¿Quién fue realmente Karl Rahner y por qué su pensamiento sigue influyendo en la Iglesia? ¿Qué significa decir que el hombre es “cristiano anónimo”? ¿Puede Dios cambiar y sufrir con la historia? ¿Es posible que los dogmas sean relativos y variables según las culturas? Este brevísimo artículo del padre Giovanni Cavalcoli presenta siete puntos esenciales de la teología rahneriana: desde su visión del hombre y de Dios hasta su concepción de la fe, del pecado y de la Iglesia. Una síntesis introductoria que revela las raíces de muchas corrientes actuales y que invita a preguntarse si estas ideas son compatibles con la tradición católica o si representan una peligrosa desviación.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
viernes, 31 de julio de 2026
Siete cosas sobre Karl Rahner que no puedes no saber
Siete cosas sobre Rahner que no puedes no saber
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en "Il naufrago", en dos partes, el 17 y el 24 de Junio de 2015, blog ya desaparecido de la red telemática)
Primera. Para Rahner, el hombre no es animal racional, compuesto de un alma inmortal, creado a imagen de Dios, herido por el pecado original, redimido por el sacrificio de Cristo y disponible para la vida de la gracia, sino que es un espíritu en la historia, sujeto auto-trascendente siempre en gracia, extendiéndose por esencia hacia el horizonte de esta su auto-trascendencia, que es Dios.
Segunda. Para Rahner, Dios no es la primera causa y creador del mundo de la nada. La existencia de Dios no se puede demostrar racionalmente por causalidad, partiendo de los efectos mundanos creados; no es purísimo espíritu inmaterial, trascendente, inmutable e impasible, independiente del mundo, sino que es el vértice espiritual supremo de la evolución de la materia auto-trascendente. De modo que para Rahner Dios existe solo en relación con el mundo y para el mundo. Como el espíritu no existe sin materia, es impensable un Dios que existiera sin el mundo. Por eso, Dios, como el mundo, deviene, cambia, sufre y es historia. Dios no trasciende el mundo, sino que está en el mundo. En Dios no hay tres personas, es decir tres subsistencias, las así llamadas "personas" son tres modos de subsistencia del mismo Dios. La Santísima Trinidad es inconcebible sin la relación con el mundo ("la Trinidad económica es la Trinidad inmanente").
Tercera. Para Rahner, Dios no puede ser conocido en conceptos, ni siquiera analógicos, que son relativos y cambiantes. Por tanto, los dogmas del catolicismo también tienen su tiempo y varían según las culturas, por lo que siempre es necesario encontrar nuevos conceptos para expresar quién es Dios o el contenido de la Revelación, aun cuando estos conceptos estén en contradicción con los precedentes. La Iglesia, por tanto, no puede imponer dogmas fijos e inmutables, aunque sólo sea porque Dios mismo cambia. La infalibilidad pontificia no consiste en el poder que tiene el Papa de definir verdades de fe de una vez para siempre, sino en el hecho que él reconoce aquellos modos de expresar la fe que son válidos en el mutar de los tiempos.
Cuarta. Para Rahner, la fe no consiste en una doctrina, sino en una experiencia atemática en gracia del ser divino como ser pensado. Es en verdad una experiencia de la verdad, pero la verdad no consiste en la adecuación del pensamiento a un real externo y objetivo, sino en la conciencia del ser como ser pensado, según el modelo del cogito de Descartes.
Quinta. Para Rahner, todo hombre tiende a Dios atemáticamente y sobrenaturalmente en virtud de su propia esencia. Todos, por tanto, al menos inconscientemente, son cristianos ("cristianos anónimos"). Por tanto, todo hombre está en gracia, y ella no se adquiere porque Dios perdona el pecado, ni se pierde a causa del pecado. Por consiguiente, todos se salvan y nadie se condena. El pecado, por lo tanto, aunque fuese también el ateísmo, no pone obstáculo sobre el camino de la salvación, no lo interrumpe, de modo que el camino se detiene y debe ser reanudado. Por esto, el creer que el pecado sea cancelado por un sacrificio expiatorio, redentor y reparador, es una idea religiosa primitiva hoy superada. Cristo no paga por nosotros ningún rescate en nuestro lugar, sino que simplemente representa la plenitud suprema del hombre en gracia, que se vuelve completamente hombre en el momento en que se convierte en Dios. No hay necesidad de "quitar" el pecado. El pecado es por su naturaleza una acción fallida, que se quita por sí sola. Los sacramentos no confieren la gracia, sino que son los signos externos de la gracia ya recibida.
Sexta. Para Rahner, la Iglesia se equivoca al querer definir de una vez y para siempre la naturaleza humana, como si fuera una esencia inmutable y universal con leyes y fines obligatorios. El hombre, en cambio, tiene la facultad y la posibilidad de plasmar libremente la propia naturaleza y la propia corporeidad y, por lo tanto, de determinar libremente su propia esencia.
Séptima. Para Rahner, la relación social no es efecto de una elección de la persona, naturalmente inclinada a la relación social, y por lo cual tal relación supone la persona ya constituida y es su propia expresión en la sociedad civil y en la Iglesia. En cambio, la relación social constituye a la persona como tal, de modo que si esta relación no existe, la persona no existe. Por eso, un embrión que no realiza actos propios de la persona, no es persona.
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 17 de junio de 2015
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