El Concilio Vaticano II, concebido como proyecto de una nueva cristiandad, ha sido interpretado por muchos bajo el prisma deformante del modernismo. ¿Qué significa que un “magisterio paralelo” se haya erigido con pretensión infalibilista, relativizando dogmas y confundiendo a los fieles? Es grave que los errores de Karl Rahner y de sus continuadores, el rahnerismo, nunca aprobado oficialmente, haya impregnado la formación sacerdotal y episcopal hasta convertirse en una verdadera clase dirigente eclesial. ¿Cómo remediar los daños de cincuenta años de esta teología dominante sin traicionar la sana modernidad que el Concilio quiso asumir? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos recuerda que, lejos también del error lefebvriano de querer anular el Concilio y retornar al preconcilio, sólo el recurso al poder divino y la fidelidad al Papa pueden liberar a la Iglesia de la crisis doctrinal, devolviéndole la claridad y el impulso misionero que el Concilio pretendía.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 22 de junio de 2026
Los frutos del Concilio. Carta al profesor Piero Vassallo
Los frutos del Concilio
Carta al profesor Piero Vassallo
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 17 de septiembre de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/i-frutti-del-concilio-padre-giovanni-cavalcoli-scrive-a-piero-vassallo/)
Estimado profesor Vassallo,
su artículo sobre "Los frutos del Concilio" ¹ me ha hecho reflexionar. Noto un tono de gran seriedad y sentido de la responsabilidad, preocupación auténtica por la situación eclesial, percepción del actual mal disimulado malestar doctrinal, acompañado de perniciosas persistentes ilusiones modernistas, consideraciones que en vano lamentablemente quisiera escuchar en la boca de los obispos y que en cambio escucho a menudo en el buen pueblo de Dios, no sólo en los ilustres hombres de cultura como Usted, sino también en los comunes fieles, objeto de mi ministerio sacerdotal, sobre todo en la predicación y en el confesionario.
Me ha llamado la atención la libertad y el anticonformismo de la declaración inicial, por Usted citada, del papa Benedicto, acerca de los defectos de un importante documento del Concilio, como es la Gaudium et Spes, sin por ello dejar de reconocer naturalmente todo cuanto de bueno ha traído el Concilio, al cual después todo él dio una contribución importante.
En este último aspecto, los análisis del prof. Pasqualucci, aunque puntuales y a menudo compartibles, no parecen, sin embargo, hacer suficiente justicia al aspecto de sana novedad aportado por el Concilio y por el postconcilio bajo la guía de la Iglesia, mientras que ningún verdadero católico niega la falsificación operada por los teólogos modernistas.
El infalibilismo modernista (aquello que Paulo VI llama "magisterio paralelo") es una verdadera plaga, porque quienes se atreven a relativizar los dogmas definidos de la Iglesia, tienen luego la audacia de una arrogante seguridad en su interpretación modernista del Concilio, que no temen imponer de modo dogmático, sin tener la mínima duda sobre el valor de su interpretación.
Ciertamente, como han dicho siempre los Papas del postconcilio, las doctrinas del Concilio, aunque no contengan ningún dogma definido, deben sin embargo ser aceptadas con plena docilidad, allí donde ellas tratan, quizás sólo indirectamente, de doctrina de fe, sin dejarse perturbar por las nuevas formulaciones, las cuales, muy lejos de traicionar el Magisterio tradicional, lo explicitan y lo desarrollan en modo adecuado a las nuevas circunstancias históricas.
El quid o nudo de fondo de toda la cuestión y de todo el malestar que todo hombre de conciencia advierte en el campo de la doctrina, sigue siendo la cuestión de la modernidad, que la Iglesia nunca había abordado con tanta claridad y sistematicidad hasta el Concilio Vaticano II. Monseñor Gherardini se ha complacido en señalar la infinidad de veces en las cuales aparece en los textos conciliares el adjetivo "nuevo".
El Concilio es verdaderamente el proyecto de conjunto de una nueva cristiandad. La intención ha sido la de un examen crítico de la modernidad para asumir, en vista de una nueva evangelización, a la luz de las inmutables verdades de fe mejor conocidas y expuestas, los aspectos válidos tanto desde el punto de vista del lenguaje como de los contenidos, y dar así a la Iglesia un nuevo impulso misionero sobre la base de una más profunda autoconciencia de la Iglesia por parte de sí misma.
El exceso de optimismo o una cierta facilonería sociologista en los análisis del mundo moderno y la ausencia o escasez de oportunas condenas de los errores, como siempre han hecho los Concilios, y como señalaba el mismo Benedicto XVI, es un defecto de una tal evidencia, clarísima después de cuarenta años de aclaraciones, comentarios, explicaciones, discusiones, aplicaciones, interpretaciones, fracasos, que el negarlo aparece ya como signo de imperdonable ignorancia o de mala fe y sigue siendo el último recurso de un modernismo insensato y cada vez menos creíble, que comienza a tener gruesas grietas y a no creer ni siquiera en sí mismo, cada vez más rabiosamente encaramado en posiciones defensivas, aunque sigue siendo el detentor de un fuerte poder represivo.
Estoy convencido, también yo junto con el padre Fabro y muchos otros estudiosos de alto nivel, como por ejemplo el cardenal Siri, de que toda la presente crisis doctrinal y por tanto moral, que se arrastra desde hace cuarenta años, se podría afrontar, aunque de un modo un poco simplista, en torno al nombre seductor y fanfarrón de Rahner y al respecto le agradezco por haber citado mi libro, fruto de treinta años de estudios y de enseñanza de la teología en las Facultades eclesiásticas.
¿Pero cómo remediar hoy los inmensos daños procurados por el rahnerismo en cuarenta años de libre circulación, tanto que el rahnerismo aparece ya como una especie de paradigma del clima de la actual teología y por tanto, cosa muy grave, de la formación sacerdotal y por consiguiente de la nuevos obispos?
¿Cómo liberarnos de esta consolidada koiné teológica, nunca oficialmente aprobada por la Iglesia pero lamentablemente tampoco nunca condenada, que ya ha invadido todos los ambientes y ha formado una verdadera y propia clase de gobierno eclesial de molde rahneriano? ¿Cómo podemos remediar un mal del cual están afectados precisamente aquellos que se supone nos deberían curar? ¿Quién curará a los médicos? ¿Debemos todavía descender más hacia abajo?
Ciertamente, en cualquier sociedad humana, si fallan las estructuras sanitarias, no hay nada que hacer, excepto reconstruirlas, si nos es posible. Pero en la Iglesia es diferente: al lado y por encima de los médicos humanos impotentes está el Médico divino: Cristo y el Espíritu Santo. Ahora no tenemos otro remedio, ninguna otra esperanza más que el recurso al poder divino.
Ciertamente queda el Papa, a quien ninguna fuerza infernal puede vencer: pero el Papa tiene necesidad de ser sostenido y no traicionado por aquellos que más estrechamente deberían ser sus más cercanos colaboradores. Sin embargo, nadie nos impide estar al lado del Vicario de Cristo, incluso en nuestra pobreza, en esta lucha mortal contra el poder de las tinieblas. Christus vincit, Christus imperat.
Sin embargo, se necesitará de una buena vez y por todas que la Santa Sede en un supremo esfuerzo de obediencia al Espíritu de Cristo, nos libere, con la sabiduría que siempre la ha caracterizado, del rahnerismo, no ciertamente para retornar al preconcilio, como imprudentemente algunos quisieran, sino para indicarnos esa sana modernidad que estaba en las intenciones del Concilio y que el mismo Concilio no siempre ha sabido indicarnos con total claridad y valiente linealidad.
P. Giovanni Cavalcoli
17 de septiembre de 2013
Notas
¹ Cf. un artículo del profesor Piero Vassallo publicado en el mismo blog Riscossa Cristiana el 14 de septiembre de 2013: https://www.ricognizioni.it/i-frutti-del-vaticano-ii-di-piero-vassallo/ (JG).
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum crisis doctrinalis post Concilium Vaticanum II
principaliter oriatur ex modernismo et rahnerismo
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod non.
1. Concilium Vaticanum II, licet novos dogmas non definiverit, legitime tamen convocatum et sub assistentia Spiritus Sancti celebratum est, cuius doctrinas cum docilitate recipere oportet. Ergo non videtur quod sit origo crisis doctrinalis.
2. Praeterea, apertio ad modernitatem necessaria fuit ad novam evangelizationem, et Concilium voluit assumere aspectus culturales utiles. Ergo non videtur quod modernitas a Concilio suscepta sit fons erroris.
3. Item, rahnerismus, quamvis in quibusdam punctis disputabilis, tamen praebuit sermonem accessibilem et categorias homini moderno intelligibiles, multum influens in formatione presbyterorum. Ergo videtur magis fuisse subsidium quam detrimentum.
4. Denique, Ecclesia, a Christo et Spiritu Sancto adiuta, non potest humanis viribus superari. Ergo non videtur quod aliqua theologiae secta tam profundam crisi inducere possit.
Sed contra est quod Benedictus XVI defectus pastorales in constitutione Gaudium et Spes indicavit, praesertim carentiam condemnationum errorum modernorum. Apostolus Paulus monet contra novitates quae fidem corrodunt (2 Tim 4,3). Concilium Tridentinum definivit doctrinam integram servandam esse contra haereses. Pius XII in Humani generis admonuit contra falsas doctrinas quae fidem relativizant.
Respondeo dicendum quod crisis doctrinalis post Concilium non ex ipso Concilio provenit, sed ex interpretatione modernistica et ex influxu rahnerismi. Quod dicitur “magisterium parallelum” dogmata relativizat et arrogantia se imponit, confusionem fidelibus generans. Excedens optimismus et defectus condemnationum in nonnullis documentis conciliaribus viam aperuerunt infiltrationi harum doctrinarum. Rahnerismus, numquam ab Ecclesia officialiter approbatus, factus est quasi paradigma dominans in formatione presbyterorum et episcoporum, creando classem dirigentem ecclesialem rahneriano spiritu formatam. Inde orta est perturbatio doctrinalis et moralis quae per decennia perdurat. Remedium non est reditus ad statum praeconciliarum, sed recuperatio sanae modernitatis quam Concilium intendebat, doctrina eius clarificata sub lumine Magisterii et cum recursu ad virtutem divinam Christi et Spiritus Sancti. Sic sola Ecclesia potest superare hanc crisi et missionem evangelizatoriam cum claritate et fortitudine resumere.
Ad primum dicendum quod Concilium legitimum est, sed interpretatio modernistica doctrinas eius falsificavit, unde orta est crisis doctrinalis.
Ad secundum dicendum quod apertio ad modernitatem valida est si sub lumine fidei fiat, sed modernismus errores introduxit qui veritatem obscurant.
Ad tertium dicendum quod rahnerismus, quamvis influens, theologiam deformat et formationem presbyterorum debilitavit, confusionem parens.
Ad quartum dicendum quod Ecclesia quidem non potest vinci, sed potest pati internas crises ex erroribus humanis, quae solum superantur per fidelitatem erga Papam et recursum ad virtutem divinam.
JG
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