viernes, 19 de junio de 2026

Idealismo y ateísmo

¿No es sorprendente que el idealismo, presentado como filosofía espiritual, esconda en su interior la semilla del ateísmo? ¿Qué significa que el Dios de Hegel, concebido como devenir absoluto, prepare el terreno para el hombre divinizado de Marx? ¿No es inquietante que el ateísmo marxista, lejos de ser mero materialismo, se presente como una teología invertida, donde el hombre se atribuye la definición que santo Tomás de Aquino reserva sólo a Dios? ¿Qué consecuencias tiene que esta visión, que niega el carácter creatural del hombre, se infiltre en la Iglesia bajo formas modernistas y colectivistas? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo el panteísmo idealista desemboca en ateísmo, y cómo sólo el realismo tomista puede preservar la trascendencia divina y la verdadera dignidad del hombre frente a la tentación de hacerse dios de sí mismo. [En la imagen: fragmento de "El filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel", óleo sobre lienzo, obra de Jakob Schlesinger, conservado en la Alte Nationalgalerie, Berlín].

Idealismo y ateísmo

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 9 de diciembre de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/idealismo-e-ateismo-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)

Continuando nuestro análisis del idealismo como componente del modernismo que actualmente está presente en la Iglesia, veamos en esta ocasión otro vínculo entre el idealismo y una doctrina a primera vista completamente extraña y ajena al idealismo: el ateísmo, y en especial modo el ateísmo marxista.
De hecho, el idealismo a primera vista parecería una filosofía muy espiritual: dominan en él los términos de la "Idea", el "Pensamiento Puro", el "Ser", la "Autoconciencia", el "Espíritu", la "Razón", el "Absoluto", el "Infinito" y así sucesivamente. El idealista no rechaza en absoluto hablar de Dios. De hecho, existen formas de idealismo donde todo es incluso Dios, por lo cual bordean el panteísmo. Lessing decía de Spinoza, famoso por su panteísmo, que estaba "ebrio de Dios". ¿Pero de cuál Dios? Pronto se dice. Es bien conocido el lema de Spinoza: "Deus sive natura". Por lo tanto, no se trata de un Dios trascendente.
A este respecto, es muy significativo que la conocida casa editorial Editori Riuniti, vinculada al Partido Comunista, publicara en 1988 la Ética de Spinoza. Lo que parece querer significar que el comunismo sea un ateísmo en cuanto es contrario al Dios trascendente del cristianismo, mientras que al contrario está bien conectado con el panteísmo, en cuanto que implica una divinización del hombre; y al fin de cuentas ¿qué es en el fondo el ateísmo marxista sino una divinización del hombre?
Para Spinoza, en efecto, Dios es simplemente la naturaleza, es el mundo, por lo tanto, en último análisis, es el hombre. Pero aquí ya tenemos los lejanos pródromos del ateísmo marxista, el cual, si se me permite expresarme así, no es un ateísmo vulgarmente materialista o bestial, como el de los materialistas franceses del siglo XVIII o de Demócrito, sino que es un ateísmo muy refinado, un ateísmo por así decir "teológico".
Ante todo es necesario decir, como ya hacía notar el padre Georges Cottier en su tiempo ¹, que la teología hegeliana es ya una forma de ateísmo implícito y que por tanto el ateísmo marxista no es más que la explicitación de las potencialidades ateas contenidas en la filosofía hegeliana. Vamos a explicarnos.
Todo gira en torno al problema del hombre. En Hegel, como es bien sabido, el hombre se auto-trasciende hasta devenir Dios, mientras que por otra parte Dios se concretiza y se historiza hasta devenir hombre. Y esto, según Hegel, no es más que el misterio cristiano de la Encarnación del Logos.
Salvo que, sin embargo, Hegel no da la interpretación que ha sido fijada por el Concilio de Calcedonia de la distinción de las dos naturalezas, sino que Hegel está en la línea de Eutiques, hereje de los primeros siglos, de la mutación de la naturaleza divina en la naturaleza humana, para lo cual Hegel no habla de la "unión" sino de la "unidad" de las naturalezas, aunque no se trata de unidad o identidad pura y simple, sino de la unidad "dialéctica" típicamente hegeliana, es decir, del "pasaje" de los opuestos el uno en el otro, de manera de poner juntos identidad y contradicción, según la bien conocida concepción hegeliana del devenir, donde Dios mismo es Devenir absoluto.
En Marx interviene ciertamente, sin embargo, el tema del materialismo, que él asume de Demócrito y de los materialistas franceses. Sin embargo -y aquí está su refinamiento y su poder de seducción- Marx no rechaza la temática del espíritu, ligado a la dialéctica. De hecho, como es bien sabido, él declara "poner la dialéctica" con los pies en la tierra, mientras que Hegel la había puesto con los pies en el aire.
En efecto, mientras en Hegel la naturaleza proviene del espíritu y lo real proviene de lo ideal, Marx concibe naturaleza y realidad como "materia", por lo cual en Marx no se desciende del espíritu a la materia sino que se toma el camino inverso. Y en cuanto al conocimiento, se da una cierta recuperación del realismo aristotélico: no es, como en Hegel, la conciencia que precede a la experiencia, sino que es la experiencia la que precede a la conciencia, y además, la realidad no es pensamiento, sino que es un dato objetivo material independiente de la conciencia. No la realidad dependiente de la conciencia, sino la conciencia dependiente de la realidad. Sin embargo, queda el hecho de que para Marx la realidad es la materia. El espíritu es la así llamada "superestructura" que deriva de la materia.
En Marx, sin embargo, se mantiene la misma confusión que hace Hegel entre el orden del ser y el orden del conocer. Si Hegel tenía razón al admitir el primado del espíritu sobre la materia, pero se equivocaba al sostener que la conciencia precede a la experiencia, Marx tiene razón al sostener que la conciencia es precedida por la experiencia, pero se equivoca al sostener que la materia tiene el primado sobre el espíritu.
Hegel todavía tiene razón al concebir a Dios como espíritu. En Marx, por el contrario, el puesto de Dios es ocupado por la materia. Sin embargo, el Dios de Hegel no es el verdadero Dios, sino que es un Dios que prepara la materia divinizada de Marx, porque el Dios de Hegel es el resultado de la evolución del mundo y del hombre y, por tanto, no es un Dios trascendente, sino un Dios que se identifica con el mundo. y por tanto, en definitiva, un Dios idéntico a la materia.
Ya en Hegel existe el movimiento de autoliberación del hombre esclavo del Dios trascendente. Es la dialéctica esclavo-amo que Hegel expone en la Fenomenología del Espíritu y que el padre Cottier examina extensamente en su estudio. Es aquí donde aparece el concepto de "alienación" (Entfremdung), que luego será muy importante primero en Feuerbach y luego en Marx. En esta visual, el hombre religioso se despoja de sus propios atributos y los transfiere a una entidad imaginaria y celestial, a la cual llama Dios. La liberación del hombre se producirá cuando el hombre recupere estos atributos negando la existencia de este ser celestial.
En cuanto a la posición de Hegel, él considera que el devenir de Dios implique un inicio en el cual el hombre percibe a Dios como inalcanzable y como amo absoluto: esta es la fase de la "conciencia infeliz". Pero, según Hegel, con el pecado el hombre adquiere la libertad, se libera de este Dios trascendente y deviene explícitamente ese Dios que ya está implícito en el ser humano. En este punto, según Hegel, se tiene aquello que el cristianismo llama "Encarnación": el Dios abstracto, a-histórico, deviene "concreto", deviene "histórico". Se tiene aquello que Hegel llama el "Universal concreto" y concluye el ciclo dialéctico.
En Marx, precedido por Feuerbach, se tiene sustancialmente lo mismo, con la diferencia de que Marx llama "ateísmo" a la conclusión del movimiento dialéctico y a la auto-divinización del hombre. Mientras que para Hegel al final está Dios, para Marx está el hombre. Pero en entrambos casos viene rechazado el Dios trascendente porque se es considerado alienante. En entrambos casos, el hombre se libera empoderándose de los atributos del Dios trascendente, sobre todo del pensamiento y de la voluntad.
Pero Marx muestra un notable sentido metafísico usando la pareja ontológica esencia-existencia por cuanto respecta al proceso de auto-liberación del hombre de la opresión de Dios, representado por el poder capitalista-burgués-eclesiástico. En efecto, para Marx, el hombre es ese existente que existe no porque la existencia le sea dada, sino porque la posee por sí o al menos tiene el derecho y el poder de poseerla por sí. Esto es el ateísmo marxista: el hombre no recibe el ser de Dios sino que se lo da a sí mismo con el trabajo, que es posición de su mismo ser. Esta tesis es muy cercana a la posición de Fichte, según la cual el Yo se pone a sí mismo.
Así, en el estado de alienación, el hombre, del cual la clase obrera es la encarnación y el representante, mientras al mismo tiempo es el factor de la liberación mediante la acción revolucionaria, viene despojado de su esencia a causa de la opresión capitalista. La acción revolucionaria permite a la clase obrera y por tanto al hombre volver a estar en posesión de su esencia, la cual es esencia divina por el hecho de que Marx concibe al hombre como existente que posee la existencia por esencia: la misma definición que santo Tomás da de Dios.
Mas esta definición de Dios ya existe en la tradición idealista-panteísta. Está ya clara en la definición de la sustancia dada por Descartes y Spinoza, como "aquello que sólo tiene necesidad de sí mismo para existir". El ser hegeliano es el ser absoluto, que corresponde al ipsum esse de santo Tomás, con la diferencia de que para los idealistas este ser es el hombre, mientras que para Tomás sólo Dios es el Ipsum Esse: el hombre no es el ser, sino que tiene el ser sólo de modo limitado, encerrado en una esencia limitada, por participación y por analogía con el ser divino.
El ateísmo marxista tiene otra característica. El hombre divinizado no es el individuo, no es el yo, como en Fichte, ni el "único" como en Max Stirner, y ni siquiera es el "superhombre" de Nietzsche, sino que es la humanidad o, como se expresa el propio Marx, es el "ser del género" (Gattungswesen): podríamos decir el género humano. Ahora bien, este ateísmo ya está implícito en Hegel, donde Dios no es tanto una individual personalidad, sino la "Totalidad", la "Historia", lo "Universal", el "Entero". Es el ateísmo del Ser entendido como Uno-Todo.
Ya en Hegel el individuo empírico es puramente contingente y es solamente relativo al todo o todo social o todo estatal o todo cósmico, histórico o Totalidad teológica. Esto se rencuentra en Marx, donde el individuo, según la conocida "XI Tesis sobre Feuerbach", es el "individuo social". Como es sabido, falta en Marx el concepto de la persona. Lo que cuenta, la realidad sustancial, es la colectividad o como clase social o como humanidad. El ateísmo de la colectividad humana en Marx es la explicitación del ateísmo implícito en Hegel donde él concibe a Dios como Totalidad o como "Entero".
A partir de estas consideraciones, vemos cómo el panteísmo, que es la metafísica de la gnoseología idealista, es ya un ateísmo implícito. En efecto, el idealismo habla todavía de "Dios", que sin embargo no es el verdadero Dios trascendente, sino que es el hombre que se hace Dios, o bien el hombre es absorbido en Dios. Marx en cierto modo revela y dice explícitamente lo que ya está implícito y sobrentendido en Hegel.
Marx rechaza el término "Dios" porque sabe que, en el fondo, Dios es trascendente. En Marx, Dios viene absorbido en el hombre, o bien el hombre que en Hegel se hace Dios ya no es llamado "Dios" sino simplemente "Hombre", aunque luego, como hemos visto, el concepto marxista de hombre corresponde a la definición metafísica de Dios que encontramos en el mismo santo Tomás de Aquino como un ente cuyo ser pertenece a su esencia. Por eso, para Marx, la perspectiva del hombre alienado es la de recuperar la posesión de su propia esencia, que es esa esencia divina que la religión asigna a Dios.
Marx, mostrándose óptimo metafísico, sabe bien que Dios es el ente en el cual la esencia coincide con el ser, pero así como quiere hacer del hombre Dios, he aquí que atribuye al hombre la definición que Tomás da de Dios. Con ello mismo Marx niega el carácter creatural del hombre, carácter creatural que se expresa diciendo que la creatura es el ente que ha recibido su ser.
Pero precisamente afirmando que el hombre tiene el ser por sí mismo, Marx afirma implícitamente que no lo ha recibido, lo que equivale a hacer del hombre Dios. Con todo esto, Marx ya no nombra Dios al hombre como hace Hegel. De ahí el característico ateísmo marxista. Pero este ateísmo, en cuanto efectiva divinización metafísica del hombre, está ya implícitamente contenido en el concepto hegeliano de Dios como historia del hombre.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 9 de diciembre de 2012

Notas

¹ Georges M.-M. Cottier OP, L’athéisme du jeune Marx. Ses origines hégéliennes, Librairie Philosophique Vrin, Paris 1959.

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum idealismus necessario ducat ad atheismum et ideo non possit admitti in philosophia christiana

Ad hoc sic procediturVidetur quod idealismus non necessario ducat ad atheismum.
1. Idealismus, loquens de Deo, de Spiritu, de Absoluto et de Infinito, videtur esse philosophia spiritualis et sublimis, quae ideam divini non respuit. Si Deus concipitur ut totalitas vel ut historia, videtur manere aliqua relatio religiosa, licet diversa a traditione christiana.
2. Praeterea, idealismus, interpretans Incarnationem ut unitatem dialecticam inter divinum et humanum, videtur praebere profundam visionem mysterii christiani, ubi Deus fit homo et homo elevatur ad Deum. Hoc videtur dare sensum fidei in categoria philosophica moderna.
3. Item, marxismus, licet se profiteatur atheum, tamen servat dialecticam hegelianam et agnoscit momentum spiritus tamquam superstructurae. Hoc videtur servare nexum cum dimensione spirituali et cum liberatione hominis.  
4. Denique, idealismus et marxismus videntur exaltare dignitatem hominis, liberantes eum ab alienatione et reddentes possessionem suae essentiae, quod videtur convenire cum vocatione humana ad plenitudinem et libertatem.

Sed contra est quod dicit sanctus Thomas, quod solus Deus est Ipsum Esse, cuius essentia coincidet cum esse. Praeterea Aristoteles docet substantiam esse id quod per se subsistit, homo autem non est substantia absoluta sed participata. Sacra Scriptura dicit: “Ego sum qui sum” (Ex 3,14), ostendens quod solus Deus possidet esse per essentiam. Magisterium, in encyclica Pascendi, damnat doctrinas quae negant transcendentiam divinam et hominem divinificant.

Respondeo dicendum quod idealismus, licet se praebeat spiritualem, re vera substituit Deum transcendentem homine divinificato. In Hegel, Deus identificatur cum historia et cum devenire, et homo seipsum transcendit usque ad hoc ut fiat Deus. In Marx, idem processus explicite manifestatur: homo non recipit esse a Deo, sed sibi ipsi dat per laborem, qui est positio sui ipsius esse. Sic homo sibi attribuit definitionem quam sanctus Thomas soli Deo reservat, ut entis cuius esse est eius essentia. Atheismus marxisticus non est materialismus vulgaris, sed theologia inversa, ubi homo locum Dei occupat. Idealismus, confundens ordinem entis cum ordine cognoscendi, terminat in absorptionem Dei in homine vel hominis in Deo, sed numquam agnoscit transcendentiam divinam. Ideo pantheismus idealisticus est iam atheismus implicite, et marxismus est eius explicatio. Homo, conceptus ut genus humanum vel collectivitas, fit novum absolutum, negans indolem creaturalem et dependentiam a Deo. Vera philosophia christiana, fundata in realismo tomistico, distinguit inter Creatorem et creaturam, agnoscit quod homo recipit esse per participationem, et affirmat quod solus Deus est Ipsum Esse subsistens.

Ad primum dicendum quod idealismus non est vera philosophia spiritualis, quia Deus quem proponit non est transcendens, sed absorptus in natura vel in homine, quod est idem ac negatio.
Ad secundum dicendum quod interpretatio hegeliana Incarnationis non servat distinctionem naturarum definitam in Chalcedonia, sed confundit divinum cum humano, cadens in haeresim.
Ad tertium dicendum quod marxismus, licet servet dialecticam, expresse negat Deum et materiam in eius locum ponit, reducens spiritum ad superstructuram.
Ad quartum dicendum quod dignitas hominis non consistit in eo quod possideat esse per se, sed in eo quod recipiat a Deo; sibi attribuere definitionem Dei est superbia quae ducit ad impietatem et atheismum.
   
JG

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