¿La sustancia de la Santa Misa depende de un rito particular o permanece intacta más allá de las formas accidentales? ¿Es el vetus ordo inseparable de la esencia del sacrificio eucarístico, o puede la Iglesia legítimamente variar las modalidades litúrgicas? ¿Qué significa confundir lo contingente con lo esencial en la celebración de los sacramentos? Este texto del padre Giovanni Cavalcoli aborda la distinción entre sustancia y accidentes en la Santa Misa, mostrando que Cristo instituyó de una vez por todas la esencia inmutable del sacrificio, mientras que las formas rituales externas han sido confiadas a la prudencia de la Iglesia. Publicamos la traducción al español de un texto que invita a superar polémicas estériles y a redescubrir la unidad en torno al "mysterium fidei", más allá de las preferencias por la modalidad de la Misa actual y las viejas modalidades.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
miércoles, 5 de agosto de 2026
Sobre la sustancia de la Santa Misa
Sobre la sustancia de la Santa Misa
(Traducción al español del texto del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos, el 27 de marzo de 2015, como nota final a una nota anterior, sobre “católicos tradicionales” y “misa tradicional”. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/sui-cosiddetti-cattolici-tradizionali-e-sulla-messa-tradizionale/ ya traducida y publicada en este blog aquí)
Luigi Bazzorini ¹ es uno de nuestros lectores más críticos. En su última intervención en el blog, sin embargo, ha superado los límites de la decencia, por lo que hemos decidido no publicarlo, no porque nos insultara, siendo ahora estimados como buenos católicos, sino precisamente para la salvaguarda de su honor que estaría algo comprometido si algunas de sus intervenciones insultantes fueran publicadas.
En cambio, consideramos de utilidad para los lectores abordar, con siguiente nota, la cuestión planteada por él: la distinción entre sustancia y accidentes es fundamental no solo en filosofía y en el común buen sentido, sino también en el campo teológico y en el mismo dogma, como por ejemplo ocurre en el dogma de la transubstanciación.
La sustancia de una persona, por ejemplo, es la persona misma en su identidad, Pablo es siempre Pablo desde el nacimiento hasta la muerte.
Los accidentes, en cambio, al menos aquellos contingentes, cambian. Pablo es siempre Pablo, incluso si no tiene ese accidente dado. Los accidentes se refieren a cosas que ora están y ora no están, o sea es aquello por lo cual Pablo cambia: peso, altura, estados de ánimo, sus lugares de residencia, el grado de su educación, la ropa que usa, sus relaciones sociales, el dinero a su disposición, el estar a veces sano y a veces enfermo, un tiempo despierto y un tiempo dormido, etc.
Asimismo, la Santa Misa tiene una constitución fundamental, faltando la cual es inválida; tiene una esencia inmutable instituida por Nuestro Señor Jesucristo, y una forma ritual, convencional, gestual, ceremonial o rubricística exterior y accidental, las modalidades o expresiones del rito, que Cristo ha puesto bajo el poder de la Iglesia para disciplinar las formas accidentales o ceremoniales. de los sacramentos.
Por ejemplo: el altar vuelto o no vuelto hacia el pueblo, la presencia o ausencia de la balaustrada, el Canon Eucarístico en voz alta o voz baja, las lecturas hechas o no hechas por una mujer, mencionar pocas o muchas veces el sacrificio y los ángeles, pocas o muchas genuflexiones, la Comunión en boca o en mano, el idioma latino o el vernáculo, etc... son accidentes externos que no afectan la sustancia.
Así, en cuanto respecta a la Santa Misa como tal, su esencia o sustancia ha sido instituida de una vez por todas por Cristo, por lo cual la Iglesia no tiene ningún poder para cambiarla, sino que la conserva inalterada a lo largo de los siglos con la asistencia del Espíritu Santo.
Sería herético pensar que la Iglesia puede cambiar la sustancia de un sacramento. En cambio, ella puede cambiar ciertos accidentes. De hecho, en lo que respecta al ceremonial o ritual, puede ser modificado al arbitrio de la Iglesia, según las necesidades o las oportunidades. Aquí la Iglesia puede emanar leyes o disposiciones incluso discutibles, cuestionables y revisables. Puedes inventar lo nuevo o retornar a lo antiguo. Por consiguiente, una cosa es la doctrina de los sacramentos en sí y de por sí inmutable; y otra cosa es la pastoral de los sacramentos, en sí y de por sí mutable, cambiante.
Así, el vetus ordo y el novus ordo missae, en cuanto modalidades contingentes de celebrar la Santa Misa, la dejan intacta en la sustancia de fe y tocan sólo el aspecto accidental y cambiante.
El Concilio Vaticano II ha establecido el novus ordo missae. Mañana otro Concilio podrá cambiar entonces estos aspectos accidentales y no sustanciales. La existencia del novus ordo no prohíbe el uso del vetus ordo missae en las debidas circunstancias. Se trata siempre de la Misa. Quien puede, es libre de elegir. Lo importante es que la Misa sea válida, lícita y celebrada dignamente, en el respeto de las reglas y del respectivo rito. Por tanto, sería un error creer que la sustancia de la Misa se conserva únicamente en el vetus ordo o que, a la inversa, el vetus ordo missae se deba prohibir.
Lo importante es que todos nos sintamos una sola cosa en torno al mysterium fidei, sea que prefiramos el novus ordo, sea que prefiramos el vetus ordo missae.
Caro Bazzorini, ²
Al comentar mi nota del pasado sábado 14 de noviembre sobre el catolicismo tradicional, me atribuye la siguiente tesis: "todo católico es, en cuanto católico, un tradicionalista, si por tradicionalismo se entiende la defensa del patrimonio de la fe de la tradición católica".
Ahora bien, yo no he dicho eso, sino que dije que el católico en cuanto tal es tradicional. Lo cual es otra cosa. De hecho, el ser tradicional entra en la esencia misma del ser católico, por lo cual un católico que no es tradicional no es verdadero católico.
En cambio, un católico puede ser excelente católico, también si no es tradicionalista. De hecho, el ser tradicionalista es una opción facultativa, cuya alternativa es ser progresista o renovador.
Cabe señalar también que el sano progresismo nada tiene que ver con el modernismo, con el cual en ocasiones se lo confunde, dado que mientras el modernismo es una herejía, el progresismo no es en la Iglesia sino la tendencia de quienes concentran en especial modo el interés en torno a lo que hace avanzar a la Iglesia hacia el reino de Dios en una sana y crítica recuperación de la modernidad.
¿En qué sentido y por qué el ser tradicional entra en la esencia del ser católico? En cuanto que el ser católico tiene su origen y su fundamento en la Sagrada Tradición junto con la Escritura en la interpretación del Magisterio de la Iglesia.
La defensa del patrimonio de fe de la tradición católica no es el tradicionalismo, sino el ser tradicional, porque tal defensa es deber del católico como tal, sin la cual el católico no es católico.
El tradicionalismo, en cambio, consiste en un interés especial por la tradición, no necesario para ser católico como tal, sino que se deja a la libre elección de cada uno.
Por ejemplo, el teólogo dominico Siervo de Dios Tomas Tyn se enorgullecía de su declarado tradicionalismo. En cambio, otro filósofo y eximio maestro, Jacques Maritain, elogiado y recomendado por san Pablo VI y por san Juan Pablo II, era de tendencia progresista, sin que ello afectase en lo más mínimo su ser católico, que es tradicional.
De hecho, existen quienes entienden el término "tradicionalista" en un sentido negativo, como falso sostenedor de la Tradición y en tal sentido lo ha usado el papa Francisco, por ejemplo en su discurso al término del Sínodo de los Obispos sobre la Familia en 2014.
Por ello, el término debe ser usado con cautela, explicando el sentido en el cual lo usamos, para no ser malinterpretado. O bien es necesario mirar el contexto. El Papa, por ejemplo, no ha explicado en qué sentido lo usaba, pero se ha entendido muy bien al mirar el contexto del discurso.
Tradicionalismo y progresismo son dos modalidades del ser católico que son normales y necesarias para la vida de la Iglesia, la cual, como todos los organismos vivientes, especialmente los espirituales, tienen necesidad de un factor de conservación, por lo tanto tradicional, y de un factor de avance y de progreso. Lo importante es que ambos, tradicionalistas y progresistas, los unos y los otros, entendidos en el sentido expuesto, están todos en el ámbito de la ortodoxia y de la obediencia al Magisterio de la Iglesia.
Si bien las ideas de estas dos corrientes son a menudo opinables, inciertas, parciales y cambiantes y pueden ser erróneas, el ser tradicional, en cuanto concierne a la Tradición, toca los fundamentos esenciales, dogmáticos, universales e inmutables del ser y vivir católico; por lo cual deben ser para todos, bajo la guía de Pedro, indiscutible patrimonio común de la fe.
La distinción entre lo tradicional y el tradicionalismo se funda respectivamente sobre la distinción en el catolicismo entre valores universales de razón y de fe por un lado y, por otro lado, las opciones particulares y facultativas, o las diversas corrientes y tendencias, como pueden ser el tradicionalismo y el progresismo.
Es necesario prestar atención y tener cuidado de no relativizar lo tradicional, que es esencial para el catolicismo, y no absolutizar lo particular, donde encontramos el tradicionalismo.
Es necesario evitar los dos excesos contrarios: el falso tradicional, que es el lefebvrismo, y el falso progresismo, que es el modernismo.
Es necesario lograr esa imparcialidad que se adhiere a lo universal, sin por esto renunciar a hacer la propia libre elección, evitando el sesgo o sectarismo o intolerancia de reducir lo tradicional a tradicionalismo y el progreso a modernismo.
Estimado Bazzorini, ³
Ud. nos ha hecho llegar una declaración sobre la Santa Misa con la cual afirma que "Jesús 'instituyó' sustancialmente el Vetus Ordo en el intervalo de tiempo entre su Resurrección y su Ascensión al Cielo, explicando a los Apóstoles todos los aspectos (en los más mínimos detalles particulares) de la Celebración Eucarística y en todos estos aspectos no hubo nada 'accidental'…"
Le respondo en lo específico diciendo que es posible que el Señor resucitado, en los cuarenta días que siguieron a la Resurrección antes de la Ascensión, días durante los cuales Él dio ulteriores instrucciones a los Apóstoles acerca del Reino de Dios, se haya ocupado de la Santa Misa. Pero ni la Escritura, ni la Tradición, ni el Magisterio de la Iglesia especifican qué cosa exactamente Cristo habría dicho. Por ello, su afirmación según la cual el divino Maestro "instituyó sustancialmente el Vetus Ordo... explicando a los Apóstoles todos los aspectos (en los más mínimos detalles particulares) de la Celebración Eucarística y en todos estos aspectos no hubo nada accidental", es una afirmación incorrecta.
Lo que la Iglesia sabe acerca de la institución de la Santa Misa por parte de Nuestro Señor, así como acerca de la esencia o sustancia misma de la Misa, lo sabe por las enseñanzas dogmáticas del Concilio de Trento (Denz. 1739-1742), de donde resulta que el Señor instituyó el divino Sacrificio el Jueves Santo y no después de la Resurrección.
El vetus ordo, por lo tanto, no está de tal manera ligado a la sustancia de la Misa, como si fuera un elemento sustancial y necesario de la misma, y por tanto de ella inseparable, de modo que la ausencia del vetus ordo cambiaría la sustancia de la Misa y la invalidaría, como erróneamente creía Mons. Lefebvre.
Cuando San Pío V instituyó lo que hoy llamamos vetus ordo, entonces era nuevo en comparación con los precedentes, que fueron abolidos, por lo tanto no es que la Misa haya nacido entonces, sino que ya existía. Esto quiere decir que la Misa no está necesariamente, solamente y sustancialmente ligada al rito de San Pío V, sino que también puede ser celebrada de otros modos o en otros ritos aprobados por la Iglesia.
Las modalidades litúrgicas o ceremoniales accidentales y pasajeras de la forma y de la celebración de la Misa (vetus o novus ordo, sea cual sea) no han sido establecidas por Cristo.
A menos que argumentemos que la Misa debería ser celebrada en el mismo modo en el que fue celebrada la Última Cena: en torno a una mesa, cada uno con su copa, probablemente sentados en tierra, partiendo y dividiéndose el uno al otro una gran hogaza de pan, etc., algo que la Iglesia nunca ha pensado hacer y que en todo caso tiene muy poco que ver con las modalidades del rito de San Pío V, sabiendo percibir desde el principio qué cosa en la Misa es sustancial e inmutable y qué cosa está vinculada con las diversas cambiantes circunstancias, es decir, los elementos accidentales.
Por ello, desde el inicio la Iglesia estableció particulares modos de celebrar la Misa -el ordo Missae-, el cual, a discreción y criterio de la Iglesia, comenzó a variar en el tiempo, sin que ello afectara la sustancia de la Misa, cosa que la Iglesia no podrá hacer jamás, así como ella tampoco puede cambiar lo que ha querido Nuestro Señor de una vez y para siempre.
Pero establecer o determinar el ordo Missae Jesús lo ha dejado a la prudencia pastoral y litúrgica de la Iglesia, para conservarlo, cambiarlo, renovarlo o abolirlo según su juicio.
Por consiguiente, en lo mismo que hizo Jesús en la última Cena había elementos accidentales, hoy desaparecidos, para nada necesarios para la validez o para la sustancia de la Misa.
Apegarse a lo contingente como si fuera esencial ha sido el error de Lefebvre, quien ha creído que el novus ordo era una Misa falsa.
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 27 de marzo de 2015
Notas
¹ Comentario publicado por Gianluigi Bazzorini el 25.03.2015: Según usted, rabino Ariel, para un Católico que quiere permanecer fiel a la recta Doctrina, se debería escuchar las "elucubraciones mentales" de dos [censurado] Ariel&Cavalcoli que se ponen a discutir distinguiendo, por ejemplo, sustancia y accidentes en la Tradición y en la Sagrada Liturgia, o bien no sería mucho más edificante permanecer con certeza fiel a la Sana Doctrina Católica leer, por ejemplo, un pasaje de un Místico y gran Sacerdote como Don Divo Barsotti en el sitio web Chiesa&Postconcilio, quien desautoriza las "elucubraciones mentales" del dúo [censurado] Ariel&Cavalcoli sobre lo que ellos llaman los "accidentes externos"? Creo que cualquier Católico que aún permanezca en la luz de la razón no tendrá dudas de qué responder.
² Otra respuesta del padre Giovanni Cavalcoli, entre los comentarios hechos por los lectores a la misma nota, esta vez el 27 de marzo del 2015.
³ Otra respuesta de Fr Giovanni Cavalcoli, en respuesta al mismo comentarista anterior, el mismo día.
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum substantia Sanctae Missae ab Ecclesia mutari possit, vel solum accidentia variari
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod substantia Missae ab Ecclesia mutari possit.
1. Quia quidam tenent Christum vetus ordinem in omnibus singulis instituisse, ita ut quilibet aspectus celebrationis sit substantialis et non accidentalis. Hoc videtur validum, quia si omnia essent essentialia, quilibet mutatio substantiam alteraret et valorem in discrimen adduceret.
2. Praeterea, dicitur valorem Missae pendere a conservatione formarum traditionalium, sicut ritus sancti Pii V, et sine eis Missa invalida esset. Hoc videtur probabile, quia traditio liturgica per saecula custodita est tamquam pignus authenticitatis et continuitatis.
3. Item, asseritur novus ordo Missae, inducendo mutationes in caeremonialibus, substantiam ipsam Missae mutasse, eamque in celebrationem diversam convertisse. Hoc videtur firmum, quia forma externa fidem afficit et impressionem rupturae dare potest.
4. Denique, dicitur Ecclesiam, cum potestatem habeat super liturgiam, posse etiam habere potestatem super substantiam sacramentorum. Hoc videtur rationabile, quia auctoritas ecclesialis vitam sacramentalem regit et ad essentialia extendi posset.
Sed contra est quod docet Concilium Tridentinum: Christus sacrificium eucharisticum in Cena novissima instituit, et Ecclesia potestatem non habet substantiam sacramentorum mutandi. Praeterea, distinctio philosophica inter substantiam et accidentia, in dogmate transsubstantiationis assumpta, ostendit essentiale manere dum accidentale variari potest. Sanctus Pius V, dum ordinem Missae constituit, Missam non creavit, sed formas accidentales ordinavit.
Respondeo dicendum quod substantia Missae, a Christo instituta, est immutabilis et ab Ecclesia mutari non potest. Ecclesia hanc essentiam servat cum assistentia Spiritus Sancti. Quod variari potest sunt accidentia ritualia, caeremonialia et pastoralia, quae Christus sub auctoritate Ecclesiae reliquit ad circumstantias accommodanda. Vetus ordo et novus ordo Missae sunt modi contingentes celebrandi eandem Missam, quae in substantia eadem manet. Haereticum esset putare Ecclesiam posse substantiam sacramenti mutare. In contrarium, ipsa potest accidentia mutare secundum necessitates, nova invenire vel antiqua resumere. Praecipuum est ut Missa valida, licita et digne celebretur, et ut omnes circa mysterium fidei uniti simus. Adhaerere contingentibus quasi essent essentialia error fuit eorum qui substantiam Missae cum ritu particulari identificaverunt, quasi absentia veteris ordinis eam invalidaret. Ecclesia ab initio scivit discernere quid sit substantiale et immutabile, quid vero accidentale et mutabile, et prudentiam pastoralem exercuit ad formas externas conservandas, renovandas vel abolendas sine essentiam tangendo.
Ad primum dicendum quod Christus non instituit omnia singula ritualia ut substantilia, sed essentiam sacrificii eucharistici; accidentia Ecclesiae commisit. Affirmatio quod Dominus singula Apostolis exposuerit caret fundamento in Scriptura et Traditione.
Ad secundum dicendum quod valor Missae non pendet ab ritu particulari, sed a substantia a Christo instituta. Ritus sancti Pii V suo tempore novus fuit respectu priorum, et Missa iam antea exstitit. Non ergo necessario ad unum ordinem ligatur.
Ad tertium dicendum quod novus ordo substantiam non mutat, sed solum formas accidentales. Perceptio externa variari potest, sed essentia manet. Ecclesia auctoritatem habet mutationes rituales inducendi sine valorem afficiendo.
Ad quartum dicendum quod Ecclesia potestatem habet super accidentia liturgica, non autem super substantiam sacramentorum, quae Christus semel instituit. Contrarium putare esset Ecclesiae tribuere potestatem quam non habet et quae doctrinam dogmaticam contradicit. Auctoritas ecclesialis pastoralem et liturgiam regit, sed mutare non potest quod ad essentiam a Domino institutam pertinet. JG
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