Este nuevo artículo del padre Giovanni Cavalcoli, que tenemos el gusto de publicar en versión española, aborda con fuerza el contraste entre el Magisterio y la pastoral de la Iglesia, mostrando cómo la doctrina infalible puede verse obstaculizada por prácticas deficientes y por dirigentes poco fieles. ¿Por qué tantos obispos y teólogos parecen más saboteadores que colaboradores? ¿Cómo es posible que el Magisterio produzca alimento sólido y que la pastoral lo adultere o lo bloquee? ¿Qué significa para el fiel vivir en una Iglesia ocupada por fuerzas extrañas que pretenden guiarla hacia otro rumbo? ¿No es acaso urgente que el Papa retome con firmeza la guía y confirme a sus hermanos en la fe? Este texto invita a reflexionar sobre la fidelidad al Magisterio como única brújula segura en medio de confusiones y traiciones internas. [En la imagen: fragmento de "Cristo en la tormenta en el Mar de Galilea", óleo sobre lienzo, 1633, obra de Rembrandt, pintura en paradero desconocido desde su robo del Museo Isabella Stewart Gardner de Boston en 1990].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 29 de junio de 2026
El contraste entre el Magisterio y la Pastoral
El contraste entre el Magisterio y la Pastoral
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 15 de mayo de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/il-contrasto-tra-il-magistero-e-la-pastorale-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
¿Existe un contraste entre el Magisterio de la Iglesia y la pastoral de la Iglesia? La respuesta es lamentablemente sí, y esto en modo agudo sobre todo en estas últimas décadas. ¿Cuáles son los términos de este contraste? Que el Magisterio de la Iglesia, el Papa junto con el colegio de los Obispos, está infaliblemente asistido por el Espíritu Santo al proponer la doctrina de la fe; pero la pastoral de la Iglesia no ha recibido de Cristo esta asistencia infalible.
Y esto se lo advierte hoy más que nunca, cuando sucede que son nombrados para cargos de responsabilidad en el campo doctrinal: oficiales de la Curia Romana, cardenales, obispos, superiores de órdenes religiosas, docentes en las facultades pontificias, que no siempre están a la altura de su tarea y en vez de colaborar con el Magisterio, les crean estorbos y trabas, favoreciendo a su vez a fuerzas y personajes rebeldes y desobedientes, y maltratando, abandonando o ignorando a los pocos que se esfuerzan a costa de sufrimientos incomprensiones en la difusión y defensa de la sana doctrina. Se pone el bozal al buey que trilla y se deja que el lobo invada el redil.
La Iglesia docente, es decir, la clase dirigencial de la Iglesia, constituida por el cuerpo episcopal bajo la guía del Papa, da la impresión de una empresa alimenticia que tiene una producción de alta calidad, pero que luego tenga, más que colaboradores, saboteadores, que destruyen o adulteran lo que produce.
¿Qué dirían los consumidores sobre una empresa que se comportara de esta manera? Ciertamente que le agradecerían por la producción de buenos alimentos y tratarían de acapararlos lo más posible, pero estarían desconcertados y casi incrédulos ante el espectáculo de colaboradores de la dirigencia de la empresa, que, en lugar de apoyar y divulgar los productos en su genuinidad o autenticidad, lo que hicieran fuera bloquear las ventas, destruir o adulterar los alimentos, mientras que la gerencia luchara como mejor pueda para seguir adelante con la empresa. De tal modo, gran parte del trabajo tiene que dedicarse más que para la expansión de la empresa, más bien para hacer frente a los obstáculos internos.
La primera observación, de buen sentido común, que harían los consumidores sería la siguiente: esta empresa tiene buenos productos, pero es difícil conseguirlos, porque ciertos organizadores y distribuidores, en lugar de hacérselos llegar a los clientes, los destruyen o los envenenan o hacen sus turbios negocios.
¿Pero acaso la dirección de la empresa no se da cuenta? ¿Y por qué asume un personal de tal factura? ¿Por cuáles oscuros poderes está condicionada? ¿Por qué usa instrumentos publicitarios y de distribución que contrastan con sus fines y sus productos? ¿Es posible que ella no tenga la posibilidad de hacer algo para eliminar estos graves inconvenientes?
Preguntas de este tipo, guardando las diferencias y las proporciones, se las hacen muchos buenos fieles, tanto entre el pueblo como entre los pastores, teólogos, estudiosos, publicistas e intelectuales católicos. Ciertamente el católico que quiera saber cuál es el sendero de la verdad lo puede encontrar: la Escritura, la Tradición, el Magisterio, la presencia del Espíritu Santo, los recursos de su conciencia, el Catecismo, el ejemplo de los santos.
¡Pero qué esfuerzo! ¿Dónde están los buenos teólogos? ¿Los buenos moralistas? ¿Los buenos obispos? ¿Y qué hace Roma? ¿Por qué los herejes y los arrogantes tienen campo libre, y los pobres, pocos ortodoxos son descuidados y golpeados? ¿Por qué tantos personajes indignos en puestos de mando?
Sin embargo, tengamos cuidado y prestemos atención. Cualquiera que vea errores doctrinales en el Magisterio, pierde la brújula, ya sea un lefebvriano que quiera juzgar el Magisterio en nombre de la Tradición, ya sea un modernista filo-protestante que quiera juzgar el Magisterio en nombre de la Biblia o de Rahner. Cualquiera que elija este camino, no concluye en nada, sus contestaciones o impugnaciones ya no son creíbles y se expone a las correctas represalias.
Es el Magisterio y sólo el Magisterio el que ofrece los criterios para juzgar a los malos cardenales, a los malos obispos, a los malos superiores, a los malos teólogos, a los malos párrocos, y así sucesivamente. De lo contrario, se pasa para el lado equivocado y se pone en serio riesgo la propia alma, no se está ya en la Iglesia como no lo están ya aquellos que viven con el cuerpo pero no con el alma.
El fiel no debe descorazonarse si se encuentra con unos pocos en medio de una masa de durmientes, oportunistas, ambiciosos, hipócritas y conformistas. Debe bastarle la pureza de su conciencia y la íntima satisfacción de estar con Cristo y de sufrir con Cristo. Debe alegrarse si se descubre viviendo las bienaventuranzas evangélicas y si viene marginado, criticado o castigado por amor de Cristo.
Debe recordar que los santos y los mártires han pasado y están pasando por aquello que está pasando él. Las persecuciones contra los cristianos no están sucediendo sólo en los países musulmanes o comunistas, sino también por parte de hermanos en la fe, con los cuales acaso convive todos los días. Se repite lo que le ha pasado a Cristo: "Vino entre los suyos y los suyos no lo han acogido".
El católico fiel al Magisterio tiene la impresión de vivir en su patria ocupada por el extranjero, algo así como sucedió durante la segunda guerra mundial con la ocupación alemana. Siente que está en su casa, la Iglesia, pero advierte también que hay fuerzas extrañas a la Iglesia que también pretenden guiarla donde quieren, y quieren una Iglesia que no es la verdadera. Estas fuerzas lo quisieran expulsar, pero él con razón y buen derecho se pregunta: ¿pero por qué no se van ellos? ¿Qué están haciendo tantos "católicos" que en realidad son modernistas, cato-comunistas, filo-masones, protestantes, epicúreos, etc.?
El fiel debe encontrar luz, consolación y confortación en el Magisterio. ¡Pero pobre Magisterio! El Magisterio, a su vez, tiene necesidad de ser consolado. En cambio, un obispo o un cardenal o un famoso teólogo no hacen el Magisterio, ni pueden juzgarlo, aun cuando vendan sus libros por millones de copias en todo el mundo. La desgracia es cuando algunos se vuelven fanáticos de ese cardenal, de ese obispo, de ese teólogo contra el Papa y el Magisterio.
Es necesario que el Papado retome en mano la guía de la Iglesia: pasce oves meas, confirma fratres tuos. Esta es la tarea imprescindible del Papa, para la cual goza de la asistencia infalible del Espíritu Santo.
Por otra parte, el haber logrado crear dos Papas ha sido el gesto más diabólicamente astuto de los modernistas, lo que nunca había ocurrido en la historia. Una broma terrible, aterradora, una tremenda humillación para el Papado, de la cual ellos se ríen bajo sus bigotes, aunque no quieren mostrarlo demasiado para no extralimitarse en su victoria.
En cuanto al gesto de Benedicto XVI de dejar su cargo, puede haber sido un gesto de humildad, pero no sé cuánto testimonio haya dado del hecho de que Pedro es la roca sobre la cual Cristo edifica su Iglesia.
Por tanto, no sé cuánto la coexistencia de dos Papas, algo nunca sucedido en la historia, da testimonio de la unidad de la guía de la Iglesia. Ciertamente que el papa Francisco es el Papa legítimo y nadie lo pone en discusión. ¿Pero el papa Ratzinger no tiene nada más que decir? ¿Un teólogo de sus dimensiones, que ha sido prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante veinte años y ha sido precisamente Papa? ¿No ha permanecido con lucidez mental? ¿Para demostrar su sumisión al Papa actual, es realmente necesario que permanezca en completo silencio, mientras los heraldos del modernismo gritan diciéndole al Papa lo que debe hacer?
¿Qué pasa con el Año de la Fe? ¿Y con la encíclica que el papa Ratzinger pretendía escribir? Ciertamente la línea del papa Francisco es muy abierta al diálogo, muy simpática, atrae a las multitudes de jóvenes con gestos insólitos, pero los graves problemas que Ratzinger ha intentado en vano resolver siguen presentes. En cierto sentido, él se ha derrumbado frente a ellos.
¿Podrá el papa Francisco ignorarlos? No es ignorándolos que se resuelven. El papa Francisco tarde o temprano tendrá que afrontar el problema o el desafío que le viene desde la parte rebelde de la Iglesia. Dios le ha concedido la fuerza para vencer. Debe hacerlo. Oremos.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 15 de mayo de 2013
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Magisterium Ecclesiae possit cadere in contradictionem cum pastorali
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod nulla sit contradictio.
1. Quia Magisterium et pastoralis ad unam Ecclesiam pertinent et eandem finem habent, scilicet fideles dirigere. Si oppositio esset, Ecclesia contra seipsam divideretur, quod repugnat promissioni Christi: portae inferi non praevalebunt adversus eam.
2. Praeterea, videtur quod pastoralis non possit contradicere Magisterio, quia sub auctoritate episcoporum et Papae consistit, qui utrumque ministerium exercent. Ergo impossibile videtur ut pastoralis doctrinae adversetur, cum eadem hierarchia doceat et gubernet.
3. Item, videtur quod pastoralis non possit esse impedimentum, quia eius munus est doctrinam ad vitam fidelium applicare. Si deficeret, fideles viam veritatis invenire non possent, quod videtur esse contrarium assistentiae Spiritus Sancti Ecclesiae promissae.
Sed contra est quod dicitur in Scriptura: Pasce oves meas, confirma fratres tuos. Sanctus Augustinus docet superbiam hominum posse veritatem obscurare, quamvis ipsa veritas in Ecclesia firma permaneat. Sanctus Thomas affirmat Magisterium Spiritu Sancto infallibiliter assisti in fidei doctrina. Magisterium ipsum declarat pastoralem non gaudere assistentia infallibili, et ideo posse deflectere atque doctrinam impedire.
Respondeo dicendum quod Magisterium et pastoralis non sunt idem secundum naturam. Magisterium, a Papa et episcopis in communione exercitum, Spiritu Sancto infallibiliter assistitur in fidei doctrina. Pastoralis autem caret tali assistentia et pendet ex prudentia ac fidelitate ministrorum. Unde contingere potest ut pastoralis, loco cooperandi cum Magisterio, fiat impedimentum, favens rebellibus et inobedientibus, ac vexans eos qui sanam doctrinam defendunt.
Magisterium producit cibum solidum, sed pastoralis potest illum adulterare aut impedire, sicut societas cuius distributores bona producta corrumpunt. Fidelis qui veritatem quaerit eam invenit in Scriptura, Traditione, Magisterio et Catechismo, sed cum magno labore, quia pastoralis interdum fit campus confusionis et persecutionis. Catholicus fidelis Magisterio sentit se vivere in domo propria occupata a viribus alienis, quae Ecclesiam alio ducere volunt. Magisterium est sola norma certa ad iudicandum malos episcopos, malos theologos et malos pastores. Papa debet firmiter resumere gubernationem Ecclesiae, fratres confirmans in fide, quia solum Magisterium lucem et solatium praebet in tempestatibus.
Ad primum dicendum quod unitas Ecclesiae non rumpitur, quia Magisterium manet fidele et Spiritu Sancto assistitur, etsi pastoralis deflectat. Contradictio non est inter duas Ecclesias, sed inter doctrinam infallibilem et praxim fallibilem.
Ad secundum dicendum quod auctoritas episcoporum et Papae in pastorali non praestat infallibilitatem, quia assistentia divina solum Magisterio doctrinali datur. Unde contingere potest ut pastores in actione pastorali doctrinam impediant.
Ad tertium dicendum quod promissio Christi impletur in Magisterio, non in pastorali, quae fallere potest. Ideo fidelis semper Magisterium sequi debet, etsi pastoralis fiat impedimentum, atque gaudere si propter Christum marginatur aut persequitur, memor quod sancti et martyres idem passi sunt.
JG
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