sábado, 8 de agosto de 2026

Por qué me hice dominico

¿Qué mueve a un joven a entregar toda su vida a la verdad? ¿Cómo se entiende la vocación dominicana como un servicio de luz frente a las tinieblas del error? ¿Qué significa ser “oculista del espíritu” y médico de las almas? En esta brevísima nota, el padre Giovanni Cavalcoli nos comparte el origen de su vocación y la misión de los Frailes Predicadores: difundir la verdad, sanar las miradas turbias y ofrecer la sabiduría como agua gratuita. Un testimonio sencillo y profundo que recuerda que la caridad dominicana consiste en iluminar con la razón y con la fe. [En la imagen: fragmento de "Santo Domingo de Guzmán", pintura al fresco, hacia 1437-1446, obra de Fra Angelico, conservada en el Museo San Marco, Florencia, Italia].

Por qué me hice dominico

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli OP, publicado en el blog "Il naufrago", el 28 de agosto de 2015. Este blog ya ha desaparecido de la web)

Me ha movido desde mi juventud el deseo de dedicar toda mi vida a manifestar esa verdad que es profesada por la fe católica, refutando los errores contrarios. Ahora bien, el fin específico de la Orden Dominicana es precisamente este servicio a la verdad, que lleva a servir a las almas en el camino de la verdad. Entonces, nací en Ravenna en 1941, y me convertí en dominico en Bolonia en 1971.
El dominico es una especie de oculista del espíritu: debe cuidar su propia vista para luego poder curar la de los demás, con la diferencia de que, mientras la vista física, alcanzado un vértice, decae; en cambio, la vista del espíritu puede aumentar y afinarse siempre más, además de tener objetos infinitamente más importantes, como Dios mismo.
Santo Domingo de Guzmán, el Fundador de la Orden que lleva su nombre, es invocado todas las noches por cada uno de sus hijos en un hermoso himno del siglo XIII con los títulos de Lumen Ecclesiae y Doctor Veritatis. El amor por la verdad suscita el deseo de comunicarla al prójimo y de preservarla o corregirla del error, así como el buen médico se prodiga por la salud de sus pacientes y pone todo cuidado por curarlos de la enfermedad. De ahí el título oficial de los frailes dominicos: Frailes Predicadores.
Por eso el mismo himno se dirige al Santo con estas palabras: Aquam sapientiae propinasti gratis. El dominico es un buen médico clínico, un buen diagnosticador, que indica la presencia de males que no aparecen al lego o profano o no aparecen a la superficie; o que a la inversa indica signos de esperanza y de redención en doctrinas o situaciones que simplemente parecerían un cúmulo irrecuperable de errores y de pecados.
La misión y, podríamos decir, la caridad dominicana consiste, por tanto, en difundir la luz y disipar las tinieblas, en brindar a los hombres el recto saber, y el saber que mira los objetos más útiles e importantes, como la necesidad de la verdad, el sentido de la vida, los principios de la moral, la adquisición de la virtud y de la sabiduría, el conocimiento de Dios, la liberación de la ignorancia, del error y del mal. El dominico es una "iluminista" en el sentido más alto y noble del concepto. Él ilumina ciertamente con la razón, pero para difundir la luz de la fe.
   
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 28 de agosto de 2015

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