Frente a las interpretaciones idealistas y panteístas que pretenden superar la visión bíblica, examinemos la esencia de la creación. ¿No es acaso un error reducir la creación a un proceso lógico‑necesario del Absoluto, como en Hegel o Severino? ¿No muestra la Biblia, en cambio, que el mundo es contingente y creado ex nihilo por un Dios personal y libre? ¿Qué significa que el ser creado no se confunda con el ser divino, sino que exista en cuanto pensado y querido por Dios? ¿No es la noción bíblica de la nada, desconocida por los antiguos, la clave para comprender la radical novedad de la creación? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a redescubrir el realismo bíblico y tomista, que afirma la "productio totius entis" y la libertad amorosa de Dios como fundamento de todo lo que existe. [En la imagen: fragmento de "La creación de Adán", pintura al fresco, 1511, obra de Miguel Angel, conservado en la Capilla Sixtina, Vaticano].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 11 de julio de 2026
La esencia de la creación
La esencia de la creación
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 23 de julio de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/lessenza-della-creazione-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
Se está difundiendo en la teología católica y, por consecuencia, entre los fieles, un concepto de creación que quisiera presentarse como más profundo respecto a una cierta concepción tradicional corriente, todavía presente en el Catecismo de la Iglesia Católica, vista como invalidada por la mitología y ligada a una pueril representación.
Es una visión que, originada en la filosofía de Spinoza y ennoblecida por Hegel, se puede recabar hoy del pensamiento de Emanuele Severino, heredero aquí del monismo idealista y panteísta hegeliano. Según esta concepción que pretende ser interpretación más rigurosa y verdadera del relato bíblico, la cuestión de la creación no debería ser enfocada partiendo, como hace la letra de la Escritura, de la consideración del hombre y de las cosas de este mundo, sino de la idea misma de Dios o del "Absoluto" que se recaba de la revelación del nombre de Dios -"Aquel Que es"- hecha a Moisés (Ex 3,14) en el marco del Ser parmenídeo, como único Ser, necesario, eterno, inmutable, infinito y absoluto, en el cual la esencia coincide con su ser, con el pensar y con el actuar.
Queremos aquí refutar esta concepción recordando brevemente, sobre la base de una auténtica interpretación de la Escritura ¹, y en conformidad con el procedimiento de la sana razón, la verdadera doctrina de la creación según la enseñanza del dogma católico.
En primer lugar, según la Biblia, la potencia creadora divina aparece como atributo divino una vez que, partiendo de la consideración de la existencia del universo, llegamos, en base al principio de causalidad, a descubrir que Dios existe, entendido como Ser subsistente, como enseña santo Tomás de Aquino sobre la base de Ex 3,14, por lo tanto como Ser absoluto, que hace recordar al de Parménides, y sin embargo es diferente, en cuanto que, mientras el Dios de Parménides es el único Ser que existe, por lo cual el mundo no es distinto de Dios sino que pertenece a la esencia divina, el verdadero Dios bíblico es un Absoluto que aparece en el vértice y por encima de la escala de los seres, como supremo Ente, como el "Altísimo" sobre todos los otros entes del mundo y sobre "todos los dioses": un Ente incomparable con todos los demás, pero del Cual todos los demás provienen y al Cual todos los demás conducen.
Ciertamente también para la Biblia el mundo pertenece a Dios, pero no como una cualidad o un accidente de la esencia divina, sino como un conjunto de sustancias o de bienes pertenecientes a una persona de los cuales ella es propietaria y que están sujetos a su gobierno.
El verdadero concepto de creación, confirmado por la Biblia, es alcanzado por la razón sobre la base de un camino o bien un procedimiento inductivo, por el cual nuestro saber, iniciando con la percepción de las cosas sensibles, desde esta percepción llega a saber que Dios existe como creador del universo. En la Escritura la razón descubre que las cosas han sido creadas de la nada y, con eso mismo, descubre la existencia de Dios y de Dios libre creador y gobernador del mundo.
El Dios bíblico, por consiguiente, no es un alma del mundo que da forma al mundo o un principio impersonal del mundo del cual el mundo viene deducido como se deducen las propiedades del triángulo de la esencia del triángulo o las consecuencias necesarias de un primer principio racional o intuitivo.
El Dios bíblico, en cambio, es una persona infinitamente sabia, poderosa y providente, de la cual el mundo trae origen, no en modo determinista, como de la chispa nace el fuego o de la planta nacen los frutos o del sol salen los rayos o por desarrollo lógico, como de lo implícito surge lo explícito o de lo indeterminado se recaba lo determinado o, como lo singular deriva de lo universal.
En efecto, Dios es una persona, por lo cual el mundo trae origen de él en modo similar al cual una obra nuestra trae origen de una idea nuestra y de una libre decisión de nuestra voluntad. Si de toda cosa del universo se puede extraer el conocimiento de la existencia de Dios, porque todas reflejan su sabiduría y su poder, es sobre todo del hombre, según la Biblia, que es posible hacerse una idea de quién sea Dios, porque el hombre aparece como "imagen y semejanza de Dios". El hombre refiere a Dios más que cualquier otra criatura visible, porque es razonable pensar precisamente que el mundo haya sido creado por un ser inteligente y voluntario similar al hombre.
La Biblia menciona también a los ángeles, creaturas superiores al hombre, por ser puros espíritus y por tanto aún más similares a Dios que es purísimo Espíritu. De hecho, si Dios es persona y la persona es una sustancia espiritual, la Biblia es absolutamente ajena a concebir a Dios como un sustrato material eterno, del cual surgen las cosas por una especie de ascenso desde abajo hacia arriba, según la visual materialista de tipo evolucionista.
La Biblia también tiene respeto por la materia, que también es buena y creada por Dios, pero siempre ubicada en el ínfimo grado de la escala del ser, al vértice de la cual está el espíritu y por lo tanto Dios mismo. Por consiguiente, es el espíritu el que domina la materia y no es la materia la que determina la vida del espíritu. El alma da vida y existencia al cuerpo y no es resultado o efecto de la evolución o de una imposible "auto-trascendencia" del cuerpo.
Además, a diferencia del antiguo paganismo que, aunque consciente de la corruptibilidad y vanidad de las cosas, no sabe concebir o imaginar la no-existencia del mundo, sobre todo de la materia y de los astros, el hombre bíblico tiene conciencia del hecho de que el mundo es contingente, que existe pero podría no existir. Sólo la Biblia plantea la hipótesis de la no-existencia del mundo porque la Biblia conoce radicalmente su finitud.
Por eso, en ninguna parte fuera de la Biblia se encuentra un concepto tan radical del no-ser, de la nada, ligado a la finitud del ente mundano: el ente es finito en cuanto que no es más que sí mismo y no tiene infinitamente aquellas perfecciones que posee.
Si él como ente es algo, en cuanto finito es nada. Además, sólo quien imagina un infinito Ser, un Ser que es Todo, como hace la Biblia, puede imaginar una infinita nada, una nada total. El ateísmo está paradójicamente conectado, como reacción negativa, al teísmo bíblico del Ser absoluto.
Los antiguos, por tanto, no conocen el nihilismo: "pensar que el ser sea nada", como justamente lo define Severino. El nihilismo presupone la ontología bíblica, como negación de la concepción bíblica del ser divino y mundano. Los antiguos tienen el sentido de la vanidad de las cosas y en esto recuerdan al Eclesiastés, pero ninguno de ellos piensa en la eventualidad, por otra parte absurda, de que nada, incluido Dios, exista ni -y esto es razonable- de que las cosas puedan ser nada o traer su origen de la nada.
Ciertamente Dios excluye dentro de Sí a la nada, en cuanto Él es Todo: esto es cuanto también Parménides había entendido; él sin embargo, no comprendió que la existencia del Ser absoluto no excluye, sin embargo, la posibilidad de la nada fuera de Él, esa nada de la cual Dios saca la creatura (ex nihilo). Si Dios no hubiera creado, esta nada no existiría.
Entonces Parménides, ignorando la creación y negando un mundo distinto de Dios, tiene razón desde su punto de vista de negar la existencia de la nada ("el no-ser no es"). Justamente preocupado por salvar el principio de no-contradicción, que niega la identidad del ser con la nada, él sin embargo no se da cuenta de que es posible admitir la existencia de la nada precisamente en cuanto opuesta al ser, sin por ello contravenir ese principio.
Por otra parte, aun cuando los antiguos se interrogaron sobre el origen del mundo, dan siempre la materia y la forma como presupuestos eternos, descontados e indiscutibles, acerca de cuya existencia, por lo tanto, no se plantean ningún interrogante. Aun cuando admiten una génesis complexiva del mundo, ella surge del caos o de la materia de una precedente destrucción y así hasta el infinito.
No saben imaginar un mundo que viene de la nada o que presupone la nada del mundo mismo (ex nihilo sui et subiecti), sino que admiten una materia originaria de la cual o en la cual se actúan la transformación o la generación. Ellos ya sabían que lo Absoluto no puede provenir de la nada y que tampoco lo finito puede por sí provenir de la nada (ex nihilo nihil fit).
Pero esto solo nos dice que en el fondo los antiguos absolutizan y divinizan el mundo, no obstante la elevación de su teología, como tenemos en Platón y Aristóteles. Pero no se trata de un Dios que produce el mundo de la nada, como en cambio tenemos en la Biblia.
Aristóteles tiene una concepción analógica del ser y Platón una concepción participativa del ser, que de por sí conducirían a la idea de la creación, pero los dos sabios griegos limitan estas sus grandes intuiciones al ámbito de lo finito y de lo mundano. Sólo los Escolásticos, extendiendo la analogía a la entera extensión del ser, elaborarán, precisamente siguiendo la sugerencia de la Escritura, la idea del summum analogatum (Dios creador) en la cima de la escala de los analogados y la idea del binomio esse per essentiam (Dios) y esse per participationem (mundo).
También Platón, ciertamente, concibe a Dios sobre el modelo de un artífice que proyecta la obra y la produce, pero sólo dando forma a una materia preexistente, como puede hacerlo el artesano humano. El dios pagano puede realizar prodigios o asombrosas empresas, vencer fuerzas terribles, causar la formación del artefacto, el devenir de la naturaleza, la generación de los vivientes, pero no causa el ser del ente.
Falta, para usar una expresión de santo Tomás, el concepto de la productio totius entis. Siempre hay algo presupuesto a Dios o existente junto con Dios o independientemente de Dios, de lo cual Dios deriva el mundo y con lo cual tiene que contar o hacer las cuentas, ya sea el Destino o la Fatalidad o el Eimarméne o la Moira.
La producción total del ente requiere que él sea creado tanto en su esencia en cuanto proyectado por Dios sobre el plano de la posibilidad, como en su existencia, en cuanto querida por Dios como causa eficiente. Creando las cosas, Dios las hace pasar del plano de la posibilidad al de la realidad, o bien del no-ser al ser. Lo que antes no existía, ahora existe. Así Dios crea el alma de cada ser humano que viene al mundo. Tal pasaje no es contradictorio, como sostiene Severino, porque aquí el ser no es simultáneo sino subsecuente al no-ser. Se pasa de lo posible a lo actual, de lo ideado a lo real.
Así para la Biblia Dios es creador del tiempo, el cual ha tenido un comienzo -concepto confirmado por el Concilio Lateranense IV-, por lo cual es posible hablar de un "antes" de la creación del mundo, como hace Cristo mismo en Jn 17, donde Él pide al Padre que le dé aquella gloria que Él poseía "antes de la fundación del mundo". También san Pablo nos dice que estamos predestinados en Cristo a la salvación "antes de la fundación del mundo". Existimos desde la eternidad en la mente de Dios antes de la creación del mundo y antes de haber sido creados en el tiempo.
Naturalmente este "antes" no es temporal sino que es eterno, dado que no puede existir un antes temporal respecto al inicio del tiempo. Es un "antes" que coincide con la misma esencia divina. Por eso se puede decir que Dios estaba solo, antes de que creara el mundo, aunque esta soledad que concierne a la naturaleza divina no excluya la comunión de las divinas personas.
Asimismo, la Biblia no nos autoriza a concebir la decisión divina de crear el mundo como situada en un determinado tiempo, sino que debemos entenderla identificada con la esencia misma de Dios, dado que en Él coinciden el ser, el pensar y el querer. Por eso el acto con el cual Dios ha creado se identifica con Dios mismo, es por lo tanto en sí un acto eterno, por lo cual propiamente por parte de Dios no pertenece al pasado, sino a la misma eternidad divina y puede considerarse pasado sólo en relación con el inicio temporal del mundo.
Que Dios estuviera solo antes de la creación del mundo significa para la Biblia su perfecta autosuficiencia ligada a su infinita perfección y beatitud. La Biblia, por tanto, quiere inculcar que Dios ha creado libremente por amor ², no para completar su esencia, como en la visión hegeliana, la cual habla de un Absoluto que no puede ser un verdadero Absoluto si tiene necesidad del mundo para ser Absoluto. El acto libre con el cual Dios ha creado el mundo coincide con la necesidad de la esencia divina, pero se puede considerar contingente en relación a la contingencia del mundo.
Según la Biblia el mundo es creado por Dios, pero su ser tiene una propia consistencia suya y no se resuelve en el ser creado por Dios, porque el realismo bíblico distingue el pensar del ser y del actuar, aunque ellos sean la misma cosa en Dios. Por lo tanto, el ser creado no es el ser porque ser creado quiere decir ser pensado y querido.
En cambio, en el sano realismo bíblico, el ser no es el ser pensado y el ser hecho, como en cambio se da en la concepción idealista. Por lo tanto, el ser creado se añade al ser del mundo como accidente a la sustancia, y el mundo no se resuelve en su ser creado, aunque naturalmente el mundo no exista sino en cuanto creado por Dios.
En cambio, el hombre bíblico, sin idolatrar el mundo y sin vanificarlo o anularlo en una apariencia ilusoria, pero conociendo de él los límites y los defectos, tiene una fuerte percepción de la existencia, de la consistencia y de la bondad, digamos incluso de la autonomía, de la belleza y de la grandeza del mundo. El suyo es ante todo un realismo del sentido que procede del realismo de la razón. Las cosas existen no porque él las piensa, sino independientemente de él: las piensa porque existen. Y por lo tanto, Alguien debe haberlas hecho, distinto de él. En la visión idealista, en cambio, donde el ser es el ser pensado por el sujeto, el hombre acaba por aparecer como el creador de lo real y de sí mismo: la "autoctisi" de la cual hablaba Giovanni Gentile.
El hombre bíblico no escapa tampoco hacia Dios por la tangente considerando el mundo vanidad, ilusión e inmundicia como la maya india, no: el mundo, por el contrario, es tan bello que él está tentado de hacer de él un dios, como encontramos en el c.13 del libro de la Sabiduría. La ascética "huida del mundo" en la tradición ascética cristiana, no es el rechazo del mundo como tal, sino del mundo en cuanto puesto bajo el signo del pecado.
Pero en ese mismo capítulo se observa que "por analogía" se puede y se debe ascender desde el mundo a Dios como a su creador. El hombre bíblico descubre el mundo como creatura en el momento mismo en el cual descubre a Dios creador. Sabe que Dios es creador porque el mundo es creatura. El mismo término hebreo que corresponde a nuestro término "cosa", es "creatura". Las cosas son las creaturas. Y por tanto, si existen las creaturas, habrá un creador. El pasaje es muy simple y muy lógico.
Traduciendo en términos aristotélicos, se debería decir que si existen cosas causadas o causas segundas, es necesario admitir una causa primera. Pero permanece siempre la diferencia en la concepción del ser, que para la Biblia el ser puede ser causado, mientras que para los antiguos es simplemente presupuesto, tanto el ser divino como el ser mundano. Ellos no se preguntan: ¿por qué existo? Sino que sólo, a lo máximo, se preguntan de dónde vengo y adónde voy o cómo o de qué estoy hecho. El dios pagano es simplemente una creatura por lo general mítica más poderosa. No tiene la trascendencia ni la presencia providente en el mundo del Dios bíblico.
El hombre bíblico sabe por experiencia que existe el mundo como conjunto de entes finitos, devinientes, diversificados, contingentes, causados, relativos. El mundo no es el ser, sino un conjunto innumerable de seres. Ellos tienen el ser, pero no son el ser. Sólo Yahvé es el Ser subsistente.
La esencia del mundo, para la Biblia, no es la de ser infinitamente y absolutamente, sino sólo la de ser esto o aquello, en modo finito -"he visto el término de toda perfección", dice el Salmista-, es un mundo múltiple, deviniente, móvil, a menudo frágil, precario, corruptible, efímero, incierto, inestable.
El mundo existe pero podría no existir. De hecho, el ente mundano tiene un inicio y un final. El mundo ha sido creado junto con el inicio del tiempo y tendrá un final. Ciertamente el viviente se mueve por sí, pero también es movido. Es Dios quien lo gobierna. Todo causa y cada cosa actúa, pero es también movida y causada.
Todo tiene una razón, tiene un sentido, un por qué, que sin embargo remite a un principio y a un fin extrínsecos: Dios ordenador y Señor del universo. Ciertamente hay valores absolutos sagrados e intangibles, la dignidad humana y la ley moral, pero toda creatura es un mixto de absoluto y de relativo. En el mundo no hay un absoluto bajo todos los aspectos, sino que todo es relativo a Dios, el verdadero Absoluto en sentido absoluto.
En cuanto a la idea del ser, es posible hacer una confrontación o cotejo entre la idea bíblica y la parmenídea. Parménides nos muestra que nuestra mente, queriendo por un momento ampliar su mirada por encima de la multiplicidad cotidiana, abstrayendo de lo particular, no se esfuerza por concebir un Ser universal, simple y absoluto, infinito e inmutable, perfectísimo y necesario.
Sin embargo, se trata de un simple concepto. ¿Corresponde una realidad a este concepto? ¿Basta concebir este Ser para poder decir que tal Ser existe en la realidad? Una larga serie de pensadores a partir de san Anselmo, pasando por Descartes y Leibniz hasta llegar a Hegel y Bontadini, lo han creído, confundiendo el concepto abstracto con el juicio de existencia concreta. No se han dado cuenta de que no basta concebir un ser cuya existencia sea necesaria para poder afirmar con fundamento en lo real que tal ser existe o en realidad en sí extramental (san Anselmo), o en la realidad como pensamiento (idealistas).
Moisés nos asegura que tal Ser existe, porque Él mismo se lo ha revelado; sin embargo este Ser no coincide exactamente con el de Parménides. En efecto, según la Biblia, este Ser no está solo, no existe solo Él, sino que existe junto con lo creado, por encima y distinto de lo creado. Existe similarmente a como existe el pastor con su rebaño, el rey con su pueblo, un rico propietario con sus bienes, un escultor con la estatua que él ha esculpido. El Dios bíblico es una especie de padre de familia rodeado de hijos, nietos y parientes.
Se supone una concepción analógica y pluralista del ser, como señala Sab 13,5, una concepción según la cual el ser es uno y múltiple, universal y singular. No sólo unum in multis o de multis, sino unum super multa. Y este unum es Dios, Un ser que no es una simple unidad (Parménides) ni pura multiplicidad (Guillermo de Ockham).
La via idealista hacia Dios piensa poder saltar la mediación de la experiencia identificando el ser con lo pensado. De ahí el pensamiento humano que parte de lo Absoluto, por lo cual la cuestión de la creación, si de creación todavía se habla, en un sentido por otra parte que ya no es el originario, ya no es cómo llegar a Dios creador-productor del mundo partiendo del mundo, sino como un deducir el mundo desde Dios. El mundo se presenta o como una disminución de la divinidad o como un completamiento de la divinidad.
Dado que en esta visual nada existe fuera de Dios y el ser coincide con lo pensado, también la acción deviene pensamiento y lo creado es un puro pensado, por lo cual la creación no es ya producción por parte de una causa eficiente, sino deducción según un proceso lógico-necesario del pensamiento: finitización o determinación de lo Absoluto en lo relativo, descenso de lo universal en lo singular, pasaje de lo abstracto a lo concreto. Para Hegel, Dios no es la causa universal, sino simplemente el universal que deviene concreto, el Todo que se particulariza, la Idea absoluta que se determina en el mundo y como mundo.
En esta concepción el dogma de la creación deviene mito e imaginación para la mentalidad vulgar o para el realista "ingenuo", deviene pura apariencia. La verdad, el saber, el concepto, la racionalidad, la especulación, estarían dados por la mencionada teología que desde Parménides pasa a Bontadini tal vez acentuada por el panteísmo eternalista de Severino.
Salvo que, sin embargo, este es un concepto falso de creación, contrario a la razón y a la fe. Lo correcto es elevar el concepto de creación por encima del mito y de la imaginación popular y darle plena fuerza especulativa, pero la verdadera especulación conforme al dogma se mantiene en el contacto con ese sano realismo gnoseológico que es enseñado por la Biblia, según el cual no se procede a priori, partiendo de una autoconciencia de sabor cartesiano, sino desde el testimonio de los sentidos y aplicando en la modalidad analógica y participativa el principio de causalidad.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 23 de Julio de 2013
Notas
¹ Tomemos por ejemplo, entre los muchos que podrían citarse, el Salmo 94.
² "Liberrimo consilio", como dice el Concilio Vaticano I.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum creatio sit intelligenda ut productio libera ex nihilo a Deo,
vel ut deductio necessaria ab Absoluto
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod creatio sit intelligenda ut deductio necessaria ab Absoluto.
1. Quia Parménides docet non‑esse non existere et quod Ens absolutum excludit omnem possibilitatem nihili. Ergo mundus non potest provenire ex nihilo, sed debet esse emanatio necessaria Entis.
2. Praeterea, quia Plato et Aristoteles concipiunt Deum ut artificem qui dat formam materiae praeexistenti. Hoc videtur rationabilius quam admittere productionem totius entis ex nihilo, cum ex nihilo nihil fit.
3. Item, quia philosophia moderna, a Spinoza usque ad Hegel et Severinum, docet mundum esse expressionem Absoluti et creationem non esse nisi determinationem logicam entis universalis in particulare. Sic mundus esset necessarius explicatio Ideae absolutae.
4. Denique, quia idea creationis ex nihilo videtur contradictoria: ex non‑ente non potest oriri ens, et hoc admittere esset negare principium non‑contradictionis.
Sed contra est quod Sacra Scriptura dicit: In principio creavit Deus caelum et terram (Gn 1,1). Praeterea Concilium Lateranense IV docet Deum mundum ex nihilo creasse. Thomas Aquinas affirmat Deum esse causam esse totius entis, producens tam essentiam quam existentiam. Apostolus Paulus commemorat nos fuisse praedestinatos in Christo ante constitutionem mundi (Eph 1,4).
Respondeo dicendum quod vera doctrina creationis consistit in affirmando Deum, personam infinitam et providentem, mundum ex nihilo libere creasse, non ex necessitate logica nec ex emanatione Absoluti, sed ex amore. Mundus non est pars essentiae divinae nec emanatio necessaria, sed creatura a Deo distincta, contingens et finita, quae recipit esse per participationem.
Biblia docet mundum esse contingentem, quod existit sed posset non existere, et quod Deus eum creavit in tempore, simul cum initio temporis. Creatio non est deductio logica nec emanatio necessaria, sed productio totius entis, transitus a plano possibilitatis ad planum realitatis. Mundus non est ens absolutum, sed multitudo entium finitorum quae habent esse sed non sunt ipsum esse. Solus Deus est Ipsum Esse subsistens.
Conceptiones idealisticae et pantheisticae, a Parménide usque ad Hegel et Severinum, confundunt esse cum cogitato et creationem reducunt ad processum logicum. At vero sanus realismus biblicus et thomisticus docet esse creatum addi ad esse mundi sicut accidens ad substantiam, et mundum non existere nisi quatenus creatus est a Deo. Homo biblicus Deum creatorem detegit quia mundum detegit ut creaturam. Nihil, ignotum antiquis, in Biblia concipitur ut possibilitas radicalis coram ente, et ex ea Deus creaturam producit.
Ergo creatio ex nihilo, libera et amorosa, est conformis verae essentiae christianismi, dum conceptiones idealisticae et pantheisticae sunt contrariae rationi et fidei.
Ad primum dicendum quod Parménides recte negavit identitatem entis cum nihilo, sed non intellexit quod nihil potest existere extra Deum ut oppositum enti, sine violatione principii non‑contradictionis.
Ad secundum dicendum quod Plato et Aristoteles intuerunt analogiam et participationem entis, sed limitarunt suas conceptiones ad ambitum finitum; sola Scriptura et Scholastici docent productionem totius entis.
Ad tertium dicendum quod philosophia moderna mundum absolutizat et confundit esse cum cogitato, sed Biblia docet Deum esse personam quae libere creat, non ex necessitate logica.
Ad quartum dicendum quod creatio ex nihilo non est contradictoria, quia ens non est simul cum non‑ente, sed subsequenter: fit transitus a possibili ad actuale, ab ideato ad reale.
JG
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