¿No es conmovedor descubrir que María, la Madre de Dios, no sólo es dulcísima intercesora nuestra, sino también terrible enemiga de las herejías? ¿Qué significa que la liturgia antigua la saludara como aquella que, sola ella, destruyó todos los errores del mundo? ¿No es inquietante que en tiempos de confusión doctrinal se haya dejado de invocarla explícitamente como defensora contra la mentira y el engaño? ¿Qué consecuencias tiene que la Iglesia, acosada por el dragón apocalíptico, se prive de la fuerza de esta tradición mariana? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo hoy más que nunca necesitamos volver a María vencedora de las herejías, para que nos libre de la ceguera espiritual y nos conduzca a la luz de la verdad. [En la imagen: fragmento de "Virgen María con el Niño", 1460, obra del Maestro del tríptico Osservanza, conservada en el Museo Metropolitano de Arte del distrito de Manhattan, en la ciudad de Nueva York].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 20 de junio de 2026
La Enemiga de todas las herejías
La Enemiga de todas las herejías
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en la revista "Liturgia Culmen et Fons", diciembre de 2012, año 5, número 4, páginas 14-15, en la sección Liturgia y Dogma)
La Santísima Virgen María es la Mediadora de todas las gracias. Ella es llamada "omnipotentia supplex". Ella puede obtener todo con su intercesión ante su divino Hijo. Y entre estas gracias que María nos obtiene está aquella de caminar en la verdad, defendidos de las insidias de la herejía, o de ser liberados de ella si desgraciadamente hubiéramos caído, o de liberar de ella al hermano que eventualmente haya quedado atrapado.
Este aspecto batallador de la Madre de Dios no siempre ha sido puesto en la debida luz. Pero surge con claridad con sólo que reflexionemos en la misión de María de ayudarnos en modo decisivo en nuestra lucha contra las potencias satánicas. Una piadosa y bien conocida tradición iconográfica, aunque en verdad sea una interpretación acomodaticia, pero no carente de válida conveniencia, ve, como es muy conocido, en la estirpe de la "mujer" genesíaca que aplasta la cabeza a la diabólica serpiente, una prefiguración de la misma Madre de esta divina Estirpe, es decir Jesucristo, quien precisamente vence a las potencias del mal.
Así viene, de manera puramente espontánea, aunque también ello sea una interpretación acomodaticia, ver en la Mujer apocalíptica, que inmediatamente representa a la Iglesia, agredida por el "dragón", símbolo de las potencias demoníacas, una vez más a la Madre de Dios, que da a luz al Hijo destinado a gobernar todas las naciones "con cetro de hierro".
María, Madre de misericordia, es también terrible precisamente contra las fuerzas que odian la misericordia, las cuales no pueden sino fundarse sobre falsificaciones de la verdad y de la Palabra de Dios, y por consiguiente Ella está contra todo eso en vista precisamente de la salvación de la humanidad.
Por esto, en el Tracto de la Misa de Santa María en sábado del Misal tridentino, se dice que Nuestra Señora, ella sola ha vencido todas las herejías. Vale notar el "sola", que significa que Ella ha dado a luz a Aquel que vence todas las fuerzas del error y del mal.
Y de modo similar en el Officium parvum Beatae Mariae Virginis de la Orden de los Frailes Predicadores (dominicos), también la edición de 1962, se saludaba a María con estas palabras: "Gaude, Maria Virgo, quia cunctas haereses sola interemisti in universo mundo".
Este singular contenido no ha sido recibido en el nuevo Misal, y así similarmente en la Orden Dominicana, desde hace muchos años ha caído generalmente en desuso el oficio divino que la Orden ha poseído por muchos siglos, porque desde después del Concilio Vaticano II (pero ¡no acusemos de culpa al Concilio!) ha adoptado el breviario romano, aunque de por sí aquel antiguo oficio no se haya prohibido en absoluto.
Nos podríamos preguntar si la introducción de similares cambios haya de considerarse pastoralmente y litúrgicamente una introducción sabia y útil de cambios para nuestro tiempo. Nos podríamos preguntar cuáles habrían sido los criterios que han inspirado a quienes han suprimido estas venerables fórmulas litúrgicas.
Nos preguntamos, por otra parte: ¿la situación actual de la Iglesia, desde el punto de vista de la fe y de la doctrina, es tan normal y serena como para considerar inútil la invocación de María como Defensora contra las herejías, como Enemiga de la mentira, del engaño, de la mistificación y de la falsedad hacia aquello que se refiere a la Palabra de Dios o el Magisterio de la Iglesia o la Escritura o la Tradición? ¿Es tan generalmente aceptada por todos la ortodoxia de la fe? Le dejo al inteligente lector la respuesta a estas preguntas.
Nos preguntamos entonces: ¿es acaso inconveniente imaginar a María, Virgen dulcísima y clementísima, como una especie de "ejército formado para la batalla", según una antigua representación de la piedad cristiana? Sin embargo, santa Catalina de Siena decía justamente que cuanto más uno ama el bien, tanto más odia el mal que al bien se le opone: odia al mal, ciertamente, no a quien hace el mal; quien hace el mal (el "malato" se dice en italiano) debe ser compadecido y curado; pero el mal debe ser destruido precisamente por amor del "malato". ¿Y cómo negar que la Iglesia tiene enemigos, aunque ella de por sí no sea enemiga de nadie?
¿Cómo negar que, estando sobre todo en la enseñanza del Apocalipsis, estos enemigos deben ser combatidos y vencidos, pues de lo contrario ellos nos vencerán? ¿Y cómo negar que en esta batalla está en juego la eternidad? ¿Una eternidad sea de beatitud o de condenación? ¿Y cómo negar que el primer enemigo a combatir, y del cual dependen todos los otros, es lo falso en hecho de fe? Si en efecto, para estar con las palabras de Cristo, si el ojo está enfermo (malato), el ojo es tinieblas, y ¡qué grandes serán las tinieblas que nos afligen si afectan a todo el cuerpo!
Estoy convencido que hoy más que nunca es necesario volverse hacia María vencedora de las herejías, porque ellas no faltan, son insidiosas, y pocos, lamentablemente, también entre las autoridades, son los que les dan a ellas el peso que debería dárseles. Nos preocupamos justamente por las sofisticaciones alimentarias, nos cuidamos de no ser estafados con falso papel moneda, nos cuidamos de los peligros de la salud física, pero nos cuidamos poco de las enfermedades del espíritu, de la ceguera espiritual, contra la cual Jesús es tan severo, ya que, como Él observa, quien camina en las tinieblas no sabe adónde va.
Nos preocupamos justamente de curar la vista física, pero poco de la del espíritu, que es mucho más importante, por la cual un ciego físicamente puede ser iluminado por Dios mucho más que quien ve una perdiz a doscientos metros de distancia, pero no ve más allá de su propia nariz (para no decir algo peor) en hecho de moral o de espiritualidad o de religión.
Si es el caso que, por lo tanto, la liturgia oficial ha abandonado neciamente aquellas fórmulas antes mencionadas, no nos dejemos engañar en nuestra ingenuidad por liturgistas que carecen de buen sentido común, sino que, conscientes de nuestros intereses espirituales, nosotros busquemos, siguiendo las huellas de la mejor tradición litúrgica todavía actual, integrar nuestra devoción a María con aquellos saludables aspectos de una piedad mariana verdaderamente e integralmente sana y laudable.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, diciembre de 2012
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Beatissima Virgo Maria sit victrix omnium haeresum
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod non sit.
1. Victoria contra haereses proprie pertinet ad Christum, qui est ipsa Veritas et qui per doctrinam et sacrificium suum destruxit errorem et peccatum. Ergo videtur improprium attribuere Mariae quod ad Christum pertinet.
2. Praeterea, defensio contra haereses pertinet ad Magisterium Ecclesiae, cui commissum est custodire et transmittere veritatem revelatam. Ergo videtur quod officium vincendi haereses pertineat ad Ecclesiam docentem et non ad Matrem Dei.
3. Item, Scriptura proponit Ecclesiam tamquam Mulierem apocalypticam quae pugnat contra draconem, non autem directe Mariam. Ergo videtur quod victoria contra haereses pertineat ad Ecclesiam et non ad Virginem.
4. Denique, intercessio Mariae principaliter refertur ad misericordiam et consolationem, nec videtur quod intelligi debeat tamquam pugna contra errorem doctrinalem.
Sed contra est quod in Tracto Missae Sanctae Mariae in sabbato Missalis tridentini dicitur quod ipsa sola cunctas haereses vicit. Item in Officio parvo Beatae Mariae Virginis salutatur his verbis: “Gaude, Maria Virgo, quia cunctas haereses sola interemisti in universo mundo”. Scriptura in Genesi ostendit mulierem conterentem caput serpentis, et in Apocalypsi ostendit Mulierem parientem Filium destinatum ad regendum omnes gentes. Sanctus Augustinus docet Mariam, dum Verbum genuit, singulariter cooperatam esse victoriae contra peccatum et errorem.
Respondeo dicendum quod Maria, ut Mater Dei et omnipotentia supplex, obtinet a Filio suo omnes gratias necessarias ad salutem, inter quas est gratia permanendi in veritate et liberandi ab haeresi. Ipsa, dum Verbum incarnatum mundo dedit, dedit etiam victorem omnium virium erroris et mali. Ideo dicitur sola cunctas haereses vicisse, quia maternitas divina est origo victoriae Christi contra diabolum et contra errorem. Maria, ut Mater misericordiae, est etiam terribilis contra vires quae misericordiam oderunt, quia istae fundantur in falsificationibus veritatis. Ipsa, consociata missioni Christi, pugnat contra potestates satanicas et protegit Ecclesiam a mendacio et deceptione. Quamvis liturgia recentior has formulas omiserit, manet verum quod Maria est defensatrix contra haereses, et hodie magis quam umquam necesse est eam invocare tamquam inimicam falsitatis et victorem insidiarum erroris. Sicut curatur sanitas corporalis vel authenticitas bonorum materialium, multo magis curanda est sanitas spiritualis, in qua Maria est auxilium praecipuum.
Ad primum dicendum quod Christus est quidem victor haeresum, sed Maria, dum eum genuit et in eius missione cooperata est, singulariter participat in illa victoria.
Ad secundum dicendum quod Magisterium custodit veritatem, sed Maria intercedit ut Ecclesia fidelis permaneat et ab insidiis erroris defendatur.
Ad tertium dicendum quod Mulier apocalyptica repraesentat Ecclesiam, sed etiam Mariam, quae est figura et mater Ecclesiae, et ideo participat in pugna contra draconem.
Ad quartum dicendum quod misericordia Mariae non excludit pugnam contra errorem, quia amare bonum implicat odire malum quod bono opponitur; ita misericordia eius est etiam virtus contra mendacium et haeresim.
JG
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.