jueves, 27 de agosto de 2026

La cuestión de la validez de las ordenaciones sacerdotales hoy y los problemas de la Fraternidad de San Pío X (3/3)

¿Es el sacerdocio ministerial una creación arbitraria de la Iglesia medieval? En la tercera parte (última) de este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli examina las tesis de Edward Schillebeeckx y Karl Rahner, que reducen el ministerio sacerdotal a un simple servicio humano y confunden el sacerdocio común con el ministerial. Se muestra cómo estas concepciones niegan la sucesión apostólica y falsifican el sacramento del Orden, presentando la liturgia como mera “liturgia del mundo”. ¿No es acaso urgente discernir si el sacerdote actúa en nombre de Cristo o en nombre de un espíritu mundano? El texto del docto teólogo dominico nos invita a redescubrir la verdadera naturaleza del sacerdocio como participación en el sacerdocio de Cristo y como ministerio insustituible para la salvación de las almas. [En la imagen: fragmento de "Misa del padre Cabañuelas", óleo sobre lienzo, 1638, obra de Francisco de Zurbarán, conservado en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe].

La cuestión de la validez de las ordenaciones sacerdotales hoy
y los problemas de la Fraternidad de San Pío X

Tercera Parte

(Traducción de la tercera parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos, el 19 de septiembre de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/la-questione-della-validita-delle-ordinazioni-sacerdotali-oggi-ed-i-problemi-della-fraternita-di-san-pio-x/)

Edward Schillebeeckx ¹

Schillebeeckx se ha ocupado expresamente del ministerio sacerdotal en varias ocasiones, especialmente en un libro de 1980 dedicado específicamente al tema, "El ministerio en la Iglesia. Servicio de presidencia en la comunidad de Jesucristo" ² y algunos años después en el libro "Por una Iglesia con rostro humano" ³.
Schillebeeckx, siguiendo un método exegético protestante, es decir, sin tener en cuenta la interpretación o la explicitación subsecuente hecha por la Iglesia, presenta la doctrina actual de la Iglesia sobre el sacerdocio como si estuviera en contraste con el concepto neotestamentario de "ministro", "guía" o "presidente" de la comunidad, argumentando que en el Nuevo Testamento no existe el concepto actual del sacerdote como ministro exclusivo de la eucaristía y que, por tanto, la función de guía de la comunidad no es un poder especial reservado a algunos, poder llamado precisamente hoy por la Iglesia "sacerdocio", que se sumaría a las facultades dadas por el bautismo, sino que en el Nuevo Testamento la función "apostólica", guía de la comunidad, que implica el poder de hacer la Eucaristía, surge de la sola gracia bautismal; por lo cual, cualquier bautizado puede, en principio, desarrollar este servicio.
De esto se desprende que, según Schillebeeckx ⁴, en el Nuevo Testamento todo bautizado, así como puede ser "ministro", o sea guía de la comunidad, en circunstancias oportunas establecidas por la comunidad, ya sea varón o mujer, está habilitado para celebrar la Eucaristía, por el hecho de que la comunidad, teniendo necesidad de la Eucaristía, tiene derecho a tener el ministro, el cual, por lo demás, siempre según cuanto Schillebeeckx le hace decir al Nuevo Testamento, siendo un miembro de la comunidad, es elegido para ese oficio por la misma comunidad.
Para encontrar una contradicción entre la doctrina neotestamentaria y la de la Iglesia actual, él aprovecha el hecho de que en los tiempos apostólicos la denominación y distinción de los diversos ministerios y entre los grados jerárquicos era todavía virtual e implícita.
El epískopos, por ejemplo, que de por sí significa simplemente "supervisor", podía ser también lo que hoy nosotros llamamos presbítero o sacerdote o cura, así como el presbyteros, que significa "anciano" o el apóstolos -referencia a los doce apóstoles- podía ser el obispo, actuando también funciones de presbítero. Por tanto, se puede pensar que inicialmente sólo al apóstolos, en cuanto sucesor de los apóstoles, se le permitiera celebrar la Eucaristía, poder que subsecuentemente habría sido compartido por el obispo con los presbíteros.
Por otro lado, para Schillebeeckx, la idea de un ministerio jerárquicamente ordenado, tal como estará presente en la doctrina de la Iglesia (es decir, el orden jerárquico de diácono, presbítero y obispo) no derivaría de cuanto emergería en el Nuevo Testamento de la voluntad de Cristo, sino que habría sido una arbitraria inclusión en el dato bíblico por parte de la Iglesia medieval de categorías derivadas del ordenamiento del Imperio Romano. Evidente negación, también ésta, del sacramento del Orden.
Ahora bien, es necesario recordar que la Iglesia, encargada por Cristo de custodiar e interpretar infaliblemente a lo largo de los siglos su Palabra, no contradice en absoluto la enseñanza neotestamentaria, sino que, al contrario, la precisa, la desarrolla y la explicita. El Espíritu Santo, que ha inspirado a los hagiógrafos, es el mismo que asiste a la Iglesia en la explicitación y en la profundización de la Palabra de Dios a lo largo de la historia.
Pero la idea de Schillebeeckx de que cualquier bautizado, aunque sea excepcionalmente, puede celebrar la Eucaristía, es absolutamente extraña y, de hecho, contraria a la doctrina del Nuevo Testamento y, por tanto, es herética, en cuanto contraria a la esencia del sacramento del Orden, como resulta de la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a los Obispos, de 1983, Sacerdotium ministeriale y de la Carta de la misma a Schillebeeckx del 13 de junio de 1984. Veamos dos pasajes significativos de la primera Carta:
"Entre estos poderes, que Cristo ha otorgado de manera exclusiva a los Apóstoles y a sus sucesores, figura en concreto el de hacer la eucaristía (eucharistiam conficiendi). Solamente a los Obispos, y a los Presbíteros a quienes aquéllos han hecho partícipes del ministerio recibido, está reservada la potestad de renovar en el misterio eucarístico lo que Cristo hizo en la última Cena" […] Como pertenece a la misma naturaleza de la Iglesia que el poder de consagrar la Eucaristía sea otorgado solamente a los Obispos y a los Presbíteros, los cuales son constituidos ministros mediante la recepción del sacramento del Orden, la Iglesia profesa que el misterio eucarístico no puede ser celebrado en comunidad alguna sino por un sacerdote ordenado, como ha enseñado expresamente el Concilio Lateranense IV" ⁵.
Invitado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en la Carta de 1984 a corregir sus posiciones, Schillebeeckx prometió escribir un libro en el cual aclararía, y este libro ha sido "Por una Iglesia con rostro humano", publicado en Holanda en 1985. Salvo que, sin embargo, no cumplió sus promesas, porque en ese libro distingue una "apostolicidad horizontal", que sería la perteneciente a todos los bautizados, y una "apostolicidad vertical", propia del ministerio jerárquico ⁶.
La consecuencia de esta distinción es que, puesto que el poder de hacer la Eucaristía depende de la apostolicidad, Schillebeeckx no hace más que repetir el error que ya le había sido impugnado, es decir, el poder de todos para celebrar la Eucaristía, porque todos son "apóstoles", como para decir que todos, al menos virtualmente no formalmente, son sacerdotes ministeriales. El sacerdocio común de los fieles está así confundido con el jerárquico y por eso mismo es negado, como sucede con Lutero.
Y todo esto, conviene señalarlo bien, en nombre de la "humildad", porque el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe es acusado de concebir el ministerio "vertical", es decir, en otras palabras, el episcopado y el presbiterado, como "un status, una especie de elevación ontológica por encima de los otros miembros de la comunidad", mientras que a juicio de Schillebeeckx ⁷, el ministerio es "un humilde servicio a la comunidad" ⁸.
¿Quién lo niega? Pero el hecho es que Schillebeeckx confunde el aspecto objetivo con el aspecto subjetivo de un servicio. Está claro que desde un punto de vista subjetivo, cualquier servicio debe desarrollarse con humildad, sea grande o sea pequeño; pero desde el punto de vista objetivo, existen servicios humildes y servicios preciosos. Una cosa es el servir en la mesa y otra cosa es el servicio que un médico brinda al enfermo grave salvándole la vida. Una cosa es un servicio por el cual podemos prescindir del servidor y arreglarnos nosotros solos, como el self-service en un bar; y otra cosa es el servicio, que, si no nos viene prestado por alguno, estamos privados del servicio.
Por lo demás, para servir en sentido fuerte, es necesario poseer en ciertos casos una adecuada cualificación, importante o modesta, tal por la cual se procura a la persona el servir un bien que ella no posee y que no es capaz de procurarse por sí, en cuanto ella no posee esa cualificación o ese bien que le viene dado. Y es por eso que ella requiere el servicio.
Ahora bien, la ordenación sacerdotal añade efectivamente al alma del ordenando un accidente espiritual, una cualidad ontológica permanente, un don sobrenatural, el carácter sacerdotal, que le habilita para obrar eficazmente por la salvación de las almas. Quien no tiene esta cualificación, este poder, no puede obtener de sí lo que sólo el sacerdote puede darle, aunque, por supuesto, Dios puede salvar incluso sin la mediación del sacerdote.
El estar más alto del sacerdote o del obispo puede efectivamente constituir para ellos una tentación a la soberbia o a la prepotencia o al dominio de los otros. Sin embargo, Schillebeeckx se equivoca al negar este ser elevado, este ser superior a los otros, este tener más, para salvaguardar la humildad. De hecho, no está dicho que todos los que están abajo estén necesariamente preservados de la soberbia. De modo similar, un centinela que está al acecho, no carece de humildad solo por su conciencia de estar más alto, sino que, si no es un vanidoso, siente la responsabilidad de servir a los demás advirtiéndoles del peligro.
El reclamo a la "humildad" es, por tanto, en Schillebeeckx sólo un pretexto para obstinarse en el error. Por ello, la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una Notificación de 1986, subsecuente a la publicación del libro del año anterior, hace la siguiente declaración: "Sobre el problema de fondo", o sea, el de las competencias del sacerdote, "se debe señalar a regañadientes que el autor sigue concibiendo y presentando la apostolicidad de la Iglesia de tal manera que la sucesión apostólica por medio de la ordenación sacramental representa un dato "no esencial" para el ejercicio del ministerio y, en consecuencia, para la atribución del poder de consagrar la eucaristía, esto en oposición a la doctrina de la Iglesia n.5, b": como para decir que, según Schillebeeckx, para poder consagrar la Eucaristía, no se debe necesariamente ser ministros sacramentalmente ordenados por el obispo, es decir, no es necesario ser sacerdotes, sino que basta cualquier bautizado.
Ahora bien, una tesis de este tipo equivale a negar las competencias específicas y exclusivas del sacerdocio ordenado o ministerial con respecto al sacerdocio común de los fieles; es lo mismo que negar o falsificar el sacramento del Orden, enseñado por el Concilio de Trento y por el Vaticano II. Lo que ciertamente es una herejía.
En este punto, la Congregación para la Doctrina de la Fe dejó de intentar corregir a Schillebeeckx. Esto fue interpretado por sus partidarios en el sentido de que no habría sido "condenado"; de donde deducen la licitud de sostener sus ideas. Equívoco gravísimo. Schillebeeckx no ha sido condenado en el sentido de que el término, aunque merecido, de "herejía", no aparece, y no ha sido objeto de sanciones canónicas, mientras que en mi opinión habría merecido ser expulsado de la Orden de Predicadores, que alguna vez fue llamada la "Orden de la verdad". Pero no hay duda, y esto es lo mínimo que se puede decir, de que su tesis ha sido condenada.

Karl Rahner

Rahner comienza negando la misión del sacerdote tal como se desprende de la Carta a los Hebreos: "Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados" ¹⁰.
Dice, de hecho, que "si interpretáramos el sacerdocio de la Iglesia según el concepto del sacerdote como mediador, dotado de altas capacidades, entre una dimensión sacral del Dios santo y un mundo profano pecador, siempre correríamos el riesgo de desconocer la verdadera naturaleza de esa función de la Iglesia, que hoy designamos ya, a diferencia del lenguaje escriturístico, como sacerdocio" ¹¹.
Rahner especifica luego diciendo que, si "lo 'sacral' constituido por la gracia de Dios, en lo cual Dios mismo deviene la base portante, es la última profundidad y el futuro absoluto del hombre, en este sentido supremo no hay ningún dominio sacral, que pueda ser delimitado frente a un mundo profano, como un templo sagrado, como si solo allí, pero no aquí, esté a la espera y sea encontrable el Dios santo de la vida eterna" ¹².
De ahí la conclusión de que "el ministerio del sacerdote no es el del santo representante de Dios, que se presenta de parte suya con autoridad divina a un pueblo pecador, sino el del detentor de una determinada función necesaria en el seno de un pueblo santificado por Dios" ¹³, función necesaria que es simplemente la de presidencia de la comunidad.
Ya aquí podemos ver el forzamiento que Rahner hace de la doctrina católica para tener ya buen juego en el rechazarla. Está claro que el sacerdote es también él un hijo de Adán y que el fiel al que él asiste puede ser más santo que él. Pero esto no quiere decir nada a favor de la tesis de Rahner, como veremos.
Aparte del hecho de que no es cierto, como atestigua el pasaje citado de la Carta a los Hebreos, que lo que la Iglesia hoy designa con el término "sacerdocio" no esté en la Escritura, notamos ante todo cómo Rahner presenta aquí el concepto de lo sacro, que, como hemos visto, según él no es un plan divino que trasciende lo profano, sino que aparece aquí incluso como "la última profundidad del hombre". "La gracia", que él conecta a lo sacro, "es el sentido más íntimo y la santidad de lo profano" ¹⁴. Estas expresiones, que consideran a lo sacro y lo santo como lo íntimo de lo profano, excluyen la trascendencia de lo sacro y de lo santo, y tienen un evidente sabor inmanentista y panteísta.
En segundo lugar, Rahner hace referencia a su conocida doctrina de que la gracia está originalmente presente en todos los hombres (comúnmente llamada “cristianismo anónimo”), y que por tanto no se adquiere y no se pierde, por lo tanto no se recupera una vez perdida. Por eso, según él, no existe un "dominio sacral", es decir, una gracia que pueda ser conferida al pecador por un poder divino, del cual sólo el sacerdote estaría en posesión, en el espacio del "templo"; pensemos en la comunión eucarística en la iglesia y en el sacramento de la penitencia, normalmente administrado en la iglesia, así como en la gracia de otros sacramentos ordinariamente celebrados en la iglesia, como los bautismos, las confirmaciones, las ordenaciones sacerdotales y los matrimonios.
Es necesario observar a Rahner que no hay duda de que el Dios de la gracia puede ser encontrado en cualquier lugar y por cualquiera, incluso en un modo inconsciente o implícito; pero esto no quita que se encuentre también, ordinariamente, en la acción salvífica y santificante del sacerdote una gracia especial, la de los sacramentos, que no es la gracia que Dios puede donar incluso sin los sacramentos.
De lo contrario, el sacerdote que se deje convencer por estas ideas podría preguntarse: ¿qué estoy haciendo en la Iglesia, dedicado a decir Misa y a confesar? En cualquier caso, ¡la gracia de Dios obra en todas partes y está presente en todos!
Estas ideas de Rahner no son, por lo tanto, las mejores para hacer nacer vocaciones sacerdotales, para promover ordenaciones válidas y para animar al sacerdote a ser fiel a su misión. Nos podemos preguntar: ¿qué puede producir un sacerdote con estas ideas en la cabeza en su trabajo como sacerdote? Ciertamente, tales ideas no pueden producir un san Pío da Pietrelcina o un san Juan María Vianney. El sacerdote es un médico de las almas: si todos ya están sanos para la posesión de la gracia y ya no pueden perderla, ¿qué sentido tiene que exista el médico?
De manera similar a Schillebeeckx, Rahner sostiene que en el Nuevo Testamento no se encuentra la base para el concepto del sacramento del Orden: "La teología neotestamentaria del oficio en la Iglesia afirma en primer lugar que el oficio del sacerdote y del obispo, tal como lo encontramos delineado en el Nuevo Testamento… no encuentra su propio núcleo portante en los poderes sacramentales exclusivos del sacerdocio y, en particular, en los peculiares poderes ejercidos en la celebración eucarística de la comunidad. El Nuevo Testamento, en la medida en que habla de un oficio específico en la comunidad cristiana con su sacerdocio universal, lo refiere en primer lugar a una particular misión para la predicación de la Palabra y para el gobierno de la comunidad cristiana" ¹⁵.
Lo que es como decir que el núcleo portante, o sea la dirección de la comunidad, no es confiada exclusivamente al obispo, sino a una determinación del "sacerdocio universal". Es la misma teoría de Schillebeeckx, cuando sostiene que en la Iglesia todos son "apóstoles" y, dado que el apostolado da el derecho a gobernar la Iglesia, todo bautizado puede fungir como guía de la comunidad. Los obispos y sacerdotes ciertamente no son ignorados, pero no tienen un derecho exclusivo de guiar o dirigir la comunidad; mientras que también Rahner, como Schillebeeckx, con un argumento engañoso, incluso se atreve a utilizar un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, naturalmente distorsionando su sentido, para sostener la admisibilidad de que en ciertas circunstancias incluso un laico puede celebrar Misa ¹⁶.
Rahner resuelve la función del sacerdote no solo en la de guía de la comunidad, sino también en la predicación. Del poder de decir Misa y confesar no dice una sola palabra. Dice: "Para comprender la naturaleza propiamente teológica del sacerdote ministerial en la Iglesia, podemos partir del principio de que el sacerdote es el anunciador de la Palabra, tal como está proclamada definitivamente en Jesucristo" ¹⁷.
"Para ver claramente el contenido teológico de nuestro sacerdocio y evaluarlo como motivo de una vocación y de un estado en la Iglesia, no es importante ni necesario reflexionar exclusivamente o en primer lugar sobre aquellos plenos poderes que, según la dogmática católica (como está dicho al menos como regla de la "ordenación" normal de la Iglesia), están reservados sólo al sacerdote" ¹⁸. ¿Es válida una ordenación hecha o recibida con estas ideas?
De nuevo dice Rahner: "El sacerdote es aquel que está autorizado para el servicio de la Palabra en la Iglesia y nosotros podemos reconocer implícitamente en esta 'definición' todos sus deberes" ¹⁹. ¿Pero entonces, qué diferencia hay del pastor protestante? ¿Qué le impide a un sacerdote dejar de decir Misa y confesar y hacer de psicólogo o de maestro de escuela secundaria, quizás para anunciar la Palabra de Dios?
A semejanza de Schillebeeckx, Rahner sostiene que el sacerdocio se funda sobre la Iglesia, con el pretexto de que está al servicio de la Iglesia, guardando silencio sobre el hecho fundamental de que el sacerdocio, instituido por Cristo, se funda sobre Cristo, es participación en el sacerdocio de Cristo, representa a Cristo, es ministerio de Cristo para la salvación del mundo y para guiar a la Iglesia. En el momento de la ordenación, es Cristo mismo quien ordena al nuevo sacerdote por las manos del obispo, así como el sacerdote que consagra el pan y el vino en la Misa, actúa in persona Christi.
Dice Rahner: "Para comprender de manera teológicamente correcta la naturaleza de la función del sacerdote en la Iglesia, es indispensable partir de la Iglesia vista como unidad y totalidad... Se debería ante todo partir de la esencia de la Iglesia, como sacramento de la Palabra auto-reveladora de Dios al mundo, acogida en la fe, en la esperanza y en la caridad. Por tanto, se debería demostrar que la Iglesia así entendida tiene siempre necesidad de lo que se llama "oficio" o "ministerio", cuya esencia, por un lado, debe estar determinada por la esencia misma de la Iglesia; y por otro lado, al ser una función particular de la Iglesia, debe ser negativamente distinta de las otras autorrealizaciones de la Iglesia" ²⁰.
Es cierto que la Iglesia tiene necesidad del ministerio, pero no como una sociedad meramente humana tiene necesidad de sus líderes o jefes, a quienes ella elige por sí misma, escogiéndolos entre sus propios miembros, todos radicalmente capaces de asumir tal cargo. En la Iglesia católica, en cambio, fundada por Dios y no por los hombres, las cosas no son así, como dice Cristo mismo a los apóstoles: "No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros". Elegidos entre la multitud de discípulos con poderes especiales para la salvación suya y de los otros. Ciertamente, la comunidad puede elegir un candidato al sacerdocio, pero es el obispo quien lo ordena, quien lo hace sacerdote, es decir, hace con la potestad de ordenar recibida de Cristo, de un laico o de un religioso, un sacerdote.
Según Rahner, uno puede desarrollar de facto las funciones del sacerdote, incluso si no está ordenado: "El problema de la legitimidad y sensatez de un ordo sacramental no se resuelve radicalmente indicando el hecho de que esto o aquello", por ejemplo decir Misa o confesar, "es posible en la Iglesia sólo en el presupuesto de tal ordenación", es decir, de la ordenación presbiteral, "sino en base al principio de que un sello y una confirmación sacramental de funciones ministeriales e institucionalizadas en la Iglesia", como el presbiterado, "es razonable y corresponde a la esencia de la Iglesia, aunque estas funciones y estas tareas ' de por sí' son posibles, de hecho ya ejercidas de facto, sin la premisa de la ordenación antes mencionada" ²¹. Como para decir que, si un obispo se diera cuenta de que un laico de facto dice Misa con devoción o confiesa con celo, ciertamente debería ordenarlo sacerdote. Aquí dejo al lector el comentario.
Como hemos visto, para Rahner el ministerio sacerdotal se resuelve en la predicación de la Palabra y en la guía de la comunidad. Por tanto, la ordenación sacerdotal no habilita a un hacer, el conficere sacramentum, sino sólo a un hablar, aunque este hablar sea en la palabra la manifestación de la presencia operante de la gracia.
No es que, para Rahner, los actos sacramentales del sacerdote no tengan relación con elementos materiales, como por ejemplo en la celebración de la Misa. Pero estos elementos, esta "materia" y el hacer físico del celebrante no son una parte esencial del sacramento, no es la materia de ese compuesto de materia y forma que es realmente el sacramento, por ejemplo la Eucaristía; sino que es una materia simbólica, extrínseca al sacramento.
Para Rahner el celebrante se limita a anunciar la presencia de la gracia en los elementos, porque para él el sacramento no produce, por obra del sacerdote, la gracia que significa, sino que es el signo exhibitivo de la gracia ya presente y producida por Dios ²².
Para Rahner, de hecho, como ya hemos visto, la gracia está en todas partes y siempre en todos; por lo cual en la Misa aparece en un cierto modo visiblemente en los elementos de la Eucaristía. El sacerdote, por lo tanto, no opera una "transubstanciación", porque el mundo ya está transubstanciado por la presencia de la gracia de Cristo: por eso, para Rahner, la liturgia fundamental, atemática y originaria no es la liturgia de la Iglesia, sino la "liturgia del mundo", de la cual gracia la liturgia eclesial, por ejemplo la Eucaristía, es una manifestación verbalizada, local, puntual, temporal y sectorial.
En efecto, como hemos visto, Rahner niega una gracia sacramental específica, conferida solo por el sacerdote, que se suma a esa gracia universal y atemática que de cualquier modo Dios secretamente distribuye en el mundo. Sino que para él la gracia dada por el sacerdote no es más que la aparición externa, derivada y sectorial, de la única gracia originaria y anónima, que de todos modos el mundo ya posee desde siempre.
Llegados a este punto se entienden las palabras de Rahner, cuando dice que "el culto divino de la Iglesia" y por tanto la actividad del sacerdote "no equivale a la constitución de una primera esfera sacral en un mundo profano y secular, no es un evento que de otra manera no existiría en su núcleo esencial, sino que es representación simbólica explícita y refleja del evento de la salvación, que se verifica siempre y en todas partes del mundo; la liturgia de la Iglesia es la representación simbólica de la liturgia del mundo (que es la liturgia fundamental) [...] El culto divino es la celebración explícita de la profundidad divina de la vida cotidiana, que en ella aparece de manera clara y, por tanto, puede ser libremente aceptado de manera más decidida cuanto se verifica siempre y en todas partes en la actuación cotidiana de la vida [...] Entonces el culto divino no aparecería como una región particular, singular y secundaria en el seno de la vida profana, como divina liturgia en el mundo, sino como la liturgia divina del mundo, como manifestación de la liturgia divina que se identifica con la historia de la salvación ²³. Nosotros comprendemos la liturgia en el sentido usual de la palabra y la podemos celebrar genuinamente… sólo cuando provenimos de la liturgia del mundo, de la liturgia existencial de la fe, que es idéntica a la historia rectamente actuada en el mundo. [...] El Espíritu de Jesús es, en particular, el espíritu del mundo" ²⁴.
Por lo tanto, según Rahner, la acción litúrgica del sacerdote no es imagen y reflejo en la tierra de la liturgia celestial, en la cual Cristo en el Espíritu Santo, intercede por nosotros ante el Padre; sino que es la aparición empírica y sectorial, de la fundamental y universal "liturgia del mundo", conforme al "espíritu del mundo", para la cual lo sagrado es la íntima profundidad de lo profano.
Pero llegados a este punto uno se pregunta si el Dios en nombre del cual el sacerdote actúa en la liturgia es el Dios que está en el cielo o es el "dios de este mundo", personaje que conocemos muy bien por las palabras de Cristo. Y uno se pregunta si un sacerdote o un obispo que pudieran tener estas ideas sabe verdaderamente qué cosa es la consagración sacerdotal y si el sacerdote rahneriano que celebra Misa se advierte verdaderamente como ministro de Cristo o no más bien un momento de ese Weltgeist del que hablaba Hegel, y que sin embargo san Pablo ha condenado.

Fin de la Tercera Parte (3/3)

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 7 de julio de 2015

Notas

¹ Reconocido teólogo dominicano holandés fallecido en 2009, autor de numerosas publicaciones. Después de un comienzo prometedor con un famoso libro sobre la economía sacramental, tuvo su contribución para la formación de los documentos conciliares y fue el inspirador del Catecismo Holandés de 1966. Varias veces fue reconvenido por la Congregación para la Doctrina de la Fe por sus errores, desde 1979 a 1986, pero nunca se ha corregido, de hecho al contrario, fue empeorando al avanzar su edad.
² Editrice Queriniana, Brescia 1982.
³ Editrice Queriniana, Brescia 1986. Con particular referencia a las pp.135-139 e 151-160.
 Estas ideas las sostiene en Il ministero nella Chiesa.
 Par. 3, n.4.
Cf. pp. 298-299 de la citada obra.
Refiere el parecer de otros, pero es evidente que lo hace suyo.
 Cf. p.301 de la citada obra.
 La bibliografía es enorme. Me limito aquí a hacer referencia solo a algunos de sus escritos donde trata del sacerdocio. También me refiero a mi conferencia Il concetto di sacerdozio in Rahner, en Il sacerdozio ministeriale: “L’amore del Cuore di Gesù”, editado por Stefano Manelli y Serafino Lanzetta, Casa Mariana Editrice, Frigento (AV), 2010, pp.183-230. En los escritos de Rahner sobre el sacerdocio he constatado errores, excepto en el libro Esercizi spirituali per il sacerdote. Iniziazione all’esistenza sacerdotale, Queriniana, Brescia 1974. Pero lo cierto es que aquí habla del sacerdote como se podría hablar de cualquier buen cristiano, sin entrar en los temas específicos, donde muestra su falsa concepción.
¹⁰ Heb. 5,1.
¹¹ La figura del prete moderno, Edizioni Paoline, Roma 1970, p.70.
¹² Ibid., p.71.
¹³ Ibid., p.72.
¹⁴ Nuovi saggi, VIII, Edizioni Paoline 1982, p.145.
¹⁵ Nuovi saggi, IV, Edizioni Paoline, Roma 1973, pp.482-483.
¹⁶ Nuovi saggi, VI, Edizioni Paoline, Roma 1978, p.610.
¹⁷ La figura del prete moderno, cit., p.19.
¹⁸ Ibid., pp.31-32.
¹⁹ Ibid., p.86.
²⁰ Nuovi saggi, IV, Edizioni Paoline, Roma 1973, p.447.
²¹ Ibid., p.79.
²² Viene a la mente la doctrina luterana del sacramento condenada por el Concilio de Trento: "Si quis dixerit sacramenta Novae Legis... gratiam non conferre, quasi signa tantum externa sint acceptae per fidem gratiae vel iustitiae, a.s.", Denz. 1606.
²³ Nuovi saggi, VIII, cit., pp. 278-283.
²⁴ Ibid., p.145.
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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum conceptiones Schillebeeckx et Rahner destruant essentiam sacramenti Ordinis

Ad hoc sic procediturVidetur quod conceptiones Schillebeeckx et Rahner non destruant essentiam sacramenti Ordinis.
1. Quia in Novo Testamento non apparet explicite figura sacerdotis tamquam ministri exclusivi Eucharistiae, sed magis praesidis communitatis, quod videtur confirmare ministerium hierarchicum esse constructionem posteriorem Ecclesiae mediaevalis. Sic sustineri posset doctrinam actualem esse evolutionem legitimam, non autem essentialem.
2. Praeterea, si omnis baptizatus participat sacerdotium commune, videtur iustum quod in opportunis circumstantiis possit exercere functiones ministeriales, etiam Eucharistiam celebrare, cum communitas ius habeat ministros sibi providere secundum necessitates suas. Hoc videretur magis democraticum et conformius spiritui aequalitatis evangelicae.
3. Item, insistentia in sacralitate sacerdotii et in successione apostolica posset interpretari ut elevatio ontologica iniusta super ceteros fideles, contraria humilitati evangelicae. Concipere ministerium ut humile servitium magis responderet Evangelio et clericalismum vitaret.
4. Denique, si gratia iam est praesens in omnibus hominibus et in toto mundo, non videtur necessarium quod sacerdos conferat gratiam sacramentalem specificam. Liturgia esset tantum manifestatio symbolica gratiae iam existentis, et ministerium nihil essentiale adderet.

Sed contra est quod dicit Epistola ad Hebraeos: “Omnis pontifex ex hominibus assumptus pro hominibus constituitur in his quae sunt ad Deum, ut offerat dona et sacrificia pro peccatis”. Praeterea Concilium Tridentinum et Vaticanum II affirmant potestatem conficiendi Eucharistiam soli episcopis et presbyteris sacramentaliter ordinatis competere. Congregatio pro Doctrina Fidei declaravit haereticas theses quae attribuunt cuique baptizato potestatem celebrandi Eucharistiam, admonens quod soli episcopi et presbyteri participant ministerium ab Apostolis acceptum.

Respondeo dicendum quod conceptiones Schillebeeckx et Rahner destruant essentiam sacramenti Ordinis, quia negant distinctionem essentialem inter sacerdotium commune et ministeriale, et ministerium ad nudum servitium humanum vel ad meram praesidentiam communitatis reducunt. Affirmatur quod quilibet baptizatus possit Eucharistiam celebrare, quod aequivalet negationi successionis apostolicae et potestatis exclusivae ministrorum ordinatorum. Asseritur liturgiam esse solam “liturgiam mundi”, symbolicam manifestationem gratiae universalis iam praesentis, quod tollit efficaciam sacramentalem et actionem sacerdotis ad nudum signum externum convertit. Recordandum est quod ordinatio sacerdotalis animam ordinandi accidente ontologico permanenti ditat, dono supernaturali quod eum efficaciter habilitat ad salutem animarum procurandam. Negare hanc qualificationem est falsificare sacramentum Ordinis et in discrimen adducere validitatem ordinationum.

Ad primum ergo dicendum quod, quamvis temporibus apostolicis vocabula adhuc fluida essent, Ecclesia, Spiritu Sancto assistente, doctrinam explicuit, ostendens solis ministris ordinatis licere Eucharistiam conficere. Negare hoc est haeresis, ut demonstrat explicita condemnatio Congregationis pro Doctrina Fidei.
Ad secundum dicendum cum maiori subtilitate: sacerdotium commune fidelium potestatem sacramentalem non confert. Communitas potest eligere candidatos, sed solus episcopus, potestate a Christo accepta, eos ordinare potest. Aliud praetendere est confundere electionem humanam cum institutione divina, et aequivalet negationi successionis apostolicae.
Ad tertium dicendum cum extensione: humilitas evangelica non excludit elevationem ontologicam ministerii. Sacerdos est superior non ad dominandum, sed ad servitium cum responsabilitate praestandum. Negare hanc elevationem est confundere humilitatem cum aequalitarismo. Altior status potest esse tentatio, sed etiam officium vigilantiae et servitii, sicut speculator qui periculum praenuntiat.
Ad quartum dicendum breviter: gratia universalis gratiam sacramentalem specificam non tollit. Deus potest salvare sine sacramentis, sed voluit Ecclesiae conferre potestatem administrandi sacramenta efficacia. Reducere ea ad mera signa symbolica est negare eorum efficaciam et essentiam destruere, sicut fit in rahneriana visione “liturgiae mundi”.
   
JG

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