lunes, 6 de julio de 2026

La Curia Romana y el Magisterio de la Iglesia

Resulta de gran utilidad examinar con rigor la relación entre la Curia Romana y el Magisterio de la Iglesia, mostrando la diferencia radical entre una institución humana, sujeta a reformas y defectos, y la institución divina del colegio apostólico cum Petro et sub Petro. ¿No es un riesgo que la Curia, en vez de facilitar la comunicación entre el Papa y los obispos, la obstaculice con burocracia y mundanidad? ¿No debería preocuparnos que documentos pontificios queden sin efecto por falta de colaboración fiel? ¿No es urgente una reforma que reduzca el peso excesivo de la Curia y devuelva protagonismo al Magisterio episcopal? ¿No se repite hoy el mismo error que en tiempos de Lutero, cuando los abusos de la corte papal oscurecieron la misión evangélica? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a discernir con claridad dónde está la verdadera asistencia infalible del Espíritu Santo y a reclamar una Curia más humilde, leal y al servicio del Papa y de los Obispos. [En la imagen: el papa León XIV y el Colegio Cardenalicio, durante el reciente Consistorio extraordinario].

La Curia Romana y el Magisterio de la Iglesia

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en el blog Riscossa Cristiana el 28 de junio de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/la-curia-romana-e-il-magistero-della-chiesa-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)

Desde los primeros tiempos de la Iglesia los Papas se han valido de colaboradores que los ayudan en el cumplimiento de su oficio de pastores universales de la Iglesia, según una multiplicidad de encargos correspondientes a los diferentes aspectos del ministerio petrino y según una jerarquía de roles, para los cuales, desde los grados más altos, propios de los más importantes colaboradores, se desciende a los grados más bajos, de carácter meramente ejecutivo.
En tal modo los Papas han pensado en valerse de ayudantes de confianza, desde los encargos más elevados, delicados y de mayor responsabilidad, hasta las tareas más humildes, atinentes a su vida y seguridad privada y a su persona física o a sus necesidades personales, pensemos por ejemplo a lo que hoy se llama la "familia pontificia".
Con el transcurrir de los siglos, este colegio de ayudantes del Papa se ha vuelto cada vez más complejo, a medida que la Iglesia, extendiéndose por todo el mundo, ha visto aumentar y multiplicarse sus incumbencias, y también en relación a la complejidad cada vez mayor de la misma misión pontificia por un progresivo esclarecimiento, a la luz del Evangelio y con la asistencia del Espíritu Santo, de sus deberes en sí mismos y en relación con la Iglesia, con las naciones, con los poderes civiles y con la estructura eclesial.
En esto, los Romanos Pontífices han tomado indudablemente ejemplo del uso romano de los Emperadores, comenzando con el mismo nombre de este organismo, "curia", la cual desarrollaba precisamente esta tarea de ayudar al Emperador a llevar a cabo su oficio. La institución de la curia papal, por lo tanto, no es de derecho divino, no ha sido Jesucristo quien la quiso, ninguno de los Papas jamás ha declarado esto, sino que ha nacido de una consideración práctica, de buen sentido, cosas en las cuales la sabiduría romana es indudablemente excelsa permitiéndole organizar el inmenso Imperio que todos conocemos desde nuestra temprana edad. Y se sabe que la praxis del cristianismo, aunque fundada sobre la verdad de fe, no es en modo alguno contraria al buen sentido y a lo que dicta la común razón práctica o la sabiduría que es posible encontrar en los variados pueblos y en las variadas culturas.
La Curia Romana también ha asumido el aspecto de una inmensa "secretaría" sobre el modelo de las modernas secretarías, con su característica funcionalidad técnico-burocrática de los grandes organismos de gobierno o de dirección de la sociedad en sus variadas ramas, desde la política hasta la cultura, la economía, la industria, etc.
El nombre mismo de "secretaría" en el caso de la Santa Sede parece particularmente sugestivo, dado que, si en las oficinas profanas o civiles se limita a custodiar o proteger los secretos de este mundo, la palabra "secretaría" en el caso del ministerio del Papa no puede no tener una especial resonancia y recordar los "secretos" o misterios de ese Reino de Dios que el Sucesor de Pedro debe custodiar, explicar y transmitir al mundo para su salvación.
De tal modo, sobre todo a partir del siglo XVIII, siglo de la gran organización racional de la sociedad, en el ámbito de la Curia y de sus varios dicasterios, tomó gran desarrollo la Secretaría de Estado, un colegio de colaboradores más restringido e incluso más en la directa dependencia del Papa en comparación con los otros organismos de la Santa Sede. De tal modo, la "Secretaría de Estado" asumió la tarea de ser el órgano en más directo contacto y servicio del Papa y de representar al Papa en todos los demás dicasterios, oficinas y organismos de la Curia. En cierto sentido, la Secretaría de Estado es la "Curia de la Curia".
Así llegamos a nuestros días, para los cuales, si se consulta el anuario pontificio, que precisamente recoge todas las oficinas de la Santa Sede con sus respectivos nominados (otro nombre, más religioso, para designar a los ayudantes del Papa), se encuentra frente a un tomo de casi 2000 páginas, que se vuelve cada vez más voluminoso con cada año que pasa. De 1982 a 1990 también tuve la gracia de encontrarme entre esos nombres, habiendo trabajado como oficial de la Secretaría de Estado.
Pero en este punto debemos hacer una importantísima precisión acerca de estos colaboradores del Papa y es que, si consideramos lo que Jesucristo ha establecido a este respecto, todos sabemos que el Fundador del cristianismo ha querido que Pedro estuviera rodeado y ayudado por el colegio de los apóstoles.
Aquí estamos ciertamente, sin ninguna duda, ante una institución divina. Por esta razón, al querer hacer una comparación desde el punto de vista jurídico entre la Curia como un instituto de derecho eclesiástico y la Curia en cuanto que comprende algunos miembros del colegio apostólico o episcopal, es claro que existe un abismo, así como existe un desnivel infinito entre lo que Cristo positiva y explícitamente ha querido como estructura esencial de la Iglesia asegurándole la infalible asistencia del Espíritu Santo y lo que la Iglesia misma, ciertamente con prudencia, pero sin ninguna asistencia infalible del Espíritu Santo, ha querido, ha instituido y ha decidido en el curso de los siglos, mudando, innovando, cambiando, corrigiendo, reformando o aboliendo, a fin de cumplir mejor, en los variados contextos históricos, los deberes que Cristo le ha asignado para la salvación del mundo.
Por lo tanto, cuando hablamos de los "colaboradores" del Papa, no debemos pensar tanto en la Curia Romana, por importante que sea como instrumento indispensable para un conveniente y eficaz cumplimiento del ministerio petrino, sino que debemos pensar ante todo y esencialmente en el colegio episcopal de los sucesores de los apóstoles, los Obispos repartidos por todo el mundo cum Petro et sub Petro.
He aquí donde se ubica el Magisterio de la Iglesia. El Magisterio de la Iglesia no son tanto los oficios de la Santa Sede o los organismos de la Curia, aunque sean importantes instrumentos de la actividad del Papa, sino que es el colegio apostólico bajo la guía de Pedro: aquí tenemos la verdadera institución divina, aquí tenemos el infalibilidad en la enseñanza de la verdad evangélica, aquí tenemos la asistencia infalible del Espíritu de la Verdad.
El hecho de que el Papa se valga de muchos colaboradores curiales es ciertamente una ventaja, sobre todo en los tiempos modernos, dada la complejidad siempre mayor de la sociedad y de sus actividades, pero puede convertirse en una desventaja para el Papa y, por lo tanto, para la Iglesia en el caso de que este cuerpo de colaboradores se vuelva excesivo o asuma demasiado poder o bien carezca de fidelidad o lealtad hacia el Santo Padre, o se deje llevar por intenciones demasiado humanas y no sobrenaturales.
Debe siempre recordarse que la Curia Romana, aunque en su seno haya Obispos y Cardenales, no es en suma sino una institución humana, con los defectos y riesgos que esto comporta y que, aunque nacida sobre el modelo del derecho romano, no puede llevar a cabo sus asuntos sin tener en cuenta el fin sobrenatural del ministerio petrino y de la Iglesia.
Debo decir a este respecto que durante mi experiencia en la Secretaría de Estado, junto a dignísimos colegas, oficiales, superiores y prelados, a veces he notado un modo de pensar o de hacer, no precisamente a la altura de ese espíritu sobrenatural que el verdadero colaborador del Papa debe tener en cada ocasión, por más mecánico, burocrático o humilde que sea el trabajo que deba desarrollar.
A lo largo de la historia de la Iglesia surge de hecho periódicamente la exigencia de reformar o corregir la Curia, mientras que está claro para todos que el colegio episcopal con el Papa y bajo el Papa es inmutable e inviolable en virtud de su divina institución.
Famosa ha sido de hecho la reforma de la Curia promovida por el Concilio de Trento para corregir la reforma de Lutero, quien, sin embargo, al inicio de su actividad reformadora no se equivocaba del todo al denunciar los abusos, injusticias, impiedad y mundanidad existentes en la corte papal.
Otra reforma importante ha sido la del Concilio Vaticano II, la cual recogió, entre otras, algunas instancias provenientes del mundo protestante y ortodoxo. Sin embargo, en algunos aspectos, en particular por cuanto respecta al ministerio de los obispos, como he dicho en otras ocasiones, esta reforma parece presentar algunos defectos, aún cuando en general ha sido providencial. Pero el problema es que ha sido interpretada mal o ha sido mal aplicada o hasta no aplicada, debido al continuo resurgimiento del espíritu mundano en lugar del evangélico, de modo que hoy se siente la necesidad de una nueva reforma.
El defecto que hoy se nota en la Curia es el hecho de que, en lugar de favorecer la comunicación del episcopado con el Papa, más bien la obstaculiza y la complica, con el riesgo de malentendidos entre el Papa y los obispos. En el pasado se han verificado casos famosos de este tipo, como, por ejemplo, el malentendido entre Savonarola y el papa Alejandro VI debido a maniobras de la corte papal que obstaculizaron el acuerdo, tanto que el Papa, después del martirio de Savonarola, se arrepintió y dijo que, si hubiera sabido la verdad, lo habría hecho santo ¹.
Otro ejemplo ilustre fue el malentendido entre el papa Pío X y el beato cardenal Ferrari, ambos santos. El Cardenal había sido maliciosamente acusado por los curiales de modernismo ante el Papa, quien ingenuamente creía en los detractores, de modo que cuando Ferrari le pidió al Papa que lo recibiera para darle explicaciones, el Papa se negó.
Hoy tenemos pruebas, especialmente desde la época del papa Paulo VI, que el Papa no tiene una buena colaboración de parte de la Curia. Por cuanto respecta en particular con el magisterio pontificio, debe decirse, lamentablemente, que sus documentos a menudo quedan sin efecto y son disputados por teólogos y obispos. Esto es señal de que la colaboración entre el Papa y los obispos se ve obstaculizada.
En esta delicada materia, parece urgente un mejoramiento en el servicio prestado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la cual, si bien en otros organismos el personal también parece excesivo, en ella sería necesario aumentarlo considerando la cantidad de trabajo que se debe abordar para remediar los "graves problemas de la fe", según la expresión que ha usado el papa Benedicto XVI en la declaración con la cual ha anunciado su dimisión.
La reforma que por lo tanto se impone, en mi opinión, es la de reducir el personal de la Curia, poner personas más competentes, prudentes, piadosas, confiables, honestas y fieles al Magisterio, para que la colaboración entre el Papa y los Obispos sea más fácil, lo cual es esencial a la Iglesia. La Curia debe favorecer este intercambio, de lo contrario, faltará gravemente y al final perderá su razón de ser.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 28 de junio de 2013

Notas

¹ A cualquiera que desee profundizar en la historia de Savonarola, le recomiendo leer las obras de P. Giacinto Scaltriti, OP, que pasó toda una vida en el estudio del famoso dominico. Un movimiento a favor de la beatificación de Savonarola siempre ha existido en la Orden Dominicana.

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Curia Romana pertineat ad Magisterium Ecclesiae

Ad hoc sic procediturVidetur quod Curia Romana pertineat ad Magisterium Ecclesiae.
1. Quia Curia ex Cardinalibus et Episcopis constat, et ideo participat auctoritatem Papae, quod eam faceret partem Magisterii.
2. Praeterea, quia Papa Curia utitur ad conscribendos et divulgandos suos documentos, ita ut sine ea Magisterium efficaciter exerceri non posset.
3. Item, quia Curia reformata est a Conciliis Tridentino et Vaticano II, quod ei tribuit stabilitatem et quasi divinum characterem in structura Ecclesiae.

Sed contra est quod Christus voluit Petrum circumdatum et adiutum a collegio Apostolorum, et hoc est institutio divina. Magisterium residet in collegio episcopali, successore collegii apostolici, sub ductu successoris Petri, Papae, non in organismis humanis reformationibus obnoxiis.

Respondeo dicendum quod Curia Romana est institutio humana, nata ex prudentia et bono sensu, similis secretariis civilibus, et ideo defectibus, abusibus ac necessitatibus reformationum subiecta. Non est iuris divini, nec Christus eam instituit, nec infallibili Spiritus Sancti assistentia fruitur. Verum Magisterium Ecclesiae est in collegio episcopali cum Petro et sub Petro, quod est institutio divina, immutabilis et inviolabilis, infallibiliter assistita a Spiritu Veritatis.
Curia potest esse utilis Papae, praesertim temporibus modernis, data societatis complexitate, sed etiam potest fieri impedimentum si nimis abundet, si nimium potestatem assumat, si fidelitate careat aut intentionibus humanis magis quam supernaturalibus moveatur. In historia facta sunt casus quibus Curia communicationem inter Papam et Episcopos impedivit, errores excitans et efficaciam magisterii pontificii debilitans. Ideo periodicum est necessarium eam reformare, minuendo numerum personarum et providendo cooperatores pios, prudentes, fideles et honestos, ut foveatur communio inter Papam et Episcopos, quae est essentialis Ecclesiae.

Ad primum dicendum quod, licet in Curia sint Episcopi et Cardinales, auctoritas eorum non est magisterialis ut sic, sed administrativa et humana. Magisterium residet in collegio episcopali cum Papa et sub Papa.
Ad secundum dicendum quod Curia est instrumentum utile ad exercitium Magisterii, sed non est ipsum Magisterium. Papa posset doctrinam suam exercere sine ea, licet cum maiori difficultate.
Ad tertium dicendum quod reformationes conciliares ostendunt Curiae mutabilitatem et humanitatem, dum collegium episcopale est divinum et immutabile.
   
JG

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