jueves, 10 de septiembre de 2026

El contenido del Evangelio según el Papa

Hace cinco años atrás, el papa Francisco afirmó: “el contenido del Evangelio no es una idea ni una doctrina, sino que es Jesús”. Esta breve nota del padre Giovanni Cavalcoli analiza aquella frase del Santo Padre. ¿Debe entenderse literalmente esta frase, como si el Evangelio contuviera físicamente a Cristo? ¿No sería esto caer en un existencialismo nominalista que confunde palabras con realidades? ¿Qué diferencia existe entre el Evangelio como libro de doctrina y la Eucaristía como presencia real de Cristo? La explicación no es difícil: la intención del Papa es subrayar que la doctrina evangélica está ordenada al encuentro existencial y sacramental con Cristo, y que conocer el Evangelio sin vivirlo sería vano. Se recuerda que el Evangelio conduce a la Eucaristía y que el Papa, como maestro supremo, custodia la doctrina para que el pueblo de Dios no se encierre en conceptos abstractos, sino que alcance la comunión viva con el Señor. [En la imagen: fragmento de "Cristo Pantocrátor", el icono más antiguo conocido de Cristo Pantocrátor, encaustico sobre panel, del siglo VI, conservado en el Monasterio de Santa Catalina, en Monte Sinaí, Egipto].

El contenido del Evangelio según el Papa

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 15 de marzo de 2021 en su propio blog. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-contenuto-del-vangelo-secondo-il-papa.html)

Nota explicativa acerca de una frase del Santo Padre

En la homilía de la Misa en San Pedro para la Comunidad Filipina del pasado 14 de marzo, el Papa ha afirmado que "el contenido del Evangelio no es una idea ni una doctrina, sino que es Jesús". ¿Qué ha  intentado decir?
A primera vista, en efecto, esta afirmación parecería ser la expresión de una gnoseología existencialista similar o del tipo de aquella de Guillermo de Ockham o de Heidegger, para los cuales el intelecto no capta lo existente mediante contenidos conceptuales o sea mediante doctrinas, que expresan en modo abstracto la esencia de este existente, sino que lo captan directamente, experimentalmente o intuitivamente, eventualmente en modo afectivo, en su concreción existencial.
El pensamiento, en esta concepción, no contendría conceptos, juicios o doctrinas mediante los cuales él se representa lo real externo, sino que el pensamiento se haría presente a sí directamente este real externo en su concreción y singularidad existencial. Por eso, si yo pienso en una persona, yo no la capto mediante un concepto mío de esa persona, sino simplemente haciendo experiencia de esa persona.
Y si esta persona no está directamente presente para mí, porque ha vivido en el pasado, yo no tengo necesidad de conocerla mediante conceptos abstractos y universales, sino que es suficiente que yo, por ejemplo, lea un libro que hable de esa persona, para que el contenido de mi pensamiento sea inmediatamente e intencionalmente esa misma persona.
De hecho, según el existencialismo, no es el concepto, sino el lenguaje lo que captura lo real. Por ejemplo, un libro que habla de Garibaldi ¿se expresa en un lenguaje? Ciertamente. Pues bien, para que yo sepa quién ha sido Garibaldi no es necesario que yo me haga un concepto de Garibaldi, sino que es suficiente que yo lea el libro.
En efecto, según el existencialismo, el libro no contiene un pensamiento o una doctrina sobre Garibaldi, sino que contiene al propio Garibaldi, en el sentido de que, él es atemáticamente alcanzado o experimentado en este conocimiento existencial mediante el simple lenguaje, aunque se trate de una realidad del pasado. Es la teoría nominalista de Ockham ¹, que asigna a las palabras la función gnoseológica de los conceptos, de los cuales, como se sabe, Ockham niega la universalidad.
O bien se puede decir que el existencialista admite sí el pensar, pero para él el pensar no pasa por doctrinas; el pensamiento no contiene conceptos que le permitan tener como contenido lo real, sino que el pensamiento tiene como contenido directamente lo real sin necesidad de la mediación del contenido conceptual.
Ahora bien, debería estar claro que una tal gnoseología es errónea y excesivamente pretenciosa. No es la mente humana la que tiene por contenido directamente lo real, sino la mente divina, la cual, ideadora y creadora de lo real, lo hace presente en sí misma inmediatamente y aprioricamente sin necesidad como nosotros de conocer lo real mediante conceptos obtenidos por abstracción a partir de la experiencia sensible de la realidad externa.
Por consiguiente, un libro escrito por un hombre, aunque se trate puramente, como en el caso del Evangelio, de revelación divina ¿qué hace? No hace más que tratar, mediante conceptos y doctrinas, de la persona de Cristo, refiere a esa persona, hace conocer esa persona, pone en contacto con esa persona, pero no contiene la persona en sí misma, a menos que no reduzca esa persona al concepto de esa persona. Pero entonces se caería en la gnoseología idealista, que reduce el ser al pensamiento o la cosa al concepto de la cosa, como hace Hegel.
Entonces, viniendo ahora al Evangelio, ¿qué es el Evangelio? ¿Un libro que contiene inmediatamente a Jesucristo? No. Un libro, como se ha dicho, contiene conceptos, proposiciones y juicios, contiene pensamientos, que pueden ser recuerdos, relatos, teorías, datos científicos, preceptos, enseñanzas o doctrinas, pero no, no contiene, no puede contener la concreta realidad misma de una concreta persona dada en carne y hueso, así como el vientre de la madre contiene a su propio hijo. Y el Evangelio, que, desde este punto de vista, es un libro como todos los demás, no hace excepción a esta regla del pensar humano y de la comunicación humana.
Por lo tanto, el Evangelio no es una fórmula mágica o espiritista que nos hace aparecer el alma del difunto en cuanto la pronunciamos, sino que es un modestísimo y humilde librito, que contiene una colección de conceptos humanos, los cuales, sin embargo, elevados de significado por el Verbo divino, e interpretados por la Iglesia, si nosotros los ponemos en práctica, nos ponen en contacto existencial y salvífico con nuestro Salvador.
El Evangelio, por consiguiente, contiene el mensaje de Cristo, el relato de la vida de Cristo, las enseñanzas y la doctrina de Cristo y sobre Cristo y el recuerdo de Cristo. Pero no contiene a Cristo como un recipiente concreto y subsistente contiene en su interior otra realidad concreta.
Desde este punto de vista se puede y se debe decir que es el sacramento de la Eucaristía el que realmente contiene a Cristo, cuerpo, sangre, alma y divinidad. Por lo cual, quien hace la Comunión, no se hace un concepto de Cristo, no escucha simplemente la Palabra de Dios, sino que se nutre del mismo Cristo y de la Palabra de Dios hecha carne. Por consiguiente, en la Eucaristía, efecto de la Santa Misa, no solo tenemos una representación conceptual de Cristo como en el Evangelio, sino que tenemos a Cristo realmente presente sobre el altar y entre nosotros.
En efecto, una cosa es el contener intencional o conceptual, propio de un texto literario, o el contenido de pensamiento expresado en un libro, aunque fuera el Evangelio. Y otra cosa es el contener realmente a Cristo, por parte de una realidad sacramental concreta como la Eucaristía, así como una realidad contiene a otra.
Por lo tanto, interpretar las palabras del Papa como si el Papa fuera un existencialista sería totalmente engañoso y profundamente ofensivo para su inteligencia y para su fe, como si el Papa fuera un tonto que no conoce ni siquiera el funcionamiento normal de la inteligencia humana y su relación con la práctica.
Entonces, la correcta interpretación de las palabras del Papa es la siguiente: él ha intentado decir que la doctrina evangélica está dirigida al encuentro existencial con Cristo, que no nos debemos encerrar como los gnósticos dentro de los conceptos, aunque fueran verdades de fe, sin un contacto práctico con la realidad de Cristo, a la que ellos representan y que, por tanto, de nada serviría, y de hecho sería condenable, conocer incluso todo el sistema teológico de santo Tomás de Aquino, si luego no se pusiera en práctica el Evangelio en una afectuosa unión con Cristo y en una sincera dedicación a las necesidades del prójimo.
Por consiguiente, las palabras del Santo Padre no deben tomarse a la letra, literalmente, sino que es necesario comprender lo que ha intentado decir. Él ha querido decir que el Evangelio, por cuanto su conocimiento es necesario y preliminar a la salvación, no es una simple doctrina sobre Cristo o de Cristo. Por tanto, por más sacrosanta que sea la doctrina de Cristo, ella está sólo dirigida al contacto concreto y a la comunión vital y sacramental con Cristo mismo, vivo y presente.
El propósito del Evangelio es conducirnos a la Eucaristía. Esto ha intentado decir el Papa. Él está justamente preocupado que se evite un concepto idealista o gnóstico del Evangelio o del cristianismo, por el cual el pensamiento o la idea, en lugar de proyectarse sobre lo real, gira narcisísticamente sobre sí mismo, un pensamiento o un idea por los cuales la trascendente e infinita realidad de Cristo se reduce y se resuelve en una idea, en un sistema conceptual o en los esquemas abstractos de las ideologías o de las adoctrinamientos y en las imposiciones de los fundamentalismos y de los proselitismos de la soberbia humana.
No hace falta gastar muchas palabras para recordar que el Papa, todo Papa, es el supremo maestro, custodio e intérprete en la tierra de la sagrada doctrina de Cristo, que es la doctrina del Evangelio, y por tanto es censor de las falsas doctrinas, a fin de que el pueblo de Dios que le ha confiado Cristo, sea abundantemente nutrido por la Palabra de Dios y pueda alcanzar los pastos de la vida eterna.

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 15 de marzo de 2021

Notas

¹ Ockham explica cómo el intelecto capta lo real sustituyendo la función representativa del concepto por el concepto entendido como término o palabra o nombre con el cual se designa la cosa misma, que ahora no es alcanzada mediante una representación mental abstracta y universal, sino que es inmediatamente intuida en su concreción existencial en el nombre que la designa. Cf. O.Todisco, G.Duns Scoto e Guglielmo d’Occam. Dall’ontologia alla filosofia del linguaggio, Libreria Universitaria, Cassino 1989, p.122. El enfoque occamista reaparece en la así llamada "filosofía analítica" de la escuela de Oxford en los años '60 del siglo pasado, con la propuesta de sustituir, en el saber teológico, las nociones de la metafísica con la sistematización lógico-gramatical de los términos del lenguaje religioso. Cf. D.Antiseri, Filosofia analitica e semantica del linguaggio religioso, Queriniana, Brescia 1969.

_________________________


Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Evangelium contineat Christum in seipso
vel solum doctrinam eius ad sacramentalem cum Ipso occursum ordinatam

Ad hoc sic procediturVidetur quod Evangelium Christum in seipso contineat.
1. Quia Papa dixit quod contentum Evangelii non est idea nec doctrina, sed est Iesus. Ergo videtur quod Evangelium directe Christum contineat et non solum eius doctrinam.
2. Praeterea, secundum gnoseologiam existentialisticam, cogitatio non indiget conceptibus, sed capit reale per linguam. Ergo Evangelium, ut lingua, immediate Christum contineret, etiam sine mediatione conceptuali.
3. Item, si Evangelium est revelatio divina, videtur quod non limitetur ad conceptus humanos, sed contineat ipsam realitatem Christi, quasi vas quod personam Iesu in se custodit.
4. Denique, si Evangelium nos ponit in contactu cum Christo, videtur quod eum vere contineat, sicut liber qui in se includit praesentiam viventem Domini.

Sed contra est quod Scriptura docet: qui manducat carnem meam et bibit sanguinem meum habet vitam aeternam. Traditio Ecclesiae affirmat Eucharistiam esse quae vere Christum continet, corpus, sanguinem, animam et divinitatem. Patres urgent quod Evangelium doctrinam Christi tradit, sed eum physice non continet. Magisterium docet Evangelium esse Verbum Dei, sed praesentiam realem Christi dari in sacramento.

Respondeo dicendum quod Evangelium Christum in seipso non continet, sed eius nuntium et doctrinam tradit, ad sacramentalem cum Ipso in Eucharistia occursum ordinatam. Evangelium est liber qui continet conceptus, propositiones et iudicia, a Verbo divino elevata et ab Ecclesia interpretata, quae nos ponunt in contactu existentiali et salutifero cum Christo si ea in praxim deducimus. Sed concretam Christi realitatem non continet sicut Eucharistia, quae est sacramentum in quo Christus vere praesens est. Assertio Papae pastorali sensu intellegenda est: Evangelium non est mera doctrina abstracta, sed via ad communionem vivam cum Christo. Propositum Evangelii est nos ad Eucharistiam ducere, vitando conceptum gnosticum vel idealisticum qui Christum ad ideam reducit. Sic vitatur error nominalistarum Ockham et idealistarum Hegel, et affirmatur Evangelium esse Verbum quod ad realitatem sacramentalem remittit.

Ad primum dicendum quod verba Papae non sunt literaliter accipienda, sed in sensu quod Evangelium ad occursum cum Christo ordinatur. Non significat quod Evangelium eum physice contineat, sed quod nos ad eum ducit.
Ad secundum dicendum quod gnoseologia existentialistica falsa est, quia cogitatio humana directe reale capere non potest, sed per conceptus. Solum mens divina immediate reale continet. Ergo Evangelium doctrinas de Christo tradit, sed eum in se non continet.
Ad tertium dicendum quod revelatio divina per verba humana communicatur, quae conceptus et doctrinas exprimunt. Evangelium ad Christum refert et eum cognoscere facit, sed eum physice non continet. Reducere ad vas esset confundere ordinem conceptualem cum ordine sacramentali.
Ad quartum dicendum quod Evangelium nos cum Christo per doctrinam coniungit, sed eum non continet ut vas. Eucharistia est quae vere Christum continet. Ergo Evangelium est via ad Eucharistiam, et finis eius est nos ad sacramentalem communionem cum Christo vivo et praesenti ducere. Interpretare verba Papae quasi existentialismum esset iniuriosum fidei et intelligentiae eius; quod voluit dicere est quod Evangelium non debet manere in conceptibus abstractis, sed nos ducere ad unionem affectuosam cum Christo et ad dedicationem erga proximum.
   
JG

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.