¿Es posible que hoy el Espíritu esté suscitando un laicado más fiel y valiente que muchos pastores? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo, tras décadas de interpretaciones deformadas del Vaticano II, han surgido laicos cultos y aguerridos que defienden al Papa, al dogma y a la tradición frente a obispos y teólogos modernistas. ¿No es paradójico que los laicos se conviertan en guardianes de la ortodoxia mientras algunos prelados callan por miedo u oportunismo? ¿No debería Roma reconocer en este fenómeno una obra del Espíritu Santo que compensa la debilidad de ciertos pastores? ¿Qué Iglesia queremos: la verdadera, fundada por Cristo y fiel al Magisterio, o la falsa, secularista y politizante, que se construye por cuenta propia?
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 4 de junio de 2026
La Iglesia de los laicos
La Iglesia de los laicos
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 14 de mayo de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/la-chiesa-dei-laici-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
Un fenómeno hoy no infrecuente en la Iglesia es la acción de un Laicado más preparado, más convencido, más vigilante, más fiel a la Iglesia, más valiente y más enamorado de la perfección evangélica y de la santidad de cuanto a veces se encuentra en los Religiosos, en los Sacerdotes, en los Prelados, quienes, a la inversa, parecen a veces vacilantes, inseguros, carentes de plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia; los cuales aparecen en ciertas circunstancias demasiado sumisos ante las injusticias, no defienden la verdad, se muestran miopes, oportunistas y condicionados por el respeto humano, apegados al poder o seducidos por la ambición.
No cabe duda de que con este tipo de laicado tenemos uno de los mejores frutos de las enseñanzas del Concilio Vaticano II: la Iglesia como "Pueblo de Dios" y la rica teología del laicado, que había sido preparada en precedencia por grandes fenómenos como la Acción Católica y por los estudios de Pietro Pavan, de Tullo Goffi, de Maritain, de Yves Congar y de otros.
Pero el Concilio también da buenas directivas sobre el ministerio de los pastores y del Papa, aunque quizás cabría esperar una figura de pastor más incisiva, decidida y enérgica. Desgraciadamente esta carencia se ha acentuado por una mala interpretación del Concilio. Y esto ha significado, a mi modo de ver, que haya surgido una cierta debilidad en los pastores y a veces una cierta arrogancia en los laicos. Pero los buenos laicos han comprendido bien su rol y, afirmando su identidad y su autonomía, se han mantenido fieles a la Jerarquía y al Papa.
Así indudablemente también aquí, como para muchas doctrinas del Vaticano II, hay que lamentar un grave malentendimiento que se arrastra desde hace décadas y que ha tomado por pretexto la dignidad del bautizado o del simple cristiano para difundir una eclesiología y una concepción del laico católico que se aleja de la verdadera concepción conciliar, para asumir influencias de tipo protestante, laicista, iluminista y secularista.
Así, aquella alta dignidad del laico que es prospectada por el Concilio, sobre todo en la Lumen Gentium, en la Gaudium et Spes y en el Apostolicam Actuositatem, dignidad fundada en la esencia del laico como hijo de Dios movido por el Espíritu Santo, operante en comunión con los Pastores por la animación evangélica de las realidades terrenas, ha sido deformada por una concepción populista y demagógica de la Iglesia, donde la "democracia" quisiera sustituir a la Jerarquía, poner el sacerdocio común de los fieles en el puesto del sacerdote ministerial, una Iglesia "desde abajo" y no "desde lo alto", es decir, fundada no por Cristo mediante la institución de los sacramentos y el colegio de los apóstoles, sino, según un esquema que ya era de los modernistas, la Iglesia como movimiento espontáneo carismático sociopolítico orientado a la liberación terrena del hombre, donde la referencia a Cristo no es ya entendida como a Aquel que ha fundado jurídicamente la Iglesia como institución, con su doctrina, sus sacramentos, sus poderes y sus leyes, sino que simplemente ha inspirado e iniciado un movimiento espiritual doctrinalmente fluido ¹ y jurídicamente indeterminado, que subsecuentemente por motivos de conveniencia y de organización se ha dotado de una estructura jurídica deducida del ambiente histórico-social del Imperio Romano.
Tal, por ejemplo, es también la tesis de Schillebeeckx. La eclesiología de la teología de la liberación latinoamericana se encuentra sobre esta línea, como lo fueron muchas de las así llamadas "comunidades de base" o "grupos espontáneos" de los años del inmediato postconcilio, hoy a veces transformados en "movimientos" estructurados y reconocidos por la Iglesia, que sin carecer ciertamente de buenas cualidades, sin embargo tienden a veces a sustraerse de variados modos y en diferentes medidas a la guía doctrinal, litúrgica y disciplinaria de la Iglesia.
Pero lo que ha ocurrido más recientemente ha sido un cambio en la actitud de ciertos laicos o grupos de laicos y de ciertos pastores en relación al Magisterio de la Iglesia con particular referencia a la autoridad del Papa: si en el período inmediatamente postconciliar se produjo la difusión de un progresismo modernista y contestatario sobre todo en los jóvenes, en los laicos y en los sacerdotes, mientras que el episcopado permanecía sustancialmente en comunión con el Papado, últimamente se han invertido de alguna manera las partes: ha surgido de un modo siempre más fuerte un laicado culto, celoso, aguerrido, de fuerte fidelidad al Magisterio, a la Escritura y a la Tradición por una parte, mientras que por otra parte la tendencia modernista y anti-romana se ha extendido entre pastores y obispos, de modo que ahora no es infrecuente ver a laicos en defensa del Papa, del dogma o de la tradición, contra religiosos, sacerdotes, teólogos, moralistas, liturgistas y obispos modernistas, filo-protestantes, liberacionistas y anti-papales, los cuales, por el poder del que disponen, terminan por perseguir a los verdaderos fieles a ellos sometidos, ni Roma tiene la fuerza para defenderlos, también porque no faltan infiltraciones modernistas incluso en ciertos ambientes de la Santa Sede, cosa esta del todo reciente ², que viene a testimoniar que la escalada al poder perseguida por los modernistas desde hace cuarenta años, empieza a dar sus resultados.
Es precisamente el caso de decir "el Espíritu sopla donde quiere". Como en muchos casos ha venido a menos y no existe una buena guía sacerdotal o episcopal en campo doctrinal, litúrgico y moral, ha aparecido, por obra del Espíritu Santo, este consolador y alentador fenómeno de compensación consistente en una laicidad que sabe lo que hace, no se deja engañar por falsos teólogos, ni escandalizar por la conducta de malos pastores, mientras que al mismo tiempo está muy lejos de asumir actitudes laicistas y contestatarias frente al Magisterio, un Magisterio al que de hecho ellos siguen y defienden contra ciertos pastores y teólogos rebeldes y desobedientes.
Esto sucede en el ámbito de la liturgia, de la moral y del propio dogma, donde no es infrecuente que ciertos laicos preparados y valientes sepan denunciar injusticias y desviaciones, allí donde los clérigos callan o por miedo o por oportunismo. Estos laicos están más que nunca sometidos, aunque en la santa libertad de los hijos de Dios, a la guía de la Iglesia, pero de la verdadera Iglesia, la de los apóstoles, la de la Santísima Virgen María, la de los Papas, la de la Biblia, la de la Tradición, la de los dogmas, la de los sacramentos, la de los santos, la del derecho canónico, la del Catecismo, la de santo Tomás de Aquino, la Iglesia morada de la Santísima Trinidad, comunidad de los hijos de Dios, Cuerpo místico y Esposa de Cristo, la Iglesia de la tierra y del cielo, la Iglesia comunión de amor, la Iglesia pueblo de Dios, de los pequeños y de los pobres obediente al Magisterio y al Papa, y no la Iglesia de aquellos que tratan de construirla por cuenta suya, secularista y politizante, que muy poco tiene que ver con la verdadera Iglesia de Cristo, camino a la vida eterna y "sacramento universal de salvación".
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 14 de mayo de 2013
Notas
¹ Schillebeeckx y Rahner hablan de "experiencia atemática" que luego subsecuentemente habría sido inadecuadamente expresada e "interpretada" en conceptos mutables y relativos, deducidos del "dualismo griego" luego evolucionados hacia la "Escolástica", que serían los dogmas y la doctrina de la Iglesia en los siglos. Teoría típicamente modernista.
² Véase por ejemplo el caso Paolo Gabriele.
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum laico conveniat pastores supplere vel cum eis in fidelitate Magisterio cooperari
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod laico conveniat pastores supplere.
1. Nam quidam affirmant dignitatem baptizati et sacerdotium commune fidelium sufficere ad exercendas functiones doctrinales et pastorales, ita ut hierarchia superflua vel secundaria videatur. Sic Ecclesia quasi democratia ab imo constituta esse deberet, fundata in motibus spontaneis et charismaticis, ubi auctoritas Papae et episcoporum ad munus mere symbolicum redigeretur.
2. Praeterea, theologia liberationis et quaedam communitates basilares ostenderunt laicos posse doctrinalem, liturgicam et disciplinarem gubernationem assumere, etiam contra hierarchiam, nomine liberationis hominis et iustitiae socialis. Secundum hanc sententiam, Spiritus Sanctus praecipue in populo manifestari videretur, non autem in structura hierarchica, quod laicos pastores supplere iustificaret.
3. Item, cum quidam pastores et episcopi infirmati sint, opportunistici facti vel in modernismum et antiromanismum lapsi, videtur quod laicis conveniat eos supplere, fidem et traditionem contra ipsos defendendo. Revera non raro laici iniustitias et deviationes denuntiant, ubi clerici metu vel humanorum respectu silent.
Sed contra est quod Scriptura docet Christum apostolos instituisse fundamentum Ecclesiae et eis commisisse officium docendi, sanctificandi et gubernandi. Apostolus Paulus fideles hortatur ut pastoribus obediant, quia ipsi animabus eorum vigilant tamquam rationem reddituri. Thomas docet hierarchiam necessariam esse ad unitatem et rectam doctrinam tradendam. Magisterium affirmat laicum, quamvis dignum et Spiritu motum, agere debere in communione cum pastoribus et sub eorum ductu, cum Ecclesia non sit democratia ab imo fundata, sed institutio a Christo per sacramenta et collegium apostolicum constituta.
Respondeo dicendum quod laico non convenit pastores supplere, sed cum eis in fidelitate Magisterio cooperari. Dignitas laici, in baptismo et actione Spiritus Sancti fundata, eum non reddit hierarchiae adversarium, sed oboedientem et activum cooperatorem in evangelica animatione rerum temporalium. Conceptio populistica et demagogica, quae hierarchiam per democratiam supplere intendit, est deformitas ex influentiis protestanticis, secularisticis et modernisticis orta. Verus laicus fidelis unitus manet Papae et episcopis legitimis, doctrinam, liturgiam et mores contra deviationes modernisticas defendens.
Ergo Spiritus Sanctus hodie suscitat laicatum cultum et fortem, qui, longe a laicisticis et contestatoriis habitibus, Magisterium et Papam contra pastores et theólogos rebelles defendit. Hoc phaenomenon est signum compensationis providentialis, ostendens Ecclesiam veram, a Christo fundatam, firmiter manere in traditione apostolica, in sacramentis, in dogmatibus et in communione cum hierarchia. Laicus fidelis non decipitur a falsis theológis nec scandalizatur a malis pastoribus, sed in sancta libertate filiorum Dei se subicit verae Ecclesiae, apostolorum, Virginis Mariae, Pontificum, Traditionis et sanctorum, non autem Ecclesiae secularisticae et politicantis, quae per se ipsam aedificatur.
Ad primum dicendum quod dignitas baptizati hierarchiam non tollit, sed praesupponit et requirit ad unitatem Ecclesiae.
Ad secundum dicendum quod communitates basilares et motus laicales doctrinalem et liturgicam gubernationem supplere non possunt, sed in communione cum pastoribus agere debent.
Ad tertium dicendum quod infirmitas quorumdam pastorum non iustificat laicos eos supplere, sed requirit ut laici fideles eos sustineant et veram doctrinam defendant in oboedientia Papae et Magisterio.
JG
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