¿Son los fenómenos místicos un signo seguro de santidad? ¿No es acaso necesario distinguir entre la plenitud ordinaria de la vida cristiana y los dones carismáticos extraordinarios que superan las leyes de la naturaleza? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli examina con rigor el caso de Natuzza Evolo y plantea criterios de discernimiento frente a lo paranormal, la magia y el espiritismo. ¿No resulta inquietante que algunos confundan lo sobrenatural con poderes humanos o con engaños demoníacos? ¿No es urgente ejercitar el juicio para evitar falsas doctrinas y falsas apariencias de santidad? Una reflexión que interpela al lector y lo invita a reconocer, bajo la guía de la gracia y del Magisterio, el verdadero sentido de la mística cristiana.. [En la imagen: fragmento de una fotografía de Natuzza Evolo].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 9 de marzo de 2026
Santidad y fenómenos místicos
Santidad y fenómenos místicos
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana a fines del año 2010. Versión original en italiano: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/12/santita-e-fenomeni-mistici.html)
Una cuestión difícil, delicada y compleja, que surge de tanto en tanto, relacionada con la santidad cristiana, es la de los fenómenos místicos. Con dicha expresión entiendo ciertos comportamientos o ciertos eventos o ciertos fenómenos sensibles relativos a lo Santo, que tienen un significado simbólico religioso o que están orientados a beneficiar al prójimo o a manifestar la omnipotencia de Dios según una modalidad y en virtud de causas que superan los límites de las leyes naturales o de la vida humana ordinaria, también animada por la gracia cristiana.
Los ejemplos al respecto son numerosos y variadísimos, bien conocidos en la bimilenaria historia de la santidad cristiana hasta nuestros días, hechos verificables y verificados por expertos y por la autoridad eclesiástica y constatables por cualquier persona que no tenga prejuicios y esté abierta al reconocimiento de la verdad objetiva, hechos milagrosos o "divinos", como dice el Concilio Vaticano I, los cuales, "si bien muestran claramente la omnipotencia y la infinita ciencia de Dios, son signos certísimos de la divina revelación proporcionados a la inteligencia de todos" (de la Constitución dogmática Dei Filius, capítulo 3).
Indudablemente existen también falsos milagros o milagros que parecen tales pero que en realidad no lo son. De ahí la prudencia que se necesita para saber examinar y evaluar en base a válidos criterios, que son los que proporciona la ciencia apologética de la teología católica. De hecho, la evidencia del milagro, de la cual habla el Concilio, no es siempre inmediata, sino que a veces aparece solo después de atentas y prolongadas verificaciones.
Los fenómenos místicos cristianos, sobre todo los extraordinarios o milagrosos, también llamados "dones carismáticos", no están necesariamente vinculados a la santidad y, sobre todo, a la santidad ordinaria propia de todo cristiano en gracia de Dios. Tales dones son, de hecho, muy raros, mientras que, como es sabido, todo ser humano está llamado por Cristo a la santidad y, por tanto, tiene la posibilidad de hacerse santo, aún cuando de buena fe ni siquiera conozca la existencia de Cristo.
No siempre es fácil discernir los verdaderos místicos de los falsos, también porque hoy, lamentablemente circulan, incluso en ámbito católico, falsas concepciones (por ejemplo de tipo panteísta) de la mística, concepciones que, ofreciendo un criterio de juicio errado, no pueden sino producir valoraciones incorrectas. O bien, siempre en el ámbito católico, existen concepciones pseudocientíficas o secularistas hostiles por principio a la mística y despreciativas de los milagros, por lo que es evidente que en base a tales concepciones el místico no aparece como un santo o una persona normal, sino que es confundido con un alucinado, un exaltado o un demente.
Los místicos canonizados por la Iglesia, sobre todo aquellos de la edad moderna, han sido sometidos antes o incluso después de la muerte a un riguroso examen, para que nosotros, como católicos, podamos estar seguros de que se trata de auténtica mística. De tal modo, sus propias figuras pueden servirnos como criterio de juicio para discernir y evaluar los casos dudosos, aún cuando cada místico sea diferente a otro. De ahí la necesidad de usar principios de juicio ciertos, universales y objetivos, que por lo demás, nos son proporcionados por la ciencia de las religiones y por la misma teología mística de la Iglesia católica.
Sin embargo, si queremos aclarar el significado de la mística católica, sería bueno hacer una distinción entre una mística esencialmente ligada a la santidad y una mística no necesariamente presente en toda forma de santidad. La mística del primer tipo constituye esa plenitud de la vida cristiana que es caracterizada, además de por las virtudes cristianas, por el ejercicio de los siete dones del Espíritu Santo (sabiduría, inteligencia, ciencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios), que la tradición católica basa en el texto de Isaías 11,2, donde el profeta habla de los dones con los cuales será revestido el Mesías. Por lo cual, el cristiano, en cuanto viviendo en Cristo, viene a participar de la acción de estos dones, los cuales, como dice santo Tomás de Aquino, le hacen fácilmente dócil y sometido a la guía y al impulso del Espíritu Santo.
Pero en este modo de vivir el cristianismo no existe nada de milagroso. Se trata simplemente del ideal de vida cristiana que todos podemos y debemos buscar realizar, aunque la implementación de los siete dones no sea frecuente. Por el contrario, en algunos casos raros, Dios se complace en conceder a aquel cristiano que vive fervorosamente la virtud de la caridad un suplemento de dones, cuyo poder sobrepasa no solo las fuerzas de la naturaleza, como ocurre en la común vida de la gracia sobrenatural, sino también de las mismas leyes de la naturaleza. Son estos los que he llamado "fenómenos místicos" y que en términos teológicamente más precisos se denominan "dones carismáticos extraordinarios".
He distinguido entre fuerzas de la naturaleza y leyes de la naturaleza. Ahora bien, por fuerzas de la naturaleza entiendo lo que podemos hacer, en nuestra condición terrena de pecadores, obedeciendo las leyes de la naturaleza humana. La gracia santificante es sobrenatural en este sentido. En cambio, el milagro (y por tanto los dones extraordinarios) supera las mismas leyes, ya que hace cumplir a la naturaleza humana acciones que van más allá de la propia ley de la naturaleza, es decir, más allá de su normal funcionamiento.
Así, el poseer las tres virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad es un hecho sobrenatural en el primer sentido, por lo cual nosotros no superamos las leyes esenciales de nuestra naturaleza. Recibir un mensaje de un difunto, asistir a la aparición de la Virgen o del ángel custodio, leer en los corazones, curar a un enfermo terminal, resucitar a un muerto, poseer el don de la bilocación, tener los estigmas y cosas de ese tipo, son en cambio hechos o favores divinos concedidos a poquísimos, que van más allá de las mismas leyes físicas y psíquicas de la naturaleza humana y constituyen una forma de sobrenatural que tradicionalmente se llama "milagro" o don carismático extraordinario.
Entre los numerosísimos casos de este segundo género que se podrían citar, es decir, de auténticos místicos en el segundo sentido de la palabra, me detengo en uno solo: el de Natuzza Evolo, una humilde e iletrada mujer de pueblo, calabresa, madre de familia, fallecida en 2009 con 85 años, que residía en Paravati, en la provincia de Vibo Valentia, diócesis de Mileto. Sería demasiado largo narrar aquí en su totalidad todos los dones extraordinarios con los que Dios la había dotado. Murió con fama de santidad y el pasado 1° de noviembre, Fiesta de Todos los Santos, aniversario del día en que murió Natuzza, el obispo local monseñor Renzo, durante una celebración solemne con una enorme afluencia de multitudes, deseó calurosamente que se promueva la Causa de Beatificación cantando alabanzas a la santa mujer.
Ahora bien, refiriéndome a este caso, en este artículo solo me gustaría detenerme y evidenciar algunos criterios de discernimiento. En primer lugar, es necesario distinguir los dones o fenómenos místicos cristianos de la mística de otras religiones y de otros fenómenos que pueden parecer semejantes a ellos, pero que en realidad son muy diferentes y pueden expresar en el sujeto una conducta que sólo tiene la apariencia de santidad, pero que en ciertos casos puede incluso ser maldad o inmoralidad.
Me refiero a los fenómenos paranormales y a la magia. La discusión sería aquí muy compleja. Me detengo en algunos puntos esenciales con particular referencia a Natuzza. Demos una breve definición de los poderes paranormales y de la magia. Los primeros (por ejemplo, la telepatía, la radiestesia, la telequinesis, o la endoscopia, o la precognición o la pranoterapia) pertenecen a las fuerzas y a las leyes de la naturaleza humana, aunque sean de carácter prodigioso y extraordinario. Se pueden usar para bien pero también para mal, dependiendo de las intenciones del paragnosta. Son el objeto de la parapsicología, una rama de la psicología.
Natuzza también tenía dotes paranormales, pero ella siempre evitaba la solicitud de ser examinada en este campo, probablemente por temor a que el elemento parapsicológico saliera demasiado a la luz, eclipsando el mucho más importante elemento sobrenatural carismático. Con todo esto debemos decir claramente, frente a ciertos prejuicios en contra de lo paranormal, que lo paranormal en sí mismo no tiene nada que ver con lo demoníaco, sino que es un simple poder natural, aunque sea cierto que el mago paragnosta puede instrumentalizar o simplemente fingir estos extraordinarios dones que en sí mismos sirven al bien del hombre.
La magia, en cambio, en el sentido moral tradicional, es un grave pecado de superstición, fundado en la pretensión del mago de obligar a las entidades sobrehumanas o incluso a Dios a hacer su voluntad, en cuanto el mago se considera a sí mismo en posesión natural de poderes divinos, eventualmente obtenidos de la escuela de otro mago. Por esto no tiene sentido distinguir una magia "blanca" (que sería benéfica) de una magia "negra" (que sería maléfica): la magia es siempre maléfica. Ciertamente, la negra es peor, porque está dirigida directamente a causar daño, como por ejemplo el maleficio (popularmente: el "trabajo" o "mal de ojo"). Entre las muchas formas de magia existe también la nigromancia, que es un así llamado arte de evocar las almas de los difuntos para interrogarlos sobre cosas, hechos o personas más allá de cuanto le es dado saber a la humana normal cognición.
Una forma de nigromancia puede ser el mediumnismo y el espiritismo. Mediumnismo es un término genérico que significa "mediación". El medium se propone como intérprete mediador entre el mundo de los vivos y el de los difuntos. Esta acción mediadora puede estar en armonía con el plan salvífico de la divina Providencia, tal como se revela en el cristianismo; o, por el contrario, puede tratarse de un engaño o de un acto de magia y por lo tanto ser ilícito y peligroso.
El mediumnismo está de acuerdo con la fe católica si la persona mediadora establece el contacto con las almas de los difuntos porque le es concedido por Dios en virtud de la oración, en el ámbito de la comunión existente entre la Iglesia de la tierra y la del cielo ("comunión de los santos"); mientras que es un acto de magia si el medium intenta evocar por medio de arte e ingenio al difunto por su propia iniciativa y en virtud de un poder que él cree poseer por sí mismo y no por gracia divina. De hecho, según el plan ordinario de la Providencia, los vivos pueden comunicarse con los muertos, pero solo para pedir su intercesión en el caso que se trate de las almas santas (piénsese en las Misas en honor de los Santos o en las oraciones que a ellos les dirigimos). En cuanto a los santos del cielo, ciertamente pueden enviar mensajes o mostrarse visiblemente en este mundo, pero solo por especial concesión o iniciativa divina.
Intentar otras vías para comunicarse con los difuntos, en la visión cristiana, está prohibido porque presupone la falsa creencia de que el medium posea un poder divino que en realidad no posee, además del riesgo de pedir a los difuntos cosas ajenas al plan de la salvación y que por lo tanto no estamos obligados a saber. En estos casos, quien responde no es el difunto, sino que es probablemente el demonio, bajo la apariencia del difunto. Y no importa que al principio emerjan verdades, porque ellas servirán para hacer que los incautos oyentes sean atrapados para luego engañarlos con abominables falsedades y herejías.
Se trata, pues, de un pecado de presunción y de indiscreción que como tal fácilmente hace intervenir, lo sepa el medium o no lo sepa, la acción engañosa y tentadora del demonio, cuyo propósito esencial es precisamente engañar al hombre o hacerle pecar de soberbia instigándolo a creerse dotado por sí mismo de poderes divinos que no son los suyos. En este caso, el mediumnismo degenera en espiritismo, ya condenado varias veces por la Iglesia, también porque el espiritismo, en sus excesos extremos, basándose eventualmente en una concepción fantástica del más allá ("cuerpos astrales", "extraterrestres", semidivinidades y cosas del género), incluso llega a invocar al mismo demonio y a recibir órdenes de él. Luego tenemos las verdaderas y propias sectas satánicas.
Se necesita una especial prudencia para saberse sustraer a la atracción y fascinación que puede emanar de las actividades espiritistas, aunque estén envueltas en una aparente y noble espiritualidad, porque la intervención del demonio puede servirse del medium para propalar falsas doctrinas (quizás las así llamadas "interpretaciones de la Biblia") no fácilmente distinguibles de las verdaderas y para obrar falsos milagros, que no siempre son fáciles de distinguir de los verdaderos. También es sabido que las prácticas espiritistas prolongadas pueden provocar graves disturbios mentales.
Se ha hablado de "mediumnismo" refiriéndose a Natuzza: pero ella indudablemente lo practicaba de manera conforme a la religión cristiana y por lo tanto supo dar luz y consuelo a muchas personas obteniendo para ellos mensajes y respuestas que les ayudaron en el camino de la salvación y en la práctica de virtud. Natuzza no creaba enfermos mentales, sino que los curaba.
Vemos entonces qué tan importante es estar preparados en estos asuntos, que ponen en juego nuestra salvación y, por tanto, estar ejercitados en el discernimiento, porque es fácil que nos encontremos en problemas de este tipo, y entonces será esencial disponer de un válido criterio de juicio valiéndonos de la ayuda de expertos y del Magisterio de la Iglesia, así como del ejemplo y de la intercesión de los Santos, todo bajo la guía infalible de la divina gracia.
P. Giovanni Cavalcoli,
Bologna 2010
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum phaenomena mystica extraordinaria sint certum signum sanctitatis vel non
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod phaenomena mystica extraordinaria sint certum signum sanctitatis.
1. Quia manifestant omnipotentiam Dei et superant leges naturae.
2. Praeterea, videri posset quod omnis verus mysticus habeat dona charismatica extraordinaria, sicut apparitiones, curationes vel bilocationem, et ideo haec dona inseparabilia essent a sanctitate.
3. Item, mediumnismus et communicatio cum defunctis, cum lumen et solatium praebeant, viderentur semper esse conformes religioni christianae.
4. Denique, fama sanctitatis personarum donis extraordinariis praeditorum, ut exempli gratia Natuzza Evolo, ostenderet talia phaenomena esse probationem sufficientem sanctitatis.
Sed contra dicit Concilium Vaticanum Primum quod miracula, etsi clare ostendunt omnipotentiam et infinitam scientiam Dei, sunt signa certissima divinae revelationis omnibus intellectui proposita. Ecclesia autem docet sanctitatem consistere in plenitudine vitae christianae, virtutibus et donis Spiritus Sancti distincta, non autem necessario in phaenomenis mirabilibus.
Respondeo dicendum quod phaenomena mystica extraordinaria non sunt per se certum signum sanctitatis, quia sanctitas fundatur in gratia et virtutibus, dum dona charismatica extraordinaria rara sunt et non essentialia. Mystica ordinaria consistit in vita sub ductu Spiritus Sancti, dum phaenomena extraordinaria leges naturae superant et a Deo tantum in casibus particularibus conceduntur.
Necesse est distinguere inter supernaturale charismaticum et paranormale atque magiam. Paranormale ad vires naturales pertinet, licet extraordinarias, et ad bonum vel ad malum adhiberi potest. Magia vero semper est illicita, quia praesumit cogere entia superhumana vel ipsum Deum. Mediumnismus potest esse conformis fidei si ex gratia divina in communione sanctorum datur; degenerat autem in spiritismum cum defunctos evocare quis nititur propria auctoritate, quod viam aperit deceptioni diabolicae.
Ideo phaenomena extraordinaria prudentia discernenda sunt, ad Magisterium Ecclesiae, theologiam mysticam et exemplum sanctorum recurrendo. Casus Natuzzae Evolo ostendit quomodo haec dona cum vera sanctitate coexistere possint, dummodo in fide exerceantur et fructus virtutis ac salutis pariant.
Ad primum dicendum quod phaenomena extraordinaria omnipotentiam Dei manifestant, sed non sunt signum sufficiens sanctitatis, quia fingi vel male interpretari possunt.
Ad secundum dicendum quod non omnis sanctus dona extraordinaria possidet, cum sanctitas in gratia et virtutibus consistat, et charismata extraordinaria rara sint.
Ad tertium dicendum quod mediumnismus conformis est fidei solum si ex gratia divina proveniat; alioquin est magia vel spiritismus et illicita.
Ad quartum dicendum quod fama sanctitatis confirmanda est examine Ecclesiae, quae inter dona vera et falsa discernit et sanctitatem ex fructibus virtutis et fidelitate Evangelio agnoscit. JG
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.