domingo, 30 de agosto de 2026

¿Qué significa estar en comunión con el Romano Pontífice?

¿Qué significa realmente estar en comunión con el Papa? ¿Es acaso una adhesión afectiva, una simpatía personal, o más bien una firme unidad en la fe y en la disciplina? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli (escrito en tiempos del pontificado del Papa Francisco, aunque válido siempre) examina la diferencia entre la crítica respetuosa y la ruptura de comunión, mostrando cómo la corrección filial puede confirmar la unidad con el Sucesor de Pedro. Se plantea la cuestión de la infalibilidad del magisterio, la asistencia del Espíritu Santo y los límites de la obediencia, distinguiendo entre comunión de fe y comunión de disciplina. ¿No es urgente hoy desenmascarar las falsas comuniones, que reducen la fidelidad al Papa a un fanatismo superficial, y recuperar la verdadera comunión fundada en la verdad del Evangelio? El texto del docto teólogo dominico invita a reflexionar sobre la naturaleza auténtica de la comunión católica y sobre el servicio que la crítica justa puede prestar al ministerio petrino. [En la imagen: el papa León junto al arzobispo de Mendoza, mons. Marcelo Colombo, en su encuentro de días atrás en Roma].

¿Qué significa estar en comunión con el Romano Pontífice?
Los criterios de infalibilidad

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 16 de diciembre de 2018 en el blog L’Isola di Patmos -al parecer, la versión original en italiano de este artículo ha sido eliminada del blog L’Isola di Patmos)

Hace dos meses, en una carta ¹ fechada el 7 de octubre de 2018, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, se dirigió al arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio apostólico en los Estados Unidos de América, para recordarle que era su deber estar en comunión con el Sumo Pontífice. Contrariamente a la opinión del Prefecto, yo considero en cambio que el Arzobispo Carlo Maria Viganò está en comunión con el Sumo Pontífice ², aunque de algún modo puedo entender la opinión del Cardenal Marc Ouellet. En efecto, comunión con el Sumo Pontífice, no quiere decir ciertamente que no sea lícito desaprobar eventualmente sus comportamientos lesivos para la virtud, o al buen gobierno de la Iglesia.
El simple señalar o hacer notar al Sumo Pontífice, como ha hecho el arzobispo Carlo Maria Viganò, de haber omitido actos de su oficio, por grave que fuera la materia en la cual el Santo Padre hubiera fallado, y por lo tanto reprocharle filialmente y respetuosamente, llamándolo a su deber, si todo está hecho en los debidos modos y movidos por recta intención, nada tiene que ver con una ruptura de la comunión de fe o de disciplina con el Sumo Pontífice.
Una simple nota de reproche, si este reproche es justo y motivado, es decir, justificado, no debe confundirse con aquella desobediencia o rebelión al Jefe de la Iglesia Católica en su enseñanza de fe y en su voluntad pastoral, que en cambio constituye la ruptura de la comunión con él. El reproche, en efecto, hace referencia a la norma quebrantada por el reprochado y reconoce la norma como fundamento de la comunión con el reprochado, en este caso el propio Sumo Pontífice, responsable de haber incumplido su deber pastoral.
Ruptura de la comunión fue en cambio aquella de Lutero que acusó de herejía al Supremo Jefe de la Iglesia ³ por no haber aceptado su tesis herética de la justificación sin las obras, mostrando así socavar el principio mismo de comunión con el Romano Pontífice y con la Iglesia, principio que reconoce al Sucesor del apóstol Pedro como el maestro de la fe.
Es necesario recordar que la verdadera comunión católica con el Sumo Pontífice, que implica también la comunión con la Iglesia, no es, como creen muchos que se consideran a sí mismos obedientes, una simple simpatía o empatía psico-emotiva, o un simple vínculo afectivo o una admiración humana o terrena o política para él, menos que menos un apego subjetivo al hombre Jorge Mario Bergoglio, con sus gustos y sus opiniones personales; por lo cual, con un término más apropiado para los actores de teatro o para los campeones deportivos, se consideran tontamente "fanáticos" del Santo Padre o, con una expresión exageradamente confianzuda, "amigos", por no hablar de sus idólatras. De modo que, aquellos que de algún modo expresen una cualquier crítica al Sumo Pontífice, por más razonable, respetuosa y motivada o justificada que fuere, serían sus "enemigos" y quienes le "odian", o peor aún: serían quienes no estarían en "comunión" con él.
Con razón estos tales se consideran "fanáticos" porque son fanáticos, porque a ellos les parece que el Sumo Pontífice los satisface en sus vicios y en sus herejías. El problema es que, efectivamente, al papa Francisco, aunque en cuanto Sumo Pontífice sea ortodoxo, no se preocupa, sin embargo, por tener un lenguaje claro y apropiado que evite el equívoco o el doble sentido, y omitiendo negar las malas interpretaciones o las instrumentalizaciones. Y esto, digámoslo sinceramente, es una deshonestidad, que si es denunciada en los debidos modos, o sea de la manera correcta, no rompe en absoluto la comunión católica con el Sumo Pontífice, al contrario, la confirma, porque de este modo se le rinde un servicio a fin de que pueda corregirse; por lo tanto, no podríamos estar mejor en comunión con él.
El papa Francisco, junto con sus así llamados "amigos", no debería en absoluto ofenderse y contraatacar; no debería encerrarse en un despectivo silencio, o incluso responder con resentimiento y calumnias, de hecho haría bien en cambio en tomar en consideración las críticas, en aceptar los llamamientos y las súplicas, en escuchar los consejos, en aceptar las propuestas de reforma, en deshacer los dubia, en reconocer las propias faltas, en tener piedad de la Iglesia sufriente y traicionada, pidiendo si es necesario perdón a Dios, ya que la misericordia de Dios también está allí para él, junto con la remisión de los pecados.
La comunión con el Romano Pontífice no es una relación afectiva ubicada en el plano simplemente humano, psicológico o social, lo que por otra parte no está en absoluto excluido, sino que es esencialmente una firme y constante voluntad de amor y obediencia al Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro, y está fundada en la convicción de fe teologal y efecto de la gracia divina de que Cristo ha querido fundar su Iglesia sobre la roca de Pedro, sin que nunca los poderes de las tinieblas puedan jamás destruirla (Mt 16,13-20). En particular tal comunión, que es unidad de ideas y de voluntad con el Sumo Pontífice, implica una base teorética y una ejecución práctica. La base teorética es el conocimiento de fe, propio del católico, que el Sumo Pontífice, gracias a una asistencia especial garantizada por Cristo a Pedro ("confirma fratres tuos", Lc 22,32), es doctor verídico y veraz de las inmutables verdades de la fe, por lo cual no puede equivocarse en el aprender y en el enseñar el dato revelado, en particular los dogmas de la fe, no sólo en las circunstancias solemnes y extraordinarias de las definiciones de las definiciones de nuevos dogmas ("ex cathedra Petri"), sino también en las circunstancias ordinarias y cotidianas.
La actuación, implementación o puesta en práctica de la comunión con el Sumo Pontífice, de la cual deriva la comunión eclesial concreta, consiste en la obediencia a su guía pastoral, a sus mandatos y a sus disposiciones administrativas, jurídicas y legislativas. Pero tal obediencia no falla ni viene a menos si detectamos en el Sumo Pontífice, después de un ponderado y maduro juicio, una falta contra la justicia o contra la prudencia o contra las otras virtudes. Por eso viene oportuno hacer en estas líneas una importante distinción, en lo que se refiere al ministerio petrino, que toca la cuestión de la comunión con el Sumo Pontífice en el obsequio o respeto debido a tal ministerio.
Recordemos, entonces, que el Romano Pontífice recibe en cuanto tal de Cristo un especial don del Espíritu Santo, que le sirve tanto como maestro de la fe como para el gobierno de la Iglesia, así como para disponer de la gracia santificante, común a todo cristiano en gracia, para el ejercicio de las virtudes humanas y cristianas. Evidentemente, la gracia del Espíritu Santo actúa o entra en función para las tres tareas mencionadas: la enseñanza de la verdad evangélica, el gobierno de la Iglesia y el ejercicio de las virtudes cristianas.
Por cuanto respecta a la asistencia del Espíritu Santo, ella es infalible en el ejercicio del magisterio doctrinal ordinario y extraordinario del Sumo Pontífice, en cuanto que la gracia mueve infaliblemente su voluntad a anunciar la verdad acerca de los datos salvíficos de la fe. Si así no fuera, si ese no fuere el caso, eso querría decir que ya no sería válida la promesa hecha por Cristo a Pedro y sus sucesores de asistirlos como maestros de la fe. Lo cual es evidentemente impensable. En este acto, por lo tanto, la voluntad del Sumo Pontífice, sin dejar de ser libre, está infaliblemente movida por el Espíritu Santo para identificar y expresar la verdad; por consiguiente, el Sumo Pontífice no puede pecar consciente y deliberadamente de herejía. Quienquiera que en este punto no esté en comunión con el Sumo Pontífice, es hereje.
Esta asistencia infalible del Espíritu Santo, que el Papa posee en el conocer, anunciar, explicar, defender y difundir el Evangelio, es similar a aquella asistencia más importante que ha ejercido el Espíritu Santo para inspirar a los hagiógrafos bíblicos todo y solo aquello que a través de ellos el Espíritu Santo ha querido revelar a la humanidad, todo lo demás es sólo el fruto de su falible inteligencia.
Asimismo, lo que el Sumo Pontífice piensa o dice por fuera de su magisterio apostólico, lo piensa y lo dice bajo su propio personal riesgo y peligro. La diferencia entre la inspiración bíblica y la asistencia al Sumo Pontífice radica en el hecho de que en el primer caso está en juego el contenido revelado, mientras que en el segundo se trata de la adquisición, de la comprensión y de la interpretación de este contenido.
Diferente es el caso de la gracia que el Papa tiene a su disposición para su conducta moral y para el gobierno de la Iglesia. El Papa puede rechazar esta gracia y de este modo caer en el pecado. Este es, por lo tanto, el plano del comportamiento del Sumo Pontífice, donde puede ser reprochado y corregido, sin romper la comunión con él. En efecto, es claro que la comunión legítima se extiende a todo el campo de los actos legítimos y loables del Sumo Pontífice, pero que en la medida en la cual él transgrediera la ley de Dios y de la Iglesia, en esa medida la comunión con él no podría subsistir.
También aquí se da una comunión con el Sumo Pontífice, la cual sin embargo no es, como en el caso precedente, comunión de fe, sino comunión de disciplina. Así como se puede romper la anterior comunión mediante la herejía, aquí se puede romper la comunión con el cisma, que es desobediencia al Sumo Pontífice en su voluntad de legislador y guía pastoral y jurídica de la Iglesia.
Los modernistas, por el contrario, que se jactan de ser los amigos del Pontífice reinante y disfrutan efectivamente de sus favores, no saben que cosa es la verdadera comunión con el Romano Pontífice. Por lo cual, no obstante las apariencias en contrario, son en realidad cismáticos. En efecto, para ellos la comunión con el Sumo Pontífice no es la unión de su voluntad con el papa Francisco en cuanto custodio infalible de una verdad absoluta e inmutable, en la cual no creen, propiedad de la doctrina del Evangelio; sino que es la concordia y la colaboración con la subjetiva y discutible, de hecho dañina, línea político-pastoral de Bergoglio, que hacen pasar como un punto de inflexión o giro epocal y revolucionario, gran profecía y reforma, plena implementación del Concilio Vaticano II.
El papa Francisco, por otra parte, da margen y espacio a esta falsa comunión, porque parece preocuparse más por la afirmación de su prestigio personal, que por cuidar la pureza y la defensa de la doctrina de la fe. Es aquí donde viene a propósito la severa advertencia agustiniana: "Quienes apacientan las ovejas de Cristo con la intención de condicionarlas a sí mismos y no considerarlas de Cristo, demuestran amar no a Cristo sino a sí mismos, impulsados como están por la codicia de gloria o el poder o la ganancia, no por el amor de obedecer, de ayudar, de agradar a Dios" (Tratt. 123, 5; CCL 36, 678-679).
No debe sorprendernos entonces del hecho de que los modernistas no hagan críticas al papa Francisco, mientras que han atacado duramente a los últimos Papas, como san Paulo VI, san Juan Pablo II y Benedicto XVI. El motivo es que entendieron que, mientras estos Papas eran antimodernistas, operando hoy un gran forzamiento están convencidos de que el papa Francisco es uno de ellos, por lo cual, si por una parte han sido ocultamente cismáticos con los papas anteriores, ahora se han vuelto hipócritamente obedientísimos, incluso fanáticos del pontífice reinante, quien, lamentablemente, no hace mucho para disipar este equívoco y tomar distancia de ellos.
Quien está verdaderamente en comunión con el Papa y le habla con franqueza, hoy es acusado por los modernistas de no estar en comunión con el Sumo Pontífice. Quienes, en cambio, por causa de sus herejías, son en realidad cismáticos, se hacen pasar por amigos del Papa, quien debería ser más cauto en darles confianza, ya que lo instrumentalizan a su favor.
Quien no esté en comunión con el Sumo Pontífice merece ser excomulgado. Pero es necesario decir que el Sumo Pontífice en esta materia puede equivocarse, es decir, puede excomulgar a quien no lo merece, mientras que no puede excomulgar a quien lo merece. Entonces, ¿qué puede hacer un excomulgado injustamente? Según Santo Tomás de Aquino, debe soportar humilde y pacientemente. Yo agregaría que debe orar y ofrecer sus sufrimientos por la salvación de las almas de sus perseguidores.

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 16 de diciembre de 2018

Notas

² Recuerdo a los lectores que este artículo es de fines del año 2018. Desgraciadamente, en años posteriores, la postura contestataria del arzobispo Carlo Maria Viganò contra el Romano Pontífice se agravó de más en más, y recibió la excomunión. Hoy Viganò se encuentra en situación cismática (JG).
³ Precisamente, en años posteriores a este artículo, el arzobispo Carlo Maria Viganò cayó en herejía, por las mismas razones que Martín Lutero, al haber acusado de herejía al Romano Pontífice y al Concilio Vaticano II (JG).

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum communio cum Romano Pontifice consistat in adhaesione affectiva
vel in unitate fidei et disciplinae

Ad hoc sic procediturVidetur quod communio cum Romano Pontifice consistat in adhaesione affectiva.
1. Quia multi credunt sufficere simpatiam, admirationem vel amicitiam erga personam Papae, ita ut qui eum critice reprehendit videatur inimicus eius et extra communionem. Hoc argumentum videtur forte, quia innititur opinioni quod communio sit vinculum mere emotivum.
2. Praeterea, quidam tenent communionem cum Papa esse concordiam cum eius consiliis politicis vel pastoralibus, etiam si non innitantur doctrinae fidei. Hoc videtur rationabile, quia Papa etiam gubernat in plano practico et sociali.
3. Item, videtur quod communio exigat absolutam obedientiam ad omnes actus Papae, ita ut nulla correptio sit licita sine ruptura communionis. Hoc argumentum videtur solidum, quia suprema auctoritas videretur excludere omnem reprehensionem.
4. Denique, modernistae gloriantur se esse amicos Papae Francisci et favores eius obtinere, concludentes se esse in vera communione, quamvis negent veritatem absolutam et immutabilem Evangelii. Hoc argumentum eis videtur persuasivum, quia confundunt communionem cum auxilio politico.

Sed contra est quod Christus dicit Petro: “Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam, et portae inferi non praevalebunt adversus eam” (Mt 16,18). Item, Augustinus monet: “Qui pascunt oves Christi ad se ipsos, non ad Christum, ostendunt se amare non Christum sed se ipsos” (Tract. in Ioannem 123,5).

Respondeo dicendum quod communio cum Romano Pontifice non consistit in mera adhaesione affectiva, sed in unitate fidei et disciplinae. Est voluntas firma et constans amoris et oboedientiae erga Vicarium Christi, fundata in fide theologali et gratia divina, qua credimus Christum Ecclesiam suam super Petrum fundasse. Haec communio duplicem rationem habet: theoreticam, quae est agnitio Papae ut magistri veridici et veridici de immutabilibus veritatibus fidei, infallibiliter assistentia Spiritus Sancti sustentati; et practicam, quae est oboedientia ad eius mandata pastoralia et dispositiones iuridicas. Non tamen excluditur correptio fraterna, si Papa in moribus vel in regimine peccet, quia hoc non est ruptura communionis, sed potius confirmatio eius, cum agnoscatur lex divina ut fundamentum unitatis. Sic correptio iusta et reverens communionem confirmat, quia quaerit bonum Ecclesiae et fidelitatem ministerio petrino.

Ad primum ergo dicendum quod simpatiam vel amicitiam non sufficere ad communionem, quae est nexus fidei et disciplinae. Critica iusta et recta intentione facta non est inimicitia, sed servitium Papae et Ecclesiae.
Ad secundum dicendum cum maiori subtilitate: concordia cum consiliis politicis Papae non est vera communio, nisi haec consilia innitantur fidei. Qui communionem ad hoc reducunt sunt revera cismatici, quia veritatem humanis commodis subiciunt.
Ad tertium dicendum cum extensione: absoluta obedientia ad omnes actus Papae non est necessaria nec recta. Papa potest peccare in moribus et in regimine, et tunc licet eum fraterne reprehendere, manendo tamen in communione fidei et disciplinae. In magisterio autem fidei errare non potest, quia Spiritus Sanctus infallibiliter eum assistit. Sic distinguitur inter communionem fidei, quae est indestructibilis, et communionem disciplinae, quae cismate rumpi potest.
Ad quartum dicendum breviter: modernistae, qui gloriantur se esse amicos Papae, non sunt in vera communione, quia negant doctrinam immutabilem fidei. Eorum communio est falsa et politica, non theologalis, et ideo Papam ad errores suos instrumentaliter adhibent.
   
JG

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