viernes, 22 de mayo de 2026

Mons. Bux y Mons. Fellay. Respuesta al sitio "Una Vox"

¿Puede acusarse al Concilio Vaticano II de ruptura con la Tradición, o más bien su rechazo constituye una verdadera herejía? ¿Es posible que la Fraternidad San Pío X conserve la pureza de la fe mejor que Roma, o no será más bien que desconoce la autoridad del Papa como supremo custodio de la Revelación? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo la continuidad doctrinal del Concilio, aunque no siempre perspicua, debe ser demostrada y defendida por los teólogos, y cómo negar sus enseñanzas equivale a negar el dogma mismo. ¿Es la Tradición un ayer muerto, o un hoy vivo que se explicita cada vez más bajo la asistencia del Espíritu Santo? Frente a las críticas del sitio web "Una Vox", se nos recuerda que la verdadera fidelidad no consiste en congelar la fe, sino en acoger su desarrollo auténtico en la Iglesia de Cristo, "heri, hodie et semper". [En la imagen: fragmento de "La disputa del Sacramento", pintura al fresco, entre 1509 y 1510, obra de Rafael Sanzio, conservada en los Museos del Vaticano, en la Stanza della Segnatura].

Mons. Bux y Mons. Fellay
Respuesta al sitio "Una Vox"

(Traducción del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 30 de marzo de 2012. Artículo original en italiano: https://www.ricognizioni.it/mons-bux-e-mons-fellay-p-cavalcoli-risponde-al-sito-quna-voxq/  Tras el artículo "Mons. Bux y Mons. Fellay ”, se expresó el sitio web de Una Vox, con un comentario de Belvecchio. Esta es la respuesta del padre Cavalcoli a Belvecchio)

He encontrado en el website de Una Vox una serie de "notas" de Belvecchio a mi artículo "Mons. Bux y Mons. Fellay", publicado recientemente en Riscossa Cristiana, comentando la carta de mons. Williamson en respuesta a la de mons. Bux dirigida a la Fraternidad de San Pío X. A las notas de Belvecchio respondo lo siguiente.
1. Refiriendo en modo resumido mis palabras, Belvecchio dice: "El Concilio Vaticano II no puede equivocarse porque está asistido por el Espíritu Santo, el Magisterio no puede equivocarse porque está asistido por el Papa, el Papa no puede equivocarse porque es el Papa. Ergo, todos los que hablan de los errores del Concilio Vaticano II, de los errores del Magisterio y de los errores del Papa son protestantes".
Respuesta. Suscribo plenamente estas afirmaciones y las considero verdad católica, pero con la precisa aclaración de que la materia del juicio (estamos hablando de las doctrinas del Concilio) es materia o de fe o próxima a la fe. Invito a Belvecchio a demostrar que me equivoco.
2. "El único que ha interpretado mal el Concilio Vaticano II sería Karl Rahner, todos los demás lo habrían interpretado bien".
Respuesta. Nunca he dicho esto, sino que desde hace tiempo he venido repitiendo en cada ocasión que en el postconcilio ha surgido un fuerte movimiento neomodernista que se ha arraigado en todos los círculos, incluso el de los teólogos y de los obispos, un movimiento de falsificación de las doctrinas del Concilio Vaticano II. Además, en mi larga actividad de publicista (basta con mirar mi bibliografía) también he criticado a muchos otros, como Schillebeeckx, al card. Kasper, Küng, Forte, Bordoni, Mancuso, de la Potterie, Pierre Teilhard de Chardin, etc. La recta interpretación obviamente está dada por el Magisterio, ya sea pontificio como de los órganos de la Santa Sede, sobre todo la Congregación para la Doctrina de la Fe. Comparto todas las condenas pronunciadas por esta última desde que finalizó el Concilio hasta hoy. También son importantes el Catecismo de la Iglesia Católica (¡no el holandés!) y el Código de Derecho Canónico.
3. "El propio Concilio Vaticano II y el mismo Papa continúan repitiendo y poniendo por escrito que es lícito expresar reservas sobre muchos puntos del Concilio y pretendiendo que ellos sean leídos y comprendidos solo a la luz de la Tradición, como prueba del hecho de que los documentos del Concilio, de por sí, no convencen de la continuidad doctrinal con cuanto la Iglesia siempre ha enseñado, lo cual es muy grave para un Concilio".
Respuesta. Las reservas se pueden expresar sobre puntos de carácter pastoral o disciplinario o jurídico, no sobre materias doctrinales que están ligadas al dogma o a los datos de la Escritura o de la Tradición. Mientras que en el primer campo la Iglesia puede cambiar o errar, en el segundo, aunque no se trata de dogmas solemnemente definidos, la doctrina es inmutable e infalible. Pero también es la Tradición -la cual es una Tradición viva-, la que debe ser leída a la luz del Concilio, porque el Concilio Vaticano II, como ha dicho Paulo VI, es un desarrollo de la Tradición, porque la Tradición conciliar, que es más avanzada, ilumina la Tradición precedente. En cuanto a los documentos del Concilio, no convencen de la "continuidad" a quienes no están dispuestos (por diversos motivos) a convencerse.
4. "La continuidad no es manifiesta y quizás ni siquiera está realmente presente: los documentos del Concilio Vaticano II se ven constreñidos a ser explicados a posteriori como si estuvieran en continuidad, porque a priori no lo están, de hecho se prestan fácilmente a ser leídos y asimilados según a una lógica de la ruptura".
Respuesta. El Santo Padre ha afirmado que la continuidad existe y, por lo tanto, como buenos católicos debemos creer en las palabras del Papa. Es cierto que esta continuidad no es siempre perspicua, sino que en algunos casos debe ser demostrada. Este es el deber de los teólogos, pero el Papa mismo, si así lo considera, en los casos dudosos, puede mostrar esta continuidad con referencias a la doctrina de la Iglesia precedente.
5. "Quien no crea en las doctrinas del Concilio Vaticano II como en un dogma, cae en la herejía. Y los "lefebvrianos" "han caído en la herejía".
Respuesta. Las doctrinas del Vaticano II no contienen dogmas definidos, sino solamente implícitos, que en todo caso siguen siendo dogmas. Para que un dogma sea dogma, no hay necesidad de que la Iglesia lo defina como tal, sino que es suficiente con que se trate de una proposición que determina una verdad de fe, como interpretación eclesial de la divina Revelación, basada en la Escritura y la Tradición. Ahora bien, el dogma, definido o no definido, se opone a la herejía. En tal sentido, quien rechaza la dogmática del Concilio (aunque no esté definida), especialmente aquella de las Constituciones Dogmáticas, indudablemente cae en la herejía o al menos en el error próximo a la herejía o en la sospecha de herejía.
6. "O se cree en las doctrinas del Concilio Vaticano II como si fueran un dogma o no se es católico; quienquiera se permite disentir de este enunciado suyo (=del Padre Cavalcoli), "no ha entendido lo que Roma nos enseña", es decir, es un cretino".
Respuesta. No es un cretino; puede ser una persona inteligente y culta en el plano racional, pero es objetivamente (aunque quizás no subjetivamente) un hereje o un necio en el plano de la fe.
7. Belvecchio cita luego mis palabras: "Es en el hoy de la Tradición donde la sagrada Tradición se presenta con su máxima actual explicitación". Y dice: La "sagrada Tradición encuentra su máxima actual explicitación en el hoy de la Tradición", ya que, decimos nosotros, es bien sabido que existe un hoy de la Tradición, un ayer de la Tradición y un mañana de la Tradición, tales que la Tradición no es nunca siempre y sólo la "sagrada Tradición", sino una Tradición que es de hoy, de ayer o de mañana. Parece un juego de palabras, y en cambio no lo es, aquí el padre Cavalcoli afirma que cuanto más tiempo pasa, más la "sagrada Tradición" encuentra una "máxima actual explicitación", que será cada vez más máxima y cada vez más actual en directa correspondencia con el fluir del tiempo".
Respuesta. La Sagrada Tradición no es diferente ayer, hoy y mañana, como creen los modernistas, sino que es la misma de ayer, de hoy y de siempre como Cristo: heri, hodie et semper por cuanto respecta al significado de las proposiciones tradicionales, que sigue siendo siempre el mismo; en cambio (como dice san Vicente de Lerins) cambia y progresa con el tiempo nuestra comprensión de este mismo significado; y en tal sentido se da un desarrollo de la Tradición y, por tanto, del mismo dogma, que no tiene nada que ver con la concepción modernista del progreso dogmático, inspirada no por el Lerinense, sino por Hegel. Hay que decir además que tal comprensión no mejora automáticamente con el simple pasar del tiempo, como las manzanas que maduran a la luz del sol, sino gracias a la oración, al estudio perseverante y al esfuerzo mental de todos los fieles, con la asistencia del Espíritu Santo, en particular gracias a las indagaciones de los teólogos aprobadas por el Magisterio de la Iglesia.
8. "Este concepto (=la evolución de la Tradición, ver n.6) es uno de aquellos directamente tomados prestados del mundo moderno, según la enseñanza del Vaticano II: cada tiempo tiene su verdad. Una verdad que de algún modo tiene sus raíces en la oscuridad precedente y que encuentra su "máxima actual explicitación" sólo en el hoy de esta misma verdad. De hecho, un concepto un tanto críptico, pero que en última instancia explica que la "sagrada Tradición", que es la transmisión de la única enseñanza de Jesús, evoluciona con el tiempo, de modo tal que el "hoy de la Tradición" puede diferir continuamente del ayer de la Tradición en espera de que difiera ulteriormente en el mañana de la Tradición".
Respuesta. No sostengo en absoluto que la verdad de fe de hoy surja de una no mejor definida precedente "oscuridad", sino de un precedente menos perfecto conocimiento de la misma verdad. Por otra parte, está claro que la primera iluminación surge históricamente de la oscuridad, pero ahora la Iglesia desde hace dos mil años está en la luz de la fe. Quienes sostienen el origen del dogma desde la "oscuridad" o desde el "preconsciente" o desde una fantasmática "experiencia atemática preconceptual" son en cambio Rahner, Schillebeeckx y los modernistas, con los cuales no tengo nada que ver. Cada tiempo, entonces, tiene su verdad en el sentido de que la verdad de fe que percibimos hoy es más clara y más cierta y más precisa que la que percibimos ayer, no en el sentido de que lo que en materia de fe era verdad ayer sea falso hoy o sea diferente de hoy o viceversa. Esto último sería el evolucionismo modernista condenado por san Pío X; el otro modo de cambiar de la verdad corresponde por el contrario al proceso normal de la inteligencia humana que progresa en el conocimiento de la verdad. Como he dicho anteriormente, la Tradición de hoy difiere de la de ayer no en relación a los contenidos, sino en relación a nuestra comprensión de la Tradición, por lo cual el estadio al cual ha llegado nuestro conocimiento de la Tradición hoy es más avanzado o superior que el de ayer. En palabras simples: nosotros hoy conocemos mejor y con mayor precisión los mismos datos de la Tradición que ya conocíamos ayer. Ninguna ruptura, sino continuidad en el progreso.
9. "Tenemos la impresión de que el crescendo expresado por el padre Cavalcoli delata la sospecha, suya y de otros que razonan como él, de que Roma pueda realmente cortar la hierba bajo los pies y regularizar unilateralmente la Fraternidad "tal cual es", enviando al traste todas sus profundas consideraciones y destrozando sus artículos y sus libros".
Respuesta. No creo en absoluto que Roma tenga similares intenciones hacia vosotros. Roma es una Madre sabia, paciente, caritativa, justa, y que sabe esperar. Indudablemente, a los hijos obstinados les hace presente su terquedad. Si algunos de estos pretenden corregirla a Ella en lugar de corregirse ellos, no puede evidentemente consentirlo porque traicionaría el mandato que le ha confiado Cristo y se haría daño. Roma, como se ha expresado en varias ocasiones, tiene estima por los grandes valores humanos, morales y doctrinales -piénsese en los dogmas tradicionales y el sacerdocio, conservados en la Fraternidad de San Pío X-; pero precisamente por eso mismo sufre por la rebelión de estos hijos y por la injustificada obstinación con la cual rechazan las doctrinas del Concilio. Dado que estas doctrinas no son en absoluto herejías, como cree mons. Williamson, sino desarrollos de la tradicional doctrina de la fe y dado que la plena comunión con Roma está condicionada por la plena adhesión a la doctrina de la fe, no puedo sino recordar aquí por enésima vez las palabras del Papa: "Queridos hijos, si queréis estar en plena comunión con la Iglesia católica, debéis aceptar las doctrinas del Concilio". No son las doctrinas del Concilio las que tienen necesidad de ser corregidas, sino que el deber de corregirse acerca de estas doctrinas compete a vosotros, una vez que estéis convencidos, incluso por los mismos argumentos que les son ofrecidos por los teólogos romanos (entre los que me cuento), de que Roma tiene razón.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 29 de marzo de 2012

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum doctrinae Concilii Vaticani II possint reici sine haeresi

Ad hoc sic procediturVidetur quod doctrinae Concilii Vaticani II possint reici sine haeresi.
1. Quia Concilium novos dogmatos explicite non definivit, et ideo eius doctrinae non videntur habere necessitatem fidei, sed possunt disputari vel suspendi. Cum definitiones sollemnes desint, propositiones conciliares vim obligandi carere videntur et possunt in examen vocari.
2. Praeterea, continuatio cum Traditione non est semper perspicua, et documenta conciliaria facile ad interpretationes rupturas se praebent. Hoc ostendere videtur quod non obligant ut dogma, quia si vere dogmatica essent, continuatio manifesta esset et demonstratione non indigeret.
3. Item, quidam tenent Traditionem legendam esse ex se ipsa et non ex Concilio, quia Traditio est prior et superior omni concilio. Sic Vaticanum II iudicandum esset ex Traditione, non e contrario.
4. Denique, evolutio Traditionis videtur implicare quod unumquodque tempus habet suam veritatem, ita ut “hodie Traditionis” differre possit ab heri et cras, quod doctrinas conciliarias relativaret et permitteret eas reici tamquam expressiones momenti historici.

Sed contra, Papa Benedictus XVI affirmavit continuationem existere, et ideo, ut boni catholici, debemus eius verbis credere. Sanctus Vincentius Lirinensis docet dogma proficere in intelligentia, sed semper idem manere in significatione. Magisterium pontificium et Congregatio pro Doctrina Fidei confirmarunt doctrinas conciliarias esse authenticum progressionem Traditionis.

Respondeo dicendum quod qui doctrinas Concilii Vaticani II reicit, in haeresim cadit vel in errorem proximum haeresi. Quamvis Concilium novos dogmatos explicite non definiverit, eius doctrinae continent dogmata implicita, quia determinant veritates fidei innixas in Scriptura et Traditione. Dogma, sive definitum sive non definitum, opponitur haeresi. Continuatio doctrinalis, etsi non semper perspicua, tamen exstat et demonstranda est a theologis vel declaranda a Papa. Traditio non est legenda contra Concilium, sed ad lumen Concilii, quia hoc est progressus Traditionis, ut docuit Paulus VI. Sacra Traditio est eadem heri, hodie et semper, sed proficit in comprehensione eiusdem significationis per orationem, studium et assistentiam Spiritus Sancti, praesertim per indagationes theologorum a Magisterio approbatas. Non est progressus automaticus, sicut temporis fluxus, sed conatus spiritualis et intellectualis gratia illustratus. Ergo negare doctrinas conciliarias est negare ipsam Traditionem et a veritate catholica recedere.
Itaque, in definitiva, doctrinae Concilii Vaticani II accipiendae sunt tamquam dogma implicite, et earum recusatio constituit haeresim vel errorem proximum haeresi.

Ad primum dicendum quod, etsi Concilium novos dogmatos explicite non definivit, eius doctrinae sunt dogmaticae ut interpretatio authentica Revelationis, et ideo fide obligant.
Ad secundum dicendum quod continuatio, etsi non semper manifesta, tamen exstat et demonstranda est a theologis vel declaranda a Papa, nec potest negari sine errore.
Ad tertium dicendum quod Traditio est viva et eius progressus fit in conciliis, ita ut legenda sit ad lumen Vaticani II, quod eam explicuit et confirmavit.
Ad quartum dicendum quod Traditio non mutat in significatione, sed in comprehensione eiusdem significationis, secundum regulam sancti Vincentii Lirinensis, et non secundum conceptionem modernisticam a Hegelio inspiratam.
   
JG

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