomistica fundetur in reflexione idearum et non in adaequatione ad ens reale.
1. Quia quidam tenent scientiam esse circularem discursum qui mentem reducit ad ea quae iam sciebat, et fundamentum cogitationis esse conscientiam sui ipsius. Sic initium philosophandi esset reflexio super proprias ideas.
2. Praeterea, dicitur quod sine idea nulla est scientia, cum cogitatio definiatur ut relatio ad species. Ergo videtur quod obiectum primarium intellectus sint ideae, et quod methodus ab eis incipere debeat.
3. Item, obiicitur quod ordo idearum est quod dat cognitioni valorem, et quod philosophari consistit in considerare ordinem logicum. Si ordo est in ideis, videtur quod methodus in eis fundetur.
4. Denique, dicitur quod fundamentum scientiae non est tam invenire quod ignorabatur, sed potius redire ad id quod implicite iam sciebatur. Ergo initium cogitationis esset reflexivum, non adaequativum.

Sed contra est quod dicit sanctus Thomas in De Veritate: primum quod intellectus concipit est ens, et in eo resolvit omnes conceptus. Et in Summa Theologiae: primo cadit in conceptione intellectus ens, quia omne cognoscibile est inquantum est actu.

Respondeo dicendum quod methodus tomistica fundatur in adaequatione ad ens reale, non in reflexione idearum. Actus originarius cognitionis est apprehensio rei exterioris, quae se praebet ut obiectum, independens a mente. Obiectum scientiae non sunt species, sed res. Cognitio praecedit conscientiam, et prima intentio est capere res, non ideas. Solum postquam res cognoscimus possumus de ideis nostris reflectere. Fundamentum cogitationis est reale, non ideale. Ideo primum cognitum est ens, horizont universalis intellectus, et syntheseos tomistica innititur notioni analogicae entis, quae distinguit essentiam et actum essendi, contingentiam et necessitatem, et ducit ad agnoscendum Deum ut Ens necessarium. Idealismus, qui ponit ideam loco entis, est idololatria, quia cogitationem in idolum convertit et amittit relationem ad reale. Methodus tomistica autem est realistica: incipit a contactu sensibili cum rebus et elevatur ad ens ut primum intelligibile.

Ad primum ergo dicendum quod circulus scientiae non est proprius methodo tomistica. Thomas non incipit ab eo quod iam scit, sed a contactu sensibili cum rebus externis. Solus Deus incipit ab eo quod scit ab aeterno.
Ad secundum dicendum quod ideae sunt instrumenta cognitionis, non obiectum primarium. Obiectum intellectus est ens, et ideae sensum habent solum in ordine ad ipsum. Ideo cognitio non fundatur in reflexione, sed in adaequatione.
Ad tertium dicendum quod ordo idearum valorem habet solum si ordinem realitatis repraesentat. Philosophari non est imponere ordinem logicum, sed se conformare ordini entis. Ideo methodus tomistica non est idealistica, sed realistica.
Ad quartum dicendum quod redire ad ea quae iam sciebantur non est initium cogitationis, sed momentum posterius. Initium est transitus ab ignorantia ad scientiam, apprehensio rei exterioris.
   
JG

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