¿Es posible que un encuentro interreligioso, abierto incluso a ateos y agnósticos, sea al mismo tiempo testimonio de la superioridad silenciosa del cristianismo? ¿No es paradójico que la paz verdadera requiera a veces la espada de la buena batalla contra la injusticia y la corrupción de la religión? Este artículo muestra cómo Benedicto XVI, en continuidad con la doctrina de la Iglesia, ha sabido conjugar la apertura al diálogo con la firmeza de la verdad, distinguiendo entre la religión natural y la revelada, y disipando los temores de relativismo. ¿No es acaso significativo que Asís, con su carisma franciscano de paz y mansedumbre, se convierta en escenario donde Roma emerge luminosa sobre las demás religiones y culturas? Frente a los riesgos del indiferentismo y del buenismo, se nos recuerda que la verdadera paz se edifica en la justicia y en la comunión con Dios. [En la imagen: una vista de la Basílica Patriarcal de San Francisco, situada en Asís, en la región italiana de Umbría].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 18 de mayo de 2026
Después de Asís
Después de Asís
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 1 de noviembre 2011. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/dopo-assisi-di-pgiovanni-cavalcoli-op/)
Como sabemos, el encuentro de Asís ha tenido una resonancia mundial, tanto como para atraer el interés y la aprobación del Presidente de los Estados Unidos, Obama, quien ha hecho llegar al Papa una significativa carta, en la cual se cita explícitamente el valor unificador, humanizador y pacificador de la "fe" religiosa.
Como también ha señalado la prensa internacional, el enfoque que el papa Benedicto XVI ha querido dar a esta última edición del encuentro de Asís, ha tenido, con respecto al primer encuentro ideado por el beato papa Juan Pablo II en el año 1986, un carácter acentuadamente menos religioso y más marcadamente humanista, en el sentido de que el Papa ha querido invitar no sólo a hombres religiosos o explícitamente creyentes, sino también a intelectuales o filósofos de probada seriedad cultural, pero ajenos al interés religioso o teísta, tanto que los periodistas han hablado de "ateos" y de "agnósticos".
En realidad, el Papa ha hablado más bien de personas "en la búsqueda de la verdad", que es otra cosa distinta, aunque esta búsqueda pueda existir también en quienes, como dice la Lumen Gentium (n.16) del Concilio Vaticano II, "no han llegado todavía a un conocimiento explícito de la existencia de Dios". Pero incluso éstos, si están en buena fe y siguen el dictamen de la recta conciencia natural, realizan, en virtud de la acción de la gracia de la cual ellos no son conscientes, una relación positiva y salvífica con Dios, conocido no por Sí mismo y en Sí mismo, sino a través del prójimo y en el prójimo, hacia el cual ellos pretenden actuar con honestidad y justicia. En efecto, como explica Cristo en el cap. 25 de Mateo, estas personas sirven a Cristo sin saberlo y en la resurrección de los justos en el Último Día recibirán, aunque con sorpresa, el premio eterno.
Quien busca sinceramente y con coherencia la verdad, la justicia, la honestidad, la paz, la realización de la dignidad humana, el bien común de la sociedad, incluso con sacrificio y sufriendo personalmente, por eso mismo busca a Dios, incluso si cree ser un ateo o un agnóstico o bien de esas maneras es calificado por los demás. A la inversa, puede haber quienes, aunque sabiendo bien que Dios existe y que, de hecho, se ha encarnado en Cristo, sin embargo ponen en primer lugar sus propios intereses, no se preocupan por obedecer la ley divina, instrumentalizan la religión en aras del éxito o del poder o incluso la toman como pretexto para ejercer violencia y opresión sobre los otros.
Pues bien, éstos últimos, y el papa Benedicto XVI en aquella ocasión lo hizo entender claramente, no pueden ser parte de los encuentros de Asís, y son ciertamente reprobables delante de Dios, mientras que los personajes del primer tipo, aunque aparentemente impíos e irreligiosos, en realidad son aceptos a Dios y están en comunión con Él, aún cuando no lo sepan o no lo comprendan con claridad y certeza. Se trata siempre de la tan mentada historia evangélica del fariseo y del buen samaritano o del fariseo y del publicano.
El Papa, por otra parte, para evitar cualquier equívoco, ha dicho claramente que no sólo destruye al hombre la violencia perpetrada en nombre de la religión, sino también aquella llevada a cabo en nombre del ateísmo, vinculándose así con la famosa y muy fuerte condena del ateísmo presente en las enseñanzas del Concilio Vaticano II. E incluso si bien el comunismo no ha sido mencionado, no es difícil ver aquí el comunismo ateo, pero no solo esto, ya que en la actualidad lamentablemente existen muchas formas de ateísmo, como por ejemplo la nihilista, la escéptica, la existencialista, la evolucionista, la positivista y la freudiana.
Indudablemente también el agnosticismo, o sea el no pronunciarse acerca de la existencia de Dios, el evitar tocar la cuestión o incluso la indiferencia ante el hecho de que exista o no, no es objetivamente un fenómeno positivo y no puede no suscitar preocupación, aun cuando no pueda ser excluido del todo -es necesario ver caso por caso- que esta actitud mental, que puede parecer perezosa y oportunista, pueda esconder, más allá del aspecto explícito, una real relación con Dios, quizás mal conceptualizado o no del todo consciente.
Naturalmente, el pacifismo predicado por el Papa no debe ser confundido con ese otro pacifismo cualunquista, indiferente, relativista y cobarde que más tarde acaba cediendo a la prepotencia de los violentos renunciando a una legítima defensa de sí mismos y de los oprimidos. A tal respecto es necesario decir que si la religión es incompatible con la violencia, no lo es con un justo uso de la fuerza, ya se trate de la coerción ejercitada por la autoridad pública o de la legítima defensa, sea pública -la así llamada guerra justa- o privada, ya que, si la violencia es injusticia, en casos extremos se puede dar un moderado uso de la fuerza, que es justicia.
Ahora bien, sabemos bien cómo la justicia corresponde a un preciso mandamiento divino y, por lo tanto, en este sentido, no sólo la religión es compatible con un justo uso de la fuerza, sino que en las debidas circunstancias y dentro de los justos límites, lo prescribe. Y lo prescribe precisamente como defensa contra los enemigos de la paz y para obtener una justa paz, ya que, en este sentido, se puede decir, aunque esto pueda parecer paradójico, que en la vida presente, considerando las consecuencias del pecado original, el uso de la fuerza es inseparable de la justicia y de la paz, no porque deba ser puesto al mismo nivel, sino precisamente, como ya he dicho, como condición para la existencia de una paz segura y bien defendida.
Pasando al plano religioso, hay que recordar entonces que Jesús, aunque sin duda sea el Príncipe de la paz y nos dona esa paz que el mundo no puede dar, al mismo tiempo Él dice que no ha venido a traer la paz, sino "una espada" (Mt 10,34). Esto evidentemente no significa una impensable contradicción en las palabras de Nuestro Señor, sino que es una referencia a aquello que san Pablo llama "buena batalla", y que consiste en la energía necesaria para oponerse a los corruptores de la religión, a los injustos y a los falsificadores del concepto de Dios, así como consiste en la fortaleza necesaria para soportar los insultos de los enemigos de Dios hasta el punto, si fuera necesario, del martirio.
Ciertamente, este último encuentro de Asís no ha excluido del todo la oración y el Papa ha hecho justamente el elogio de la religión como principio de verdad, como factor de justicia, de paz, y de humanismo. Sin embargo, como era de esperar y como era justo que fuera en esta particularísima circunstancia, el Papa, precisamente ese Joseph Ratzinger que, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó el famoso documento Dominus Iesus sobre el primado del cristianismo sobre las otras religiones y sobre Cristo único Salvador, se ha abstenido completamente de hacer la apología y la exaltación de su fe de católico y aún más de Sucesor de Pedro, refiriéndose por lo tanto, así al menos me parece debe entenderse, no a la religión sobrenatural o revelada o "positiva", basada en una fe, como es el cristianismo, sino como son también las otras religiones como el judaísmo, el islamismo, el brahmanismo o el budismo, dotadas de una literatura sagrada, sino a la religión natural, fruto de la simple razón y por lo tanto patrimonio de hecho o de derecho común a la entera humanidad, en cuanto el hombre es por esencia, como bien sabemos por Aristóteles, animal racional.
Después de todo, la religión natural, sabiamente teorizada por santo Tomás de Aquino en la famosa Summa Theologiae (II, qq.81-100), es el presupuesto de la religión revelada, así como el buen funcionamiento de la razón es el presupuesto para el ejercicio de la fe teologal o de la fe católica.
La razón natural conduce de por sí al descubrimiento de la existencia de Dios, partiendo de la experiencia de las cosas, del mundo y de sí mismo, como enseña la Escritura (Rom 1,20 y Sab 13,5), enseñanza reiterada muchas veces por el Iglesia, en particular en el Concilio Vaticano I. De ahí el hecho de que todos los hombres, en la medida en que ejercitan la razón, saben que Dios existe, son naturalmente "monoteístas", aunque de hecho a menudo, sobre todo en la antigüedad, la religión esté contaminada por el politeísmo, por el panteísmo, por el animismo, por el animalismo, por la idolatría, por la superstición y por la magia. Y esta conciencia, quizás oscura e implícita de la existencia de Dios y de una relación con Él (positiva o negativa), también es atestiguada por el Evangelio, donde en Mateo cap. 24 Cristo dice que todos los hombres deberán presentarse ante su tribunal.
En base a estas consideraciones, creo que las preocupaciones de ciertos católicos de que el Papa, con estas iniciativas, pueda estar cediendo al relativismo, al subjetivismo, al oportunismo o al indiferentismo, pueda estar olvidando el primado y la universalidad de la religión cristiana o las exigencias de la verdad, pueda estar creando confusión y escepticismo, debilitando el impulso misionero, descendiendo a compromisos con el buenismo rahneriano y modernista, pues bien, estoy convencido de que todas estas preocupaciones son infundadas, aunque sé muy bien que incluso un Papa en una iniciativa pastoral y de esto es de lo que estamos hablando, también puede cometer errores.
Sin embargo, para disipar tales temores inconsistentes, aún cuando fueran tomados en consideración, creo que pueden servir, además de las otras consideraciones ya hechas, también las siguientes: ¿Quién ha tenido la idea del encuentro? ¿Con quién se reunieron los invitados? ¿Quién ha tenido la función preeminente y directiva? ¿Quién ha elegido a los invitados? ¿Dónde se ha llevado a cabo el encuentro? ¿Quién ha decidido el programa?
El lector inteligente comprende de inmediato, respondiendo espontáneamente a estas preguntas, cómo al fin de cuentas, en el encuentro de Asís, Roma haya emergido luminosamente sobre todas las otras religiones mundiales y también sobre la cultura internacional representada por eminentes personalidades pertenecientes a esas religiones y a esa cultura. Por lo tanto, el papa Benedicto XVI no ha tenido necesidad de hacer especiales discursos sobre la superioridad del cristianismo, sino que silenciosamente y significativamente ha demostrado tal superioridad con todo el conjunto de los hechos antes mencionados, que constituyen la respuesta implícita a las antes mencionadas preguntas.
Finalmente, una última observación: el lugar de encuentro: Asís, que indudablemente emana un extraordinaria fascinación espiritual ligado como está al conocidísimo carisma franciscano Pax et Bonum, don del Espíritu Santo, cuyos efectos santificantes operan en ese sagrado lugar desde hace ocho siglos. La irradiación espiritual que desde hace tanto tiempo emana de este lugar santo no puede no haber tenido una función significativa respecto al buen resultado del encuentro y por ello todos nosotros los católicos debemos agradecer a nuestros hermanos franciscanos los cuales, en todo el mundo, nos dan el ejemplo de esa mansedumbre que es predicada por Nuestro Señor, y de esa capacidad de diálogo y de convivencia con miembros de otras religiones como por ejemplo la islámica. De hecho, pensemos, por ejemplo, en el hecho de que la Orden de San Francisco desde su fundación convive pacíficamente y bien acogida, no obstante tantos sufrimientos, en Tierra Santa junto a Judíos y Musulmanes. Por eso queremos encomendar a la intercesión del Santo de Asís nuevas inspiraciones para la edificación de la paz en la verdad y en la justicia para la Iglesia y para la sociedad de hoy.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 29 de octubre de 2011
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum conventus Assisiensis a Papa promotus relativismum foveat
vel veritatem christianismi in dialogo interreligioso confirmet
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod conventus Assisiensis relativismum foveat.
1. Quia non solum credentes, sed etiam atheos et agnosticos invitavit, quod videtur omnes positiones in eodem ordine ponere, ac si fides et incredulitas aeque validae essent.
2. Praeterea, Papa se ab exaltione explicita fidei catholicae abstinuit, quod videtur primatum christianismi debilitare et inter fideles confusionem creare, quasi omnes religiones eundem valorem haberent.
3. Item, religionem ut principium veritatis et iustitiae laudavit, sine distinctione inter revelatam et naturalem, quod videtur fidem christianam ad philosophiam humanisticam reducere, eius indole supernaturali privata.
4. Denique, pacem praedicando et violentiam nomine religionis damnando, videtur in pacifismum relativisticum incidere, qui legitimae defensioni et firmo veritatis testimonio renuntiat, impetum missionarium debilitando.
Sed contra est quod Scriptura docet omnes homines ante tribunal Christi sistendos esse. Concilium Vaticanum I definivit rationem naturalem posse existentiam Dei cognoscere. Sanctus Thomas docuit religionem naturalem esse praesuppositum revelatae. Sanctus Paulus hortatur ad bonam pugnam contra inimicos fidei.
Respondeo dicendum quod conventus Assisiensis relativismum non fovet, sed veritatem christianismi in dialogo interreligioso confirmat. Papa clare distinxit inter eos qui sincere veritatem quaerunt et eos qui religionem ad proprios usus vel ad violentiam instrumentalizant. Damnavit tam violentiam nomine religionis quam violentiam nomine atheismi, ostendens pacem veram iustitiam requirere et interdum legitimum usum virium.
Religio naturalis, fructus rationis, est communis toti humanitati et praesuppositum fidei revelatae; ideo Papa eam laudavit ut principium veritatis et iustitiae, sine necessitate iterandi explicite primatum christianismi, qui tacite manifestatus est in ipso facto quod Roma conventum convocavit, direxit et praesedit.
Sic timores relativismi dissipati sunt: christianismus non deminutus est, sed super alias religiones et culturas lumine emersit, in continuitate doctrinae Ecclesiae et carismatis franciscani Assisiensis, loci qui pacem et mansuetudinem per saecula irradiat. Spiritualis irradiatio Assisiensis, carismati Pax et Bonum coniuncta, conventui signum evangelicae authenticitatis dedit et ostendit pacem veram in iustitia et communione cum Deo aedificari.
Conclusio: conventus Assisiensis relativismum non fovet, sed veritatem christianismi confirmat, ostendens aperturam ad dialogum in religione naturali fundari et in revelata perfici, pacem veram iustitiam et fortitudinem spiritualem postulare.
Ad primum dicendum quod invitare atheos et agnosticos non est omnes positiones aequari, sed agnoscere sinceram veritatis quaestionem ut relationem implicitam cum Deo, etsi non consciam.
Ad secundum dicendum quod Papa primatum christianismi non debilitavit, sed tacite manifestavit in directione et ordinatione conventus, ubi Roma super omnes alias religiones emersit.
Ad tertium dicendum quod laudare religionem naturalem non est fidem christianam minuere, sed confirmare eam ut perfectionem rationis et revelationem supernaturalem, in continuitate doctrinae Sancti Thomae.
Ad quartum dicendum quod pacifismus Papae non est relativisticus, sed distinguit inter violentiam iniustam et legitimum usum virium ad pacem et veritatem defendendam, secundum mandatum divinum et doctrinam de bello iusto.
JG
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