Jacques Maritain y sus discípulos son modelo de catolicismo auténtico en medio de la confusión eclesial contemporánea. ¿Dónde hallar hoy espíritus pacíficos y constructores de unidad? ¿Qué corriente ofrece un equilibrio entre tradición y progreso, firmeza y renovación? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli demuestra cómo los maritainianos, inspirados en el tomismo abierto y crítico de Maritain, son -siguiendo las enseñanzas de los Papas del postconcilio- los verdaderos intérpretes del Concilio Vaticano II y los mejores católicos, capaces de discernir los valores de la modernidad sin caer en el modernismo. ¿No es acaso Maritain el gran precursor del tomismo postconciliar y el teólogo que más preparó la obra del Concilio? ¿No deberían ser sus seguidores referencia obligada para quienes buscan hoy fidelidad al Evangelio y comunión con el Papa? Un texto que nos propone a los maritainianos como modelo donde se encuentra la luz que pacifica, reconcilia y guía a la Iglesia en tiempos de división. [En la imagen: Raissa y Jacques Maritain].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 17 de agosto de 2026
Los maritainianos en la Iglesia. Son los mejores católicos, modelo para todos los demás
Los maritainianos en la Iglesia
Son los mejores católicos, modelo para todos los demás
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 1° de julio de 2024. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/i-maritainiani-nella-chiesa-sono-i.html)
Un precursor del Concilio Vaticano II
En la situación actual de la Iglesia, en la cual un pluralismo en sí bueno asume sin embargo a menudo los caracteres de una multiplicidad desunida, confusionaria, libertaria, anárquica, conflictiva y desordenada, sin normas y sin leyes, sin valores compartidos, una multiplicidad de partidos sectarios y extremistas adversos entre sí con acusaciones e insultos recíprocos, si queremos ser buenos católicos, en plena comunión con la Iglesia y con el Papa, no podemos menos que preguntarnos, en esta turbamulta o conventillo, a qué movimiento eclesial hacer referencia o de qué corriente sacar inspiración, a quién mirar, dónde están los espíritus pacíficos, tranquilos e imparciales, constructores de paz y conciliación, donde encontrar un modelo de vida y pensamiento plenamente, genuinamente y ejemplarmente católico, a fin de cuidar y mejorar nuestro ser católico, hoy más que nunca falsificado o adulterado por muchas propuestas que se excluyen recíprocamente, se dicen, parecen o son consideradas católicas, pero en realidad no lo son o lo son solo en parte o son mezclas con cosas que en realidad son anticatólicas.
Pues bien, estos católicos ejemplares, luces de la Iglesia, constructores de paz, de unidad, de reconciliación en la verdad, maestros de sabiduría, ejemplos de santidad en el sano pluralismo y el respeto de las diversidades, verdaderos modelos de la actuación de la reforma conciliar según la interpretación dada por los Papas del postconcilio, ni rígidos ni laxistas, ni indietristas ni modernistas, sino sabiamente equilibrados, tales como para unir conservación y renovación, firmeza y ductilidad, tradición y progreso, son, aún con las inevitables miserias humanas propias de todo hijo de Adán, los maritainianos, es decir, todos aquellos que toman a Jacques Maritain ¹ como maestro y modelo de vida católica auténtica, santa e integral, adecuada a nuestro tiempo, es decir, adecuada para difundir el Evangelio al hombre de hoy, según las indicaciones pastorales del Concilio, explicitadas, desarrolladas y practicadas por los Papas del postconcilio hasta el Papa actual.
Maritain, en efecto, en sus últimos años, después de sesenta años de producción filosófica y teológica marcada por el modo de practicar un discipulado tomista fructuoso para nuestro tiempo, y después de haber producido una vastísima y sapientísima obra de asunción crítica del pensamiento moderno a la luz del tomismo, reveló más que nunca su luz profética con Le paysan de la Garonne ya en 1966, cuando en el inmediato postconcilio, había comenzado con gran estilo la descarada y colosal operación modernista rahneriana, que en el espacio de pocas décadas, presentándose Karl Rahner falsamente como el heraldo del Concilio, por la insuficiente vigilancia y resistencia opuestas por el Papado y los Obispos (a despecho de la colegialidad episcopal), habría del alcanzar la actual asfixiante posición de poder en la Iglesia, tal como para constituir una fuerza que pone freno a la verdadera actuación de la reforma conciliar y, en cambio, causa en la Iglesia de divisiones, fracturas, discordias, desequilibrios, desgracias, desórdenes, apostasías, cismas, degeneración, involución, corrupción, decadencia y disolución.
Maritain, ya dotado de varios títulos universitarios, conoció a santo Tomás de Aquino ya a principios del siglo pasado a propuesta de su esposa Raissa, que a su vez había sido invitada a conocer a santo Tomás por el gran teólogo dominico Humbert Clérissac. Entusiasmándose por el pensamiento del Aquinate, Maritain se puso a estudiarlo con sumo empeño, pero no obtuvo ningún título académico eclesiástico. Esto no le impidió, con la ayuda de buenos maestros dominicos, como por ejemplo el padre Dehau, adquirir una formación tomista de primer nivel, incluso superior a la formación académica de los dominicos sin embargo no fieles a santo Tomás.
Fue así que Maritain se mostró capaz de comprender cuál era el nuevo tomismo que era necesario realizar, mejor que ciertos doctísimos dominicos académicos, como por ejemplo Ramírez o Garrigou-Lagrange, que permanecieron detenidos en un tomismo cerrado a la modernidad y demasiado escolástico, superado por las directrices del Concilio.
Por eso podemos decir que comprender el verdadero valor del Concilio equivale a comprender el verdadero valor de la obra y del ejemplo maritainianos. Maritain ha sido el teólogo que más ha preparado la obra del Concilio, aunque a diferencia de otros teólogos del pasado no se hizo explícito promotor del Concilio.
Por lo tanto, después de la interpretación del Concilio dada por los Papas del postconcilio, Maritain debe ser considerado el mejor y más cualificado intérprete de la obra del Concilio. Quien hoy quiera estar seguro de llevar adelante la reforma conciliar según la mente de los Papas del postconcilio, debe inspirarse en Maritain y en los maritainianos.
Maritain realizó en gran parte, incluso antes del Concilio, la obra que el Concilio nos ordena realizar, obra que aún no se ha realizado del todo, que hasta hoy, después de sesenta años, se está actuando con dificultad y fatigosamente en medio de incumplimientos, retrocesos, oposiciones abiertas u ocultas, involuciones, resistencias, contrastes, obstáculos, lentitudes, malentendidos y falsificaciones, debidos a las tramas y maniobras de signo opuesto pero de igual efecto dañino de los rahnerianos y de los lefebvrianos.
El mérito de Maritain, que lo eleva entre todos los grandes teólogos del siglo pasado, ha sido el de haber recibido de Dios dos grandes dones, que muy raramente se ven juntos en una sola persona: el don de una extraordinaria sabiduría animada por la caridad y orientada a la caridad y el don de poder trabajar con lucidez hasta la venerable edad de 91 años por el bien de las almas, de la Iglesia y de la cultura católica.
Gran mérito de Maritain es el haber comprendido que la cuestión de fondo hoy no es la de la justicia o de la paz o de la libertad o del sexo, sino la cuestión de la verdad. ¿Es la verdad lo que es o lo que aparece? ¿Quién nos da la verdad? ¿El realismo o el idealismo?
Objeto del pensamiento ¿es lo real o es el mismo pensamiento? ¿Es el pensamiento el que debe adecuarse al ser o es el ser el que se adecua al pensamiento? ¿El ser trasciende el pensamiento o el pensamiento es intrascendible? El papa Francisco, con lapidaria expresión, sobre la base del realismo bíblico, nos ha recordado el primado de la realidad sobre la idea, y no a la inversa, como creen los idealistas. Por lo tanto, tiene razón santo Tomás y no Hegel. Tiene razón Aristóteles y no Descartes.
Así, Maritain se ha dado cuenta de la importancia fundamental de Descartes para el nacimiento de la filosofía moderna y, por lo tanto, para lograr precisión en el concepto de "filosofía moderna". Maritain, en efecto, no tiene ninguna duda de que todos nosotros, y por tanto también el filósofo, debemos ser modernos. Es necesario progresar, sin detenerse jamás. Modernos no quiere decir modernistas.
¿Pero Descartes es verdaderamente el fundador de la filosofía moderna o no es más bien santo Tomás? Maritain con sus estudios sobre Descartes ² ha demostrado que el de Descartes fundador de la filosofía moderna es un prejuicio fruto de un hábil movimiento propagandístico -por desgracia imprudentemente aceptado por los mismos historiadores de la filosofía- orquestado por los cartesianos para acreditar a su ídolo ante la masa de los ingenuos o de los interesados. Maritain, en efecto, demuestra que Descartes no ha hecho en absoluto avanzar la filosofía, sino que, al contrario, como observó el propio Heidegger, la hace retornar al subjetivismo de Protágoras.
Y aquí encontramos otro grandísimo mérito de Maritain: él nos advierte que la insidia hoy más peligrosa y fascinadora no es tanto el realismo materialista ateo occidental, sino más bien la falsa mística del idealismo panteísta atemático oriental ³, a la cual Descartes abre la puerta, admirada por Spengler, Guénon, Heidegger y Severino, y teorizada por el nihilismo ruso del siglo XIX sobre la base del apofatismo budista y del apofatismo de Dionisio el Areopagita y Gregorio Palamas.
Maritain, naciendo en 1882, ha tenido por destino también la suerte de vivir y trabajar en un período histórico de gran fermentación intelectual, un período agitado y atormentado pero adecuado para la elaboración de un nuevo sistema filosófico y teológico, el cual era requerido dada la problemática en orden a un progreso del pensamiento católico en grave dificultad a causa de los ataques feroces recibidos de sus enemigos o por ser ignorado y aislado por ellos en el contexto general de la cultura de aquel tiempo.
En efecto, el papa León XIII a finales del siglo XIX se había hecho tan vigoroso promotor de un renacimiento del tomismo, que daba ánimo a los teólogos católicos para ser luces del mundo y sal de la tierra; pero el Papa, según un uso seguido por los Papas precedentes, no ponía en luz y no sugería puntos de contacto con el pensamiento no-católico o anticatólico contemporáneo, que pudieran servir de base para un diálogo con ese pensamiento, una base común desde la cual el tomista pudiera partir para operar una selección a la luz de la doctrina del Aquinate, en la enorme masa de las filosofías y teologías contemporáneas, de cuanto podía ser asumido en la síntesis tomista y cuanto debía ser descartado, como incorrecto y dañino.
Maritain se encontró además viviendo un clima intelectual católico agitado por la instancia en sí correcta de los modernistas, que tendía a acabar con una actitud de global condena del pensamiento moderno, comprendiendo Maritain que en el pensamiento moderno, por más anticatólico, irracional o incluso inhumano que fuese, se ocultaban importantes valores o instancias que debían ser integrados en la teología tradicional para enriquecerla con nuevos contenidos aptos para conducir a la Iglesia a un mejor conocimiento de la verdad salvífica.
El alma de Maritain desde joven fue alimentada por dos llamas: una necesidad de verdad, y por lo tanto de honestidad intelectual, y un profundo deseo de servir al prójimo en la conquista de la verdad. Se trata sustancialmente del ideal dominico "contemplata aliis tradere" delineado por santo Tomás. Maritain ha sido dominico en el espíritu, si no en el hábito ⁴.
No fue terciario dominico, no ciertamente por desprecio del laicado dominico, porque de hecho Maritain es brillante ejemplo de laico dominico, sino sólo para tener esa libertad y amplitud de movimiento que le era requerida por su excepcional y riquísima personalidad.
Advertida a los 89 años la vocación religiosa, y deseoso de una vida simple, humilde y escondida, no por esto enfrió su espiritualidad tomista, sino que la puso a fruto entre los Pequeños hermanos de Charles de Foucauld, entre los cuales fue acogido.
Maritain, de todos modos, tomó sin embargo clara conciencia de su vocación tomista solo después de una gravísima crisis intelectual y moral pasada junto con aquella que habría de ser después su fidelísima esposa Raissa, a la cual habría de estar ligadísimo a tal punto de formar ejemplarmente "una sola carne" en conformidad a la palabra del Evangelio.
Encontrándose en la Sorbona en los cursos de Bergson, Jacques y Raissa, confusamente necesitados de absoluto, pero bloqueados en el clima de desenfrenado subjetivismo y de árida miopía intelectual de aquel tiempo, completamente disgustados pero incapaces de salir fuera de aquello, habían incluso meditado el suicidio, si Dios no les hubiera concedido un primer atisbo de verdad en la filosofía de Bergson, el cual les abrió su espíritu a la esperanza de la verdad, pero siempre con una impronta subjetivista, de la cual fueron verdaderamente liberados en el encuentro con el padre Réginald Garrigou-Lagrange, que también asistía a los cursos de Bergson. Ellos así descubrieron a santo Tomás y su vocación quedó definitivamente aclarada.
A partir de ese momento Maritain, habiendo comprendido claramente el camino a recorrer y la misión que Dios le confiaba, se puso con Raissa a total disposición del impulso del Espíritu Santo para el cumplimiento de su extraordinaria misión de filósofo y teólogo tomista para el bien y la reforma de la Iglesia y el crecimiento de la santidad en el camino de la verdad evangélica. Así, la pareja Maritain ⁵ pasó toda su vida en una fidelísima y fecundísima ejecución de esa extraordinaria vocación que Dios les había asignado.
Un fruto conspicuo de tal santa asociación fueron los círculos tomistas de Meudon ⁶, que periódicamente durante veinte años entre las dos guerras vieron, bajo la guía del padre Garrigou-Lagrange, el reunirse de los representantes de la flor y nata de las más diversas ramas de la cultura francesa de aquel tiempo, todos interesados en tratar la manera de aplicar los principios del tomismo a los problemas del tiempo, en un diálogo fecundísimo entre católicos y no-católicos, y obrándose numerosas conversiones al catolicismo.
Aquello no fue más que una profética anticipación de cuanto el Concilio Vaticano II muchas décadas después habría de proponer a los intelectuales católicos, filósofos y teólogos para la formación de una nueva cristiandad capaz de convertir el mundo a Dios y tal para saber asumir críticamente, a la luz evangélica de santo Tomás, los valores de la modernidad y hacer crecer el número de los hijos de Dios herederos de la vida eterna.
De tal modo, Maritain frustraba la maniobra modernista dirigida a juzgar el Evangelio a la luz del subjetivismo moderno, al discernir lo válido del pensamiento moderno a la luz del Evangelio. La tarea no era la de subordinar los valores del Evangelio al horizonte de la modernidad, sino que era la de modernizar la vida católica y eclesial asumiendo críticamente los valores de la modernidad y descartando cuanto es contrario al Evangelio.
El anti-modernismo maritainiano no es el rechazo en bloque, fundamentalista e indiscriminado, de la modernidad, para permanecer detenidos o retornar al medioevo o a la contra-reforma, sino que es un sapientísimo y prudentísimo trabajo de examen, cribado y discernimiento en la abundantísima producción moderna, para tomar lo bueno y descartar lo malo.
Un gran mérito del tomismo maritainiano, perfectamente conforme a las indicaciones del Concilio y al método moderno de la pastoral y de la evangelización inculturada, es la habilidad con la cual Maritain hace obra divulgativa del tomismo y sabe hacer accesible al católico y al no-católico de baja cultura e inexperto o ignaro del lenguaje escolástico, las nociones metafísicas, morales, antropológicas o teológicas de santo Tomás, sin traicionar o falsear en nada su genuinidad, a diferencia de algunos sedicentes tomistas que las inquinan con las ideas de Heidegger, Kant, Hegel, Gentile, Severino o Bontadini.
Precursor del tomismo postconciliar
Así Maritain saludó ciertamente con favor la severa condena del modernismo por obra de san Pío X, y tanto que escribió un libro, Antimoderno ⁷, que ya por el solo título muestra con cuánto respeto y fidelidad Maritain reconoce la validez y la necesidad de la condena piana.
Sin embargo, ya en este texto aparece el modo maritainiano de concebir y practicar el discipulado y el testimonio tomista: ese modo y ese método que cincuenta años después habría de hacer propio el Concilio Vaticano II: un tomismo que no se limita a identificar y a condenar los errores del pensamiento moderno, sino que asume también sus valores integrándolos en el tomismo.
Por el contrario, la actitud de san Pío X era igual a la de León XIII, y también a la de Pío XI con la encíclica de 1923 Studiorum Ducem, que mantiene esta actitud. En 1930 Maritain publicó un importante libro, Le Docteur Angélique ⁸, donde se extiende en demostrar cuánto, cómo y por qué santo Tomás no solo conserva perfectamente su actualidad de "Doctor común de la Iglesia", sino que aparece como el "Apóstol de los tiempos modernos".
Y también la promoción del tomismo hecha por Pío XII no será diferente. Bajo este pontificado Maritain, sin embargo, fue acusado ante el Papa de tendencia modernista, malentendiendo la grandiosa obra de tomismo progresista que él estaba cumpliendo, pero el gran Pontífice, que en la Humani generis reiteraba la condena del modernismo y propugnaba el tomismo antimodernista de los Papas precedentes, por santo como era, defendió a Maritain de las calumnias, lo acogió como Embajador de Francia ante la Santa Sede y le dirigió personalmente estas palabras de alabanza y de confortación:
"Apreciamos y saludamos en Vuestra Excelencia a un hombre que, haciendo abierta profesión de su fe católica y de su culto por la filosofía del Doctor Común, pone a disposición sus ricas cualidades al servicio de los grandes principios doctrinales y morales que, sobre todo en estos tiempos de universal desorden, la Iglesia no cesa de inculcar en el mundo" ⁹.
Recomendado por algunos recientes Santos Pontífices
Es bien conocida la admiración extraordinaria que tuvo por Maritain san Paulo VI, que lo consideraba su "maestro" y al que entrego el "Mensaje para los intelectuales" al final del Concilio. El hecho de que Maritain no haya sido perito del Concilio no significa nada. Como refiere Philippe Chenaux ¹⁰, en un interesante relato de las relaciones entre Maritain y el santo Pontífice, Paulo VI consultó a Maritain en un momento dificilísimo de los trabajos conciliares, en noviembre de 1964, y obtuvo de él una luz decisiva. A Maritain encomendó la redacción del estupendo Credo del Pueblo de Dios, formulación parafraseada del Símbolo de la fe.
La misma estima por Maritain la mostró en más de una ocasión san Juan Pablo II, mediante el envío de una carta personal de alabanza de seis páginas a Giuseppe Lazzati Rector de la Universidad Católica de Milán con ocasión de un congreso sobre Maritain organizado en noviembre de 1982 ¹¹. También hay que mencionar la citación de Maritain como modelo de teólogo junto con otros en la encíclica Fides et ratio.
La mencionada carta se presenta como un unicum en la tradición del Magisterio pontificio, habituado ciertamente a conmemorar y recomendar a la Iglesia grandes Santos, Padres y Doctores de la Iglesia, pero ciertamente no teólogos en general y mucho menos contemporáneos.
Hace excepción la recomendación de la doctrina de santo Tomás, en uso ya desde hace ocho siglos, que ha implicado a más de 80 Papas hasta llegar a la recomendación recientemente hecha por el actual Pontífice con ocasión del VIII centenario de la muerte de santo Tomás. San Juan Pablo II no dedicó documentos especiales en favor de Aquinate, pero recomendando a Maritain es evidente la referencia a la doctrina de santo Tomás.
El papa Benedicto XVI nunca nos ha recomendado explícitamente a Maritain; sin embargo, ¿cómo no reconocer su espíritu y su estilo en como y cuanto ha hecho como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, habiendo tenido un celo santo por la pureza de la doctrina, mientras que como Papa ha tenido sumo cuidado de la sabiduría, de la liturgia, de la mansedumbre, de la caridad, de la evangelización, del diálogo ecuménico?
También el Papa actual nunca nos ha hablado de Maritain; sin embargo, ¿cómo no encontrar la espiritualidad maritainiana en su sentido de la fraternidad humana, en su impulso innovador y reformador, en el repudio de la mundanidad, del clericalismo y del poder, en el amor a los pobres, en su acogedor abrazo de todo lo que es sanamente humano, en el anuncio de la palabra del Evangelio, en la escucha del Espíritu, en la sed de la unión con Cristo?
Hostigado por modernistas y pasadistas
Las posiciones respecto a Maritain dentro del mundo católico corresponden a las posturas frente al Concilio Vaticano II. Maritain ha sido hostigado, menospreciado, incomprendido o ignorado por aquellos que no han sabido como él preparar el advenimiento del Concilio o que han malinterpretado su sentido o que se han opuesto al Concilio, aunque entre ellos haya que contar tomistas, como fue el padre Mesineo de La civiltà cattolica de los años '50, el padre Meinvielle ¹², Del Noce o el Cardenal Siri ¹³ y el Cardenal Pizzardo y los lefebvrianos.
Se han opuesto a Maritain dos grupos de tomistas: los pasadistas, que se han mantenido detenidos en el modo preconciliar de ser tomistas, y los modernistas, que han mezclado a Tomás con Hegel o con Kant o con Severino o con Heidegger o con Bontadini. Son maritainianos todos los tomistas que siguen a santo Tomás según las prescripciones del Vaticano II, porque ellos mismos son los autores de esas prescripciones y las han anticipado realizando antes del Concilio ese mismo tomismo que habría de ser prescrito por el Concilio.
Hay que notar además con tristeza que en la reseña que los historiadores católicos nos ofrecen acerca de los grandes teólogos del postconcilio, como por ejemplo Mondin ¹⁴, Gibellini ¹⁵ o Vander Gucht-Vorgrimler ¹⁶, Maritain o no aparece o no tiene en absoluto el lugar que se merece como ejemplar precursor y realizador entre todos del progreso teológico querido por el Concilio.
Esto demuestra cómo los modernistas se han construido su propia historiografía ad usum delphini para incensarse a sí mismos, pero la verdadera historia es la que inexorablemente con el pasar del tiempo hace emerger la verdad y disipa las mentiras.
Por lo tanto, es evidente en estos historiadores partidistas, la ingenua o interesada actitud reverencial hacia los teólogos protestantes alemanes y sus imitadores modernistas; lo que deja entender que estos historiadores católicos se han vendido al poder y se han dejado engañar por una interpretación modernista del progreso teológico promovido por el Concilio.
La fama de Maritain no es ciertamente comparable a la de los grandes trombones que dominan la escena gracias a una sabia propaganda y a su dominio sobre las multitudes de los mediocres, de los conformistas, de los superficiales esnobs, de los comodines y de los tibios.
Y, sin embargo, Maritain tiene un gran número de seguidores entre los que toman el cristianismo en serio y tienen verdaderamente sed de Dios. Así existen dispersas por el mundo asociaciones maritainianas ¹⁷, se organizan numerosos congresos de estudio ¹⁸, publicaciones sobre Maritain, centros de estudio y de formación maritainianos, y de imitación de la santidad de Maritain ¹⁹.
La pluralidad de intereses de los teólogos hoy más famosos no es comparable a la grandiosidad de la empresa maritainiana, que se extiende a todas las disciplinas filosóficas y teológicas con contribuciones originales e innovadoras, desde la metafísica a la lógica, a la gnoseología, a los grados del saber, a la filosofía moral, a la antropología, a la ética social, al ecumenismo, a la estética, a la filosofía del arte, a la educación, a la historia, a la cristología, a la angelología, a la escatología, a la eclesiología, a la mariología, a la liturgia y a la mística.
A los maritainianos corresponde, por tanto, la tarea en colaboración con el Papa de pacificar los ánimos que en muchos hoy están exacerbados, de sostener a los vacilantes, de acercar entre sí a los lejanos, de iluminar a los desorientados, de consolar a los afligidos, de tranquilizar a los escandalizados, de moderar a los arrogantes, de refutar a los errantes, de favorecer el diálogo entre pasadistas y modernistas, de rastrear los valores presentes en los dos partidos en conflicto y de unirlos a ambos, como es su natural vocación, de favorecer la mutua comprensión, la corrección fraterna, la reconciliación y un sano pluralismo en la legítima libertad, de sostener al Papa en la buena batalla, con críticas constructivas, propuestas aceptables y espíritu de colaboración.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 24 de junio de 2024
Notas
¹ Algunos estudios sobre Maritain: Gianfranco Morra, Jacques Maritain, Editrice Forum, Forlì 1967; Henri Bars, La politique selon Maritain, Les Éditions Ouvriéres, Paris 1961; Piero Viotto, Maritain. Editrice La Scuola, Brescia 1968; Vittorio Possenti, Una filosofia per la transizione. Metafisica, persona e politica en J. Maritain, Editrice Massimo 1984; Giancarlo Galeazzi, Società persona educazione en Jacques Maritain, Editrice Massimo, Milano 1979; L’ultimo Maritain, editado por Antonio Pavan, en Humanitas, ago.-set. 1972; Mauro Grosso, Alla ricerca della verità. La filosofia cristiana en É. Gilson e J. Maritain, Città Nuova Editrice, Roma 2006; Attualità di Jacques Maritain, en Divus Thomas, 7, gen-apr. 1994; Maritain filosofo della democrazia en Civitas, mar.-apr. 1991; Francesco Oliva, I diritti umani in Jacques Maritain, Editoriale Progetto 2000, Cosenza 2003; Città di vita, nov.-dic. 2014; set.-ott. 2017; nov.-dic. 2017; lug.-ago. 2023.
² Tre riformatori. Lutero Cartesio Rousseau, Morcelliana, Brescia 1964; Le songe de Descartes, Buchet-Chastel, Paris 1932. Versión española: Tres reformadores. Lutero, Descartes, Rousseau, Editorial Club de Lectores, Buenos Aires 1986. El sueño de Descartes, Editorial Biblioteca Nueva, Buenos Aires 1956.
³ Ya la antigua Roma pagana se había dado cuenta de la peligrosidad y de la repugnancia de la misteriosofia y de los cultos orgiásticos provenientes del Oriente. Su politeísmo materialista le impidió en cambio reconocer la validez del monoteísmo judeo-cristiano.
⁴ Por eso presento su pensamiento como eminente ejemplo de teología dominicana en mi libro Teologi in bianco e nero. Il contributo della scuola domenicana alla storia della teologia, Edizioni Piemme 2000.
⁵ Véase: Jean-Luc Barré, Jacques et Raissa Maritain. Da intellettuali anarchici a testimoni di Dio, Edizioni Paoline, Milano 2000.
⁶ De esto habla Raissa en I grandi amici, Vita e Pensiero, Milano 1975 y también Jacques en Ricordi e appunti, Morcelliana, Brescia, 1973.
⁷ Con el subtítulo significativo: Rinascita del tomismo e libertà intellettuale, Edizioni Logos, Roma 1979.
⁸ Ediciones Paul Hartmann, Paris 1929.
⁹ De los Discorsi di Pio XII, VII, 1945-1946, p.50, Edizioni Paoline, Roma 1960. El discurso de Pío XII es del 10 de mayo de 1945.
¹⁰ Paul VI e Maritain. Les rapports du «montinianisme» et du «maritainisme», Edizioni Studium, Roma 1994.
¹¹ Publicada en Jacques Maritain oggi, editado por Vittorio Possenti, Vita e Pensiero, Milano 1983.
¹² Véase, de Julio Meinvielle, Il cedimento dei cattolici al liberalismo, Sacra Fraternitas Aurigarum in Urbe, Roma 2010.
¹³ Véase: Getsemani. Riflessioni sul movimento teologico contemporaneo, Edizioni della Fraternità della Santissima Vergine Maria, Roma 1980. Encontramos aquí una excelente crítica a Rahner, pero desgraciadamente un grave malentendimiento del pensamiento de Maritain.
¹⁴ Véase: Le cristologie moderne, Edizioni Paoline, Roma 1979.
¹⁵ Véase: La teologia del XX secolo, Queriniana, Brescia 1993.
¹⁶ Véase: Bilancio della teologia del XX secolo, Città Nuova Editrice, Roma 1972.
¹⁷ Véase por ejemplo el Institut international Jacques Maritain, de Ancona.
¹⁸ Véase por ejemplo: Jacques Maritain e la società contemporanea, editado por Roberto Papini, Editrice Massimo, Milano 1978; Storia e cristianesimo in Jacques Maritain, editado por Vittorio Possenti, Editrice Massimo, Milano 1979.
¹⁹ Véase por ejemplo: Nora Possenti Ghiglia, I tre Maritain. La presenza di Vera nel mondo di Jacques e Raissa, Ancora Editrice, Milano 2000.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum maritainiani sint exemplar catholicismi authentici
et meliores interpretes reformationis conciliaris
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod maritainiani non sint exemplar catholicismi.
1. Quia Maritain non fuit peritus Concilii nec titulos academicos ecclesiasticos obtinuit. Si caret recognitione officiali, non potest haberi ut magister Ecclesiae.
2. Praeterea, quidam tomistae academici permanserunt fideles sancto Thomae sine apertura ad modernitatem. Ergo maritainiani, dum elementa moderna assumunt, videntur a genuino tomismo deflectere et in periculosos compromissos incidere.
3. Item, Maritain accusatus est de modernismo et a theologis ac cardinalibus vexatus. Si erroris doctrinalis suspectus fuit, eum sequi esset periculum errores illos iterandi.
4. Denique, fama Maritain non est comparabilis cum aliis magnis theologis saeculi XX, et multi historici eum ignorant vel minuunt. Si locum insigne in historiographia non obtinet, non potest esse exemplar universale pro Ecclesia.
Sed contra est quod Papa sanctus Paulus VI Maritain magistrum suum appellavit et ei commisit Credo Populi Dei. Sanctus Ioannes Paulus II eum in Fides et ratio citavit et in epistolis personalibus laudavit. Pius XII eum ab iniustis accusationibus defendit et ut fidelem fidei catholicae legatum agnovit. Traditio pontificia expresse eius opus commendavit tamquam spiritui Concilii conformem.
Respondeo dicendum quod maritainiani sunt exemplar catholicismi authentici, quia fidelitatem sancto Thomae coniunxerunt cum critica apertione ad valores modernitatis, secundum indicationes Concilii Vaticani II et interpretationem Pontificum postconcilii. Maritain praeparavit opus Concilii suo tomismo renovato, capace discernendi quid validum esset in cogitatione moderna ad lumen Evangelii et quid esset reiciendum. Ipsius meritum fuit intellegere quaestionem fundamentalem esse veritatem, et quod realismus tomisticus praevalere debet super idealismum modernum. Ideo maritainiani sunt pacis, unitatis et reconciliationis auctores, capaces Pontificem in bona pugna sustinere et exemplar vitae catholicae integralis, sanctae et tempori nostro aptae praebere.
Ad primum dicendum quod Maritain, etsi non fuit peritus nec titulos ecclesiasticos habuit, tamen formationem tomisticam summi gradus acquisivit et amplissimam operam protulit, quae eum magistrum a Pontificibus agnitum reddit. Ipsius vita et scripta ostendunt auctoritatem non solum ex titulis, sed ex fidelitate et fructu spirituali provenire.
Ad secundum dicendum prolixius quod tomismus clausus ad modernitatem exigentiis Concilii non respondet. Maritain ostendit verum tomismum debere valores modernos critice discernere et assumere, sine lapsu in modernismum, atque sic fecundum iter praebere ad evangelizationem inculturatam.
Ad tertium dicendum prolixius quod accusationes modernismi fuerunt male intellectae. Pius XII eum defendit, et Pontifices posteriores expresse eum commendaverunt. Ergo eum sequi non est in errorem cadere, sed in fidelitatem Evangelio et traditioni vivae Ecclesiae.
Ad quartum dicendum quod defectus famae apud quosdam historicos est effectus propagandae modernisticae et partialitatis eorum qui alios theologos extollunt. Vera historia eius magnitudinem revelabit, sicut iam agnoscunt consociationes, congressus et discipuli maritainiani per orbem terrarum, qui eius opus reconciliationis et pacis continuant.
JG
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