¿Es la modernidad el criterio absoluto de la verdad o una ilusión que seduce con el brillo del éxito inmediato? ¿No confunden los modernistas progreso con ruptura, identificando lo verdadero con lo que atrae multitudes y es celebrado por los medios? ¿Hacia dónde conduce un camino que niega la continuidad del Magisterio de la Iglesia y disuelve la escatología cristiana en un horizonte vacío? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli interpela directamente a quienes se consideran la Iglesia del futuro, preguntándoles si su “avance” no es en realidad un retorno al paganismo y a las herejías ya refutadas. ¿No será que los verdaderamente modernos son quienes permanecen fieles al Espíritu que renueva todas las cosas, en la esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva? [En la imagen: fragmento del retrato de Pío X, óleo sobre lienzo de Pedro Subercaseaux, hacia 1903, conservado en los Museos del Vaticano].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 12 de mayo de 2026
Algunas preguntas a los modernistas
Algunas preguntas a los modernistas
(Traducción a la lengua española del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 10 de diciembre de 2011. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/2011-12-10-21-15-15/)
No está mal, sino que es un deber ser modernos, entendiendo por "moderno" lo que es avanzado, evolucionado, renovado, actualizado, mejorado, adecuado, adaptado a nuestro tiempo, útil y eficaz para las situaciones de hoy. Moderno viene de modus en el sentido del correcto modo. Ciertamente de moderno viene también "moda", que a veces puede ser algo frívolo y efímero. Entonces está claro que en este sentido lo moderno no es algo que sea muy apreciable. Por otra parte, no está dicho que lo moderno, materialmente o fácticamente tomado, sea siempre algo válido o justo. Existe una criminalidad moderna que ciertamente no es para nada envidiable ni debe ser tomada como ejemplo.
Sin embargo, se supone en principio que, por ejemplo, en el saber o en la medicina o en la producción técnica, lo moderno sea siempre mejor que lo antiguo y, por lo tanto, es de preferir lo moderno a lo antiguo. Quien prefiere lo que es viejo y superado u obsoleto, lo que es anacrónico y ya no funcional, lo consideramos un atrasado, alguien que vive fuera de la historia y de la realidad, un "conservador", en el sentido negativo de alguien que permanece apegado a cosas o creencias que han sido abandonadas por el progreso histórico, moral o cultural. No está dicho, ciertamente, que lo que ya no es actual sea siempre para descartar, no es seguro que siempre sea así, mientras que no siempre actualidad quiere decir progreso y no está siempre dicho que novedad significa valor.
Puede suceder que sea bueno recuperar valores olvidados. Puede existir una actualidad desagradable, una novedad desgraciada, equivocada o desafortunada, puede darse así una nueva desgracia. Por lo tanto, no siempre lo moderno o lo nuevo coincide con lo mejor, aun cuando el primer significado que nos viene en mente es la coincidencia de modernidad y mayor perfección. Todos queremos comprar un automóvil moderno, someternos a una cura moderna, adquirir la ciencia moderna.
¿Pero, cuál es el criterio de lo moderno y de lo antiguo, de lo nuevo y de lo viejo, del avance y del retroceso, del progreso y del regreso, de la evolución y de la involución, de la superación y del estancarse, del mejoramiento y del empeoramiento, del anacronismo y de la adaptación a los tiempos, del quedarse atrás y del caminar con la historia?
Un defecto de la espiritualidad, de la cultura y de las costumbres católicas de nuestro tiempo es lo que muchos llaman "modernismo", para retomar un término famoso utilizado en su tiempo por el papa san Pío X, ciertamente en un contexto histórico-cultural diferente y en cierto modo superado y, sin embargo, existe una definición de "modernismo", atinente a diferentes niveles, definición que está, por así decirlo, por encima del tiempo y es independiente de las ideas que hacen el contenido preciso y fáctico.
En tal sentido, el modernismo, como categoría y tentación perenne del espíritu, es la actitud que identifica tout court y acríticamente la verdad con la modernidad, haciendo de ésta el criterio absoluto de la misma verdad concebida, por otra parte, no como algo inmutable, sino, como ya observaba el papa san Pío X en la encíclica Pascendi, como algo en continua evolución y de hecho en contradicción con el pasado y con el futuro, sobre todo si esta llamada "verdad" atrae a las masas de su propio tiempo o es hecha pasar como tal por las clases dominantes o por personajes exitosos, incluso teólogos o eclesiásticos.
Por lo tanto, también se podría decir que el modernista identifica lo verdadero con lo que actualmente tiene éxito, seduce, atrae, es seguido, recauda beneficios, procura premios y honores, hace triunfar sobre fuerzas adversas, pertenece a la mayoría, es publicitado por los grandes medios de comunicación. Para el modernista ésta es la verdad. Y esto es lo "moderno". El resto es lo superado, lo anticuado, lo viejo, lo que debe ser desechado, está contra la historia, contra el progreso, contra la felicidad, contra la justicia y contra la paz.
Ahora bien, sin embargo, me gustaría dirigir las siguientes preguntas a nuestros hermanos modernistas, que incluso se consideran "católicos" y, de hecho, se consideran católicos avanzados y modernos. Dado que el progreso presupone que se tenga la idea del punto de partida y del punto de llegada, me gustaría preguntarles: ¿saben realmente hacia dónde quiere llegar el cristianismo? Si existe algo superado y algo avanzado, supongo que ustedes conocen con certeza el punto de referencia para hacer esta distinción, así como decimos que Imola está más lejos de Rávena que Castelbolognese.
Pero si no hacemos referencia a Rávena, ¿cómo se podría hablar de más cercano y más distante? De lo contrario, lo nuestro no es un progresar, sino un girar aquí y allá, adelante y atrás, de un lado a otro, al azar, sin saber a dónde ir. Para progresar no basta moverse y cambiar de un modo cualquiera, sino que es necesario avanzar claramente y decididamente, con perseverancia y tenacidad, hacia la meta, preconocida y preestablecida. Esta meta nos viene dada en una buena escatología. Incluso respecto a Abraham, de quien la Biblia dice que "partió sin saber a dónde iba", la Biblia no quiere decir que partió con la cabeza en el costal, sino que la Biblia quiere expresar que Abraham se fiaba totalmente en la misteriosa guía divina. Es indudable que el final de nuestro camino es profundamente misterioso y objeto de pura fe, pero no está privado de un elemento de inteligibilidad, que es necesario tener presente, forma objeto del dogma católico y es conforme con nuestra dignidad de seres inteligentes y libres.
Ustedes, los modernistas, se consideran más avanzados que nosotros, a los que ustedes consideran retrógrados y todavía detenidos en el Magisterio del Papa, en el Catecismo de la Iglesia Católica, en el Código de Derecho Canónico, en santo Tomás de Aquino y en la escolástica. Ustedes son "modernos", nosotros somos "viejos" y "superados", nostálgicos de un pasado que ya está muerto. Ustedes se consideran ser la Iglesia del futuro, la esperanza del porvenir, la nueva humanidad surgida del Concilio Vaticano II, interpretado a la luz de Lutero, Küng, Rahner, Schillebeeckx, Descartes, Kant, Hegel, Bultmann y Heidegger.
Pues bien, ¿están ustedes realmente seguros de estar siguiendo el camino correcto? ¿Están verdaderamente progresando hacia lo mejor? ¿Están seguros de que el progreso sea ruptura, contradicción y falsificación del precedente Magisterio de la Iglesia o no en cambio, como dice Benedicto XVI, progreso en la continuidad, mantenimiento de los valores "no negociables", es decir, eternos e inmutables, aunque comprendidos y vividos cada vez mejor?
¿Qué tipo de escatología proponen? ¿Aquella que concibe a un Dios que cambia en el curso de la historia? ¿Aquella que niega la objetividad del conocimiento, identifica el alma con el cuerpo, identifica el mundo con Dios, con la Iglesia y con el hombre? ¿Aquella que niega la inmortalidad del alma, lo sobrenatural, la existencia del infierno, del purgatorio y de la visión beatífica de la Esencia divina? ¿Aquella que niega la infalibilidad de la Iglesia, la maternidad divina de María y su virginidad? ¿Aquella que niega la resurrección como reasunción del cuerpo por parte del alma al fin del mundo? ¿Aquella para la cual Cristo no es más que el "profeta escatológico"? ¿Aquella que dice que una religión vale tanto como la otra, que Dios no castiga a nadie, que todos se salvan y son buenos y el pecado no existe, que el diablo no existe y que Dios perdona incluso a quien no se arrepiente?
¿Aquella que niega la existencia de otro mundo más allá del presente? ¿Aquella que concibe la justicia y la paz como goce en este mundo, porque después de este mundo no hay nada? ¿Aquella que les dice que están salvados ya ahora y que no se debe esperar ninguna salvación después de la muerte? ¿Aquella que niega la salvación como fruto del sacrificio expiatorio de Cristo reactualizado en el sacrificio de la Misa celebrada por el sacerdote in persona Christi, en el cual sacrificio tiene lugar el misterio de la transubstanciación?
¿Están seguros de seguir hacia adelante o no más bien de retornar al paganismo? ¿Están seguros de haber "superado" a Calcedonia o no más bien de estar envueltos precisamente en aquellas herejías pre-calcedonenses que Calcedonia ha refutado? ¿Sería ésta según ustedes la meta del Cristianismo, el vértice de la historia, el cumplimiento del Reino de Dios?
¿Sería ésta la meta hacia la cual ustedes están avanzando considerándose los hombres del futuro, los exponentes de la "modernidad", la punta de avanzada o de vanguardia de la Iglesia y considerándonos a nosotros, con aire de suficiencia o conmiseración, pobres atrasados, pensando que, soportándonos pacientemente, hacen una obra de misericordia, ignorándonos con desprecio (mas inútilmente) o lanzándose furiosamente contra aquellos que les recuerdan sus herejías?
Reflexionen con cuidado, queridos hermanos. Vuelvan sobre sí mismos. Aprovechen del tiempo presente, porque no saben cuánto Dios les concede todavía. Traten de entender que los verdaderamente modernos, los verdaderamente evolucionados, los verdaderos avanzados somos nosotros, que amamos ciertamente lo moderno, pero no al precio de nuestra alma, sino en vista de aquel "hombre nuevo", de aquella "nueva creatura", de aquellos "nuevos cielos y nueva tierra", en escucha de ese Espíritu Santo que renueva todas las cosas, verdades que son enseñadas por la Santa Madre Iglesia, verdadera intérprete de la divina Revelación expresada en la Sagrada Escritura y en la Sagrada Tradición.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 8 de diciembre de 2011
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum modernismus constituat verum progressum in Ecclesia
vel potius sit error et ruptura cum veritate revelata
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod modernismus constituat verum progressum in Ecclesia.
1. Quia modernum, intellectum ut id quod est provectum, renovatum et nostro tempore accommodatum, videtur semper melius quam antiquum et obsoletum. Si veritas debet historiam comitari, videtur rationabile eam cum modernitate identificare.
2. Praeterea, modernista verum identificat cum eo quod prosperatur, allicit, trahit, sequitur et a magnis mediis celebratur. Si veritas manifestatur in eo quod triumphat, tunc modernum est criterium veri.
3. Item, modernismus se praebet ut Ecclesia futuri, spes posteritatis, nova humanitas orta ex Concilio Vaticano II interpretato sub lumine philosophorum et theologorum modernorum. Si Ecclesia debet progredi, videtur quod modernismus sit eius avant‑garde.
4. Denique progressus supponit superationem veteris et superati. Si Magisterium praeteritum censetur retrogradum, videtur quod modernismus sit legitima forma evolutionis ad melius.
Sed contra est quod Scriptura docet Iesum Christum esse eundem heri et hodie et in saecula, et veritatem Dei esse immutabilem. Sanctus Pius X in encyclica Pascendi modernismum ut synthesis omnium haeresum damnavit. Apostolus monet servare sanam doctrinam et non ferri novitatibus quae fidem corrumpunt. Magisterium commemorat verum progressum esse continuationem in veritate, non rupturam ab ea.
Respondeo dicendum quod modernismus non constituit verum progressum, sed error est et ruptura cum veritate revelata. Identificare veritatem cum modernitate est tentatio perennis spiritus, quae confundit novitatem cum valore et prosperitate cum veritate. Verus progressus requirit cognitionem puncti initii et puncti finis; sine relatione ad escatologiam christianam, motus modernus est erraticus et sine directione.
Modernismus dissolvit obiectivitatem cognitionis, negat immortalitatem animae, supernaturalem ordinem, existentiam inferni et purgatorii, visionem beatificam, infallibilitatem Ecclesiae, maternitatem divinam Mariae et eius virginitatem, resurrectionem corporis et sacrificium expiatorium Christi in Missa. Hae negationes non sunt progressus, sed reditus ad paganismum et ad haereses iam refutatas.
Verus progressus est continuatio in veritate aeterna, sicut Benedictus XVI docuit: progressus in fidelitate valoribus non negotiabilibus, melius intellectis et melius viventibus. Vere moderni sunt illi qui amant modernum quatenus servit homini novo in Christo, novae creaturae, novis caelis et nova terra, in auscultatione Spiritus Sancti qui omnia renovat.
Conclusio: modernismus non est progressus, sed error et ruptura. Verus profectus consistit in fidelitate Magisterio, escatologiae christianae et veritati aeternae revelatae a Deo.
Ad primum dicendum quod modernum non semper est melius; potest esse frivolus, criminalis vel erroneus. Veritas non identificatur cum novitate, sed cum aeterno.
Ad secundum dicendum quod prosperitas et seductio non sunt criteria veritatis; veritas manet etiam si a multitudinibus reicitur.
Ad tertium dicendum quod Ecclesia futuri non aedificatur super rupturam cum Magisterio, sed super continuationem in veritate revelata.
Ad quartum dicendum quod superare vetus non significat verum relinquere; verus progressus est profundius in eadem veritate penetrare, non eam falsificare.
JG
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