¿Puede hablarse de una Iglesia unida cuando se multiplican las traiciones, las confusiones doctrinales y las facciones irreconciliables? ¿No es acaso ilusorio esconder bajo multitud de palabras, encuentros y reuniones, los males profundos que desgarran la fe y la comunión eclesial? Este artículo muestra cómo la crisis actual no se resuelve con gestos externos, sino con una renovada conversión y fidelidad al Magisterio. ¿Qué significa hoy llamarse “católico” cuando tantos conservan el nombre pero alteran el contenido? ¿No es hora de reconocer con franqueza las divisiones y buscar la cura en la gracia de Cristo, para que la Iglesia de la tierra refleje, aunque en su miseria, la unidad santa de la Iglesia del cielo? [En la imagen: fragmento de "L’église d’Auvers-sur-Oise, vue du chevet", óleo sobre lienzo, junio de 1890, obra de Vincent van Gogh, conservada en el Musée d’Orsay, París].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 23 de mayo de 2026
Unidad y divisiones en la Iglesia
Unidad y divisiones en la Iglesia
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 31 de mayo de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/schillebeeckx-e-il-concilio-vaticano-ii-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
El "Giornale" del 4 de junio pasado relata una pequeña entrevista realizada por Stefano Zurlo al cardenal Bagnasco para pedirle un comentario sobre el gran encuentro que tuvo lugar en Milán en ocasión del Congreso para la Familia y de la visita del Papa.
El periodista pregunta: "¿Sigue la guerra dentro de la Iglesia?". El Cardenal (refiero las palabras del artículo) responde: "¿Pero Ud. cree que realmente existen estas divisiones entre nosotros? ¿Nos ha observado?, y al hablar mueve las manos elocuentemente como para subrayar que ciertos temas en su escala jerárquica ciertamente no llegan a los primeros puestos".
Como suele suceder, los periodistas hacen preguntas con poca discreción o quizás con poca seriedad y en circunstancias inadecuadas, aunque pueden tocar temas o problemas reales y de gran importancia. Este ha sido el caso en el evento mencionado. Es evidente a qué se refería el periodista y quizás a hechos aún más graves que existen hoy en la Iglesia, al menos en Italia: el reciente y muy escandaloso robo al Papa de sus documentos secretos desde su propia habitación en el Vaticano.
¿Era acaso ese el momento para tocar un tema tan delicado y perturbador? Ciertamente no. Por lo tanto, podemos entender la respuesta evasiva del Cardenal, que no responde a tono, desviando la atención hacia la inmensa multitud presente en Milán. No cabe duda de que la presencia de tanta gente fue consoladora para los organizadores del evento y para toda la Iglesia italiana.
Un acontecimiento grandioso de este tipo muestra efectivamente, como ha señalado el propio Cardenal, la bondad de la Iglesia italiana a nivel del pueblo tanto en términos de amor al Papa como de apego al valor de la familia cristiana, un gesto de afecto hacia el Vicario de Cristo casi queriendo consolarlo de la amargura por la infame traición sufrida de parte de sus propios íntimos colaboradores, por ahora permanecidos en las sombras.
Sin embargo, una manifestación tan entusiasmante y conmovedora no basta ciertamente para poner en sombra o para cancelar el tristísimo episodio antes mencionado que es la punta del iceberg de una situación de gravísima crisis en la Iglesia italiana y no solo italiana, una crisis que se configura, como notan los Papas del postconcilio y en particular este Papa, como una crisis de fe tanto a nivel de líderes como a nivel de pueblo: descristianización, falsificación de la fe, influencias anticatólicas dentro del catolicismo, formas sincréticas, secularistas, religión-hazlo-tú-mismo, relajación, subjetivismo, relativismo y muchas otras cosas, muy larga sería la lista.
Ciertamente las grandes jornadas milanesas no anulan todo esto y en particular no lo anulan en una diócesis tan importante como la de Milán, a propósito de la cual se conoce la carta de Don Carron que, aunque con caridad pero también con lucidez y franqueza evangélica, destaca de modo especial los males de la Iglesia milanesa, males que han sido encubiertos e ignorados durante demasiado tiempo, pero que es mejor que hayan salido a la luz, ya que en la visión cristiana no existen males que no sean curables, si no es el propio paciente que no quiera hacerse curar.
¿Una Iglesia en la que vagan libremente una gran cantidad de ideas contrarias al catolicismo permaneciendo bajo la etiqueta de "católicas", sin apreciables intervenciones de los Pastores, entre los que incluso no siempre encontramos una plena ortodoxia y obediencia al Papa, se da el choque de partidos opuestos como por ejemplo el que se da entre modernistas y lefebvrianos, una extendida conducta moral de católicos no coherentes con los principios de la moral católica continuamente recordados por el Magisterio, todo esto es quizás el signo de una Iglesia unida, como el Cardenal quisiera que creyéramos con el simple gesto de señalar a la multitud del encuentro milanés?
¿Resuelve nuestras dudas? ¿Calma nuestras ansiedades? ¿Quita nuestra amargura, nuestras desilusiones, calma nuestro desconcierto? Si somos verdaderamente conscientes de lo que está ocurriendo en la Iglesia y lo juzgamos con esos criterios que nos proporciona el Magisterio de la Iglesia, ciertamente debemos decir, aunque con dolor pero con realismo, que la Iglesia, al menos la italiana, no está unida para nada, sino atravesada por fuertes movimientos centrífugos, presa de una enorme confusión doctrinal, desgarrada por facciones obstinadamente irreconciliables porque están convencidas de poseer la plenitud de la verdad frente a los opositores casi demonizados.
Para el católico es claro que la verdadera Iglesia, la Iglesia Católica, como Esposa y Cuerpo Místico de Cristo, es una y unida, gracias a la presencia en los corazones del Espíritu Santo que los ilumina y los une, creando concordia y sano pluralismo, en la única verdad del Evangelio bajo la única guía de los Pastores unidos al Papa.
Pero la pregunta del periodista evidentemente no se refería a esta unidad espiritual y mística de la Iglesia, unidad evidente para todo creyente y en sí misma indestructible, pero que no afecta a las individuales y concretas formaciones de católicos en el interior de la Iglesia, católicos que, como es sabido, aunque vivan en la gracia de Dios, son siempre pecadores y, por tanto, sujetos a fallar contra la verdad y contra la caridad.
Si no existe unidad de fe, no existe unidad eclesial. Este es el gravísimo problema de la Iglesia hoy. Está claro que los verdaderos católicos están unidos entre sí y con el Papa, y en este sentido constituyen una Iglesia unida. Pero, ¿cuántos que se autodenominan católicos lo son verdaderamente o lo son solo de nombre, dado que de hecho asumen en su pensamiento y en su conducta ideas que en realidad son erróneas, escandalosas, impías, blasfemas, absurdas o heréticas?
Ciertamente en la vida actual son pocos o poquísimos, son sólo los grandes santos, aquellos que pueden presumir de una perfecta pureza doctrinal y una plena comunión eclesial, aunque también tengan algunas pequeñas imperfecciones. Está claro que hoy la Iglesia es más acogedora, tolerante y misericordiosa que nunca al acercarse, al acoger y al contactar a personas incluso muy alejadas del catolicismo.
Gracias a la práctica del ecumenismo y del diálogo, la Iglesia es hoy más amplia que nunca en acoger incluso a aquellos que no aceptan plenamente la doctrina y la moral del catolicismo. Pero existe y debe siempre existir un límite, más allá del cual no puede decirse en absoluto que una persona pertenezca a la Iglesia o al catolicismo, y es en este punto que a menudo no hay claridad, así que, como he señalado en un artículo aparecido tiempo atrás en este sitio, muchos ya no saben lo que significa la calificación de "católico" y esto es muy grave, como cuando por ejemplo, salvadas las proporciones, un alimento renombrado conserva su propio nombre pero a causa de estafas o alteraciones viene a ser algo distante o contrario a lo que su nombre mismo significa.
En conclusión, ciertamente no en una entrevista periodística, sino en un apropiado foro, es hora de reconocer francamente las graves divisiones que estamos sufriendo. No debemos tener miedo de hacer un análisis realista, en tanto existe después la cura que nos es dada por una renovada voluntad de conversión y sobre todo por la gracia de nuestro Salvador.
Pero encubrir y fingir, de nada sirve a nadie. Esperamos que el próximo Año de la Fe sea una buena ocasión para corregir los errores en la fe y en las costumbres para que se pueda decir que, aunque sea siempre en las míseras condiciones de aquí abajo, existe una Iglesia unida a semejanza de la santa unidad de la Iglesia del cielo.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 30 de mayo de 2012
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Ecclesia hodierna possit reputari una non obstante divisionibus internis
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod Ecclesia hodierna possit reputari una non obstante divisionibus internis.
1. Quia magnae manifestationes fidei et affectus erga Papam, sicut conventus Mediolanensis, ostendunt bonitatem populi catholici et adhaesionem ad familiam christianam, quod esset signum unitatis. Multitudo circa Papam congregata videtur esse testimonium communionis et fidelitatis, sufficiens ad compensandas internas contentiones.
2. Praeterea, Ecclesia hodie est magis receptiva et misericors quam umquam antea, accedens etiam ad eos qui a doctrina longe distant, quod esset indicium unitatis latioris et apertioris. Dicitur enim quod praxis oecumenismi et dialogi permittit diversarum personarum integrationem sub nomine catholicorum, ostendens Ecclesiam inclusivam et unitam in caritate.
3. Item, oecumenismus et dialogus efficiunt ut homines variarum opinionum maneant sub titulo catholicorum, quod videretur esse expressio unitatis pluralis et tolerantis. Amplitudo Ecclesiae, quae recipit etiam eos qui doctrinam non plene accipiunt, videtur esse signum unitatis quae superat doctrinales differentias.
4. Denique, Ecclesia ut Corpus Mysticum Christi est indestructibiliter una, quia Spiritus Sanctus corda in veritate Evangelii coniungit, et ideo divisiones visibiles non laedunt veram unitatem. Sufficit ergo unitas spiritualis et mystica ad affirmandum Ecclesiam esse unam, etiamsi in visibilibus appareat dilacerata.
Sed contra est quod Apostolus dicit: Unus Dominus, una fides, unum baptisma (Eph 4,5). Sanctus Cyprianus docet quod non potest habere Deum Patrem qui Ecclesiam non habet Matrem. Magisterium affirmat unitatem ecclesialem fundari in unitate fidei et in communione cum Papa, et Pontifices postconcilii declaraverunt quod crisis hodierna est crisis fidei.
Respondeo dicendum quod Ecclesia, in sua essentia mystica, est una et unita, sed in sua realitate historica et concreta gravibus divisionibus doctrinalibus et moralibus laceratur. Non sufficit multitudo fidelium nec externae manifestationes ad probandam unitatem, si unitas fidei deficit. Ecclesia in qua libere circumferuntur opiniones contrariae catholicismo sub titulo catholicorum, sine correctione Pastorum, non potest reputari una. Vera unitas invenitur solum inter catholicos qui Magisterio fideles manent et in plena communione cum Papa. Misericors receptio et dialogus bona sunt, sed habent terminum: ultra illum non potest dici aliquem ad Ecclesiam pertinere. Crisis hodierna se manifestat ut de‑christianizatio, falsificatio fidei, influxus anticatholici, syncretismus, saecularismus, subjectivismus et relativismus. Unitatis visibilis restitutio fieri poterit tantum per renovatam conversionem et gratiam Christi. Non agitur de occultando aut simulando, sed de sincero agnoscendo divisiones et quaerendo remedium in voluntate conversionis et in auxilio Spiritus Sancti. Sic poterit dici quod, etsi in miseris condicionibus huius saeculi, exstat Ecclesia unita ad similitudinem sanctae unitatis Ecclesiae caelestis.
Conclusio: Ecclesia est indestructibiliter una in sua essentia mystica, sed in sua realitate historica non potest reputari unita dum unitas fidei deficit; ideo agnoscere divisiones et quaerere conversionem est necessarium ut Ecclesia terrena repraesentet unitatem Ecclesiae caelestis.
Ad primum dicendum quod manifestationes externae fidei et affectus erga Papam sunt consolatoriae, sed non tollunt doctrinalem et moralem crisi quae Ecclesiam dividit.
Ad secundum dicendum quod misericordia et receptio bona sunt, sed non possunt substituere unitatem fidei, sine qua vera unitas ecclesialis non est.
Ad tertium dicendum quod oecumenismus et dialogus legitimi sunt, sed non significant quod qui doctrinam catholicam reiciunt vere ad Ecclesiam pertineant.
Ad quartum dicendum quod unitas mystica est indestructibilis, sed unitas visibilis pendet a fidelitate fidei et communione cum Papa; sine hac, Ecclesia historica dilacerata apparet.
JG
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.