¿Es legítimo acusar al Concilio Vaticano II de error doctrinal, o más bien esa actitud compromete la credibilidad de quienes la sostienen? ¿No será que, al hablar de “ruptura”, se termina haciendo el juego a los modernistas, aunque con distinta disposición de ánimo? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli recuerda que las doctrinas conciliares en materia de fe son infalibles, aunque no se definan como tales, y que el verdadero remedio contra la crisis actual no es negar el Concilio, sino asumirlo en continuidad con la Tradición para derrotar al neo‑modernismo. ¿Queremos acaso imputar herejía a un Concilio ecuménico asistido por el Espíritu Santo? ¿No es más urgente despertar del sueño pastoral y recuperar la energía moral e intelectual de los obispos, para que el “espíritu” del Concilio se muestre en su verdadero sentido? [En la imagen: fotografía de un momento durante el día inaugural de la primera sesión del Concilio Vaticano II, en la Basílica de San Pedro, en Roma, 1962].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 23 de mayo de 2026
El "espíritu" del Concilio
El "espíritu" del Concilio
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 6 de julio de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/lo-spirito-del-concilio-una-lettera-di-padre-giovanni-cavalcoli-a-commento-dellarticolo-di-paolo-pasqualucci/ a modo de carta abierta en respuesta al artículo de Paolo Pasqualucci, "El discorso critico che la Gerarchia non vuol fare", una reseña al libro de Bruneri Gherardini, "Concilio Vaticano II. Il discorso mancato. Ed. Lindau")
Estimado director
He leído el interesante artículo de Paolo Pasqualucci sobre el libro de monseñor Brunero Gherardini. Contiene muchas correctas observaciones y constataciones, como la actual difusión del modernismo, la excesiva exaltación del Concilio Vaticano II hecha por los últimos Papas, la falta de intervención de los obispos contra las desviaciones morales y doctrinales, la observación de que algunos textos conciliares son ambiguos y se prestan a una interpretación modernista, por lo cual deberían ser aclarados, el desprecio por el tomismo.
Sin embargo, persiste en estos Autores la convicción de que el Concilio Vaticano II ha caído en errores doctrinales y se cree poder expresar libremente un juicio de tal género por el simple hecho de que las doctrinas del Concilio en materia de fe no serían "dogmáticas" porque no están definidas como tales, olvidando que la Iglesia enseña la verdad católica también cuando no declara explícitamente que lo hace. La única condición es que la materia tratada sea de fe o próxima a la fe o en todo caso esté vinculada a verdades de fe ya definidas explicitándonos el contenido, que es precisamente el caso del Vaticano II.
Es lamentable que estos autores se obstinen en sostener que el Concilio se ha equivocado sobre puntos que tocan al menos indirectamente o implícitamente la fe. No creo que esta sea la actitud del verdadero católico. El Concilio puede haber cometido errores en sus disposiciones pastorales, pero no es admisible que nos enseñe lo falso en la doctrina, cuando el mismo Cristo ha asegurado la infalibilidad de su Iglesia en este campo relacionado con la salvación.
La actitud de estos autores acaba comprometiendo la credibilidad y la autoridad de sus análisis, aunque agudos y muy verdaderos, sobre la gravísima crisis de fe actual en la Iglesia. Pero el remedio no es acusar de error al Concilio, el remedio es exactamente lo opuesto: el remedio es asumir la verdad del Concilio al ver su continuidad con la Tradición, y a su luz derrotar al actual monstruo del neo-modernismo, mucho peor que aquel de los tiempos de san Pío X.
Una vez más es necesario distinguir el "progresismo" del "modernismo". Progresar, renovar, desarrollar y avanzar es una ley vital de la Iglesia y de las almas ("renovabis faciem terrae") y el Vaticano II ha hecho progresar a la Iglesia. El modernismo es una herejía. ¿Acaso queremos acusar al Concilio Vaticano II de herejía?
Si no se reconoce la continuidad del Concilio Vaticano II con la Tradición y se habla de "ruptura", se termina haciéndoles el juego a los modernistas, que sostienen lo mismo, con la única diferencia de que mientras estos están contentos, los otros están afligidos, pero se afligen por un grave equívoco, un grave malentendido, y esto es desagradable porque hay excelentes teólogos tomistas en sus filas, que, si estuvieran en plena comunión con el Papa, podrían ser una fuerza muy eficaz contra los modernistas.
Pero deben escuchar también las recientes palabras del Santo Padre, quien ha exhortado a los lefebvrianos a no decir que hay errores en el Concilio Vaticano II. De hecho, sus doctrinas son infalibles aunque no hayan sido declaradas como tales. Es solo cuestión de comprenderlas en su verdadero sentido.
Esto no significa que todas las doctrinas del Concilio sean infalibles: lo son sólo las dogmáticas (aunque no se definan como tales). Por otro lado, soy de la idea de que en las disposiciones pastorales existen errores (y en esta materia el católico tiene libertad de crítica), errores que se han revelado en estos 50 años, errores que deben ser corregidos, sobre todo en lo que se refiere al oficio pastoral del obispo, que es presentado en modalidades que carecen de energía moral e intelectual (el obispo "bonachón", débil con los fuertes y fuerte con los débiles, en nombre de la "caridad" y del "diálogo"), modalidades tales que terminan por favorecer a pastores temerosos, ingenuos, oportunistas y mercenarios, como lamentablemente vemos hoy con frecuencia. Los Obispos deben despertar del sueño. Estos son los obispos hijos del Concilio. Aquí hay un problema que necesita ser solucionado lo antes posible.
La cuestión sobre el "espíritu" del Concilio tiene ciertamente un significado propio: se trata de evidenciar su verdadero espíritu, que es efecto de la asistencia del Espíritu Santo.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 5 de julio de 2012
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