
¿Está el Papado llamado hoy a vivir su propia crucifixión en medio de una Iglesia con divisiones y una humanidad en ruinas? ¿No es acaso la visión de Fátima y del Apocalipsis un espejo de nuestro tiempo, donde el Papa sube entre cadáveres hacia la cruz acompañado de pocos fieles? ¿Qué significa que la misericordia se haya convertido en un río desbordado, mientras el modernismo y el pasadismo penetran como metástasis en el cuerpo eclesial? ¿Puede el Dicasterio para la Doctrina de la Fe seguir guardando silencio, confiando sólo en la Providencia, cuando la verdad parece sofocada por la tibieza y la confusión? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli invita a contemplar el misterio del Papado sufriente, a sostener al Santo Padre en su cruz y a discernir, con esperanza escatológica, lo que en la modernidad se concilia con Cristo y lo que debe ser rechazado para que la Iglesia permanezca fiel a su misión de luz del mundo y sal de la tierra. [En la imagen: el Santo Padre León XIV durante una celebración en la pasada Cuaresma].
El Papado crucificado
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 9 de junio de 2023, en el blog L’Isola di Patmos. Versión original en italiano:
"Sus cadáveres yacerán expuestos en la plaza de la gran ciudad,
llamada simbólicamente Sodoma y también Egipto,
allí mismo donde el Señor fue crucificado" (Ap 11,8).
"Es a causa de las divisiones internas de la Iglesia Católica que se dan estos hechos y no llegan a denunciarse las herejías, como se debería hacer, salvo por parte de verdaderos pastores y teólogos, como el autor del artículo. Lo importante es estar en paz fraterna.
Ahora es más importante ayudar materialmente a la humanidad, en sus vicios y debilidades pecaminosas; la misericordia en los tiempos que vivimos es un río en crecida, que está inundando las orillas y me pregunto: ¿los líderes de la Iglesia Católica Apostólica Romana están listos para actuar en las esclusas para contener las inundaciones?
Al ángel de la Iglesia de Laodicea Juan en el Apocalipsis escribe 'Estas cosas dice el amén, el testigo fiel y veraz, el principio de las cosas creadas por Dios. Tus obras me son conocidas, ya que no eres ni frío ni caliente: oh, si fueras frío o caliente: pero como eres tibio, y no frío ni caliente, comenzaré a vomitarte de mi boca' (Ap 3,14).
Nadie habla, todo el mundo está petrificado, sólo su blog informa, instruye y enciende discusiones y críticas. ¿Existe todavía la Congregación para la Doctrina de la Fe? Si es así, ¿por qué no interviene en estos casos, y corrige los errores que se vienen cometiendo, negándolos, y reiterando la verdad absoluta? Por casualidad... ¿no estarán usando también el lema "¿Quién soy yo para juzgar"?… ¡Cristo vence! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera!" (Giaccomo N.)
Dijo Sor Lucía de Fátima: "...vimos a un a un Obispo vestido de Blanco, hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones".
El comentario de Giacomo me da la oportunidad de responderle con un verdadero y propio artículo. Mi pensamiento se dirige a la revelación del tercer secreto de Fátima que hizo el cardenal Tarcisio Bertone en nombre del papa Benedicto XVI hace algunos años. Tenemos el cuadro de una humanidad y de una Iglesia sufrientes y en los extremos, y habría casi que decir destruida. Una de las obras de misericordia que encontramos en el Catecismo de san Pío X es: "Orar por los vivos y por los difuntos". Y eso es lo que el Papa, en la visión, está haciendo. Él junto a los pastores de la Iglesia, sube fatigosamente en medio de los cadáveres a un monte, donde hay una gran cruz. El Papa se arrodilla y es asesinado allí.
No se trata, evidentemente, de la visión ilusoriamente optimista de la Iglesia propuesta por el cardenal Carlo Maria Martini. Se trata en cambio del cuadro realista que, desde los tiempos del beato papa Pablo VI, (el "humo de Satanás" penetrado en la Iglesia), nos han entregado los Papas hasta Benedicto XVI, quien ha hablado de una "crisis generalizada de la fe". El Papa actual no tiene esos tonos alarmados y dramáticos, para no crear más desconcierto y angustia. Como una madre tierna, quiere mostrarse sereno, confortante y optimista para no desanimarnos. Pero él sabe mejor que nosotros lo que está sucediendo.
El aspecto dramático de la situación puede ser mejor comprendido comparándola con la visión del tercer secreto de Fátima, y con Ap 11,1-13, donde habla de "dos testigos" (símbolo de los pocos verdaderos católicos que permanecen fieles al Papa), los cuales serán martirizados junto con el Papa por una enorme multitud de apóstatas enfurecidos, pero que luego se levantarán victoriosos, ya que portae inferi non praevalebunt contra la Iglesia.
El papa Francisco se esfuerza por captar los aspectos positivos de la modernidad, condenando ciertamente los errores y los pecados, pero sobre todo practicando la misericordia en todos los ámbitos, persuadiendo sin connivencias y corrigiendo a los errantes con amor, porque está convencido de que esta pobre humanidad, más que malvada, es desgraciada, desafortunada. He aquí que está, pues, siguiendo el ejemplo de Cristo, para "no romper la caña partida ni apagar la mecha humeante" (Mt 12,20). Para el Santo Padre, no se trata tanto de ser enviado a prisión, sino de ser enviado al hospital.
Como a san Juan XXIII, en su famoso discurso de apertura del Concilio Vaticano II, del 11 de octubre de 1962, a este Papa no le complacen las "sugerencias de ciertas personas, aunque ardientes de celo, pero no dotadas de un sobreabundante sentido de la discreción y de la mesura. En los tiempos modernos esas personas no ven más que prevaricación y ruina". También el papa Francisco "parece tener que estar en desacuerdo con estos profetas de desventura, que anuncian eventos siempre infaustos, casi como si el fin del mundo fuera inminente". Obviamente, el papa Francisco sabe que el fin del mundo tendrá que llegar, pero no considera que el presente sea el momento. Más bien se trata de llevar a cumplimiento la obra reformadora del Concilio.
Sin embargo, el papa Juan, quien, como es sabido, esperaba un "nuevo Pentecostés", no previó la incomprensión de su discurso, el malentendimiento de sus palabras. De hecho sucedió, desde los años del inmediato post-concilio, que el encuentro o confrontación con la modernidad, promovido por el Papa y por el Concilio, no fue entendido en el sentido correcto, es decir, como asunción crítica de los valores de la modernidad a la luz del Evangelio, sino como absolutización idolátrica y acrítica de la modernidad y eligiendo, en el Evangelio, interpretado a la manera protestante, sólo lo que es compatible con la modernidad así entendida.
Al mismo tiempo, y con perversa coherencia lógica, siempre por una incomprensión de las palabras del Papa, se renunció a contrastar y rebatir los errores de la modernidad, los cuales en cambio, con incalificable ingenua credulidad o refinada astucia, eran llevados a las estrellas como profecías de los nuevos tiempos, como si la Iglesia del pre-concilio se hubiera equivocado al condenarlos. No se necesitaba nada más para un renacimiento en gran estilo del modernismo, algo ya denunciado en 1966, aunque lamentablemente en vano, por Jacques Maritain, quien habló del modernismo actual como una "pulmonía" frente al modernismo simple "resfrío" de los tiempos de san Pío X.
A estas alturas, el modernismo ha penetrado de tal modo en el campo de la teología y en la publicística católicas, en las diócesis, en los institutos religiosos, en los institutos académicos de la Iglesia, en la jerarquía, en la Santa Sede y entre los colaboradores del Sumo Pontífice, que la Congregación para la Doctrina de la Fe se encuentra ahora frente a una alternativa dramática, nunca antes verificada en toda la historia de la Iglesia. Ha perdido el control de la situación, como si diez policías de tráfico urbano, ellos solos, tuvieran que regular el tráfico en Roma. Para algunos teólogos de vanguardia, la Congregación para la Doctrina de la Fe es un foco de reaccionarios, que debería ser cerrado y reemplazado por el ecumenismo dirigido por el cardenal Walter Kasper, llamado al servicio.
Por no haber intervenido a tiempo, hace unos cincuenta años, a causa de imprudentes dilaciones, minimizaciones y tergiversaciones, por una excesiva indulgencia, falta de vigilancia, de perspicacia y de coraje, los obispos han permitido al modernismo invadir la Iglesia como una especie de metástasis. En la ya numerosa cantidad de artículos encerrados en nuestros dos años de vida en el archivo de La Isola di Patmos, el Padre Ariel ha firmado varios escritos en los que explica e insiste en el principio del "tumor con las metástasis esparcidas en el Cuerpo del Iglesia". Asimismo yo, de manera diferente pero con la misma sustancia de fondo, he escrito varios artículos para explicar este problema. Y esto porque ambos somos conscientes de la presencia, de los efectos y sobre todo de los frutos de este cáncer.
Actualmente solo habría dos alternativas: o proceder de acuerdo con el derecho canónico, pero entonces sería necesario procesar y censurar a decenas, por no decir a centenares de personas, entre prelados, docentes, teólogos, religiosos y sacerdotes en todo el mundo; o bien renunciar a intervenir confiando en la Divina Providencia.
Dejemos que el trigo y la cizaña crezcan juntos en espera del Día del Juicio, o de tiempos mejores. "Que el pecador siga pecando, y el que está manchado se manche más aún; que el hombre justo siga practicando la justicia, y el santo siga santificándose" (Ap 22,11).
La Congregación para la Doctrina de la Fe ha elegido este segundo camino. De ahí su ausencia de intervenciones durante algunos años. Dado que la situación es humanamente insoluble, no queda más que confiar en la ayuda del Señor y en la intercesión de la Virgen y de los Santos, sobre todo de santo Tomás de Aquino.
No es casualidad que nuestra revista online de teología eclesial y actualización pastoral haya sido llamada L’Isola di Patmos, recordando así el lugar de la última revelación, donde el apóstol Juan, exiliado, escribió el Apocalipsis. Incluso el nombre y el subtítulo escogidos por nosotros contienen ya una explicación, pero sobre todo un mensaje teológico y escatológico de esperanza; precisamente esa esperanza que tratamos de transmitir y contagiar ante una situación aparentemente insoluble.
Ayudemos al Santo Padre, no lo dejemos solo para llevar la cruz, evitemos esas críticas acerbas, presuntuosas, injustas y farisaicas, que al fin de cuentas no producen nada, salvo odio, desconcierto y desobediencia; y, por otra parte, evitemos instrumentalizar, con una falsa interpretación aduladora, sus palabras para nuestros intereses mundanos y recordémonos más bien la "suerte que los hipócritas se merecen" (Mt 24,51).
P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 9 de junio de 2016
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Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Papatus contemporaneus sit vocatus ad crucifixionem in medio crisis Ecclesiae,
vel debeat redire ad stilum disciplinarium praeconcilii
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod remedium crisis sit redire ad stilum disciplinarium praeconcilii, excommunicando et censurando centena praelatorum, theologorum et religiosorum.
1. Quia modernismus in omnes gradus Ecclesiae tamquam metastasis penetravit, et sola purificatio radicalis per sanctiones eum extirpare posset.
2. Praeterea Dicasterium pro Doctrina Fidei regimen rei amisit, et nisi procedatur cum censuris massicis, veritas doctrinalis suffocata remanebit.
3. Item misericordia pastoralis Papae, quae tonos alarmantes vitat, debilitas videri posset, et sine severis disciplinarum mensuris Ecclesia in confusionem laberetur.
4. Denique historia ostendit Pontifices praeteriti errores explicite damnasse; si hodie ab hoc receditur, videretur Ecclesia suae missionis custodiendi veritatem abdicare.
Sed contra est quod Apocalypsis describit duos testes qui cum Papa martyrizabuntur, sed postea resurgent, quia portae inferi non praevalebunt adversus Ecclesiam. Soror Lucia Fatimensis vidit Papam inter cadavera ascendere ad crucem et interfici. Apostolus Paulus hortatur ut iustus in iustitia perseveret et sanctus sanctificetur. Sanctus Pius X modernismum ut synthesis omnium haeresum denuntiavit, sed etiam docuit Ecclesiam in Christo confidere debere.
Respondeo dicendum quod Papatus contemporaneus vocatur ad crucifixionem, non ad stilum disciplinarium praeconcilii reproducendum. Visio Fatimensis et Apocalypsis ostendunt Papam inter cadavera ad crucem ascendere, paucis fidelibus comitatum, et interfici. Crisis est realis et dolorosa, sed non solvitur excommunicationibus massicis, quae solum odium et perturbationem generarent. Dicasterium pro Doctrina Fidei optionem fecit fiduciae in Providentia, permittens triticum et zizaniam simul crescere usque ad iudicium. Papa, exemplo Christi sequens, suam missionem pastoralem cum misericordia exercet, persuasus humanitatem magis miseram esse quam malam. Contra metastasim modernismi, remedium non est repressio indiscriminata, sed Papam in cruce sustinere, fidelitatem Ecclesiae vivere, orationem et vitam sacramentalem colere, crucem accipere. Sic mandatum Christi implebitur ut simus lux mundi et sal terrae, et Ecclesia, quamvis crucifixa, victoriosa resurget.
Conclusio: In medio crisis praesentis, crucifixio est vera conditio Papatus et Ecclesiae per penetrationem modernismi et teporem doctrinalem; remedium autem non est redire ad stilum disciplinarium praeconcilii, sed Papam in sua missione pastorali patienti sustinere, fiduciam in Providentia et in victoria finali Christi ponendo.
Ad primum dicendum quod modernismus gravis est, sed repressio indiscriminata eum non extirpat; Ecclesia discernere et in Providentia confidere debet.
Ad secundum dicendum quod Congregatio pro Doctrina Fidei, quamvis debilitata, suae missionis non abdicat, sed tempus Dei exspectat.
Ad tertium dicendum quod misericordia pastoralis Papae non est debilitas, sed virtus evangelica, quae scandalum et desperationem vitat.
Ad quartum dicendum quod damnationes praeteritae in suo contextu necessariae fuerunt, sed hodie signum est crucifixio Papatus, quae fidelitatem Ecclesiae in medio probationis manifestat.
JG
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