lunes, 24 de agosto de 2026

El Papa Francisco y el idealismo (2/3)

¿Puede la Iglesia seguir tolerando el idealismo de Karl Rahner? ¿No es acaso una falsificación radical del tomismo que conduce al panteísmo? En esta segunda entrada se examinan las tesis rahnerianas, donde ser y conocer se confunden en una identidad originaria, anulando la distinción entre creador y criatura. Se muestra cómo este idealismo desprecia la experiencia sensible y pretende partir de la autoconciencia, como si el hombre pudiera poseer un saber divino. ¿No es urgente que la Iglesia, dotada de todos los medios para custodiar la verdad, sacuda su pasividad y denuncie estas interpretaciones fraudulentas? El artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a reconocer que sólo el realismo asegura la trascendencia de Dios y la autenticidad de la fe.

El Papa Francisco y el idealismo

Segunda Parte (2/3)

(Traducción al español de la segunda parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 14 de octubre de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/papa-francesco-e-lidealismo/)

El idealismo de Karl Rahner

El último bastión de los idealistas es Karl Rahner. Pero hasta que la Iglesia no haya condenado este idealismo, considero que ni siquiera la condena del idealismo por parte del Papa Francisco tendrá efecto. De todos modos, veamos brevemente en qué consiste este idealismo.
Este idealismo fue desarrollado por Rahner en los años 40 del siglo pasado y él tuvo la audacia de hacerlo pasar por una interpretación de la gnoseología y de la metafísica de santo Tomás de Aquino. Muchos le han creído, considerándolo casi un nuevo santo Tomás. El texto fundamental al respecto es Oyentes de la Palabra ¹, del cual el padre Fabro hizo una poderosa refutación, desenmascarando irrefutablemente su operación deshonesta y fraudulenta.
Pero lamentablemente los rahnerianos ya habían conquistado un fuerte poder en la Iglesia, por lo que la grave y bien fundada denuncia de Fabro ha quedado, a nivel del Magisterio, sin ser escuchada, tanta ha sido la presión ejercida sobre él por los rahnerianos, sobre todo los jesuitas, convencidos, como ha dicho uno de ellos, de estar ante el "icono del Concilio Vaticano II".
Al respecto, me permito expresar la convicción de que no basta que la Iglesia recomiende a santo Tomás de Aquino, si luego no hace nada por desautorizar, refutar o condenar aquellas interpretaciones que falsifican radicalmente los principios fundamentales del Doctor Común. Es claro que en el problema Rahner aún está de por medio la grave cuestión, no del todo resuelta, después de 50 años, de la interpretación del Concilio ².
Al respecto, me gustaría discretamente hacer presente a los responsables que, como es bien sabido, cualquier organismo o institución de la sociedad civil que se precie y que tenga cuidado del bien público al que sirve, vigila sobre la cualidad de su producción y tiene premura de advertir o de señalar contravenciones, transgresiones, estafas o falsificaciones o en todo caso delitos, que perjudiquen el buen nombre de la referida institución y los intereses de los clientes, de los lectores, de los usuarios o de los consumidores, o como se prefiera decir, tomando las medidas necesarias del caso.
Con mayor razón la Iglesia, que tiene la muy superior responsabilidad del cuidado de las almas en orden a la salvación eterna, dotada por Cristo de todos los medios necesarios para este propósito, debería sacudirse de la actual inercia, pasividad, oportunismo y conformismo, tomar ejemplo del celo de las instituciones médicas, de los comercios, empresas o industrias culturales, alimenticias o comerciales o de cualquier otro tipo, en perseguir, en los debidos modos y con los adecuados medios, a los falsarios, a los sofisticadores, a los transgresores y a los estafadores ³.
Pero mientras tanto, nosotros hagamos nuestra parte. Al fin de cuentas, hay Alguien en el cielo que guía a la Iglesia y al Cual todos debemos rendir cuentas. Veamos entonces brevemente las tesis rahnerianas, en las cuales cualquier filósofo experto reconoce inmediatamente el inconfundible rostro del idealismo, aunque admitamos que, en este caso específico, se necesita una adecuada competencia, que no es propiedad de todos. Pero si sólo el médico o el especialista sabe diagnosticar una enfermedad peligrosa oculta, deber de los pacientes es el de escucharlo con confianza, si se preocupan por su salud.
Según Rahner, "la esencia del ser es conocer y ser conocido en una unidad originaria, a la que queremos llamar conciencia o transparencia ('subjetividad', 'conocimiento') del ser de todo ente. Esta es la primera proposición de la ontología en general. [...] La naturaleza del ser es conocer y ser conocido en una unidad originaria: en otras palabras, es ser consciente y transparente" (p.66).
"El ser, del cual se indaga toda la problematicidad originaria, es siempre también conocido" (p.67). "El ser del ente y el conocer constituyen una unidad originaria. [...] Ser del ente y conocer son correlativos, porque en su fondo son por sí todo uno. Sin embargo, con esto se afirma solo que el ser, en la medida en que es y aparece como tal (en una 'diferencia ontológica'), es el conocer mismo del ser en originaria unidad con él, que 'es' entonces el mismo sujeto cognoscente. [...] La naturaleza del ser es conocer y ser conocido en una unidad originaria, a la que llamamos desde el punto de vista gnoseológico conciencia de sí" (p.68).
Rahner habla de una "identidad originaria de ser y conocer" (p.69). "Ser es por sí conocer y conocer es por sí la capacidad que tiene el ser, por su misma constitución, de reflexionar sobre sí mismo, es su 'subjetividad'. [...] el acto cognoscitivo no es un chocar contra algo, un extenderse intencionalmente hacia lo externo. El conocer no sucede por contactum intellectus ad rem. Siendo el conocer y la cognoscibilidad propiedades intrínsecas del ser, no se puede captar la esencia de un individual acto cognoscitivo concibiéndolo como la relación 'intencional' de un sujeto cognoscente hacia un objeto diferente de él. [...] El ser por su naturaleza es conocer y cognoscibilidad, autoconciencia" (pp.70-71).
Lo principal que se nota en estas declaraciones, repetidas varias veces, es la identidad originaria de ser y conocer, como para decir de lo ideal y lo real. Ciertamente, "originario" deja entender que exista un derivado, un originado, como si se admitiera que en este plano pueda darse la distinción entre idea y realidad. Se podría también pensar, en un primer momento, que esto originario sea lo divino.
Y en efecto es verdad que en Dios ser y conocer coinciden. Y sin embargo, no es esto lo que Rahner entiende, porque aquí él dice expresamente que no está hablando de Dios, no pretende hacer teología, sino metafísica. No quiere hablarnos del ser divino, sino del ser como tal, del ser metafísico. He aquí por tanto la insidia o trampa idealista en su desenlace panteísta, a causa de la confusión entre ser y ser divino.
Este "originario", por lo tanto, en la mente de Rahner, no es lo divino, sino aquello que es originariamente metafísico. Pero de hecho este originario rahneriano no es otra cosa que lo divino, porque, como he dicho, sólo en Dios coinciden ser y pensamiento, ser y conciencia. El verdadero originario ser metafísico es el actus essendi como acto del ente, que precisamente es originado por el ser. Por lo tanto, la coincidencia del ser con el conocer o con la autoconciencia ciertamente existe, pero no atañe a la metafísica, sino a la teología, porque es la teología, y no la metafísica, la que trata del ser coincidente con el pensamiento, o sea de la esencia de Dios.
Queda por preguntarse ahora por qué Rahner hace esta infelicísima volterera cayendo en el panteísmo. Como he dicho repetidamente en este artículo, el panteísmo es el efecto en metafísica de la gnoseología idealista. ¿Porque? Porque la gnoseología idealista mira con desprecio las condiciones materiales y animales del conocimiento humano, a diferencia del realista, que comienza con el contacto con ellas a ejercitar la adaequatio intellectus ad rem.
Me refiero al valor del conocimiento sensible. El idealista, con Descartes, no quiere partir de la humilde pero basilar experiencia de los sentidos, sino que pretende partir inmediatamente desde lo ideal y precisamente de la autoconciencia (cogito). Este desprecio de Rahner por la actividad de los sentidos lo vemos cuando rechaza la idea de que el conocimiento pueda implicar un "choque" del sujeto contra el objeto.
Pero me gustaría preguntarle benévolamente: pero si yo, al caminar, choco descuidadamente una mesa, ¿eso no me demuestra la existencia de la mesa? Y si no me extiendo "intencionalmente" con la nariz para oler el perfume de una flor, ¿cómo hago para conocer su perfume? Se comprende que mi más alta aspiración es la de ascender a las alturas del espíritu; pero el ser humano no llega al conocimiento de las cosas espirituales, si no es partiendo de las materiales.
La pretensión de partir de golpe desde la idea de Dios quiere decir pretender poseer un saber divino, porque sólo Dios parte de Sí mismo, desde la Idea de Sí mismo para conocer las cosas que Él crea. Nosotros, al contrario, es partiendo de las cosas creadas, que podemos conocer a Dios. Invisibilia Dei per ea quae facta sunt, intellecta conspiciuntur (Rom 1,20).

Las condenas precedentes del idealismo

Por supuesto, debemos tener cuidado y prestar atención con lo que se debe entender por "idealismo", que no es la pura y simple exaltación de la idea como principio de verdad y objeto del pensamiento. En efecto, es necesario distinguir con precisión un idealismo platónico-agustiniano, que la Iglesia nunca ha repudiado, del idealismo "trascendental" alemán, nacido de Lutero y de Descartes, cuyas obras fueron incluidas en el Índice ya en 1663. De modo similar, las obras de Kant, continuador de lo peor de Descartes, fueron puestas en el Índice en 1827.
¿Por qué esta diferencia de tratamiento? Porque, mientras el platonismo salva la trascendencia de la Idea divina (to pantelós on), y por tanto de Dios, distinguiendo la idea humana de la Idea divina, el idealismo alemán identifica el ser con el pensamiento, lo real con lo ideal, y por tanto el pensamiento humano con el divino, desembocando en el inmanentismo, en el panteísmo y en el ateísmo, por lo cual el hombre se iguala a Dios o se sustituye a Dios, mientras que Dios pierde sus atributos divinos para asumir los atributos humanos ⁴.
Esto, por consecuencia, elimina la distinción entre Dios y el mundo, y por tanto la creación, así como la Redención, lo que implica la superioridad de la fe sobre la razón (contra el racionalismo) y la superioridad de la gracia sobre la naturaleza (contra el naturalismo).
Pero también el ontologismo, condenado en 1861 por el Santo Oficio, no es para nada ajeno al idealismo panteísta, aunque en este Decreto no se mencionan los motivos de la condena. Pero es interesante la fecha de la publicación, en la inauguración de la unidad de Italia, como para vaticinar con una advertencia profética, que lamentablemente habría sido en gran medida ignorada, aquello que habría de ser la afirmación del idealismo masónico y liberal en la cultura oficial italiana de Spaventa a Gentile, hasta nuestros días ⁵.
Son evidentes en el ontologismo ⁶ las afinidades con el idealismo, donde se sostiene la identidad del ser con el ser divino y la intuición inmediata del ser divino no como vértice y coronamiento, sino como inicio y fundamento del saber. Por lo tanto, no se parte de las cosas para llegar a Dios como causa y creador de las cosas, sino que, como sucede en la misma ciencia divina, se parte de Dios o de la "idea de Dios" primum cognitum, como condición ideológica y subjetiva para el conocimiento de las cosas.
En cuanto a las famosas 40 proposiciones rosminianas, es evidente que saben a idealismo, con peligro de panteísmo, y ello independientemente de cuáles fueran las intenciones de Rosmini. Y por lo tanto se puede decir que estas proposiciones y las ontologistas se iluminan mutuamente al hacernos comprender aquellas que han sido las posiciones de la Iglesia sobre el idealismo antes de la reciente condena del papa Francisco.
El tono idealista en las 40 proposiciones aparece más evidente en aquellas (1-12), en las cuales se atribuye como objeto de la intuición, por tanto de la conciencia, un "ser", que es un "aliquid divini in seipso"; sería el "ser ideal"; por lo cual en el "esse indeterminatum, quod prescindit a creaturis e a Deo, atque in Deo, esse non indeterminato, sed absoluto, eadem est essentia" ⁷.
Parece, por lo tanto, que la esencia del ser, captada no partiendo de los sentidos, sino intuida en la conciencia, sea la misma para Dios y para el mundo. Nos preguntamos entonces qué sucede con la "analogía" entre Dios y las creaturas, de la cuales habla la Escritura (Sab 13,5). Por lo tanto, tenemos el principio idealista, que conduce al panteísmo.
Con respecto a la cuestión Rosmini, es claro que es necesario distinguir el idealismo que impregna todo el sistema de un pensador, del idealismo presente sólo parcialmente, incidentalmente o al nivel de simple huella, un obiter dictum en un sistema sustancialmente realista. Rahner es un ejemplo del primer tipo; Rosmini, del segundo.
Lo que sorprende es que, mientras Rosmini, sincero admirador de santo Tomás de Aquino, sustancialmente realista, como ha reconocido la Iglesia con la Nota del 2001, fue condenado, mientras Rahner, en cambio, cuyo sistema está fundado en el idealismo kantiano-hegeliano, que impregna todo el sistema, sólo pálidamente enmascarado por un fingido tomismo, nunca ha sido condenado y, de hecho, todavía tiene un amplio éxito.
Es por tanto interesante la comparación entre el caso del beato Rosmini y el caso de Rahner: dos presencias del idealismo en lo interno de teólogos católicos y, además, no sin interés de parte de ellos hacia santo Tomás.
¡Pero qué diferencia! Rosmini, hombre de vida santa, sincero admirador de santo Tomás, como es sabido, fue condenado, pero sólo por las famosas 40 pro-posiciones, pequeña mancha, como ha sido reconocido con el tiempo, con un juicio confirmado por la Iglesia, en un sistema sustancialmente sano y realista. Respecto a Rahner, en cambio, personaje sumamente discutido, fingido tomista, cuyo sistema, como hemos visto, está infectado por el idealismo hegeliano desde sus raíces, de modo que todo el sistema está impregnado por el idealismo como si fuera una metástasis, es sorprendente que la Iglesia todavía no haya venido a poner en claro las cosas. ¿Qué estamos esperando? ¿Indagaciones más exhaustivas?
En cuanto a Rosmini, ciertamente no es de inmediata evidencia, en una primera lectura, comprender por qué motivo el Santo Oficio en 1887 condenó las 40 proposiciones. El Decreto se limita a decir: "reprobat, damnat, proscribit". En efecto, la Santa Sede no dio ninguna explicación oficial sobre el tipo de errores condenados.
Hemos tenido que esperar por más de un siglo ⁸ para una sentencia oficial al respecto, aparecida finalmente con las palabras de la Nota del 2001. Y es ésta: "el riesgo de una interpretación idealista, ontologista y con un significado contrario a la fe y a la doctrina católica", donde es digno de relieve cómo la Congregación para la Doctrina de la Fe pone en el mismo plano idealismo, ontologismo y contrariedad a la fe y a la doctrina católica.
Fue por otra parte una clarificación útil, considerando que estaba en curso la causa de beatificación de Rosmini, por lo cual la persuasión de vieja data propia de muchos de que Rosmini estuviera infectado por el idealismo no era la mejor manera de abrir el acceso a la Beatificación.
La impresión que se saca de la lectura de la Nota es que el cardenal Joseph Ratzinger haya querido decir que, dado que Rosmini no tenía en absoluto la intención de abrazar el idealismo, sin embargo, ha debido caer en él de algún modo involuntariamente y sin darse cuenta.
Por lo demás, el idealismo conlleva en campo moral consecuencias tales que, si son puestas en práctica, no conducen en absoluto a lo que para la Iglesia es una vida santa, sino a una vida opuesta a la de Rosmini, que de otro modo no habría sido hecho Beato, signo también éste, aunque indirecto, de que él, al menos en sus intenciones, no quería en absoluto abrazar el idealismo, que él incluso trataba de refutar, sino que quería ese realismo, o ese teísmo conforme a la trascendencia divina, como nosotros tenemos un ejemplo en santo Tomás de Aquino, realismo que es lo único que conduce a Dios y a una vida santa.
Así de modo similar, la condena de Hermes bajo Gregorio XVI, así como de Günther y Frohschammer bajo el beato Pío IX contra aquello que ellos llamaban "racionalismo", luego condenado por el Concilio Vaticano I, es indudablemente una referencia implícita al idealismo, como resulta de los autores condenados, que estaban influenciados por Hegel.
Es evidente también que el Dios presentado por el Concilio Vaticano I "re et essentia a mundo distinctus" (Denz.3001) no es ciertamente el Dios de los idealistas, que conduce al panteísmo. Así también el "inmanentismo" al que se refiere el papa san Pío X en la encíclica Pascendi es el idealismo. El idealismo es nominativamente condenado por Pío XII en la encíclica Humani generis (Denz.2310), pero el Papa no da la definición.

Fin de la Segunda Parte (2/3)

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 20 de septiembre de 2015

Notas

¹ Editrice Borla, Roma 1977 (edición alemana de 1941).
² Me permito señalar, en este sentido, mi libro Karl Rahner. il Concilio tradito, Edizioni Fede&Cultura, Verona 2009.
³ Aquí son válidas las palabras del Señor: "Los hijos de las tinieblas son más sensatos que los hijos de la luz".
 Es la fuerte denuncia que encontramos en el Syllabus del beato Pío IX (Denz. 2901), a la cual corresponde per oppositum la doctrina del Concilio Vaticano I (Denz. 3001).
 Un poderoso órgano editorial ampliamente difusor de esta cultura desde principios del siglo pasado, habría de ser la Editorial Laterza de Bari, todavía floreciente, a la cual hoy se suman las Ediciones Adelphi.
 Véase Denz. 2841-2847; cf A. Lepidi, Examen philosophicum-theologicum de ontologismo, Lovanio 1874.
 Me remito a un estudio mío sobre Rosmini: Il fascino dell’idea “reale” ed “ideale” nel pensiero di Antonio Rosmini, en Divinitas, 3, 2005, I, pp.255-293; 1, 2006, II, pp.50-86: El padre Fabro escribió un estudio profundo y documentadísimo sobre Rosmini, L'enigma Rosmini, Edizioni Scientifiche Italiane, Napoli 1988. El gran filósofo y teólogo estigmatino considera que el sistema rosminiano está viciado por el idealismo kantiano-hegeliano en sus mismas raíces. En mi opinión, Fabro se concentró demasiado en los errores del Roveretano y perdió de vista su alma sustancialmente católica, que la Iglesia habría de esclarecer y reconocer definitivamente algunos años después haciéndolo Beato, sin excluir por ello el valor de las 40 proposiciones rectamente interpretadas.
 Un conocido dicho popular dice que "Roma va con los pies de plomo". Sin embargo, si en casos graves como estos, se hiciera una movida, no estaría mal.

_________________________


Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum identificatio originaria entis et cognitionis ducat ad idealismum et pantheismum,
falsificando metaphysicam thomisticam

Ad hoc sic procediturVidetur quod thesis rahneriana possit admitti.
1. Quia in Deo ens et cognoscere coincidunt, et ideo non esset erroneum affirmare essentiam entis esse cognoscere et cognosci in unitate originaria. Sic videretur quod Rahner nihil aliud faciat quam applicare ad metaphysicam id quod est proprium theologiae.
2. Praeterea, si ens est per se cognoscibile et consciens, tunc actus cognoscendi non indiget esse relatio intentionalis ad aliquid externum, sed sufficit autoconscientia. Hoc videretur altius quam realismus, qui pendet a sensibus et a materiali contactu cum rebus.
3. Item, identitas originaria entis et cognitionis praestat unitatem scientiae et entis, vitando dualitatem inter subiectum et obiectum, et offerendo metaphysicam magis coherentem et compactam.
4. Denique, si essentia entis est transparentia et conscientia, tunc metaphysica potest fundari in autoconscientia, sicut facit Rahner, et non in contactu sensibili cum realitate externa, quod videretur modus magis spiritualis et minus limitatus cognoscendi.

Sed contra est quod Scriptura docet: invisibilia Dei per ea quae facta sunt intellecta conspiciuntur (Rom 1,20). Item, sanctus Thomas affirmat cognitionem humanam incipere a sensibus et consistere in adaequatione intellectus ad rem, non in autoconscientia. Magisterium saepe damnavit formas idealismi quae identificant ens et cogitationem, quia ducunt ad pantheismum et ad negationem creationis.

Respondeo dicendum quod identificatio originaria entis et cognitionis apud Rahner constituit idealismum qui ducit ad pantheismum et falsificat metaphysicam thomisticam. In Deo quidem solum coincidunt ens et cogitatio, ens et conscientia. Rahner autem hanc identitatem applicat ad ens in communi, non ad ens divinum, et sic confundit metaphysicum cum theologico. Verus originarius entis metaphysici est actus essendi ut actus entis, qui distinguitur a cognitione. Gnoseologia idealistica spernit condiciones materiales cognitionis humanae et vult incipere ab autoconscientia, quasi homo possit habere scientiam divinam. Cognitio autem humana incipit ab experientia sensibili, et solum ex rebus creatis possumus pervenire ad Deum. Ideo thesis rahneriana est insidiosa et ducit ad pantheismum, quia identificat humanum cum divino et tollit distinctionem inter creatorem et creaturam. Spernit cognitionem sensibilem, quasi actus cognoscitivus non sit collisio contra aliquid externum, quod contradicit evidentiae experientiae et destruit fundamentum metaphysicae. Ecclesia damnavit idealismum transcendentalem germanicum et ontologismum, quia identificant ens cum ente divino et tollunt analogiam inter Deum et creaturas.

Ad primum ergo dicendum quod in Deo quidem coincidunt ens et cognoscere, sed hoc pertinet ad theologiam, non ad metaphysicam. Applicare hanc identitatem ad ens in communi est confundere creatum cum increato et cadere in pantheismum.
Ad secundum ergo dicendum quod cognitio humana non est autoconscientia originaria, sed relatio intentionalis ad rem externam. Negare contactum sensibilem est negare fundamentum cognitionis humanae. Spernit sensus, et sic ducit ad falsum spiritualismum et ad illusionem scientiae divinae.
Ad tertium ergo dicendum quod praetensa coherentia idealismi est illusoria, quia identificando ens et cognitionem destruit possibilitatem erroris et cadit in subjectivismum. Apparens unitas fit confusio.
Ad quartum ergo dicendum quod transparentia et conscientia non sunt essentia entis, sed proprietates spiritus. Metaphysica debet fundari in actu essendi et in analogia entis, quae agnoscit diversitatem entium et eorum participationem in Deo. Sic tantum servatur transcendens divinitas et veritas fidei.
   
JG

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