martes, 21 de julio de 2026

La verdad sobre la situación de la Iglesia

¿Qué significa hoy defender la fe frente al avance del modernismo? ¿Es posible que el Papa tenga la necesidad de tolerar sin más ni más la difusión de herejías en lugar de reprimirlas? ¿Cómo distinguir entre el verdadero y necesario progreso católico y el falso progreso modernista y masónico? ¿Qué responsabilidad tienen los teólogos y pastores en la recta interpretación del Concilio Vaticano II? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli analiza con lucidez la crisis actual, denunciando las astucias de los modernistas y la debilidad en la que desde hace décadas se hallan los Romanos Pontífices, y propone un camino de fidelidad, discernimiento y valentía para custodiar la sana doctrina y la unidad de la Iglesia. [En la imagen: fragmento de "L’église d’Auvers-sur-Oise, vue du chevet", óleo sobre lienzo, junio de 1890, obra de Vincent van Gogh, conservada en el Musée d’Orsay, París].

Carta a Monseñor Antonio Livi
La verdad sobre la situación de la Iglesia

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en La Voce di don Camillo el 9 de octubre de 2018. Versión original en italiano: https://www.lavocedidoncamillo.com/2018/10/la-verita-sulla-situazione-della-chiesa.html)

Queridísimo Monseñor:
Leí con gran interés la entrevista que Usted ha concedido sobre la actual situación de la Iglesia y de la teología, así como la conducta del Papa y la persecución a la que Usted está sometido.
Intento expresarle mi sustancial acuerdo con sus análisis y valoraciones, y mi solidaridad y cercanía por todo lo que sufre por la verdad del Evangelio y por amor de la Iglesia, esperando que sus buenas razones vengan a ser reconocidas y se ponga remedio a los graves males que están afligiendo a la Iglesia y a la cultura católica.
Su sufrimiento es el de la Iglesia misma, hoy mal guiada y desviada por un Papa entrometido, que antepone su afirmación personal y la búsqueda del consenso al anuncio integral del Evangelio y al celoso cuidado por el bien y la unidad de la Iglesia.
Esta actitud oportunista y astuta del papa Francisco lo lleva a conceder a los modernistas un poder al más alto nivel nunca antes alcanzado por ellos, pero él mismo es eludido por ellos, de modo que el Papa, en lugar de reprimir las herejías, las tolera y permite que se difundan con inmenso daño para la Iglesia, obstaculizando la obra de aquellos pocos valientes como Usted, que intentan defender la verdad y la dignidad del papado, humillado por un Papa mal preparado, mundano e incapaz.
Por cuanto respecta a los modernistas, considero que los rahnerianos hacen más daño que los kasperianos. En todo caso, estoy de acuerdo en considerar a Kasper como un hereje. Lo he denunciado en tal sentido desde mi tratado de cristología Il mistero della Redenzione (Ed. ESD, Bologna 2004) y desde entonces, en mis publicaciones, no he dejado de denunciar el peligro, hasta mi muy reciente ensayo sobre su gnoseología teológica.
Ciertamente es increíble cómo este truhan y astuto zorro haya logrado siempre no solo salirse con la suya, sino obtener durante muchos años altos cargos bajo los pontificados de los dignísimos san Juan Pablo II y Benedicto XVI, y hasta hoy. Pero con este Papa la cosa se entiende mejor.
Pero esto solo significa que Kasper goza de un fortísimo apoyo tanto de los luteranos alemanes, como de la masonería, y nos dice en qué lamentable estado de sujeción a los poderes del mundo se ha reducido la Iglesia, no obstante haber sido guiada por Santos Pontífices hasta el presente Pontífice, que en cambio, por su falta de juicio, es el hazmerreír de los modernistas.
En cuanto a la comparación entre kasperismo y rahnerismo, se debe decir que el kasperismo corrompe la gnoseología, la cristología, el ecumenismo, la eclesiología y la moral. El rahnerismo corrompe estos valores de una manera aún más radical, solapada y sutil, y constituye una falsificación general de marca hegeliana de todo el cristianismo. También el hecho de que Rahner no haya sido nunca condenado seguirá siendo una mancha para la historia del pontificado de los últimos sesenta años. Si el fenómeno no cesa, deberán proveer los próximos Pontífices.
El intento de acoger y desarrollar las doctrinas del Concilio y de aplicar y llevar adelante sus reformas es bueno y justo. Pero, como Usted bien sabe, la gravísima cuestión que se arrastra desde hace cincuenta años, es la de la recta interpretación de esas doctrinas, que han sido malinterpretadas por los modernistas ad usum delphini.
Ellos, de hecho, con diabólica astucia y extraordinaria obstinación, han hecho creer a muchos que su interpretación reflejara las doctrinas del Concilio, mientras que es una falsificación. Por lo tanto, los lefebvrianos hacen mal en considerar como modernistas a las doctrinas del Concilio, y en extender la acusación al Magisterio de los Papas del postconcilio.
Diferente es el caso de las directivas pastorales del Concilio, las cuales, en el transcurso de estos cincuenta años, han mostrado cada vez más, por cuanto respecta a la conducta a tomar hacia el mundo, defectos graves, es decir, un ingenuo buenismo y un excesivo optimismo.
El papa Francisco, en lugar de corregir estos defectos, los ha acentuado, introduciendo en la Iglesia ese hipócrita misericordismo -véase por ejemplo toda la retórica del inmigracionismo-, que ya todos conocemos a estas alturas, buenismo del cual, sin embargo, los modernistas, los aduladores del Papa y los sinvergüenzas se aprovechan.
En el curso de estos cincuenta años, por otra parte, ha emergido claramente la distinción entre progresistas y modernistas. En efecto, ellos siempre han escondido sus tramas subversivas bajo el honorable nombre de progreso. Es cierto que el Concilio ha promovido un progreso en la Iglesia. Pero su polémica contra la tradición y la conservación del depósito de la fe los ha desenmascarado en su modernismo.
Entonces parecía que el verdadero choque en la Iglesia no es simplístamente entre progresistas y conservadores, según el enfoque del '68, sino entre la unión de los conservadores y progresistas por una parte, que constituyen la verdadera Iglesia, y los lefebvrianos y los modernistas por la otra, constituyendo dos falsas iglesias, "un ejército contra el otro".
De hecho, la verdadera Iglesia se funda sobre la reciprocidad entre conservación y progreso, estabilidad y avance, tradición y renovación, fidelidad y rejuvenecimiento. El papa Francisco, en cambio, todavía está atascado en el esquema superado, unilateral y engañoso del '68 y, por lo tanto, no distingue entre el verdadero progreso católico y conciliar y el falso progreso modernista y masónico; así como entre el sano tradicionalismo católico y el falso tradicionalismo lefebvriano. Debemos ayudarlo a hacer esta distinción.
En cuanto al hecho de que la elección de Francisco haya sido orquestada por los cardenales modernistas -por ejemplo, los kasperianos, los rahnerianos y los martinianos-, quizás bajo la presión de la masonería, es ciertamente plausible. Pero yo no insistiría sobre este hecho.
En cambio, reconozcamos que Francisco es el Papa legítimo y hagamos nuestro mejor esfuerzo para ayudarlo a que cumpla bien su ministerio, con llamamientos insistentes, apropiados y respetuosos, brindándole propuestas concretas, tales como sugerirle ocasiones y caminos para corregirse y para estimularlo a cumplir con su deber de Sucesor de Pedro, a gobernar la Iglesia con imparcialidad, a trabajar para resolver los conflictos internos, a ser celoso en la custodia de la sana doctrina, a rodearse no de aduladores y de impostores, sino de colaboradores leales, doctos y valientes; a preocuparse por anunciar el Evangelio integralmente, más que del éxito personal; a temer a Dios más que a los hombres; a buscar la gloria que viene de Dios y no la del mundo.
Con mi más viva cordialidad.

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 4 de julio de 2018

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum crisis hodierna Ecclesiae proveniat ex confusione
inter verum progressum conciliarem et falsum progressum modernisticum

Ad hoc sic procediturVidetur quod crisis hodierna Ecclesiae non proveniat ex confusione inter verum progressum conciliarem et falsum progressum modernisticum.
1. Quia Concilium Vaticanum II promovit progressum in Ecclesia, et ideo crisis non esset effectus confusionis, sed reiectionis illius progressus a lefebvrianis, qui doctrinas conciliares modernisticas reputant.
2. Praeterea, Papa hodiernus introduxit stilum pastoralem misericordiae et apertionis, quem multi censent verum progressum evangelicum. Ergo non agitur de confusione, sed de renovatione, et quod dicitur misericordismus esset expressio caritatis christianae.
3. Item, modernistae affirmant interpretationem suam Concilii fideliter doctrinas eius repraesentare. Si hoc ita est, non esset falsificatio, sed legitimus progressus, et crisis explicaretur per resistentiam conservatorum.
4. Denique, divisio in Ecclesia explicaretur per oppositionem inter progressistas et conservatores, sicut in schemate anni 1968, et non per confusionem inter verum progressum conciliarem et falsum progressum modernisticum.

Sed contra est quod Scriptura docet: Paulus monet servare sanam doctrinam et vitare fabulas. Augustinus docet cor hominis requiescere debere in veritate Dei et non in astutiis mundi. Concilium Vaticanum II affirmat traditionem et progressum esse coniungenda. Concilium Vaticanum I declarat nullum errorem esse posse in magisterio ordinario.

Respondeo dicendum quod crisis hodierna Ecclesiae provenit ex confusione inter verum progressum conciliarem et falsum progressum modernisticum. Conatus accipiendi et evolvendi doctrinas Concilii est bonus et iustus, sed quaestio gravis est recta interpretatio illarum doctrinarum, quae a modernistis astutia diabolica male interpretatae sunt, ita ut falsificatio pro vero Concilio haberetur. Papa hodiernus, loco corrigendi defectus ingenui bonismi et nimii optimismi, eos auxit, introducendo misericordismum hypocriticum, quo modernistae et adulatores abutuntur.
Vera Ecclesia fundatur super reciprocitatem inter conservationem et progressum, traditionem et renovationem, fidelitatem et iuvenescendum. Papa hodiernus autem manet in schemate fallaci anni 1968, nec distinguit inter verum progressum catholicum et conciliarem et falsum progressum modernisticum et masonicum, nec inter sanum traditionalismum catholicum et falsum traditionalismum lefebvrianum. Ergo crisis provenit ex hac confusione, et opus urgente est adiuvare Papam ut ministerium suum bene expleat, se circumdans fidelibus et doctis cooperantibus, Evangelium integre annuntians, Deum magis quam homines timens, et gloriam quae a Deo venit quaerens, non illam mundi.

Ad primum dicendum quod progressus Concilii est verus, sed a modernistis falsificatus, et ideo crisis provenit ex confusione.
Ad secundum dicendum quod misericordia vera est virtus evangelica, sed misericordismus hypocriticus est deviatio modernistica, et ideo non est renovatio, sed confusio.
Ad tertium dicendum quod interpretatio modernistica Concilii non est fidelis, sed falsificatio, et ideo corrigenda.
Ad quartum dicendum quod divisio non explicatur per schema anni 1968, sed per confusionem inter verum progressum conciliarem et falsum progressum modernisticum, quae duas falsas ecclesias contra veram Ecclesiam constituit.
   
JG

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