miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Necesita el Papa una "estructuración teológica"?

¿Debe el Papa ser “reestructurado” teológicamente? ¿Qué significa distinguir entre el Papa como maestro de la fe y el Papa como simple creyente que opina? ¿Hasta qué punto las palabras del Pontífice son doctrina vinculante y cuándo son solo aportes personales? ¿No es urgente precisar los límites entre la infalibilidad y la falibilidad humana del Sucesor de Pedro? En esta brevísima nota, el padre Giovanni Cavalcoli analiza una propuesta del cardenal Müller, expresada hace algunos años, y plantea la necesidad de clarificar la diferencia entre las enseñanzas pontificias auténticas y las opiniones privadas del Papa, para que el pueblo de Dios reciba certezas sin confusión y se fortalezca la autoridad del ministerio petrino en fidelidad al Evangelio y a las exigencias de nuestro tiempo.

¿Necesita el Papa una "estructuración teológica"?

(Traducción al español de la breve nota del padre Giovanni Cavalcoli publicada en Il naufrago, el 2 de Julio de 2015. El blog Il naufrago ya ha desaparecido de la web)

Es bien conocida la opinión del Cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, según la cual el ministerio del Papa tendría necesidad de una "reestructuración teológica".
No estoy en grado de poder decir qué cosa exactamente el Cardenal había intentado decir con esta insólita expresión; sin embargo, en base a mi experiencia de teólogo y de ex-oficial de la Secretaría de Estado, intentaré expresar mi modesta hipótesis interpretativa.
Desde hace mucho tiempo, el oficio petrino ha sido objeto de estudio y de aclaración por parte de la teología. Sin embargo, como sabemos, la investigación teológica está en continuo progreso, por lo cual no es de extrañarse que el Card. Müller haya propuesto la idea de una nueva estructuración del oficio de Pedro.
Según entiendo las palabras del Prelado, no se trataría tanto de una clarificación especulativa del dogma del primado y del magisterio del Sumo Pontífice o de la infalibilidad pontificia, sino, hasta donde sugiere y hace pensar la palabra "estructuración", más relativa a la praxis que a la teoría, parece tratarse de una concepción del ejercicio y de la autoridad del ministerio papal, más conforme al Evangelio y más adecuada a las exigencias de nuestro tiempo.
A mi modo de ver, se trata, más específicamente, de aclarar la diferencia, en los pronunciamientos religiosos, morales o teológicos del Papa, que son aquellos que lo implican como Sucesor de Pedro y maestro de la fe, en diversos grados de autoridad y de infalibilidad -las verdaderas y propias enseñanzas pontificias del Papa en cuanto Papa, prescindiendo de las circunstancias, del lenguaje o de los modos, medios o niveles expresivos-, y cuáles son en cambio las teorías o las opiniones o los pareceres, de por sí discutibles, que el Papa expresa o manifiesta como doctor privado, o sea como simple creyente, sujeto a la humana falibilidad, y condicionado por las cambiantes influencias del contexto histórico, cultural y social, en el cual vive.
En el pasado, se podría decir hasta san Juan Pablo II, los Papas, en sus discursos o enseñanzas, no tomaban nunca o casi nunca en campo doctrinal posiciones personales como doctores privados o simples teólogos, preocupados sobre todo por su oficio pontificio y por dar absolutas certezas al pueblo de Dios. Esto no se manifestaba sólo en las rarísimas ocasiones de las solemnes definiciones dogmáticas, llamadas "ex cathedra", sino también en las enseñanzas ordinarias, casi cotidianas, como aparece sobre todo con la abundantísima enseñanza de Pío XII.
En cambio, a partir del papa Wojtyla, y cada vez con mayor frecuencia, hasta el Papa actual, los Romanos Pontífices no desdeñan manifestar con franqueza, simplicidad y humildad, incluso sus cualidades y limitaciones humanas, incluso expresando simples opiniones en el campo moral o teológico, que pueden ser útiles pero también cuestionables o revisables.
De ahí, sin embargo, la necesidad de que la Santa Sede defina con exactitud el límite que separa el primer tipo de pensamientos, o sea, el Papa como doctor de la fe y el Papa como hombre entre los hombres, que da con modestia su contribución humana al conocimiento del Evangelio y no se avergüenza de compartir las limitaciones y la falibilidad de sus hermanos, dispuesto también a aprender y a ser corregido por ellos.

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 2 de julio de 2015

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum necesse sit distinguere inter Papam ut magistrum fidei
et Papam ut doctorem privatum

Ad hoc sic procediturVidetur quod non sit necesse distinguere inter Papam ut magistrum fidei et Papam ut doctorem privatum.
1. Quia Papa, ut caput visibile Ecclesiae, quidquid dicit debet haberi pro magisterio authentico, cum eius verbum auctoritatem habeat super fideles. Hoc videtur validum, quia populus Dei certitudines et securitatem in verbis Pontificis quaerit, et quaelibet distinctio dubia seminat.
2. Praeterea, dicitur quod Papa, Spiritu Sancto illustratus, errare non potest in rebus fidei et morum, etiam cum ordinario vel spontaneo modo loquitur. Hoc videtur probabile, quia assistentia divina fidelitatem Evangelio praestat et videtur se extendere ad omnia quae Papa docet.
3. Item, asseritur quod distinguere inter Papam ut magistrum et Papam ut simplicem credentem potest eius auctoritatem debilitare, quasi verba eius sint disputabilia vel fallibilia. Hoc videtur firmum, quia unitas Ecclesiae obedientiam et fiduciam in Successore Petri requirit.
4. Denique dicitur quod in praxi difficile est discernere quando Papa loquitur ut Pontifex et quando ut theologus privatus, et talis distinctio confusionem et divisionem generare potest. Hoc videtur rationabile, quia communicatio papalis continua et varia est, nec semper per formulas sollemnes exhibetur.

Sed contra est quod docet Concilium Vaticanum I: Papa infallibilis est solum cum ex cathedra definit quaestiones fidei et morum. Sanctus Augustinus commemorat episcopos etiam posse errare in opinionibus privatis, et sanctus Thomas distinguit inter magisterium ordinarium et opiniones personales doctorum. Concilium Vaticanum II, in constitutione Lumen Gentium, sublineat Papam diversos gradus auctoritatis exercere, nec omnia verba eius eundem doctrinalem pondus habere.

Respondeo dicendum quod necesse est distinguere inter Papam ut magistrum fidei et Papam ut doctorem privatum, quia non omnia quae Papa dicit eundem gradum auctoritatis nec infallibilitatis habent. In pronuntiationibus religiosis, moralibus vel theologicis Papa loquitur ut Successor Petri et magister fidei, et tunc eius doctrinae sunt obligatoriae variis gradibus. Sed aliis temporibus Papa potest exprimere theorias, opiniones vel sententias ut simplex credens, humana fallibilitate subiectus et condicionibus historico-culturalibus affectus. Recentioribus temporibus Papae frequentius suas opiniones personales manifestaverunt, humilitatem et simplicitatem ostendentes, etiam suas limitationes humanas recognoscentes. Hoc requirit ut Sedes Apostolica clare definiat limites inter utrumque genus doctrinarum, ut populus Dei certitudines recipiat in magisterio authentico et simul humanitatem Papae agnoscat, qui discere et corrigi potest. Sic vitatur confusio inter doctrinam obligantem et opinionem disputabilem, et roboratur auctoritas ministerii petrini in fidelitate Evangelio et exigentiis temporis nostri.

Ad primum dicendum quod auctoritas Papae vera est, sed non se extendit ad omnia quae dicit; solum eius doctrinae ut magister fidei sunt obligatoriae. Distinctio non debilitatur auctoritas, sed clarificatur.
Ad secundum dicendum quod assistentia Spiritus Sancti infallibilitatem praestat in definitionibus sollemnibus et in magisterio authentico, sed non tollit possibilitatem erroris in opinionibus privatis. Ideo necessarium est distinguere.
Ad tertium dicendum quod distinguere inter magisterium et opinionem non debilitatur auctoritas Papae, sed potius roboratur, quia confusionem vitat et certitudinem doctrinalem servat. Populus Dei scire debet quando Papa loquitur ut magister et quando ut credens.
Ad quartum dicendum quod difficultas practica distinguendi superari potest normis claris Sedis Apostolicae, quae determinent quando Papa loquitur ut Pontifex et quando ut doctor privatus. Haec claritas necessaria est ad pacem Ecclesiae et ad fiduciam fidelium.
   
JG

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