¿Podemos seguir citando a Edward Schillebeeckx como referente del Concilio Vaticano II sin recordar sus graves errores doctrinales, sospechosos de herejías o ya reconocidos heréticos? ¿No es su gnoseología kantiana y empirista la que ha sembrado la idea de que el dogma es relativo, mutable y discontinuo? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo, bajo el pretexto del aggiornamento, se ha cambiado no solo el lenguaje sino también los contenidos de la fe, alimentando falsas interpretaciones que han dañado a la Iglesia durante más de sesenta años. ¿No es urgente aclarar que el Vaticano II está en continuidad con el Magisterio precedente y no en ruptura, como sostienen los falsos intérpretes? ¿Podrá la Iglesia responder con autoridad a los lefebvrianos si sigue presentando como modelos a quienes niegan esa continuidad? ¿No debería el Osservatore Romano apoyar con firmeza las enseñanzas del Papa en lugar de dar espacio a teologías que las contradicen?
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
miércoles, 3 de junio de 2026
Schillebeeckx y el Concilio Vaticano II
Schillebeeckx y el Concilio Vaticano II
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana el 31 de mayo de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/schillebeeckx-e-il-concilio-vaticano-ii-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
L’Osservatore Romano del 30 de mayo publica un artículo de Riccardo Burigana, "La versión de Schillebeeckx", para presentar la reciente publicación de un "Diario" del teólogo holandés, que él redactó cuando trabajaba como perito del Concilio Vaticano II. La reseña tiene un tono muy distante, meramente informativo, sin entrar en el fondo de los temas y de las cuestiones tratados por el Autor. Se limita solo a decir que trabajó para la revisión del esquema preparatorio expresando la posición de los "teólogos del centro-norte de Europa".
Creo que la idea de publicar tal artículo en L'Osservatore ha sido ciertamente buena, dada la notoriedad de Schillebeeckx. Sin embargo, la operación, en mi opinión, es tal que suscita cierta perplejidad o algún signo de interrogación. Se sabe cómo el teólogo dominicano holandés en la década de 1980 fue refutado varias veces por Roma en puntos de fe sin que él después haya dado ninguna señal de arrepentimiento. El hecho de que Roma no haya insistido ulteriormente en las críticas ha dado a muchos la falsa impresión de poder libremente asumir sus doctrinas. Y quizás esto ha sido un signo de debilidad pastoral por parte de Roma.
Ciertamente Roma no ha tomado medidas disciplinarias contra él, pero todavía permanece siempre el juicio negativo. En tal sentido, es cierto que Schillebeeckx "no ha sido condenado". Pero el hecho de que Roma no tome medidas disciplinarias contra un teólogo rebelde, no quiere decir que el juicio negativo que da sobre ese teólogo acerca de sus doctrinas no sea vinculante para la conciencia del creyente. ¿De lo contrario, qué valor tendrían las declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe? ¿Servirían sólo para expresar las opiniones privadas del cardenal Ratzinger?
En realidad, tras un atento y detenido examen, no es demasiado difícil enumerar todos los puntos en los que el pensamiento de Schillebeeckx se encuentra en contraste con la doctrina de la Iglesia y con el mismo dogma católico: en el concepto de teología, de dogma y de Revelación, en la sacramentaria, en la cristología, en la liturgia, en la eclesiología, en la escatología, en la concepción misma del cristianismo ¹.
Nadie negará los méritos teológicos del Schillebeeckx, evidentes sobre todo en el período de su juventud: y esto fue ciertamente uno de los motivos que le han merecido el llamado a ser perito del Concilio. El Schillebeeckx heterodoxo se ha revelado posteriormente.
Hoy, cuando está en auge el debate sobre la interpretación del Concilio, y cada vez son más evidentes las graves dificultades en las que se encuentra la Iglesia tanto en el campo doctrinal, como en el campo moral y pastoral, el citar a Schillebeeckx ciertamente puede ser interesante e importante. Pero, ¿el limitarse a una especie de anotación bibliográfica como ha hecho Burigana no podría llevar a preguntarnos si esta actitud anodina no oculta de algún modo una secreta aprobación de la teología de Schillebeeckx? Quisiéramos no pensarlo, dada la autoridad del periódico en el cual escribe.
Sin embargo, ¿no era esta la ocasión propicia para recordar, con toda delicadeza y discreción, pero también con franqueza y claridad, los graves errores del teólogo, precisamente hoy, cuando parecen evidentes las falsas interpretaciones del Concilio que tanto daño han hecho y están haciendo desde hace cincuenta años a esta parte en el Pueblo de Dios?
Y Schillebeeckx no está para nada exento de responsabilidad en este campo, comenzado por su misma gnoseología, de impronta kantiana y empirista, para la cual, según sus propias palabras, el concepto "no capta la realidad", sino que "sólo la indica" como "interpretación" cambiante, simbólica y metafórica de la originaria "experiencia atemática de la realidad", solamente en la cual estaría contenida la verdad, que sin embargo cuando viene traducida en el concepto, pierde su objetividad, inmutabilidad y universalidad, para transformarse en una visión subjetiva, relativa e históricamente mutable. Es fácil comprender en qué se convierten el dogma y la doctrina de la Iglesia, expresados en conceptos, en una visión de este género.
Schillebeeckx es uno de aquellos teólogos que han malinterpretado el aggiornamento conciliar. Juan XXIII había querido un cambio en el lenguaje de la Iglesia para que el mensaje evangélico fuera más comprensible para los hombres de nuestro tiempo, pero no ciertamente un cambio en los contenidos de la fe. Schillebeeckx, en cambio, con el pretexto del aggiornamento del lenguaje, ha cambiado también los contenidos y esto debido a una falsa teoría del concepto, el cual, según él, no puede ser una fiel representación de la realidad, sino que es una especie de "modelo interpretativo" contingente, cambiante y relativo de una precedente "experiencia atemática" de la realidad en sí misma inefable, según lo que ya he dicho más arriba.
Es evidente a qué conduce tal teoría del conocimiento: el progreso doctrinal en la Iglesia no supone ninguna continuidad porque los dogmas cambian, y de hecho Schillebeeckx habla explícitamente de la "discontinuidad" de la doctrina actual de la Iglesia con la de los siglos pasados, dando ejemplos que, en verdad, tras un atento examen, no se sostienen en absoluto.
El Papa, por su parte, como bien sabemos, sobre las huellas de los Papas que le han precedido, insiste en el afirmar que las doctrinas del Vaticano II no están en "ruptura", sino en "continuidad" con las del Magisterio precedente, aunque indudablemente se trate de doctrinas nuevas que nos hacen conocer mejor el perenne patrimonio de la fe.
Pues bien, el caso es que un teólogo como Schillebeeckx nos presenta, en cambio, como he dicho, una gnoseología hecha a propósito para afirmar la ruptura y negar la continuidad. ¿Y no sería bueno recordar estas cosas? De lo contrario, ¿no parece que el Papa le estuviera hablando al viento? ¿Queremos liberarnos de una vez por todas de los graves equívocos por los cuales estamos sufriendo desde hace cincuenta años, equívocos que, entre otras cosas, han conducido a algunos, aunque injusta pero comprensiblemente, a inculpar al Concilio de un "modernismo" que en realidad es el modernismo de sus falsos intérpretes como Schillebeeckx?
Mientras sujetos como Schillebeeckx serían presentados como los grandes protagonistas del Concilio y modelos de teólogo, ¿acaso esperamos hacer claridad y responder adecuadamente a las objeciones de los lefebvrianos? ¿Esperamos que las tratativas con ellos puedan tener éxito?
¿Y qué otra cosa debería importarle mayormente al Osservatore Romano sino apoyar las enseñanzas del Santo Padre contrastando y refutando lo que a ellas se les opone, sin importar si son teólogos de fama mundial que pasan por ser las líneas de avanzada de la Iglesia?
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 30 de mayo de 2012
Notas
¹ Estudios críticos sobre Schillebeeckx: Luigi Iammarrone, La cristologia di E.Schillebeeckx, Edizioni Quadrivium, Genova 1985; Giovanni Cavalcoli, Il criterio della verita’ secondo Schillebeeckx, Sacra Doctrina, 2, 1984, pp.188-205; La Cristologia di Schillebeeckx, Sacra Doctrina, 1, 1987, pp.65-80.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum dogma Ecclesiae sit mutabile
vel permaneat in continuatione obiectiva cum Magisterio praecedenti
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod dogma Ecclesiae sit mutabile.
1. Nam secundum quosdam theólogos, conceptus non realitatem capit, sed eam tantum indicat ut interpretationem mutabilem, symbolicam et metaphoricam experientiae originariae. Sic veritas contineretur solum in experientia athematica, dum conceptus eam amitteret, in visionem subiectivam et relativam transformans. Unde dogma, in conceptibus expressum, obiectivitate, immutabilitate et universalitate careret.
2. Praeterea, aggiornamento conciliare non solum mutationem sermonis, sed etiam mutationem contentorum voluisse videtur, ita ut dogmata fiant exemplaria interpretativa contingentia et relativa. Secundum hanc sententiam, progressus doctrinalis non continuitatem, sed discontinuationem supponeret, et doctrina hodierna Ecclesiae in ruptura esset cum doctrina saeculorum praeteritorum.
3. Item dicitur quod theoria cognitionis, quae conceptum ad meram interpretationem contingentem reducit, discontinuationem doctrinalem iustificat. Exempla rupturarum proponuntur, quae ostendere videntur dogmata mutari cum culturis et historia, sine identitate contentorum conservata.
Sed contra est quod Romanus Pontifex instanter affirmat doctrinas Concilii Vaticani II non esse in ruptura, sed in continuatione cum Magisterio praecedenti, quamvis sint doctrinae novae quae nos melius perennem fidei thesaurum cognoscere faciunt. Augustinus docet veritatem revelatam immutabilem et universalem esse. Thomas docet conceptum, quamvis limitatum, fideliter realitatem repraesentare et veritatem obiectivam exprimere posse. Magisterium damnavit modernismum, qui dogma ad experientiam subiectivam et mutabilem reducit, et commemoravit revelationem divinam obiectivam et permanentem esse.
Respondeo dicendum quod dogma Ecclesiae non est mutabile nec discontinuum, sed in continuatione obiectiva cum Magisterio praecedenti permanet. Gnoseologia quae negare conatur capacitatem conceptus ad realitatem capiendam ad relativizationem dogmatis et ad rupturam doctrinalem ducit, sed haec opinio falsa est. Conceptus, quamvis imperfectus, veritatem revelatam obiective et universaliter exprimere potest. Aggiornamento conciliare mutationem sermonis voluit, ut nuntius evangelicus hominibus temporis nostri magis intellegibilis fieret, non autem mutationem contentorum fidei.
Ergo progressus doctrinalis in Ecclesia semper continuitatem supponit, quamvis novis formis exprimatur. Ruptura a quibusdam theológis affirmata ex falsa theoria cognitionis et ex erronea interpretatione Concilii provenit. Ecclesia has doctrinas memorare et refutare debet, ne ut exemplaria et protagonistas Concilii exhibeantur, et ut clare respondeatur objectionibus eorum qui Concilium modernismi accusant.
Ad primum dicendum quod veritas non amittitur dum in conceptibus exprimitur, sed communicatur et traditur obiective et universaliter.
Ad secundum dicendum quod aggiornamento conciliare contenta fidei non mutavit, sed solum sermonem, continuitatem doctrinalem servans.
Ad tertium dicendum quod exempla discontinuationis non sustinentur, quia doctrina hodierna cum doctrina saeculorum praeteritorum in continuatione invenitur, quamvis clarius et profundius exprimatur.
JG
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