domingo, 28 de junio de 2026

El catolicismo de Gustavo Bontadini

Este nuevo artículo del padre Giovanni Cavalcoli, que con gusto publicamos, se trata de una reflexión profunda sobre el catolicismo de Gustavo Bontadini y sus vínculos con el idealismo moderno. Al respecto, existen preguntas que surgen espontáneas e inevitables: ¿puede confundirse el pensamiento humano con el pensamiento divino sin caer en contradicciones fatales? ¿No se pervierte la noción eterna de la verdad cuando se sustituye la "adaequatio intellectus ad rem" por la mera coherencia del pensamiento consigo mismo? ¿Qué ocurre con el dogma de la creación cuando se niega la potencia y el paso al acto, reduciendo todo a un ser absoluto y necesario? El docto teólogo dominico muestra cómo estas tesis conducen a la confusión entre Dios y el hombre, a la negación de la verdad y a la disolución del devenir, planteando la pregunta decisiva: ¿puede sostenerse un catolicismo fundado sobre principios que contradicen la fe y la filosofía perenne?

El catolicismo de Gustavo Bontadini

(Traducción al español del texto del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 1 de febrero de 2013 en respuesta a una carta del profesor Marco Berlanda. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/su-qil-modernismo-di-bontadiniq-una-lettera-del-prof-marco-berlanda-e-la-risposta-di-p-giovanni-cavalcoli/)
     
Estimado Prof. Berlanda,
por cuanto respecta a su intervención, más que responder a sus objeciones, prefiero aclarar mi pensamiento sobre Bontadini con citaciones precisas o posiciones comúnmente conocidas. Esto es por tres motivos: 1. Considero que en tal modo seré más claro y persuasivo. 2. Le confieso que no siempre he logrado entender lo que Usted quiere decir, por lo cual pienso que nuestra discusión puede ser más rápida de este modo y por lo tanto tener un mayor beneficio, en lugar de si le pido explicaciones, cosa que requeriría de su parte ulteriores respuesta. 3. Usted toca algunos puntos que me parecen de secundaria importancia. He tomado nota de ello, pero no creo que sea el caso hablar sobre ello. En cambio, pongámonos en un terreno sobre el cual sea fácil entendernos sobre el significado de lo que decimos. En tal modo será más fácil la confrontación de ideas. Por otra parte, creo que con cuanto ahora voy a decir, tocaremos el verdadero nudo de la cuestión.
Por consiguiente, por cuanto respecta al "modernismo" de Gustavo Bontadini, no pretendí vincularlo en todo y por todos los aspectos con el modernismo condenado por el papa san Pío X, aunque no sería difícil encontrar vínculos, sobre todo donde el Papa condena el inmanentismo. El mismo idealismo es una forma de fenomenismo. Sé que Bontadini es más filósofo que teólogo, pero Usted sabe bien que la encíclica Pascendi condena también la filosofía del modernismo como fundamento de la teología modernista. En cuanto a cuestiones exegéticas, no entro en ese campo, porque ni siquiera soy un biblista.
En cambio, yo me he referido a un concepto más amplio de modernismo, a una forma de modernismo que hoy se está extendiendo, y que consiste en esa forma mentis por la cual los hombres de hoy se consideran "modernos", eventualmente en línea con la modernización o el progreso promovidos por el Concilio Vaticano II, de ahí también el nombre de "progresismo", por el simple hecho de asumir la modernidad en bloque y acríticamente, en lugar de operar en ella, a la luz siempre de la philosophia perennis y del Magisterio de la Iglesia, ese obligado y necesario discernimiento que asume lo positivo y rechaza lo negativo.
Bontadini lamentablemente ha caído en este error con su propuesta de una filosofía "neoclásica" o "neoescolástica moderna" basada sobre la así llamada "filosofía moderna", fundada en el cogito cartesiano, por el cual Bontadini tiene una exagerada admiración afirmando que Descartes "ha rehecho la filosofía desde el principio". Yo diría más bien que la ha estropeado en sus fundamentos.
Es cierto que Bontadini tenía admiración también por el pensamiento clásico, griego y medieval, en particular por Parménides y por santo Tomás de Aquino. Sin embargo, él piensa que una nueva filosofía, adecuada a los tiempos modernos, puede y debe ser recabada de una interpretación cartesiana, con la mediación de Gentile, de los dos pensadores anteriores. En tal modo se pondría en luz su "alma de verdad" (según la expresión de monseñor Olgiati), por lo cual, como dice Bontadini, Tomás aparecería extraordinariamente "moderno".
En este sentido, he pretendído comparar la interpretación bontadiniana del ser tomista con el ser parmenídeo y sostener que Bontadini ha malentendido el ser tomista, que es analógico (uno-múltiple), confundiéndolo con el ser parmenídeo que es unívoco (uno solo). Además, el ser parmenídeo es idealista ("to autó to einai kai to noéin": "el ser y el pensamiento son la misma cosa"), mientras que el ser tomista es notoriamente realista, es decir, implica la distinción del ser y del pensamiento.
Indudablemente el verdadero maestro de Bontadini no es Tomás. En tal sentido no es un tomista. He hablado a su respecto de "tomismo", porque hay que reconocer en él un esfuerzo por hacer aparecer moderno a Tomás, pero tal intento, como he dicho en el precedente artículo, ha fracasado, porque Bontadini quiere interpretar a Tomás sobre la base de Parménides, Descartes y Gentile. Estos son los verdaderos maestros de Bontadini. Y este hecho ya suscita muchas dudas sobre la autenticidad del catolicismo de Bontadini, como ahora iré explicando.
También Maritain consideraba moderno a santo Tomás de Aquino. Así, en su libro Le Docteur Angélique, lo llama "Apóstol de los tiempos modernos" y en Antimoderne dice que Tomás es "ultramoderno". Pero Maritain se cuida mucho de dar a Tomás una interpretación idealista, también en consideración al hecho de que el idealismo ha sido condenado por la Iglesia, lo que muestra con evidencia la incompatibilidad del idealismo con la fe católica.
Como he dicho en mi precedente artículo, Bontadini intenta indudablemente corregir el idealismo de Gentile, pero al final queda sustancialmente enredado en su sistema, ya que acepta sus principios fundamentales: 1. "la identidad del pensamiento con el ser"; 2. "el ser es es el ser pensado"; 3. el ser no trasciende el pensamiento sino que es "inmanente"; 4. el pensamiento no es trascendido por el ser, sino que es "intrascendible"; 5. creer en la existencia de un ser exterior al pensamiento es ya hacerlo inmanente al pensamiento; 6. el ser no es "presupuesto" al pensamiento, sino que es supuesto con el pensamiento; 7. el pensamiento no pasa de la potencia al acto sino que es "acto de pensar"; 8. la ignorancia y el error no existen, porque el ser es constitutivamente, originariamente, necesariamente, siempre y aprioricamente objeto del pensamiento; 9. el ser no es analógico, es decir, uno y múltiple, sino que es unívoco, o sea, absolutamente uno; 10. la multiplicidad no surge de la analogía sino de la dialéctica.
Ahora bien, uno se pregunta cómo pueden ser conciliados todos estos principios con una sana filosofía y con la fe católica.
De hecho, las consecuencias de esos principios son las siguientes:
1. Confusión entre el pensamiento humano y el pensamiento divino. En efecto, observo que: a) sólo el pensamiento divino es puro acto de pensar. El pensamiento humano pasa de la potencia al acto; b) sólo en el pensamiento divino el pensamiento coincide con el ser. Para el pensar humano, el ser es distinto del pensamiento, externo al pensamiento, independiente del pensamiento. No depende del pensar humano, sino del poder creador divino; c) sólo el pensamiento divino surge de sí mismo como autoconciencia absoluta sin ningún precedente empírico, porque Dios es puro espíritu infinito. En cambio, el pensar humano supone la experiencia sensible, porque en el hombre el sentido va acompañado del intelecto. Y en el hombre la autoconciencia supone el contacto sensible con las cosas externas; d) sólo Dios sabe que existe inmediata y aprioricamente, sin pasar a través de ningún previo contacto con el mundo. Nosotros, en cambio, llegamos a saber que Dios existe sólo partiendo del conocimiento del mundo y aplicando el principio de causalidad ("per ea quae facta sunt", Rom 1,20; Sab 13,5).
2. Negación de la noción de la verdad. San Pío X en la Pascendi acusa a los modernistas de "pervertir la eterna noción de la verdad". Ahora bien, la gnoseología idealista nacida de Descartes hace exactamente eso, porque no hace consistir la verdad en la adaequatio intellectus ad rem, en primer lugar las cosas externas sensibles y luego los datos de la conciencia y las realidades espirituales, sino, como dirá después Kant, en la "coherencia del pensamiento consigo mismo": una atención, por tanto, no a lo real, sino a las propias ideas, esto es lo que cuenta para el idealista. Ahora bien, sin embargo, para el cristiano, Cristo es la Verdad hecha Persona. Por lo cual ofender la noción de verdad es ofender a Cristo. ¿Es esto catolicismo?
3. Negación del dogma de la creación. Según Bontadini, el devenir existe, pero es contradictorio, porque le falta a  Bontadini una noción analógica del ser: para él, el ser o existe o no existe. No llega a concebir un ser meramente potencial, un "poder-ser", por lo cual falta la noción del ente contingente. Para él, el ser es sólo acto. No existe pasaje de la potencia al acto, porque la potencia no existe. Por tanto, no existe ni siquiera la causa eficiente que precisamente tiene la función de explicar lo contingente y de hacer pasar al acto el ser potencial o de actuar el ser posible.
Pero el crear es precisamente el poder divino de causar el ser de las cosas o, como dice santo Tomás, la creación es la productio totius entis ex nihilo sui et subiecti. Ahora bien, esto es dogma de fe. Negar esto quiere decir ir en contra de una verdad de fe. Bontadini, en cambio, intenta una prueba meramente dialéctica de la existencia de Dios: si Dios no existiera, el devenir sería contradictorio. Pero entonces, al final, incluso con la existencia de Dios, según él, el devenir, aunque real, sigue siendo contradictorio. Dios es el Ser absoluto y no contradictorio, que pone lo finito negando su infinitud. Por consiguiente, no el ente mundano a imagen del Ser divino, sino el ente mundano como negación de lo divino. Se entiende entonces cómo un Severino negará la existencia de lo contingente y del devenir en nombre del ser y del principio de no-contradicción (entendido a la manera parmenídea).
No dudo de la intención de Bontadini de elaborar una filosofía en armonía con la fe católica y del hecho de que él mismo hiciera profesión de catolicismo. Por otra parte, veo que usted tiene un conocimiento mucho más amplio de Bontadini que el mío y estoy dispuesto a creer que el último Bontadini se haya acercado al realismo católico y a la admisión realista de la trascendencia divina.
Sin embargo, hago la precisión de que en mi análisis me refiero sobre todo al Bontadini de la década de 1920 en sus "Studi sull’idealismo" publicados por Vita e Pensiero, y en particular a su escrito programático, que he citado en mi artículo, en el cual retoma y desarrolla a su modo el pensamiento de mons. Olgiati. Si más tarde él, como usted afirma, en la década de 1970 se ha acercado al concepto católico de creación, no tendría más que complacerme de ello. Pero eso no quita decir que cuanto él ha escrito de joven siga siendo lo que es y no deponga en absoluto a favor de su catolicismo.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 1° de febrero de 2013

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum philosophia Gustavi Bontadini possit cum fide catholica congruere,
vel propter principia idealistica sit ei contraria

Ad hoc sic procediturVidetur quod philosophia Bontadini cum fide catholica congruat.
1. Quia ipse catholicam professionem fecit et conatus est philosophiam componere cum doctrina christiana. Praeterea, studuit corrigere idealismum Gentilis et in scriptis posterioribus ad realismus catholicum accedere, quod intentionem eius servire fidei ostendit.
2. Praeterea, videtur quod eius systema recipi possit, quia agnoscit existentiam Dei et affirmat quod sine Deo fieri esset contradictorium. Sic offert probationem rationalem necessitatis Dei, quae fidem roborare videtur.
3. Item, videtur quod eius philosophia utilis sit, quia nititur ostendere modernitatem sancti Thomae et colloquium cum cultura hodierna. Si Thomas “modernus” apparere potest, hoc favere potest receptioni fidei in mundo hodierno.

Sed contra est quod sanctus Pius X in Pascendi dicit modernistas aeternam notionem veritatis pervertere. Sanctus Thomas docet creationem esse productionem totius entis ex nihilo sui et subiecti. Sacra Scriptura dicit quod per ea quae facta sunt cognoscitur Deus (Rom 1,20). Parménides tenet quod esse et cogitare idem sunt, sed sanctus Thomas clare distinguit inter esse et cogitare, ostendens realitatem suae metaphysicae.

Respondeo dicendum quod philosophia Bontadini, in suis principiis fundamentalibus, fidei catholicae repugnat. Confundit enim cogitationem humanam cum cogitatione divina, cum solum in Deo cogitare cum esse coincidere possit et sit purus actus. Cogitatio humana autem transit de potentia ad actum et sensibili experientia indiget. Negat notionem veritatis, quia eam ponit in cohaerentia cogitationis secum ipsam et non in adaequatione intellectus ad rem, quod offendit Christum qui est Veritas. Negat dogma creationis, quia potentiam et transitum ad actum non admittit, nec causam efficientem nec ens contingens agnoscit. Sic fieri ad contradictionem redigitur et mundus apparet tamquam negatio divini.
Quamvis Bontadini voluerit philosophiam componere cum fide et catholicam professionem fecerit, principia idealistica eum a realismo thomistico et a philosophia perenni separant. Interpretatio eius entis thomistici ut univoci confundit illud cum ente parmenideo, et admiratio pro Descartes et Gentile eum ad inmanentismum ab Ecclesia damnatum inducit. Etiamsi postea ad notionem catholicam creationis accesserit, scripta iuvenilia manent testimonium philosophiae fidei contrariae.

Ad primum dicendum quod professio personalis catholica non sufficit, si principia philosophica fidei contradicunt. Intentio veritatem obiectivam non substituit.
Ad secundum dicendum quod probatio dialectica existentiae Dei apud Bontadini dogma creationis non servat, quia etiam cum Deo fieri in eius systemate contradictorium manet, quod fidei catholicae repugnat.
Ad tertium dicendum quod conatus ostendere sanctum Thomam ut modernum ex Parménide, Descartes et Gentile proveniens ad falsam interpretationem entis analogici thomistici ducit et ad idealismum labefactandum. Vera modernitas Thomae in realismo consistit, non in accommodatione ad inmanentismum.
   
JG

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