El arrogante ánimo, de inspiración ciertamente demoníaca, que ha impulsado a los herejes y cismáticos de toda la historia de la Iglesia se manifiesta una y otra vez en la absurda pretensión de querer enseñar el sentido de la Palabra de Cristo al Vicario de Cristo precisamente en aquel ámbito en el cual nuestro Señor ha prometido infalibilidad a su representante en la tierra. Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli analiza con rigor la carta del padre Pagliarani al Papa y muestra cómo la Fraternidad San Pío X nació de un grave equívoco doctrinal. ¿No es acaso un error confundir la contribución válida de Rahner al Concilio con el modernismo? ¿Qué sentido tiene acusar al Concilio Vaticano II de herejía, cuando en realidad fue Rahner quien después se desvió? ¿No es un signo de rebeldía pretender tener razón frente al Papa, como hizo Lutero? El texto recuerda que la FSSPX nació cismática y se ha mantenido cismática hasta hoy y que la verdadera esperanza es que sus obispos y fieles escuchen la voz del Espíritu Santo, que los llama al arrepentimiento y a la plena comunión con la Iglesia. [En la imagen: el papa León XIV en la Basílica de San Pedro en Roma durante la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, apóstoles, Santa Misa con la bendición y la imposición de los palios a los nuevos Arzobispos Metropolitanos].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
miércoles, 1 de julio de 2026
Mi comentario a la respuesta de Don Pagliarani al llamamiento del Santo Padre
Mi comentario a la respuesta de Don Pagliarani al llamamiento del Santo Padre
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en su blog el 1° de julio de 2026. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-mio-commento-alla-risposta-di-don.html)
Creo hacer un favor a mis lectores presentando un comentario mío a esta carta de Don Pagliarani al Papa, del pasado 30 de junio ¹. Tocaré solamente algunos puntos, refiriéndome a afirmaciones singulares de Don Pagliarani.
Dice Don Pagliarani: “Paradójicamente, nos parece nuestro preciso deber, en el contexto actual, hacer lo posible por recomponer la túnica de Cristo, desgarrada por fuerzas y presiones incompatibles con un espíritu auténticamente católico.”
Respondo diciendo que en la Iglesia desde hace sesenta años ha resurgido una forma de modernismo, que ya Maritain en 1966 denunciaba como mucho peor que la de la época de San Pío X.
Don Pagliarani ciertamente hace referencia a este poderoso retorno del modernismo, cuyos gérmenes ya se incubaban durante los trabajos del Concilio. Un famoso teólogo, objeto a este respecto de severa crítica por parte de los lefebvrianos, es Karl Rahner.
Mons. Lefebvre se dio cuenta de la insidia que podía ofrecer el pensamiento de Rahner. Sin embargo, no se dio cuenta de que Rahner, junto con Ratzinger, dio una contribución positiva al Concilio. Pero luego, ¿qué sucedió después? Que Rahner, valiéndose de la gran fama que se había procurado durante los trabajos del Concilio, salió a la luz manifestando abiertamente su modernismo, que él consideraba como doctrina del Concilio. Y desgraciadamente la autoridad eclesiástica no fue capaz de intervenir del modo debido, de manera que distinguiera en Rahner el error de la verdad.
Mons. Lefebvre, por desgracia, no comprendió la contribución válida de Rahner y lo interpretó como modernismo. La consecuencia de ello es que Mons. Lefebvre por un lado denunció el modernismo de Rahner, pero por otro malinterpretó la contribución que Rahner había dado al Concilio, considerándolo modernista, por lo cual acusó al Concilio de modernismo.
La Fraternidad, que él fundó, está basada en este gravísimo equívoco y supone una acusación de herejía al Concilio, por lo cual tal Fraternidad nació no sólo cismática, sino incluso mostrando una no plena adhesión a la doctrina católica, tal como había sido desarrollada por el Concilio.
Como todos saben, el tema principal sobre el cual Mons. Lefebvre acusaba al Concilio era el tema de la Tradición. Pero San Pablo VI desde el inmediato postconcilio reprochó a Mons. Lefebvre tener un falso concepto de Tradición.
Podríamos también observar que si el exploit de Rahner hubiera sido detenido inmediatamente por la Iglesia, muy probablemente, no digo que la Fraternidad no habría surgido, pero no habría tenido sus buenas razones para oponerse a Rahner.
En esto reafirmo que la Fraternidad nació mal, porque está basada en el rechazo de las nuevas doctrinas del Concilio.
Es muy interesante recordar el comportamiento de Ratzinger respecto de Rahner después del Concilio. Ratzinger, agudo teólogo alemán, buen conocedor del idealismo alemán, se dio cuenta desde el inmediato postconcilio de la operación desleal de Rahner, que pretendía hacer pasar a Hegel bajo aparentes vestiduras tomistas. Esta operación deshonesta, que tuvo inmediatamente gran éxito, fue desenmascarada en su tiempo por el gran filósofo y teólogo Cornelio Fabro.
En lo que respecta a Ratzinger, él rompió su amistad con Rahner, acusándolo justamente de haber caído en un falso catolicismo, que en realidad era una forma de idealismo panteísta.
Si en todo esto Pagliarani tiene razón, con ello no pretendo en absoluto justificar los argumentos de esta carta respecto del Papa.
Más bien debemos recordar la severa advertencia del Santo Padre: “el acto cismático que cometeríais los privaría de la recepción lícita y en algunos casos incluso válida de los Sacramentos que ellos aman y buscan para su propia santificación”, y además debemos recordar también la otra advertencia: “desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad” ².
Naturalmente, pensando en la gran cantidad de católicos que en el mundo siguen a la Fraternidad, podemos preguntarnos si están todos en pecado mortal. La respuesta evidente que debemos dar es que el Santo Padre, en su corazón de Pastor Universal de la Iglesia, se limita a denunciar la gravedad objetiva del pecado de cisma, pero se guarda bien de juzgar las conciencias, de modo semejante a lo que el Papa Francisco respondió cuando le preguntaron si todo homosexual está en pecado mortal, y él respondió con la famosa frase, por desgracia no comprendida por todos: “¿Quién soy yo para juzgar?”.
Otra pregunta que podemos plantearnos es si los fieles que frecuentan la Fraternidad están verdaderamente informados del porqué el acto cismático de hoy sea pecado.
Las palabras de advertencia del Papa no deben parecer una novedad, y por tanto Don Pagliarani inútilmente declara que la Fraternidad no es cismática. En efecto, de hecho la Fraternidad nació y se ha mantenido cismática hasta hoy.
Por esto la carta de Don Pagliarani no tiene el tono de un verdadero hijo de la Santa Madre Iglesia, sino el de un hijo rebelde y orgulloso, que pretende tener razón delante del Papa, como hizo Lutero, en cuanto Don Pagliarani se ha rebelado contra la doctrina de la Iglesia expresada en el Concilio Vaticano II.
La diferencia con Lutero está sólo en el hecho de que, como Lutero tomó como pretexto la Sagrada Escritura para rebelarse contra el Papa, así por desgracia los lefebvrianos toman como pretexto la Tradición para rebelarse contra el Papa.
La esperanza que todos nosotros católicos expresamos es que estos nuestros hermanos lefebvrianos, comenzando por sus Obispos, sientan el impulso del Espíritu Santo, que los llama al arrepentimiento y a la escucha de “lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2,29).
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 1° de julio de 2026
Notas
¹ Carta del Superior general de la FSSPX en respuesta a Su Santidad Papa León XIV, Ecône, 30 de junio de 2026: https://fsspx.news/it/news/lettera-del-superiore-generale-risposta-sua-santita-papa-leone-xiv-59914
² Carta del Santo Padre al Reverendo Padre Davide Pagliarani Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Vaticano, 29 de junio de 2026, Solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo.
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Estimado padre Giovanni,
ResponderEliminarvaya por delante que comparto absolutamente sus observaciones en sus últimos artículos acerca de las consagraciones cismáticas de la FSSPX, pero permítame hacerle dos observaciones en el ámbito no de los doctrinal sino de lo meramente opinable, es decir, el ámbito que corresponde a lo pastoral-gubernativo-disciplinar de la Iglesia, sobre todo competencia del Papa, pero ámbito en el cual podemos respetuosamente disentir, salvada siempre nuestra obediencia también en este ámbito, al Vicario de Cristo.
1. No me siento inclinado a aprobar su última observación en este artículo. Usted dice que debería conformarse una nueva Comisión Ecclesia Dei, o similar, que encare el diálogo con los cismáticos lefebvrianos. A este respecto disiento, porque:
a) se trata de cristianos separados, que deberían, en mi opinión, ser tratados en el ámbito del Ecumenismo, vale decir, en el ámbito del dicasterio del diálogo con los hermanos separados, cristianos no católicos (dicho en general, los ortodoxos y los protestantes). Al respecto, usted dice que los lefebvrianos se llaman a sí mismos católicos. Pues bien, pueden llamarse como lo quieran, pero no lo son. Al fin de cuentas, no hay dificultad para que los ortodoxos orientales o los protestantes se llamen también católicos, y de hecho pienso que muchos de ellos se consideran los verdaderamente católicos. Pero ello no obsta a lo que afirmo: el eventual diálogo con la FSSPX debe tratarse en el ámbito del ecumenismo.
b) si eventualmente el papa León decide crear algo similar a la Comisión Ecclesia Dei para el diálogo con los lefebvrianos, en todo caso no se debería repetir la misma experiencia de aquella Comisión, que, en connivencia con algunos funcionarios del dicasterio del culto resultaron ser más lefebvrianos que los propios lefebvrianos, o para decir con más cortesía: filo-lefebvrianos. No abundo en dar argumentaciones, pero estoy dispuesto a relatar hechos y acciones, si usted los necesita.
2. Deseo señalar un error pastoral que está en la base del "diálogo" con la FSSPX desde hace más de cincuenta años. En mi opinión (y lo digo con la tranquilidad de conciencia que me da el haberme informado de los acontecimientos ocurridos desde antes de las consagraciones de obispos cismáticas en 1988) ha habido un error pastoral en la actitud de san Juan Pablo II y de su entonces prefecto en el Dicasterio de la Fe, cardenal Ratzinger. En aquella ocasión, cuando el obispo Lefevbre solicitó obispos para su Hermandad, creo que la respuesta correcta del Papa y de sus funcionarios debió ser: No, sin más.
Al fin de cuentas, ¿han pedido para sí mismas, órdenes venerables, como los Franciscanos, o los Dominicos o los Jesuitas, etc... Obispos particulares para ellas? Una "hermandad sacerdotal" puede nacer y ha nacido y nace muchas veces de la iniciativa de meros presbíteros. La particularidad de la FSSPX es que ha nacido de la voluntad herética y cismática del Obispo Lefebvre, quien argumentaba en 1987-1988 que necesitaba, debido a su edad, enfermedad, y eventual próxima muerte, de consagrar nuevos obispos para que su misión continuara.
Y el error pastoral del papa san Juan Pablo fue aceptar tal argumentación. Cuando en su lugar debió simplemente decirle que no, que ninguna Hermandad Sacerdotal necesitaba de Obispos particulares (por ejemplo con la pretensión de convertirse en una "prelatura personal", como ha sido el caso del Opus Dei, y creo que ya no lo es).
Tan simple como eso.
Le agradezco su atención a estas breves reflexiones.
(a las 16:59 del 2 de julio, en Italia)
EliminarQuerido Julio,
estoy de acuerdo con usted en considerar que la eventual reconstitución de una Comisión pontificia de diálogo con los lefebvrianos podría ser regulada según los procedimientos ya en uso en el diálogo con los cristianos no católicos.
Las noticias que usted me da acerca del hecho de que en aquella Comisión haya habido concesiones a los lefebvrianos me entristecen. Pero ciertamente, esto, según mi parecer, no es un motivo que deba impedir al Papa León reconstituir una Comisión con elementos verdaderamente cualificados y equilibrados.
En lo que respecta a lo que usted me cuenta acerca del hecho de que san Juan Pablo II habría concedido a Mons. Lefebvre algún obispo para su Fraternidad, no me resulta en absoluto. Es más, en 1988 los obispos lefebvrianos fueron excomulgados. Tenga presente que en aquellos años yo trabajaba en la Secretaría de Estado. La cosa me parece, por tanto, muy poco creíble.
Estimado padre Giovanni,
Eliminarrespecto a su respuesta a mi punto 1, también estoy de acuerdo, y en parte ya lo he dicho, adelantándome a su respuesta. Nada impide que el Papa León constituya una comisión de diálogo ecuménico con la FSSPX. El problema de la anterior Comisión Eclessia Dei era que tenía bajo su gobierno la reglamentación de la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum, con las extremas libertades que se otorgaban (¡a sacerdotes individuales, fuera del gobierno de sus propios obispos!) la posibilidad de celebrar la Misa de 1962. Pero con la vigencia del motu proprio Traditionis custodes esto no sucedería.
Estimado padre Giovanni,
Eliminarrespecto a su respuesta a mi punto 2, veo que me he explicado mal. Yo no dije que san Juan Pablo II haya cedido al pedido de otorgar a Mons. Lefebvre un Obispo para su Fraternidad. Lo que yo he dicho es que san Juan Pablo II a través de su Prefecto de la Fe, cardenal Ratzinger, atendió al pedido de Lefebvre, respondiéndole que se lo iba a conceder. Esto es narrado por el difunto obispo Tissier de Mallerais en su biografía de Ratzinger, y está atestiguado por otros hechos y datos. Precisamente por eso, Lefebvre no consideró que debía esperar a que Roma le concediera ese Obispo, porque no confiaba en esa concesión y además porque no le bastaba consagrar un solo Obispo. De ahí que decidió por su cuenta la consagración de cuatro en 1988.
Lo que repito y subrayo es que -siempre a mi modesto entender- el papa San Juan Pablo II aceptara la argumentación de Lefebvre acerca de que debía ser satisfecha su "necesidad" de consagrar un Obispo. A mi entender, el Papa debió negarse desde un principio y de plano a otorgar tal Obispo a una cualquiera "Fraternidad Sacerdotal". Ni los Dominicos, ni los Franciscanos, ni los Jesuitas, ni los Benedictinos, etc., etc.... tienen tales pretensiones de Obispos dedicados a sus Hermandades.
Estimado Julio,
Eliminartambién después del redimensionamiento de la noticia que me dio sobre la solicitud hecha por Mons. Lefebvre en San Juan Pablo II, le confieso que todavía estoy perplejo. Si ello lo ha sabido de monseñor. Tissier de Mallerais, me confirmo en la perplejidad desde el momento que este Obispo era un lefebvriano.
Estimado Julio,
Eliminarsin embargo, considero que la eventual re institución de la Comisión no debería ser vista como una especie de obstáculo al Traditionis Custodes.
Este decreto, aunque bastante restrictivo, podría seguir siendo un punto de referencia para el diálogo, por lo que creo y espero que con el Papa León haya una mayor comprensión mutua.
Estimado padre Giovanni,
Eliminarpor cuanto respecta a su segundo comentario, estoy totalmente de acuerdo con usted. También yo entiendo que la eventual comisión ecuménica de diálogo con los lefebvrianos no debería ser vista como una oposición o un obstáculo a las disposiciones del motu proprio Traditionis Custodes. Sobre todo porque tanto Ud. como yo hemos constatado lo correcto que fue el papa Francisco al subrayar la unicidad de la lex orandi del rito romano en el Novus Ordo Missae, habiendo usted y yo constatado, sobre la base de un estudio más profundo de la constitución Sacrosanctum Concilium, que hay doctrinas nuevas en el Concilio respecto a la liturgia, las cuales implican que el Novus Ordo no se debe celebrar hoy necesariamente por motivos de mera obediencia disciplinaria, sino por motivos de fe.
Por lo tanto, comparto con usted su afirmación según la cual Traditionis Custodes debe ser un documento de referencia fundamental para el diálogo con los cismáticos lefebvrianos, que son cismáticos no desde el 1° de julio de 2026 (como dicen algunos en estos días), sino que ya lo eran desde hace mucho tiempo.
Respecto a su primer comentario, yo también estoy perplejo, precisamente por lo que a mi juicio fue un error pastoral cometido por san Juan Pablo II en el diálogo con los lefebvrianos antes de las consagraciones de 1988, al haberles prometido la consagración de un obispo (cosa que Lefebvre no aceptó ni quiso esperar la decisión del Papa, por desconfianza hacia "la Roma modernista y apóstata", como decía aquel obispo). Mi perplejidad crece porque en estas semanas previas a las recientes consagraciones no fueron pocos los tradicionalistas en la Iglesia (mejor decir filolefebvrianos), también obispos, que sugerían que el papa León debía autorizar las consagraciones de obispos para la FSSPX.
Me ocuparé de este tema y le aportaré datos que atestigüen los hechos que le he mencionado.
Estimado Padre Giovanni,
Eliminarhe constatado, y sí, hubo una promesa explícita por parte de Roma: en mayo de 1988, después de las negociaciones con el cardenal Ratzinger, se firmó un protocolo (y esto se encuentra en la biografía escrita por el obispo lefebvriano Tissier) en el que se reconocía la Fraternidad San Pío X y se garantizaba la consagración de un obispo con mandato pontificio. Lefebvre, sin embargo, desconfiando de que eso se fuera a cumplir en los tiempos y en los modos pautados, decidió proceder por su cuenta el 30 de junio de 1988.
Por lo tanto: yo me quedo más perplejo que usted.
¿Para qué era esa promesa? ¿Qué habría pasado si Roma la hubiera cumplido? ¿Qué habrían dicho los dominicos, los franciscanos, los jesuitas, etc., etc.? ¿Cómo es que el Papa había prometido una cosa así? ¿Y a Lefebvre????
Estimado Julio,
Eliminarhe comprendido con qué espíritu San Juan Pablo II, por medio del Card. Ratzinger, redactó aquel protocolo en 1988, en el que el Papa prometía conceder un obispo tomado de la Fraternidad.
Lo que nos hace entender por qué monseñor Lefebvre no ha estado de acuerdo en los pactos es el hecho de que en ese protocolo había una condición bien precisa, que monseñor. Lefebvre aceptara la noción de Tradición tal como fue definida por el Concilio Vaticano II. En efecto, por el gesto del Obispo comprendemos con claridad que el protocolo no se refería a su concepto erróneo de Tradición, como ya lo había contestado San Pablo VI.
El hecho de que usted informe, que algunos obispos tradicionalistas hubieran deseado que el Papa concediera el permiso de lo que pedía don Pagliarani, no depone para ellos en favor de su sabiduría y de su integridad en la doctrina católica.
(respuesta de hoy, 4 de julio, a las 10:42 hora italiana)
Estimado padre Giovanni,
Eliminaren la edición en español de la biografía de Lefebvre, escrita por Tissier de Mallerais, están narrados los hechos de esos borrascosos meses de abril, mayo y junio de 1988 ("Monseñor Marcel Lefebvre. La biografía", ediciones Río Reconquista, Buenos Aires 2010, pp. 587ss). También en las páginas 695-696 está el texto de la declaración doctrinal que firmó Lefebvre el 5 de mayo de 1988, conforme a lo establecido por Ratzinger. De esta firma Lefebvre pronto se volvió atrás.
Comparto en todo lo que usted dice en su intervención.
Aclaro, por si hiciera falta, que en mis comentarios anteriores jamás he puesto en duda (¿cómo podría como católico que soy?) la infalible fe del papa san Juan Pablo II en las cuestiones doctrinales, que hacen al depósito de la fe.
Sin embargo, mi respetuoso disenso se refiere al ámbito de lo pastoral-gubernativo-disciplinar.
Repito que considero un error pastoral de extrema gravedad, en el caso puntual de 1988, la promesa de conceder la autorización para consagrar un Obispo tomado de entre los presbíteros de la Fraternidad.
Por supuesto, en este ámbito, no desconozco que el Papa tiene, en su derecho y competencia, la facultad de hacerlo. De hecho se le concedió esto al Opus Dei, aunque el papa Francisco -creo que con buen criterio- modificó esta situación.
Pero conceder este permiso a otros grupos tradicionalistas - filolefebvrianos, como por ejemplo los Franciscanos de la Inmaculada, o el Instituto del Verbo Encarnado, por citar dos ejemplos bien conocidos, sería una actitud sumamente imprudente por parte de Roma, por el espíritu cripto-cismático que podrían imbuir a tales Obispos, espíritu que imbuía sin duda alguna a Lefebvre.
Estimado Julio,
Eliminarle agradezco estas aclaraciones, mientras que yo también me quedo maravillado por ese gesto de excesiva confianza hacia monseñor Lefebvre.
Puede ser que San Juan Pablo II en aquellos tiempos no hubiera aclarado lo suficiente la peligrosidad de la iniciativa de Mons. Lefebvre o que los mismos lefebvrianos no hubieran manifestado aún abiertamente la gravedad de su hostilidad hacia el Concilio.
(mensaje publicado en su blog por el padre Cavalcoli a las 17:12 hs. de Italia)