martes, 7 de julio de 2026

El engaño del gnosticismo

Este artículo desenmascara el engaño del gnosticismo, condenado por el Magisterio de la Iglesia en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate del papa Francisco, mostrando cómo bajo apariencia de saber profundo se esconde soberbia y confusión. ¿No es un fraude pretender conocer más de Dios que lo revelado en el Evangelio? ¿No resulta inquietante que el gnosticismo coloque el mal dentro de Dios mismo, justificando la coexistencia de luz y tinieblas? ¿No es peligrosa su fascinación intelectual que seduce a los cultos y confunde a los simples? ¿No es urgente recuperar la humildad y la verdadera sabiduría cristiana que edifica en la caridad y no en la vana ciencia? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a redescubrir la fe auténtica, accesible a todos y libre de las imposturas gnósticas. [En la imagen: fragmento de una ilustración que muestra a sacerdotes del maniqueísmo escribiendo en sus escritorios, con una inscripción en un panel en sogdiano; de un manuscrito de Khocho, cuenca del Tarim].

El engaño del gnosticismo

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 6 de julio de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/linganno-dello-gnosticismo-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)

Recientemente, el papa Francisco ha denunciado la presencia en el pensamiento contemporáneo del gnosticismo, calificándolo como concepción "superficial", por lo tanto incapaz de captar la profundidad de los valores de la fe.
Efectivamente, la superficialidad es el resultado último de la visión gnóstica, aunque ella tenga la pretensión de alcanzar un saber profundo o, si se quiere, supremo -el término proviene del griego gnosis que significa conocimiento, ciencia-. El gnosticismo, de hecho, se caracteriza como la presunción, dictada por la soberbia, de alcanzar un conocimiento de Dios o del Absoluto superior al que proviene de la revelación cristiana y por tanto del mismo Evangelio de Cristo, transmitido al mundo e interpretado por la Iglesia.
La mención del Papa al gnosticismo es más que oportuna, dado que ya desde hace muchas décadas, eminentes estudiosos católicos ¹ vienen señalando la peligrosa presencia de esta compleja corriente de ideas, que se adentra en el fenómeno más amplio del modernismo. No estaría mal, en mi opinión, que el Magisterio retomara este tema y le dedicara más atención para proteger al pueblo de Dios y a los mismos estudiosos de sus sutiles y fascinantes insidias.
Como es bien sabido, la explosión del fenómeno gnóstico se produjo ya en los primerísimos tiempos de la historia del cristianismo y tuvo un poderoso adversario suyo en san Ireneo de Lyon. Fue el grandioso y complejo intento de la antigua religión pagana de frenar el avance del cristianismo oponiéndole no una lucha frontal como era la política de los Emperadores y ni siquiera como hacía el judaísmo considerando al cristianismo como herejía del hebraísmo (los miním), sino con el ambicioso proyecto de realizar y explotar la nueva fe, falsificándola con ello mismo, en una visión especulativa o filosófica superior, de modo que la doctrina cristiana debía aparecer como una mitología vulgar y "psíquica" muy por debajo de la sublimidad teorética y "espiritual" de la especulación gnóstica recabada de los conceptos metafísicos del paganismo occidental y oriental de las antiguas religiones egipcia, pitagórica, órfica, mistérica, romana, platónica, plotiniana, hasta el neoplatonismo que llega hasta Proclo y Jámblico.
El fenómeno histórico del gnosticismo es muy complejo y contradictorio, resultando de la concurrencia de ideas, símbolos y mitos dispares, muchas veces extravagantes y absurdos, que han llevado a los estudiosos del pasado a dar poca importancia a tal fenómeno, considerado no merecedor de seria consideración, también por el hecho de que no se poseían los testimonios históricos que hoy poseemos tras recientes descubrimientos ².
Por otra parte, tan solo recientemente, por mérito de agudos estudiosos como por ejemplo Ennio Innocenti, Festugière y Filoramo, se ha llegado a darse cuenta que la categoría histórica de gnosticismo podría ser extendida para significar una cierta actitud mental hacia el problema metafísico-teológico, que hace de trasfondo también a otras grandes formaciones ideológicas vinculadas a religiones, sistemas filosóficos, poemas, epopeyas etiológicas y legendarias y creaciones literarias.
Queriendo así sintetizar las ideas fundamentales que hacen de algún modo de denominador común al fenómeno, se podría decir lo siguiente. El interés de fondo del gnosticismo es el problema del Absoluto, de la Totalidad, del Infinito o de lo Eterno, digamos el problema teológico, entendido como relación del uno con lo múltiple.
El gnóstico cree conocer la solución de este problema por divina revelación, pero no de parte de una comunidad histórica, o de una naturaleza exterior y objetiva, sino en su propia conciencia ("auto-conciencia"), en cuanto que él mismo se considera momento, aparición o manifestación del Absoluto. De ahí el gran orgullo y la soberbia del gnóstico, que se considera a sí mismo y a su doctrina como divina Verdad por encima de todas las otras doctrinas que se refieren a la divinidad, el origen y el fin de las cosas y el sentido fundamental de la existencia y de la vida humana.
Los ejes fundamentales del gnosticismo son, así, la conciliación de la Unidad (monismo) con la Dualidad entendida como oposición (dualismo), origen de la multiplicidad y del devenir (mundo). La Dualidad niega la Unidad, por lo cual la conciliación se produce con un tercer término que implica coexistencia de unidad (identidad) y oposición (negación).
Por ejemplo: al ser se opone el no-ser, al bien se opone el mal, al todo se opone la parte, al universal se opone el individuo, al espíritu se opone la materia, a la vida se opone la muerte. Pues bien, la conciliación de todo con el Todo (el Uno-todo) sucede no por analogía o semejanza del mundo con Dios, como encontramos en Aristóteles, ni por participación como encontramos en Platón y en la misma Biblia, sino en forma cíclica, que asumirá luego sucesivamente el aspecto de la "dialéctica": la supresión de la negación por parte de la afirmación no anula la negación, sino que la deja subsistir precisamente porque ella es funcional a la afirmación.
Por tanto, no se da una verdadera victoria de lo positivo sobre lo negativo, de Dios sobre Satanás, de lo verdadero sobre lo falso, de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal. Sino que estas dualidades permanecen en el Uno absoluto y por tanto en Dios y vienen presentadas como legítimas porque deberían justificar la diversidad y la multiplicidad y por tanto la existencia del mundo, el cual por tanto no tiene su origen como cosa en sí buena por creación, como enseña la Biblia y está implícito en Aristóteles y Platón, sino que tiene origen por una división u oposición en lo interno del Uno, por lo tanto de Dios, Dios opone Sí a Sí, se opone a Sí mismo: de ahí la idea de Dios como principio tanto del bien como del mal, tanto de la vida como de la muerte.
El gnosticismo, carente del principio de analogía, de proporción o de semejanza, fautor de la armonía, del orden, de la concordia y de la paz, confunde lo diverso con lo contrario o con lo contradictorio, de modo que niega lo diverso en cuanto opuesto o enemigo, o admite lo opuesto en cuanto considerado diferente. La consecuencia, en la vida social, es la guerra de todos contra todos para negar lo opuesto y la tolerancia de cualquier injusticia en nombre de lo diverso.
Así, en el gnosticismo no hay verdadera distinción y comunión entre un Dios bueno y un mundo en el cual se encuentra el mal por culpa de la creatura, mundo que sin embargo viene salvado por Dios, sino que, dado que el mundo con sus males no es otra cosa que una aparición o concretización necesaria de Dios en Dios, es un Dios devenido mundo, la muerte y el mal vienen a encontrarse en Dios mismo, pero no como algo repugnante e injusto, salvo por apariencia, sino que para quien posee la "gnosis" el mal viene a ser algo lógico, necesario, divino, que asegura la existencia y la oposición de Dios y del mundo, no por tanto realmente distintos y en armonía, sino formando así un todo-uno o bien una Uni-Dualidad (panteísmo).
El mal del mundo para el gnóstico es causado por el aspecto maligno de Dios, el bien en cambio es causado por el aspecto bueno. De esta idea sacará Marción la doctrina del Dios "malo", creador del mundo del Antiguo Testamento, del Dios "bueno", salvador y divinizador del Nuevo Testamento. En cambio, en el maniqueísmo la divinidad misma se desdobla o escinde en dos, con la famosa oposición entre el Dios del bien y el Dios del mal. En Spinoza, el mal es sólo una apariencia subjetiva, pero "desde el punto de vista de Dios" (sub specie aeternitatis) lo que nos parece malo es bueno. En Böhme, retomado más tarde por Hegel, el mal es el demonio, por lo cual Dios, al crearlo, da origen al mal. En Hegel el demonio es la figura mitológica del "mágico poder de lo negativo", por el cual el Espíritu absoluto se niega a sí mismo y se reconcilia consigo mismo.
La doctrina de la materia (cuerpo) mala, principio del mal, y del espíritu (alma) bueno, principio del bien, es ciertamente un aspecto del gnosticismo en la filosofía de Pitágoras y de Platón. Pero la cuestión del mal se mantiene siempre sin resolver. Sólo en el cristianismo el mal es absolutamente vencido en virtud de la idea de un Dios absolutamente bueno.
Los estudiosos han puesto demasiado en relieve el aspecto dualista del gnosticismo, descuidando el hecho de que en él, como me parece haber mostrado, existe también una instancia de unidad. El defecto del gnosticismo es el de no saber componer armónicamente y sin contradicción estas dos fundamentales instancias de la metafísica y de la inteligencia. El dualismo conduce a una oposición entre Dios y el mundo y a la doctrina del Dios incognoscible (ágnoston), pero el monismo conduce al panteísmo, que es la verdadera gnosis, es decir, Dios reducido a un "concepto", según la univocidad del ser como ser pensado, como más tarde dirá Hegel.
Un fuerte renacimiento del gnosticismo se produjo en el siglo XV con el florecimiento del hermetismo en el período del Humanismo, véase por ejemplo Marsilio Ficino y la magia renacentista de Girolamo Cardano, Cornelio Agrippa y Paracelso hasta llegar a Giordano Bruno ³ y en el siglo XIX con la "teosofía" de Madame Blavatsky.
El gnosticismo es así no sólo un fenómeno histórico, sino una categoría del espíritu, un fenómeno cultural recurrente, una tentación constante propia de restringidos y exclusivos círculos intelectuales que se consideran en posesión de un saber místico-esotérico que eventualmente puede llegar a tener una salida práctica en la teúrgia y en la magia. Así se encuentra un toque de gnosticismo en todas las religiones -como por ejemplo el brahmanismo (yoga), el islamismo (sufi), el spinozismo y el judaísmo (cábala), al menos en algunas de sus corrientes, que pretenden ser superiores al cristianismo, pretenden poseer una ciencia divina superior, porque los mismos maestros se consideran seres divinos superiores a la común masa de los mortales. Luego están las innumerables sectas gnósticas, de carácter más popular pero no menos pretencioso, que quizás en sentido sincretista se ramifican de aquellos grandes filones o grandes corrientes de la cultura -o mejor dicho: superstición- mundial.
El propio protestantismo, por ejemplo en su versión hegeliana o liberal (racionalismo bíblico), o la ortodoxia oriental, en el fenómeno del hesicasmo, no están exentos de estas pretensiones gnósticas, en cuanto aseguran conocer a Cristo mejor que la Iglesia católica, que consideran corruptora del Evangelio. Otras formaciones esotéricas, como la masonería, el ocultismo, el espiritismo o la Sociedad de los Rosacruz o incluso ciertas sectas satánicas, podrían muy bien incluirse en esta grande y variada familia del gnosticismo.
Siempre en el campo del conocimiento de Dios o del Absoluto, en el extremo opuesto del gnosticismo, tenemos el agnosticismo (que implica la idea del no-saber, del no-conocimiento: alfa privativo y gnosis), corriente de pensamiento también ella de antigua tradición y hoy más extendida que nunca en muchos ambientes, incluidos los culturales, los cuales no se sienten inclinados a abrazar el teísmo cristiano o iluminista y negar el panteísmo gnóstico, sino que rechazan también el ateísmo, por lo cual consideran posible y conveniente ponerse, por así decirlo, a medio camino entre el sí y el no, entre el saber y el no saber, en una duda sistemática y perenne, en una continua suspensión del juicio. Hoy esta actitud está muy extendida en ambientes culturales laicistas académicos, de la ciencia, de la política, del arte, de la literatura, y del periodismo o publicística.
Mientras el gnóstico pretende saber sobre Dios más de cuanto le es permitido al hombre, el agnóstico no abre su mente tanto como podría abrirla y se mantiene encogido, como un pájaro que no usa sus alas, a un nivel de conocimiento que no va más allá de la realidad material, sin por esto excluir una superación, pero nunca se decide, y permanece siempre en la duda, en el umbral del escepticismo. Kant está muy cerca de esta posición.
El gnóstico es un impostor no exento de agudeza intelectual y fuerza especulativa, el cual, para emerger sobre los demás y parecer un genio de la teología, se exhibe en las escaladas alpinas de sexto grado dando la apariencia de llegar a las cumbres más sublimes del pensamiento con abstrusas doctrinas que causan impresión, pero en realidad haciendo espantosas confusiones, de las cuales se dan cuenta los expertos, mientras que el común fiel, envenenado por sus teorías, sufre las consecuencias en el plano moral sin comprender las raíces del mal.
El gnosticismo ciertamente alcanza altas cumbres al tratar, por ejemplo, de la metafísica, de los atributos divinos o de los caracteres del espíritu, pero no se rebaja al nivel de lo simple. Además, cae en errores que, por su ponerse a tan alto nivel, son sutiles, ocultos y peligrosos. A los simples les cuesta reconocerlos. La verdadera sabiduría cristiana, por el contrario, es más sublime que el gnosticismo y al mismo tiempo sabe estar al alcance de todos, además de estar libre del error.
Para rastrear los errores del gnosticismo se necesita agudeza de mente y resistencia a sus fascinantes seducciones que tientan a los espíritus cultos e inteligentes, pero ambiciosos. Las mentes obtusas, ingenuas y simples, por su parte, no logran identificar los errores de los gnósticos, confunden la bondad con la credulidad y no comprenden por qué los sabios teólogos y el Magisterio de la Iglesia son tan severos con ellos. Los confunden con inexorables cancerberos del infierno o perros rabiosos, cuando en realidad ellos defienden a los fieles del engaño. Los gnósticos, por su parte, son hábiles en hacerse pasar por víctimas presentando bajo una mala luz a los sabios, contra los cuales logran canalizar la hostilidad y el desprecio de sus seguidores.
¿Cómo remediar esta desgracia del gnosticismo? Es necesario recuperar la estima de la verdadera sabiduría y de la verdadera fe. Sobre todo, es necesario redescubrir la humildad en nuestra relación con la verdad, especialmente si está en juego la verdad sobre Dios y sobre la divina revelación. Es necesario darnos cuenta de que la verdadera sabiduría no tiene nada que ver con el exhibicionismo o la pretensión de humillar al prójimo con un falso saber divino que en realidad es una impostura o una fábrica de espíritus inflados de sí mismos. Es necesario recordar, con san Pablo, que scientia inflat, caritas autem aedificat.
La verdadera sabiduría es saber enseñar a los demás a buscar a Dios, a ejercitarse en la virtud, a convertirse de los propios pecados, a caminar hacia la santidad, consolarlos en el sufrimiento, confortarlos en las dificultades, aconsejarlos en las dudas, robustecerlos en las pruebas, hacerlos vencedores del mal. Y para todo esto es necesario el Evangelio de Cristo mediado por la Iglesia y testimoniado por los santos de todos los tiempos.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 6 de julio de 2013

Notas

¹ Baste con citar algunos nombres: Jonas, Festugière, Filoramo, Sfameni Gasparro, Introvigne, Innocenti, Samek Lodovici, Livi.
² Como por ejemplo el de Nag-Hammadi en Egipto.
³ Véase los estudios de F. Yates, Giordano Bruno e la tradizione ermetica, Laterza 2010;  Giordano Bruno e la cultura europea del Rinascimento, Laterza 2006.

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum gnosticismus sit vera sapientia

Ad hoc sic procediturVidetur quod gnosticismus sit vera sapientia.
1. Quia gnosticismus intendit attingere cognitionem altiorem Absoluti, superiorem quam illa quae provenit ex revelatione christiana. Sic enim qui gnosin possidet seipsum existimat manifestationem Absoluti et credit in se veritatem divinam contineri, quod videtur conferre sapientiam sublimiorem quam fides communis.
2. Praeterea, quia gnosticismus offert explicationem rationalem originis mundi per conciliationem unitatis et dualitatis. Enimvero enti opponitur non-ens, bono malum, vitae mors, et haec oppositio in Uno absoluto coexistentia videtur multiplicitatem et fieri universi iustificare. Hoc videtur dare solutionem philosophicam quaestioni mali et diversitatis.
3. Item, quia gnosticismus se praebet traditionem intellectualem exquisitam, quae animos cultos allicit et solutiones speculativas quaestionibus metaphysicis praebere videtur. Doctrinae eius altissimas celsitudines attingunt in meditatione de Absoluto et attributis divinis, quod signum esse videtur verae sapientiae.

Sed contra est quod Apostolus dicit: scientia inflat, caritas autem aedificat. Et sanctus Irenaeus gnosticismus tamquam falsificationem Evangelii oppugnavit. Ecclesia profitetur veram sapientiam esse humilem, omnibus accessibilem et ab errore liberam, et Deum esse absolute bonum, mundi creatorem tamquam rem bonam.

Respondeo dicendum quod gnosticismus non est vera sapientia, sed impostura. Sub specie altioris scientiae confusionem et superbiam inducit, praetendens se plus de Deo scire quam revelatum est in Evangelio. Doctrina eius malum in Deum ipsum collocat, oppositionem inter bonum et malum tamquam necessariam concipit et negationem victoriae definitivae vitae super mortem inducit.
Gnosticismus caret principio analogiae et participationis, confundit diversum cum contradictorio et multiplicitatem convertit in oppositionem internam Dei. Unde Deum proponit simul principium boni et mali, vitae et mortis. Haec conceptio est blasphemia et falsificatio revelationis christianae, quae docet Deum absolute bonum et mundum tamquam rem bonam creatum.
Gnosticismus animos cultos doctrinis abstrusis seducit, sed revera confusionem parit quae fidem simplicium laedit. Vera sapientia christiana sublimior est gnosticismo et simul omnibus patet, quia docet Deum quaerere, virtutem exercere, peccatis renuntiare et ad sanctitatem ambulare. Vera sapientia proximum non humiliat falso divino scientiae ostentatione, sed in dolore consolatur, in difficultatibus confortat, in dubiis consilium praebet et in tentationibus roborat.

Ad primum dicendum quod cognitio quam gnosticismus praetendit non provenit ex revelatione divina, sed ex superbia humana, et ideo non est vera cognitio Dei.
Ad secundum dicendum quod explicatio gnoseos de origine mundi falsa est, quia creationem tamquam actum liberum Dei boni negat et mundum ad oppositionem internam Absoluti reducit.
Ad tertium dicendum quod apparentia profunditatis intellectualis gnosticismi fallax est, quia doctrinae eius confusae et periculosae sunt, cum vera sapientia christiana humilis, clara et aedificans sit.
   
JG

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