¿Es correcto contraponer Amoris Laetitia a Veritatis Splendor como si fueran documentos opuestos? ¿No es más bien cierto que ambos se complementan, uno subrayando los principios universales de la moral y el otro aplicándolos con misericordia a las circunstancias concretas? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli denuncia el oportunismo de Andrea Grillo, que acusa a san Juan Pablo II de “maximalismo” y adula al papa Francisco con lecturas sesgadas. ¿Puede la conciencia subjetiva convertirse en regla absoluta de la verdad, desplazando la primacía del ser? ¿No es más bien la moral cristiana la que, lejos de producir oportunistas, engendra santos y héroes capaces de dar la vida por la verdad? El texto recuerda que la fidelidad a la ley divina y la misericordia pastoral no se excluyen, sino que juntas forman el camino auténtico de la Iglesia.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 24 de septiembre de 2026
Maximalismo y heroísmo
Maximalismo y heroísmo
El oportunismo de Andrea Grillo que intenta jugar entre "Amoris Laetitia" y "Veritatis Splendor". Con apéndice póstumo sobre el caso del arzobispo Luigi Negri
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 24 de mayo de 2017. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/11820-2/)
"Te imploro delante de Dios, que da vida a todas las cosas,
y delante de Cristo Jesús, que dio buen testimonio ante Poncio Pilato:
observa lo que está prescrito, manteniéndote sin mancha e irreprensible
hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tim 6,14).
Andrea Grillo ha intervenido el pasado 3 de mayo en el sitio web Munera, Rivista Europea di Cultura, con un breve artículo titulado "Amoris Laetitia: Más allá de Veritatis Splendor, o bien más acá del maximalismo moral" ¹, en el cual ve en la exhortación Amoris Laetitia un contraste, de hecho una aproximación a la cuestión de la relación entre ley moral y circunstancias del acto moral, "que no sería exagerado definir diametralmente opuesto" respecto de la encíclica Veritatis Splendor del papa san Juan Pablo II, quien según él estaría teñida de "maximalismo", "racionalismo" y desprecio por la "tradición", mientras que Amoris Laetitia, "realiza con gran fuerza y con verdadera profecía una recuperación de la tradición", para lo cual ella "elabora, en el cap. VIII, una comprensión de las 'heridas de la familia' en la que se propone una relación entre 'normas' y 'discernimiento' que recupera una antigua sabiduría eclesial, respecto a la cual una 'fría moral de escritorio' [cf. Amoris laetitia, 312] había pretendido tomar distancia en modo drástico y maximalista".
Esta contraposición hecha por Grillo entre estos dos grandes documentos pontificios es del todo falsa y sofística, calumniosa hacia san Juan Pablo II y flagrantemente adulatoria hacia el papa Francisco, según una reprobable costumbre que se ha extendido entre los aduladores modernistas del Pontífice reinante, como por ejemplo también Enzo Bianchi. En todo caso, se debe decir que los dos documentos se complementan y se iluminan entre sí, ya que mientras la Encíclica de Juan Pablo II se centra más en algunos principios de fondo de la teología moral, la Exhortación apostólica del papa Francisco toma en mayor consideración las condiciones, circunstancias y las modalidades en las cuales el sujeto actuante debe aplicar, en el caso de la vida matrimonial, la ley moral.
Tan ingenua y necia es la acusación hecha por algunos al Papa de relativizar la ley moral, o de poner en duda la indisolubilidad del matrimonio o incluso la sacralidad de la Eucaristía, casi como acusándolo de favorecer la laxitud moral, como igualmente tonta y necia es la acusación hecha por Grillo a un Santo. Pontífice, expertísimo en el cuidado pastoral, de "maximalismo" moral, o sea de abstraccionismo, rigidez, excesivas exigencias, demasiada severidad y escasa comprensión de las debilidades humanas, casi como acusándolo de carecer de misericordia y de sentido de las circunstancias.
No hay duda de que no solo para el Santo Pontífice Juan Pablo II, sino también para el papa Francisco, el adulterio es un intrinsece malum, ya que este concepto, como resulta claramente de la Veritatis Splendor, está necesariamente conexo con las palabras de Cristo mismo sobre la indisolubilidad del matrimonio y la prohibición del adulterio.
Es diferente, sin embargo, el caso del adulterio y el de la disolución del matrimonio. El adulterio está siempre prohibido sin excepciones. En el segundo caso, en cambio (aparte de la ley mosaica sobre el asunto, cambiada por Cristo), san Pablo da el permiso al cónyuge creyente, cuya fe está en peligro por el cónyuge no-creyente, para dejarlo, de modo que el matrimonio viene a ser disuelto. Es el así llamado privilegio paulino. Así encontramos escrito en el Diccionario de Teología Moral dirigido por el cardenal Francesco Roberti ², bajo la entrada "Privilegio paulino": "El así llamado privilegio paulino está contenido en 1 Cor 7,11-16. […] Por eso, puede disolverse sólo el matrimonio legítimo, incluso consumado, es decir, el contraído por dos no bautizados, si uno de ellos se convierte a la religión cristiana. No se aplica al matrimonio entre un bautizado y un infiel, contraído previa dispensa del impedimento de la disparidad de culto".
Aquí tenemos un valor sagrado (el vínculo matrimonial) al cual en dos modos diferentes se opone un cierto acto humano. ¡Pero qué abisal diferencia entre uno y otro caso! El adulterio es un acto privado con el cual un hombre comete un grave pecado contra la indisolubilidad y la sacralidad del matrimonio, por el cual el vínculo permanece intacto. La disolución del vínculo es un acto público de la legítima autoridad eclesiástica, autorizada por la doctrina de San Pablo.
Aquí vemos qué diferencia existe, respecto a la disciplina del sacramento del matrimonio, entre la institución divina (voluntad de Cristo) y el poder de la autoridad jurídica de la Iglesia ("poder de las llaves"). Mientras Cristo no concede a la Iglesia y por lo tanto a la moral por ella enseñada (con el debido respeto a Grillo) para hacer excepciones a la prohibición del adulterio y del divorcio, ha concedido a la Iglesia, a través de san Pablo, en ciertos casos, disolver el vínculo conyugal.
Un juego desleal
Grillo juega deslealmente con el inveterado equívoco idealista, que otorga la primacía del sujeto sobre el objeto, entendiendo por sujeto la conciencia como la entiende Descartes, es decir, no como regulada por la verdad, sino como regla de la verdad, no como pensamiento que mediante la idea se adecua a lo real, sino como real o ser (sum) deducido del pensamiento (cogito) o de la idea, por lo cual la verdad para Descartes no es lo que existe realmente frente a mí (obiectum), independientemente de mí (claro que dependiente de Dios), sino lo que yo (subiectum, "sujeto") decido ser la verdad y la realidad. Ahora bien, es necesario decir que es cierto que si yo pienso, quiere decir que existo, pero es todavía más cierto que para poder pensar, debo primero existir. De ahí el primado del ser sobre el pensamiento y, por lo tanto, sobre la conciencia. La disolución del ser en el pensamiento y en la conciencia subjetiva es la locura del idealismo, productora del solipsismo metafísico, subjetivismo teorético, relativismo y corrupción morales, trastornos emotivos, patologías alucinatorias o autistas, ilusiones sin fin.
Este principio, llevado a sus extremas consecuencias, ha producido la identificación hegeliana y gentileana del ser con el pensamiento. Es este el sujeto moderno que complace a Grillo y que él sin darse cuenta ha puesto en el lugar de Dios, ya que es solo Dios, es solo la Autoconciencia divina, que es regla del ser, de la verdad y de nuestra conciencia.
Está claro que si por sujeto, según el lenguaje idealista, se entiende el mundo del espíritu o la conciencia, mientras que el objeto son las cosas materiales externas, se tiene el primado del sujeto, es decir, del espíritu, sobre el objeto, es decir, sobre la materia. Pero si por sujeto, según el lenguaje realista, se entiende el pensamiento y por objeto se entiende lo real, aquí es el pensamiento el que debe adecuarse a lo real. Pero es necesario decir que la conciencia no debe ser entendida como fuente absoluta de la verdad, sino como obligación moral de aceptar la verdad. En cambio, aquello que Grillo llama "sujeto moderno", no es otro que el concepto modernista de la conciencia, por lo cual el padre Arturo Sosa habla del "primado de la conciencia", olvidando, como he demostrado en mi anterior artículo dedicado a él, que la conciencia no tiene ningún primado en el ámbito del saber, donde el primado va a la intuición de la realidad, ni tanto menos en el ámbito del ser, donde el primado va a la verdad del ser, regla objetiva de la verdad de la conciencia.
Comparación entre Veritatis Splendor y Amoris Laetitia
Por consiguiente, si por un lado el papa Francisco tiene razón al sostener que:
1. "Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares" (Amoris Laetitia n.304). Lo cual no niega en absoluto la existencia de valores irrenunciables, a saber, el intrinsece bonum o bonum honestum, y ni siquiera significa que el hecho de que el legislador ignore todos los casos posibles admite la posibilidad de casos en los cuales se pueda hacer excepción a la ley.
2. "La Iglesia posee una sólida reflexión acerca de los condicionamientos y circunstancias atenuantes. Por eso, ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada 'irregular' viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante" (Amoris Laetitia n.301). Es posible la alternancia de períodos en los cuales ellos están en gracia con períodos en los cuales están en pecado, privados de la gracia.
3. "Es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado -que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno- se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia" (Amoris Laetitia n.305).
4. "Es necesario acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día, dando lugar a «la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible [...] Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino" (Amoris Laetitia, n.308). Es claro que el uso del acompañamiento, de la misericordia, de la comprensión, de la tolerancia y de la paciencia, en ciertas circunstancias, no excluye, en otras circunstancias, el estímulo, la incitación, la amonestación, el llamado, el reproche y la advertencia.
Por otra parte, ha hecho bien san Juan Pablo II en recordar que:
1. "Existen objetos del acto humano que se configuran como no-ordenables a Dios, porque contradicen radicalmente el bien de la persona, creada a su imagen" (Veritatis Splendor, n.80).
2. "En la tradición moral de la Iglesia", los actos humanos que se orientan hacia tales objetos, "son los actos que han sido denominados intrínsecamente malos (intrinsece malum): lo son siempre y por sí mismos, es decir, por su objeto, independientemente de las ulteriores intenciones de quien actúa, y de las circunstancias" (Veritatis Splendor, n.80).
3. "Las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección" (Veritatis Splendor, n.81).
Aquí no existe ningún maximalismo, ningún rigorismo, ninguna rigidez, ningún racionalismo, ninguna afirmación o pretensión exagerada. Ninguna rigidez o exigencia demasiado rigurosa, sino ductilidad sabia y prudente en el adaptar el llamado a la perfección, a las posibilidades y a las necesidades propias de cada uno. El Papa sabe cuánto puede Dios pedir al hombre, dónde el hombre puede ser responsable y dónde en cambio es digno de piedad.
"La Iglesia (dice san Juan Pablo II en Veritatis Splendor, n.95), que jamás podrá renunciar al principio de la verdad y de la coherencia, según el cual no acepta llamar bien al mal y mal al bien, ha de estar siempre atenta a no quebrar la caña cascada ni apagar el pabilo vacilante (cf. Is 42,3). El papa Pablo VI ha escrito: 'No disminuir en nada la doctrina salvadora de Cristo es una forma eminente de caridad hacia las almas. Pero ello ha de ir acompañado siempre con la paciencia y la bondad de la que el Señor mismo ha dado ejemplo en su trato con los hombres. Al venir no para juzgar sino para salvar (cf. Jn 3,17), Él fue ciertamente intransigente con el mal, pero misericordioso hacia las personas'..."
Se trata de consideraciones perfectamente razonables, basadas en el concepto racional del bien del hombre y de su fin último, que es Dios. El conocimiento de este fin es demostrable, como es sabido, por la razón natural, tratándose de un fin o bien absoluto, que obliga absolutamente, faltando al cual el hombre falla en la vida. Incluso las normas a seguir para la consecución del fin último, o sea la ley natural, la razón la deriva de la consideración del hombre como animal racional.
La moral cristiana crea santos, no medias figuras
Si el guía alpino le indica en el valle al caminante la cumbre a conquistar, no pretende ciertamente que él lo alcance de golpe con un salto, ni le pasa por la mente regañarlo si no lo hace de inmediato, sino que evidentemente está dispuesto a ayudarlo y a acompañarlo, con premura, sabiduría y prudencia, en el lento ascenso hacia la cima.
Para facilitar el camino de la vida no debemos rebajar el ideal moral ni hacer descuentos por nuestra propia iniciativa, sino ponernos con toda nuestra buena voluntad con la ayuda de la gracia, confiando en la misericordia de Dios, pero sin aprovecharnos astutamente de su bondad para hacer nuestras comodidades. Debemos saber presentar al prójimo, quienquiera que sea, el ideal cristiano en toda su elevación, asegurándole nuestra ayuda y, sobre todo, exhoortarle a hacer el máximo -¡he aquí el buen "maximalismo"!- confiando en la ayuda del Señor.
San Juan Pablo II no pide a nadie lo imposible, sino que recuerda a todos la altísima dignidad de la persona y de su responsabilidad, creada a imagen de Dios, sin olvidar en absoluto sus miserias, consecuencias del pecado, sobre todo en el clima actual de generalizada desorientación intelectual, y en los límites de la naturaleza humana fijados eternamente por el Creador y superados en diversa medida por la vida de gracia y de la santidad, don de la misericordia del Salvador.
Y el papa Francisco no es ese maniobrador ambiguo o ese astuto laxista que algunos quieren hacernos creer. Es necesario, en cambio, con una exégesis atenta, cuidadosa y benévola, tomar nota de su sabiduría pastoral y del hecho de que Amoris Laetitia añade a Veritatis Splendor indicaciones casuísticas, a las cuales no da espacio la Veritatis Splendor, de enfoque más teórico. Es cierto que algunos pasajes de Amoris Laetitia, por poca claridad, pueden causar problemas, pero mucho se aclara recurriendo al Magisterio precedente, comenzando por Familaris Consortio.
En cambio, le decimos a Grillo que no debemos confundir la seriedad y el rigor moral con el rigorismo, el esfuerzo moral con el maximalismo, la fidelidad a nuestras promesas, a nuestra vocación o al ideal inviolable y al fin sagrado que nos hemos prefijado, con el conservadurismo o el estancamiento o el fundamentalismo o la terquedad o la "clausura a todo lo nuevo".
Los principios morales de Grillo, viciados de historicismo, son demasiado débiles y frágiles para producir no digo mártires y héroes, sino ni siquiera personas de carácter, con la espina dorsal robusta. Si Maria Goretti hubiera tenido las ideas de Andrea Grillo sobre el sexo y sobre el matrimonio, ciertamente habría consentido a las peticiones de Alessandro Serenelli, quien al menos distinguía al varón de la mujer y no confundía los sexos.
Las ideas morales de Grillo producen a Don Abbondio, dispuesto a obedecer al primer bribón que le salga al paso, producen astutos que quieren salirse con la suya a poco dinero y con el aura del profeta, produce bufones de la corte o aduladores del patrón que mejor paga, produce maquiavélicos al servicio del dictador, produce oportunistas empujados por el viento que sopla, produce Taillerand que siempre están a flote, hábiles en el salvar el pellejo en toda circunstancia, produce temerosos dispuestos a arrodillarse en el suelo y besar los pies del primer matón que les alza la voz. Por tanto, ciertas ideas y formas de actuar no producen el vuelo del águila, sino el cloqueo de la gallina en el gallinero.
Apéndice sobre el caso del arzobispo Luigi Negri
Andrea Grillo ha vuelto a golpear. Esta vez ha atacado algunas reflexiones de S.E. Mons. Luigi Negri, arzobispo emérito de Ferrara, sobre el atentado en Manchester, episodio gravísimo al cual ha seguido la recientísima masacre en Egipto. ³
Debemos notar con verdadero dolor la necedad e irresponsabilidad de la agresión de Grillo al arzobispo. Grillo, que, con diabólica astucia, explota un defecto de forma en el pensamiento del ilustre y valiente Pastor, sin comprender la forma literaria del que Mons. Luigi Negri se ha servido para expresar, en un ideal y sentida coloquio con los pobres niños asesinados, por una parte su amargura y su indignación ante la enésima agresión islámica contra el cristianismo, que continúa una antigua tradición que se remonta al siglo XIV y, por otra parte, denunciar con obligado disgusto la hipocresía de una putrefacta y secularizada Europa ex-cristiana, reducida al nihilismo, que niega con afectada ignorancia la matriz religiosa del terrorismo islámico y quisiera esconderse detrás de este pretexto para intentar en vano acallar su propia conciencia, que la acusa y la atormenta de haber traicionado a Cristo, por no defender la causa de la fe contra el ataque islámico y por haber perdido con esto las razones últimas del vivir, del regocijarse, del sufrir y del morir.
Grillo es un peligroso y emblemático exponente de un cristianismo corrupto e hipócritamente papista, y arde por el hecho de que monseñor Luigi Negri, como buen médico y pastor, haya puesto el dedo en la llaga, en la herida, pero para curar, no para matar. Pero Grillo no ha entendido esto o no lo quiere entender, y así, orgulloso y obstinado como es, en lugar de reflexionar sobre las sabias consideraciones morales de este Obispo y convertirse, acentúa su odio y difunde sus sofismas contra quienes paternalmente se refiere a sus deberes como cristiano, apelando en vano a una crítica engañosa basada en la incomprensión de la infortunada forma literaria adoptada por Mons. Luigi Negri.
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 23 de mayo de 2017
Notas
² Editrice Studium, Roma 1961, para la edición italiana; o Barcelona Edit. Litúrgica Española, 1960, para la edición española.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Amoris Laetitia opponatur Veritatis Splendor
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod Amoris Laetitia opponatur Veritatis Splendor.
1. Quia dicitur exhortationem apostolicam traditionem recuperare contra maximalismum moralem encyclicae, quae esset rigida, abstracta et parum misericors. Arguitur quod Veritatis Splendor nimias exigentias imponat, ignorans infirmitates humanas, dum Amoris Laetitia comprehensionem et flexibilitatem praebeat.
2. Praeterea, affirmatur quod insistentia in actibus intrinsece malum est rationalismus exaggeratus, qui circumstantias concretas non attendit. Dicitur quod moralis ex cathedra vitam realem ignorat et misericordia exceptiones requirit.
3. Item, ponitur quod conscientia subiectiva debet habere primatum supra normam obiectivam, ita ut possit decernere quid sit bonum vel malum in singulis casibus. Dicitur quod subiectum modernum, ut conscientia autonoma, est fons veritatis et Ecclesia hoc agnoscere deberet.
4. Denique affirmatur quod Papa Franciscus legem moralem relativizat introducendo notam 351 et loquendo de condicionibus irregularibus in quibus adhuc gratia esse potest. Dicitur quod hoc aperiat viam ad novam normativam laxam.
Sed contra est quod dicit Apostolus: “Praecipe ut servetur mandatum sine macula, irreprehensibile usque ad adventum Domini nostri Iesu Christi” (1 Tim 6,14). Sanctus Ioannes Paulus II docet in Veritatis Splendor esse actus intrinsece malos, qui numquam possunt iustificari. Papa Franciscus affirmat in Amoris Laetitia normas generales bonum proponere quod numquam negligendum est. Et magisterium admonet Ecclesiam non posse vocare bonum malum nec malum bonum, et conscientiam ordinandam esse ad veritatem obiectivam.
Respondeo dicendum quod Amoris Laetitia non opponitur Veritatis Splendor, sed eam complet. Encyclica Ioannis Pauli II principia universalia moralis sublineat, affirmans adulterium esse intrinsece malum et numquam posse iustificari. Exhortatio Papae Francisci haec principia applicat ad circumstantias concretas vitae matrimonialis, ostendens quod, licet status obiectivus sit irregularis, conscientia tamen potest esse in gratia si paenitentiam colit et conversionem desiderat. Misericordia pastoralis non relativizat legem divinam, sed peccatorem comitatur in itinere ad perfectionem. Articulus commemorat quod accusare Papam de laxismo tam absurdum est quam accusare Ioannem Paulum II de maximalismo: ambo documenta se invicem illuminant, unum in plano principiorum et alterum in plano applicationis pastoralis. Insuper sublineatur quod moralis christiana non producit opportunistas nec mediocres, sed sanctos et heroas capaces vitam dare pro veritate, et quod subiectivismus modernus, absolutizando conscientiam, ducit ad relativismum et corruptionem moralem.
Ad primum ergo dicendum quod misericordia non contradicit legi morali. Papa Franciscus non relativizat indissolubilitatem matrimonii nec sacralitatem Eucharistiae, sed patientiam et comprehensionem adhibet erga eos qui nituntur vivere idealem christianum.
Ad secundum dicendum quod doctrina de actibus intrinsece malum non est rationalismus abstractus, sed fidelitas verbis Christi. Rigor moralis non est rigiditas, sed agnitio dignitatis hominis et responsabilitatis eius. Accusatio maximalismi est sophistica et calumniosa.
Ad tertium dicendum quod conscientia subiectiva non est regula absoluta veritatis. Primatus pertinet ad ens et ad veritatem obiectivam, non ad cogitationem nec ad autoconscientiam. Idealismus qui dissolvit ens in cogitatione ducit ad solipsismum et corruptionem moralem. Conscientia debet veritatem accipere et se corrigere cum errorem advertit.
Ad quartum dicendum quod nota 351 non constituit legem novam, sed admittit casus extraordinarios sub condicionibus non specificatis. Disciplina manet firma in excludendis a Communione iis qui vivunt in statu irregulari sine conversione, licet agnoscatur possibilitas gratiae in medio fragilitatis.
JG
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