¿Se puede servir a dos señores sin traicionar la verdad? ¿No es acaso la duplicidad del corazón la raíz de la hipocresía que Cristo denuncia con severidad? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo la oscilación voluntaria, la lengua bífida y la doblez son signos de pertenencia al maligno, mientras que la sinceridad y la franqueza son el único remedio contra la falsedad. ¿Qué sucede cuando el hombre pretende colocar a Dios junto a Mammón, como si pudieran coexistir dos Absolutos? ¿No es esta contradicción una negación del principio de no contradicción y una necedad que conduce a la perdición? Frente a la tentación de la doblez, se nos recuerda que sólo la fe firme, la lealtad y la transparencia salvan, y que incluso el combate contra el enemigo debe regirse por la justicia y la caridad. [En la imagen: fragmento de "Mammon", óleo sobre lienzo, 1885, obra de George Frederic Watts, conservado en el Tate Britain, Londres].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 25 de mayo de 2026
Los dos señores
Los dos señores
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 11 de junio de 2013. Versión original en italiano:
"No podéis servir a dos señores". ¿Qué quiere enseñarnos Nuestro Señor Jesucristo con este mandamiento? Debe ser coligado con el otro mandamiento: "Tu hablar sea sí sí, no no. El resto pertenece al diablo".
Cristo no prohíbe en modo absoluto la oscilación del pensamiento, porque pueden darse circunstancias objetivas en las cuales, con toda la buena voluntad, permanecemos en la duda y en la incerteza: no sabemos de qué lado elegir, "qué pez tomar", para expresarnos en lenguaje popular: por un momento nos parece que la verdad está de aquí, en otro momento nos parece que está de allá, y he aquí que de nuevo al momento siguiente volvemos a creer que está de aquí y así sucesivamente sin fin.
Ciertamente que es un sufrimiento. Quien ama la verdad no disfruta de estas situaciones, sobre todo si está en juego una cuestión de comportamiento moral. El resultado inevitable de nuestra conducta es la incoherencia. ¿Pero qué podemos hacer al respecto? No es culpa nuestra.
Cristo, por tanto, no puede mandarnos que evitemos un defecto que no depende de nuestra voluntad evitar.
Él, por lo tanto, se refiere a otra cosa: a una oscilación voluntaria y maligna. Es aquella que se llama ambigüedad, doblez, deslealtad y falsedad. Metafóricamente se denomina "lengua bífida". Y los que la tienen, son parangonados a las serpientes, por la contorsión o sinuosidad infiel y traidora de su proceder, un término usado por Cristo mismos contra sus enemigos y detractores. Es esa hipocresía, de la cual a menudo Cristo acusa a sus enemigos.
Estas personas, presuntuosas y envidiosas, te hacen daño sin querer hacerlo aparecer, haciéndote sentir culpable sin que tú lo seas, tramando contra ti con aire inocente y bien educado, de hecho, escuchándolos hablar en nombre de la verdad, de la justicia, del amor, de la obediencia y de valores similares: "veneno de áspid bajo los labios", como dice la Escritura.
Insinúan un insulto, pero si pides una aclaración, dan marcha atrás y se ofenden. Te acusan sin decirte de qué y por qué, por lo cual no tienes la posibilidad de defenderte. Parecen angelicales y son diabólicos. Invocan valores aplicándolos al revés, tienen un tono dulce y mientras tanto te apuñalan. Parecen afirmar una cosa, pero dejan entender que quieren decir lo contrario. Te dan la razón pero quieren hacerte entender que estás equivocado. Te proponen una meta correcta junto con la vía incorrecta para alcanzarla. Se consideran prudentes y son astutos, parecen dulces y son crueles. Se insinúan con aparente gentileza y caridad y te toman por sorpresa cuando menos te lo esperas, y a tu reclamo o queja, se asombran como inocentes corderos, de hecho se indignan de tu desconfianza. Te ponen una trampa y se sorprenden si te ofendes.
Cristo se la ha tenido que ver con personas de este tipo, y también nosotros debemos estar listos para encontrarlos, si queremos seguir al Señor. Con estas personas Jesús es muy severo, porque su pecado es consciente, calculado, sistemático, obstinado, determinado. Son esas mismas personas que serán la causa de su muerte.
Con ellos toda la habilidad pastoral de Jesús, todo su testimonio, toda su caridad, todos los milagros, toda su misericordia y apertura al diálogo no sirvieron para nada. Da que pensar en aquellas personas a las cuales un día Cristo Juez dirá: "¡Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles!". Y esto es porque ellos han querido pertenecer al diablo antes que a Dios, como de hecho resulta de las palabras de Cristo citadas anteriormente, por las cuales quien no es leal y límpido en el hablar, pertenece al diablo.
¿En qué consiste, entonces, el servicio a dos señores? Cristo no niega la posibilidad, en general, de orientar nuestra vida a dos fines: vemos cómo Él resume toda la moral en los dos mandamientos del amor a Dios y al prójimo; vemos cómo Él manda dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pero aquí queda un fin supremo, o sea Dios, mientras que el otro es subordinado. Por lo tanto, queda un fin único y último que es Dios y todo lo demás, por importante que sea, debe estar ordenado a Dios.
En cambio, en la prohibición de servir a dos señores, está en juego la cuestión del fin último y absoluto, el cual no puede ser sino absolutamente único: es, si queremos, una referencia al monoteísmo veterotestamentario: ningún otro Dios puede estar al lado de Yahvé.
El puesto de Dios no puede sino ser ocupado por Dios. Desde un punto de vista filosófico podemos decir que efectivamente dos Absolutos no pueden existir y, por lo tanto, es absurdo pensar en servir a ambos. En efecto, para distinguirlos sería necesario que uno no tuviera aquello que tiene el otro. Pero como el Absoluto debe tenerlo todo, el verdadero Absoluto no puede sino ser uno solo. Esto de por sí es perceptible por la sola razón. Si los antiguos sabios hubieran meditado bien sobre esto, incluso sin la Biblia habrían evitado el politeísmo.
Con todo esto, permanece en el hombre pecador la tentación de servir a dos señores, dos Absolutos, dos Dioses: "Dios y Mammón", que es el símbolo de las riquezas: el Dios verdadero y un Dios falso. Sin embargo, no basta con servir al Dios verdadero si luego lo ubicamos al lado de un Dios falso, que puede ser muchas cosas: nuestro yo, algún otro valor, el mundo, el demonio.
Todos estamos realmente tentados a hacer este juego desafortunado, porque, si por una parte escuchamos el llamado de Dios, por la otra, después del pecado original, Satanás continúa ejerciendo una maldita atracción sobre nosotros, de la cual no es fácil sustraerse.
De tal manera, existen filosofías que de algún modo justifican esta duplicidad atenuando la distinción entre ser y no ser, entre verdadero y falso, entre bien y mal, para así poder de alguna manera obtener, si se me permite expresarme así, las "ventajas" del uno y del otro, sin reflexionar sobre la infinita necedad de tan condenable operación.
La doblez, o bien el querer servir a dos señores, también va en contra del principio de no contradicción, que es también patrimonio fundamental de la razón natural, aquí confirmado por el divino Maestro. De hecho, la duplicidad implica la vulneración de este principio con la pretensión de dar curso a algo y al mismo tiempo a su contrario, como aparece evidente de los ejemplos que he reportado anteriormente.
¿El remedio para la doblez? La sinceridad, la linealidad, la limpidez, la franqueza, la claridad, la transparencia, la honestidad, la lealtad. Lo cual no significa una imprudente ingenuidad y no excluye el recurso a oportunos expedientes o, como dicen los franceses, escamotages. Es necesario prudencia, circunspección y previsión. Jesús también menciona a la serpiente como modelo de prudencia, sin embargo junto a la simplicidad.
Como dice el Salmo: "Con el hombre bueno tú eres bueno, con el hombre recto tú eres recto, con el puro tú eres puro, con el perverso tú eres astuto", pero siempre en la franqueza y en la honestidad. Es necesario defendernos. Pero incluso el combate, la buena batalla, aunque sea dura, tiene sus reglas de justicia y de caridad.
A veces es necesario esconderse del enemigo, no está prohibido engañarlo por legítima defensa, pero nuestro objetivo debe ser siempre el de salvar los verdaderos valores y de instar al mismo enemigo, si nos escucha y en la medida de lo posible, a la conversión.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 11 de junio de 2013
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum possibile sit servire duobus dominis
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod possibile sit servire duobus dominis.
1. Quia Christus praecipit dare Caesari quae sunt Caesaris et Deo quae sunt Dei, quod videretur admittere duos fines distinctos et duos dominos quibus servire, ita ut homo vitam suam ad utrumque sine contradictione ordinare possit.
2. Praeterea, vita humana saepe invenitur in oscillatione et dubitatione, ita ut videatur inevitabile mores ad duas partes secundum circumstantias dirigere, et sic duplicitas esset factum naturale et non culpabile.
3. Item, quidam philosophi tenuerunt quod potest attenuari distinctio inter esse et non esse, inter verum et falsum, inter bonum et malum, ita ut ex utroque commodum capiatur; quod videretur duplicitatem ut rem practicam iustificare.
4. Denique, prudentia interdum suadet agere cum duplici consilio, intentionem veram occultando, ad defendendum se ab hoste vel ad maius bonum consequendum; ergo servire duobus dominis posset esse admittendum in quibusdam casibus ut strategia legitima.
Sed contra est quod Dominus dicit: Non potestis servire duobus dominis (Mt 6,24). Et iterum: Sit sermo vester est est, non non; quod amplius est, a malo est (Mt 5,37). Psalmus docet: Cum sancto sanctus eris, et cum viro innocente innocens eris, et cum electo electus eris, et cum perverso perverteris (Ps 18,26). Principium non contradictionis, patrimonium rationis naturalis, confirmat quod non potest simul affirmari et negari idem. Magisterium commemorat finem ultimum hominis esse Deum, et omnia alia ad ipsum ordinanda.
Respondeo dicendum quod servire duobus dominis est impossibile, quia finis ultimus et absolutus solum unus esse potest, et hic est Deus. Duo Absoluta existere non possunt, quia ad distinguendum inter ea necesse esset ut unum careret eo quod alter habet, quod repugnat ipsi rationi Absoluti. Quapropter qui vult servire Deo et Mammonae, Deo vero et falso deo, incidit in contradictionem et stultitiam. Duplicitas est hypocrisis, lingua bifida, falsitas conscia et obstinata, quam Christus graviter increpat. Tales homines dulcedinem et iustitiam simulant, sed nocent astutia crudeli, valores evertendo et dolo agendo. Similes sunt serpentibus, venenum sub labiis habentibus, et erunt causa mortis Christi. Tentatio servire duobus dominis provenit ex peccato originali et ex attractione diaboli, qui hominem a sinceritate et rectitudine abstrahere conatur. Remedium est fidelitas, perspicuitas, claritas et honestas, cum prudentia christiana coniuncta, quae scit se defendere ab hoste sine veritate aut caritate prodenda. Etiam pugna contra hostem debet regi iustitia et caritate; et si aliquando requiritur occultatio aut defensio legitima, numquam implicare debet duplicem finem, sed semper custodiam verorum valorum et invitationem ad conversionem. Ergo fides solida et rectitudo cordis sunt necessariae ad salutem, dum duplicitas et servitus duobus dominis ducunt ad ignem aeternum diabolo et angelis eius praeparatum.
Unde, in definitiva, non est possibile servire duobus dominis; solus Dominus est Deus, et omnia alia ad ipsum ordinanda. Duplicitas est peccatum et perditio; sinceritas et firmitas in fide sunt salus.
Ad primum dicendum quod dare Caesari quae sunt Caesaris non significat eum servire ut finem ultimum, sed ordinare temporalia ad Deum; non ergo sunt duo domini absoluti, sed unus solus.
Ad secundum dicendum quod oscillatio involuntaria est passio humana, sed non constituit servitium duobus dominis; duplicitas voluntaria et mala, e contra, est et repudianda.
Ad tertium dicendum quod philosophiae quae attenuant distinctionem inter esse et non esse, inter bonum et malum, incidunt in contradictionem et stultitiam, quia Absolutum duplicem non admittit.
Ad quartum dicendum quod defensio legitima potest uti expedientibus prudentiae, sed numquam implicat servitium duobus dominis; prudentia christiana semper cum sinceritate et caritate coniungitur.
JG
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