Es posible constatar que existe relación entre idealismo y magia. De hecho, la pretensión racionalista del idealismo moderno encierra en realidad una mentalidad mágica. ¿No es acaso el idealista un “mago” que se proclama dueño del Absoluto y sacerdote de la Razón? ¿No se convierte la autoconciencia absoluta en una parodia del sacerdocio cristiano, con liturgias profanas que celebran al yo divinizado? ¿No es el idealismo, bajo apariencia de ciencia, una servidumbre oculta al demonio disfrazado de luz? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli advierte que quienes intentan integrar el idealismo en la teología católica corren el riesgo de construir un falso cristianismo, donde el Evangelio deja de ser revelación divina para convertirse en ideología esclavizante. [En la imagen: Julius Evola].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 29 de junio de 2026
Idealismo y magia
Idealismo y magia
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 3 de abril de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/idealismo-e-magia-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
A mediados del siglo pasado actuó un filósofo e historiador de la filosofía muy agudo y docto, Julius Evola, admirador del idealismo alemán y de Nietzsche, que en algunas de sus publicaciones se hizo sostenedor de una forma de idealismo que él denominó "mágico" ¹.
Su interpretación del idealismo no fue bien recibida en los círculos académicos idealistas de la época, que más bien se sintieron molestos por ella, negando cualquier relación del idealismo, que era considerado por ellos la suprema ciencia racional, con la "magia", por ellos despreciada precisamente por ser vista como emblema de la mentalidad que mezcla la ignorancia con la superstición, por lo tanto, consideraban la magia como lo más irracional y anticientífico que pudiera imaginarse.
Recordemos, por otra parte, que el idealismo alemán es un desarrollo inmanentista del luteranismo, en el cual la práctica sacramental católica, los carismas del Espíritu Santo o el don de los milagros, son considerados con tono despreciativo como "magia".
Sin embargo, Evola tenía perfectamente razón al vincular el idealismo con la magia. En realidad es cierto que el idealismo ha nacido con Descartes y se presenta como riguroso racionalismo y doctrina de la ciencia, pero, como puso muy en luz el famoso filósofo idealista Giovanni Gentile, es igualmente cierto que las primeras raíces del idealismo, sobre todo en su salida o antropocéntrica y panteísta, se encuentran en el Renacimiento italiano, y aquí ningún historiador serio niega la presencia del interés por la magia ², ciertamente no entendida en sus formas vulgares y populares (aunque no están excluidas), sino en sus formas más refinadas y metafísicas, rastreables sobre todo en la tradición hermética y gnóstica, es decir, del legendario Hermes Trismegisto, cuya compleja y profunda obra, que existe bajo su nombre, el Corpus Hermeticum, fue investigada a fondo en el siglo pasado por el gran estudioso del gnosticismo, el dominico francés padre André-Jean Festugière ³.
El mismo Gentile, sin embargo, llevado por la preocupación de todos los idealistas de exhibir una patente de riguroso especulativo y considerándose voz o, querríamos decir, sacerdote y vate de la Razón absoluta y de la Ciencia suprema, aquella que precisamente en los tiempos antiguos era llamada "Gnosis" y que él, como todos los idealistas que se precien, llama tout court la "Filosofía", Verdad superior a todas las religiones incluido el Evangelio de Cristo, Gentile, como vengo diciendo, mientras sostenía y demostraba con su notable conocimiento de la historia de la filosofía, la derivación del idealismo desde el Renacimiento italiano, tuvo mucho cuidado de no mostrar las conexiones del idealismo con la magia en aquellos que él consideraba los precursores del humanismo y de la teología del idealismo panteísta del siglo XIX alemán.
Uno de estos personajes, muy admirado por Gentile y también por otros idealistas, como por ejemplo Schelling ⁴, es Giordano Bruno, quien efectivamente en muchos aspectos debe ser considerado como un lejano precursor del idealismo panteísta por la visión de la realidad como Uno-Todo viviente, Alma del mundo, infinito como el mundo es infinito, así como la visión del hombre como naturalmente divino capaz con una apropiada técnica anagógica de elevarse al nivel del Absoluto, que no es superior al hombre y más allá del hombre, sino que es el infinito horizonte supremo de la autotrascendencia humana.
Pero Gentile y con él muchos otros estudiosos idealistas y no idealistas de Bruno, se cuidan muy bien de no poner en evidencia la inspiración que el propio Bruno extrajo de la magia ⁵, como si ello hubiera sido en Bruno un apéndice accidental y postizo de su pensamiento o un precio pagado a la superstición de su tiempo y no como en cambio verdaderamente es, un aspecto esencial de su sistema de pensamiento ⁶ y, en consecuencia, un aspecto esencial aun cuando inconsciente del idealismo moderno.
Podemos comprender en estos idealistas el desprecio por la magia, y, por lo tanto, no es equivocado, en línea de principio, su intento de recuperar en Bruno lo que ellos consideran válido dejando de lado los aspectos superados o inaceptables. Sin embargo, podemos preguntarnos si y cómo y en qué medida el idealismo logra, no obstante sus explícitas intenciones científico-racionales, evitar caer en el error que caracteriza la verdadera esencia de la magia.
Más allá del hecho de que el mismo Evola estima la magia, pero precisamente porque es un auténtico idealista, resulta por tanto válida su tesis de que la magia no es más que la lógica salida práctica del idealismo. De hecho, para Evola el idealista es un mago. Pero es correcto y justo, para él, que así sea, precisamente porque el idealismo supone una mentalidad mágica y conduce a la actividad del mago.
Sin embargo, debemos entendernos bien sobre el concepto de magia, debemos captar no tanto el sentido vulgar o popular del término, a veces meramente fantástico, sino ante todo el sentido más real, profundo, teorético, que es entonces el esencial, que hace más peligrosa a la magia y que puede y debe ser relacionado con el fenómeno del idealismo panteísta.
La palabra "mago", como se sabe, viene del término magos, que los griegos usaban para designar a los sacerdotes persas zoroastrianos, adoradores de la bóveda estrellada de la cual ellos se consideraban intérpretes y mediadores dotados del mismo poder divino que impregna el cosmos. El término originario persa es magu.
Todos conocemos el episodio evangélico de los Reyes Magos, que llegan a Belén porque habían "visto", o sea interpretado, en el cielo la "estrella" del Rey de los Judíos. Sorprende su interés por Jesús, considerando lo extraño del contexto cultural y religioso del cual provenían, precisamente el mundo de la magia, muy lejano de la visión judía de un Dios creador del cielo y de la tierra y por tanto también del hombre, una visión, esta, que ciertamente admite la figura del sacerdote, pero rechaza la función del mago, basada sobre una visión cósmico-astral-panteísta, en la cual no es Dios el Señor del hombre sino que es el hombre quien tiene la pretensión de poseer o de procurarse una fuerza divina que doblega a Dios a la voluntad del hombre: y esta es la sustancia de la magia, fruto a la vez de la idolatría, que diviniza el cosmos, y de la soberbia por la cual el hombre se diviniza a sí mismo.
De esta manera el mago, mediante el uso de oportunos signos y fórmulas y la práctica de ritos a propósito, tiene la posibilidad de saber y de operar de un modo que supera las simples fuerzas del hombre común y constituye una casta más elevada de seres humanos que terminan por arrogarse privilegios y poderes sobre los otros, que comprometen aquello que es la natural igualdad humana.
Análogamente, en la visión idealista, el "filósofo", beneficiario de la concepción idealista y en posesión de la Verdad absoluta, no aparece como un común miembro de la raza de los mortales, sino que mira con desprecio al ingenuo "realista", que constituye la gran masa de los hombres, enredados e ilusionados y engañados por el mundo de las apariencias y de las opiniones.
En base a estas consideraciones, ¿qué es entonces sustancialmente la magia desde el punto de vista moral o religioso? No hablamos aquí evidentemente de esa "magia" completamente innocua por la cual el "mago" es simplemente el ilusionista que hace divertir a los niños sacando palomas del sombrero, sino que estamos hablando de una cosa mucho más seria de cual, en realidad, pocos se dan cuenta, limitando precisamente su concepto de magia o a una especie de juego o bien practicándola en su significado pecaminoso pero sin darse cuenta de los daños que sufren o del mal que hacen.
Por lo tanto, consideremos a los magos en este antiguo y sin embargo actual significado pagano, que hoy desgraciadamente es un tanto practicado en nuestra sociedad, ya sea entre los doctos como entre el pueblo. Debemos decir, entonces, en este caso, que la magia se funda en una verdadera y propia metafísica, una entera concepción del mundo, del espíritu y de la divinidad. Y aquí encontraremos el vínculo con el idealismo.
A este respecto, en efecto, podemos ante todo decir que, partiendo de una concepción de lo real y en particular del cielo como un infinito Ser divino, señor del destino humano mediante los influjos astrales, animados por seres celestiales, estos "magos" se hacían intérpretes, mediadores y ejecutores -he aquí el nexo con el sacerdocio- de las decisiones del cielo y, mediante sus conocimientos y prácticas rituales secretas como símbolos y signos del Absoluto inmanente al cosmos, creían entrar en posesión y gozar de los mismos poderes del Cosmos divino y de las potencias celestiales, con la posibilidad de revelar arcanos celestiales y realizar acciones maravillosas ya sea en beneficio (premio) o en perjuicio (castigo) del hombre.
Indudablemente en la antigua concepción de la magia, además del Uno-Todo inmanente en el cosmos e idéntico al cosmos, presente originariamente en la conciencia del mago, juegan otros mediadores, divinidades o potencias intermedias denominados con diversos nombres, tales como por ejemplo dioses, ángeles, espíritus, demonios o almas de difuntos, entidades míticas que sin duda entonces fueron ignoradas o despreciadas -y en parte también correctamente- por el moderno idealismo, el cual sin embargo no deja de conservar su alma mágica, si por magia entendemos el arte o el poder que se arroga al hombre que se entiende a sí mismo como ser divino -precisamente el mago-, tal como para obrar divinamente o doblegar lo divino a su voluntad.
Ahora bien, considerando que en la antropología idealista el hombre es precisamente concebido como Autoconciencia absoluta y que obviamente esta Autoconciencia no puede no operar divinamente, es evidente que también en el idealismo, aunque el idealismo no quiera reconocerlo, se admite una moral o una doctrina de la conducta humana que prevé que el hombre puede gozar de una libertad y de un poder tan absolutos, como para elevarse ("autotrascendencia") al nivel de la divinidad con la consiguiente o presupuesta negación de una divinidad trascendente, lo que implicaría al hombre como criatura, algo que precisamente el idealismo rechaza porque para él -véase el idealismo "moral" de Fichte- el hombre se crea, se hace o se "pone" a sí mismo en virtud de su acción ("causa sui" o, como dirá Gentile, "autoctisi"). ¿Y qué es esto sino magia? Es la magia en su más pura esencia, como la grappa es el destilado y el concentrado más sustancioso del fruto de la vid.
Ahora bien, en la visión idealista de la magia, como en todos los errores humanos, hay una parte de verdad. Es cierto que una actitud humana razonable y el verdadero amor por la ciencia no pueden más que experimentar desprecio por la magia, rechazándola claramente tanto en cuanto método de conocimiento como en cuanto principio de operación. Aparte de que fácilmente el mago, para validar su poder, también recurre a la impostura y a la mistificación.
Pero el problema para el idealismo es que su "racionalidad" y su "ciencia" son al fin de cuentas la racionalidad y la ciencia del mago, en cuanto que, con actitud orgullosamente autorreferencial (véase el cogito cartesiano), se rebela contra la adaequatio intellectus ad rem, el idealista no se mantiene humildemente en los límites naturales y permitidos de lo humano, sino que con ímpetu transgresor, empujado por la hybris, dirían los Griegos, es decir, por la arrogancia y por la presunción, malinterpretando esa verdadera divinización del hombre que viene de la gracia y de la misericordia de Dios, como en el cristianismo, autoproclama su propia divinidad pero con eso mismo se precipita en la perdición y es causa de perdición.
Los idealistas tienen constantemente en los labios con tono solemne el verbo "celebrar" (celebrar el Absoluto, celebrar la Autoconciencia, celebrar la inmanencia, celebrar esto, celebrar aquello, etc.) en una perenne liturgia que es imitación profana de la liturgia del Dios verdadero, y aparece como culto a una divinidad que, para decirlo con la Escritura, es sólo un "disfraz del ángel de la luz". Y esto es significativo de cómo en ellos hay una parodia del sacerdocio, o casi la pretensión de considerarse los sacerdotes de la Ciencia y de la Verdad. "Mago", en efecto, como hemos visto, quiere decir "sacerdote".
Los idealistas, herederos de los luteranos, que, como he dicho, consideran despreciativamente como "magia" los milagros, los dones carismáticos, los ritos y los sacramentos del catolicismo, se han empantanado en la verdadera magia y en la magia más peligrosa que es servidumbre de Satanás bajo las vestiduras de un "Absoluto" inmanente como trasfondo y fundamento del yo empírico, sin que ellos, las pobrecitos, se den cuenta de ello, pues para ellos el demonio no es más que una fábula medieval.
Siendo así las cosas, vemos cuántos inconvenientes hay hoy en aquellos que, creyéndose modernizadores de la teología y del cristianismo y creyéndose ser los herederos del Concilio Vaticano II, mezclan impíamente la doctrina de la Iglesia o de santo Tomás de Aquino con la tradición del idealismo. No están necesariamente movidos por malas intenciones: a algunos les gustaría recuperar los aspectos positivos del idealismo e integrarlos en la tradición cristiana.
Esta intención en sí misma es buena, pero el error que se comete con demasiada frecuencia hoy es el de construir un catolicismo idealista, no animado por el Evangelio, sino donde el Evangelio es sólo la ocasión para la construcción de una ideología que no hace al hombre siervo de Dios sino esclavo de Satanás.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 3 de abril de 2013
Notas
¹ Véase Julius Evola, Saggi sull’idealismo magico, Todi-Roma, Atanòr, 1925. Las Edizioni Mediterranee, de Roma, disponen de una edición recientemente en comercio.
² Véanse por ejemplo los estudios del gran conocedor del Renacimiento, Eugenio Garín. Un intento de conciliar la magia con el cristianismo fue hecho ya durante el humanismo por Marsilio Ficino y Giovanni Pico della Mirandola. En Alemania, en cambio, posteriormente se desarolló una tal estima por la magia, como por ejemplo en Paracelso y Cornelio Agrippa de Nettesheim, y también en Inglaterra con John Dee, quien, aunque ellos también habían intentado la relación con el cristianismo, del mismo cristianismo al fin de cuentas se salva muy poco. El error de fondo de todos ellos es la idea de que pueda existir una magia buena o benéfica ("blanca") junto a una magia mala o maléfica ("negra"). Pero la magia es siempre magia y es siempre el pecado de idolatría y de soberbia.
³ Révélation d’Hermès Trismégiste, Paris, Les Belles Lettres, 1944-1954.
⁴ Schelling, Bruno o il divino e il naturale principio delle cose, Edizioni Spano, Pompei (Napoli), s.d.
⁵ Véase el libro de Gentile: Giordano Bruno e il pensiero del Rinascimento, Le Lettere, Firenze 1991.
⁶ Una estudiosa inglesa que ha mostrado con toda evidencia y abundancia de documentación el vínculo de Bruno con la magia y cómo esta está en la base de su visión de lo real, es Frances Yates, en su libro: Giordano Bruno e la tradizione ermetica, Edizioni Laterza, Bari 1992.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum idealismus modernus sit mera philosophia rationalis,
vel in sua essentia participet magiam et ad idolatriam ducat
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod idealismus sit mera philosophia rationalis.
1. Quia ortus est a Cartesio et se exhibet tamquam doctrina scientiae, opposita superstitioni et magia. Praeterea, eius sectatores se reputant sacerdotes Rationis absolutae, quod videtur excludere omnem nexum cum praxi irrationali.
2. Praeterea, videtur quod idealismus non participet magiam, quia radices eius in rationalismo et in critica superstitionis consistunt. Si cum Bruno vel cum Renascentia coniungitur, hoc esset appendicem accidentalem et non essentialem.
3. Item, videtur quod idealismus non inducat idolatriam, quia intendit hominem elevare ad dignitatem autocognitionis absolutae, quod videtur esse perfectio naturae humanae et exaltatio libertatis.
Sed contra est quod dicit Scriptura: “Ipse Satanas transfigurat se in angelum lucis.” Sanctus Thomas docet veritatem consistere in adaequatione intellectus ad rem. Sanctus Augustinus monet superbiam hominis eum in perditionem praecipitare. Magisterium Ecclesiae damnat magiam tamquam idolatriam et servitutem mali.
Respondeo dicendum quod idealismus modernus, etsi se praebeat rationalem et scientificum, in sua radice magiam participat. Nam originem suam refert ad Renascentiam, ubi traditio hermetica et gnostica inspiravit philosophos ut Brunonem, qui mundum conceperunt ut Unum-Totum divinum et hominem ut naturaliter divinum. Idealismus hanc mentem magicam heredit, in qua philosophus fit magus, praetendens se possidere Veritatem absolutam et celebrans Absolutum in liturgia profana.
Magia consistit in idolatria cosmica et in superbia hominis qui seipsum divinit. Sic etiam idealismus, reiciens adaequationem intellectus ad rem et proclamans autocognitionem absolutam tamquam causam sui, hominem constituit falsum sacerdotem Absoluti et subicit eum inmanentismo quod est servitus Satanae. Idealistae assidue celebrant Absolutum in liturgia profana, sacrilega imitatione liturgiae christianae, et se reputant sacerdotes Scientiae et Veritatis. Sic idealismus revelatur ut magia in sua periculosissima essentia, quia sub specie scientiae et rationalitatis occultat idolatriam et superbiam.
Quamvis aliqui conentur idealismum in theologiam catholicam integrare, exitus est falsus christianismus, ubi Evangelium ad ideologiam redigitur et homo desinit esse servus Dei ut fiat servus mali. Vera divinisatio hominis provenit ex gratia et misericordia Dei, non ex autoproclamatione autocognitionis absolutae.
Ad primum dicendum quod rationalismus Cartesianus et idealismus magiam non eliminant, sed eam transformant in formam subtiliorem et periculosiorem, quia rationem absolutizant et in potestatem divinam convertunt.
Ad secundum dicendum quod nexus cum Bruno et cum Renascentia non est accidentalis, sed essentialis, quia idealismus servat inspirationem magicam in sua conceptione hominis ut autocognitionis absolutae.
Ad tertium dicendum quod exaltatio libertatis in idealismo non est vera perfectio, sed superbia, quia negatur transcendencia Dei et gratia substituitur autodivinizatione, quod est ipsa essentia magiae.
JG
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