Tanto el papa Francisco como el papa León han venido enseñando de qué modo tiene la Iglesia una característica sinodal que le es propia. Sin embargo esta doctrina, que no es nueva aunque sí hoy mejor conocida, ha generado reacciones en aquellos sectores pseudo-tradicionalistas (por no decir filolefebvrianos) obstinadamente atados a tradiciones humanas confundidas por verdadera Tradición. Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli reflexiona sobre la sinodalidad como camino común del pueblo de Dios, mostrando cómo el Espíritu actúa tanto desde lo alto de la jerarquía como desde la base laical. ¿No es el sínodo, más que una simple reunión, un signo de unidad en la diversidad y de comunión en la libertad? ¿Qué significa que hoy se valore como nunca antes la participación de los laicos en la vida y el gobierno de la Iglesia? ¿No es acaso un desafío que lefebvrianos y modernistas puedan dialogar fraternalmente para poder reconocer verdades y errores en vez de insultarse? ¿Podemos olvidar que la Iglesia es militante y peregrina, llamada a pasar por tribulaciones antes de entrar en el Reino? El texto invita a descubrir el verdadero sentido del sínodo como testimonio de unidad, reconciliación y esperanza frente a los temores de quienes lo comparan con revoluciones humanas, recordando la promesa de Cristo: "non praevalebunt". [En la imagen: fragmento de "Cristo en la tormenta en el Mar de Galilea", óleo sobre lienzo, 1633, obra de Rembrandt, pintura en paradero desconocido desde su robo del Museo Isabella Stewart Gardner de Boston en 1990].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 13 de julio de 2026
La sinodalidad de la Iglesia
La sinodalidad de la Iglesia
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 17 de septiembre de 2023. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/la-sinodalita-della-chiesa.html)
El término "Sínodo" tiene por significado "caminar juntos" (syn-odos). La Iglesia es un pueblo en camino, a semejanza a Israel en el desierto en camino hacia la tierra prometida y donde nuestro Moisés es el Papa.
El Concilio Vaticano II ha desarrollado mucho la doctrina del pueblo de Dios, del laicado, del hecho que seamos todos, en cuanto bautizados, hermanos discípulos de un solo Maestro, en la diversidad y variedad de los dones y de las cualidades propias de cada uno, del sacerdocio común de los fieles, de la función profética laical y de la espiritualidad de los laicos, de las asociaciones y de los movimientos laicales, de los ministerios laicales, de la llamada universal a la santidad, de los dones carismáticos concedidos a los laicos, del espacio de la iniciativa laical, de la misión del laico en la Iglesia y en la sociedad, de la responsabilidad de todos de anunciar el Evangelio, de la facultad de dirigir observaciones filiales a los pastores para ayudarlos a servir mejor al rebaño.
En la Iglesia hay un doble movimiento del Espíritu Santo: el Espíritu jerárquico desciende desde lo alto de los pastores hasta lo más bajo del pueblo; desde lo alto del supremo pontificado desciende sobre el pueblo la doctrina saludable proclamada por el Vicario de Cristo, mientras que el Espíritu carismático sube desde el pueblo hasta las alturas de los pastores.
Desde lo alto descienden sobre los laicos las gracias contenidas en los sacramentos administrados por los pastores; del pueblo surgen las peticiones y las súplicas, los lamentos y los deseos, se propone y sube benéfica, cual generosa colaboración, para beneficio y consuelo de los pastores y del Papa mismo, la iniciativa cultural, política, educativa, caritativa, innovadora, profética, devocional y reformadora de la vida cristiana y eclesial.
El sínodo es la realización y el testimonio de la unidad comunional de la Iglesia. Ella se manifiesta como un solo cuerpo, el cuerpo místico de Cristo, cuerpo compuesto de miembros y de órganos, cada uno con su propia función al servicio del todo y beneficiario de la vida del todo. Unidad en la multiplicidad. Unidad en la diversidad. Unidad en la variedad. Unidad en la libertad. Unidad ordenada y armoniosa.
El sínodo del Pueblo de Dios, laicos y religiosos, actualmente en curso, es una valorización de la dignidad y actividad laicales, como nunca antes se había verificado en la historia de la Iglesia. El poder de dirección y de gobierno naturalmente permanece en el Papa y en el Episcopado, pero nunca hasta ahora la Iglesia había aclarado tanto y promovido la entidad, el alcance y la cualidad de la participación de los laicos en el gobierno de la Iglesia y nunca había aparecido tanto el aspecto del autogobierno del pueblo de Dios, algo similar a la democracia de los regímenes políticos de esta tierra, con la diferencia de que mientras en estos el auto-gobierno es suficiente para el gobierno de la comunidad y del Estado, el auto-gobierno laical eclesial sólo toca al plano humano y popular de la vida eclesial y deja el plano superior escatológico relativo al Reino de Dios a la superior guía o dirección de la jerarquía y del Papa. El sacerdocio ministerial sigue siendo siempre supraordenado al sacerdocio común de los fieles.
El sínodo ha sido convocado por el Papa no sólo para expresar y manifestar la unidad de la Iglesia y dar de ella testimonio al mundo, sino también para favorecer, alentar e incrementar el proceso de pacificación y reconciliación entre lefebvrianos y modernistas. Los unos y los otros tienen plena libertad para expresar sus ideas, para manifestar sus propuestas, sus insatisfacciones, sus necesidades en un clima deseable de diálogo constructivo, de mutua comprensión, de recíproca corrección fraterna, terminándola de una vez por todas de insultarse y denigrarse recíprocamente, haciendo honor los unos y los otros a ese nombre católico, que los unos y los otros se jactan de llevar, hasta el punto de considerarse -y esto es demasiado- modelos en esto para toda la Iglesia.
El sínodo no es sólo caminar juntos, sino también un combatir y un sufrir juntos. No debemos olvidar el carácter militante de la Iglesia terrena ¹. El carácter triunfante es sólo el celestial.
Hoy prevalece la expresión Iglesia peregrinante, lo cual está muy bien. Recordemos, sin embargo, que peregrinante está asociado a purgante, referido al purgatorio, que también es un dogma archivado en el lugar de las cosas olvidadas, y la cosa es bastante comprensible porque los sacrificios pesan a todos. Sin embargo, debemos recordar que no podemos entrar en el Reino de los cielos sin pasar a través de muchas tribulaciones (cf. Hch 14,22).
En un sentido general, el sínodo puede indicar diferentes modos de reunión: antaño los sínodos eran los Concilios Ecuménicos, asambleas de Obispos convocadas por el Papa o en todo caso autorizadas o aprobadas por el Papa, bajo la presidencia del Papa, para decidir acerca de graves cuestiones doctrinales, pastorales o disciplinarias.
San Paulo VI, como es sabido, ha instituído el Sínodo de los Obispos, teniendo el propósito y la función de expresarse sobre grandes cuestiones morales o pastorales de competencia propia del gobierno de la Iglesia, formulando votaciones, soluciones y propuestas, que normalmente vienen hechas propias o adoptadas por el Papa, que frecuentemente las convalida con un documento posterior, reservándose siempre obviamente el derecho de modificar, acentuar, mitigar, añadir, eliminar a su exclusivo criterio y decisión.
Novedad instituida por el actual Pontífice es el sínodo del pueblo de Dios, que es el que actualmente está en curso. Aquí los Obispos siguen siendo los guías que recogen las voces de los laicos y de los religiosos, del pueblo de Dios, de las organizaciones y asociaciones laicales, los cuales formulan votos y propuestas, plantean peticiones, expresan anhelos y esperanzas, temores y preocupaciones, formulan preguntas a los Obispos y al Papa. Está claro que también aquí la última palabra le compete al Papa, quien sigue las labores sinodales manteniéndose al margen y, una vez terminados los trabajos y leídos los documentos finales, asume, acepta, confirma, aprueba, desarrolla, desaprueba, corrige, excluye, como mejor lo considere y le parezca.
Sabemos cómo desde diversos sectores se han expresado temores e incluso fuertes preocupaciones sobre los resultados de este sínodo, que ha sido comparado por Roberto de Mattei con la Asamblea constituyente francesa de 1789, que condujo a la Revolución Francesa. Ahora bien, sin embargo, es grave confundir a la Iglesia con el ancien régime y al puñado de los modernistas con los autores de la Revolución. Imaginarse cosa de tal género significa no saber cuál es el poder de la Iglesia contra las fuerzas de Satanás. Si Jesús ha dicho "non praevalebunt", ¿queremos creerlo sí o no?
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 16 de septiembre de 2023
Notas
¹ Aparece clarísimo en los combates escatológicas descriptos por el Apocalipsis (19,12-21; 20,7-10).
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum synodalitas Ecclesiae sit intelligenda ut democratia autonoma populi Dei
vel ut communio ordinata sub ductu Papae et hierarchiae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod synodalitas Ecclesiae sit intelligenda ut democratia autonoma.
1. Quia synodus hodiernus laicis concedit participationem inauditam in vita et regimine Ecclesiae, similem autogubernationi regiminum politicorum. Si populus Dei est subiectum activum, videtur quod se ipsum regere debeat.
2. Praeterea, sacerdotium commune fidelium et functio prophetica laicalis omnibus baptizatis eandem dignitatem fundamentalem conferunt, unde subiectio ad hierarchiam iniusta videretur.
3. Item, Spiritus charismaticus ascendit a populo ad pastores, quod ostendere videtur veram directionem ex basi provenire et non ex alto. Si Spiritus agit ab imo, populus esset verus dux.
4. Denique, synodus proponitur ut locus libertatis pro lefebvrianis et modernistis, ubi omnes suas sententias sine restrictione exprimere possunt. Hoc videtur indicare auctoritatem ultimam in populo residere et non in Papa.
Sed contra est quod Scriptura dicit: Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam, et portae inferi non praevalebunt adversus eam (Mt 16,18). Sanctus Ignatius Antiochenus docet: ubi episcopus, ibi Ecclesia. Thomas Aquinas affirmat sacerdotium ministeriale esse superius sacerdotio communi fidelium. Magisterium commemorat Papam habere ultimam vocem in decisionibus synodalibus.
Respondeo dicendum quod synodalitas non est democratia autonoma, sed communio ordinata sub ductu Papae et hierarchiae. Synodus manifestat unitatem corporis mystici Christi, ubi singuli membra propriam functionem habent, sed sacerdotium ministeriale supraordinatum manet sacerdotio communi. Participatio laicalis est expressio dignitatis baptismalis et missionis propheticae, sed non substituit auctoritatem hierarchicam.
Spiritus Sanctus duplici motu operatur: desursum descendit Spiritus hierarchicus cum doctrina et sacramentis, et deorsum ascendit Spiritus charismaticus cum precibus, initiativis et donis. Haec reciprocitas differentiam graduum non tollit, sed componit. Synodus hodiernus est signum unitatis et reconciliationis, convocatus ad fovendam colloquium inter contrarias tendentias, sed semper sub ultima directione Papae.
Synodus est simul ambulare, pugnare et pati, quia Ecclesia est militans et peregrinans, vocata per tribulationes transire antequam ad Regnum ingrediatur. Participatio laicalis, in quibusdam aspectibus similis democratiae, non confunditur cum ea, quia autogubernatio ecclesialis solum tangit planum humanum, dum planum escatologicum pertinet ad hierarchiam. Ultima vox semper ad Papam spectat, qui confirmat, corrigit vel reicit propositiones secundum suum arbitrium.
Ergo synodalitas est communio spiritualis quae reflectit ductum Spiritus et auctoritatem Christi in Ecclesia sua, et non democratia saecularis.
Ad primum dicendum quod participatio laicalis non aequivalet politicae democratiae, quia autogubernatio ecclesialis solum tangit planum humanum, dum planum escatologicum pertinet ad hierarchiam.
Ad secundum dicendum quod sacerdotium commune est verum, sed subordinatum ministeriali, quod habet potestatem regiminis et sacramentorum.
Ad tertium dicendum quod Spiritus charismaticus ascendit a populo, sed ordinatur ad Spiritum hierarchicum qui desursum descendit, formans unitatem in diversitate.
Ad quartum dicendum quod libertas expressionis in synodo non tollit auctoritatem Papae, qui ultimam vocem habet et confirmat, corrigit vel reicit propositiones secundum suum arbitrium.
JG
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En su momento, cuando el padre Cavalcoli publicó este breve artículo, a mediados de septiembre de 2023, su texto generó varios comentarios tanto en su blog como en su página de Facebook. Publicaré la mayoría de ellos, o al menos los que me parecen más actuales y útiles para los lectores de hoy.
ResponderEliminarUn lector comentó: ¿se puede hablar de una "naturaleza sinodal" de la Iglesia, como hoy se escucha decir a muchos? Yo sé bien que las notas "esenciales" de la Iglesia es ser Una, Santa, Católica y Apostólica. ¿Donde entraría, entonces, eso de la "naturaleza sinodal" de la Iglesia? Gracias por su ayuda.
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: La sinodalidad se vincula inmediatamente con la catolicidad. En efecto, sinodalidad quiere decir caminar juntos. Por lo tanto implica la idea del todo o del conjunto. ¿Cuándo es que estamos juntos o en conjunto? ¿Cuáles son las condiciones para estar juntos? El compartir los mismos valores. Entonces esto quiere decir que debe tratarse de valores universales. He aquí la universalidad. Por lo demás, ¿qué significa caminar juntos? Avanzar y progresar, tanto en el conocimiento como en la acción. Esto quiere decir que un Sínodo desarrolla el conocimiento de fe y hace progresar la conducta moral. Veamos ahora la vinculación con las otras tres notas. Lo universal es una unidad, que es siempre la misma en una multiplicidad. Por ejemplo, el ser católico es la misma cosa en todos los católicos. En la Iglesia, todos son católicos, aun cuando cada uno lo es de manera diferente al otro. Por eso, el ser católico tiene un valor universal respecto a la constitución de la Iglesia. He aquí que aparece la nota de la unidad. Pero esta unidad también se puede entender como unión y comunión, en el sentido de que nosotros los católicos estamos todos unidos en la caridad entre nosotros, en torno a un principio de unidad. ¿Cuál es este principio de unidad? Nuestra fe, como dice san Pablo: "Una sola fe" (Ef 4,5). ¿Quién es el que custodia esta fe? El Papa, como Jefe del Colegio Apostólico, representado en nuestros Obispos. He aquí la nota de la apostolicidad. Sin embargo, nuestra unidad no es sólo teórica, sino también práctica. Nuestros Pastores, bajo la guía del Papa, no se limitan a enunciar las teorías, sino que también nos dan las orientaciones prácticas; la Iglesia no es una sociedad filosófica y teológica, sino que es una comunión de amor entre muchos hermanos, que se aman bajo la guía de Cristo y del Espíritu Santo. Ahora bien, ¿cuál es la función del Espíritu Santo? Producir la santidad en los corazones de los creyentes. He aquí, por consiguiente, la nota de la santidad.
Un lector comentó: Valoro su esfuerzo por tratar de entender el modo como el papa Francisco ha querido que se celebrara este Sínodo, con la participación no sólo de Obispos, sino de presbíteros, de religiosos no obispos, de religiosas, y de laicos, incluyendo el voto de todos ellos. En tal sentido, también me parece muy elogiable su idea de denominar a este tipo de Sínodo inaugurado por Francisco como "Sínodo del Pueblo de Dios". Muy hermoso. Pero sólo en las intenciones. Porque esto que hoy se celebra en Roma se llama la: "XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos". Entiendo que el Papa tenga derecho a convocar esta particular forma de encuentro eclesial. Pero... ¿por qué motivo llamarlo "XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos"? ¿No crea confusión? ¿No quedan así motivadas las sospechas de aquellos tradicionalistas extremos, como Roberto de Mattei, Ureta, el cardenal Burke, y otros, que ven en esto un intento de cambiar la estructura eclesial, entendiéndo el proyecto como una "revolución"? Yo creo en el Papa, creo que él no tiene ni puede tener esta intención. Pero, entonces, ¿por qué esta voluntad de insistir en la confusión? ¿Por qué no decir que este no es un Sínodo como los anteriores? ¿Por qué no decir que no se trata esta vez de un Sínodo de Obispos?… ¿Por qué seguir dando argumentos a los "pasadistas", como los llama usted?
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: hago una aclaración: la denominación oficial de este Sínodo es XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Yo, con mi denominación de "Sínodo del Pueblo de Dios", simplemente he querido aclarar que esta Asamblea de Obispos no es como las precedentes, que incluían sólo a los Obispos, sino que se ha extendido, con derecho a voto, a algunos representantes, elegidos por los Obispos y por el Papa, del Pueblo de Dios en todos sus grupos, presbíteros, teólogos, religiosos, laicos hombres y mujeres, y también observadores no católicos. Este Sínodo resume el trabajo de tres años de las Diócesis de todo el mundo. Se trata del "Sínodo 2021-2024", como se puede ver en el sitio web de la Santa Sede: https://www.synod.va/it.html.
Un lector comentó: Entiendo que usted se refiere a "indietristas" (como dice el Papa) y modernistas. Pero no los lefebvrianos, porque formalmente son cismáticos. Tanto los indietristas como los modernistas pueden ser material o virtualmente cismáticos, pero al menos permanecen dentro de la estructura eclesial. No así los lefebvrianos, que están separados de la estructura canónica de la Iglesia.
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: yo pienso que a este sínodo también están invitados aquellos católicos que no están en plena comunión con la Iglesia. Por otra parte sabemos que muchos se consideran católicos y son considerados como tales, cuando luego, a la prueba de los hechos, podemos notar que son víctimas de teorías no católicas. Además, estos tales se pueden consider cismáticos de hecho, incluso si no están reconocidos como tales desde el punto de vista jurídico. Yo creo que lo que es especialmente importante para el Papa, no es tanto prestar atención a estos aspectos jurídicos, sino convocar al mayor número posible de hermanos con ánimo abierto al diálogo y dispuestos al perdón y a la reconciliación. Lo triste es que probablemente serán los propios lefebvrianos quienes se nieguen a participar. En cuanto a los modernistas, considerando el prestigio del que gozan, ciertamente nadie los excluye. Ellos mismos se consideran la punta de avanzada de la Iglesia, y nosotros, los católicos normales, tendremos que tolerarlos con caridad, con la esperanza de que se conviertan.
Un lector comentó: a la vista de la relativa brevedad de su artículo supongo que no ha querido profundizar en la teología eclesial, o más bien en la doctrina sobre la Iglesia, con ecos en la estructura canónica eclesial actual. Supongo que, más allá de la novedad de este "sínodo del pueblo de Dios", como usted lo llama, la diferencia entre el Concilio Ecuménico (en total han sido 21 en lo que va de la historia de la Iglesia) y cualquier otra reunión de Obispos con o sin laicos y participantes religiosos, debe ser identificada. Y entiendo que la diferencia fundamental entre ambas instituciones es que el Concilio Ecuménico, además del propósito de reforma eclesial (que se refiere a la vida, a las costumbres, de la Iglesia) puede referirse a cuestiones doctrinales o incluso dogmáticas, cum et sub. Petro. Mientras que cualquier sínodo de obispos (me refiero a la institución creada por san Paulo VI) nunca aborda el aspecto doctrinal (aunque esté basado en dogmas y doctrinas), sino que siempre y sólo se refiere a cuestiones pastorales o disciplinarias. ¿Cae en esta última categoría lo que usted llama el “Sínodo del Pueblo de Dios”?
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: el elemento diferencial se refiere a las definiciones doctrinales o dogmáticas. Es decir, un Concilio Ecuménico tiene la facultad de hacerlas, mientras que un Sínodo, ya se trate del de los Obispos o del actual del Pueblo de Dios, como máximo tiene la facultad de proponer al Papa una nueva definición doctrinal, a fin de aclarar u obtener una definitiva certeza sobre una verdad en torno a la cual se discute. Sin embargo, aquí es necesario prestar atención: el error del sínodo alemán ha sido el de proponer al Papa el sacerdocio de la mujer. ¿Por qué error? Porque sobre este punto la Iglesia ya se ha pronunciado en sentido dogmático, con la exclusión de la mujer del sacramento del Orden. En cambio, una propuesta sabia entre otras, que se podría hacer, podría ser la iniciativa de alguna teóloga encaminada a aclarar el lugar de la mujer en la Iglesia. Es un campo que se puede considerar como doctrinal y no sólo pastoral, en cuanto que está en juego la naturaleza propia del alma femenina. Por consiguiente, se trata de una cuestión antropológica, que como tal también podría ser resuelta con una sentencia dogmática. Otras temáticas que, por su naturaleza ontológica, podrían ser abordadas con propuestas afines de dogmatización o magisterio, son por ejemplo la relación hombre-naturaleza, que constituye el campo de la ecología.
El mismo lector anterior indicó: Veo, entonces, que yo no estaba tan descaminado, aunque admito su corrección. Pues si bien el Sínodo trata usualmente cuestiones pastorales o disciplinares, nada obsta a que trate cuestiones doctrinales, con posteriores eventuales pedidos de clarificación al Papa, que es el único que puede sentar doctrina o definir dogmáticamente. Al respecto, ahora me doy cuenta de ello, tanto a nivel pastoral como a nivel doctrinal, un Sínodo siempre se limita al plano de lo deliberativo, pero no de lo resolutivo, pues el que resuelve, tanto a nivel de pastoral como de doctrina, es el Papa.
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: sólo quisiera señalar una cuestión terminológica referente a los diferentes poderes del Sínodo y del Papa. Respecto a los Sínodos, hablaría de poder consultivo, más que de poder deliberativo, porque la verdadera y propia deliberación es una decisión, en el sentido de decir "se hace así", lo cual evidentemente corresponde al Superior. Y por cuanto respecta al poder del Papa, yo hablaría ciertamente de poder decisional, el cual fácilmente resuelve las cuestiones, pero en el lenguaje jurídico y moral el acto conclusivo del Superior es llamado decisión o deliberación.
Un lector comentó: quizás lo que diré a continuación pueda sonar demasiado vago y en el aire, pero creo que mi forma de hablar estaría un tanto justificada por el carácter genérico y también un tanto vago del tema -la "sinodalidad"- elegido por el papa Francisco para este Sínodo 2021-2024. Lo que digo es lo siguiente: teniendo en cuenta el doble aspecto divino y humano de la Iglesia, o sea, el aspecto de institución divina y el aspecto de legislación humana, de la Iglesia, quizás podría decirse que, mientras el "Sínodo" (cualquiera sea, si de Obispos o del Pueblo de Dios) es una institución humana, en cambio, la "sinodalidad" pertenece a las propiedades divinamente fundacionales de la Iglesia, ¿ligada quizás a su nota de "unicidad", Iglesia Una?
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: el problema que podríamos plantearnos es si el Concilio sea de derecho divino. De cuanto se desprende de las narraciones neo-testamentarias, no se dice nunca que Jesús haya convocado un Concilio, que entonces sólo podría haber tenido la forma de una reunión de los Apóstoles. Los Evangelios nos hablan de diversos contactos de Jesús con los Apóstoles, de lo cual, si bien no deriva nunca por parte de Jesús una institución formal del Concilio, los Apóstoles, después de la ascensión de Jesús al cielo y de la experiencia de Pentecostés, han comprendido que esta institución estaba implícita en la conducta que Jesús había tenido con ellos durante su vida terrena. Así se explica la convocatoria del primer Concilio de Jerusalén. Entonces, ¿está en juego el derecho divino? Podemos decir que en forma implícita. Sin embargo, una cosa esencial a tener en cuenta es que los Concilios sólo pueden ser convocados por el Papa, porque Pedro es el Vicario de Cristo. Por cuanto respecta en cambio al Sínodo de los Obispos, sabemos que es de derecho eclesiástico, porque fue instituido solamente a partir de san Paulo VI en 1965, en la carta apostólica Apostolica sollicitudo. Por cuanto respecta al actual Sínodo del Pueblo de Dios, fue en cambio querido por el papa Francisco para los años 2021-2024. Por cuanto respecta a la sinodalidad de la Iglesia, ella deriva de la nota de la universalidad y de la santidad, por lo cual, si bien tal sinodalidad en su máxima extensión ha llegado a la conciencia de la Iglesia sólo gracias a la intuición del papa Francisco, el cual ha desarrollado la eclesiología conciliar del Pueblo de Dios, se puede decir, sin embargo, que la sinodalidad está implícita desde el principio en la nota de la universalidad y en la nota de la santidad. Se podría señalar que esta instancia de la santidad del Pueblo de Dios, como Pueblo sacerdotal, ya estaba presente en la reforma propuesta por Lutero, sin embargo con el defecto de que Lutero no distinguía el sacerdocio común de los fieles del sacerdocio ministerial. Por otra parte, el concepto de sinodalidad permanece vivo en la Iglesia ortodoxa oriental (Sobornost). Desafortunadamente, existe el límite de que la Ortodoxia, al no ser una Iglesia Universal en torno al Papa y bajo el Papa, es un conjunto de Iglesias locales, por lo cual la sinodalidad es propiedad únicamente de cada Iglesia local o nacional. A estas Iglesias no les queda más que el Sínodo Panortodoxo, el cual, sin embargo, dado que apunta o se centra más en el conjunto que en la unidad, ha registrado a lo largo de su larga historia una serie interminable de conflictos internos. Por lo que respecta a los Protestantes, ellos se parecen en esto a los Ortodoxos, con el agravante de que al menos los Ortodoxos conservan la apostolicidad de la Iglesia, mientras que desgraciadamente los Protestantes no tienen otro medio de unidad más que el Bautismo. De ahí que en el mundo protestante una conflictualidad a nivel doctrinal sea mucho más grave que el conflicto que se verifica en el ámbito doctrinal de la Ortodoxia.
El mismo lector anterior comentó: la cuestión, por lo visto, parece tener mucha savia, como para poder ser desarrollada en ulteriores reflexiones teológicas. Por ejemplo, veo, por su respuesta, las relaciones del tema de la sinodalidad con la teología del Pueblo de Dios, la teología del Laicado, y la teología del Sacerdocio común de los fieles, que el Concilio Vaticano II ha desarrollado mucho y clarificado en gran medida. Lamentablemente a casi sesenta años de finalizado el Concilio estas doctrinas teológicas no parecen que se hayan establecido con firmeza todavía en la conciencia de los fieles (clero y laicos)y me refiero al ámbito del "indietrismo" como lo llama el Papa. Seis décadas parece mucho tiempo, aunque para el curso de la historia de la Iglesia no lo es: basta tener presente que a 100 años de finalizado el Concilio de Trento, ni siquiera sus textos finales habían podido ingresar a Francia (¡la otrora "católica" Francia!). Días atrás, un joven sacerdote argentino, muy mediático en internet, con miles y miles de seguidores en su canal de youtube, hablando del Sínodo 2021-2024, hablaba en tono despectivo de la categoría de "Pueblo de Dios". ¡Y se trata de un sacerdote ordenado a principios de este milenio! De modo que el pasadismo tiene sus exponentes en quienes debieran haberse formado plenamente en las doctrinas del Concilio Vaticano II, y desgraciadamente no ha sido así.
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: concuerdo con su análisis de la actual situación de la Iglesia en relación al Concilio Vaticano II. Como sabemos, el Concilio ciertamente ha dado buenos frutos, pero ciertos documentos cuestan ser puestos en práctica, pero lo que es aún más triste es que algunos documentos son mal entendidos y confundidos por textos modernistas. Ésta es la opinión de los indietristas. En cambio, la corriente modernista ha interpretado el impulso progresista del Concilio, el cual asume los aspectos positivos de la modernidad, como si el Concilio jugara a su favor. A nosotros, católicos normales, ni indietristas ni modernistas, nos compete la tarea de llevar adelante la reforma conciliar rectamente entendida en comunión con el Papa, aunque sea en una legítima y libre crítica constructiva y filial.
Un lector comentó: Excelente. Me parece que se mantiene apartado, a la manera de los desertores, pero no pretendo ofender. Usted entiende. Déjeme explicar: "Non praevalebunt", excelente, ciertamente que así será: pero ¿significa esto consecuentemente que para Dios debemos contar tanto como moscas? ¿No hemos sido dotados de albedrío-voluntad? ¿A lo largo de los siglos siempre apóstoles pero mudos? Combatamos-oremos, combatamos-oremos, sin parar, ayudémonos que Dios nos ayuda. ¿He entendido mal? Gracias por adelantado por su respuesta.
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: ha comprendido perfectamente mi pensamiento cuando subrayo nuestra responsabilidad como creyentes en el combatir, como dice san Pablo, la buena batalla. Ciertamente, como dice san Pablo, debemos ponernos a disposición del Señor y asegurarnos de ser sus instrumentos en la obra de la salvación. De tal modo actúa en nosotros la gracia, la cual, si no ponemos obstáculo, mueve nuestro libre albedrío hacia el cumplimiento del bien. Esto quiere decir que en nuestro camino hacia la salvación y en la obra que debemos realizar para el advenimiento del reino de Dios, existen dos factores que deben concurrir de modo sinérgico para alcanzar la meta que Dios ha trazado para nuestra bienaventuranza. Estos dos factores son la gracia santificante, que nos precede, nos acompaña y completa nuestra obra, y nuestra buena voluntad, que encuentra en Dios el principio de su actuación.
El mismo lector comentó: Gracias por su respuesta. Me aclara las cosas. Por lo que me dice, tengo la impresión de que cuando hablamos de la "naturaleza sinodal" de la Iglesia, con esos dos elementos de "caminar" y "juntos", estamos hablando del aspecto "existencial" de la Iglesia, y que las cuatro Notas de la Iglesia se refieren a su “sustancia” (para referirse al matiz que diferencia la naturaleza de la sustancia en filosofía). Algo así como Lumen Gentium habla de "subsistit in", para referirse también al aspecto existencial de la Iglesia, a diferencia de su aspecto esencial cuando se dice que la Iglesia de Cristo "es" la Iglesia católica.
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió: ciertamente. Creo que se pueda hablar del aspecto existencial de la Iglesia, que resulta del caminar juntos o sea de su aspecto sinodal, en cuanto lo existencial se refiere al devenir o a la acción concreta en la historia. Por cuanto respecta a las cuatro notas, ellas, como he explicado precedentemente, se refieren también al aspecto sinodal. Ciertamente ellas tocan tanto la sustancia como la esencia de la Iglesia. La sustancia ciertamente se refiere al famoso "subsitit in" de Lumen Gentium; la esencia equivale a la naturaleza de la Iglesia. En conclusión podemos decir que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica y es la Iglesia católica.
Otro lector comentó: Caminar junto a los alemanes, portavoces de todas las instancias únicamente mundanas, incluso las más caprichosas e insulsas posibles. Camino que deja atrás a muchas personas nunca interesadas en las consultas, quizás precisamente porque se consideran como "indietristas", por lo tanto no aptos para un "camino" progresivo. Tienen en mente una Iglesia ya no católica.
ResponderEliminarEl p.Cavalcoli respondió: usted no debería mantenerse al margen. Si el Papa habla de indietristas, tiene una razón para hacerlo. Por eso estos hermanos, en vez de enfadarse, deberían corregirse. Al mismo tiempo, es ciertamente de desaprobar la actitud ofensiva de los modernistas. El Sínodo está hecho para encontrarse, aceptarse y corregirse recíprocamente y poner en común los dones recibidos de Dios. No existe otra Iglesia distinta a la del Sínodo, aunque indudablemente existen en ella defectos. Sin embargo, con la caridad, se soluciona todo.
El mismo lector replicó: ¿Me está diciendo que no existe otra iglesia sino la del sínodo? ¿Se refiere a la Iglesia definida por los promotores del sínodo? .. ¿es entonces la Iglesia democrática y abierta, de fronteras indefinidas, estructurada a partir de la base, pluralista desde el punto de vista teológico, filosófico y doctrinal, que sustituye con la pastoral a la doctrina, que no evangeliza a nadie e incluso que ya no condena? ¿Por qué cada situación particular de la vida puede ser un buen punto de partida? ¿Esta es la Iglesia a la que debemos seguir obligatoriamente?..... ¿la Iglesia que, sin una verdad exclusiva para comunicar? ¿aquella deseada por Rahner? ¿La que tiene que convertirse al mundo? Pero, ¿en serio?!…
ResponderEliminarEl p.Cavalcoli respondió: Todos los católicos del mundo están llamados a dar su contribución al trabajo del Sínodo. Es comprensible que en esta masa de propuestas haya cosas que el Papa no aprobará o que sean incluso contrarias a la fe. Todas las tendencias dentro de la Iglesia están llamadas a hacer su parte. Los que el Papa llama indietristas no son en absoluto fieles a la Tradición, sino hermanos que, como dice la palabra, en lugar de mirar hacia adelante, según las indicaciones del Concilio, querrían volver a la situación anterior al Concilio Vaticano II. Quédese tranquilo. Es cierto que en la Iglesia existe esta presencia invasora de rahnerianos, y usted creo que sabe bien lo que pienso de Rahner. Sin embargo, es necesario que nos pongamos con toda buena voluntad a colaborar con el Santo Padre, quien conoce muy bien a los rahnerianos, pero recientemente ha recomendado a Santo Tomás de Aquino, que es el antídoto contra el rahnerismo. Así que no nos desanimemos y hagamos nuestra parte.
Otro lector preguntó: si en este sínodo votan también los laicos y no solo los obispos como autorizados cardenales, los resultados del sínodo ¿serían vinculantes o no?
ResponderEliminarEl p. Cavalcoli respondió: como usted debería saber, un Sínodo, a diferencia del Concilio, no puede tomar decisiones reales, ni siquiera desde el punto de vista pastoral. Puede presentar peticiones, hacer propuestas, plantear instancias, expresar dificultades, plantear preguntas, resaltar aspectos positivos, tomar iniciativas pastorales o incluso doctrinales para profundizar. Pero es igualmente claro que la última palabra corresponde al Papa o para aprobar o para confirmar o para desarrollar o para aclarar o para rechazar. A esta luz, está claro que solo es vinculante lo que el Papa decida.