miércoles, 23 de septiembre de 2026

Debates sobre la interpretación de Amoris laetitia

Continuamos con nuestra serie de notas preparatorias al gran encuentro en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026, que el papa León XIV ha convocado, asamblea sinodal que estará centrada en temas como la familia y sobre todo la exhortación Amoris laetitia del papa Francisco. Como aporte de este blog a la reflexión preparatoria de este magno encuentro seguimos publicando en estos meses varios artículos del padre Giovanni Cavalcoli durante los años 2014 a 2017, referentes a los dos Sínodos sobre la Familia y a la exhortación Amoris laetitia. Varias preguntas están en la base de la publicación de hoy: ¿Quién interpreta realmente al Papa: el Prefecto de la Doctrina de la Fe o un teólogo que se erige en juez de los cardenales? ¿No es un abuso presentar al Sucesor de Pedro como modernista y al mismo tiempo desautorizar a quienes tienen la misión de confirmar a los hermanos en la fe? ¿Puede la misericordia anular el "intrinsece malum"? El artículo invita a discernir entre progresismo y modernismo, entre fidelidad al magisterio y manipulación ideológica, para comprender que la verdadera defensa del Papa consiste en custodiar la doctrina y no en deformarla.

Amoris Laetitia. Esta vez Andrea Grillo salta aún más alto: del Cardenal Caffarra pasa al ataque del Cardenal Müller que tendría problemas de lectura y comprensión de los documentos pontificios


Los modernistas, desde hace decenios, han sido muy hábiles para fingirse falsos defensores de los Sumos Pontífices. A ellos les gusta presentarse como católicos "avanzados", "progresistas", incluso por delante del Vaticano II, tanto que están a la espera de un Vaticano III. Al mismo tiempo, con astutas mentiras, presentan a los católicos bajo un aspecto desagradable, como atrasados, anticuados, "de derecha", nostálgicos de un pasado muerto, rígidos conservadores de ideas superadas, preconciliares, censores gruñones, eternos quejosos, expertos en la maledicencia y en las murmuraciones, piezas de museo, estatuas inmóviles, que viven fuera de la historia, cerrados al diálogo y al progreso, etc. ¹
Sin embargo, con el paso de Benedicto XVI al papa Francisco, cambiaron de táctica. Mientras que hasta el Papa precedente se oponían al Papa considerado atrasado, ahora, visto que este Papa tiene simpatías progresistas, usan las más refinadas artes diabólicas para acaparárselo, es decir, para hacerlo aparecer como un modernista. Se trata, en realidad, de una tentativa desesperada, dado que el modernismo es una herejía, y un Papa no puede ser hereje. El modernismo se asemeja al progresismo, aunque hay un abismo entre ellos, porque el modernismo es una herejía, mientras que el progresismo es una tendencia o corriente lícita en el interior de la Iglesia. El engaño del diablo radica precisamente en ocultar la diferencia entre los dos.
Pero el demonio, en su astucia, se mantiene engañado por su propio orgullo. En efecto, el castigo de los soberbios, que pueden ser muy inteligentes, es el de caer precisamente en esa burda forma de necedad, que santo Tomás de Aquino llama caecitas mentis ², por la cual el soberbio pierde la visión de las verdades más evidentes de la razón y de la fe.
Ahora bien, el Sumo Pontífice tiene por mandato de Cristo y con la asistencia del Espíritu Santo, el de confirmar a los hermanos en la fe, tarea en la cual el Sucesor de Pedro no podrá nunca fallar, porque portae inferi non praevalebunt. El cardenal Müller nos recuerda estas verdades en su opúsculo Benedetto&Francesco, Successori di Pietro al servizio della Chiesa ³.
Andrea Grillo es precisamente uno de esos sujetos que confunden progresismo con modernismo. Así, después del asalto al cardenal Carlo Caffarra ⁴, Andrea Grillo, quizás envalentonado por la empresa cumplida, intenta ahora un golpe aún mayor: el de enseñar al cardenal Gerhard Ludwig Müller como hay que leer la exhortación Amoris laetitia, ya que, al parecer del teólogo de la Pontificio Ateneo Sant'Anselmo, parece que el Cardenal no la ha leído; y si la ha leído, de todos modos no la ha entendido ⁵.
Grillo se refiere a una entrevista al Card. Müller publicada en el número de febrero del periódico Il Timone y se atiene a las palabras del Cardenal relativas a la interpretación que debe darse a Amoris Laetitia ⁶. Con farisaica perspicacia y diabólica astucia, el teólogo modernista, además de no acertar en algunos puntos, llega a encontrar, en las palabras del Prefecto para la Doctrina de la Fe, aquello que es efectivamente un desafortunado defecto accidental, como veremos enseguida, a fin de presentar al Cardenal como desobediente al Papa y mal intérprete de Amoris Laetitia, mientras que Grillo, con descarada y arrogante irreverencia, se auto-confirma, como ya lo ha hecho con el cardenal Caffarra, como el supremo y más confiable intérprete del pensamiento del Papa, capaz de corregir la enseñanza de quien en la Iglesia está institucionalmente encargado de representar y de ayudar al Sumo Pontífice en su munus docendi que le ha sido confiado por Cristo -confirma fratres tuos-, es decir, en la enseñanza, en la defensa y en la interpretación de la doctrina de la fe y de la moral.
Indudablemente, cuanto afirma el Cardenal en esa entrevista no tiene el carácter de la oficialidad, es decir, no son palabras de un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe en nombre del Papa, sino solo posiciones de Müller. Sin embargo, por el tono categórico y perentorio usado por él, se desprende que sus palabras no pueden reducirse al rango de opiniones personales, por las que merecen nuestra mayor consideración y nuestro reverente respeto, cosas que faltan absolutamente en las pedantes expresiones de Grillo, el cual da un salto imprudente, del todo desproporcionado a sus competencias y a sus fuerzas intelectuales.
La falta de honestidad intelectual en la operación de Grillo no radica tanto en plantear cuestiones doctrinales -sobre un punto, como he dicho, parece incluso tener razón-, sino que la polémica doctrinal es ante todo un pretexto, destinado por una parte a desacreditar el rol del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y por otra parte a dañar precisamente al Papa del cual se hace pasar por defensor, atizando el odio de los lefebvrianos y reforzando la falsa imagen de un Papa modernista, con la consecuencia de dar gas a los modernistas aumentando el desconcierto y el escándalo de los buenos fieles.
Pero cualquier católico con los ojos abiertos sabe que no tiene sentido presentar al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe como contrario al Papa, cuando éste tiene institucionalmente precisamente en él al principal colaborador en el oficio principal del Sucesor de Pedro, que es el de confirmar a los hermanos en la verdad del Evangelio.
Los puntos tocados por Grillo son tres: primero, la cuestión de la abstinencia sexual de los divorciados vueltos a casar, segundo, la cuestión de la "analogía" paulina entre la unión esposo-esposa y aquella entre Cristo y la Iglesia; tercero, la desobediencia de ciertos obispos a los dictados de Amoris laetitia.

La abstinencia sexual en los divorciados vueltos a casar

Reporto los pasajes de la entrevista que nos interesan: Pregunta: "La exhortación de san Juan Pablo II, Familiaris consortio establece que las parejas de divorciados vueltos a casar que no puedan separarse, para acceder a los sacramentos, deben comprometerse a vivir en continencia. ¿Sigue siendo válida esta obligación?" Respuesta: "Ciertamente, no se puede superar, porque no es solo una ley positiva de Juan Pablo II, sino que él ha expresado lo que es constitutivamente elemento de la teología moral cristiana y de la teología de los sacramentos. La confusión en este punto se refiere también a la falta de aceptación de la encíclica Veritatis splendor con la clara doctrina del intrinsece malum".
El intrinsece malum es aquello que moralmente siempre y en todo caso está prohibido. El cardenal Müller se refiere al adulterio, que es aquel pecado que funda y justifica la prohibición hecha a los divorciados vueltos a casar de acceder a la Comunión. El intrinsece malum se opone al intrinsece bonum. Intrinsece significa que la cualidad moral "bueno" y "malo" es de tal modo inherente al acto, que no puede existir sin esa cualidad. Intrinsece se opone a extrinsece, que conlleva que la cualidad moral es inherente al acto en principio o en línea de máxima; pero en ciertos casos, al no ser esencial para el acto, puede transformarse en su opuesto debido a factores provenientes de lo exterior.
Por ejemplo, asesinar a un hombre es extrinsece malum, porque en principio es malo porque va en contra de la vida. Pero si surge la necesidad de defender la vida asesinando, asesinar se vuelve lícito precisamente en nombre de esa vida que prohíbe el homicidio. Así, hay casos en los cuales es lícito asesinar, como por ejemplo en la legítima defensa o en guerra. En efecto, el actuar moral está ordenado a una jerarquía de fines, a cada uno de los cuales corresponde una ley que regula su consecución. La autoridad eclesiástica, por ejemplo, entre sus deberes, tiene el de tutelar a la vez la libertad de pensamiento del teólogo y la fe común de los fieles. Se trata, ciertamente, de bienes preciosos, pero el primero es un bien inferior al segundo. Porque si el teólogo abusara de su libertad para difundir entre los fieles la herejía, el obispo debería limitar esa libertad para proteger a los fieles; el que es un bien mayor, un intrinsece bonum, un bien absoluto. Por esto, sería un intrinsece malum, un pecado de omisión en el obispo, si no lo dispusiera.
Así es cierto que si la abstinencia sexual periódica en la pareja regular es una práctica normal que alterna con la relación conyugal, en el caso de los divorciados vueltos a casar, como enseña la Familiaris consortio, san Juan Pablo II propone, para los que no tienen la fuerza y la gracia, a fin de ser admitidos a la Comunión, vivir como hermano y hermana. Está claro, entonces, como explica el Cardenal, que aquí el Papa propone un intrinsece bonum, al cual se opone un intrinsece malum.
Grillo, en cambio, objeta: "La 'ley de la continencia' para las familias en segundas nupcias es una solución provisoria y parcial, que hoy es todavía posible, pero que ya no es necesaria. Sobre este punto, a me parecer, la idealización del sacramento coincide con una desfiguración de la antropología. Y es curioso que su formulación haya sido 'inventada' por Familiaris consortio, mientras que el Prefecto la presenta como una 'verdad constitutiva de la teología moral y de la teología de los sacramentos'. Transformar un elemento positivo en estructura especulativa es siempre muy peligroso. Y tanto más lo es si pretende hacerlo ignorando el texto de una Exhortación Apostólica".
Pero respondo diciendo que la obligación hecha por san Juan Pablo II en Familiaris Consortio y confirmada por la Amoris Laetitia de la abstinencia sexual de las parejas irregulares, para poder acceder a los Sacramentos, parece indudablemente ardua, pero deriva necesariamente del deber fijado por san Pablo que es necesario acceder a la Comunión con la conciencia limpia del pecado, cosa que es imposible, si ella está manchada por la culpa de un acto sexual ilícito, como es precisamente el caso de las parejas irregulares. A buen derecho y con razón, por lo tanto, el Cardenal se refiere aquí a lo que, según la Veritatis splendor, es intrinsece malum. No puede nunca darse que el acercarse a la Comunión en estado de pecado mortal pueda un bien.
San Pablo sobre este punto es muy claro: "Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación" (1 Cor 11,27-29).
En efecto, la conciencia de estar en culpa mortal comporta un estado de la voluntad en desacuerdo con la voluntad divina. En este caso específico, el sujeto no está arrepentido del pecado cometido, por lo cual, no siendo perdonado por Dios, no puede pretender estar en comunión con Él, y disfrutar de su gracia y de su benevolencia. Dios no puede recibir a quien permanece apegado al pecado. Y no debe creerse, con Lutero, que la voluntad está privada del libre albedrío y tan esclava del pecado, para no poderlo repudiar y así liberarse de él, movida por la gracia sanante. Por el contrario, la voluntad, que incluso después del pecado original permanece libre, puede y debe repudiar y cancelar la culpa cometida, liberándose de ella, si es mortal, con el sacramento de la penitencia. Sólo en este punto, el alma reconquista la paz con Dios, y cumplida la necesaria reparación del pecado cometido, puede tener razón de disfrutar de la amistad divina y puede buscarla con corazón sincero.
¿Cómo, en efecto, se podría ser amigo de una persona si su voluntad es objeto de nuestro desprecio? ¿Queremos disfrutar de sus favores sin contentarla en aquello que desea de nosotros? ¿Sería esta la "antropología" de Grillo, que corrige aquella antropología "desfigurada" de san Juan Pablo II y del cardenal Müller?
El privilegio concedido por san Juan Pablo II, por lo tanto, no constituye en absoluto un simple elemento positivo, sino una verdadera y propia estructura especulativa, o sea precisamente como ha dicho el Cardenal, "una verdad constitutiva de la teología moral y de la teología de los sacramentos". No implica en absoluto una "idealización del sacramento", ni una "desfiguración de la antropología".
Es falso, por lo tanto, que se trate de una solución que "ya no es necesaria". Se trata, en cambio, de una sabia y misericordiosa disposición, siempre válida, aunque nueva en la historia de la Iglesia, pero en el pleno respeto de la norma paulina, para permitir también a los divorciados vueltos a casar, en las mencionadas condiciones, acceder a los Sacramentos.
Sería demasiado largo refutar una por una toda la serie de despropósitos expresados por Grillo, tesis que en varios modos quisieran relativizar, por no decir negar, con afirmaciones gratuitas, el valor de la abstinencia sexual de los divorciados vueltos a casar, en vista de poder recibir la Comunión. Puede bastar cuanto he dicho.
En todo caso, cabe señalar la distinción supuesta por Amoris Laetitia entre estado irregular y estado de pecado. Ciertamente los divorciados vueltos a casar se encuentran en un estado jurídicamente irregular, y públicamente escandaloso, que vuelve muy difícil para ellos la práctica de la continencia sexual. Pero el papa Francisco hace notar que no está dicho que todos los divorciados vueltos a casar, por el simple hecho de estar en un estado irregular y moralmente muy peligroso, estén siempre en un estado de pecado o de culpa, es decir, estén permanentemente privados de la gracia de Dios. En efecto, dado que ellos disponen del libre albedrío, cada vez que pecan, pueden siempre arrepentirse y, bajo el influjo de la gracia, pueden ser perdonados directamente por Dios, incluso si por ahora no puedan acceder al Sacramento de la Penitencia, dado que Dios puede conceder su perdón también fuera de los Sacramentos, existen en efecto los medios ordinarios y los medios extraordinarios de salvación, los primeros contenidos en los Sacramentos de gracia confiados por Dios a la Iglesia, que es su custodia y dispensadora, los segundos son en cambio contenidos en el misterio de Dios ⁷.
Pero aparte de que en ciertos casos la continencia no es del todo imposible, la Amoris Laetitia también recuerda que, precisamente por las graves y continuas tentaciones, a las cuales están sometidos los divorciados vueltos a casar, ellos, aunque caigan en pecado de materia grave, su pecado puede tener "atenuantes", sobre todo en los casos en los cuales la ocasión de pecado no puede ser evitada, es decir, casos de divorciados vueltos a casar en los cuales, por causas razonables o de fuerza mayor, la relación no puede ser interrumpida; y esto no por su voluntad, sino porque una separación daría vida, por ejemplo, a penurias y sufrimientos a los hijos venidos al mundo de esta unión, que necesitan ser cuidados, educados y criados por sus progenitores.
Por lo tanto, la Amoris Laetitia deja entender claramente que en los divorciados vueltos a casar que cultivan la penitencia, se puede suponer o por lo menos es posible, si no un verdadero y propio estado de gracia permanente, por lo menos la presencia ocasional de la gracia, la cual puede siempre ser recuperada cada vez que, después del pecado, ellos ejercitan la penitencia.

El significado analógico del matrimonio

El cardenal Müller recuerda luego la doctrina paulina sobre el matrimonio, que compara la unión del esposo con la esposa con la unión de Cristo con la Iglesia: "El marido es la cabeza de su esposa, así como Cristo es también la cabeza de la Iglesia (...) Este misterio es grande: lo digo de Cristo y de la Iglesia" (Ef 5,23.32).
Para nosotros, el matrimonio es, por lo tanto, la expresión de la participación de la unidad entre Cristo esposo y la Iglesia su esposa. Esto no es, como algunos han dicho durante el Sínodo, una simple vaga analogía. ¡No! Esta es la sustancia del Sacramento, y ningún poder en cielo y en tierra, ni un ángel, ni el papa, ni un concilio, ni una ley de los obispos, tiene la facultad de modificarlo, como de hecho advierte el apóstol Pablo: "Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo os anuncia un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡que sea expulsado! Ya os lo dijimos antes, y ahora os lo vuelvo a repetir: el que os predique un evangelio distinto del que vosotros han recibido, ¡que sea expulsado!" (Gál 1,8-9).
Sin embargo, debo reconocer que sobre este punto Grillo parece dar en el clavo. Dice: "No sólo aquí se expresan algunas convicciones que no son en absoluto 'magisterio adquirido', sino más bien forzamientos recientes en la doctrina común, sino que se citan sólo las labores sinodales y se ignora el texto de Amoris laetitia. En efecto, no son 'algunos padres sinodales' los que han expuesto teorías extravagantes a propósito de la relación entre la Iglesia y el matrimonio, sino el texto mismo de Amoris Laetitia en los nn. 72-73 que hablan respectivamente de 'signo imperfecto' y 'analogía imperfecta' para definir la relación entre el sacramento del matrimonio y las nupcias entre Cristo y su Iglesia". Y cita el texto del Papa:
"El sacramento del matrimonio no es una convención social, un rito vacío o el mero signo externo de un compromiso. El sacramento es un don para la santificación y la salvación de los esposos, porque su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia. Los esposos son por tanto el recuerdo permanente para la Iglesia de lo que acaeció en la cruz; son el uno para el otro y para los hijos, testigos de la salvación, de la que el sacramento les hace partícipes" (n.72). "El matrimonio cristiano es un signo que no sólo indica cuánto amó Cristo a su Iglesia en la Alianza sellada en la cruz, sino que hace presente ese amor en la comunión de los esposos. Al unirse ellos en una sola carne, representan el desposorio del Hijo de Dios con la naturaleza humana. Por eso en las alegrías de su amor y de su vida familiar les da, ya aquí, un gusto anticipado del banquete de las bodas del Cordero. Aunque la analogía entre la pareja marido-mujer y Cristo-Iglesia es una analogía imperfecta, invita a invocar al Señor para que derrame su propio amor en los límites de las relaciones conyugales" (n.73).
Grillo observa: "1. Nadie habla de "vaga relación" [se refiere a la "analogía" del Cardenal], sino de "analogía imperfecta". Esto no excluye en absoluto una relación de "representación real" y de "eficacia" entre sacramento y vida eclesial, sino que distingue cuidadosa y precisamente esta representación de la "representación eucarística". Precisamente esta "identidad" sería un forzamiento de la tradición, a la cual parece inclinar la interpretación maximalista expresada los cuatro cardenales y que Prefecto Müller parece compartir. 2. Hacer pasar por "opiniones de algunos padres sinodales" las explícitas palabras de una Exhortación Apostólica puede complacer a los lectores de la revista Il Timone, pero no rinde ningún servicio a la verdad. Sobre este punto el ministerio de un Prefecto de la Congregación debería evitar crear confusión y registrar la evolución de una disciplina, ayudando a comprenderla, en lugar de fingir ignorarla".
Respondo a las palabras de Grillo diciendo que el nudo de la cuestión es, ante todo, si el concepto cristiano del matrimonio es un concepto analógico. Y si es así, de cual tipo de analogía. La analogía en general es un parangón, una comparación entre dos términos, que se asemejan. Así por ejemplo decimos que hay una analogía entre la actividad creadora de Dios y el obrar artístico humano, o bien entre la sensibilidad animal y la sensibilidad humana.
Ahora bien, es necesario decir con franqueza que el concepto de matrimonio no es un concepto analógico, como si fuera un trascendental, que pueda aplicarse analógicamente a Dios y al hombre, de modo que entre el matrimonio humano y el "esponsalicio" entre Cristo y la Iglesia pueda darse una analogía estricta, perfecta y completa. Esto ciertamente es lo que el Papa quiere decir con la expresión "analogía imperfecta".
En suma, el "matrimonio" de Cristo ⁸ no es un verdadero y propio matrimonio, sino que lo es sólo simbólicamente; se trata de una comparación indudablemente muy bella, ideada por Pablo, a directa sugerencia del Antiguo Testamento, para hacernos apreciar por una parte la altísima dignidad del matrimonio cristiano, y por otra, para hacernos comprender que la Iglesia puede ser considerada de algún modo una persona ⁹, precisamente la "esposa" de Cristo. En efecto, la Iglesia, como una persona, cumple una rica serie de actos personales: cree, espera, ama, actúa, crece, obedece, contempla, recuerda, busca, adora, reza, se regocija, ofrece, sufre, soporta, enseña, juzga, corrige, gobierna, premia y castiga, predica, aprende, conserva, persevera, purifica, progresa, reconcilia, unifica, perdona, renueva, santifica. Y así como una esposa terrena engendra hijos del hombre, así la Iglesia engendra hijos de Dios.
El cardenal Müller, lamentablemente, parece contradecir aquí al Papa, algo que Grillo destaca con complaciente malicia y aire de triunfo por haber puesto al cardenal Müller en contra del Papa. El problema grave, en efecto, es que parece que efectivamente existe un contraste entre el modo con el cual el Papa entiende la analogía paulina y el modo como la entiende el cardenal Müller. Es posible, en mi opinión, que no se trate de un verdadero y propio contraste, sino de dos puntos de vista diferentes.
El Papa centra la atención sobre la analogía en sí misma y habla de una "analogía imperfecta", preocupado probablemente por la distancia infinita que existe entre la unión humana y el misterio trascendente de la relación Cristo-Iglesia, obviamente sin negar la existencia y el valor de la analogía. El cardenal Müller, en cambio, niega una simple "vaga analogía", porque está preocupado por destacar y evidenciar que la analogía toca la sustancia del sacramento.
Grillo, que no aspira más que a encontrar un motivo de divergencia del Cardenal con el Papa, se lanza a la pesca de este punto delicado de la analogía con estas palabras: "(…) es el propio texto de Amoris Laetitia en los nn. 72-73 que habla respectivamente de 'signo imperfecto' y de 'analogía imperfecta' para definir la relación entre el sacramento del matrimonio y las nupcias entre Cristo y su Iglesia. Y de hecho, las palabras del Papa son las siguientes: Aunque la analogía entre la pareja marido-mujer y Cristo-Iglesia es una analogía imperfecta, invita a invocar al Señor para que derrame su propio amor en los límites de las relaciones conyugales".
El problema, entonces, es ver si la expresión del cardenal Müller "vaga analogía" corresponde a aquella del Papa "analogía imperfecta". En cuyo caso, Grillo tendría razón al señalar un contraste entre el cardenal Müller y el Papa. Para aclarar el pensamiento de entrambos, creo que puede servir detenernos por un momento a considerar los dos tipos fundamentales de analogía metafísica, en referencia a la expresión escolástica "analogía incompleta" del padre Tomas Tyn OP.
Mientras que la analogía incompleta o imperfecta es la analogía de atribución, la analogía completa o perfecta es aquella analogía que agrega a la atribución la proporcionalidad. La analogía es perfecta, cuando la razón analógica pertenece propiamente y proporcionalmente a todos los analogados; es, en cambio, imperfecta, cuando la razón analógica pertenece propiamente sólo al sumo analogado y los otros sólo por atribución extrínseca o por relación con él.
Por ejemplo, el ente es una noción de analogía perfecta, porque la razón de ente pertenece propiamente y proporcionalmente a todos los entes, por diferentes que ellos sean entre sí. En cambio, la sanidad o salud pertenece propiamente sólo al viviente y puede ser atribuida extrínsecamente a la medicina, la cual puede ser llamada analógicamente "sana" no en sí misma, sino en cuanto procura la salud.
El padre Tomas Tyn muestra con estas palabras la diferencia entre los dos tipos de analogía: "La proporcionalidad hace que el análogo esté, conceptualmente, por encima de los analogados e intrínsecamente proporcionado a ellos. En la atribución, en cambio, el análogo coincide con el sumo analogado y los otros analogados son proporcionales a él. En el primer caso, la forma misma es proporcional; en el otro, en cambio, está numéricamente determinada y los denominados por ella son proporcionales a ella y al sumo analogado, que solo la posee en la identidad numérica. La atribución es la analogía de los analogados mismos, porque es la relación entre uno y otro de ellos; la proporcionalidad es la analogía del análogo proporcionalmente conveniente a los analogados, los cuales pueden ser simplemente diferentes el uno del otro sin orden o, si se accede a la atribución virtualmente implícita, también proporcionados y jerárquicamente ordenados" ¹⁰.
La analogía del matrimonio con las nupcias entre Cristo y la Iglesia, en el pensamiento del Papa, parece ser, por lo tanto, una simple analogía de atribución o de proporción. En este sentido él habla de "analogía imperfecta". Vale decir que ella no supone que deba casi existir una única noción analógica de matrimonio, "conceptualmente, por encima de las analogías e intrínsecamente proporcionada a ellas". Como si, digamos, el matrimonio entre Cristo y la Iglesia fuera un verdadero y propio matrimonio, como lo es el de un hombre y una mujer. Por el contrario, la noción de matrimonio es unívoca, pero se vuelve analógica en virtud de la comparación que hace san Pablo del matrimonio con la unión entre Cristo y la Iglesia. Pero tal unión, de por sí, no es propiamente un matrimonio, así como no se puede predicar en sentido propio la sanidad o salud de la medicina.
Esto no significa que la comparación paulina no entre en la esencia del sacramento del matrimonio y que la gracia del matrimonio no sea la participación, como dice el Cardenal, del amor que une a Cristo a la Iglesia, algo en lo que, naturalmente, también el Papa está de acuerdo.
Observo, en conclusión, que efectivamente el Cardenal, al rechazar la "vaga analogía", parece rechazar la "analogía imperfecta" del Papa. En este punto, la crítica de Grillo parece dar en el blanco. El único modo de salvar la infeliz expresión del cardenal Müller parece ser el de distinguir dos enfoques diversos de la cuestión de la comparación paulina marido-esposa y Cristo-Iglesia.
Es posible que, mientras el Papa se sienta movido por la preocupación de no crear una analogía demasiado estricta (de proporcionalidad) entre las dos parejas de términos, para salvar la trascendencia de la relación Cristo-Iglesia respecto a la pareja humana, el Cardenal, en cambio, parece estar más atento con la altísima dignidad del matrimonio. De ahí la concepción de una analogía exagerada (¿de proporcionalidad?), demasiado estricta, como "sustancia" e "identidad" del Sacramento, y la acusación de "maximalismo" por parte de Grillo.

Obispos que interpretan mal la exhortación Amoris laetitia

Digan lo que digan el cardenal Walter Kasper o el cardenal Reinhard Marx, para poder evadir, como se suele decir, por la tangente y no ser atrapados con las manos en la masa, no hay duda de que Amoris Laetitia no brilla por claridad sobre la vexata quaestio de la Comunión de los divorciados vueltos a casar, acerca de la cual toda la Iglesia esperaba, después de dos Sínodos y una infinidad de discusiones, una palabra clara, definitiva y resolutiva del Sucesor de Pedro, según el antiguo adagio Roma locuta, causa finita.
Similarmente, cuando a finales de los años sesenta del siglo XX se planteó la cuestión de los anticonceptivos, Pablo VI permitió y favoreció una amplia y prolongada discusión previa. Pero luego, con Humanae Vitae, se expresó con claridad y riqueza de argumentaciones. El documento del papa Francisco no da una solución que brille por la claridad, cosa que hemos expresado repetidamente en nuestros artículos en este blog. Sin embargo, no es en absoluto imposible, con una atenta exégesis, llegar a comprender la mens del Papa: los divorciados vueltos a casar quedan excluidos de la Comunión eucarística.
El único punto de Amoris Laetitia, que podría hacer pensar en un cambio en la ley, podría ser la nota 351, que menciona los sacramentos para los divorciados vueltos a casar. Excepto, sin embargo, que: 1. habla de "algunos casos" sin especificar cuáles; 2. se expresa en condicional; mientras que, para que se establezca una ley formal, es necesario que: a. se especifiquen los casos de la aplicación; b. no se use el condicional, sino el indicativo o el imperativo.
Por eso, el cardenal Müller puede afirmar: "La exhortación Amoris Laetitia debe ser claramente interpretada a la luz de toda la doctrina de la Iglesia". Y así se explican entonces sus siguientes palabras: "No me gusta, no es correcto, que tantos obispos estén interpretando Amoris laetitia según su propio modo de entender la enseñanza del Papa. Esto no está de acuerdo con la doctrina católica. El magisterio del Papa es interpretado sólo por él mismo o a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe”.
El Cardenal se refiere evidentemente a aquellos obispos, que han transformado arbitrariamente en ley la nota 351, que es sólo una hipótesis de ley, con el serio riesgo de dar vida a prácticas pastorales que no corresponden, sin embargo, a la doctrina y al Magisterio de la Iglesia.
La Amoris Laetitia, en cambio, respecto a la Familiaris consortio, escrita treinta años antes, muestra una mayor sensibilidad pastoral, una mayor apertura a la diversidad de las situaciones, una mayor preocupación por cómo hacer llegar la gracia incluso a los divorciados vueltos a casar, una mayor comprensión de los valores inherentes a las personas de los divorciados vueltos a casar, sin por esto dejar de notar el aspecto pecaminoso de su vida y el deber que tienen de convertirse y hacer penitencia.
Ya en otras ocasiones, de todos modos, el cardenal Müller ha dado a entender que el Papa en la Amoris Laetitia no concede el permiso de la Comunión a los divorciados vueltos a casar. Por eso, el cardenal Müller reprende a los obispos argentinos, los cuales admiten "casos" o excepciones insostenibles.
Es cierto que el Papa ha escrito una carta a los obispos argentinos, afirmando que ellos "han interpretabien bien" la Amoris Laetitia. Pero esta carta, aparte del hecho de que no tiene forma canónica, por lo tanto preceptiva, hace simplemente referencia a la famosa e importante nota 351, la cual no introduce una nueva disciplina para los divorciados vueltos a casar, sino que sólo insinúa vagamente la posibilidad de un cambio.
En esta carta, en efecto, el Papa menciona los "casos" citados por la nota 351, en los cuales se podría conceder la Comunión a los divorciados vueltos a casar; como para decir que el concederla no sería un intrinsece malum, como en cambio lo es el pecado de adulterio.
Por el contrario, el Papa no admitiría la posibilidad de estos casos porque, cuando se trata del intrinsece malum, al cual corresponde el intrinsece bonum, es decir, el bonum honestum, el divino mandamiento o ley divina, que es un bien o deber absoluto, no existen casos en los cuales el bien no sea ya bien y el mal no sea ya mal.
Por el contrario, cuando el legislador legisla sobre el extrinsece bonum, o sea sobre una materia que admite casos que hacen excepción, entonces debe elencar, enumerar, determinar o precisar estos casos según las posibilidades y los límites de la humana prudencia, sin la presunción de poderlos prever todos, y dejando por lo tanto a la prudencia del juez -en este caso específico el confesor autorizado- la facultad discrecional de decidir cada vez que se presente un caso no previsto por la ley ¹¹.
Es obvio que la invocación del caso excepcional no debería ser un pretexto para evadir de la ley o para avalar la ética de la situación, sino que debe justificarse por el hecho de que en ese caso, debidamente valorado ("discernimiento"), es necesario hacer prevalecer una ley superior ¹².
Esta capacidad de suspender una ley (bonum extrinsecum) para observar una superior o suprema (bonum intrinsecum), ya ha sido llamada por Aristóteles epíkeia, y por los latinos aequitas, mientras que en la ética cristiana entra en las virtudes de la justicia ¹³ y de la caridad.
El Papa podría emitir un motu proprio, o bien podría instruir a la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos de dar disposiciones en la materia, precisando los casos y estableciendo las cualidades y las condiciones requeridas en el confesor ("acompañamiento"), autorizado por el Obispo, para estar habilitado para absolver a los divorciados vueltos a casar, como se hace tradicionalmente en los casos reservados y en la práctica del exorcismo ¹⁴.
El penitente es como un paciente, que debe tomar el fármaco (la Eucaristía) bajo control médico, o sea bajo la guía del Sacerdote. Los divorciados vueltos a casar, ordinariamente, son demasiado débiles para tolerar la Eucaristía, que, como dice San Agustín, es el "alimento de los fuertes"; por lo cual deben ser tratados directamente por la omnipotencia de la misericordia divina.
Pero a Grillo no le preocupa en absoluto mediar entre el Papa y el Cardenal. A él no le interesa sugerir, como buen teólogo y verdadero colaborador de la Santa Sede, por medio de una precisa comparación entre las posiciones del Papa y las del cardenal Müller, una perspectiva pastoral adecuada a las exigencias espirituales de los divorciados vueltos a casar. A él esto no le interesa para nada. Lo que le interesa es sembrar cizaña, entre el cardenal Müller y el Papa, defendiendo a los obispos disidentes y falseando el verdadero sentido de la Amoris Laetitia, cuyo intérprete autorizado es únicamente el cardenal Müller.
Para eso, Grillo no encuentra nada mejor que concluir esta descriteriada polémica contra Müller con estas facciosas preguntas: "Me hago algunas preguntas: ¿por qué el Prefecto no lee con la debida atención los documentos del Papa? ¿Y por qué abraza superficialmente las tesis de los cardenales que no quieren aplicar Amoris Laetitia, mientras critica abiertamente a los Obispos que se han embarcado en un serio proceso de recepción del documento? También sobre esto, el cardenal Müller parece ignorar que es la propia Amoris Laetitia (nn. 2-3) la que pide aquello que el Prefecto censura: en efecto, un proceso de recepción sinodal no es una infracción al centralismo eclesial, sino el remedio para su patología".
Es necesario decir entonces que Grillo no hace justicia a la crítica que el cardenal Müller hace a ciertos obispos. Más allá de la cuestión de la analogía, Grillo, con sofisticada habilidad e irreverencia hacia el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, viene a invertir las partes: los obispos disidentes hacen la figura de aquellos "se han embarcado en un serio proceso de recepción del documento" y realizan "un proceso de recepción sinodal", mientras que "Müller parece ignorar Amoris Laetitia, no lee los documentos del Papa con la debida atención y abraza superficialmente las tesis de los cardenales que no quieren aplicar Amoris Laetitia".
También yo me hago ahora algunas preguntas: ¿qué efectos espera Grillo obtener de este modo descriteriado e imprudente de defender al Papa? ¿Se puede defender con las mentiras a aquel que por Cristo ha sido encargado de ser Maestro de la Verdad? ¿Se puede apoyar al Papa enfrentándolo a su más estrecho colaborador en la doctrina de la fe? ¿Se da prueba de esa modestia y sabiduría, por las cuales todo buen teólogo debe estar animado, cuando se pretende dar un salto más allá del que se puede, tratando al cardenal Müller como si fuera un simple colega entre los demás y ni siquiera el más sabio? ¿No oculta esta falsa sumisión al Papa comprada con el desprecio por el cardenal Müller una verdadera rebelión real contra lo que representa el cardenal Müller?
Para concluir, sin embargo, diría que, si puedo dar humildemente un consejo al Prefecto, le diría que, para evitar que sus ideas parezcan en contraste con las del Papa -cosa muy dañina para la unidad de la fe- sería mejor que limitara sus tomas de posición personales, como las entrevistas, y en cambio se dedicara más a concordar con el Santo Padre documentos oficiales -y habría abundante materia en esto- como de hecho es su deber oficial. El Papa, por su parte, no podría dejar de sacar inmenso provecho de tal colaboración y sentir placer de contar con una ayuda institucional tan insustituible y altamente cualificada en el desempeño de su delicado ministerio doctrinal.

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 17 de febrero de 2017

Notas

¹ Si a algunos lectores, leyendo estos epítetos, les viene a la mente el lenguaje del Papa, les advierto que el Papa no entra aquí, porque evidentemente el Papa no es un modernista.
² Summa Theologiae, II-II, q.15.
³ Edizioni ARES, Milano 2016.
⁴ Cf. el artículo: Ma questo papa sarà mica un kantiano?, por Andrea Grillo, en la revista Settimana News, el 20 de enero de 2017, http://www.settimananews.it/lettere-interventi/papa-sara-mica-un-kantiano/
⁵ Cf. el artículo: Ma il card. Müller ha letto Amoris lætitia?, por Andrea Grillo, en la revista Settimana News, el 1 de febrero de 2017, http://www.settimananews.it/famiglia/card-muller-letto-amoris-laetitia/
⁶ Cf. artículo publicado el 1 de febrero de 2017: Müller sull’oscuramento della dottrina nella Chiesa, il Timone in formato digitale e molto altro, https://www.iltimone.org/news-timone/mller-sulloscuramento-della-dottrina-nella-chiesa/
⁷ Cf. un articulo del p. Ariel S. Levi di Gualdo: Fuori dalla Chiesa visibile non c’è salvezza? I mezzi ordinari ed i mezzi straordinari di salvezza. Dio non ha bisogno del nostro permesso, en el blog L’isola di Patmos, 7 de noviembre de 2014: https://isoladipatmos.com/fuori-dalla-chiesa-non-ce-salvezza-i-mezzi-ordinari-ed-i-mezzi-straordinari-di-salvezza-dio-non-ha-bisogno-del-nostro-permesso/
⁸ Así, de modo similar, en el Apocalipsis se habla de las "bodas del Cordero" (Ap 10,7). Jesús ama presentarse como el "esposo" (Mt 9,15; Jn 3,29; 2 Co 11,2). En el Antiguo Testamento Dios es el "Esposo" de Israel, representado como la "esposa" de Dios (Is 61,10; 62,5: Jer 30,17; Ez 16, 15-63; Os 2, 21-22; Ap 21, 2; 22,17). En el Apocalipsis se habla de la Iglesia como la "esposa" de Cristo (19,7). La "mujer" de Ap 12,1-2 es claramente la Iglesia luchando contra el "dragón", es decir, contra el demonio. La Iglesia es "mujer" y está representada por la Santísima Virgen María: cf. mi artículo: Maria Modello della Chiesa e della donna, en Sacra Doctrina, 6, 1993, pp. 866-925.
⁹ Cf. Jacques Maritain, L’eglise du Christ. La personne de l’Eglise et son personnel, Desclée de Brouwer, Bruges 1970.
¹⁰ Cf. Tomas Tyn, Metafisica della sostanza. Partecipazione e analogia entis, Edizioni Studio Domenicano, Bologna 1991, p.860.
¹¹ La casuística es indispensable cuando se trata del extrinsece bonum, es decir, de leyes que, como las civiles y las eclesiásticas, pueden admitir excepciones, suspensiones, dispensas o privilegios. Y es uno de los méritos de las buenas legislaciones y de los buenos tratados de teología moral. Sin embargo, ninguna casuística, por más detallada que sea, puede exonerar al juez de la responsabilidad del discernimiento, que le hace comprender, en determinados casos, no cómo evadir de la ley, sino cómo aplicarla mejor.
¹² La rigidez con la cual nos podemos encerrar en el extrinsece bonum o extrinsece malum, como si fueran un deber o una prohibición absolutos, indispensables e intransigibles, es el vicio que caracteriza al fariseísmo y al legalismo, que son la negación de la verdadera justicia y caridad, vicio repetidamente condenado por el Papa. No es firmeza o solidez de principios, sino estrechez mental de inteligencia moral.
¹³ Es aquella justicia que debe ser "superior a la de los escribas y de los fariseos" (Mt 5,20). 
¹⁴ El cardenal Francesco Coccopalmerio, presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, es el autor de un ágil pequeño volumen que acaba de publicar la Libreria Editrice Vaticana (Il Capitolo ottavo della esortazione apostolica post-sinodale Amoris laetitia), en el cual propone una solución del problema de los sacramentos para los divorciados vueltos a casar.

_________________________


Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Amoris Laetitia permittat superare
doctrinam traditionalem de matrimonio et sacramentis

Ad hoc sic proceditur. Videtur quod Amoris Laetitia permittat superare doctrinam traditionalem de matrimonio et sacramentis.
1. Quia quidam tenent continentiam divortivorum iterum coniugatorum esse solutionem provisoriam et partialem, quae iam non esset necessaria, et misericordia posset ab hac obligatione dispensare.
2. Praeterea, affirmatur matrimonium esse solam analogiam imperfectam respectu unionis Christi et Ecclesiae, quod sineret intellegentiam distinctam et magis flexibilem sacramenti.
3. Item, quidam episcopi interpretantur notam 351 quasi auctoritatem ad dandam sacramenta divortivis iterum coniugatis in quibusdam casibus, licet non specificetur qui sint. Ergo videtur quod disciplina mutata sit.
4. Denique dicitur quod Praefectus Doctrinae Fidei contradicat Papae, et quod theologi particulares essent veri interpretes eius cogitationis.

Sed contra est quod dicit Apostolus: “Qui manducat panem vel bibit calicem Domini indigne, iudicium sibi manducat et bibit” (1 Cor 11,29). Concilium Tridentinum docet sacramenta non posse recipi in statu peccati mortalis. Sanctus Paulus affirmat matrimonium esse “sacramentum magnum” in referentia ad Christum et Ecclesiam (Eph 5,32). Sanctus Ioannes Paulus II in Familiaris Consortio statuit continentiam tamquam condicionem ad Communionem accedendi. Et magisterium admonet intrinsece malum numquam posse fieri bonum.

Respondeo dicendum quod Amoris Laetitia non permittit superare doctrinam traditionalem, sed debet interpretari in continuatione cum ea. Continentia divortivorum iterum coniugatorum non est simplex dispositio positiva, sed veritas constitutiva theologiae moralis et sacramentalis, quia adulterium est intrinsece malum et numquam potest iustificari. Analogía matrimonii cum Christo et Ecclesia est imperfecta, sed non vaga: exprimit dignitatem sacramenti et participationem amoris Christi, quamvis sine identitate stricta. Nota 351 non constituit legem novam, quia loquitur in condicionali et sine casibus specificatis; ergo non potest esse fundamentum ad disciplinam mutandam. Auctoritas doctrinalis pertinet ad Papam et ad Congregationem pro Doctrina Fidei, non ad theologos qui se iudices cardinalium constituunt. Articulus sublineat quod praesentare Papam ut modernistam est deceptio diabolica, et quod verus servitus Papae consistit in doctrina confirmanda, non in deformanda.

Ad primum ergo dicendum quod misericordia non tollit intrinsece malum. Continentia ardua est, sed necessaria ad sacramenta digne accedenda. Propositio vivendi ut frater et soror est sapienter disposita quae normam Paulinam servat.
Ad secundum dicendum quod analogia imperfecta non significat matrimonium esse merum symbolum, sed vere participat amorem Christi. Papa sublineat distantiam infinitam inter humanum et divinum, dum Cardinalis extollit dignitatem sacramenti. Utrumque complementarium est, non contradictorium.
Ad tertium dicendum quod nota 351 non statuit legem, sed admittit possibilitatem casuum extraordinariorum sub condicionibus non specificatis. Ergo non potest interpretari ut auctoritas generalis. Disciplina manet firma in excludendis a Communione iis qui in statu irregulari sine conversione vivunt.
Ad quartum dicendum quod auctoritas doctrinalis non transfertur ad theologos. Praefectus Doctrinae Fidei est principalis cooperarius Papae in munere docendi. Praesentare eum ut contrarium Papae est artificium ad confusionem et scandalum serendum.
   
JG

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