jueves, 1 de octubre de 2026

El Papa visita a luteranos

¿Es posible hablar de comunión eucarística entre católicos y luteranos sin antes aclarar qué significa realmente la presencia de Cristo en el pan y en el vino? ¿No se corre el riesgo de convertir la intercomunión en una ficción ofensiva al mismo Señor? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli analiza las palabras del papa Francisco en su visita a la comunidad luterana de Roma y muestra cómo, aunque compartimos valores comunes y la esperanza de la unidad escatológica, persisten diferencias decisivas sobre la Eucaristía. ¿Qué quiso decir Jesús con el “esto es mi cuerpo”? ¿No es urgente redescubrir la verdad de la transubstanciación y del sacerdocio para que la Cena del Señor sea vivida en plena comunión? Mientras tanto, ¿no deberíamos unirnos allí donde ya estamos de acuerdo, en la caridad, en la justicia y en el servicio a los pobres, esperando con paciencia la obra del Espíritu Santo? [En la imagen: fragmento de "Retrato de Martín Lutero", óleo sobre lienzo, 1529, obra de Lucas Cranach El Viejo, conservado en la iglesia parroquial evangélica luterana de Santa Ana, en Augsburgo, Alemani].

El papa Francisco en visita a los luteranos
y la conmemoración de la Cena del Señor

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 18 de noviembre de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/il-santo-padre-francesco-in-visita-dai-luterani-e-la-commemorazione-della-cena-del-signore/)

El 15 de noviembre de 2015, a una pregunta sobre la Comunión Eucarística que le ha sido dirigida por una Señora durante el encuentro informal en la Comunidad luterana evangélica de Roma, el papa Francisco respondió: "La pregunta sobre el hecho de compartir la Cena del Señor para mí no es fácil responderla, sobre todo ante a un teólogo como el cardenal Kasper. ¡Me da miedo! Pienso que el Señor cuando nos dio este mandato nos dijo: 'Haced esto en memoria mía'. Y cuando compartimos la Cena del Señor, recordamos e imitamos, hacemos lo mismo que hizo el Señor Jesús. Sí que habrá una Cena del Señor, habrá un banquete final en la Nueva Jerusalén, pero será lo último. En cambio en el camino me pregunto -y no sé cómo responder, pero su pregunta la hago mía-: compartir la Cena del Señor, ¿es el final de un camino o es el viático para caminar juntos? Dejo la pregunta a los teólogos, a los que entienden".
El Santo Padre hizo la visita a la Comunidad luterana evangélica de Roma el 15 de noviembre pasado ¹ e insinuó el significado que tiene para nosotros los cristianos la conmemoración ritual de la Última Cena del Señor, instando a los presentes a una profundización y clarificación de las palabras pronunciadas por el Señor sobre el pan y sobre el vino, y formulando la esperanza de que un día todos los cristianos, superadas las actuales divisiones, puedan, sobre la base de los actuales valores comunes, a partir del Bautismo, recordar y vivir en perfecta y plena comunión entre sí este acontecimiento fundamental de la vida de Cristo y como consecuencia de nuestra salvación.
Tratándose de un encuentro ecuménico ocasional e informal, el Papa obviamente ni siquiera ha mencionado el dogma católico de la Eucaristía, acerca del cual todavía está en curso la discusión, la tratativa y la investigación ecuménica de los expertos, en la cual el Papa no ha querido entrar. El Papa se ha limitado a recordar que nosotros, los católicos, concordamos con los luteranos en el reconocer que en el momento en el cual el ministro del servicio litúrgico repite las palabras del Señor sobre el pan y sobre el vino narradas por los Evangelios, la fe de todos nosotros, cristianos, es que Jesucristo glorioso está realmente presente en la comunidad celebrante con la ofrenda de su gracia.
Esta verdad de fe compartida por todos, como ha dado a entender claramente el Papa, es una de las bases del diálogo y del confronte que, bajo la asistencia del Espíritu Santo, en una caridad sincera y espíritu de reconciliación en la diversidad, debe conducir a la unidad escatológica de un solo rebaño bajo un solo pastor.
Como todos sabemos, Lutero, oponiéndose a la interpretación dogmática tradicional de la Iglesia, negó que Cristo, después de las palabras "esto es mi cuerpo", entendiera decir que eso, lo que tenía entre sus manos no era ya pan, aunque mantuviera la semblanza del pan, sino que era precisamente real y sustancialmente su cuerpo. Lutero creía que se trataba de una falsa interpretación y que hasta entonces la Iglesia se hubiera equivocado. Por ello, Lutero pensó haber encontrado la verdad, interpretando las palabras de Cristo en el sentido de que Él estaría presente en el pan, como si hubiera dicho: "Yo estoy en este pan", formulando así el concepto de presencia "en-con-y-bajo las especies del pan y del vino". Sin embargo, esto no corresponde en absoluto con lo que verdaderamente y textualmente ha dicho Jesús.
Ni siquiera Jesús, con la palabra "esto" (τοῦτο, en griego, de οὗτος, αὕτη, τοῦτο, "esto", que corresponde al latín hoc), ha entendido decir "este pan", porque se trata de un neutro, o sea "esta cosa", "esta sustancia" en sentido genérico, como que pueda referirse indiferentemente o conjuntamente al pan y al cuerpo, porque es el momento en el cual el pan se está transubstanciando en el cuerpo. Por otra parte, es imposible que Jesús haya querido decir: "este pan es mi cuerpo", porque sería una absurdidad: ninguna cosa puede ser una determinada cosa y simultáneamente ser otra cosa. Toda cosa tiene su propia identidad y excluye todas las otras diferentes de ella. En cambio, a Lutero le parecía absurdo que el pan se convirtiera en la sustancia del cuerpo de Cristo conservando los accidentes o semblanza o "especies" propias del pan. En efecto, Lutero no tuvo en cuenta el hecho de que entre los accidentes y la sustancia del ente creado existe una distinción real, y por lo tanto una separabilidad de principio, por lo cual, aunque de hecho nunca ocurre en la naturaleza que existan los accidentes sin su sustancia o una sustancia sin sus accidentes, si Lutero hubiera tenido presente la mencionada separabilidad, no habría tenido dificultad en permanecer fiel al dogma y se habría dado cuenta de que no era la Iglesia la que se equivocaba, sino él.
Ahora bien, el ecumenismo indudablemente va en busca de lo que nosotros los católicos tenemos en común con los luteranos. Sin embargo, nosotros los católicos no podemos contentarnos y detenernos, como cree erróneamente Rahner ², en las constataciones de las verdades, por más bellas y consoladoras que sean, resultantes o derivadas de los acuerdos ecuménicos, como si con ello nuestros deberes hacia los hermanos luteranos y los de ellos hacia Cristo y hacia nosotros se hubieran terminado, como si no hubiera para nosotros los católicos nada más que hacer y la unidad se hubiera ya conseguido, sino que, sobre la base de los valores comunes, nosotros los católicos debemos encontrar con ellos y a su servicio, los caminos, los tiempos, los lugares, los modos y los métodos caritativos, prudentes, humildes, firmes, perseverantes, pacientes, persuasivos, para conducirlos y prepararlos gradualmente a redescubrir las verdades perdidas y entre ellas está la correcta interpretación de la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, y por lo tanto la verdad de la Misa en la Última Cena por parte del Señor.
El poder conmemorar juntos, católicos y luteranos, la Cena del Señor, es ciertamente una cosa bella y sumamente deseable. Pero si por ahora no estamos de acuerdo acerca de aquello que hace y dice el presidente o ministro de la asamblea, y acerca de aquello que Cristo hace suceder en ese momento, ¿qué sentido puede tener una asamblea como la que algunos llaman con grave ligereza "intercomunión"? ¿Cuál comunión donde existe la división? Unámonos donde podamos estar unidos, es decir, donde tengamos la misma fe. Si uno considera falso aquello que el otro cree verdadero y viceversa, ¿qué sentido puede tener reunirse sobre una base semejante? ¿Se puede hacer comunión sobre una determinada cosa, cuando nos acusamos recíprocamente de estar en lo falso precisamente en referencia a esa determinada cosa, es decir, sobre la base del desacuerdo sobre cuál es la verdad de fe en juego o sobre el sentido de las palabras de Cristo? Acordemos por ahora dónde es posible estar de acuerdo. No forcemos las cosas. Pretender más, sería ficción o comedia, al fin y al cabo, ofensiva de ese Cristo al que todos amamos. Acostumbrémonos a esperar, mientras obramos lo posible. "Soportémonos unos a otros con amor" (Ef 4,2).
No nos adelantemos a los tiempos, avancemos por allí donde se abre, en la "diversidad reconciliada", en el testimonio y en la búsqueda de la verdad, en ese grado de comunión, que por ahora nos está permitido, en el respeto, en el perdón y en la corrección recíprocos, entregándonos a las obras de la justicia y de la caridad, sobre todo en la atención a los pobres, a los necesitados y a los que sufren, sin estancamientos, pero también sin prisa, sin ilusiones, pero también sin perder el ánimo, dedicados a la oración y pidiendo luz a la Palabra de Dios.
Estas son las sugerencias, los estímulos y las ideas que nos llegan o nos pueden llegar de las palabras del Santo Padre. Acojámoslas con confianza, y dejémoslas fructificar, abiertos a los impulsos imprevisibles y vivificantes del Espíritu Santo.

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 17 de noviembre de 2015

² Rahner expone su tesis en el libro Unione delle Chiese. Possibilità reale, Editrice Morcelliana, Brescia 1986.

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum sit possibilis communio eucharistica inter catholicos et Lutheranos
ante plenam unitatem in fide de Eucharistia

Ad hoc sic proceditur. Videtur quod sit possibilis.
1. Quia Papa Franciscus, in visitatione ad communitatem Lutheranam Romae, commemoravit omnes Christianos communicare fidem in praesentia Christi gloriosi in communitate celebrante, et ideo videtur legitimum simul participare in Cena Domini. Tenetur quod communio visibilis esset signum spei et fraternitatis, etiamsi plena concordia doctrinalis nondum adsit.
2. Praeterea, commemoratio Ultimae Cenae est eventus fundamentalis vitae Christi, et esset testimonium unitatis quod catholici et Lutherani eam simul celebrarent, ostendentes divisionem non impedire posse communem recordationem salutis.
3. Item, oecumenismus quaerit ea quae communia habemus, et si iam communicamus Baptismum et fidem in Christum, videtur quod communio eucharistica esset gradus naturalis ad unitatem, viaticum ad simul iter faciendum.
4. Denique, caritas et reconciliatio requirunt gestus concretos communionis, et intercommunio posset esse testimonium amoris et fraternitatis, etiamsi differentiae theologicae maneant. Arguitur quod praxis communis potest praecedere plenam concordiam doctrinalem.

Sed contra est quod dicit Apostolus: “Unus panis, unum corpus multi sumus, omnes qui de uno pane participamus” (1 Cor 10,17). Et Concilium Tridentinum docet transsubstantiationem panis et vini in corpus et sanguinem Christi esse veritatem fidei. Et Augustinus monet: “Nemo manducat carnem nisi prius adoraverit” (Enarrationes in Psalmos, 98).

Respondeo dicendum quod communio eucharistica requirit plenam unitatem in fide de Eucharistia, quia non potest esse communio ubi est divisio circa veritatem fidei. Intercommunio, dum persistit dissensio circa hoc punctum essentiale, esset fictio et comoedia Christi iniuriosa. Error Lutheri fuit negare transsubstantiationem et interpretari verba Christi quasi dixisset “ego sum in hoc pane”, formans praesentiam “in, cum et sub speciebus”. Sed Iesus, dicens “hoc est corpus meum”, non referebat ad panem, sed ad substantiam quae illo momento transsubstantiabatur in corpus suum. Ecclesia docet inter substantiam et accidentia esse distinctionem realem, et ideo possibile est panem species retinere dum substantia convertitur in corpus Christi. Oecumenismus debet progredi in iis quae iam communicantur, in caritate, in iustitia et in servitio pauperum, patienter exspectans opus Spiritus Sancti, sed sine vi ad communionem quae nondum exstat. Auctor monet quod plus praetendere esset fictio et comoedia, et quod vera spes consistit in eo quod nos uniamur ubi iam unitas est, invicem nos tolerantes in caritate, orationi et veritatis inquisitioni deditos.

Ad primum ergo dicendum quod praesentia Christi in communitate celebrante est veritas communis, sed non sufficit ad communionem eucharisticam, quia deest unitas in fide de transsubstantiatione. Communio requirit concordiam circa id quod fit in momento consecrationis.
Ad secundum dicendum quod commemoratio Ultimae Cenae est quidem fundamentalis, sed non potest communiter celebrari si negatur veritas eius quod Christus tunc fecit. Memoria sine veritate esset fallax et nociva.
Ad tertium dicendum quod Baptismus et fides in Christum sunt fundamentum unitatis, sed Eucharistia est sacramentum plenae communionis, et ideo requirit concordiam doctrinalem. Non sufficit communicare valores communes, sed necesse est communicare eandem fidem de Eucharistia et de sacerdotio.
Ad quartum dicendum quod caritas et reconciliatio gestus concretos requirunt, sed non possunt fundari in errore. Intercommunio sine unitate in fide esset fallax et nociva. Verum testimonium amoris consistit in exspectatione, invicem nos tolerantes patienter, et simul operantes in iis quae iam nos uniunt, dum plenam veritatem quaerimus.
   
JG

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