sábado, 19 de septiembre de 2026

El fundamento teorético de la síntesis tomista (1/3)

¿Cuál es el verdadero principio que sostiene la síntesis tomista? ¿Es acaso el orden lógico o más bien el ente real como fundamento del saber? ¿No se corre el riesgo, al confundir el ser con lo pensado, de caer en el idealismo y perder de vista la realidad? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, en su primera parte, examina las raíces del sistema de santo Tomás de Aquino, mostrando cómo su filosofía se apoya en el ente como horizonte universal del pensamiento, frente a las tentaciones de reducirlo a un esquema abstracto. Una reflexión que interpela sobre la diferencia entre el método idealista y el realismo tomista, y sobre la grandeza de un pensamiento que se somete humildemente a lo real para conducir a la verdad. [En la imagen: fragmento de "Tomás de Aquino y el papa Urbano IV", detalle del políptico de santo Domingo, óleo sobre madera, 1508, obra de Lorenzo Lotto, Museo Cívico de la Villa Colloredo Mels].

El fundamento teorético de la síntesis tomista
Una crítica al pensamiento del filósofo y teólogo dominico Giuseppe Barzaghi

Primera Parte

(Traducción al español de la primera parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 21 de Octubre de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/il-fondamento-teoretico-della-sintesi-tomista-una-critica-al-pensiero-del-filosofo-e-teologo-domenicano-giuseppe-barzaghi/)

Es válido intentar una nueva propuesta interpretativa de lo que es el principio fundamental que inspira y guía la síntesis tomista. Sin embargo, antes de entrar en materia, para una evaluación de esta propuesta, detengámonos brevemente a considerar en general cuál es el principio fundamental de un sistema filosófico, cómo se encuentra y cómo funciona.
Los medioevales no tenían esta preocupación y este interés por el sistema No concebían la filosofía como saber autónomo, sino que se servían de ella sólo ocasionalmente para explicar el dogma de la fe. En Tomás existen indudablemente los principios, las premisas y los elementos dispersos para construir un sistema; pero él lo deja entrever de manera dispersa e irreflexiva, aun cuando para él era clarísima la dignidad del saber racional y por tanto sabía tratar con alta sabiduría los grandes temas y problemas de la razón humana.
El claro, reflexivo, razonado y programático propósito de fundar un sistema filosófico ordenado, unitario, deductivo y coherente, que abarque todo el campo del saber filosófico en sus diversas disciplinas, a parte de los sistemas neoplatónicos de los siglos III-V, surge sólo con Descartes ¹ y se prolonga en los grandes sistemas idealistas alemanes del siglo XIX. Estas empresas nacen de una exigencia de armonizar la unidad con la multiplicidad en la totalidad. Existe la necesidad de fundarse sobre una base sólida e irrefutable de verdad y de certeza, sobre la cual construir todo el resto con un método riguroso. La empresa es muy bella, debida y atrayente. Pero no es fácil. Se necesitaría estar movidos fundamentalmente por una instancia realista, que lamentablemente falta en cambio en la mentalidad que tiende a sustituir por lo ideal a lo real.
Por lo tanto, debemos decir ante todo que el fundamento teorético de un sistema de pensamiento, como en nuestro caso, es el objeto real fundamental, el punto de partida y de apoyo, el principio universal de la teoría del pensador, en nuestro caso santo Tomás de Aquino.
Es ese contenido inteligible universal o trascendental, en torno al cual todo viene reunido, recogido, unificado, ordenado, sistematizado, organizado y sintetizado; el principio inspirador de todo el sistema; el contenido originario de valor absoluto, el resorte y el incentivo de todo el movimiento y el progreso del pensamiento; lo pensable y lo pensando, sin lo cual es imposible pensar; lo que da sentido a todo lo demás; el contenido fundamental del pensamiento, de lo cual todo deriva y a lo cual todo se refiere y remite, el contenido u objeto que es primariamente intuido o entendido y del cual la teoría deriva todo y a lo cual todo reconduce, lo que hace inteligible todo el resto, lo que se encuentra en todos los objetos de la teoría, ese contenido que sirve para sistematizar y ordenar todo lo demás, el principio de la síntesis de todo, lo que reduce todo a la unidad explicando la multiplicidad, lo que permanece siendo lo mismo en el variar de los objetos.
Ahora bien, debemos decir, con santo Tomás, que todo aquello que nosotros pensamos, y de lo cual nos hacemos una idea o un concepto, lo concebimos, conscientemente o inconscientemente, implícitamente o explícitamente, con la noción del ente y suponemos que sea algo, es decir, un ente. Lo concebimos a la luz y en el horizonte del ente, determinando el concepto del ente. Veremos esto mejor más adelante.
Es necesario distinguir, sin embargo, el fundamento del saber del fundamento del ser. Nosotros iniciamos el saber por el contacto con las cosas y subimos a Dios. En cambio, el fundamento del ser es Dios, del cual proceden las cosas. Nosotros, por lo tanto, conocemos al final lo que ontológicamente está al inicio. En cambio, para el idealista, que reduce el ser a lo pensado, el primum cognitum coincide con el Primum Ens, con Dios. Esto es particularmente evidente en algunos idealistas, como por ejemplo en Fichte, que da inicio a la ciencia con la Autoconciencia del Yo absoluto, y Schelling, que inicia el filosofar con la intuición del Absoluto.

El orden como clave interpretativa del sistema tomista

También Barzaghi entiende el ser como coincidente con el pensamiento ², por lo cual extiende a todo el ser esa identidad de pensamiento y de ser que para Tomás existe sólo en Dios ³. El autor tiene una visión monista del ser, por lo cual el ser, como en Parménides y en Severino ⁴, se identifica simplemente con el Absoluto o lo Necesario o lo Eterno, o sea con Dios.
Es una visión, que a él le viene también de Bontadini ⁵, según la cual la realidad no es un conjunto o una familia de entes, donde Dios, creador de todos, está en el vértice de todos (summum Ens), infinitamente por encima de todos, sino que la realidad es un solo Ser, un "Todo", un "Entero", un único ser absoluto, compacto, sintético y ordenado, "lleno y redondo", para usar una eficaz expresión de Parménides, un Uno, tal para el cual ninguna parte se puede eliminar sin eliminar el todo.
En efecto, lo múltiple no está fuera, sino en lo interno del Todo, así como en una máquina perfecta, cada parte es esencial y necesaria, por lo cual, si se la quita, el todo se bloquea. El "Entero" es como una manzana: si le quitas una rebanada, el Entero ya no es el Entero, lo que sin embargo es imposible en la realidad, porque el Entero es el "Absoluto", es Dios.
Para Barzaghi, la totalidad de los entes coincide con la Totalidad divina, en modo tal que al final Dios no aparece como trascendente al mundo, sino como el resultado de la síntesis de los entes. La totalidad trascendental del ser coincide con la Totalidad divina, con el Absoluto, que absorbe en sí todo el ser, sin que quede nada fuera. Por lo cual no existe un mundo distinto de Dios, sino que Dios coincide con el mundo, el cual a lo sumo es un "aparecer" de Dios, una "teofanía" divina ⁶.
En efecto, en su visión metafísica, así como cada parte es necesaria al Todo, la supresión de una parte comportaría la anulación del Todo; lo cual es absurdo. Si un mosquito dejara de existir, todo el universo se extinguiría. De ahí la idea de Barzaghi, recabada de Severino, de que en realidad la muerte no existe. "Todo está a salvo", como él dice. Y tampoco parece existir el mal. Dice Barzaghi, de hecho, enunciando el principio del buenismo, hoy tan de moda, que "todo está bien como está". E incluso admitida la existencia del mal, ¿cómo liberarse de él, si "todo es eterno"? Y si Dios coincide con el mundo y en el mundo existe el mal, ¿entonces el mal también está en Dios? Interrogantes gravísimos, a los cuales Barzaghi no da ninguna respuesta clara y satisfactoria.
La muerte, para él, no es corrupción ni disolución ni anulación, sino la desaparición del ente, que continúa en el existir, como desde siempre ha existido, pero está oculto a nuestra vista, porque "todo es eterno". Nada surge de la nada y nada se aniquila. No hay nada posible, sino que todo está en acto. Lo que es como decir que todo es necesario. Y de hecho, para Barzaghi, el ser es sólo el ser necesario, como él mismo afirma retomando a Severino: "el ser no puede no ser" ⁷. Ahora bien, dado que Dios es el Ser necesario, se sigue que todo es Dios y sólo Dios existe. Se comprende entonces qué dificultades surgen en el pensamiento barzaghiano por cuanto respecta al dogma de la creación como productio a Deo totius entis ex nihilo.
Barzaghi siente la exigencia de la unidad en la multiplicidad; pero en lugar de darse cuenta de que santo Tomás la satisface con el concepto de analogía del ente, verdadero gozne y principio de síntesis de todo su pensamiento, considera que santo Tomás la satisface con la noción de "idea como ejemplar" ⁸. "La ejemplar -dice en otra parte ⁹- es una de las cinco causas, pero puede representar el nivel sintético en el cual la filosofía tomista puede encontrar el mínimo de complejidad que guía al máximo de complejidad".
Barzaghi considera que no se puede descender o, si queremos, elevarse desde la complejidad hacia un único concepto de máxima extensión, simple y comprensivo, como sería el del ente, concepto que para él, en su simplicidad y en su carácter abstractivo, está privado de contenido y de diversificación, tal por consiguiente como para no explicar ni significar la multiplicidad y la diversidad.
Por ello Barzaghi considera que el primum, el fundamento es una "complejidad mínima", que recoge y sintetiza las "dicotomías" fundamentales, pero no resolutivas, de la esencia-existencia, acto-potencia, materia-forma y sustancia-accidentes. Se olvida de la dualidad ideal-real, que le habría causado incomodidad a su idealismo y lo habría obligado, por así decir, a "descubrir las cartas", o sea a apoyarse en el dogma idealista fundamental de la identidad del pensamiento y del ser, que él ha sostenido en obras anteriores. El juego hubiera sido demasiado descubierto.
El ejemplar es por tanto un "orden", es una "estructura originaria" ¹⁰. En tal sentido se dice que "el principio de la síntesis tomista es el orden" ¹¹. "El orden es la matriz y el marco propio de la síntesis tomista. En efecto, el concepto de orden tiene el carácter sintético suficiente para presentarse con las características requeridas para ser el alma de la síntesis tomista" ¹². "La noción de orden es aquella que, a mi parecer, constituye el verdadero y propio telar de la síntesis tomista" ¹³. "La síntesis tomista tiene como marco o cuadro propio la idea de orden" ¹⁴.
Barzaghi rechaza "un primer principio simplicísimo. Es necesario un mínimo indispensable que no reduzca todo a un agrupamiento insípido. Un primer principio universalísimo disolvería la diversidad" ¹⁵. "No basta la absoluta simplicidad para orientarse en la complejidad: con la simple noción de ente, no se va a ninguna parte. Es necesario el mínimo de la complejidad. Es decir, un orden causal" ¹⁶.
Probablemente Barzaghi piensa en la noción scotista o suareziana del ente, infectada de logicismo y univocismo, que no es ciertamente la tomista. Pero para remediar este concepto erróneo del ente, que ignora la multiplicidad y la complejidad, Barzaghi no propone la noción correcta, o sea el ente analógico tomista, sino más bien un "orden" o una "estructura ideal mínima", por lo tanto un esquema lógico, que puede ciertamente servir para llegar a captar el fundamento o para ilustrar racionalmente las derivaciones trascendentales del fundamento, pero que no lo capta en absoluto en sí mismo, así como no podemos poner en el lugar de lo real nuestros esquemas lógicos y pensar que todo se resuelva en un orden de bellas ideas. Es necesario representar lo real, aunque sea ordenadamente, antes que nuestras ideas.
"Si yo quiero alcanzar -dice el autor- las características distintivas, específicas de las cosas, entonces deberé tener presente que el principio en base al cual me puedo mover en esta complejidad es el mínimo indispensable en lo complejo. Y por lo tanto debe ser una forma de complejidad mínima, pero aún así siempre complejidad. Esta forma de mínima complejidad es la noción de orden" ¹⁷.

Insuficiencia del principio del orden

Así, Barzaghi cree encontrar "la unidad en la diversidad" no en la noción de la analogía del ente, sino en la noción de "orden" ¹⁸, es decir, en una noción no trascendental, sino categorial, perteneciente a la plano del accidente, porque no se refiere al ente como tal (ens ut ens), sino a lo múltiple, que resulta del accidente de la cantidad. El orden supone lo múltiple y dice relación entre entes, por lo cual, si es cierto que todo ente está ordenado, no está ordenado en cuanto ente, sino en cuanto relacionado a un conjunto según una regla o una idea.
En efecto, el orden en general es una propiedad de lo real, por la cual en un conjunto unitario de elementos o de entes, que constituyen las partes de un todo sustancial o de un conjunto de sustancias, cada uno de ellos tiene su lugar en sí mismo y respecto a los otros, de modo de unirse todos juntos entre sí armoniosamente y proporcionadamente y convergiendo todos hacia un único principio ordenador ideal o intencional, que establece el orden en los elementos ordenados.
Está claro que es nuestro deber poner orden en nuestros pensamientos, en nuestro actuar y en la cosas. Y está claro que existe un orden en las cosas. Pero tanto nuestros pensamientos como nuestro actuar y como las cosas ya poseen por sí la regla de su orden, que no depende de nosotros establecer, sino del Creador del pensamiento, de la acción y del ser. Según santo Tomás, el orden es principio de belleza, como él dice a propósito del sacramento del orden ¹⁹.
Barzaghi rechaza que el desarrollo de la síntesis parta de un único concepto trascendental y omnicomprensivo, porque teme que ello no pueda implicar o salvar la multiplicidad y la complejidad, a las cuales en cambio el Aquinate es muy sensible. Se olvida del valor de la noción analógica del ente ²⁰, que, entonces, es el verdadero fundamento de la teoresis tomista, y parece pensar aquí ante todo, como he dicho, -rechazándolo con razón- en el concepto scotista y suareziano del ens simplicissimum o essentia realis, que efectivamente, en su abstractísima y sumamente genérica  univocidad, aparece totalmente vacío y parece casi preceder al famoso seyn hegeliano, que se identifica con la nada.

El método idealista

Aquí vemos el enfoque típico del idealista. El idealista tiene necesidad encontrarse frente e íntimamente a sí, en su "autoconciencia", no un real presupuesto, ya dado y formado, sino un "real", que hace sólo de material fenoménico para sistematizar y al cual dar forma y orden con ideas claras y distintas, bien dispuestas y bien en orden.
Lo real debe entrar en este esquema y si no entra, peor para él. Para el idealista existe sólo aquello que él piensa que exista. El ser no es lo pensable, sino sólo lo pensado. Aquello en lo cual él no piensa, no existe ²¹. El idealista carece de la flexibilidad, la ductilidad, la disponibilidad y la humildad intelectuales necesarias para adecuarse (adaequatio) y someterse al dato real en su existencia extra animam, en su misterio, en su trascendencia, en su infinita complejidad y en su inexhaurible diversificación, que convergen en la unidad.
Nadie niega la importancia y la necesidad de elaborar esquemas lógicos y bien ordenados. Pero debemos recordar que el filosofar no es tanto construir un hermoso sistema, sino que es prestar continuamente atención a lo real en su permanencia y en su evolución y elaborar sí un bello sistema ordenado, pero que refleje lo real tanto como sea posible, siempre conscientes de nuestros límites, de nuestra falibilidad y de la posibilidad de mejorar siempre nuestros conocimientos y sistematizaciones.
Ahora bien, al idealista no le interesa tanto lo real, como el construir un sistema de ideas. Para él, lo real es solo una ocasión para construir su sistema, dando muestra de inventiva y genialidad. Por tanto, él concibe el filosofar como si fuera un obrar artístico; como si no consistiera tanto en el ver, sino en el hacer.
Por tanto, el filósofo idealista no se pone al servicio de los otros para conducirlos a la verdad, sino que es un hábil hablador que quiere impresionar sobre los otros con sus paradojales y asombrosos giros o frases originales o invenciones dialécticas, como lo haría un malabarista, un mago o un prestidigitador. Ahora bien, santo Tomás de Aquino está a mil millas de distancia de una actitud semejante. A santo Tomás, como a verdadero filósofo y sobre todo como a sacerdote y teólogo dominico, le interesa simplemente mostrar la verdad en la caridad.

El verdadero método tomista

La cuestión de fondo que se plantea santo Tomás, en respuesta a la cual encontramos el fundamento de su sistema, no es aquella del ente ideal o ejemplar, sino que es la del ente real, de la res. A él le interesa supremamente la realidad, más que la idea. Ciertamente, por la idea tiene gran respeto, tanto que en Dios la Idea coincide con Dios mismo ²². La relación con lo ideal y la producción de las ideas hace para santo Tomás la dignidad del espíritu, del intelecto, del pensamiento y de la persona, que es el ente por excelencia, ente inmaterial e inmortal, por encima del ente material. Tomás considera al lógico un "nobilis artista"; pero a fin de conocer y hacer conocer lo real.
La cuestión de fondo, sin embargo, para Tomás, con todo eso, no es tanto la del orden, sino qué es lo que está ordenado o más bien qué es lo que está unificado. Está claro que el sistema tomista es un sistema ordenado y que está dictado por una exigencia de orden. Pero eso dice muy poco. Todo sistema filosófico que se respete es un sistema ordenado.
Pero el punto que distingue a un sistema de otro es el contenido, la tesis, la proposición o definición fundamental, originaria y original del sistema. Es aquí que en cambio Barzaghi se escapa en consideraciones lógicas y metodológicas genéricas, sin poner en luz la verdadera originalidad y grandeza teorética de santo Tomás. Se ve también aquí el enfoque típicamente idealista del prevalente influjo de las ideas y de la lógica, sobre la consideración del contenido inteligible, influjo del que se hace depender a la realidad.
Pero para Tomás lo ideal es funcional a lo real, depende de lo real y se funda en lo real. El verdadero y primer fundamento es lo real, no la idea. Tomás es realista, no idealista. Hacer de santo Tomás de Aquino un idealista, como hace Barzaghi, quiere decir malentenderlo en el fundamento mismo de su pensamiento.

Fin de la Primera Parte (1/3)

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 13 de Octubre de 2015

Notas

¹ El primer sistema metafísico son las Disputationes metaphysicae de Francisco Suárez, en el siglo XVI.
² Cf. mi artículo en L’Isola di Patmos: El gnosticismo de Giuseppe Barzaghi.
³ Cf. Sum.Theol., I, q.14, a.4.
⁴ Cf. Emanuele Severino, Il mio ricordo degli eterni. Autobiografia, Rizzoli, Milano 2011.
⁵ Sobre la metafísica Barzaghi, cf. mi ya citado artículo.
⁶ Cf. mi citado artículo.
⁷ Cf. Giuseppe Barzaghi, Il fondamento teoretico della sintesi tomista. L'Exemplar, ESD-Edizioni Studio Domenicano, Bolonia 2015, p.53.
⁸ Op.cit. p.92.
⁹ Op.cit. p.89.
¹⁰ Op.cit. p.93.
¹¹ Op.cit. p.45.
¹² Op.cit. p.51.
¹³ Op.cit. p.33.
¹⁴ Op.cit. p.84.
¹⁵ Op.cit. p.53.
¹⁶ Op.cit. p.83. 
¹⁷ Op.cit. p.83.
¹⁸ Op.cit., p.54.
¹⁹ Sum.Theol., Suppl., De sacramento ordinis, q.34.
²⁰ Véase el amplio tratamiento de este tema en: T.Tyn, Metafisica della sostanza. Partecipazione e analogia entis, Edizioni ESD, Bologna 1991: II edición, revisada y ampliada por Giovanni Cavalcoli, OP, Edizioni Fede&Cultura, Verona 2009.
²¹ Famosa es la afirmación de Barzaghi, que él ha publicado varias veces, según la cual "no hay cosas en las cuales no pienso".

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum fundamentum syntheseos tomisticae sit ens reale vel ordo logicus

Ad hoc sic proceditur. Videtur quod fundamentum syntheseos tomisticae sit ordo logicus et non ens reale.
1. Quia omne systema philosophicum quod se respicit debet esse ordinatum et cohaerens; ergo videtur quod principium syntheseos tomisticae sit ordo qui ideas componit et intelligibiles reddit. Sine ordine, cogitatio dispergitur et unitatem non attingit.
2. Praeterea, quidam philosophi tenent ens coincidere cum cogitato, ita quod fundamentum scientiae est autoconscientia et structura idearum. Sic videtur quod etiam apud Thomam fundamentum sit id quod est ideale, quia sine idea scientia non esset.
3. Item, obiicitur quod conceptus entis est nimis abstractus et vacuus, incapax multiplicitatem et diversitatem explicandi. Ergo videtur quod necessarium sit principium ordinis quod colligat dicotomias fundamentales et eas in minima complexitate componat.
4. Denique, ordo est principium pulchritudinis et harmoniae, sicut traditio agnoscit. Ergo videtur quod ordo sit verum fundamentum syntheseos tomisticae, quia sine eo proportio et unitas non essent.

Sed contra est quod dicit sanctus Thomas: omne quod concipimus, concipimus sub ratione entis. Et Concilium Vaticanum I docet Deum esse fundamentum entis, a quo omnia procedunt, et rationem humanam initiare scientiam per contactum cum reali.

Respondeo dicendum quod fundamentum syntheseos tomisticae est ens reale, non ordo logicus. Ordo quidem est necessarius et proprius cuiuslibet systematis philosophici, sed non constituit principium originarium. Verum principium est ens, horizont universalis cogitationis, sine quo nihil potest concipi. Omne quod cogitamus concipimus ut aliquid, id est ut ens. Ordo pertinet ad planum categoriale et accidentale, dum ens est transcendens et ad omne reale refertur. Confundere ens cum cogitato, sicut faciunt idealistae, est reducere realitatem ad schema logicum et eius transcendens amittere. Thomas autem est realista: fundamentum eius est reale, non idea. Ideo syntheseos tomistica innititur notioni analogicae entis, quae multiplicitatem unit et non dissolvit in monismo abstracto. Ens est quod idem manet in variatione obiectorum, quod sensum tribuit omnibus aliis, quod multiplicitatem intelligibilem reddit et in unitatem componit.

Ad primum ergo dicendum quod ordo est conditio omnis systematis, sed non eius fundamentum. Fundamentum est quod sensum tribuit omnibus aliis, et hoc est ens reale, quod ordinem praecedit et sustentat.
Ad secundum dicendum quod identitas cogitationis et entis est solum in Deo, non in creaturis. Reducere ens ad cogitatum est error idealistarum. Thomas distinguit inter fundamentum scientiae, quod initium habet in reali, et fundamentum entis, quod est Deus. Ideo primum cognitum est ens, non autoconscientia.
Ad tertium dicendum quod conceptus entis non est vacuus, sed analogicus, capax multiplicitatem et diversitatem amplectendi sine unitatem amittendi. Analogía entis est verum principium syntheseos, magis quam ordo logicus. Ens, in sua simplicitate, virtualiter continet totam divitias multiplicitatis.
Ad quartum dicendum quod ordo est quidem principium pulchritudinis, sed praesupponit reale quod ordinatur. Non potest esse fundamentum transcendens, quia ab ente dependet. Ordo componit quod iam existit; ens est quod facit possibile ut aliquid ordinetur.
   
JG

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