viernes, 17 de julio de 2026

La luz del sufrimiento. Job y Jesucristo (1/2)

Este nuevo artículo abre un debate profundo sobre el sufrimiento humano a la luz de Job y de Jesucristo. ¿Es el dolor un mal absoluto que debe evitarse a cualquier precio, incluso desobedeciendo la ley divina? ¿No será más bien que el sufrimiento, cuando es enviado por Dios, puede transformarse en bien y convertirse en ocasión de paciencia y confianza? ¿Por qué Job, inocente y golpeado por la desventura, se dirige directamente a Dios y no al diablo, reconociendo en Él el origen misterioso de su prueba? ¿Qué significa que Jesucristo arroje una luz fulgidísima sobre el sufrimiento, sin eliminar su misterio? Este texto del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a reflexionar sobre la tentación de rebelarse contra Dios, sobre la esperanza en el Redentor que vive, y sobre la fuerza que la fe otorga para aceptar el sufrimiento sin desesperar. [En la imagen: fragmento de "Job", óleo sobre lienzo, 1975, obra de Marc Chagall, colección privada].

La luz del sufrimiento. Job y Jesucristo
Primera Parte (1/2)

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli cuya primera parte fue publicada en su blog el 21 de abril de 2024. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/la-luce-nella-sofferenza-giobbe-e-gesu.html)

Estamos naturalmente inclinados a rechazar el sufrimiento
en nosotros y en los otros

Nuestra naturaleza percibe el sufrimiento como algo odioso y repugnante, por lo cual es llevada espontáneamente a combatirlo, a huir de él y a evitarlo o al menos, si no se lo puede eliminar o si no podemos liberarnos de él, si no se lo puede superar o eliminar, busca aliviarlo o disminuirlo. Importante virtud es la paciencia o el soportar el sufrimiento, paciencia obtenida a través de diversos medios, entre los cuales muy importante es el de encontrar una razón para el sufrimiento, ya que el saber por qué algo sucede, es siempre para nosotros, animales racionales, fuente de placer.
El sadismo y el masoquismo, la crueldad, el autolesionismo, el gusto de sufrir y hacer sufrir, el amor al dolor como tal, son inclinaciones perversas necesitadas de cura o tratamiento psiquiátrico, o vicios abominables contra la naturaleza, son pecados graves contra la legítima necesidad de felicidad, de placer, de goce y de bienestar, frente al sano y natural amor de sí mismo y del prójimo.
Tener piedad por el que sufre, sobre todo si es inocente, trabajar para consolar a los que sufren, ser compasivos, compartir el sufrimiento del otro, si no se puede hacer nada más para aliviar o eliminar el sufrimiento por cualquier medio lícito en nosotros y en los otros, es un preciso deber de caridad y de misericordia.
Conocer la causa del sufrimiento es útil también para el arte médico, para poder eliminarlo tratando la enfermedad que es causa del sufrimiento. Hoy en día la medicina dispone de productos anestésicos, sedativos, calmantes y analgésicos que nos resultan de gran beneficio para quitar el dolor
Una tentación puede ser la de considerar como un mal absoluto no el pecado, sino el sufrimiento, que nunca podría ser deseable, aceptable, útil, reparador, ventajoso y digno de amar, sino que sería siempre odioso y debería evitarse por cualquier medio, incluso al costo de desobedecer la ley divina. Se cree que Dios no quiere ningún mal, ni el mal de culpa ni el mal de pena, ni castigos, ni penitencias, ni renuncias, ni esfuerzos ni sacrificios.
De este modo, se ha llegado a sostener la legitimidad de la eutanasia, del suicidio, del aborto, de toda forma de egoísmo, del rechazo del sacrificio, de la renuncia a los votos religiosos, o al compromiso ascético y penitencial. Es cierto que existen sufrimientos insoportables, ante los cuales incluso un sujeto ejercitado en la paciencia puede desplomarse.
Si alguien para escapar del incendio en su apartamento se arroja por la ventana, se lo puede comprender. A alguien que, habiendo perdido la razón por el dolor, se suicida, se lo puede excusar. Si alguien, amenazado por el cuchillo de un musulmán, renuncia a Cristo, se lo puede comprender. El martirio no es un don dado a todos.
No es excusable quien para salvar su pellejo se sustrae al deber de luchar por su patria en peligro. No es excusable el médico que para evitar el riesgo del contagio se sustrae a su deber de atender a los enfermos. No es excusable quien para liberarse del peso de la culpa se abandona a los placeres carnales.
Los filósofos paganos se han preguntado: ¿por qué, si nosotros buscamos el placer y el bienestar, si tenemos necesidad de vida, de alegría y dicha, paz, armonía y serenidad, porque si a nosotros nos repugna el mal, existen invencibles e irremediables el sufrimiento, el tormento, la angustia, la perturbación, la inquietud, el conflicto, el dolor, el mal, la muerte? Si es bello el amor, ¿de dónde viene el odio? Si estamos por naturaleza inclinados a hacer el bien, ¿por qué existe una voluntad mala? ¿Por qué sentimos el impulso al mal? Si todos somos hermanos, ¿por qué nos odiamos entre nosotros?
La conclusión a la cual llegaron los antiguos paganos fue que dado que no podemos vencer el mal y el sufrimiento, estos no tienen una causa, no tienen un por qué, no son efecto de ninguna mala voluntad originaria o primordial, a la cual se le pueda pedir cuenta de tal injusticia y odio hacia el hombre. Dios mismo se alegra y sufre, Dios mismo es bueno y malo al mismo tiempo, justo e injusto, Dios mismo está en conflicto consigo mismo. Dios es ciertamente bueno y misericordioso, pero no es omnipotente, sino que él mismo es incapaz de remediar todos los males, hasta el punto de que él mismo sufre y no puede liberarse de su sufrimiento.

La respuesta de los antiguos paganos

Para los antiguos paganos el sufrimiento existe porque es justo, es divino que exista en nosotros el sufrimiento. El dios mismo, como cada uno de nosotros, está sujeto al Fatum o al Destino. No debemos hacer preguntas ni acusaciones al Fatum, sino que simplemente se lo debe aceptar, porque en cualquier caso los hombres y los dioses hacen forzosamente su voluntad.
Los paganos se han preguntado: ¿por qué no llegamos a eliminar el sufrimiento y el pecado? Ante la gravísima cuestión o más bien el misterio del origen y del por qué o de las causas primarias o de los responsables o culpables originarios del dolor y de las desventuras humanas, constatando su universalidad e invencibilidad, los paganos, en particular los estoicos, concluyeron que el sufrimiento no puede y no debe ser eliminado, porque es divino.
Los budistas, en cambio, firmes en la idea de que Dios es feliz, beato, creyeron que sea posible liberarse del sufrimiento extinguiendo todo deseo de actuar, que trae consigo inquietud e insatisfacción, un deseo que a nosotros nos parece bueno, en realidad es malo, y debemos extinguirlo sumergiéndonos en la paz contemplativa del nirvana.
En cualquier caso, la conclusión de los sabios paganos fue que lo que a nosotros nos parece malo (el sufrimiento), en realidad es bueno, y lo que nos parece bueno (la acción), es malo. ¿El mal es sólo una apariencia o es necesario para que exista el bien? Todo en realidad está bien tal como está. Nosotros tenemos sólo el deber de aceptar el Destino, que de cualquier manera, lo queramos o no lo queramos, se realiza en todos.

La respuesta de la Biblia

En cambio, la Biblia nos enseña a no resignarnos al mal, a llamarlo por su nombre, a reconocerlo por aquello que es; la Biblia nos explica qué es el mal, por qué existe, quién lo ha inventado y cuáles son sus orígenes. La Biblia no nos da remedios ilusorios y esperanzas vanas, nos da la fuerza y los medios para alcanzar en Dios esa felicidad a la cual todos estamos llamados.
La Biblia nos enseña que las verdaderas desventuras, las verdaderas desgracias, no son los accidentes automovilísticos ni los terremotos ni las epidemias ni los lutos, ni las humillaciones, sino el fastidio por las cosas del espíritu, la sordera a la Palabra de Dios, el desamor por las virtudes, el apego al pecado, la falta de compasión por los que sufren, la pereza en el hacer el bien, el preocuparse sólo de uno mismo.
El conocimiento de la verdad tiene una gran fuerza de consolación. Si ya en Job la Biblia nos hace saber que el sufrimiento puede ser enviado por Dios para ejercitarnos en la paciencia y en la confianza de que si Dios lo envía es por un motivo válido, Jesucristo arroja sobre el sufrimiento una luz fulgidísima, dejando al mismo tiempo intacto el misterio, luz que nos da nueva e inmensa fuerza para aceptar por una parte su realidad y para continuar por otra el esfuerzo de la medicina, de la psicoterapia, de la pastoral y de la educación moral, para aliviar y posiblemente suprimir el sufrimiento.
Una cosa que nos cuesta entender es por qué ese Dios que nos da existencia y vida y nos permite obrar el bien, ese Dios que obra maravillas, que quiere nuestra salvación, ese Dios bueno, omnipotente, justo y misericordioso, ese Dios que frecuentemente nos socorre en la necesidad y nos ayuda a vencer las dificultades procurándonos alegría y satisfacción, ese Dios que tiene piedad de nosotros, nos alivia de la miseria y nos consuela en el sufrimiento, ese mismo Dios en otros momentos en cambio nos deja presos de angustias terribles, nos deja que estemos afectados por la desventura, no nos socorre, no nos da fuerza, sino que permite que seamos humillados y vencidos por nuestros enemigos, deja que fracasemos en una empresa realizada para Él, que seamos incomprendidos por personas buenas, que suframos injusticia de parte de los prepotentes, deja impunes a los malhechores y permite que sufran los inocentes. Nos parece en estos momentos malos que Dios no sea misericordioso, que sea imprudente, precipitado, voluble, injusto y cruel. ¿Esto es acaso posible?
Nos vienen impulsos de reprocharLe y de maldecir contra Él. Nos vienen deseos de recurrir a otros dioses o a otros poderes. O bien caemos en la desesperación hasta el punto de desear la muerte. O estamos tentados a deirLe como Leopardi a Ahriman: ¿quieres mi muerte? Pues bien, ¡quiero mi muerte! O como Lutero: ¿quieres enviarme al infierno? Pues bien, obedezco, ¡me voy al infierno! O bien, como Nietzsche: debemos amar el Fatum, el destino. O como los estoicos: ¡todo está bien así! O bien como Hegel: incluso el mal es bueno.
Nos cuesta entender que Dios es bueno y misericordioso también cuando nos envía el sufrimiento. Creemos que un Dios bueno no debe querer nunca el sufrimiento: sería un Dios cruel; sino que sólo alivia y libera del sufrimiento, quita el sufrimiento y da la alegría y el bienestar. Si el punir está ligado al sufrimiento, el verdadero Dios no hace sufrir, no castiga a nadie, sino que perdona a todos y hace felices a todos.
El personaje bíblico Job, hombre inocente golpeado por la desventura, comprende inmediatamente cómo el sufrimiento puede ser enviado por Dios: "El Señor ha dado, el Señor ha quitado, ¡bendito sea el nombre del Señor!" (Jb 1,21). Esto quiere decir que si es enviado por Dios que es bueno, puede que no sea algo malo, puede que no sea un mal.
Entonces, un Dios que envía el sufrimiento no es un Dios malo. Sino que si lo envía, quiere decir que habrá un por qué lo envía, ya que Dios no puede hacer nada irrazonable o sin motivo. Sin embargo, Job no puede entender este por qué o este motivo. Entonces se confía de Dios. Y razona así: si Dios, que es bueno, me envía el sufrimiento, que sin embargo es un mal que me repugna y que siento que no merezco porque soy inocente, eso querrá decir que o lo transforma en bien o que en todo caso puede ser bueno y benéfico.
Una cosa interesante en Job es el hecho de que él, al menos por lo que narra la Escritura, parece ignorar que las desventuras que le han sucedido le vienen directamente del diablo. Habría podido agarrársela con el diablo. Pero queda siempre abierto el problema: ¿por qué Dios ha dado vía libre al diablo?
Job ni siquiera se enoja con los ladrones. En cambio, él parece dirigirse en sus pensamientos directamente a Dios, haciéndole a Él mismo responsable, también como Señor, de esa naturaleza que se ha arrojado contra él. Entiende que en el origen de todas esas desgracias está Dios, y al principio protesta duramente contra Él. Pero al mismo tiempo siente que debe tomar de Sus manos cuanto le ha sucedido. Permanece así oscilante hasta que Dios mismo le habla, recordándole que debe fiarse de Él.
Otra cosa digna de señalar es que Job se siente inocente. Nos podríamos preguntar: ¿pero entonces por qué habla de un Redentor? Esto hace pensar que Job, exento de pecados personales y, desde este punto de vista, no merecedor de castigo, aunque no hable de las consecuencias del pecado original, debe de todos modos haber tenido consciencia, aunque oscuramente, de ser también él un hijo de Adán.
Los amigos de Job le dicen: "¡si sufres es señal de que has pecado y eres castigado! ¡Tienes que pagar! ¡Evita el pecado y verás que Dios no te castiga!". Job objeta, diciendo que él es inocente. Sin embargo, comprende que es Dios quien lo hace sufrir y por eso le interroga: "házme saber por qué me eres adversario".
Lo sorprendente, de todos modos, es que Job parece no conocer la doctrina del pecado original. Si la hubiera conocido, tal vez no habría estado tan seguro de su inocencia y habría entendido que cuando nos llegan las desventuras no es porque Dios esté enojado con nosotros y ni siquiera es necesariamente porque hayamos cometido pecados personales, sino porque somos nosotros quienes nos encontramos en estado de aversión frente a Él y pagamos las consecuencias del pecado de nuestros primeros progenitores.
Es interesante cómo Job resiste a la tentación de culpar a Dios y, aunque manteniendo la convicción de que Él, por sus misteriosas razones, puede enviar desgracias la desventura incluso a los inocentes, mantiene firmísima la convicción en la infinita bondad de Dios y en su infinito amor por el hombre y por vida: "¡Yo sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo. Y después que me arranquen esta piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios. Sí, yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño" (Jb 19,25-27).
En cierto momento Dios se revela a Job y lo reprende por sus quejas y sus protestas: "¿Quieres realmente anular mi sentencia, y condenarme a mí, para justificarte?" (Jb 40,8). Y Job responde: "Yo sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti. Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro. Escucha, déjame hablar; yo te interrogaré y tú me instruirás. Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza" (42,2-6).
En este punto Dios aprueba y alaba a Job, y en cambio reprende a sus amigos: "No habéis dicho la verdad acerca de mí, como mi servidor Job" (Jb 42,8). Ellos se equivocaron al decir que Job era castigado por sus pecados, porque, si es cierto que Dios castiga el pecado, puede, sin embargo, por sus propias motivos incuestionables, hacer sufrir también a un inocente.
Dios aprueba a Job porque ha permanecido sustancialmente fiel a Dios, no obstante la prueba, ha entendido que es necesario recibir de sus manos también el sufrimiento, aunque siga siendo un misterio el motivo por el cual Dios envía el sufrimiento al inocente, ha vencido su tentación de rebelarse contra Dios, de juzgarlo injusto y cruel, y reconoce su sabiduría y bondad aunque le haya enviado la desventura, sin saber por qué motivo, pero fiándose de Él.

Fin de la Primera Parte (1/2)

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 9 de marzo de 2024

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum passio possit a Deo velle

Ad hoc sic procediturVidetur quod passio non possit a Deo velle.
1. Natura enim nostra eam percipit ut odiosam et abominabilem, et sponte fugit ab ea vel eam levare conatur. Si Deus est bonus et misericors, non potest velle aliquid quod contradicit legitimae necessitati felicitatis.
2. Praeterea, tenetur quod passio sit malum absolutum, quod numquam potest esse desiderabile, acceptabile, utile aut amabile. Ergo Deus non potest eam mittere quin ipse crudelis fiat.
3. Item, observatur quod sunt passiones intolerabiles, coram quibus etiam subiectus in patientia exercitatus corruere potest. Si Deus eas mitteret, iniustus et inconstans videretur.
4. Denique philosophi pagani concluserunt passionem non habere causam et Deum ipsum esse principium tam boni quam mali. Si hoc ita esset, passio non posset in bonum transformari, sed esset signum quod Deus ipse secum confligeret.

Sed contra est quod Scriptura docet: Dominus dedit, Dominus abstulit, sit nomen Domini benedictum (Iob 1,21). Et iterum: Scio quod Redemptor meus vivit et in novissimo super pulverem stabit (Iob 19,25). Sanctus Augustinus affirmat Deum permittere malum ut ex eo maius bonum educat. Sanctus Thomas docet Deum non velle malum culpae, sed posse permittere malum poenae ad correctionem et purificationem hominis.

Respondeo dicendum quod passio, quamvis naturaliter nobis repugnet et videatur malum, potest tamen a Deo mitti ad exercendum nos in patientia et fiducia. Si Deus eam mittit, non potest esse irrationabilis nec sine causa, sed potest in bonum converti et esse salutaris. Iob, innocens calamitate percussus, agnoscit se debere accipere etiam passionem de manibus Dei, etsi causam non intellegat. Manet fluctuans donec Deus ipse ei loquitur, et tunc se retractat et in pulvere et cinere paenitentiam agit. Deus approbat Iob quia fidelis permansit, tentationem rebellandi vicit et sapientiam atque bonitatem divinam agnovit etiam in medio probationis.
Tentatio consistit in hoc quod passio reputetur malum absolutum, usque ad legitimandum euthanasiam, suicidium vel recusationem sacrificii. Biblia autem docet veras calamitates non esse casus aut epidemias, sed surditatem ad Verbum Dei et adhaesionem peccato. Christus super passionem fulgidissimam lucem effundit, quae mysterium non tollit, sed dat virtutem ad eam accipiendam et ad continuandum conatum eam levandi per medicinam, psychotherapiam et pastoralem curam. Iob ostendit etiam innocentem posse probari, et passionem fieri occasionem fiduciae in Redemptore vivente.
Ergo passio potest a Deo velle et in bonum transformari, etsi maneat mysteriosa ratio cur Deus eam mittat etiam innocenti.

Ad primum dicendum quod, quamvis natura nostra fugiat passionem, Deus potest eam mittere ad bonum spirituale nostrum.
Ad secundum dicendum quod passio non est malum absolutum, quia potest esse occasio patientiae, fiduciae et purificationis.
Ad tertium dicendum quod passiones intolerabiles non sunt signum crudelitatis divinae, sed necessitatis gratiae et spei in Redemptore.
Ad quartum dicendum quod philosophi pagani erraverunt attribuentes malum ipsi Deo; Biblia docet passionem habere originem in peccato et in actione diaboli, sed Deum eam permittere ad maius bonum.
   
JG

12 comentarios:

  1. En su momento, cuando el padre Cavalcoli publicó este artículo, en 2024, su texto generó varios comentarios tanto en su blog como en su página de Facebook. Publicaré la mayoría de ellos, o al menos los que me parecen más actuales y útiles para los lectores de hoy.

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  2. Una lectora comentó largamente acerca de las desgracias, y preguntó: ¿Dios castiga por los pecados de los hombres a través de castigos? Recordó el terremoto en Calabria y Mesina con 120.000 víctimas, los maremoto. Citó a san Juan Bosco y sus profecías, a la masonería, la muerte de Juan Pablo I, el humo de Satanás del que habló Pablo VI, recordó a Benedicto XVI en su primera homilía cuando dijo ‘Rezad por mí, para que por miedo yo no huya delante de los lobos', y finalmente no tuvo un juicio recto sobre el papa Francisco. Y finalmente se hizo eco de expresiones del profesor Roberto de Mattei ...
    El padre Cavalcoli respondió: Las desgracias de la vida presente son la consecuencia del pecado original. Por este motivo la naturaleza nos es hostil. Ciertamente la naturaleza no actúa por cuenta propia, sino que está bajo el gobierno de la Providencia. Por eso las calamidades naturales deben ser vistas con ojo de fe, como nos enseña el libro del Apocalipsis, es decir, como reclamos del Señor a convertirnos y a hacer penitencia. El papa Francisco naturalmente sabe estas cosas, pero prefiere insistir en recordarnos que el Señor está siempre cerca de nosotros, incluso en las grandes pruebas, mientras que obviamente nosotros para poder gozar de su misericordia debemos arrepentirnos y volver al Señor. Por cuanto respecta a la simpatía de la masonería por el Papa, ciertamente es una movida que intenta atraerse la benevolencia del Papa. Lo cierto es que la masonería hoy ya no tiene la ferocidad que tenía en tiempos de León XIII, obligándolo a escribir una encíclica severísima contra la masonería. Conozco desde hace muchos años esta asociación y debo decir que, como todas las formaciones humanas, junto a lo negativo hay también lo positivo. El riesgo de hoy es el de descuidar la vigilancia necesaria para protegerse de las insidias de esta asociación, que sigue queriendo la destrucción de la Iglesia.

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  3. La misma lectora anterior continuó diciendo: me ha tranquilizado un poco, pero no del todo. No veo nada positivo, no se puede decir abiertamente la verdad, porque es peligroso.
    El padre Cavalcoli respondió: Lo negativo supone lo positivo, en cuanto se asemeja a una enfermedad, la cual existe solo si existe el enfermo, el cual por otro lado posee aspectos positivos. Por lo tanto usted, para consolarse y animarse necesita considerar los aspectos positivos de la situación actual, de lo contrario, si solo mira lo negativo, es lógico que usted se desanime y que incluso se sienta tentada a seguir los malos ejemplos.

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  4. Un lector preguntó: ¿Antes del pecado de los progenitores hubo catástrofes naturales?
    El padre Cavalcoli respondió: las catástrofes naturales forman parte de la evolución normal de la historia de la tierra y del universo. Lo que podemos pensar es que nuestros primeros progenitores en el Edén habían recibido de Dios tal poder sobre la naturaleza, que podían evitar que les hiciera daño. El hecho de que ahora la humanidad no pueda defenderse de las calamidades naturales, es una consecuencia del pecado original. Sin embargo, el progreso técnico asegura al hombre el dominio progresivo sobre la naturaleza, que podemos considerar como una restauración, aunque imperfecta, de la condición feliz del estado edénico. La prospectiva de la resurrección final implica la perfección de esta recuperación y, además, el estado de hijos de Dios, que no estaba previsto en el edén.

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  5. El mismo lector insistió: Entonces, antes del pecado original existieron las catástrofes naturales.
    El padre Cavalcoli respondió: Pienso que antes del pecado original las leyes de la evolución de la naturaleza eran las mismas que las que han seguido a dicho pecado. Lo que podemos pensar es que la pareja primitiva tenía de Dios la posibilidad de hacer de modo que las catástrofes naturales no les dañaran y de hecho de utilizar esas fuerzas naturales a su servicio. En cambio, con el pecado original, ya no hemos sido capaces de dominarlas y en este sentido la naturaleza se ha vuelto hostil. Sin embargo, gracias a la ayuda divina, la humanidad, que comenzó su camino después de la culpa original, ha recuperado progresivamente las fuerzas perdidas por el pecado, aunque todavía hoy la humanidad tiene mucho camino por recorrer para una restauración plena de las condiciones edénicas, aunque recibe de Cristo la posibilidad de participar en su filiación divina en una perspectiva que nos dio Cristo y que no existía en el estado edénico.

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  6. El mismo lector anterior insistió: Dice el teólogo Silvio Barbaglia: "Despejemos el campo de la idea de la naturaleza virgen; para entender el Edén debemos mirar el jardín como una experiencia de ciudad. Es el jardín cercado, la idea del hortus conclusus. El relato bíblico está escrito teniendo en cuenta la cuestión de Jerusalén y del Templo. En los cuatro ríos del Edén en Génesis 2 se menciona a Gihon, el manantial que lleva el agua a Jerusalén y que fue el centro de las obras de canalización del rey Ezequías. El mismo rey que había tratado de desterrar la idolatría, en un camino que luego Israel había abandonado: por esto - en la lógica bíblica - había llegado la experiencia del exilio (que es, pues, la expulsión del Edén). El relato, por tanto, más que como punto de origen se lee en la perspectiva de una mirada sobre el fin: el Edén es la esperanza en el tiempo del exilio".
    El padre Cavalcoli respondió: Las observaciones de Barbaglia presentan un aspecto interesante, que pone en relación el exilio babilónico con el relato del edén, como si significara la nostalgia de un período feliz con el rey Ezequías. Sin embargo, la negativa de Barbaglia a considerar el edén como estado de inocencia contrasta con la doctrina de la Iglesia, por lo cual no se puede aceptar. El dogma del Edén es conexo con el dogma del pecado original, el cual es una caída del estado de inocencia y conlleva una corrupción de la naturaleza humana, que viene reparada por la redención de Cristo, el cual restaura la inocencia primitiva y la eleva a una condición escatológica que implica la adición de la filiación divina.

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  7. Otro lector comentó acerca de la respuesta anterior: Concuerdo con lo de la «vigilancia necesaria para protegerse de las insidias de esta asociación, que sigue queriendo la destrucción de la Iglesia». ¿La destrucción de la guía petrina y la domesticación de la guía que se hace democrática?
    El padre Cavalcoli respondió: La masonería se propone destruir la Iglesia en su aspecto sobrenatural, en cuanto que la Iglesia es comunidad que Cristo ha puesto a la guía del género humano en orden a la salvación. En cambio, el objetivo de la masonería es el de sustituirse a la Iglesia en la tarea de guiar a la humanidad hacia la justicia, la libertad y la paz. Por tanto, la masonería sabe apreciar los aspectos de vida democrática en la Iglesia, pero al mismo tiempo quiere destruir el elemento sobrenatural, es decir, la doctrina y el gobierno llevado a cabo por los Pastores. Además, la masonería apunta a una hegemonía sobre todas las religiones, que ella considera como simples agrupaciones basadas en visiones parciales, mientras que ella presume de tener esa visión universal que puede garantizar la unidad y la concordia del género humano.

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  8. El mismo lector anterior continuó: Muy claro, Padre:, gracias! Estoy de acuerdo tanto con los aspectos de lo sobrenatural, donde los masones quieren reemplazar la salvación cristiana con su gnosticismo; como sobre la visión universal, donde querrían reemplazar la fraternidad cristiana con su fraternidad masónica. ¿Qué pasa con la solidaridad? Vea lo que escribía la Gran Logia Suiza Alpina para la Regla de la Masonería de 1782: «Cuando sientas los límites de tu naturaleza finita y tu alma se entristezca, ven a nuestros templos, observa el conjunto sagrado de los beneficios que nos unen y concurren eficazmente, según todas tus facultades, a los planes y empleos útiles que la asociación masónica te presenta y que realiza, saborea los dulces frutos de nuestras fuerzas combinadas y concentradas para un mismo objetivo; entonces tus recursos se multiplicarán.»
    El padre Cavalcoli comentó: La exposición de la solidaridad masónica me parece allí muy clara. En esencia, se parte de la concepción rousseauiana del hombre naturalmente bueno, no tanto en el sentido de que no se reconozcan las injusticias, sino en el sentido de que se considera que las fuerzas humanas, sobre todo si están políticamente organizadas, sean capaces por sí mismas de remediar las injusticias sin que sea necesario recurrir a verdades de fe y, por tanto, a la ayuda de la gracia divina. En esta visión, Dios aparece simplemente como el ideal de la razón práctica, según la moral kantiana, y no como un Dios personal que nos manda lo que debemos hacer y al que debemos rendir cuentas por lo que obramos. Pero el hombre debe responder solo ante su propia conciencia, porque, según el masón como según Kant, el pecado no es una ofensa a Dios, sino que es solo una degradación de la propia dignidad. Los cristianos podemos aceptar este concepto, solo que nosotros precisamos que nuestra dignidad no está fundada en sí misma, sino que es creada por Dios. Lo que justifica que tengamos que responder de nuestras acciones no solo y no tanto ante el poder político, sino ante Dios.

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  9. El mismo lector continuó el diálogo: Gracias por ayudar al discernimiento. A propósito de pecado, esta mañana oí en la radio que entre los méritos de Cesare Beccaria estaba el de distinguir entre delito y pecado; también yo diría al respecto que hay que distinguir, pero el criterio primario con el que juzgo y me hago juzgar "lo verdadero, lo bueno y lo justo de mis pensamientos, obras y omisiones" es lo que usted indicó: «nuestra dignidad no está fundada en sí misma, sino que es creada por Dios. Lo que justifica que tengamos que responder de nuestras acciones no solo y no tanto ante el poder político, sino ante Dios».
    El padre Cavalcoli respondió: La distinción de Beccaria es correcta y ya se ha asumido en el lenguaje jurídico. Tanto el delito como el pecado son desobediencia a la ley: el primero, sin embargo, es violación de la ley civil; el segundo es desobediencia a la ley natural, a la ley divina y a las leyes eclesiásticas.

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  10. El mismo lector anterior agregó: Hace 20 años, Buttiglione se sintió mal cuando fue rechazado por el Parlamento como comisario designado porque dijo: «Como católico considero la homosexualidad un pecado, pero no un crimen».
    El padre Cavalcoli respondió: Quizás Buttiglione debía expresarse de otra manera, porque en realidad la homosexualidad, de por sí, no es un pecado, sino que es un dato de hecho consistente en una inclinación homosexual en lugar de heterosexual. Ahora bien, este simple dato de hecho aún no es pecado, sino que más bien es inclinación al pecado. El verdadero y propio pecado es el pecado de sodomía, es decir, el consentimiento voluntario a esta tendencia viciosa.

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  11. El mismo lector agregó: Eso es muy cierto. Tan cierto como que Buttiglione sabía y sabe que la inclinación no es pecado, pero sí lo es la sodomía y a esto quería referirse (estoy de acuerdo en que podría haber aclarado mejor, ya que hablaba 7 idiomas), pero probablemente lo habrían rechazado, aunque hablara de sodomía en vez de homosexualidad. Cité eso de él de hace 20 años para decir que hoy se bendice no la inclinación, sino precisamente a aquellos que al Párroco y a través de Internet confirman la licitud de su práctica sodomítica, más aún, se definen como tales una bendición para la Iglesia: ¿no le parece una subversión en sólo pocos años del concepto de pecado? Poco importa del juicio de los parlamentarios europeos (viva la laicidad) mucho más el de la Iglesia, con los Obispos africanos que dicen que no se bendice el pecado (mientras Spadaro dice que hay que tener paciencia con ellos que deben madurar) y con los Coptos que precisamente por Fiducia supplicans dan un paso atrás en el diálogo con los católicos: aquí no se trata de disquisiciones terminológicas sobre las inclinaciones, sino de hechos, y graves tanto por la confusión doctrinal interna a la Iglesia católica, tanto para el diálogo ecuménico externo. Recemos a Dios por la paz, porque una guerra nuclear podría hacer que estas disquisiciones sobre los gays aparecieran como las que se hacían en los restaurantes del Titanic que ya había comenzado a hacer agua después de la colisión con el iceberg. Dios bendiga su Obra doctrinal, padre.
    El padre Cavalcoli respondió: Sobre este tema de las bendiciones a las parejas homosexuales ya he hablado mucho en mi blog. El Papa ha sido muy claro sobre este punto: ¡no se bendice el pecado! ¿Cómo es posible dudar que un Vicario de Cristo haga la apología del pecado? ¿No es ésta una grave ofensa que se vuelve contra ese Cristo, del que el Papa es representante? En mis explicaciones he dicho y repetido que la bendición tiene por objeto todo lo bueno que hay en esas personas y la prospectiva de su conversión. ¡La oposición por parte de los obispos tiene un carácter de prudencia pastoral y no tiene nada que ver con una acusación hecha al Papa de bendecir el pecado! En cuanto a ciertos moralistas llamados "católicos", que sostienen que la sodomía ya no es pecado, son impostores, que para defender sus obscenidades no se avergüenzan de instrumentalizar las enseñanzas del Papa.

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  12. Una lectora comentó: Estoy de acuerdo con usted, pero en mi opinión falta un pequeño detalle, que me parece que no es pequeño, es más, permítame, yo diría que la masonería es guiada por Satanás en persona, y que solo Satanás guía a sus seguidores, políticos, hombres de la Iglesia, personas de buena posición económica, etc. para que hagan de todo pra destruir a la Iglesia católica, a Iglesia del Dios verdadero. Lo cual nunca sucederá. Creo que es importante que la gente sepa que la masonería está dirigida por Satanás, para que sean responsables de sus acciones. Disculpe mi intervención. Pero la lucha contra la masonería debe estar siempre viva, porque puede arrollar a esos pequeños de fe y llevarlos al abismo más letal. Disculpe mi intervención. Le deseo lo mejor. Que Dios le bendiga.
    El padre Cavalcoli respondió: Su visión de la masonería me da la impresión de un ejército de siervos del demonio a las órdenes del demonio. Es cierto que san Juan habla de los hijos del diablo, pero Juan se refiere a esa parte de la humanidad que se opone a Cristo. Y si queremos ser más precisos es necesario decir que el demonio obra tentando a cada hombre, si es verdad que ha hecho esto también con Cristo. Digo esto porque usted tiene una visión de la masonería que ignora el hecho de que los masones son también ellos creaturas, llamadas por Dios a la salvación y solicitadas por la gracia divina. ¿Quién o qué nos impide pensar que ciertos masones estén en buena fe y por tanto en gracia de Dios? ¿Acaso es que Cristo no nos envía a anunciar el Evangelio a todos? Estoy de acuerdo en que la masonería está abierta a las sugestiones de satanás, pero el conocimiento que tengo de esta asociación me ha hecho comprender en ella también la presencia de valores humanos, que como tales deben ser apreciados. Por lo tanto, existen posibilidades de salvación también para los masones, mientras que también nosotros debemos tener cuidado de no dejarnos seducir por las insidias del demonio.

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