¿Puede una teología que habla constantemente de gracia, revelación y sobrenatural terminar vaciando esos conceptos de su contenido tradicional? ¿Qué sucede cuando ser hombre y ser hijo de Dios llegan prácticamente a identificarse? ¿Es posible que una determinada interpretación de la fe cristiana acabe reduciendo lo sobrenatural a una dimensión constitutiva de la naturaleza humana? ¿Dónde queda entonces el pecado original, la necesidad de la conversión, el papel de la Iglesia y la singularidad de Cristo? En esta segunda parte de su estudio, el padre Giovanni Cavalcoli desarrolla una severa crítica a la teología de Karl Rahner, sosteniendo que tras su lenguaje cristiano se oculta una concepción marcada por presupuestos idealistas y gnósticos que, en su juicio, convergen con algunos principios fundamentales atribuidos a la masonería. El resultado es una reflexión polémica que desemboca en una llamada apremiante a los Obispos para que recuperen con claridad su misión de maestros, defensores y custodios de la fe católica.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
viernes, 9 de octubre de 2026
Queridos hermanos masones (2/2)
"Queridos hermanos masones".
El peligro de la Masonería y la insuficiencia
de la exposición del cardenal Gianfranco Ravasi
Segunda Parte
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 27 de febrero de 2016 en blog L’Isola di Patmos. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/cari-fratelli-massoni-il-pericolo-della-massoneria-e-linsufficienza-dellesposizione-del-cardinale-gianfranco-ravasi/)
Rahner, agente secreto de la infiltración masónica en la Iglesia ¹
Para evitar la sospecha de colusión con la masonería -excusatio non petita, accusatio manifesta-, Rahner ha ideado un cristianismo que a primera vista parece estar en las antípodas del naturalismo y el racionalismo masónicos, es decir, un cristianismo fideísta y sobrenaturalista, con nervaduras luteranas y místicas. Sin embargo, si prestamos atención, su tan cacareado "giro antropológico" (anthropologische Wende) no es más que, por su expresa declaración, una reducción de la teología a la antropología, siguiendo las huellas de Kant y de Heidegger. Este dato ya es muy indicativo.
Pero la realidad es que no es difícil convertir el sobrenaturalismo en naturalismo y el fideísmo en racionalismo. De hecho, considerar, como lo hace Rahner, la fe como "experiencia de Dios", como "a priori", y como ápice y radicalidad de la razón, el hombre como "espíritu" que se trasciende en Dios, y "auto-comunicación de Dios", la gracia como actuación de la naturaleza y modo de ser del hombre y de todo hombre, ¿qué significa todo esto, sino el reducir lo sobrenatural a lo natural?
Para Rahner, la historia de la divina Revelación es coextensiva con la historia de la humanidad, por el hecho de que el hombre como tal, y por tanto todo hombre, es sujeto de la experiencia trascendental, que no es otra cosa que la recepción de la Revelación bajo forma atemática y preconsciente. Por tanto, para Rahner, Dios no se limita a proponer a todo hombre la Revelación y la gracia, es decir, la vida sobrenatural, quedando el hombre con la facultad de aceptarla o rechazarla ², y con las consecuencias opuestas que se siguen, sino que de hecho constituye a todo hombre en gracia, o en el orden sobrenatural, porque de otro modo no sería hombre.
Los dogmas cristianos, en cambio, para Rahner, no tienen un valor absoluto, universal, perenne y obligatorio para todos, sino que son simplemente datos "categoriales", históricos o eventos particulares y "sectoriales", que representan uno de los modos posibles, entre aquellos de otras religiones, para expresar la experiencia trascendental o el estar en gracia, que constituye al ser humano en su universalidad ³.
Por consiguiente, al final, ser cristiano o estar en gracia se identifican con el ser humano. Ser hombre y ser "hijo de Dios" son la misma cosa. Cuando san Juan nos anuncia a todos exultante la posibilidad de ser "hijos de Dios", podríamos responderle desencantados: "Querido Juan, ya lo sabíamos: ¡somos hombres!".
Sobrenatural, gracia, fe, revelación, están en Rahner vaciados de su sentido. Quedan cascarones vacíos, dentro de los cuales Rahner pone un contenido puramente naturalista o humanista. Pero la masonería no pide otra cosa y es bella y satisfecha. Las palabras no interesan: lo importante es que los contenidos sean masónicos.
Si de hecho lo sobrenatural es originario, esencial y necesario a la naturaleza y al hombre, si "no se añade" desde arriba a la naturaleza, si no la supera, si no está más allá de ella, sino que es "debido" a la naturaleza, ¿cómo hace para ser sobrenatural? Sigue siendo una pura palabra y un señuelo para las alondras. Y por tanto, más allá de las bellas palabras cristianas vaciadas de su sentido, aquí estamos en plena masonería.
Si el hombre, según Rahner, está en gracia desde el inicio, ¿dónde va a parar la culpa del pecado original? El hombre nace bueno. Evidentemente, estamos en la línea de Rousseau: y aquí estamos de nuevo en la masonería.
Si todos estamos siempre en gracia, ¿adónde va a terminar el pecado? Todos somos buenos, la buena voluntad es suficiente. Y aquí estamos de nuevo en la masonería.
Si todos estamos orientados a Dios de manera a priori, siempre y por esencia, incluso el ateo, ¿quién es el que peca? Nadie. ¿Para qué sirve la Iglesia? Para nada. Y aquí estamos de nuevo en la masonería.
Si Cristo no es otra cosa que la realización suprema de lo humano, ¿dónde v a acabar su divinidad? O por el contrario: si el hombre ya es naturalmente ("trascendentalmente") divino, ¿qué cosa añade Cristo a la humanidad? En cualquier caso, se puede prescindir de Cristo: y aquí estamos de nuevo en la masonería.
Para la masonería, la vida eterna no está después de la muerte, sino en la muerte. Lo mismo es para Rahner, aunque velado bajo las expresiones tradicionales del dogma católico.
Pero lo cierto es que el alma del rahnerismo y de la masonería es la misma: la identificación gnóstico-idealista del hombre con Dios: el panteísmo. Dios vértice del hombre y el hombre realización de Dios. El hombre deviene Dios y Dios deviene hombre. Sin embargo, no en la perfecta identidad de las dos naturalezas, sino en el devenir y en la confusión de las dos naturalezas.
La masonería se inspira en esto por el antiguo gnosticismo, por el esoterismo, por el hermetismo, por la teosofía y por la misteriosofía pagana. Rahner, en cambio, se inspira en la cristología hegeliana. Pero la idea es la misma. Rahner inventa una "cristología trascendental a priori", del "Salvador absoluto", para la cual la unión hipostática de las dos naturalezas no sería un dato de fe, sino un dato a priori de razón ⁴.
La "fe" sólo añadiría datos y las particularidades históricas de la figura de Cristo, presentes en las narraciones evangélicas. Pero la razón sabe por sí sola de la existencia metafísicamente necesaria del "Salvador absoluto", incluso sin haber leído el Evangelio.
Esta profanación racionalista del dato de fe está ciertamente en línea con la metafísica de Rahner, según la cual el espíritu humano, que para Rahner es el cogito de Descartes, no capta el ser real extramental, sino sólo el ser como ser pensado, idéntico a Dios. Por lo tanto, un ser como mi idea, con todas las consecuencias subjetivistas y panteístas, a las cuales hemos aludido.
La comparación entre el pensamiento masónico y el pensamiento rahneriano es, por tanto, muy interesante. Muchas son las afinidades entre las dos doctrinas, que no pueden ser casuales, porque vemos que Rahner y la masonería se inspiran en los mismos autores, en particular Descartes, el iluminismo, Kant, Fichte y Hegel.
Rahner, por otro lado, también se encuentra influenciado por Lutero y por Heidegger, elementos que no se encuentran en la cultura masónica, que en cambio está marcada por influjos herméticos, misteriosóficos, cabalísticos, esotéricos, iniciáticos, teosóficos, que no se encuentran en el pensamiento rahneriano.
Si no hay dificultad en cualificar el pensamiento masónico como gnóstico, es lícito definir también del mismo modo el pensamiento rahneriano ⁵, aunque con las debidas distinciones, haciéndolo encaminar, en última instancia, al pensamiento católico.
Penetración de la masonería en el episcopado
La masonería realiza su solapada acción nefasta actuando sobre el cuerpo episcopal, con particular atención en los obispos ambiciosos, negligentes, oportunistas, intrigantes y mundanos. Para obtener el objetivo de extinguir la fe y enfriar la caridad en el pueblo de Dios, la masonería sabe bien que una comunidad se corrompe corrompiendo la cabeza, como dice el Evangelio: "Heriré al pastor y el rebaño será dispersado" (Mc 14,27).
La masonería ha encontrado en Rahner un habilísimo colaborador, aunque ciertamente la iniciativa ha partido de él. Rahner concibió e implementó, con una impresionante y casi prodigiosa bibliografía de cerca de 4000 títulos ⁶, el titánico proyecto de elaborar una nueva visión del cristianismo y de la Iglesia, que asumiera la modernidad, convencido de implementar las directivas del Concilio, y obviamente no podía olvidar a la masonería, que así encontró en él la manera de penetrar secretamente -larvatus prodeo- en el interior de la Iglesia, para corromperla desde dentro, de modo que en un cierto momento los mismos obispos y teólogos comenzaron a realizar aquello que el beato Paulo VI llamó "obra de autodemolición de la Iglesia por parte de sí misma".
En sustancia, Rahner ha tomado en bloque el pensamiento masónico, sin la mínima preocupación por tener una mirada crítica, y lo ha transportado en todo su peso a su laboratorio alquímico, en el cual lo ha sometido a una astuta transmutación, hasta hacerlo casi irreconocible. Sin embargo, el fondo ha permanecido intacto. Lo que cambia es la adición de algunos términos cristianos, que sin embargo pierden su auténtico significado, para adaptarse a la nueva sustancia, sin embargo, sin llamar demasiado la atención.
Rahner ha sido muy hábil para ganarse la estima de los incautos y ambiciosos Cardenales y obispos filo-modernistas, con una sistemática y audaz obra de adulación, que se prolongó durante decenios, haciéndose pasar untuosamente por su consejero o asesor y animador, al mismo tiempo que, con una operación indolora, comuflada de celo por la Iglesia ⁷, minaba las bases dogmática del Sacramento del Orden ⁸.
La impostación o enfoque de fondo en la masonería y en Rahner es casi idéntico. Se trata de una gnosis de orientación pragmático-panteísta. Se puede hablar de "gnosis" en entrambos casos, entendiendo con esta palabra la pretensión de alcanzar un conocimiento teológico o, en todo caso, de los grados máximos del ser, superior a los dogmas de la Iglesia, que por ello mismo vienen degradados a mitología griega o a cuentos para niños.
En la masonería prevalece el factor mágico-operativo. La teología rahneriana se resuelve, por explícita declaración del propio Rahner, en la "pastoral". Con la excusa de la Iglesia local, sustrae al obispo de la obediencia al Papa, le quita el oficio doctrinal, para resolver o convertir su ministerio en la sola pastoral. El obispo es un simple notario, que debe tomar nota o registrar o dejar constancia sin equivocarse, del estado de la fe trascendental del pueblo, en continua evolución, que es la fe "real".
En todo caso, es fundamental la categoría del hacer o del actuar, unida sin embargo a la categoría de la "experiencia", mistérica en la masonería, "trascendental" en Rahner: la conquista de la libertad en la experiencia de lo divino. Esta es la instancia de fondo común a entrambas doctrinas.
Conclusión
El problema más grave de la Iglesia de hoy es la falta de buenos Obispos, diligentes, perspicaces y vigilantes. Muchos de ellos están secularizados, acomodados a lo humano, no velan por el rebaño, no son epi-skopoi, sino que llevan una vida gris, "sin infamia y sin alabanza".
Parecen haber olvidado su responsabilidad primaria de maestros de la fe, están ausentes de los grandes acontecimientos doctrinales de la Iglesia o, al menos, no son capaces de comprender, sobre este tema, cual sea la "gaudium et spes, luctus et angor hominum huius temporis" (Gaudium et Spes n.1), no obstante las claras, sugerentes y serias palabras de apertura del famoso documento del Concilio.
Están ocupados con muchas cosas, pero se olvidan de esta, que es la principal. Se diría que piensan que el rebaño, sobre este punto, pudiera arreglárselas por su cuenta, incluso sin ellos. Es un continuo y aburrido y aturdidor hablar de "pastores" y nunca de doctores. O incluso sucede que la doctrina o el dogma vienen tomados a broma o ridiculizados o despreciados como "abstracciones", vetusteces y "rigidez". ¡Pero es precisamente en el ser doctor que el obispo es más que nunca pastor!
Muchos pueden ocuparse de los inmigrantes, de los gitanos y de los desocupados, pero nadie puede reemplazar al Obispo, ni siquiera al teólogo, en la enseñanza del Evangelio. Sobre este respecto, no se ven a los Obispos allí donde se los quisiera presentes. No se escuchan, sobre todo en temas dogmáticos, cuando se desearía una palabra de luz, de orientación y de consuelo.
Entiendo que cada Obispo ya tiene mucho que hacer en su diócesis. Pero ¿qué impediría a los individuales Obispos, debidamente preparados y informados, o a grupos de Obispos, hacer oír su voz en la Iglesia y en la sociedad y en la cultura, al lado de los hombres perdidos, desorientados, tentados, vacilantes, entristecidos, angustiados, atormentados, desalentados, confundidos, amargados, escandalizados, desconcertados, que sufren, que tambalean, que buscan y no encuentran?
Esos Obispos bonachones, fuertes con los débiles y débiles con los fuertes, parecen confundir la bondad con la afabilidad, la blandura del carácter y con el buenismo, que no son lo mismo. Bondad quiere decir, ciertamente, apertura a todos, atención a los pobres, a los débiles, a los pequeños y a los que sufren, capacidad de diálogo y de comprensión, ecumenismo, misericordia, ternura, dulzura, delicadeza, afabilidad, tolerancia y perdón.
Pero quiere decir también fortaleza de ánimo, tomar la iniciativa, hacerse escuchar, quiere decir colaboración unitaria, colegial y fraterna unión con el Sucesor de Pedro, saber mostrar con claridad las verdades y los caminos de la fe y de la vida eterna, saber iluminar a los ciegos, dar fuerza a los inciertos e inseguros, recordar y reclamar a los desviados, esforzarse por la conversión de los lejanos, buscar la oveja perdida, liberar a los oprimidos, responder a los ataques, difundir la buena doctrina, alentar y recompensar a los buenos, saber corregir a los equivocados, amonestar a los impostores, desenmascarar a los estafadores, reprochar a los arrogantes, bajar de su pedestal a los soberbios, honrar a los humildes, defender al rebaño de los lobos, argumentar a favor de la fe, erguirse con valentía contra los prepotentes, defender a la Iglesia de los ataques, mostrar la fealdad del pecado y la belleza de la ley divina, proponer el ejemplo de los santos, persuadir a los no-creyentes, elevar los corazones y las mentes a Dios, sursum corda, Dios primer servido, y meta última del camino de esta vida. No hay escasez de trabajo. La mies es mucha, los operarios son pocos. Es necesario hacer proceder y avanzar a la nueva evangelización ordenada por los Papas desde hace cincuenta años.
Es necesario que los obispos, habiéndose liberado de la droga rahneriana, retomen en su mano el rol guía y rector como maestros, promotores y defensores de la fe, y no dejen solo al Papa en esta tarea gravísima, urgentísima y delicadísima para la bien de la Iglesia y de la sociedad. ¡Entren en la arena y en la palestra de las grandes cuestiones morales y doctrinales! ¡Cuántos medios de comunicación tenemos hoy! ¡No teman exponerse! ¡Estamos a la espera de su palabra!
Apoyen a quienes señalan y alejan el peligro rahneriano, como aspecto principal del actual modernismo. Sigan con mayor diligencia la formación de los seminaristas y tener en el corazón la rectitud de la fe de los maestros. Tengan estima por el Magisterio de la Iglesia en ámbito filosófico y teológico, implementando y promoviendo una inteligente fidelidad al pensamiento de santo Tomás de Aquino, aunque en el respeto de un legítimo pluralismo.
Esto quiere decir dar sólidas motivaciones racionales y de fe para una generosa respuesta al apremiante llamamiento del Santo Padre en este Año Santo de la Misericordia, que nos estimula a un más fuerte empeño en el ser "luz del mundo y sal de la tierra", protegidos por Nuestra Señora, en la lucha contra Satanás y el poder de las tinieblas.
Fin de la Segunda Parte (2/2)
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 27 de febrero de 2016
Notas
¹ Cf. P. Siano, FI, Karl Rahner “massonico”? Il pensiero di Karl Rahner e la cultura massonica a confronto, en Fides Catholica, 2, 2007, pp.315-360; Giovanni Cavalcoli, Rahner e la Massoneria, en Fides Catholica, 2,2011, pp.245-260.
² El Cristo de Rahner no dice: "Si alguien quiere seguirme...", sino: "todo hombre me sigue, lo sepa o no lo sepa, lo quiera o no lo quiera".
³ Véase esta crítica a Rahner realizada por J. Ratzinger en su libro Principes de la théologue catholique, Téqui, Paris 1982, pp.180-186 (hay versión española, de editorial Herder).
⁴ Rahner expone estas ideas junto con Wilhelm Thuesing, en Cristologia. Prospettiva sistematica ed esegetica, Morcelliana, Brescia 1974.
⁵ Cf. Julio Meinvielle, Lo gnosticismo di K. Rahner, en Influsso dello gnosticismo ebraico in ambiente cristiano, a cargo de Ennio Innocenti, Sacra Fraternitas Aurigarum in Urbe, Roma 1988, c.XIII, n.21, pp.340-347.
⁶ Lo que muestra cómo incluso Roma puede ser ocasionalmente frenada por el poder de las tinieblas, es la ausencia total de intervenciones de las autoridades contra Rahner, después de que san Juan XXIII lo liberara de la censura, que le había irrogado Pío XII. Si ha habido una ruptura entre la Iglesia de antes y de después del Concilio, esta triste historia es el símbolo más claro de ella, no ciertamente relativa a la doctrina, pero sí a la pastoral. Esta historia muestra cómo el Papa es infalible en la doctrina -enseña siempre la verdad contra las falsedades de Rahner- pero no en el gobierno de la Iglesia, aunque sea un Santo: puede permitir, quizás incluso sin culpa, sin intervenir, que un hereje haga daño.
⁷ Uno de sus libros se intitula "Sollecitudine per la Chiesa", Edizioni Paoline, Roma 1982.
⁸ Cf. mi artículo Il concetto del sacerdozio in Rahner, en Il sacerdozio ministeriale, editado por S. Manelli, FI y S. Lanzetta, FI, Casa Mariana Editrice, Frigento (AV), 2010, pp. 183-230.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum gratia et revelatio constitutive pertineant ad naturam humanam
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod gratia et revelatio constitutive pertineant ad naturam humanam.
1. Homo enim, ut talis, est subiectum experientiae transcendentalis, quae nihil aliud est quam receptio Revelationis sub forma athematica et praeconscia. Ergo revelatio divina non apparet sicut particulare donum a Deo concessum, sed sicut dimensio permanens et universalis omnis hominis.
2. Praeterea, homo est spiritus qui se transcendit in Deum, et gratia est actuatio naturae et modus essendi hominis atque omnis hominis. Ergo gratia non videtur esse aliquid naturae superadditum, sed eius dimensio constitutiva.
3. Praeterea, historia divinae Revelationis est coextensiva historiae humanitatis. Ergo non videtur existere differentia essentialis inter ordinem naturalem et ordinem supernaturalem.
4. Praeterea, omnis homo ordinatur ad Deum a priori, semper et per essentiam. Ergo conditio filii Dei videtur identificari cum simplici conditione hominis.
Sed contra est quod docet Apostolus: Quotquot autem receperunt eum, dedit eis potestatem filios Dei fieri (Io 1,12). Ergo filiatio divina non pertinet essentialiter ad hominem ex solo hoc quod homo est, sed est donum receptum.
Respondeo dicendum quod gratia, revelatio et filiatio divina pertinent ad ordinem supernaturalem et consequenter nec identificantur cum natura humana nec ex ea necessario procedunt.
Deus offert homini gratiam et revelationem, sed eas non imponit ut constitutivas suae naturae. Homo vere homo permanet tam ante quam post receptionem gratiae. Propter hoc traditio christiana semper distinxit inter ordinem naturalem et supernaturalem.
Cum autem sustinetur gratiam esse actuationem naturae et modum essendi omnis hominis, experientiam transcendentalem universaliter constituere humanum esse, historiam revelationis coincidere cum historia humanitatis, atque omnem hominem semper et per essentiam ordinari ad Deum in statu gratiae, evanescit distinctio inter naturam et supernaturalitatem.
Tunc supernaturale desinit esse donum a Deo libere concessum et fit exigentia naturae. Gratia iam non elevat hominem, quia ab initio constituit condicionem eius originariam. Revelatio iam non est peculiaris Dei interventio historica, quia necessario omnem conscientiam humanam comitatur. Filiatio divina desinit esse privilegium supernaturale et identificatur cum simplici facto exsistendi ut homo.
Sic gratia, fides, revelatio et supernaturale nomina quidem conservant, sed privantur sensu suo traditionali. Verba manent; mutatur vero contentum.
Unde, si homo ab initio esset in gratia, difficile esset explicare realitatem peccati originalis. Si omnes semper essent ordinati ad Deum per essentiam, aeque difficile esset explicare peccatum, conversionem, necessitatem Ecclesiae et unicam Christi functionem salvificam. Consequenter reductio supernaturalis ad naturale doctrinas fundamentales christianismi profunde alterat.
Ad primum ergo dicendum quod ex eo quod omnis homo naturalem habet aperturam ad Deum, non sequitur quod necessario recipiat revelationem supernaturalem. Aliud enim est capacitas recipiendi revelationem, et aliud possessionem eiusdem actu habere.
Ad secundum dicendum quod gratia perficit naturam, sed cum ea non identificatur. Ipsa enim, quia supernaturalis est, potest hominem supra proprias naturae facultates elevare.
Ad tertium dicendum quod Deus providenter operatur in tota historia humana; ex hoc tamen non sequitur quod tota historia humana formaliter sit historia revelationis supernaturalis. Revelatio enim proprium et gratuitum characterem possidet.
Ad quartum dicendum quod omnis homo naturaliter ordinatur ad Deum sicut ad causam et finem ultimum; filiatio tamen divina ad ordinem superiorem pertinet. Unde esse hominem et esse filium Dei non sunt idem. Haec enim secunda conditio supponit donum Dei quod exigentias naturae humanae excedit.
JG
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