domingo, 9 de agosto de 2026

Respuestas a lectores sobre liturgia y sacramentos

¿Es válida la Misa de Pablo VI o altera la tradición? ¿Debe la liturgia buscar eficacia pastoral o primar siempre la verdad? ¿Qué valor tienen las críticas de Ottaviani y Bacci al novus ordo? ¿Cómo distinguir entre el ceremonial cambiante y la sustancia inmutable de los sacramentos? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli responde a preguntas de lectores sobre liturgia y sacramentos, aclarando con firmeza la autoridad del Papa, la esencia de la Misa y el sentido de las reformas conciliares. Un texto que invita a reflexionar sobre la obediencia, la fidelidad y la verdadera belleza del culto divino.

Respuestas a lectores sobre liturgia y sacramentos

(Traducción al español de las respuestas del padre Giovanni Cavalcoli a sus lectores, texto publicado en el blog L’Isola di Patmos, el 21 de febrero de 2015. Cf. https://isoladipatmos.com/domanda-la-messa-di-paolo-vi-e-veramente-valida/)

1. Un lector preguntó al padre Cavalcoli: ¿Es realmente válida la Misa de Pablo VI?
Respuesta: Respondo con gusto al lector. En primer lugar diciéndole que en el campo de la liturgia, el Romano Pontífice ejerce su autoridad como sumo sacerdote y supremo moderador del culto divino. Él no es infalible en el regular el ceremonial o en el decidir una reforma litúrgica, cosa que pertenece a su poder pastoral. Lo es, sin embargo, en el interpretar, custodiar y conservar intacta la esencia o sustancia de los Sacramentos, en cuanto dato de fe, porque esto toca la infalibilidad de su magisterio doctrinal.
La esencia inmutable de la Santa Misa es la siguiente: "Rito cultual de la Nueva Alianza, con el cual y por el cual, en la persona del sacerdote celebrante en comunión con la Iglesia y en el nombre de la Iglesia, Cristo en el Espíritu Santo se ofrece a sí mismo incruentamente en sacrificio al Padre por la salvación del mundo".
Una reforma de la Misa podrá ser, por lo tanto, más o menos feliz, podrá necesitar posteriormente otra reforma o la recuperación de cuanto se hubo abandonado, pero no podrá nunca alterar la esencia de la Misa. Suponer que el Papa pudiera haber establecido una Misa herética o modernista o filo-protestante, es a su vez una herejía, no en referencia a su poder pastoral, sino en cuanto maestro de la fe, dado que la Misa es un Mysterium fidei. En la Misa es necesario, por lo tanto, distinguir el ceremonial del ritual. El primero puede cambiar y es de derecho eclesiástico; el segundo es inmutable y es de derecho divino.
Por lo tanto, las normas de la celebración de la Santa Misa -el así llamado ceremonial- pueden cambiar a lo largo de los siglos, como demuestra la misma historia de la liturgia. Pero la esencia de la Misa es inmutable, como también lo demuestra la historia, hasta la Misa del novus ordo, más allá de cambios que a veces parecen profundos, pero que en realidad no afectan la sustancia, como la he definido líneas arriba.
El Papa no tiene la facultad de cambiar la sustancia de los Sacramentos y por lo tanto la estructura esencial del rito de la Santa Misa, sustancia o esencia que no es difícil de identificar más allá de las variaciones del ceremonial que se han producido en el curso de la historia.
Ahora bien, sin embargo, la Misa novus ordo, ha sido motivada por el Concilio Vaticano II con graves razones conocidas por todos (Sacrosanctum Concilium, nn. 47-58). Ella ciertamente tiene un aspecto ecuménico, pero es necedad y estupidez decir que es filo-protestante o que está infectada de modernismo o que ella cambia la Misa tradicional.
La Iglesia puede conceder, a quienes lo deseen, el permiso para celebrar sólo en el vetus ordo -como lo hizo con san Pio de Pietrelcina-, que obviamente sigue siendo válido; pero con la condición de que no se haga como si la Misa válida fuera solo esa. La Iglesia aconseja y ordena, ordinariamente, el novus ordo, porque pastoralmente se adapta mejor a la situación actual.

2. Se responde ahora a un lector que le pregunta si en su afirmación de que la Iglesia aconseja y ordena ordinariamente el novus ordo, porque pastoralmente se adapta mejor a la situación actual, está implícita la búsqueda de parte del Concilio de la eficacia pastoral, incluso en la Liturgia. ¿En qué sentido esto puede ser o no ser así? Y el lector le recuerda frases de Mariatin: "El caso es que todo lo que no quiere sino eficacia, y una eficacia sin límites, es lo que hay de menos realmente eficaz [...] mientras que lo que parece menos eficaz (si es de un orden superior al de las actividades ligadas a la materia) es lo que posee más real eficacia. [...] En nuestros días, hay en muchos cristianos e incluso (quizás sin que ellos se den claramente cuenta) en sacerdotes y religiosos cuyo número es alarmante (son esos clérigos sobre todo los que me irritan), una tendencia marcada a dar a la eficacia la primacía sobre la verdad. […] ¡Vaya eficacia! El resultado finalmente sería la defección de una gran multitud. El día en que la eficacia prevalezca sobre la verdad no llegará nunca para la Iglesia, porque ese día las puertas del infierno habrán prevalecido contra ella" (J. Maritain, El campesino del Garona, ed. DDB, Bilbao 1967, pp. 135-137).
Respuesta: Yo no quiero absolutamente "sólo la eficacia, la eficacia sin límites". Y de ninguna manera el Concilio ha querido esto en su reforma de la liturgia. Usted me hace decir a mí y a la Iglesia aquello que no decimos en absoluto, y nos cuidamos muy bien de decir, ya que, como señala Maritain, que por lo demás ha sido mi maestro, una cosa de tal género sería deshonesta y oportunista, al estilo de la moral de Nietzsche o de Maquiavelo.
Por otro lado, querer la eficacia, cuando se quiere el bien o se persigue un fin honesto con medios honestos, no está en absoluto prohibido ni es impropio de ninguna manera, sino que es un deber y fuente de mérito. La eficacia, de hecho, en general, es la fuerza con la cual una causa produce el efecto. Pues bien, si la causa es buena, ¡tanto más laudable será la eficacia del efecto! Lo malo es, como bien señala Maritain, cuando se busca la eficacia por sí misma, sin importarnos si nuestra acción sigue o no la ley moral. Pero esta es la ley de los criminales o, en el mejor de los casos, la ley del mundo.
¿Le ha parecido alguna vez que la reforma del Concilio ha sido dictada por esta preocupación? Entonces, le explicaré qué cosa exactamente he querido decir, o sea, qué cosa exactamente el Concilio ha querido hacer con la reforma de la Misa.
Simplemente ha querido aportar algunos cambios accidentales o contingentes en el ceremonial, conservando obviamente lo esencial del Rito, a fin de hacer conocer mejor la belleza de aquel Mysterium fidei, que es la Santa Misa, con la introducción de algunas precisiones o modalidades o formas expresivas, lingüísticas, simbólicas, gestuales o rubricistas, que faciliten a los hombres de nuestro tiempo la comprensión, el sabor místico, contemplativo y adorador del Misterio que se celebra en el altar. Eso es todo.
Por lo tanto, en última instancia, ciertamente, está en juego una mayor eficacia. Pero, ¿qué eficacia es más bendita que aquella que nos acerca a Cristo sacramentado en la divina liturgia?

3. La nueva cuestión de este mismo lector es la siguiente: “Queridísimo Padre, en lo que defino profético Breve examen crítico del Novus Ordo Missae, fechado en 1969 y teniendo como autores a los cardenales Ottaviani y Bacci, encuentro las causas, pero no solo eso, de la profanación de la liturgia que usted señala entre los muchos males que afligen la catolicidad, en "Karl Rahner, El concilio traicionado" (ed. Fede e Cultura, p.17), obra en la que, siguiendo las huellas del padre Fabro, Ud. sabiamente ha dañado la limusina teológica del jesuita alemán. Los dos Principios de la Iglesia evidenciaron tempestivamente abusos y aberraciones litúrgicas, como el grave vulnus a la estrecha conexión entre fides quae y fides qua, infligido por el simbolismo extremista y por la doctrina de la transubstanciación impugnada con modernista arrogancia. Este ejemplo muy flagrante, de abandono del "orden superior al de las actividades relacionadas con la materia" y que, citando de nuevo a Maritain, es eficaz únicamente para cuanto "expone el alma del pueblo a una bella desintegración interior y arriesga hacerla caer en infiernos espirituales difícilmente curables".
Respuesta: Los cardenales Bacci y Ottaviani expusieron su punto de vista, excesivamente preocupados por los peligros que podrían ser inherentes al novus ordo. Esto no agradó en absoluto a Pablo VI.
Indudablemente la Iglesia, así como ha cambiado el ceremonial del vetus ordo, algún día podría cambiar el ceremonial actual. E incluso hoy hay quienes, como mencionó Benedicto XVI, hablan de "reforma de la reforma", cosa que podría implicar la recuperación de elementos del vetus ordo abandonados en el novus ordo.
Ningún católico de buen sentido común, siempre que no esté envenenado por el modernismo, puede poner en duda la belleza, la sublimidad y la legitimidad de la celebración, en circunstancias particulares, del vetus ordo. Sin embargo, el buen católico acepta con sereno y confiado espíritu de obediencia el novus ordo, declarado por la Iglesia como Rito ordinario y por lo tanto actualmente oficial.
Los motivos por los cuales la Iglesia en el Concilio Vaticano II ha decidido una reforma del ceremonial, son bien conocidos y están expuestos en la Sacrosanctum Concilium del n. 47 al n. 54. En sustancia, el Concilio ha estado movido por las siguientes aspiraciones: 1. Hacer más comprensible el Rito para los hombres de nuestro tiempo; 2. Permitir a los fieles una participación más activa (varones y mujeres) en la celebración; 3. Dar al modo de celebrar un sesgo ecuménico; 4. Evidenciar que la ofrenda del Sacrificio no es solo del celebrante, sino de todo el pueblo sacerdotal de Dios; 5. Evidenciar aún más el hecho de que la Misa es un anticipo de la resurrección y, por lo tanto, del banquete y de la alegría mesiánicos.
Lo importante en esta coyuntura es recordar que cuando la Iglesia hace una reforma del ceremonial, cosa que ha sucedido varias veces en los siglos pasados, ceremonial que es cosa accidental y contingente, la Iglesia se cuida bien de no tocar o alterar el Rito en su esencia o sustancia sobrenatural, porque no tiene el poder, siendo el Rito instituido de una vez por todas por Cristo.
La Iglesia en la Misa, ya sea vetus ordo o novus ordo, no hace nada distinto que lo que ha hecho siempre, hace hoy y hará hasta el final de los siglos, que es aquello mismo que ha hecho Cristo: Hoc facite in mei memoriam. Por lo tanto, la acusación hecha por los lefebvrianos de que el Concilio habría cambiado la esencia de la Misa es falsa y ciertamente herética; así como es también un acto de impiedad herética el que realizan ciertos celebrantes modernistas, que se atreven a cambiar como les place el Canon de la Misa. En cuanto a Rahner, es el inspirador de las profanas y bizarras Misas modernistas, que nada tienen que ver con la auténtica, digna, diligente, piadosa, fiel y devota celebración en el novus ordo querido por el Vaticano II.

4. Otro lector le plantea problemas y cuestiones similares.
Respuesta: Admito que en la historia de mi Orden ha habido polemistas excesivamente severos y también injustos. En cuanto a mí, si soy severo con algún teólogo, como Rahner, Schillebeeckx, Kasper, Forte, Mancuso, Martini, de Mattei, la señora Siccardi o Lefebvre, lo hago a razón vista, siempre haciendo referencia al Magisterio de la Iglesia.
En cuanto a Amerio, lea atentamente la introducción que he hecho a la edición de Fede&Cultura: no solo identifico defectos, sino también calidad. En cuanto a los teólogos franciscanos, a quienes conozco bien y aprecio mucho, es cierto que ellos evitan las controversias. En esto también pueden ser un ejemplo para nosotros, los dominicos.
Sin embargo, en determinadas situaciones graves, por el bien de las almas y para defenderlas del error que les hace perder la fe y las conduce a la condenación, es un deber erguirse con energía profética y agudeza crítica, sin miedo a los poderosos y a costa de sufrir hasta el don de la vida, contra los impostores y los falsificadores de la Palabra de Dios.
El método que sigo desde hace cuarenta años en la práctica de la teología me lleva, en la escuela de Santo Tomás de Aquino y de los grandes Maestros de mi Orden, a no aplastar jamás a nadie, sino a encontrar siempre en todos los aspectos positivos. Si con alguno no dialogo, no es porque yo la tenga con él, sino porque es él quien la tiene conmigo.
   
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 21 de febrero de 2015

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