¿Puede un terremoto ser considerado simplemente un fenómeno geológico o también posee un significado en la Providencia divina? ¿Hasta dónde puede llegar el vínculo entre el pecado y los desórdenes que afectan al mundo creado? ¿Es legítimo interpretar una catástrofe concreta como un castigo de Dios por pecados actuales de una sociedad? ¿Qué diferencia existe entre afirmar teológicamente las consecuencias universales del pecado original y atribuir con certeza un desastre particular a determinadas culpas históricas? En esta breve pero intensa reflexión, el padre Giovanni Cavalcoli aborda una cuestión que ha inquietado a creyentes de todas las épocas, distinguiendo cuidadosamente entre las causas físicas y las causas teológicas de los cataclismos naturales, y proponiendo una lectura prudente de los acontecimientos dolorosos como posibles llamadas de la Providencia a la conversión, al redescubrimiento de la ley natural y a una renovación de la conciencia moral de los pueblos. [En la imagen: terremoto de magnitud 6 en el centro de Italia, agosto de 2016].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 13 de octubre de 2026
Respuesta a un oyente de Radio María acerca del terremoto
Respuesta a un oyente acerca del terremoto
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el boletín impreso y en la página web de la Parroquia de San Juan Bautista en San Giovanni in Persiceto, diócesis de Bologna, el 13 de noviembre de 2016, en respuesta a un oyente de Radio María. Versión original en italiano: https://archivio.parrocchiapersiceto.it/media/10341/2016-11-13.pdf y https://archivio.parrocchiapersiceto.it/parrocchia/foglietto-settimanale/2016/2016-11-13-risposta-padre-cavalcoli/index.html)
Oyente: La pregunta que quiero hacerle es la misma pero es doble, en el sentido de que con el Bautismo el hombre entra en la gracia de Dios, comienza a circular en esta dinámica virtuosa; cuando el hombre con el pecado mortal sale de esta vida, ¿las consecuencias son solo espirituales o pueden ser también materiales? Y alargo el discurso, por eso decía que la pregunta es doble, pero es grosso modo la misma en su raíz: cuando un pueblo o los legisladores de este pueblo hacen leyes contrarias a Dios, como lamentablemente ocurrió en Italia hace unos meses -me refiero a las leyes sobre las uniones civiles y todo lo que se quiere lograr-, ¿cuáles son las consecuencias? Y llego al punto de mi pregunta: ¿las catástrofes naturales como el terremoto, pueden ser una consecuencia relativa a un pueblo, a un legislador, que hace leyes contrarias? ¿El terremoto de estos días puede tener una raíz...?
Entonces, retomemos todo su discurso. Las consecuencias del pecado mortal: el pecado mortal es la pérdida de la gracia. Sin embargo, Dios está cerca de todos, por consiguiente, existe la posibilidad de que el pecador se arrepiente y si se arrepiente recupera la gracia, gracia que, como bien sabemos, deriva del bautismo. Cuando uno cae en el pecado mortal, se podría decir que la gracia del bautismo casi como que queda dormida, de hecho se la pierde. Por lo cual, si desgraciadamente debiera morir va al infierno, lo cual es algo bastante serio. Por lo tanto, en caso de pecado mortal es necesario remediar cuanto antes.
Por cuanto respecta a otras cosas que usted ha dicho, la legislación que está en contraste con nuestra religión. Sí, también estas leyes sobre las uniones civiles nos crean ciertamente muchas dificultades, a nosotros los creyentes, no hay ninguna duda. ¿Qué relación puede haber con el pecado? Es necesario estar atentos, pues las leyes del estado lamentablemente a veces pueden manifestarse injustas, por lo tanto nosotros cristianos no debemos aprovecharnos de ellas, porque si nos aprovechamos pecamos, podemos pecar incluso mortalmente.
Por cuanto respecta a la cuestión de los terremotos, ¿qué podemos decir? También aquí puedo responder con seguridad como teólogo dogmático: una cosa es segura, que los cataclismos de la naturaleza, los desórdenes de la naturaleza, todas aquellas acciones de la naturaleza que ponen en peligro la vida humana son de muchos tipos, las inundaciones, etc., tienen una explicación de carácter teológico. No me estoy haciendo aquí el geólogo, distinguimos bien los campos. Una cosa es una causa física de un terremoto, y ése no es mi campo, ese campo se lo dejo todo a los expertos y espero con todo mi corazón que la ciencia progresando, pueda llegar -y creo que llegaremos un día, ¡llegaremos! así como hemos hecho tantas conquistas-, llegaremos de alguna manera a comprender cuáles son las causas físicas, y luego a hacer lo necesario para defendernos de estos terremotos, poder predecirlos, o (y no quisiera lanzarla demasiado grande) que quien sabe si un día no llegaremos también a impedirlos, ¿por qué no? De todos modos, cerrado esto, yo soy un teólogo, entonces vayamos adelante con el discurso teológico.
Desde el punto de vista teológico estos desastres son una consecuencia del pecado original, por lo que se pueden considerar realmente como castigo del pecado original, aunque la palabra no guste, pero yo la digo igual, es una palabra bíblica, no hay ningún problema. Por supuesto, hay que comprender bien lo que se entiende por castigo.
Entonces, vengamos ahora a la última pregunta que usted hace: ¿pero no serán un castigo divino por acciones cometidas hoy en nuestra sociedad?
Este es un discurso mucho más delicado, y eventualmente se puede tener una cierta opinión, pero aquí no se puede alcanzar una seguridad, a menos que uno tenga una iluminación divina. Yo lo que alcanzo a decir es esto, una opinión mía personalísima. Me ha impresionado profundamente esta enorme desgracia de la destrucción de la iglesia, que recuerda en Nursia a San Benito. Me ha impresionado mucho, repito, no quiero sacar conclusiones que casi arriesgarían la superstición, pero confieso que me ha impresionado en este sentido: ¿quién fue Benito? San Benito es el patrono de Europa, es el padre de la civilización cristiana europea.
Hoy, ya, los más grandes estudiosos no solo católicos, sino también del mundo laico, ajeno a la religión, están constatando una gravísima crisis en Europa, y también el otro día escuchaba una conferencia del profesor Gotti Tedeschi, que es un gran economista, pero al mismo tiempo es también filósofo, también es teólogo, y se detuvo en esta situación y mostró el vínculo que existe entre la crisis económica europea y la crisis espiritual europea.
Ahora no me quiero extender en ello, pero ha sido muy interesante, entre otras cosas ha mencionado una tesis muy interesante: también él, economista de fama internacional, ha dicho que la crisis de la familia, el descenso de los nacimientos, está ligado también al proceso de "empobrecimiento" hacia el que estamos yendo con la disolución, con el hecho de que las industrias van al extranjero, y está sucediendo que los grandes sueños de potencia europea están cayendo y en otras zonas muy grandes del planeta como en China, en América Latina, en África, allí no existe la caída de nacimientos que se sufre en Europa, pues hay familias numerosas, en los mismos países islámicos, y allí se está produciendo un gran desarrollo económico por el cual nosotros los europeos que ostentamos esta "hermosa" idea, esta idea malthusiana de que la reducción de nacimientos aumentaría la riqueza, estamos haciendo lo contrario.
Entonces llego al punto: ¿castigo divino? Veamos un poco, en fin, se tiene la impresión que estas ofensas que se dirigen a la ley divina (piénsese en la dignidad de la familia, en la dignidad del matrimonio, en la misma dignidad de la unión sexual, nos encontraríamos en el límite, ¿no?), de hecho realmente nos hace pensar que aquí estamos ante, llamémosle así, un castigo divino, ciertamente es un llamado muy fuerte de la providencia, pero no tanto en el sentido, no decimos en el sentido afectivo, sino en el sentido de llamar a las conciencias, para que los hombres vuelvan a encontrar aquellos que son los principios de la ley natural.
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 13 de noviembre de 2016
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum cataclysmi naturales sint consequentia peccati originalis
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod cataclysmi naturales non sint consequentia peccati originalis.
1. Terraemotus enim, inundationes et aliae huiusmodi calamitates proprias causas physicas habent, quae a scientiis naturalibus investigantur. Sed illud quod sufficientem explicationem physicam habet non videtur requirere ulteriorem explicationem theologicam. Ergo cataclysmi naturales non videntur procedere ex peccato originali.
2. Praeterea, peccatum est actus moralis, terraemotus autem et alii naturales perturbationes ad mundum physicum pertinent. Sed non videtur proportionatum quod culpa moralis effectus producat in ipsa structura naturae. Ergo cataclysmi naturales non videntur derivare ex peccato originali.
3. Praeterea, saepe cataclysmi indiscriminatim afficiunt iustos et peccatores. Sed poena debet culpae respondere. Ergo naturales calamitates non possunt haberi ut poena peccati.
4. Praeterea, impossibile est cum certitudine demonstrare quod aliquis determinatus terraemotus sit consequentia peccatorum hodie a societate vel a gubernantibus commissorum. Ergo non videtur rectum cataclysmos cum peccato coniungere.
Sed contra est quod docet Apostolus, quod creatura vanitati subiecta est et ingemiscit atque parturit usque adhuc (Rm 8,20-22). Ergo perturbationes quae in natura contingunt possunt considerari consequentiae lapsus originalis hominis.
Respondeo dicendum quod naturales calamitates diversos gradus explicationis habent, qui inter se confundi non debent. Aliud est causa physica terraemotus, cuius investigatio ad peritos scientiarum naturalium pertinet; aliud vero est significatio eius intra ordinem providentiae a Deo volitum.
Ex parte theologica, perturbationes naturae pertinent ad conditionem lapsam humani generis et possunt considerari consequentiae peccati originalis. Hoc sensu possunt appellari poena peccati originalis, recte intellecto biblico significato vocabuli poena.
Hoc tamen non significat quod quilibet terraemotus, inundatio vel calamitas necessario constituat divinam sanctionem propter peccata particularia hodie commissa. De huiusmodi connexionibus particularibus nulla certitudo haberi potest, nisi adsit specialis illuminatio divina.
Nihilominus huiusmodi eventus dolosi possunt constituere validum providentiae monitum ad conscientias humanas, ut homines principia legis naturalis denuo reperiant atque necessitatem renovationis moralis et spiritualis agnoscant.
Quapropter, sicut causa physica cataclysmorum ad scientias naturales pertinet, ita eorum insertio in creationem peccato originali vulneratam ad reflectionem theologicam pertinet. Utraque explicatio non sibi contradicit, sed ad diversos ordines spectat.
Ad primum ergo dicendum quod explicatio physica et explicatio theologica non sunt contradictoriae. Cognitio causarum geologicarum terraemotus non excludit eius interpretationem intra ordinem providentiae divinae.
Ad secundum dicendum quod peccatum originale non solum vulnus morale in homine produxit, sed etiam alterationem ordinis originarii a Deo pro creatione instituti. Unde naturales perturbationes possunt considerari consequentiae huius condicionis lapsae.
Ad tertium dicendum quod cataclysmi ex communi condicione humani generis provenientes non constituunt necessario poenas proportionales culpis personalibus determinatis. Ideo possunt afficere tam iustos quam peccatores.
Ad quartum dicendum quod hic praecipue prudentia exercenda est. Aliud est affirmare naturales perturbationes generaliter procedere ex statu introducto per peccatum originale. Aliud vero est affirmare cum certitudine aliquem determinatum terraemotum a Deo missum esse ad punienda peccata concreta alicuius determinatae societatis. Hoc posterius ad ordinem opinionum pertinet, non autem ad certitudines theologicas.
JG
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