En este artículo del padre Giovanni Cavalcoli se desenmascaran cuatro cristologías contemporáneas que, bajo apariencia de novedad y progreso, esconden graves desviaciones doctrinales. ¿Qué significa afirmar que Dios no es Dios sin el mundo, o que Cristo no es verdadero Dios sino simple profeta escatológico? ¿Cómo puede sostenerse que la gracia no es don creado, sino Dios mismo comunicado indistintamente a todos? ¿No se diluye así la identidad divina de Cristo y se convierte la Encarnación en un mito evolutivo o en una experiencia subjetiva? ¿Qué consecuencias tiene para la formación del clero y para la vida de la Iglesia la difusión de estas cristologías modernistas? Una advertencia clara que invita a recuperar la cristología católica frente a las seducciones del subjetivismo y del inmanentismo.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
domingo, 26 de julio de 2026
Cuatro cristologías heréticas - Rahner, Kasper, Schillebeeckx, Teilhard de Chardin
Cuatro cristologías heréticas
Rahner, Kasper, Schillebeeckx, Teilhard de Chardin
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 10 de diciembre de 2019. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/blog-page_74.html)
Es necesario hacer claridad
El panorama de la cristología hoy es indudablemente muy rico en temas y valores, fruto del progreso filosófico, teológico y exegético promovido por el Concilio Vaticano II, y efecto también de los intercambios ecuménicos y de una amplia reflexión sobre las intervenciones del Magisterio en la materia. Han surgido así nuevas tendencias teológicas, que enriquecen la variedad de las escuelas tradicionales, como la tomista, escotista, suareziana, bonaventuriana y agustiniana.
Ya en 1979, el padre Battista Mondin, con su bien conocida erudición, podía presentar una panorámica de la situación en ese momento ¹, que no ha cambiado hasta el día de hoy, si es que en realidad no ha empeorado. El padre Mondin, con una gran ingenuidad y falta de sentido crítico, presentaba tranquilamente cristologías ortodoxas y heréticas, mezclándolas entre sí, y les daba denominaciones del todo inocentes (como las de "existencialistas", "históricas", "seculares", "escatológicas", "políticas", "personalistas") y por ende dando al lector la impresión de legítimas o normales variantes o diferenciaciones de la cristología católica.
Es interesante cómo llama a la única plenamente ortodoxa: "metafísica", cuando habría debido decir francamente: "católica". Para las otras, ciertamente todas interesantes, si no quería usar precisamente el término "heréticas", para poner en guardia al lector desprevenido, al menos habría debido poner, por ejemplo, "no plenamente católicas" o "modernistas" o bien "discutidas".
Pero como ellas se habían hecho la fama de "católicas" o en todo caso de aceptables, es posible que el propio Mondin, no se haya dado cuenta de las insidiosas, como alguien que tranquilamente come hongos saludables y venenosos sin darse cuenta de nada, o bien que haya hecho sus propios cálculos de prudencia humana. Mucho más juicioso y prudente ha sido el ilustre cristólogo dominicano francés padre Daniel Ols, con su libro ya significativo en su mismo título: "Le cristologie contemporanee e le loro posizioni fondamentali al vaglio della dottrina di S.Tommaso" ². Habría podido decir: "bajo el examen de la doctrina católica". El padre Ols, con agudo discernimiento, identifica y golpea precisamente a los autores más significativos, influyentes y peligrosos, Rahner y Schillebeeckx.
Estos cristólogos, en los últimos cincuenta años, no obstante el éxito obtenido, en realidad han sido refutados por ilustres colegas. Pero no me parece que hasta ahora el Magisterio pontificio haya tomado en suficiente consideración su peligrosidad no solo para la cristología, sino también para proteger las buenas costumbres de los católicos y para toda la vida de la Iglesia.
Demasiado e inmerecido es el prestigio, del cual ellos todavía disfrutan en el campo de la cristología y en los ambientes académicos y educativos de la Iglesia, en particular por cuanto respecta a la formación del clero, no obstante los constatados efectos negativos de sus ideas en el campo moral. Por lo tanto, es necesario hacer presente que de la asimilación por parte de los seminaristas de estas cristologías no pueden salir buenos sacerdotes, fieles al Magisterio y dotados de una correcta concepción de su ministerio, sino, en el mejor de los casos, medias figuras incapaces de guiar las almas hacia el salvación.
Características comunes
Estas cristologías tienen en común la visión de la realidad y la concepción de la verdad fenomenista, evolucionista, inmanentista y subjetivista, ya condenada en su momento por san Pío X en la Pascendi. Nada es fijo, sino que todo cambia. No existiendo una identidad del ente, la duplicidad es erigida en sistema, de modo que la hipocresía triunfa. Todo es sí y no al mismo tiempo, según la conveniencia. Todo es "para mí", nada es en sí.
En consecuencia, en estas cristologías Dios no existe en sí mismo, independientemente del mundo y de mí que lo pienso, no me trasciende, sino que, en virtud de la Encarnación, es esencialmente inmanente y conectado con el mundo y con la conciencia humana, está inmerso en el devenir histórico, por lo cual ser y devenir, tiempo y eternidad, finito e infinito, sujeto y objeto, ser y pensamiento, espíritu y materia, viviente y no viviente, verdadero y falso, bien y mal, naturaleza y gracia, se identifican. La Encarnación no es acto libre de Dios, sino que es constitutiva de la esencia de Dios. Como dice Hegel, "Dios no es Dios sin el mundo". Pero entonces el mundo es Dios. Por consecuencia, Dios es por esencia hombre. Pero entonces esto quiere decir que el hombre es por esencia Dios.
Cristo no tiene dos naturalezas en una Persona divina, sino que es una persona humana, identidad de divinidad y de humanidad. Él no expía el pecado y no cumple ningún sacrificio reparador, sino que cubre, excusa y justifica el pecado, que no impide la gracia. La fe en Cristo no es acto del intelecto, sino encuentro existencial con Cristo; no es verdad abstracta, sino experiencia concreta de Cristo; no es recepción de verdades inmutables, sino de hechos históricos; la cristología no es deducción o demostración, sino mensaje y relato. Cristo libera al hombre del yugo de la ley y lo hace auto-creativo.
Estas cristologías están correctamente preocupadas del progreso de la interpretación exegética y dogmática del misterio de Cristo, así como del esclarecimiento de su figura histórica, pero luego, influenciadas por el subjetivismo moderno, devalúan o entienden mal, malinterpretan, la dimensión ontológica o metafísica del dogma cristológico, indisolublemente conectada con la recta noción de la divinidad de Cristo y con el valor metafísico de las enseñanzas de Cristo.
Esta carencia teorética es a su vez responsable de un concepto erróneo de Dios, un Dios al cual es negada su identidad, inteligibilidad, inmutabilidad e impasibilidad y, por consiguiente, en última instancia, su misma divinidad, para convertirlo en un ídolo digno de la imaginación pagana. Por lo tanto, incluso cuando se habla de la "divinidad" de Cristo, no es la verdadera, sino la que es sugerida por el fenomenismo modernista.
Subdivisión
Estas cristologías se dividen en dos tendencias: una, de tipo idealista y gnóstico. El ser es ser divino. Antítesis y síntesis entre espíritu y materia. El mal no hace daño porque también está en Dios, coincidentia oppositorum. Tiene sus antecedentes en las antiguas herejías del marcionismo, del monofisismo, del monotelismo, del apolinarismo, del docetismo, del eutiquianismo, del maniqueísmo y del catarismo.
El Dios de Rahner es una singular mezcla de gnosticismo y de agnosticismo: gnosticismo, porque es objeto inmediato y apriórico de la autoconciencia; agnosticismo, porque, en su incomprensible e inefable Misterio, nada se sabe nada de él y nada se puede decir de él.
Rahner reconoce la divinidad de Cristo, pero sólo por el hecho de que Dios es concebido como el vértice del hombre: en la Encarnación Dios se transforma en el hombre y el hombre se transforma en Dios. Todo hombre es Cristo y, por tanto, es salvo. Dios en Cristo no castiga a nadie, sino que perdona a todos. La gracia es el vértice de la naturaleza. Ser, conocer y querer son idénticos en Dios y en el hombre. Las religiones son manifestaciones categoriales y relativas del cristianismo anónimo atemático y trascendental.
La otra tendencia es de tipo naturalista, empirista y materialista. Comprende a Schillebeeckx y Teilhard de Chardin. En Schillebeeckx Cristo es el hombre perfecto, liberador de los oprimidos y el vértice del mundo. Él no es Dios, sino que es el "profeta escatológico", una simple persona humana habitada por el Verbo. Su muerte no tiene valor expiatorio, sino que es simplemente el testimonio del mártir. Las religiones, comprendida la cristiana, son manifestaciones parciales de la única verdadera religión, que es la suma de todas las religiones. Schillebeeckx tiene sus antecedentes en el nestorianismo, en el ebionismo y en el arrianismo.
En Teilhard, la materia deviene espíritu y el espíritu deviene materia. Cristo no trasciende el mundo, sino que es el vértice del mundo: el "Cristo cósmico". El hombre deviene Cristo en la evolución cósmica. La posición de Teilhard no tiene antecedentes en las herejías antiguas, porque ellas no tienen interés en la evolución, sino que ven a Cristo solo bajo un perfil estático. En todo caso, Teilhard puede ser vinculado con el heraclitismo, que revive en la cristología de Hegel y de Schelling.
Cristología idealista ³. El fundamento del conocer y del pensar, en Rahner y Kasper, no es el realismo ontológico, sino el principio cartesiano del cogito, el yo o la autoconciencia o "sujeto" como fundamento del conocer y del ser. Por lo tanto, Dios no es conocido por inducción a partir de las cosas externas, sino que está contenido en la autoconciencia preconceptual original apriórica del yo, que se extiende, se amplía y se autotrasciende, en virtud de la gracia concedida a todos, hasta su último horizonte infinito, que es precisamente Dios.
Para Rahner se da una "cristología trascendental", atemática y preconceptual, por la cual todos se salvan. La cristología hoy, después del Concilio Vaticano II, no debe ser ya elaborada con las categorías de Aristóteles y de santo Tomás, sino con las de la filosofía moderna, que va desde Descartes hasta Heidegger, pasando por Kant y Hegel.
La aceptación del dogma de Calcedonia no es obligatoria para todos, sino solo para aquellos que quieran usar las categorías corrientes del siglo V. Todo hombre es un "cristiano anónimo". La gracia no es un don creado por Dios, sino que es Dios mismo, quien se comunica a todos. Tarea de los pastores es tomar en cuenta la fe trascendental del pueblo de Dios y conducir a su explicitación categorial. Los principios luteranos de sola gratia, sola fides, sola Scriptura y del simul iustus et peccator son correctos.
Los sacramentos no dan la gracia a quien no la tiene, sino que son el signo sensible de la gracia ya presente. El misionero no anuncia una verdad desconocida para el evangelizando, sino que le hace consciente de la verdad ya poseída atemáticamente. La Iglesia debe dejar facultativa y no volver obligatoria para los hermanos separados la aceptación de los dogmas por ellos no reconocidos. Para la unidad de los cristianos es suficiente la aceptación común de aquellos dogmas que siguieron siendo comunes después de la separación.
Tanto para Rahner como para Kasper Dios es mutable y pasible, por lo cual la Encarnación se produce no porque la Persona del Verbo, permaneciendo inmutable, asume una naturaleza humana en la unidad de la Persona, sino en cuanto, como ocurre en la herejía de Eutiques, la naturaleza divina se transforma en la naturaleza humana. Los antecedentes antiguos de esta cristología son las herejías del teopasquismo y del patripasianismo.
Kasper no acepta la metafísica, por lo cual no comprende el valor de la inmutabilidad del dogma, sino que según él todo se resuelve en la historia, incluso Dios. Acoge la exégesis racionalista protestante que no cree en los milagros de Cristo. Para destruir el pecado, no es necesario un sacrificio, porque el pecado se destruye a sí mismo con el progreso histórico inspirado por el ejemplo de Cristo. Para Kasper y Rahner, el ecumenismo no debe conducir a los hermanos separados a la plena comunión con la Iglesia católica, sino que basta la recíproca fraternidad.
Cristologías empiristas. Tenemos aquí a Schillebeeckx y Teilhard de Chardin. Hablo de cristologías empiristas en cuanto para entrambos la experiencia atemática preconceptual de Dios aparece más importante que el intelecto y el concepto. De ahí la dificultad en entrambos para elevarse al nivel de la metafísica y de la pura espiritualidad. Para Schillebeeckx Dios es creador, pero el Verbo no se encarna. El Verbo es Persona, pero lo es también el hombre Jesús, de modo que, para asegurar la unidad de Cristo, Schillebeeckx habla de "una persona en dos personas". Cristo no es Dios, sino "Dios está en Cristo", que es simplemente el "profeta escatológico".
Schillebeeckx insiste sobre todo en la misericordia y la solidaridad de Cristo por la humanidad sufriente y oprimida. Cristo actúa como liberador y reivindicador de los derechos del hombre en el campo social y político. Es un inspirador de la teología de la liberación sudamericana. Por lo tanto, puede relacionarse con cristólogos como Metz, Gutiérrez, Boff, Hulsbosch, Schoonenberg, Sobrino, Segundo y Assman. No son los pastores los que deben guiar al pueblo, sino que los pastores emergen del pueblo, por lo cual cualquier laico puede celebrar la Misa. El cristianismo no tiene un primado sobre las otras religiones, sino que es completado por las otras religiones.
Teilhard de Chardin, en cambio, está más interesado en la relación de Cristo con la evolución del universo. Cristo es el vértice supremo de la autotrascendencia de la materia. Dios no crea de la nada, porque Él está por esencia conectado con la materia. Él por lo tanto simplemente unifica la materia y la hace surgir o evolucionar hacia Él.
Teilhard tiene una fuerte idea del progreso humano, hasta el impulso místico, pero subestima el drama del pecado y por lo tanto la importancia de la ascética y de la cruz, necesaria para vencerlo. Niega la historicidad del pecado original, que perturbaría su teoría de la evolución del hombre desde el simio, porque según él el simio ha evolucionado naturalmente hasta convertirse en hombre. Para él, el pecado es un simple accidente de tráfico, un inconveniente, un producto de descarte, en el progreso asegurado. El ser cristiano es la plenitud del ser humano.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 8 de diciembre de 2019
Notas
¹ Le cristologie moderne, Edizioni Paoline, Roma 1979.
² Libreria Editrice Vaticana 1991.
³ Cf. Xavier Tilliette, La cristologia idealista, Queriniana, Brescia 1993.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum christologiae Rahner, Kasper, Schillebeeckx et Teilhard de Chardin
sint conformes fidei catholicae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod sic.
1. Quia proponuntur ut fructus progressus philosophici, theologici et exegetici a Concilio Vaticano II promoti, et ut ditio meditationis christologicae. Si Concilium novas aperuit prospectivas, videtur legitimum has christologias valere.
2. Praeterea, insistunt in experientia concreta Christi et in eius solidarietate cum oppressis, quod videtur melius respondere necessitatibus pastoralibus temporis nostri. Si Christus se ostendit proximum homini, videtur has christologias suam missionem implere.
3. Item, sublineando dimensionem historicam et evolutivam Christi, videntur praebere visionem magis dynamicam et intellegibilem homini moderno, vitando sermonem metaphysicum quem multi obsoletum reputant. Si theologia debet colloqui cum cultura, videtur has christologias hoc munus implere.
4. Denique, proponendo ecumenismum apertum, videntur fovere unitatem christianorum et fraternitatem universalem, quod est valor evangelicus. Si unitas est mandatum Christi, videtur has christologias illud promovere.
Sed contra est quod docet Concilium Chalcedonense: Christus est una Persona divina in duabus naturis, vera divinitate et vera humanitate, sine confusione et divisione. Sanctus Pius X damnavit in Pascendi inmanentismum et subjectivismum modernisticum. Pius XII confirmavit in Humani generis necessitatem metaphysicae pro theologia. Sanctus Thomas docet veritatem fidei requirere immutabilitatem Dei et distinctionem inter naturam divinam et humanam in Christo.
Respondeo dicendum quod hae christologiae non sunt conformes fidei catholicae, sed constituunt formas haeresis. Omnes participant visionem phenomenisticam, evolutionisticam et inmanentisticam, ubi Deus non exsistit in seipso, sed identificatur cum mundo et cum conscientia humana. Incarnatio non est actus liber Dei, sed constitutiva eius essentiae, ita ut Deus non sit Deus sine mundo et homo sit per essentiam Deus. Christus non expiat peccatum nec sacrificium reparatorium perficit, sed illud excusat et iustificat. Fides non est receptio veritatum immutabilium, sed occursus existentialis. Rahner reducit divinitatem Christi ad autoconscientiam transcendentalem hominis, ubi omnis homo est Christus et omnes salvantur. Kasper negat metaphysicam et omnia ad historiam reducit, etiam ad Deum ipsum, accipiens exegesim rationalisticam quae miracula negat. Schillebeeckx proponit Christum ut simplicem prophetam eschatologicum et liberatorem politicum, negans eius divinitatem et valorem expiatorium mortis, et relativizat christianismum respectu aliarum religionum. Teilhard concipit Christum ut verticem evolutionis cosmicae, diluens divinam transcendensiam in processu materiae et negans historicitatem peccati originalis. In omnibus his casibus negatur vera divinitas Christi et reviviscitur error antiquarum haeresum sicut arrianismus, nestorianismus, monophysismus et patripassianismus.
Ad primum dicendum quod progressus theologicus non potest contradicere dogma ab Ecclesia definitum; Concilium Vaticanum II numquam permisit negare divinitatem Christi nec metaphysicam dogmatis.
Ad secundum dicendum quod proximitas pastoralis Christi non excludit eius divinitatem nec sacrificium expiatorium; reducere eum ad solidarietatem humanam est falsificare eius missionem.
Ad tertium dicendum quod sermo metaphysicus est necessarius ad veritatem dogmatis servandam; substituere eum modernis categoriis ducit ad confusionem et errorem.
Ad quartum dicendum quod verus ecumenismus quaerit plenam communionem in veritate revelata; fraternitas quae dogmata relativizat non est unitas christiana, sed indifferentismus.
JG
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