Este nuevo texto del padre Giovanni Cavalcoli se abre como una respuesta serena y firme a la carta lefebvriana dirigida al Papa León XIV: ¿puede la Tradición oponerse al Magisterio vivo de la Iglesia? ¿Es legítimo invocar la fidelidad a la fe para rechazar el Concilio Vaticano II? ¿No es acaso la verdadera continuidad la que acoge los desarrollos doctrinales bajo la guía del Espíritu Santo? El sabio y docto teólogo dominico nos recuerda que la pureza de la fe no se conserva en el inmovilismo, sino en la docilidad al Magisterio que interpreta la Escritura y la Tradición. Y advierte que la auténtica regeneración de la Iglesia no vendrá de nostalgias ni rupturas, sino de la obediencia humilde al Papa y de la recuperación de los valores ascéticos y espirituales que forman a los santos. [En la imagen: el papa León XIV y los Cardenales reunidos en Consistorio Extraordinario el 27 de junio de 2026].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 27 de junio de 2026
Respuesta a la carta de los lefebvrianos al Santo Padre
Respuesta a la carta de los lefebvrianos al Santo Padre
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 27 de junio de 2027. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/risposta-alla-lettera-dei-lefevriani-al.html)
La Fraternidad San Pío X el 24 de junio pasado ha enviado una Carta abierta a Su Santidad el Papa León XIV y a los Cardenales de la Santa Iglesia.
He pensado responder a los puntos tratados en la Carta.
1. “La Iglesia sufre hoy bajo la presión de nuevas fuerzas, provenientes tanto del interior como del exterior, que la empujan en todas las direcciones posibles, excepto –a nuestro juicio– en la correcta. Ante tal sufrimiento, no podemos permanecer indiferentes.”
Esta constatación en línea general es ciertamente verdadera, pero demasiado genérica. Permanece sin embargo verdadero que ante esta situación los buenos católicos no pueden permanecer indiferentes.
2. “No corresponde a la Fraternidad San Pío X indicar el camino a seguir, sino a la Tradición bimilenaria de la Iglesia, fielmente custodiada y transmitida por la Sede Apostólica a lo largo de los siglos, y que muchos consideran ya, de hecho, una realidad superada, sujeta a continua evolución.”
Ante esta situación nada impide a cualquier buen católico, debidamente preparado y con la debida modestia, siguiendo el ejemplo de los santos, proponer al Papa un modo para disminuir los males que nos afligen y reforzar las tendencias positivas efectivamente existentes.
Ciertamente la respuesta a esta situación viene de la Tradición, tal como nos ha sido explicitada por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio Pontificio sucesivo. Lo cual naturalmente excluye el desprecio por la Tradición típico de los modernistas.
3. “Es en nombre de esta misma Tradición, y sólo a su luz, que formulamos hoy esta profesión de fe católica frente a los principales errores y peligros más graves de nuestro tiempo.”
El buen católico, que quiere oponerse “a los principales errores y peligros más graves de nuestro tiempo”, no hace apelación únicamente a la Tradición, sino también a la Sagrada Escritura, ambas interpretadas por el Magisterio actual de la Iglesia.
Es necesario a este respecto evitar posiciones unilaterales. Evitar por un lado remitirse sólo a la Escritura, como hizo Lutero; pero por otro lado evitar remitirse sólo a la Tradición, además rechazando aceptar la interpretación que de ella hace el Concilio Vaticano II.
4. “Estamos convencidos de que la Tradición encierra todos los remedios a los males más profundos de los que sufren la Iglesia y el mundo, y para los cuales se buscan en vano soluciones fuera de ella. La fe inmutable e integral es el principio, el fundamento y la raíz de la salvación de las almas. Esta fe, contenida en la Tradición y enseñada por el Magisterio constante, constituye el verdadero fundamento de la unidad de la Iglesia y, en consecuencia, el medio necesario para establecer la unión y la comunión entre los miembros del Cuerpo místico de Cristo.”
La referencia al Magisterio es ciertamente obligatoria, pero para realizar plenamente esta fidelidad no basta detenerse en el Magisterio de Pío XII, sino que es necesario seguir dócilmente los desarrollos y progresos doctrinales cumplidos por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio Pontificio sucesivo hasta el Papa León XIV.
5. “Por encima de los cambios y de las vicisitudes del tiempo se eleva la Tradición inmutable, eco en la historia de la Verdad eterna.
No podemos sino esperar y suplicar que esta Tradición y la pureza de la fe sean nuevamente puestas como fundamento de la vida de la Iglesia, para que de ellas pueda comenzar una auténtica regeneración. Es por esta intención que rezamos con insistencia.”
Estoy convencido también de que, para remediar los males actuales y hacer avanzar la Iglesia hacia el reino de Dios, es urgente que nuestros Pastores sepan recuperar un conjunto de valores presentes tanto en la Escritura como en la Tradición, además de ser patrimonio de los santos.
Recordemos algunos valores, como por ejemplo la necesidad de la penitencia y de la disciplina ascética, que nos hacen presente que nuestra purificación y nuestra santificación comportan, siguiendo el ejemplo de Job y de Nuestro Señor Jesucristo, aceptar de las manos de Dios justo y misericordioso aquellas sufrencias que Él nos envía no para abatirnos, como hace el demonio, sino para corregirnos y educarnos así como el buen padre corrige al hijo que ama.
Otro valor tradicional que se debe recuperar es la percepción del Misterio de la Iglesia, la cual es ciertamente una comunidad humana, pero una comunidad humana guiada por el Espíritu Santo y que por tanto no puede ser reducida, como hacen los modernistas, a una simple sociedad filantrópica que termina sometiéndose a intereses políticos o enredándose en intereses puramente humanos bajo el pretexto de asistencia a los pobres y marginados.
6. “Estamos convencidos de que, en el contexto inestable y extremadamente peligroso que hoy se presenta a nuestros ojos, la mejor contribución que se pueda ofrecer a la Iglesia universal es la de una profesión sincera e integral de la fe católica.”
Hago presente que una “profesión sincera e integral de la fe católica” no se detiene en el catolicismo de los tiempos de Pío XII, sino que comporta la acogida de las nuevas doctrinas del Concilio, aunque no sean dogmas definidos y sin embargo permanecen como verdades próximas a la fe y como tales verdades definitivas, inmutables e irreformables.
7. “Esperamos que un día este texto doctrinal pueda servir de base para una discusión franca con la Santa Sede, en un clima pacífico, fraterno y caritativo.
El texto que presentamos no es la estéril cantilena de un grupo de nostálgicos, sino la necesaria expresión, pacífica y resuelta, de nuestra fe.”
Puedo observar que esta profesión de fe contiene ciertamente muchas verdades de la Escritura, de la Tradición y del Magisterio, pero permanece siempre el punto fundamental que hace que la Fraternidad carezca de plena comunión con el Magisterio actual de la Iglesia.
Por desgracia esta profesión de fe evoca, mutatis mutandis, tristes recuerdos históricos de semejantes profesiones de fe, como fueron el Catecismo holandés o peor aún los Catecismos luteranos.
Recordemos a nuestros hermanos lefebvrianos que el Catecismo ya existe y es el Catecismo de la Iglesia Católica.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 26 de junio de 2026
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