Este nuevo artículo del padre Giovanni Cavalcoli analiza con rigor la carta del padre Pagliarani al Papa, mostrando las incoherencias y errores de la postura lefebvriana frente al Concilio Vaticano II y al Magisterio posconciliar. ¿No es exagerado hablar de un “contexto extremadamente trágico” para la Iglesia universal? ¿No es más bien el Concilio mismo el verdadero remedio contra el modernismo? ¿No constituye simple “tradición de hombres” la supuesta tradición que rechaza las enseñanzas conciliares? ¿No es indulgente la Iglesia al limitarse a declarar cismáticos a quienes se acercan peligrosamente a la herejía? Este texto breve y claro del docto teólogo dominico nos invita a comprender que la verdadera fidelidad a la Tradición se da en comunión con Roma, y que la magnanimidad del Papa es una llamada a la conversión y al retorno a la auténtica fe católica. [En la imagen: Santa Misa durante la visita pastoral del papa León XIV a Lampedusa, 4 de julio de 2026].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 4 de julio de 2026
Observaciones a la carta del 3 de julio del padre Pagliarani al Papa
Observaciones a la carta del 3 de julio del padre Pagliarani al Papa
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 4 de julio de 2026. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/osservazioni-alla-lettera-del-3-luglio.html)
Creo hacer cosa útil a los lectores comentando algunos pasajes de esta carta de Don Pagliarani ¹ para mostrar lo que puede ser aceptable y lo que debe ser rechazado.
Asumo por tanto solamente algunas de sus proposiciones, que considero que necesitan tal discernimiento.
1. “Nos parece que tal decisión pone de relieve, una vez más, el contexto extremadamente trágico en que se encuentra la Iglesia universal. Lo que la FSSPX ha hecho y continuará haciendo no es otra cosa que una iniciativa extrema de socorro a las almas, en la confusión doctrinal y moral en que se halla la Iglesia. En ningún modo pretendemos sustituirnos a la Iglesia y no tenemos ninguna otra pretensión, sino la de permanecerle fieles.”
Ante todo es exagerado hablar de “contexto extremadamente trágico en que se encuentra la Iglesia universal”.
Ciertamente hoy la Iglesia sufre por la presencia de un modernismo renacido, peor que el de los tiempos de San Pío X. Sin embargo, el Concilio Vaticano II ha preparado el remedio a este tipo de modernismo acogiendo la instancia válida de lo que fue ya el modernismo del tiempo de San Pío X y dando a esta instancia la correcta solución.
La instancia modernista de los tiempos de San Pío X era que la Iglesia asumiera los valores de la modernidad. ¿Cuál fue el error de los modernistas? Entender la modernidad a la manera cartesiana, es decir, un tipo de modernidad que, como han aclarado bien Fabro, Maritain y Gilson, produjo el idealismo panteísta alemán y el ateísmo marxista, que sustituyeron al hombre por Dios. Si de trágico queremos hablar, aquí se puede hablar de trágico.
Pero lo que los lefebvrianos no ven es lo que ya he dicho, y es que el verdadero remedio al modernismo fue precisamente el Concilio y lo son los Papas del postconcilio. ¿Y lo son de qué modo? No tanto triunfando, como fueron los Papas del pasado, sino sufriendo con Cristo. Es la paciencia con la cual debemos soportar a los modernistas la que tocará su conciencia. Esto deben entender los lefebvrianos.
Otra observación para ellos. Tienen un concepto equivocado de modernismo, ya que por un lado reconocen el verdadero modernismo, pero por otro acusan de modernismo manera calumniosa e impía a los Romanos Pontífices del postconcilio.
2. “Habíamos pedido un pan, es decir, un poco de comprensión por un sincero caso de conciencia, un gesto de paternidad no tanto hacia la FSSPX cuanto hacia las almas, prometiéndole hacer de ellas verdaderos hijos de la Iglesia Romana; por desgracia hemos recibido una piedra.
Habíamos pedido un pez, es decir, la posibilidad de obtener temporalmente los medios necesarios para poder continuar formando buenos sacerdotes a fin de que sigan dando a conocer a Nuestro Señor a las almas; por desgracia hemos recibido una serpiente.”
Aquí, por desgracia, Don Pagliarani, a mi juicio, no da prueba de sinceridad. En efecto, ¿cómo puede hablar de un caso de conciencia cuando son sesenta años que los Papas están explicando a los lefebvrianos la validez de las nuevas doctrinas del Concilio?
En segundo lugar, la verdadera paternidad hacia las almas debe realizarse en el respeto de las nuevas doctrinas del Concilio. Los verdaderos hijos de la Iglesia son los que aceptan las nuevas doctrinas del Concilio.
Por tanto, Don Pagliarani no había pedido ni un pan ni un pez, sino que había avanzado pretensiones que el Papa no podía aceptar. Y después de sesenta años de explicaciones dadas por los Papas, ¿cómo es que no ha entendido que el Papa, con su llamado, le ha dado pan y pez?
3. “Habíamos pedido un huevo, prometiendo devolverlo lo antes posible. En efecto, la Santa Tradición que conservamos en las almas pertenece a la Iglesia nuestra Madre —no a la Fraternidad San Pío X— y estamos ciertos de que un día un Papa querrá servirse de ella para el bien de la Iglesia universal; por desgracia hemos recibido un escorpión.”
La tradición que ustedes conservan, como ya les había hecho notar San Pablo VI hace cincuenta años, no es la verdadera Tradición tal como fue explicada por el Concilio Vaticano II, sino que Jesucristo les diría que es una simple “tradición de hombres” (Mc 7,8).
Tengan presente que ningún Papa aceptará jamás vuestro concepto de tradición, por lo cual si el Papa León XIV los desaprueba no les da ningún escorpión, sino que les ofrece el medio para que ustedes se corrijan.
Tengan presente que aquí no se trata solo de cisma, sino de verdadera y propia herejía.
4. “Habíamos pedido ser instruidos y confirmados en la fe de siempre; en cambio hemos sido declarados cismáticos por segunda vez.”
La fe de siempre es una fe que viene continuamente profundizada por la Iglesia, como sucedió con el Concilio Vaticano II. Ahora bien, ustedes, rebelándose contra el Concilio, terminan rechazando de este modo la fe de siempre.
Tengan además presente que la Iglesia, limitándose a considerarles cismáticos, ha sido incluso demasiado indulgente, porque el rechazo de las nuevas doctrinas del Concilio, si no es herejía formal, al menos es proposición próxima a la herejía.
5. “No es nuestra intención ofrecer a la Iglesia un museo de cosas antiguas, sino la Tradición integral, fecunda, fuente de vida espiritual, encarnada y vivida en las almas.”
Hay que tener presente que la Tradición, como también la Escritura, es interpretada por el Magisterio de la Iglesia y se expresa también en los Concilios. Por eso, rechazar lo que el Concilio dice sobre la Tradición lleva como consecuencia a una falsificación del concepto de Tradición.
Si ustedes quieren evitar concebir la Tradición como una colección de piezas de museo, deben acoger lo que el Concilio enseña sobre la Tradición.
6. “Mientras tanto, si puede hacerlo, a pesar de su reciente decisión, bendíganos como hijos suyos. Para nosotros nada ha cambiado y nunca nada cambiará.”
Quiero recordar al padre Pagliarani que no es verdad que nada ha cambiado.
El Papa, con un documento oficial recién publicado3, concede la posibilidad a cada lefebvriano individual, que se haya dado cuenta de la gravedad de su posición y que desee estar realmente en comunión con el Papa y con la Iglesia Católica, de escribir directamente a él, al Papa León XIV, declarando la verdadera fe católica.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 4 de julio de 2026
Notas
¹ Padre Pagliarani - Carta al Santo Padre sobre el decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe - 3 julio 2026
² Sacerdotes y laicos lefebvrianos, la praxis para el regreso a la comunión católica:
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.