La segunda parte del artículo nos muestra con crudeza cómo Severino acusa a la Iglesia de ser una institución engañosa, enemiga de la razón y promotora de un nihilismo disfrazado de fe. ¿No es llamativo que, en nombre de Parménides y de una filosofía estática del ser, pretenda sustituir la revelación divina por un monismo absoluto en el que todo es eterno y nada puede cambiar? Este texto del padre Giovanni Cavalcoli demuestra que, al negar la creación, el devenir y la historia de la salvación, Severino termina por anular la posibilidad misma de la redención. ¿No es esto una paradoja insostenible: querer salvar al hombre negando la historia en la que acontece la salvación? La crítica expone que, al confundir la verdad del ser con una construcción filosófica, Severino desconoce que la verdad del ser es Cristo mismo, y que la fe no contradice la razón, sino que la perfecciona. Se nos invita así, con este texto, a reflexionar sobre la necesidad de recuperar la auténtica relación entre fe y razón, frente a las ilusiones de un pensamiento que pretende juzgar a la Iglesia desde criterios puramente humanos. [En la imagen: Casa di Leopardi].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 20 de agosto de 2026
El falso concepto de fe de Severino (2/3)
El falso concepto de fe de Severino
Segunda Parte (2/3)
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 17 de agosto de 2026. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/l-falso-concetto-di-fede-di-severino.html)
Severino no reconoce que la razón conduce a la fe
A las razones que el padre Cornelio Fabro ¹, uno de los redactores de las censuras eclesiásticas, con profunda doctrina y sabiduría, aduce a Severino para explicarle que se equivoca, en particular respecto a la relación de la razón con la fe, Severino permanece completamente sordo acusando a Fabro de no haberlo entendido, mientras que en realidad Fabro, profundísimo conocedor tanto de Santo Tomás como de la filosofía moderna, lo ha entendido perfectamente y lo confuta de modo magistral, mostrando a Severino que no ha comprendido el nexo de la razón con las verdades de fe.
Pero por otra parte la sordera de Severino no causa maravilla, habiendo él ya desde algunos años rechazado la fe como falsedad, por lo cual responde a Fabro considerando sus argumentaciones como opiniones discutibles, que él se siente capaz de confutar de modo incontrovertible en base a la metafísica de Parménides.
Severino ignora además que los motivos del creer ², es decir del acto de fe, son de dos órdenes gnoseológicos, uno subordinado al otro: la razón comienza el camino que conduce a la fe con la percepción de los motivos materiales –los signos de credibilidad, para la fe cristiana los milagros y las profecías–. Posteriormente, estos motivos son ocasiones, incentivos, estímulos o causas inductivas o dispositivas al acto o juicio de fe, pero de por sí son insuficientes para producirlo, sobre todo si se trata de la fe divina o teologal, que es la fe cristiana.
Tales motivos provocan solo la disponibilidad a creer, aquello que la teología llama pius credulitatis affectus. Aquí simplemente me doy cuenta de que debo creer. Pero el motivo decisivo, formal y determinante del acto de fe, por el cual yo digo: «creo», es la autoridad divina de Dios revelante, que ilumina mi mente con seguridad absoluta.
La proposición de fe no es la conclusión de un silogismo, sino que es una proposición concerniente a Dios, que sabemos con certeza absoluta ser verdadera, pero no sabemos por qué. Sabemos que un porqué existe, pero que lo conoce solo Dios.
Una cosa es saber que Dios existe, y es creador, y conocer el hecho histórico de la Revelación. Esto es demostrable por pruebas históricas y racionales; y otra cosa es creer que Dios es Trino. Este es un dato revelado que por su sobrenaturalidad puede ser solo objeto de fe; puede ser objeto del creer no en el sentido del opinar, es decir del afirmar una cosa simplemente probable e incierta. No. El creer en la Santísima Trinidad es un creer sobrenatural, de fe divina, por la cual sé con absoluta certeza, iluminado por Dios, que el predicado «Trino» conviene necesariamente al sujeto, aunque no sepa el porqué.
Aún más, observemos que tanto la razón como la fe hacen referencia al principio de no-contradicción y a la verdad del ser. Severino tiene razón al pretender que toda proposición para ser verdadera debe resolverse en la verdad del ser. Solo que descuida el hecho de que existe una verdad del ser que es comprensible a nuestra razón y existe una verdad del ser que supera nuestra razón, verdad que nos es revelada por Dios y que es objeto de la fe.
En base a esto es claro que el principio de Tertuliano «credo quia absurdum» es a su vez un absurdo. Si la fe comportara contradicción, sería deber de honestidad intelectual rechazar la fe. Así también es necedad el contraste luterano entre fe y razón. Pío XI dijo que racionales y demostrables son los motivos para creer; misteriosas e inaccesibles para nosotros son las razones de la verdad que se debe creer.
Para Severino la Iglesia es una sociedad internacional meramente histórica, que se presenta con una autoridad infalible que en realidad no tiene, que quiere imponer con violencia bajo amenaza de condenación eterna a toda la humanidad su propio credo, como si fuese el único verdadero, sin respetar las fes de las otras religiones, sujeta a errores que no quiere reconocer, teniendo como objetivo dominar sobre la humanidad con la mentira sustituyendo en la mente de los hombres el nihilismo en lugar de la verdad del ser.
La Iglesia, según Severino, odia el ejercicio libre de la razón ³, porque este desenmascara el fraude que la Iglesia quiere imponer a los hombres presentándose con vanos adornos como representante de Dios y guía a la verdad eterna, mientras es necesario decir que Dios no es en absoluto aquel ente primero y supremo que querría presentarnos la Iglesia, sino que, si existe, no es otra cosa que el ser que todos somos, porque como afirma justamente Parménides, existe un único y solo ser, que es el ser necesario, inmutable y eterno, de modo que todos nosotros y el universo no somos una multiplicidad de entes contingentes y devinientes, que surgen de la nada y van a la nada, sino que somos el aparecer finito, extenso y sucesivo del ser. Por esto, todo es uno, todo es eterno, todo es ahora, todo es inmóvil, todo es ser, todo es Dios.
De este modo la Iglesia, según Severino, no es en absoluto una asociación que promueve el bien de la humanidad, sino que es una asociación delictiva que destruye la humanidad, porque engañando a los hombres al presentarse con una falsa apariencia de autoridad, hace creer a los ingenuos que posee una revelación divina salvífica para transmitir a la humanidad, seduce con engaño las mentes incautas, ciega y desvía lo que el hombre tiene de más precioso, es decir la razón, imponiéndole con violencia la aceptación de creencias absurdas hechas pasar por sobrenaturales y superiores a la razón, como si la razón no fuese por su naturaleza la posesión de la verdad del ser, que la habilita a ser juez infalible e inapelable de la verdad, habilitada por lo tanto a desenmascarar la falsedad de la fe cristiana.
Para Severino la razón, que para él es la autoconciencia cartesiana madurada en la razón hegeliana que identifica el pensamiento con el ser, como ya había intuido Parménides, conoce ya por sí suficientemente el absoluto sin necesidad de ser instruida o corregida por un maestro superior que le haga conocer verdades superiores salvíficas, que ella por sí no sería capaz de demostrar. Al contrario, para Severino la razón se las arregla bien por sí misma en todos los problemas que debe afrontar, incluidos los de la salvación y del destino eterno del hombre.
Por lo demás, para Severino, la salvación del hombre no consiste en el hecho de que el hombre sea liberado de la culpa y del sufrimiento, ya que, así como el bien es eterno, igualmente lo es el mal, porque todo es eterno. Por esto, para Severino la alegría es inseparable del sufrimiento, la gloria de la ignominia, el bien del mal, la vida de la muerte, la libertad de la necesidad, el ser del no-ser, todo está eternamente fijado y determinado por el Destino y todo retorna eternamente de modo cíclico, idéntico a como era.
Para Severino la creación divina de la nada, enseñada por la razón y por la fe, es un absurdo, porque comporta la identificación del ser con la nada y por lo tanto el nihilismo. Este equívoco de Severino depende del hecho de que él, a causa de su concepción puramente estática del ser, no admite un pasaje del poder ser al ser o de lo posible a lo actual, porque para él todo está en acto y nada es sólo posible. Además, puesto que no conoce la distinción metafísica entre potencia y acto, no logra tampoco explicar el devenir, que a él le parece contradictorio.
Por esto para él la fe cristiana no solo no aprovecha a la salvación del hombre, sino que le es un obstáculo, porque hace creer al hombre que no tiene fuerzas suficientes para su propia salvación y que necesita la ayuda, la gracia y el perdón por parte de un ente supremo, providente, omnipotente, creador del mundo, teniendo el mundo fuera de sí y por lo tanto distinto del mundo, ente que en realidad no existe, ya que no existen grados de entidad, porque el ente es uno solo y es el ente absoluto.
La concepción severiniana de la relación entre fe y razón
Después de esta exposición sumaria del verdadero concepto de fe según la Iglesia católica y de la idea equivocada que Severino se hace de la fe cristiana, veamos ahora algunos pasajes de Severino, a los cuales haremos seguir un examen crítico. La fuente principal de la cual tomo estos pasajes es la larga respuesta que él dio a los errores que la Congregación para la Doctrina de la Fe le contestó en su Declaración de 1970 ⁴.
Veremos la inconsistencia de las razones que Severino aduce para volver contra la Iglesia las acusaciones de falsedad que la Iglesia hace contra él. Veremos cómo en sus respuestas Severino no solo no logra dar alguna aclaración que pueda hacernos entender que fue mal interpretado o mal comprendido, sino que agrava su posición con falsas acusaciones a la Iglesia y reafirmando y defendiendo sus errores con nuevos argumentos. Tomo de su respuesta a la Congregación.
1. Severino en la p.340 de su libro L’essenza del nichilismo ⁵ sostiene que la infalibilidad de la Iglesia es una tesis gnóstica privada de valor sobrenatural, que la verdad del ser tiene derecho de juzgar como falsa. Severino cree poder demostrar esta tesis en base al hecho de que la Iglesia rechazaría dejarse medir por la verdad del ser, la cual le mostraría la falsedad de su fe en su infalibilidad. ¿Dónde está el error de Severino? En creer que la verdad del ser se encuentra en la filosofía de Parménides y no en Jesucristo. Si Severino supiera esto no acusaría a la Iglesia de presunción y de gnosticismo.
2. Severino en la p.341 considera que si la Iglesia se dejara juzgar por la verdad del ser, se descubriría como «hija del mundo e hija de la alienación», mientras sostiene que es en sus escritos que «se camina a lo largo del testimonio de la verdad del ser». Aquí Severino repite el error anterior. Respondemos que en cambio: la verdad del ser es Cristo y no el monismo panteísta de Parménides sobre el cual se basa Severino: esto sí que es hijo del mundo y de la alienación.
3. Severino en las pp.342-343 se refiere de modo falso y calumnioso a la metafísica tomista apoyada por la Iglesia, para poder tener buen juego en atacarla. Pero así combate contra un monstruo de su mente. Afirma de hecho que para esta metafísica «el ente en cuanto tal puede no ser, puede es decir ser nada y de la nada sale y a la nada retorna por obra del dios creador o de la técnica humana. Es sobre el fundamento de la persuasión fundamental de que el ente en cuanto tal puede no ser –la persuasión de la nada del ente– que se puede afirmar un ser necesario … Lo que para la Iglesia es la ontología fundamental es también (ni puede ser de otro modo) la ontología fundamental y la esencia de Occidente, es decir la alienación abismal de la verdad del ser».
Respondo que es del todo falso que la metafísica tomista sostenga que el ente en cuanto tal es contingente. En absoluto: también los seminaristas saben que para Santo Tomás como para Aristóteles el objeto de la metafísica es el ente en cuanto ente, que ciertamente puede ser contingente, pero también necesario. En cambio el error parmenídeo que Severino asume es que el ser no puede no ser, olvidando así el ser contingente en cuanto tal.
Además es falso decir que para el dogma cristiano de la creación las cosas retornan a la nada. Al contrario, es cosa conocida también por los novicios de la metafísica tomista, que Santo Tomás enseña que Dios no anula a ninguna criatura, sino que a todas las conserva, y si acaso las transforma, porque las ama a todas precisamente porque ha querido crearlas, incluso a los condenados del infierno.
4. «Si el dogma de la infalibilidad de la Iglesia exige que la Iglesia sea (también) la depositaria, es decir la conciencia explícita de la verdad filosófica, entonces no hay duda de que el testimonio de la verdad del ser implica la negación de la infalibilidad de la Iglesia» (p.344).
Respondo diciendo que el dogma de la infalibilidad, que tiene por materia las verdades de la fe, con mayor razón concierne también a las verdades filosóficas o de razón, si es verdad que las verdades de fe son superiores a las de razón.
5. «Para la Iglesia la eternidad del ente en cuanto ente hace imposible la historia de la salvación. De hecho, el único sentido que la Iglesia, como toda la cultura occidental, logra conferir a la “historia” es el nihilista de salir y retornar en la nada. El sentido nihilista del devenir domina el modo en que la Iglesia entiende el “hacerse” pecador por parte del hombre, el “hacerse” carne por parte del Verbo y el devenir en el cual se presenta cada evento de la “historia de la salvación”. Con la afirmación de la eternidad del ente en cuanto tal, viene “anulado el evento histórico”» (es la acusación que le hace la Congregación). «Para que no sea anulado se requiere un “antes” (en el principio), en el cual la carne del Verbo (y cada evento de la Heilgeschichte) haya sido nada y solo el Verbo sea. ¿Para no anular la Encarnación? La Iglesia anula la carne. ¿Para no anular la “historia” de la salvación? Anula la salvación. Pero para la verdad del ser ningún ente es anulable» (p.380).
Respondo que la observación crítica hecha por la Congregación a Severino es evidente: si todo es eterno, ¿dónde va a parar lo temporal? Ahora es evidente que la historia acontece en el tiempo, donde existe el antes y el después y el devenir. Y por lo tanto desaparece la historia. Pero la salvación acontece en la historia. Y por lo tanto no hay salvación. ¿Y cómo responde Severino? Con falsas acusaciones a la Iglesia, volviendo contra la Iglesia la acusación que ella le hace a él. ¿Ignora él la salvación? Pues bien, responde que es la Iglesia la que ignora la salvación. ¿Se puede imaginar una mayor desfachatez? Como si además a Severino le interesara la cuestión de la salvación, a él para quien todo es eterno!
El problema de Severino es que se ha fijado en la falsa y calumniosa idea, según la cual la Iglesia sostendría que Dios anula los entes, y nunca ha habido modo de persuadirlo de renunciar a esta abominable falsedad. En realidad esta idea de que todo provenga de la nada y retorne a la nada es propia del nihilismo leopardiano. Severino lo sabía bien, tanto que escribió incluso un libro sobre el nihilismo leopardiano ⁶. ¿Y entonces por qué atribuir a la Iglesia esa falsedad? ¿No se ha dado cuenta de con cuánta facilidad podía ser desmentido incluso por un muchacho que conoce el Catecismo?
Ciertamente, si todo es eterno, el tiempo desaparece. Pero el mismo Severino se da cuenta de tal enormidad, por lo cual al final reintroduce por la ventana lo que había hecho salir por la puerta y el tiempo es recuperado no como accidente de la sustancia material, sino como sucesión de eternos que aparecen y desaparecen como apariciones finitas de lo eterno.
Fin de la Segunda Parte (2/3)
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 24 de julio de 2026
Notas
¹ Véase su libro L’alienazione dell’Occidente, Edizioni Quadrivium, Genova 1981.
² Giuseppe Petazzi, Analisi psicologica dell’atto di fede, Vicenza 1927.
³ Lo cual hace sospechar de una connivencia con la masonería, siendo, ésta, una muy bien conocida tesis masónica.
⁴ Ellos están contenidos en su libro L’Essenza del nichilismo, Adelphi Edizioni, Milano 1995, pp.386-387.
⁵ Edizioni Adelphi, Milano1995.
⁶ Cosa arcana e stupenda. L’Occidente e Leopardi, Rizzoli Editore, Milano 2020.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum veritas entis sit Christus et fides perficiat rationem, vel veritas entis
reducatur ad monismum Parmenidis et fides sit impedimentum rationi et saluti
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod veritas entis reducatur ad monismum Parmenidis.
1. Quia si ens est aeternum et immutabile, tunc creatio et fieri sunt impossibilia, et historia salutis tollitur. Praeterea, aeternitas entis impediret tempus existere, et sic historia dispareret.
2. Praeterea, Ecclesia esset inimica rationis, quia imponeret violenter absurda credenda sub comminatione damnationis aeternae, substituens veritatem entis per nihilismum et occultans veram libertatem rationis.
3. Item, dogma infallibilitatis esset thesis gnostica, quia Ecclesia recusaret se iudicari a veritate entis, et sic eius auctoritas esset falsa et alienans.
4. Denique, si omnia sunt aeterna, tempus evanescit, et cum eo historia et salus. Ergo fides christiana non solum non adiuvat, sed impedit veram salutem hominis, faciens eum credere se indigere ente supremo qui revera non existit.
Sed contra est quod Dominus noster Iesus Christus dixit: Ego sum via, veritas et vita (Io 14,6). Apostolus docet: fides est substantia sperandarum rerum, argumentum non apparentium (Heb 11,1). Concilium Vaticanum I affirmat fidem esse actum intellectualem et liberum, fundatum in auctoritate Dei revelantis. Sanctus Thomas docet ens posse esse contingens vel necessarium, et Deum conservare omnes creaturas in esse.
Respondeo dicendum quod veritas entis non reducitur ad monismum Parmenidis, sed est ipse Christus, in quo complentur et perficiuntur tam ratio quam fides. Accusatio quod Ecclesia odit rationem est falsa, quia Ecclesia docet rationem ducere ad fidem per motiva credibilitatis, et fidem illuminare rationem superioribus veritatibus. Creatio non importat nihilismum, sed radicalem dependentiam entis creati a Deo. Historia salutis non tollitur, quia fit in tempore, et Deus conservat omnes creaturas in esse. Infallibilitas Ecclesiae non est gnosticismus, sed divina cautio ut fideliter revelationem tradat. Ergo positio Severini, negantis creationem et fieri, destruit ipsam possibilitatem salutis et ignorat quod veritas entis est Christus. Textus commemorat Severinum, accusantem Ecclesiam de nihilismo, re vera projicere super eam propriam conceptionem staticam entis, quae tollit tempus et cum eo historiam salutis.
Ad primum dicendum prolixius quod ens potest esse contingens vel necessarium, et error Parmenidis est negare ens contingens. Creatio non est contradictio, sed actus liber Dei qui dat esse ei quod prius non habebat. Negare fieri est ignorare distinctionem inter potentiam et actum, et sic destruitur possibilitas historiae.
Ad secundum dicendum breviter quod Ecclesia non odit rationem, sed eam agnoscit ut viam ad fidem. Miracula et prophetiae sunt signa rationalia credibilitatis, et fides innititur eis ut motivis inductivis. Accusatio violentiae est calumniosa, quia fides est actus liber gratia illustratus.
Ad tertium dicendum latius quod infallibilitas non est gnosticismus, quia non fundatur in autosufficientia humana, sed in assistentia divina a Christo promissa. Veritas entis non iudicat Ecclesiam ex Parmenide, sed Ecclesia tradit veritatem entis quae est Christus.
Ad quartum dicendum amplius quod si omnia essent aeterna, tempus evanesceret et cum eo historia et salus. Sed Deus creavit tempus et illud conservat, et historia salutis fit in eo. Fides non impedit salutem, sed eam possibilit, quia nos unit Christo, qui est veritas entis et vita aeterna.
JG
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