Texto que se adentra en la tensión entre la Mónada y la Tríada, entre el Dios de la razón y el Dios de la fe: ¿puede el conocimiento del ser, en su unidad absoluta, ser superado por la revelación de las tres Personas divinas? ¿No se confunde de esta manera el conocimiento natural de Dios con el misterio trinitario que sólo el conocimiento sobrenatural de la fe alcanza? ¿Qué enseñan los errores de Giordano Bruno y del monismo panteísta frente al verdadero monoteísmo bíblico? ¿Es legítimo fundar una “ontología trinitaria” que pretenda convertir el Misterio en objeto de la razón? El padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo la fe en la Trinidad supera la noción filosófica de la unidad, preserva la trascendencia divina y evita las confusiones del monismo, invitando a redescubrir la diferencia entre el Absoluto creador y el mundo creado. [En la imagen: fragmento de "La Santísima Trinidad", óleo sobre lienzo, obra de autor anónimo del siglo XVIII, conservado en el Museo del Prado, Madrid].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
domingo, 28 de junio de 2026
La mónada y la tríada
La mónada y la tríada
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Libertà e Persona, el 13 de mayo de 2013: http://www.libertaepersona.org/wordpress/2013/05/la-monade-e-la-triade/; y luego en L’Isola di Patmos, el 10 de noviembre de 2014: https://isoladipatmos.com/es/theologica-la-monade-e-la-triade/)
El Dios de la razón y el Dios de la fe
La razón demuestra la existencia del Dios Uno, de la unidad de la esencia o naturaleza divina; demuestra el monoteísmo, la divina Mónada. La fe, en cambio, nos da un conocimiento de Dios inmensamente más alto, correspondiente a cómo Dios se conoce a Sí mismo, y nos enseña que en Dios hay tres Personas: es la fe en la Santísima Trinidad, la divina Tríada: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios es uno y único porque es el Absoluto y el Absoluto no puede sino ser uno solo. De hecho, si se debiera admitir otro Absoluto, para distinguirlos, se necesitaría admitir que uno no tiene aquello que tiene el otro. Pero entonces ninguno de los dos sería el Absoluto, ya que Estos para ser tales deben poseer la totalidad de las perfecciones.
Dios también es único porque es la causa universal de todas las cosas en cuanto son, es decir, en cuanto tienen el acto de ser. Entonces, en este sentido Él es el Absoluto, lo cual quiere decir "suelto", "libre de", ab-solutus. Y de hecho todo depende de Él y Él no depende de nadie.
Siendo Él la causa del ser de todo, no hay necesidad de otra causa o de otro Dios. Ciertamente, a cada valor corresponde su causa propia, pero no es necesario divinizarla o absolutizarla, porque también todos los grandes valores, los grandes géneros y los mismos trascendentales no son más que creaturas del único Dios, en cuanto todos pertenecen al horizonte del ser creado y finito. Por lo tanto incluso los valores más universales, no desprovistos de un cierto carácter absoluto, son al fin de cuentas todos relativos al único Absoluto que es Dios.
Además, la causa es superior al efecto. Ahora bien, Dios, como causa de todo, está a la cima de todo, como el vértice de una pirámide: ahora bien, está claro que el vértice no podría ser sino uno solo, porque todo converge sobre este único punto así como todas las creaturas convergen hacia Dios como a su fin último y sumo bien.
Dios como Ipsum Esse y Dios como Persona
Sin embargo, en el cristianismo el vértice supremo del pensamiento y del ser, en virtud de una divina revelación que eleva el pensamiento a una participación de la misma ciencia divina, no es el Uno, el único Absoluto, sino el Tres; no es el ser único o una única naturaleza divina, sino la Persona Trina, o la Trinidad de Tres Personas.
Todas las teologías, teosofías y metafísicas gnósticas, que pretenden poseer un saber divino no por fe sino por autoconciencia, rechazan la Trinidad y consideran la Unidad como lo supremo del ser y del saber. En cambio, en el cristianismo, el vértice del Dios de la razón es superado por el vértice del Dios de la fe. El fin último natural no es intrascendible, sino que es superado por el fin último sobrenatural: la Santísima Trinidad. Por encima de la Mónada el cristiano pone la Tríada.
Entonces, ¿el ser es superado? ¿Existe algo por encima del ser? Pero si el ipsum esse es el Absoluto, ¿qué puede existir por encima del Absoluto? Si el ser lo es todo, ¿qué puede haber por encima del ser? Se responde diciendo que la Tríada es la misma Mónada, la Trinidad es el mismo ipsum Esse per se subsistens. Es único el ser de la Mónada y de la Tríada.
Entonces surge la pregunta: ¿cómo se distingue el Dios Uno del Dios Trino? ¿El Dios de la razón del Dios de la fe, si el uno y el otro es el ipsum Esse? Tenemos que distinguir nocionalmente: la noción del ser en Dios dice menos que la noción de persona, no porque el Dios Trino en sí mismo sea superior al Dios Uno, como si fuera otro Dios, lo cual no tiene sentido, sino en cuanto nuestro conocimiento de Dios en la fe es superior al conocimiento de razón.
En tal sentido, la noción de persona en Dios nos dice más que la simple noción del ser relativa al Dios Uno. En tal sentido, el Tres prevalece sobre el Uno. Sin embargo, no tres dioses, tres sustancias, sino tres "personas", en cuanto en Dios la persona no es sustancia, sino relatio subsistens ¹. El Padre no tiene relación al Hijo, sino que es relación al Hijo. Y así para las otras personas. En otras palabras, el Padre no es, como ocurre en nosotros, un sujeto al que se suma, en calidad de accidente, la relación de paternidad, sino que el ser se agota todo en el ser Padre.
En este sentido, se puede decir una palabra a propósito del diálogo interreligioso entre cristianos, judíos y musulmanes. Algunos católicos se niegan a hablar de "tres religiones monoteístas", afirmando que el Dios trinitario de los cristianos es "diferente" al de los demás.
Ahora bien, aquí hay un equívoco, un malentendido. Se confunde a Dios en sí mismo con el conocimiento de Dios. No hay duda que el conocimiento que el cristiano tiene de Dios, en cuanto trinitario, es superior al que tienen el judío y el musulmán. Pero Dios en Sí mismo sigue siendo el Dios de todos, creador de todo, cognoscible y conocido por todos en virtud de la razón natural y, por tanto, nada impide a los fieles de las tres religiones el convenir o ponerse de acuerdo sobre los atributos del Dios de la razón, atendiendo al hecho que todos, en cuanto seres racionales, pueden conocer y conocen al verdadero Dios Uno bajo esta luz.
Sin embargo, en cuanto al Dios trinitario, ciertamente esto no puede ser materia de diálogo inter-religioso, ya que el diálogo supone puntos compartidos en común, cosa que en este caso no se da. Pero esto no significa que el no cristiano pueda y deba ser objeto de evangelización, ya que todos los pueblos, empezando por Israel, están llamados a creer en el Dios trinitario, ni se puede sacar la excusa del diálogo para renunciar a la evangelización y a la obra de la conversión de los no cristianos.
El caso de Giordano Bruno
A propósito de esta cuestión de la relación entre la Mónada y la Tríada, es interesante recordar la experiencia de Giordano Bruno, no privada de vínculos con el monismo-panteísmo moderno. Sabemos cómo Giordano Bruno ya desde joven fraile, mente muy ferviente y rica de intereses teóricos, pero también mágicos, rechazó la fe en la Trinidad en nombre de la unidad, que Bruno, a la inversa, consideraba como la instancia suprema del pensamiento, descuidando las exigencias de la fe y situarse en la estela del neoplatonismo, del hermetismo, de la cábala y de los presocráticos, como Pitágoras, Anaxágoras, Heráclito y Parménides, una perspectiva que luego resurgirá más tarde en el De la causa, principio, et Uno, donde esta instancia llega a los extremos en una visión monista de tipo materialista, dado que para Bruno la composición de potencia y acto, materia y forma, concierne al conjunto de la realidad, comprendido Dios mismo.
Para Bruno todo está vivo, todo es materia, todo es infinito y todo es Dios (el "Universo" o la "Naturaleza") y en este sentido todo es humano en base a una concepción mágica del hombre obrador de prodigios como actuante unidad con el alma del mundo, con las deidades, con los ángeles, con los demonios y con Dios.
Bruno confunde la potencia pasiva con la posibilidad, concibe a Dios como acto infinito de una infinita potencia pasiva, olvidando la limitación de la potencialidad, mientras nada se opone, como ya pensaba Leibniz, a concebir a Dios como actuación de una infinita posibilidad: Dios es infinitamente posible y por eso Él existe ². Para Bruno, Dios produce un mundo infinito, porque el mundo mismo es el aparecer o la múltiple determinación de Dios.
Bruno, engañado por un concepto de persona ligado sólo a lo finito y a lo humano, no fue capaz de formarse el concepto de persona divina, salvo en el sentido de las divinidades paganas y por tanto en el horizonte del politeísmo. Y viceversa, la divinidad en Bruno es, sí, en efecto, el Absoluto al vértice del mundo, pero sin trascenderlo, ya que él ve al mundo mismo como única absoluta sustancia, cuyos accidentes y manifestaciones representan los grados del ser, las formas del devenir y la multiplicidad de las cosas.
Bruno no tiene dificultad en definir con exactitud los atributos divinos, signo esto de la formación tomista recibida, salvo para ver luego al mundo y al hombre como "sombra", materia o cuerpo o manifestación de la forma divina. Supuesta la existencia de una única sustancia absoluta, Dios mismo, Bruno no admite una multiplicidad de sustancias espirituales, aunque reconozca la existencia de las almas y de los ángeles. Pero incluso estas entidades no son sino modos finitos de la única sustancia, la cual, por otra parte, sigue siendo acto de la potencia y forma de la materia.
Monismo y monoteísmo
Debemos recordar que la unidad divina puede ser concebida de dos modos: en sentido monístico o en sentido monoteístico. Bruno está en la línea del monismo, que parte de los antiguos griegos, sobre todo Parménides, y que llega a Spinoza, Hegel, Gentile y Severino.
En el monismo existe solo el ser entendido como único y absoluto, y existe por lo tanto solo Dios. Todas las cosas están solo en Dios como sus finitizaciones, particularizaciones o manifestaciones. Dios es "todo" no en el sentido de su infinita perfección, lo que es obvio, sino en el sentido de que es todas las cosas, todo se resuelve en él y él se resuelve en todas las cosas.
Observamos que un "Absoluto" que se determina a sí mismo o aparece como mundo no puede ser un verdadero Absoluto, porque carece de la simplicidad y perfección necesarias. A la inversa, nada impide al verdadero Absoluto crear un mundo distinto de Él, de hecho, esto manifiesta Su sabiduría e infinito poder. Tampoco el mundo se presenta como otro Absoluto tal como para limitar al primero, ya que sólo Dios es el Ser por esencia; los entes del mundo poseen el ser sólo por participación. En definitiva, el mundo no le quita nada a Dios, que sigue siendo el Absoluto.
El inmanentismo bruniano ³ no es, lamentablemente, simple inmanencia como presencia de Dios en todo o inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma en gracia ⁴; eso sería verdadero, si se salvara la distinción sustancial, real y abisal entre Dios y las cosas ⁵. Llegados a este punto, también estaría bien el famoso dicho de Virgilio, citado por el propio Bruno, spiritus intus alit, sino que el error está en concebir a Dios como causa formal, lo que evidentemente no transmite la idea de la trascendencia divina, ya que es claro que la causa formal forma con la materia una única sustancia. Tenemos por lo tanto el panteísmo.
Observamos que para salvar la trascendencia divina necesitamos el modelo de la causa eficiente, según la sugerencia de la propia Biblia, que presenta a Dios como un artífice ⁶. Solo aquí se da distinción real entre el efecto y la causa.
En cambio, el monoteísmo es enseñado por una sana filosofía, está vislumbrado en la India, en Platón y Aristóteles y está claramente presente en la Biblia. Comporta la admisión de un Dios distinto del mundo y creador del mundo. Implica de modo especial una distinción entre sustancia espiritual y sustancia material: Dios pertenece al horizonte del espíritu, al cual en un grado infinitamente inferior, también pertenecen las almas humanas y los ángeles, mientras que a un grado de ser aún inferior y ciertamente mínimo, cercano al no-ser, prope nihil, como dice Aristóteles, se da el mundo puramente material, también ciertamente perteneciente al horizonte del ser porque fue creado por Dios, pero dotado de un ser por participación infinitamente inferior al divino Ser por esencia.
El monoteísmo bíblico implica una purísima e infinita espiritualidad: Dios es pura forma inmaterial e infinita: ciertamente la materia tiene su propia dignidad ontológica en cuanto contribuye a constituir ontológicamente la sustancia material creada por Dios, pero su potencialidad es relativa a la finitud. La materia no sólo no puede entrar en el horizonte de lo divino a causa de su ubicación en el espacio-tiempo, mientras que el Absoluto no puede sino ser inextenso, eterno e inmutable, pero no aparece ni siquiera al plano del espíritu, que también es insuficiente por sí para caracterizar lo divino, dado que también aquí encontramos todavía composición, devenir y finitud, todas cosas que no se ajustan a la naturaleza divina.
Por tanto, el monoteísmo concede espacio a la idea de una personalidad puramente espiritual, que se realiza en el ángel, ya sea él santo o condenado. La ratio analógica de persona también es participada en el hombre, animado por un alma espiritual, pero aquí tenemos una persona corpórea, que presenta el carácter de la personalidad solo por el hecho de que el alma humana es espiritual.
Es partiendo de la idea de la persona como puro espíritu, por tanto el ángel ⁷ más que el hombre, que la Biblia permite formar la idea de una persona divina trinitaria, tras la intervención de esenciales precisiones que hacen de la persona trinitaria algo infinitamente diverso de la persona humana y angélica -la famosa "relación subsistente" ⁸- es decir, de la persona creada, sea ella ángel u hombre. Esto no quiere decir que la Persona divina no pueda presentarse como modelo ético para la persona humana, ¡pero salvando las proporciones!
El monoteísmo bíblico, por lo tanto, no es un monismo panteísta, sino que se configura, para usar el lenguaje tomista, como doctrina del ipsum Esse, "El Que Es", por lo tanto como Acto puro de ser, Ser infinito y absoluto, Ser subsistente por esencia, uno, necesario y eterno, evidentemente exento de toda materia, dado que la materia sirve para desplegar la extensión y las otras cualidades sensibles de la sustancia, la transformación, la multiplicidad y las diferencias de los individuos bajo una misma especie, todas cosas por las cuales el ser se divide, se multiplica, se particulariza, se finitiza.
La "ontología trinitaria"
Ha surgido recientemente en campo católico el proyecto de una así llamada "ontología trinitaria", sobre todo por obra de Klaus Hemmerle, Piero Coda y Giovanni Colzani, sobre la base de la convicción de que el dogma trinitario puede inspirar una nueva metafísica que presente la impronta original del cristianismo.
Tal metafísica concebiría el ser no como analógicamente uno, sino como trino, según el modelo de la tríada agustiniana de esse, nosse, velle, en particular, como propone Colzani, el ser como "amor" o, según la idea de Coda y de Hemmerle, el ser como persona en relación, simplificando, el ser como "relación", se entiende relación de amor, de modo que al final todos acuerdan con la idea de Colzani.
Sin embargo, es necesario recordar que Agustín, con aquella tríada no pretendía fundar ninguna metafísica, sino simplemente ofrecer con modestia un débil parangón para arrojar algo de luz sobre un Misterio de fe que trasciende totalmente la razón y por tanto la metafísica.
Ahora bien, yo observaría que nada se opone a hablar de una metafísica cristiana. Sin embargo, se debe recordar que este atributo está justificado por el hecho de que históricamente la metafísica ha alcanzado algunas nociones de su competencia, como por ejemplo la noción de creación, de persona o de actus essendi o de ispum Esse, a partir de la sugerencia de la Escritura.
En cambio, aquí se intenta una operación que acaba por confundir la metafísica, que es obra de la razón, con la divina revelación, que es recibida en la fe, ya que es bien sabido que el Misterio trinitario es exclusivamente objeto de la fe.
Por eso no es lícito y no es posible y por consiguiente es engañoso hacer de tal Misterio el objeto de la metafísica modificando y por lo tanto falsificando la misma noción del ser, la cual en cambio no debe confundirse con aquello que tiene relación con el Misterio. Es cierto, de hecho, como hemos visto, que al fin de cuentas el Dios Trino es el ipsum Esse, pero es igualmente cierto, como también he dicho, que nocionalmente debemos distinguir el ipsum Esse de la Persona trinitaria, de lo contrario terminamos secularizando la fe con grave daño de la misma fe y falsa exaltación de la razón.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 9 de mayo de 2013
Notas
¹ Dogma del Concilio de Firenze del 1439: “In Deo omnia sunt unum, ubi non obviat relations oppositio”.
² Sin embargo, Leibniz fue demasiado lejos, diciendo que Dios, en cuanto infinitamente posible, existe necesariamente, olvidando que a fin de que lo posible se realice, se necesita un ente para que lo realice. Ahora bien, está claro que Dios no es realizado por ninguno, siendo el ens realissimum. Sin embargo, quoad nos Él existe porque extraemos su existencia de la consideración de los efectos creados, como enseña san Pablo en Rom 1,20.
³ Aquello que técnicamente en filosofía y teología se llama "inmanentismo", condenado por Pío XII en la Humani generis no es la simple presencia íntima de Dios en el mundo y en el hombre, de lo contrario deberíamos condenar el "Cristo en nosotros" del cual habla san Pablo, o la palabra de Cristo "Yo en vosotros y vosotros en mí", sino que se trata de un residir de Dios en el mundo así como una propiedad esencial está sujetada en la esencia de un sujeto (mundo) para formar un único ente o ser.
⁴ Cf. las palabras de Cristo: "Yo en vosotros y vosotros en mí".
⁵ No existe semejanza entre el hombre y Dios, dice el Concilio Lateranense IV de 1215, que no implique entre ellos mayor diferencia.
⁶ Como dice el Salmo: "Él nos hizo y nosotros somos suyos" (Ps 100,3).
⁷ Véase a los tres Ángeles visitando a Abraham.
⁸ Definida por el Concilio de Firenze en 1439.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Deus Unus rationis sit alius a Deo Trino fidei,
vel utrum ambo sint idem Deus diversimode cognitus
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod Deus Unus sit alius a Deo Trino.
1. Quia ratio solum attingit unitatem absolutam entis, dum fides docet Trinitatem Personarum. Si idem essent, nulla esset differentia inter rationem et fidem, et mysterium Trinitatis naturaliter cognosci posset.
2. Praeterea, videtur quod Deus fidei non possit esse idem ac Deus rationis, quia Trinitas ratione naturali cognosci non potest. Ergo esset alius Deus, ignotus philosophiae et religionibus monotheisticis non christianis.
3. Item, videtur quod Deus fidei non possit identificari cum Deo rationis, quia Iudaei et Musulmani cognoscunt Deum Unum, non autem Deum Trinum. Si idem essent, nulla esset differentia inter religiones monotheisticas.
Sed contra est quod dicit Scriptura: “Per ea quae facta sunt cognoscitur Deus” (Rom 1,20). Sanctus Thomas docet Deum esse ipsum Esse per se subsistens. Sanctus Augustinus in tractatu de Trinitate distinguit inter cognitionem naturalem Dei et revelationem supernaturalem. Magisterium affirmat Trinitatem esse mysterium fidei, non autem alium Deum a Deo Uno.
Respondeo dicendum quod Deus Unus rationis et Deus Trinus fidei sunt idem Deus, sed diversimode cognitus. Ratio attingit notionem Monadis, Absoluti, ipsius esse, causae universalis omnis entis. Fides autem cognitionem elevat et revelat hunc ipsum Deum esse Trinitatem Personarum. Notio entis in Deo minus dicit quam notio personae, quia in Deo persona est relatio subsistens. Ideo Tres praevalet supra Unum, non quasi duo dii, sed ut cognitio altior eiusdem Dei.
Error Iordanis Bruni ostendit consequentias recusandae Trinitatis et absolutizandae unitatis: caditur in monismum pantheisticum, ubi Deus confunditur cum mundo et amittitur transcendencia. Monotheismus biblicus autem docet Deum esse distinctum a mundo et creatorem mundi, purum spiritum, actum purum essendi, Ens subsistens per essentiam. Quae dicitur “ontologia trinitaria” vitare debet confusionem metaphysicae, quae est opus rationis, cum mysterio revelato, quod est obiectum solius fidei. Mysterium Trinitatis non potest reduci ad categorias philosophicas, quia hoc esset secularizare fidem et falsificare notionem entis.
Ad primum dicendum quod differentia inter rationem et fidem non implicat duos deos, sed duos modos cognoscendi eundem Deum. Ratio attingit unitatem absolutam, fides revelat vitam intimam Dei.
Ad secundum dicendum quod Trinitas non est alius Deus, sed idem Deus Unus plenarie revelatus. Ratio non attingit, sed fides accipit tamquam donum.
Ad tertium dicendum quod Iudaei et Musulmani cognoscunt Deum Unum per rationem, sed nondum cognoscunt mysterium Trinitatis. Hoc non significat quod alium Deum adorent, sed quod cognitio eorum minus perfecta est et indiget evangelizatione.
JG
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