viernes, 11 de septiembre de 2026

El misterio trinitario y la creación. El Dios creador y el Dios trinitario (1/2)

Presentamos aquí, en traducción al español, el artículo publicado días atrás por el padre Giovanni Cavalcoli, en que se examina críticamente el reciente documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la creación y la Trinidad. ¿Qué significa hablar de “ontología trinitaria”? ¿No se corre el riesgo de confundir al Dios Uno con el Dios Trino y caer en el panteísmo? ¿Cómo distinguir la naturaleza de la persona en Dios y evitar que la Trinidad se convierta en un absurdo? El texto del docto teólogo dominico muestra que la Trinidad no crea como tal, sino que perfecciona el mundo ya creado, y que sólo la Eucaristía contiene realmente a Cristo, mientras el Evangelio transmite su doctrina. Se advierte contra las visiones holísticas y monistas que divinizan el mundo y se subraya la independencia absoluta de Dios respecto del mundo, recordando que la Trinidad dona la gracia, pero no confundir donar con crear. [En la imagen: fragmento de "La creación del mundo y la expulsión del paraíso", óleo sobre tablas, 1445, obra de Giovanni di Paolo, de la colección del Museo Metropolitano de Arte, Manhattan, New York].

El misterio trinitario y la creación
El Dios creador y el Dios Trinitario

Primera Parte (1/2)

(Traducción de la primera parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicada en su blog el 7 de septiembre de 2026. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-mistero-trinitario-e-la-creazione-il.html)

Omnia disposuisti in numero, pondere et mensura  
Sab 11,20

Luces y sombras

La Comisión Teológica Internacional ha publicado recientemente un documento titulado "Cuidar de nuestra casa común: una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinitario" ¹. Este documento afronta y desarrolla oportunamente algunos grandes temas de teología dogmática, en torno a los cuales es posible encontrar en la publicística actual concepciones que no corresponden a una correcta visión de las cosas y a los datos de la fe cristiana, por lo cual constituye un oportuno llamado a una más plena fidelidad a la sana doctrina.
Esta obra de clarificación, rica en motivos y en sugerencias, sin embargo, deja algunos puntos no aclarados y que pueden ser malinterpretados, favoreciendo aquel panteísmo o panenteísmo que el documento justamente pretende evitar. Entre otras cosas, no aclara siquiera la diferencia entre panteísmo y panenteísmo. Digamos que mientras tanto una como la otra visión excluyen un mundo externo a Dios, la diferencia entre ellas está en el hecho de que mientras para el panteísmo todo y cada cosa es Dios, en el panenteísmo todo y cada cosa está en Dios.
La Escritura dice ciertamente que Dios es todo (Sir 43,27), en el sentido de que Él es todas las perfecciones en la unidad simplicísima de su esencia, pero esto no quiere decir que todo o cada cosa sea Dios, o que exista un todo dado por la suma del mundo con Dios, o que Dios no pueda existir sin el mundo.
Es necesario decir asimismo con pesar que en un tema donde la metafísica utilizada por la dogmática trinitaria da la más alta prueba de sí, se nota un uso insuficiente precisamente de aquellas nociones metafísicas y dogmáticas que nos permiten ilustrar del mejor modo el contenido del dogma y corregir los errores monistas y panteístas hoy en circulación, estableciendo el verdadero teísmo y por tanto una clara distinción entre Dios y el mundo, entre persona humana y persona divina, entre pensamiento divino y pensamiento humano, entre obrar divino y obrar humano, aunque en el recogerse de todas las cosas en unidad, unidas por la unitrina Unidad.
Esto nos remite a una exigencia teórica particularmente sentida hoy por los espíritus más exigentes, más pensativos y afectivos, y al mismo tiempo exigencia filosófica y moral antiquísima, que se encuentra ya en Parménides y en Plotino en Occidente y en el brahmanismo en Oriente, exigencia teórica relativa a la unidad del todo. Es la necesidad al mismo tiempo de la unidad de la totalidad. Ella no carece de consecuencias morales, porque induce a concebir el yo no como una singularidad distinta del Unotodo, sino como el concentrarse en el propio yo empírico de la unidad del Unotodo, de donde la posibilidad del yo a su vez de expandirse hasta las dimensiones del Unotodo, que corresponden al horizonte último de la autotrascendencia del yo. No es difícil ver las consecuencias de absoluto egocentrismo panteísta que nacen de una semejante visión de la realidad.
Viene entonces del todo espontáneo conectar esta exigencia con el tema tratado por la Comisión, porque es claro que la necesidad de unitotalidad está plenamente satisfecha por la doctrina cristiana del mundo en cuanto asumido y elevado gracias a la vida de la Santísima Trinidad, pero a condición de que mantengamos las distinciones ontológicas y conceptuales entre Dios Uno, Dios Trino y mundo, para no crear un embrollo trascendental, donde todo se confunde con todo, como el famoso Absoluto de Schelling.
Por desgracia el documento descuida completamente tomar en consideración esta temática llamada por algunos «holística» y que conduce al monismo, por lo cual se llega a afirmar que todo es uno. Se llega al panteísmo. Un ejemplo clamoroso, a nivel popular, de este fenómeno ha sido el movimiento New Age, que estuvo de moda hace algunas décadas, pero que hoy reaparece con intentos teóricos en la filosofía del ser de Emanuele Severino.
De esta necesidad holística, que nace de la necesidad de conciliar el uno con los muchos, ha surgido el concepto del «uno-todo» o de la «unitotalidad» (sveedinstvo) de Vladimir Soloviev. Análoga exigencia de absoluta unidad del todo y de cada cosa en el todo se encuentra en Hegel, con su concepto de la totalidad (Ganzheit o Totalität), que algunos traducen con «Entero». También la metafísica y teología de Bontadini está en esta línea.
Sorprende cómo el documento no cite estos nombres hoy muy conocidos en todos aquellos ambientes, incluso juveniles, que sienten una necesidad o un deseo de unidad y de totalidad, de absoluto y la seriedad de estas temáticas.

Falta de algunas nociones y distinciones metafísicas

En el documento se advierte directa o indirectamente la falta o el malentendido de algunas nociones y distinciones metafísicas indispensables para tratar convenientemente esta materia delicadísima y elevadísima. En él no aparece subyacente una clara noción de la analogía del ente, que es la que permite distinguir al creador de la criatura, notando al mismo tiempo cómo la criatura es imagen y semejanza de aquel. Es decir, no parecen estar subentendidas la noción del ente como id quod habet esse, o sea como compuesto de sujeto, esencia y ser, la distinción entre el ser por participación y el ser por esencia, así como entre la sustancia y el accidente, de la cual se sigue la distinción entre el ser inherente y el ser subsistente, entre la relación inherente y la relación subsistente.
No digo que estas nociones hubieran debido ser explícitamente citadas, porque es claro que el documento habría asumido una exagerada longitud. Digo solo que, leyéndolo, en varios lugares trasluce la ausencia de tales nociones, cosa que provoca algunos equívocos que intentaré disipar, equívocos que en cambio no se generan cuando aquellas nociones son empleadas. Estas distinciones son necesarias para distinguir la naturaleza de la persona en Dios y en el hombre, la obra divina creadora y la obra redentora, la distinción entre la relación con el mundo de Dios creador y de Dios Trino.

La ontología trinitaria

Es necesario decir ante todo, como ya he demostrado en mis escritos precedentes, que el uso de la expresión «ontología trinitaria» es absolutamente desaconsejable. La noción, como es sabido, fue elaborada en la segunda mitad del siglo pasado por Klaus Hemmerle y divulgada en Italia por Piero Coda. Ella comporta el proyecto de una metafísica que sería perfeccionada por el aporte que proviene del conocimiento del misterio trinitario, como si el contenido de este misterio, esencialmente sobrenatural y supra-racional, revelado por Cristo, y por tanto objeto de fe, pudiera convertirse en un contenido de la metafísica, cuyo objeto, el ente, es simple objeto de la razón.
La revelación que Cristo nos ha hecho del misterio trinitario no ha tenido el propósito de enseñarnos una noción más elevada del ente, una ontología más elevada. Cristo no ha querido perfeccionar la metafísica o nuestra noción del ente, sino que nos ha permitido fundar una ciencia teológica superior a la simple teología natural, es decir, el tratado de la Santísima Trinidad, como manifestación de un amor, de una sabiduría y de una misericordia superiores de Dios Padre hacia nosotros para hacernos hijos de Dios, movidos por el Espíritu Santo y herederos de la vida eterna.
La Santísima Trinidad no nos da una nueva y más elevada noción del ente, sino una noción más alta de Dios. Ahora bien, Dios no es el ente, sino que es el ente primero, supremo, infinito, necesario, inmutable, eterno y absoluto. El ente es simplemente aquello que existe de cualquier modo, posible o actual. Una cosa es el ente como ente y otra cosa es el ente trinitario. Identificar el uno con el otro significa confundir el ente con el ente divino, significa caer en el panteísmo.
La operación de Hemmerle no es nueva, sino que ya fue intentada en el siglo XIX por los teólogos Günther, Hermes y Frohschammer, luego censurados por el Beato Pío IX, los cuales creían que era posible utilizar la dialéctica de Hegel para interpretar el misterio trinitario. De esto en efecto se trata también en el caso de Hemmerle, con la diferencia de que mientras los tres teólogos mencionados pretendían construir una teología dogmática, Hemmerle hace lo inverso, es decir, pretende construir una metafísica racionalizando nociones de fe, como son aquellas que entran en juego en la comprensión del misterio trinitario. Pero siempre se trata de racionalismo, sea que se quiera elevar la razón a lo que sólo la fe puede comprender (Hemmerle), sea que se rebaje la verdad de fe al nivel de la razón (los tres del siglo XIX); en todo caso el patrocinador de esta profanación de la fe es el mismo Hegel.
Es necesario decir entonces que la expresión «ontología trinitaria» es una contradictio in terminis, porque mientras «ontología» indica una ciencia racional y natural, el adjetivo «trinitario» indica un saber sobrenatural, de fe, aquel saber basado en la fe que es la teología dogmática. En efecto, la simple metafísica, que tiene su culmen en la teología natural, conoce sólo al Dios Uno, conocido también por las otras religiones monoteístas. En efecto, la teología natural demuestra que Dios es la causa primera de todo ente finito y contingente, y sabe que Él es el ente supremo; pero no sabe nada del Dios Trino, objeto de la divina revelación. Jamás la mente humana con sus solas fuerzas habría sabido que Dios es Trino, si no lo hubiera revelado Jesucristo.
Los vestigios o sombras de la Trinidad en los entes creados, es decir, las tríadas mundanas de las cuales hablan san Agustín y san Buenaventura, como por ejemplo el número, el peso y la medida (Pro 20,10), o el esse, nosse et velle de san Agustín, no deben entenderse como efectos en lo creado de las tres Personas divinas, o como si ellas fueran un constitutivo o un complemento del ente mundano. Habrían juzgado una blasfemia un pensamiento semejante. Ellos en cambio querían decir que, una vez acogido en la fe el misterio trinitario, absolutamente inalcanzable por cualquier ontología y por las fuerzas de la sola razón, es posible y útil rastrear en la naturaleza y en sus formas triádicas un dato que eleva la mente por encima de todo lo creado, a la contemplación del Misterio, puesto que sigue siendo verdad que aquel Dios que ha creado el mundo es ese mismo Dios Trino que lo santifica y lo salva.
Se puede y se debe decir que Dios es trinitario, pero no que el ente es trinitario. Decir trinitario significa ser en tres Personas divinas. Pero el ente no es en tres Personas divinas. El ente es simplemente aquello que existe, sea divino o mundano. No se debe confundir el ente con el ente divino. El ente concierne a Dios y al mundo. Dios no es el mundo, sino el creador del mundo. Dios no es el ente, sino un ente, el ente primero y supremo. El mundo no es Dios, sino que es creado por Dios. Si se confunde el ente con el ente divino se confunde a Dios con el mundo y tenemos el panteísmo. La ontología trinitaria niega la creación, mundaniza el misterio trinitario y diviniza el mundo.

El Espíritu en el mundo

Envías tu Espíritu, son creados
y renuevas la faz de la tierra
Sal 104,30

El tema del documento es la presencia de la Santísima Trinidad en lo creado y nuestra relación con la naturaleza vivificada y elevada por la presencia del Dios Trinitario. El cristiano no ve en el mundo la simple presencia de Dios, como podría hacer el judío o el musulmán, sino la presencia del Dios Trinitario. Pero esto no justifica en absoluto la idea de una ontología trinitaria. No es el ente como tal el que puede ser trinitario, sino el ente sumo y supremo, que luego es Dios mismo. Así, el Dios cristiano no es sólo un Dios que crea, sino un Dios que engendra un Dios Hijo y que hace proceder de Sí un Dios Espíritu, permaneciendo único Dios.
El ser Padre evidencia máximamente la personalidad divina haciendo pensar por analogía en la paternidad terrena y en sus propias virtudes de principialidad, fundamentalidad, originariedad, superioridad, señorío, potencia, providencia, justicia y misericordia. Todo tiene principio, origen, sostén y fundamento en el Padre. Todo irradia y proviene del Padre. Todo está recogido en unidad y es conducido al Padre por el Padre.
El Hijo es la Mente ideadora de Dios, la Razón de ser, el motivo y el porqué de todas las cosas. Cuando san Juan dice que «todo ha sido hecho por medio de Él» (Jn 1,3) se refiere al Verbo, al Logos, pero no como si fuera un medio o un instrumento o un mediador del cual Dios Padre se hubiera servido para crear el mundo. En efecto, la producción divina no necesita como nosotros de ningún medio o instrumento, sino que acontece por un simple acto de la voluntad divina.
Aquella expresión «di’ autú» (en la Biblia Vulgata: per ipsum) indica el Pensamiento o Concepto del Padre, la Idea productora divina como Modelo y Ejemplar supremo de todas las cosas, a partir del Cual, en base al Cual, en referencia al Cual, en orden al Cual, mirando al Cual, en vista del Cual, por motivo del Cual, en consideración del Cual, por amor del Cual Dios Padre ha creado todas las cosas.
La presencia del Logos en el mundo es la presencia del Logos Encarnado Jesucristo, cabeza de la Iglesia, su Cuerpo místico, el Pueblo de Dios, que es la presencia mística de Cristo presente en la Iglesia bajo el velo de los sacramentos, primero entre todos la Eucaristía consagrada por el sacerdote alter Christus por la potencia del Espíritu Santo, que es Espíritu vivificante, animador y motor de la Iglesia, Espíritu del amor, de la unión y de la comunión de la Comunidad de los hijos de Dios. Es extraño que el documento no se haya detenido en estas cosas, tan atinentes al tema que se ha propuesto.

La Trinidad como tal no crea el mundo,
sino que perfecciona el mundo que Dios ya ha creado

Es necesario tener presente que la obra de la Trinidad como tal no es una obra creadora, sino una obra perfeccionadora del mundo ya creado por el Dios Uno, por la naturaleza divina. La obra de la Santísima Trinidad, por tanto, presupone como ya realizada la obra creadora, que es obra de la naturaleza divina, no de la persona. El Dios Trinitario es desde la eternidad. El Dios creador ha creado el mundo ab initio temporis, como se expresa el Concilio Lateranense de 1215. El Dios Redentor ha venido al mundo en la plenitud de los tiempos, es decir, hace 2000 años, a revelarnos el Misterio Trinitario.
No se debe confundir al Dios Uno con el Dios Trino. Es verdad que Dios es la Santísima Trinidad, en el sentido de que aquel mismo Dios, que es uno, es también trino. Pero la naturaleza divina (fysis, usia) no es la persona divina (hypostasis, prosopon), aunque sea verdad que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu es Dios. Sin embargo, decir naturaleza significa decir sustancia. Decir persona divina significa decir relación subsistente, relación que de por sí sería un accidente de la sustancia, y tal es en la criatura, pero en Dios es subsistente.
Recuerdo además que la existencia de Dios desde siempre es conocida por el hombre. El Dios Trinitario en cambio se ha revelado sólo con la venida de Cristo al mundo. Se puede y se debe ciertamente decir que la Santísima Trinidad es creadora, pero no en cuanto Trinidad, sino en cuanto Ella es Dios. En suma, no es la Persona la que crea, sino la Naturaleza. La Persona dona otra Persona: el Padre nos dona al Hijo y Este nos dona al Espíritu. Muchísimos hombres saben que Dios existe, pero si no saben que es Trino, no por eso son idólatras. Nos preguntamos entonces: ¿distingue adecuadamente el documento la persona de la naturaleza? Si no se distingue persona y naturaleza la Trinidad se convierte en un absurdo y tiene razón entonces el Corán al reprocharnos decir que Dios es al mismo tiempo uno y tres y de debatirnos entre el monoteísmo y el politeísmo.
Es necesario además prestar atención a la diferencia que hay entre lo que la Trinidad hace en su interior (opus ad intra), es decir, las procesiones divinas, y lo que hace fuera de sí (opus ad extra), es decir, enviando al Hijo y al Espíritu al mundo para salvar y gobernar el mundo y para conducirlo a la santidad. La Trinidad envía al Hijo al mundo libremente, no por esencia, en cuanto Trinidad. En cuanto tal, Ella solamente engendra al Hijo y hace proceder al Espíritu en su interior.
Así como Dios uno es ya perfecto en sí mismo, incluso sin el mundo, de modo que habría podido perfectamente existir solo también sin crear el mundo, así también la Trinidad, que es Dios mismo, no necesita del mundo para ser ella misma, sino que existiría incluso si el mundo no existiera. Dios no crea por esencia, sino, como enseña el Concilio Vaticano I, «liberrimo consilio».
El mundo es relativo a Dios, pero Dios no es relativo al mundo. Dios ciertamente es Amor, pero no necesariamente amor por el mundo, sino que es necesariamente Amor de Sí. No parece que el documento, demasiado preocupado por subrayar el amor de Dios por nosotros, aclare suficientemente esta independencia de Dios respecto del mundo.
La Trinidad dona al mundo la gracia de la salvación y de la glorificación. El Padre nos dona al Hijo y al Espíritu Santo. No se debe confundir el donar con el crear. El crear es producir el ente de la nada. El donar supone ya existente la persona a la cual Dios hace el don y es un acto de amor con el cual Dios dona al hombre la vida sobrenatural de la gracia.

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 4 de septiembre de 2026

Notas

¹ Comisión Teológica Internacional: “Prendersi cura della nostra Casa comune”: Risposta responsabile e fraterna al Dio trinitario. Véase https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_doc_20260821_prendersi-cura-casa-comune_it.html

_________________________


Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Trinitas ut sic mundum creet vel perficiat

Ad hoc sic procediturVidetur quod Trinitas ut sic mundum creet.
1. Quia dicitur quod Deus est Sanctissima Trinitas, et ideo videtur quod opus creationis sit opus Trinitatis ut Trinitatis. Si Pater, Filius et Spiritus sunt Deus, et unusquisque est creator, videtur quod Trinitas ut sic sit creatrix.
2. Praeterea, mundus vivificatur et elevatur per praesentiam Dei Trinitarii; ergo videtur quod ipsa Trinitas sit principium creatorium mundi.
3. Item, si Trinitas donat mundo gratiam et salutem, videtur quod etiam donet ipsum esse, id est, creet.
4. Denique, si documentum instat de amore Dei pro mundo, videtur quod Trinitas indigeat mundo ut sit ipsa, et ideo eum creet per essentiam.

Sed contra est quod docet Concilium Lateranense anno 1215: Deus creavit mundum ab initio temporis. Et Concilium Vaticanum I affirmat quod Deus creat «liberrimo consilio», non ex necessitate sui esse trinitarii. Traditio patristica docet creationem esse opus naturae divinae, non personarum, et confundere ens cum ente divino esse cadere in pantheismum.

Respondeo dicendum quod opus Trinitatis ut sic non est creativum, sed perfectivum mundi iam creati a Deo Uno. Trinitas praesupponit opus creationis, quod est opus naturae divinae, non personae. Deus Trinitarius est ab aeterno, Deus creator creavit mundum in principio temporis, et Deus Redemptor venit in plenitudine temporum ad revelandum nobis mysterium trinitarium. Non est confundendum Deus Unus cum Deo Trino, nec natura cum persona. Natura significat substantiam, persona significat relationem subsistentem. Trinitas donat mundo gratiam salutis et glorificationis, sed non est confundendum donare cum creare. Creare est producere ens ex nihilo; donare supponit iam existentem personam cui donum fit. Sic Trinitas perficit et elevat mundum, sed non eum creat ut sic. Mundus est relativus ad Deum, sed Deus non est relativus ad mundum; Deus est Amor sui et non indiget mundo ut sit Deus.

Ad primum dicendum quod verum est Deum esse Sanctissimam Trinitatem, sed creatio pertinet ad naturam divinam, non ad Trinitatem ut Trinitatem. Unaquaeque persona est creatrix in quantum participat eandem naturam, non in quantum persona.
Ad secundum dicendum quod praesentia Dei Trinitarii in mundo vivificat et elevat, sed praesupponit quod mundus iam creatus sit a Deo Uno. Trinitas perficit creatum, non producit ex nihilo.
Ad tertium dicendum quod Trinitas donat gratiam et vitam supernaturalem, sed non donat ipsum esse. Donare est actus amoris qui supponit existentiam destinatarii; creare est producere ens ex nihilo. Confundere haec duo est error qui obscurat doctrinam.
Ad quartum dicendum quod amor Dei pro mundo non significat quod Deus indigeat mundo ut sit Deus. Deus est perfectus in seipso, etiam sine mundo. Trinitas existeret etiamsi mundus non existeret. Ergo creatio non est opus Trinitatis ut sic, sed naturae divinae, et Trinitas perficit et glorificat creatum.
   
JG

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