jueves, 18 de junio de 2026

El modernismo de Gustavo Bontadini

¿No es inquietante que Gustavo Bontadini, bajo la apariencia de reconciliar el tomismo con la modernidad, haya terminado impregnando su pensamiento de un inmanentismo cartesiano‑hegeliano? ¿Qué significa que confundiera la interioridad agustiniana con el idealismo, reduciendo a Dios a una idea del pensamiento humano? ¿No es sorprendente que de su intento naciera un discípulo como Severino, que llevó la tesis hasta la apostasía y el monismo eternalista? ¿Qué consecuencias tiene asumir el idealismo acríticamente, sin tamizarlo a la luz de santo Tomás, y transmitir así un veneno filosófico que confunde a Dios con el hombre? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo la propuesta bontadiniana de unir filosofía clásica y moderna fracasó, y recuerda que sólo la concepción cristiana y tomista, fundada en la analogía del ser y en la distinción entre Creador y creatura, puede ofrecer una sabiduría perenne capaz de dialogar con la modernidad sin perder la verdad. [En la imagen: Gustavo Bontadini].

El modernismo de Gustavo Bontadini

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 27 de noviembre de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/il-modernismo-di-gustavo-bontadini-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)

Un aspecto importante del modernismo actual tiene su origen, ya desde los años lejanos del fascismo, en la obra de Gustavo Bontadini en la Universidad Católica de Milán, la cual ya en en aquel tiempo, sobre todo con la dirección de monseñor Francisco Olgiati, advertía la urgente necesidad de una seria confrontación del tomismo con el pensamiento moderno, como ya estaban haciendo en Francia Jacques Maritain y otros dignos y valerosos filósofos y teólogos católicos, anticipando en tal modo aquello que habría de ser luego el impulso dado por el Concilio Vaticano II al progreso y a la sana modernización de la cultura católica.
Gustavo Bontadini, un discípulo de Olgiati, retomó la sugerencia de su maestro, aunque lamentablemente le dio un mal pliegue, porque Bontadini, aunque católico y sedicente tomista, en realidad se había dejado seducir por el idealismo panteísta hegeliano de Giovanni Gentile, y él no ocultaba en absoluto tal simpatía, aunque se esforzara por ponerla de acuerdo con su fe católica, sin la cual, por lo demás, no habría tenido títulos para enseñar en una Universidad Católica.
También Bontadini sentía esa exigencia de asumir lo positivo de la filosofía moderna en la tentativa, en sí misma generosa, de poner paz entre realistas e idealistas y de colocar en continuidad la filosofía moderna con aquella que él llamaba "filosofía clásica", con una expresión en realidad no muy feliz, sacada de la cultura corriente, por la cual se habla de "música clásica", "moda clásica", "vinos clásicos" y cosas por el estilo. Sin embargo, estaba claro lo que Bontadini entendía decir: la filosofía antigua, sobre todo griega, que luego fue adoptada y corregida por los Padres y por los Doctores de la Iglesia, sobre todo por santo Tomás de Aquino.
Bontadini, por tanto, trató de poner en luz una continuidad entre lo antiguo y lo moderno, pero al mismo tiempo, como todos los idealistas, estaba convencido de que Descartes hubiera marcado una clara discriminación o distinción entre la filosofía precedente, enredada en la incerteza y en la confusión, y la nueva fundada por Descartes, capaz de resolver finalmente de una vez por todas el problema del conocimiento y de la verdad. Siendo así las cosas, Bontadini se convenció entonces de que, para salvar la filosofía precedente, era necesario encontrar en ella algo que precediera a Descartes, y se convenció de que ese algo fuera la concepción parmenídea del ser que, según Bontadini, era la la misma que la de santo Tomás ¹.
De ahí la recuperación de santo Tomás, pero un Tomás no aristotélico, sino más bien parmenídeo: operación a decir verdad desesperada, la cual sin embargo habría de estar luego destinada a un cierto éxito hasta nuestros días. Mientras tanto, sin embargo, esta recuperación del ser parmenídeo fue tomada muy en serio por el discípulo Emanuele Severino, el cual la entendió de un modo tan extremista como para poner en clara luz la absoluta irreconciliabilidad de este "ser" con el ipsum Esse tomista, por lo cual Severino no solo rechazó cualquier contacto con el Aquinate, sino que incluso apostató de la fe católica y fue expulsado de la Universidad Católica después de una intervención de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1970.
Mérito indudable de Bontadini fue el de querer reproponer o replantear la cuestión del ser y, por tanto, de una válida metafísica. Excepto que, sin embargo, él creía poder reimpostar o renfocar la nueva metafísica del ser sobre la base del inmanentismo de origen cartesiano, que había llegado hasta Hegel, del cual Gentile era notoriamente seguidor en Italia.
En sustancia, Bontadini cree en la posibilidad de proponer la trascendencia en lo interno de la inmanencia, como en el fondo ya había hecho Gentile. Pero todo sano realista comprende inmediatamente que esta "trascendencia" no es una verdadera trascendencia, es decir, no pone en juego un Dios real distinto del humano pensamiento, sino que implica un "Dios" meramente pensado o meramente ideal, por lo tanto inmanente al pensamiento humano y en último análisis producido por este pensamiento.
Bontadini confundía la inmanencia de marca idealista con la interioridad de la tradición agustiniana, que son en cambio dos cosas muy distintas. Una cosa es el interiorismo agustiniano, otra cosa es el inmanentismo idealista. Ambos hablan de cierta inmanencia de Dios en el hombre. Pero el interiorismo agustiniano implica la conciencia de la presencia de Dios en la propia conciencia; aunque es claro que Dios trasciende la conciencia, por lo cual ella, para alcanzarlo, debe trascenderse a sí misma, pero ella sigue siendo siempre la creatura y él el Creador.
Por el contrario, en el inmanentismo de origen cartesiano, Dios no está en la conciencia como un Tú trascendente externo a la conciencia, presupuesto a la conciencia e independiente de la conciencia, en cuanto creador de la misma conciencia, sino que, como surgirá y se verá en los continuadores de Descartes, Kant y Fichte , es una idea de la conciencia humana, por lo cual no es un Dios real, sino un Dios pensado por la conciencia y por lo tanto puesto por la conciencia, un ser inmanente a la misma conciencia.
De hecho, en Descartes, como se desprende fácilmente del famoso cogito, el ser coincide con el ser pensado o con la "idea" (de ahí el consecuente nombre de "idealismo"). De aquí derivará en el idealismo alemán la coincidencia del pensamiento con el ser, al fin y al cabo según la antiquísima tesis que ya se encuentra en Parménides (to autó to noéin kai to éinai: el pensamiento y el ser son una misma cosa).
Es sabido cómo el papa san Pío X, en la encíclica Pascendi, condena el inmanentismo. Lamentablemente, sin embargo, Bontadini no ha tenido en cuenta esta condena y ha pretendido concebir un inmanentismo conciliable con la doctrina de santo Tomás, lo cual es imposible.
El padre Fabro, con su habitual agudeza, ha mostrado la vanidad y la peligrosidad de la empresa bontadiniana, que tendía a dar una mala dirección a la Universidad Católica de Milán, dirección de la cual no parece haberse corregido hasta el día de hoy ². Pero también otros eminentes filósofos y teólogos católicos ³, desde los años 1920s, habían puesto en guardia con excelentes refutaciones contra el peligro proveniente de Giovanni Gentile, quien incluso tenía la pretensión de ser él el verdadero intérprete del cristianismo ⁴. Pero esto no sirvió de nada a Bontadini, que prosiguió impertérrito por su camino, reuniendo en torno suyo a numerosos discípulos que todavía operan en los ambientes académicos católicos.
Bontadini tiene todas las razones al decir que el pensamiento es pensamiento del ser. El problema es que él rechaza la concepción tomista, que se ajusta al realismo bíblico que se refleja en la distinción del pensamiento respecto del ser y en el primado del ser sobre el pensamiento. Por el contrario, para Bontadini, lo absoluto no es el ser sino el pensamiento, de modo que no hay un ser "presupuesto" al pensamiento y externo al pensamiento mientras el pensamiento siga siendo intrascendible. El ser, como dice Bontadini, "se resuelve en el pensamiento". Para Bontadini, "el ser está en el pensamiento" no como resultado del hecho de que el intelecto humano inicialmente en potencia, y por lo tanto todavía ignaro del ser, subsecuentemente se actúa representando el ser en el concepto, mientras que el ser en sí permanece externo al pensamiento.
Hablar de una intranscendibilidad del pensamiento humano viene a significar la negación del Misterio divino en su infinitud, en cuanto la mente humana no reconoce los propios límites y pretende tener esa infinitud que sólo puede tener el pensamiento divino, el cual es el único ser intrascendible, mientras que el pensamiento humano, incluso iluminado por la fe, es infinitamente trascendido por el Ser divino.
Por el contrario, Bontadini ve la relación pensamiento-ser como si estuviera en juego sólo el pensamiento divino, que es el único en el cual los dos términos coinciden, porque Dios, como dice Aristóteles, es Pensamiento subsistente, reduciendo por tanto a lo divino también el pensamiento humano y acabando de hecho, aunque él no lo quiera, en el panteísmo. En efecto, en el ámbito teológico, Bontadini está firmemente convencido de la distinción entre Dios y el mundo, Bontadini acepta el dogma de la creación, admite la existencia del devenir y se esfuerza precisamente por demostrar la existencia de Dios partiendo de la experiencia del devenir.
De hecho, sobre estos puntos capitales Bontadini se opondrá vigorosamente al monismo eternalista y acósmico de su discípulo Severino, que negaba tanto la existencia del devenir como la de la creación. Esto quiere decir entonces que existe objetivamente un estridente y sorprendente contraste en Bontadini entre su metafísica y su gnoseología por una parte, de marca puramente gentiliano-hegeliana, y por otra parte su teología, que está en línea con santo Tomás de Aquino y con la fe católica.
Pero todo esto quiere decir que la propuesta bontadiniana de una confrontación o encuentro de la filosofía clásica con la filosofía moderna ha fracasado, y de hecho ha fracasado porque Bontadini no se ha dejado guiar por santo Tomás, o al menos por el verdadero santo Tomás, que siempre ha sido recomendado por la Iglesia, sino que se ha dejado guiar por ese mismo idealismo que debía ser tamizado o cribado a la luz de Tomás para tomar lo positivo y rechazar lo negativo. En cambio, Bontadini ha asumido el idealismo acríticamente y en bloque, quedando por lo tanto afectado por el veneno contenido en él. Las doctrinas filosóficas son digeribles. Pero son como las serpientes: primero hay que quitarles el veneno. Los que no lo hacen quedan asesinados y al dispensar este veneno asesinan a los demás.
Recuperar el ser parmenídeo no es una mala idea. Pero antes es necesario liberarlo del univocismo que favorece el panteísmo, para poder adaptarlo a la concepción bíblica, realista, pluralista, analógica del ser (Aristóteles), que prevé un ser por esencia al lado y por encima del ser por participación (Platón).
Sólo de esta manera no se dará un único Ser necesario y eterno, exclusivo de todo devenir y multiplicidad creados, de modo que entonces todo debe ser necesario y eterno, sino que se da un Dios que es, sí, necesario y eterno, pero al lado y junto a un mundo temporal y contingente, mundo por Él creado de la nada y no "aparición" o "teofanía" del Eterno, expresiones, estas, que son signo inequívoco de panteísmo, ya que en tal caso si se admite el mundo, no está fuera Dios con una propia consistencia ontológica, sino que viene absorbido en Dios. O bien puede ocurrir el proceso contrario: que Dios viene absorbido en el mundo y entonces tenemos el ateísmo. En todo caso existe siempre la confusión entre Dios y el hombre.
La verdadera concepción cristiana y tomista, perfectamente adaptada también a la modernidad, porque dicha concepción es sabiduría perenne, es la de una unión del hombre con Dios que no confunda las naturalezas, aunque sea una unión fundada sobre la íntima presencia de la Causa primera en su creatura y más aún siendo don de gracia al hombre que lo vuelve hijo de Dios, a imagen de Cristo y partícipe de la vida divina.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 27 de noviembre de 2012

Notas

¹ Bontadini expone este proyecto suyo en algunas ocasiones, como por ejemplo en los siguientes escritos suyos: Valutazione analitica e valutazione dialettica della filosofia moderna, en Studi sull’idealismo, Edizioni Vita e Pensiero, Milano 1995, pp.221-237 e Idealismo e immanentismo, en  Conversazioni di metafisica, Edizioni Vita e Pensiero, Milano 1995, vol.I, pp.5-32.
² Véase la crítica a Bontadini en: C. Fabro, L’alienazione dell’Occidente, Edizioni Quadrivium, Genova 1981, pp.133.142.
³ Cf. por ejemplo: Emilio Chocchetti, OFM, La filosofia di Giovanni Gentile (Società Editrice Vita e Pensiero, Milano 1922). Chocchetti fue docente en la misma Universidad donde enseñaba Bontadini. Angelo Zacchi, OP, Il nuovo idealismo italiano di B.Croce e G.Gentile (Edizioni Francesco Ferrari, Roma 1925); Mariano Cordovani, OP, Cattolicismo e idealismo (Società Editrice Vita e Pensiero, Milano 1928). El padre Cordovani fue Maestro del Sacro Palazzo y murió en fama de santidad: pero ni siquiera esto significó nada para Bontadini. Mientras tanto, en Francia, Maritain también atacaba el idealismo con gran sabiduría. Véase por ejemplo su famoso Les Degrés du savoir y La vida propia de la inteligencia y el error idealista, en Reflexiones sobre la inteligencia y su propia vida (Editrice Massimo, Milán 1987, c.II).
 Cf. G. Gentile, La religione. il modernismo e i rapporti tra teologia e filosofia. Discorsi di religione, Ediciones Sansoni, Florencia 1965.

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum propositio Gustavi Bontadini de conciliando tomismo cum idealismo moderno
possit admitti in philosophia catholica

Ad hoc sic procediturVidetur quod possit admitti.
1. Quia Bontadini intendebat reconciliari philosophiam classicam cum moderna, conans servare positiva idealismi et dare continuationem inter ens parmenideum et ens tomisticum. Huiusmodi conatus videtur legitimus et fructuosus, quia quaestionem entis iterum aperit et novam metaphysicam contra positivismum praebet.
2. Praeterea, propositum eius erat restituere metaphysicam entis, quod est meritum indubitatum, cum philosophia moderna horizontem metaphysicum amisisset.
3. Item, Bontadini affirmabat distinctionem inter Deum et mundum, accipiebat dogma creationis et opponebat se monismo Severini; videtur igitur quod eius systema non incidat in pantheismum.
4. Denique, eius conatus ostendere transcendens intra inmanentiam videtur forma interiorismi spiritualis similis Augustino, et ideo compatibilis cum fide.

Sed contra est quod dicit sanctus Thomas, quod ens divinum infinitum transcendit cogitationem humanam, et quod intellectus creatus cognoscit ens per participationem, non per identitatem. Papa sanctus Pius X in encyclica Pascendi damnat inmanentismum qui confundit Deum cum conscientia humana. Praeterea traditio patristica et biblica semper affirmat distinctionem inter Creatorem et creaturam, et Magisterium monuit contra periculum pantheismi et modernismi.

Respondeo dicendum quod conatus Gustavi Bontadini, licet bona intentione motus, deficit quia interioritatem augustinianam confundit cum inmanentia idealistica. Interioritas agnoscit praesentiam Dei in conscientia tamquam Creatoris transcendentis; inmanentia autem concipit Deum ut ideam cogitationis humanae. Sic transcendens abrogatur et ens in cogitationem resolvitur. Bontadini credit possibile esse transcendens proponere intra inmanentiam, sed tale transcendens non est reale, sed ideale. Metaphysica eius, fundata super inmanentismum cartesianum‑hegelianum, contradicit realismo biblico et tomistico, qui distinguit inter cogitationem et ens et affirmat primatum entis supra cogitationem. Quamvis in theologia distinctionem inter Deum et mundum servet, gnoseologia eius ducit ad pantheismum implicatum, quia tribuit cogitationi humanae infinitatem quae soli cogitationi divinae competit. Ideo eius propositio congressus inter philosophiam classicam et modernam frustrata est: non se duci permisit a vero sancto Thoma, sed ab idealismo qui purificari debebat. Doctrinae philosophicae sunt digeribiles, sed sicut serpentes, prius venenum removendum est.

Ad primum dicendum quod continuatio inter ens parmenideum et tomisticum tantum possibilis est si univocismus qui pantheismum fovet removeatur; Bontadini hoc non fecit, et ideo eius propositio est fallax.
Ad secundum dicendum quod meritum in reaperienda quaestione entis non excusat errorem fundandi metaphysicam super inmanentiam cogitationis, quia hoc negat transcendens divinum.
Ad tertium dicendum quod acceptatio dogmatis creationis non sufficit ad salvandum systema eius, quia gnoseologia eadem doctrinam contradicit, Deum ad ideam cogitationis redigens.
Ad quartum dicendum quod transcendens interior Augustini non est inmanentia idealistica, sed conscientia praesentiae Dei realis et distincti ab anima; confundere haec ducit ad impietatem.
   
JG

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